La barbarie en el paraíso: algunos comentarios sobre la película El Agente Secreto

La barbarie en el paraíso: algunos comentarios sobre la película El Agente Secreto

Esteban Morales Estrada

Magíster en Historia

La película El Agente Secreto (2025), dirigida por Kleber Mendonça y protagonizada por Wagner Moura, el famoso actor brasileño, muestra la muy interesante disyuntiva entre un país exuberante y colorido, manejado por una dictadura, cuyos tentáculos llegan a los pueblos y ciudades de Brasil por medio de esbirros que son muestra de la degradación cotidiana. La primera escena es impresionante, ya que se observa un cadáver abandonado y lleno de moscas en medio de la desidia policial, en una bomba de gasolina, en donde unos agentes se obsesionan con el protagonista y buscan en su automóvil incansablemente algo ilegal, hasta que son sobornados con cigarrillos.

La cinta nos transporta a la convulsa década de los setenta en Brasil, específicamente al año 1977, en donde el poder está en manos del general Ernesto Geisel (1907-1996), un periodo de interesantes procesos sociales en el país, marcado por diversos elementos, entre los que podemos mencionar el intento del gobierno por controlar la llamada “línea dura” dentro de los militares, que llevaba a cabo torturas y desapariciones continuamente, con casos famosos, como los del periodista Vladimir Herzog o el obrero metalúrgico Manuel Fiel, lo que hacía crecer los cuestionamientos frente al régimen; además, las políticas económicas tendientes a buscar el desarrollo industrial del país por medio de la sustitución de importaciones y el crecimiento de la oferta energética, con consecuencias complejas como el aumento precipitado de la deuda externa, y la alteración de las cifras económicas para maquillar y manipular la inflación por ejemplo; y finalmente, un auge inusitado de la protesta social, materializado en huelgas como las de los trabajadores metalúrgicos en 1978 y 1979, sumados a otros sectores como los profesores[1].

La historia muestra a Marcelo, un científico que huye y vive una vida clandestina en Recife, una ciudad al nororiente del país. A lo largo de la película, vemos las verdaderas razones de la doble identidad de Armando, verdadero nombre de Marcelo, quien escapa de las retaliaciones de un empresario de apellido Ghirotti, un alfil del régimen imperante, y que disfraza sus iniciativas de lucro personal, con la preocupación por la eficiencia en las investigaciones y pesquisas que lideraba Armando en su vida universitaria. Mientras el protagonista aparece como un hombre culto y contestatario, Ghirotti se caracteriza por su ignorancia, su prepotencia y sus prejuicios. Este segundo personaje, representa la arbitrariedad del poder del amiguismo, y como éste puede destruir fácilmente a quien le plazca sin ningún obstáculo o consecuencia aparente, asunto que se evidencia cuando finalmente Armando es asesinado, después de una vorágine de homicidios.

La llegada del protagonista a Recife en pleno carnaval muestra una sociedad que aprendió a convivir con la barbarie y la desaparición de personas, que se lleva a cabo cotidianamente por poderes oscuros. Paralelamente a la historia que venimos describiendo, aparece una pierna humana dentro de un tiburón, asunto que preocupa intensamente al jefe de la policía local que se inquieta y logra desaparecerla en medio de toda una red de corrupción que le da vía libre para hacer lo que le plazca. Aparecen dos personajes antagónicos: Doña Sebastiana, una anciana que ayuda a personas perseguidas y que viven en la clandestinidad; y, por otro lado, el ignorante y vulgar jefe de la policía local, Euclides, encargado de liderar todo tipo de atropellos y jugarretas que hacen que sea el dueño y señor de las calles de Recife. Se configura allí una contradicción clara entre ambos personajes que representan antinomias entre solidaridad vs. arbitrariedad, o empatía vs. degeneración.

La historia termina con el asesinato de Armando y el fracaso de su intento por rehacer su vida en compañía de su hijo, sin poder concretarse su salida del país que tanto estaba buscando. La victoria del empresario sobre el protagonista, se da en medio de un país que en su mayoría aprendió a mirar para otro lado frente a las violentas arbitrariedades, y en donde el clasismo, el racismo y los excesos de los poderosos son pan de cada día. Sin embargo, una minoría resiste, crea redes de colaboración y se antepone como puede a los micro poderes existentes que son expresión de regímenes autoritarios que odian la crítica y propician la sumisión constante de una población que debe permanecer inmóvil.

Como dice Jessé Souza acertadamente, “La colonización de la élite brasileña más mezquina sobre la población solo fue y todavía es posible por el uso, contra la propia población indefensa, de un racismo transformado en culturalismo”[2], lo que se ve claramente en los prejuicios, arribismo y la predisposición de Ghirotti frente a la población del norte del país, y su muy panda y limitada visión, que le da derecho de hacer y deshacer, solamente por ser cercano a la dictadura y por su color de piel. En la película observamos paisajes exuberantes, fiestas y erotismo, que no son obstáculo para que por debajo aparezcan asuntos como la desaparición, la arbitrariedad, la persecución y la corrupción. Lo anterior es evidencia de que hasta en el paraíso puede darse la barbarie.

 

Notas:

[1]Puede verse: Boris Fausto, História concisa do Brasil (São Paulo: Editora da Universidade de São Paulo, 2021) pág. 270-277.

[2]Jessé Souza, A elite do atraso: da escravidão à ascensão da extrema direita (Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2025) pág. 25.