Dolores Huerta según Matthiessen
Traducción y notas: Raúl Soto
1. Dolores Huerta tuvo tanta importancia como César Chávez en la constitución de la National Farm Workers Association(NFWA), el primer sindicato de campesinos chicanos en los Estados Unidos, establecido en Delano, California en 1962. Ambos sindicalistas se forjaron en la lucha gracias a su activismo en la Community Services Organization, donde aprendieron tácticas organizativas y para motivar la participación electoral entre las minorías. El padre de Huerta era un renombrado líder minero en Nuevo México. La madre lo divorcia y se muda con sus hijos a Stockton, California, donde Dolores de gradúa de profesora. Luego de enseñar primaria por solo un año, decide dedicar su vida al trabajo sindical en pro de los campesinos. Fue un trabajo arduo porque el gobierno estadounidense todavía patrocinaba el Programa de los Braceros: los peones mexicanos que venían temporalmente a trabajar en los grandes latifundios del sur del país. Los terratenientes, además de hacerlos trabajar como esclavos y en condiciones infrahumanas, los utilizaban como rompehuelgas. En 1966, la NFWA organiza una marcha desde Delano hasta Sacramento, la capital estatal, llegando el domingo 10 de abril. El contingente inicial de cien personas se habia incrementando a 10.000 durante el recorrido por el valle de San Joaquín. Bajo presión de las masas, los terratenientes aceptaron sentarse a negociar con la NFWA. La elocuente Dolores Huerta asumió el liderazgo de las negociaciones, gracias a sus propios méritos y a su entereza indoblegable. Huerta contaba con un nivel intelectual sofisticado y era muy analítica, cualidades necesarias para contrarrestar los argumentos de los terratenientes y sus abogados. Si Chávez era instintivo para organizar a sus camaradas y planear estrategias en la lucha sindical diaria, Huerta era cerebral y persistente para conseguir contratos justos. Huerta consigue que los terratenientes firmen el primer contrato con un sindicato campesino en los EE. UU. y fue quien acuñó la consigna ¡Sí se puede!, que Barck Obama después adoptaría para su campaña presidencial.
Delano fue el centro donde se inició la lucha de los campesinos contra el sistema semifeudal instaurado por los terratenientes californianos. Paralela a la NFWA existía otra organización conformada mayormente por trabajadores filipinos: el Agricultural Workers Organizing Committee (AWOC), fundada también en 1962. Este sindicato había iniciado una serie de huelgas contra los productores de uvas para pedir mejoras salariales. El 16 de septiembre de 1965 —día de la independencia de México— las bases del NFWA votaron a favor de iniciar la huelga en los viñedos donde laboraban. En 1966, después de la exitosa marcha de sacrificio a Sacramento, la NFWA y el AWOC se fusionan para constituir el poderoso sindicato United Farm Workers (UFW).
La denuncia de Huerta de los abusos sexuales de Chávez también debería servir para revalorar la importancia de ella y de otros dirigentes del UFW y su contribución al movimiento sindical de este país.
2. En 1969, Peter Matthiessen publica Sal si Puedes. Cesar Chavez and the New American Revolution, catapultando a Chávez y las luchas del UFW a la esfera nacional estadounidense. Ahora que releo el libro es necesario destacar cuán importante fue el UFW en la revitalización del movimiento sindical en EE UU, marcado por la corrupción —Teamsters, principalmente— y el clientelismo político. Matthiessen nos ofrece un discurso dinámico que abarca desde febrero de 1968 hasta agosto de 1969. Durante esos meses el cronista sigue de cerca los pasos de Chávez en Delano, San Francisco y Nueva York. Durante estos años, El sindicato estaba en pleno boicot contra los productores de uva de mesa, tanto en los latifundios como en los supermercados, y no solo de California. Piquetes de huelguistas encabezados por Huerta se movilizaron a través del país, a los cinco condados de la ciudad de Nueva York y a los suburbios de Long Island, para pedir a los consumidores que no compraran la uva producida en California, mientras los terratenientes no firmaran los nuevos contratos propuestos por el sindicato.
Matthiessen usa un enfoque patriarcal que enfatiza la ideología del «culto de los héroes». Así, la figura de Chávez es dominante y el discurso neglige la importancia de los otros dirigentes del UFW. Por ejemplo, en las 372 páginas del libro se incluyen contadas viñetas de Huerta. Desde la década pasada se han publicado trabajos que revalúan la canonización de Chávez iniciada iniciada por Matthiessen. En From the Jaws of Victory. The Triumph and Tragedy of Cesar Chavez and the Farm Worker Movement (2014), Matthew García critica la celebración del individuo por encima del núcleo dirigente y de todo el colectivo sindical
El siguiente párrafo resalta el papel fundamental de Dolores Huerta en el liderazgo del sindicato UFW y muestra la relación tensa —de igual a igual— entre ella y Chávez.
Un sábado por la mañana [de agosto de 1968], Chávez condujo a Cohen y la Sra. Huerta al motel del aeropuerto de Bakersfield para reunirse con Don Connors —el abogado de Di Giorgio— que venía en un vuelo de San Francisco. También participarían Richard Meyer, el jefe de personal de la hacienda Di Giorgio de 9.000 acres —ubicada en Arvin— y Mack Lyons, el representante sindical de los trabajadores. La mano de obra de la hacienda Arvin estaba compuesta por mexicanos, filipinos, puertorriqueños, afroamericanos y caucasianos sureños (mayormente hijos de los campesinos que migraron a California durante la Depresión). Y por cualquier persona que esté de acuerdo, dijo Chávez, pero «debe ser una buena persona», especialmente si es negro. Dolores Huerta, que sirve como representante sindical en la mayoría de las negociaciones, está entrenando a Lyons como negociador y dice que es muy bueno, muy sereno. En octubre de 1966, Lyons fue designado para hacer un plantón en la oficina principal de Di Giorgio, ubicada en San Francisco, por lo que fue detenido. En 1967, representó a su sindicato [UFW] en la audiencia del Subcomité de Trabajo y Educación en Washington DC. Ahí fue tratado condescendientemente por el diputado Bob Mathias, un antiguo campeón de decatlón, y uno de los políticos improvisados —Ronald Reagan, George Murphy y Shirley Temple son los más conocidos— cuyos credenciales para el cargo serían consideradas insignificantes en cualquier otro país, pero no en la cultura súper consumista de California. Mathias le dijo a Lyons: «Tú pareces atleta. ¿Practicaste algún deporte?». Y Lyons le contestó: «Un poco de basquetbol. ¿Y tú?».
En dirección sur de la autopista 99, la Sra. Huerta recalcó que con seguridad Di Giorgio ya había vendido sus acciones a la compañía Hi-Color para perjudicar al sindicato. Cohen y Chávez también tenían la certeza que lo habían hecho para ganar dinero y que la estrategia del sindicato debería enfocarse en las ganancias de la compañía. En Di Giorgio nadie actuaba por principios, a menos que no significara plusvalía. Chávez estaba de acuerdo en que Di Giorgio siguiera batallando al sindicato: la compañía pensaba que el contrato le había sido impuesto y, en consecuencia, era justificable que sabotearan al sindicato a toda costa.
Dolores Huerta quizás sea la aliada más fiel de Chávez en los problemas principales, pero en los pequeños tiende a ser combativa. Todos se encontraban ansiosos debido a la reunión inminente, pero ella insistía en sus argumentos. Chávez, menos amable que lo acostumbrado, la interrumpió. «¡Dolores, ¿por qué estamos luchando? ¿Por qué me contradices tanto? ¡Maldita sea, Dolores!», exclamó, y Dolores le gritó: «¡No me insultes, hombre!». (155-156)