Ruido, vanguardia y resistencia: una conversación con Wilder Gonzales

En esta entrevista, Aníbal Malaparte conversa con Wilder Gonzales, crítico musical y autor de Perú Avantgarde, sobre música experimental, cultura underground y las tensiones del arte en contextos atravesados por la violencia, el neoliberalismo y la sobrevivencia cotidiana.

Aníbal Malaparte

Conocí a Wilder Gonzales por su excelente blog de crítica cultural Perú Avant-Garde. Intercambiamos correos y su profundo conocimiento sobre el arte contrahegemónico me fascinó, por lo que le propuse esta entrevista, de la que yo mismo aprendí muchísimo.

Les comparto el link para quienes quieran comprar su libro:
https://www.buscalibre.pe/libro-peru-avantgarde-el-despertar-de-la-vanguardia-musical/9786124972621/p/63310662?srsltid=AfmBOopX313PHgvYgzShvr2Wlxt4LLODcObQBrNodqeAIAKES9O_YXTu

Aníbal Malaparte:
El Perú, como muchos otros países latinoamericanos, ha sido marcado por un choque constante entre la cultura popular y los intereses externos. La música underground, en este contexto, se vuelve un refugio, pero también un terreno peligroso. ¿Cómo crees que la música experimental y vanguardista puede resistir mientras se crece en un país donde campan a sus anchas los escuadrones de la muerte?

Wilder Gonzales:
Gracias por la entrevista. En principio, creo que hay demasiada mitificación en lo de ser artista o músico under cuando, con el paso de los años, vemos claramente que se trata de una expresión o laburo más, como ser zapatero, profesor o administrador. Muchos de los otrora subtes y punks de los 80 y 90 terminaron deschavándose como conservadores, pro fujimoristas y evangélicos fundamentalistas. Johny Rotten apoyando a Trump o Nick Cave doliéndose por la reina de UK, por ejemplo.

No soy chauvinista ni siento apego por los sonidos tropicales —llámese salsa, cumbia o chicha—, pero sí me crié escuchando, entre otras fuentes, huaynos antiguos y eso, de alguna forma, me marcó. Hoy que se están revalorizando y gentrificando expresiones originalmente menospreciadas, incluso en el diseño, es palpable que puedo sentir más ligazón con un proletario de cualquier otro continente que con un hipster criollo burgués de la llamada Lima Moderna fan de Chacalón y la cumbia dub en vinilos de colección. Todos somos humanos finalmente y a todos nos comerán los gusanos o iremos a la urna de cenizas; eso lo tengo siempre presente.

Sobrevivir en nuestros países es una encrucijada y muchos pierden los ideales; nos convertimos en esclavos o, peor, en arribistas y trepadores. Por eso, hacer música experimental o cultura es un desfogue-venganza mientras se lucha contra todas estas fuerzas envilecedoras y la basura psíquica que nos ataca.

Creo que, salvo excepciones que confirman la regla, mientras más volado el sonido o la música, más inasible también para el marketing y la pose. Por lo que recomendaría radicalizar las propuestas, cualesquiera que estas sean: volverlas amorfas, rompe esquemas, anti todo. Hay mucho imitador wannabe, copia de copia, por todos lados.

Aníbal Malaparte:
Sabemos que la escena experimental y vanguardista tiene una diversidad sonora impresionante. ¿Cuáles son tus bandas o géneros favoritos, ya sea dentro o fuera de Perú y Latinoamérica, que más te han influenciado a lo largo de los años?

Wilder Gonzales:
Géneros como el new wave, el techno y el modern rock era lo que pasaban en la radio y escuchaba en la época del colegio. Ya luego descubrí Spacemen 3, My Bloody Valentine, el shoegaze, el post-rock y el ambient, y un montón de grupos que además portaban un sentido psicodélico y visionario que me marcó.

En los primeros dos miles me convertí al experimental a rajatabla: IDM, ruidismos, pasando de largo o dejando de escuchar muchos discos o bandas que me sonaban trilladas o genéricas. Hoy en día sigo un poco en esa línea y escucho también bandas o géneros un tanto más convencionales por mi trabajo en el blog Perú Avantgarde.

Bandas peruanas y latinoamericanas que podría recomendar son Sajjra, Brageiki, Silvania, Bosques de Argentina, Ságan de Colombia, Árbol, Calefactor, Sexores de Ecuador, Mauricio Moquillaza, Ale Borea, Puna, Xtredan, Evamuss, Pablo Reche y Microesfera de Argentina, Paruro, Lorelle Meets the Obsolete, Alejandro Elizondo y Ford Proco de México, entre varias otras.

Aníbal Malaparte:
El arte de vanguardia, en muchos casos, desafía las narrativas dominantes. Para nosotros, los proletarios de los pueblos colonizados, ¿crees que tiene el potencial de reconfigurar la identidad y ser un medio de liberación cultural?

Wilder Gonzales:
Por supuesto. La identidad, lo que sea que ello signifique, no es estática. Así, a pesar de la gentrificación y pasteurización de discursos y movimientos otrora contraculturales, captados por fundaciones, galerías, multinacionales, museos o el mercado en general, todavía existe gente rompiéndose el lomo y trabajando en el underground, sin tantos reflectores ni marketing, armando trabajos iconoclastas o con destellos reconfiguradores de la psique.

No todo está carcomido por el dinero y su poder. O, para decirlo de otra forma, no todos son alucines o alucinados.

Aníbal Malaparte:
¿Qué tan viable es que la música experimental y el arte de vanguardia puedan desafiar la hegemonía cultural neoliberal?

Wilder Gonzales:
Sigue siendo viable, a pesar de que hoy idiotizan desde la cuna; de lo contrario no seríamos humanos. Aunque la gente atraída hacia experiencias enaltecedoras o sublimes va en detrimento, por lo que mencionas de la hegemonía y la llamada guerra cultural, y porque primero hay que llenar el estómago y sobrevivir.

Menudo problema. Quizá todo se vaya al tacho. No somos ingenuos, pero acá estamos, conscientes, resistiendo.

Aníbal Malaparte:
Como crítico musical, ¿cómo equilibras tu pasión con la necesidad de ofrecer una crítica objetiva?

Wilder Gonzales:
No creo que nada sea objetivo. Desde que me interesa tal o cual género o banda ya estoy ejerciendo una opción.

Detesto o paso de largo géneros como el gótico o el metal por la filia machirula o sadomasoquista que suelen cargar.

Trato de difundir y quizá, inconscientemente, educar, pero lo que me mueve es poner en valor discos, grupos o escenas de las que nadie habla y que me parecen alucinantes. Así ha sido desde 1995, cuando empecé a escribir sobre My Bloody Valentine o Slowdive mientras la escena local estaba en refritos.

Siempre recuerdo una frase: “no somos iguales sintiendo”.

Aníbal Malaparte:
Tu libro representa un punto clave en tu trayectoria. ¿Cómo fue el proceso de escribirlo?

Wilder Gonzales:
El libro compila casi 30 años de trabajo, desde 1995 hasta 2024. Es testimonio de mi pasión y de mi perseverancia.

En realidad, no fue un proceso consciente: los textos ya existían, escritos para el blog o medios. Es también testimonio de una época en la que nadie daba un centavo por la vanguardia.

Aníbal Malaparte:
¿Puede el folklore ser una herramienta de ruptura y no sólo de conservación?

Wilder Gonzales:
Eso del pasado idealizado es muy común. Se piensa que antes de la colonización todo era armonía, y no es así.

No creo en la pureza cultural. Lo importante es explorar, mutar, innovar. Y sobre todo, el mensaje.

Recomiendo el trabajo de Manuelcha Prado y el Jilguero del Huascarán.

Aníbal Malaparte:
Te agradezco tu tiempo y tus respuestas, fue un placer charlar contigo.