Sobre De l’agir sur à l’agir avec. Défis socio-écologiques, association des savoirs et recherches participatives de Jean-Louis Laville y Anne Salmon
- Jean-Louis Laville y Anne Salmon, De l’agir sur à l’agir avec. Défis socio-écologiques, association des savoirs et recherches participatives, Érès, Toulouse, 2025, 286 p.
Luis Martínez Andrade
Universidad Católica de Lovaina
Frente a los avatares de la modernidad capitalista expresados en la dictadura del sistema técnico, en el control de la poblaciones, en la reificación y, por supuesto, en la metamorfosis de los procesos de subjetividad todo parece indicar que la humanidad se encuentra atrapada a padecer eternamente los efectos de eso que Max Weber denominó la “jaula de hierro”. Visto el giro societal hacia la derecha y el florecimiento de fundamentalismos (empezando por el del mercado) de estos últimos años, todo indica que el “pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad” debe seguir siendo nuestra brújula de acción. Por otro lado, frente al colapso climático, algunos eruditos nos proponen, en la línea de la heurística del miedo tan cara a Hans Jonas, una dictatura de expertos que pueda legislar y decidir conforme a sus reglas basadas, según ellos, en la neutralidad científica. ¿Debemos por tanto renunciar a la escasa democracia deliberativa del reducido espacio público para salvaguardar nuestra sobrevivencia como especie? ¿Es urgente claudicar ante los denominados grupos de expertos que pugnan por el sacrificio sistemático de rebaños enteros de ganado por causa del brote de dermatosis bovina (una enfermedad viral grave del ganado vacuno que no afecta humanos) para aplicar el famoso “Principio de precaución” soslayando los argumentos de los trabajadores rurales tal como sucedió recientemente en Francia?
El libro que nos presentan Jean-Louis Laville y Anne Salmon (2025) resulta de gran interés no solo para repensar la relación entre poder y saber sino también para construir saberes colectivos emancipadores. Compuesto por ocho capítulos, el libro recupera algunas ideas desarrolladas en otras obras, algunas de ellas traducidas a nuestra lengua, sea dicho de paso. Por ejemplo, los capítulos 6 y 7 retoman algunas reflexiones planteadas en el libro La fábrica de la emancipación(UNAM, 2025), en torno a la tensión entre democracia y capitalismo (Jürgen Habermas), a las patologías sociales contemporáneas (Axel Honneth), al aporte del pragmatismo (John Dewey), a la pertinencia de los contrapúblicos subalternos (Nancy Fraser), por solo mencionar algunas.
La primera parte titulada “Agir SUR” (actuar sobre) aborda, a través de cuatro capítulos, la construcción de un modelo occidental de pensamiento que ha desdeñado los saberes populares (Laville y Salmon, 2025, p. 7) y que teniendo como horizonte el dominio de la naturaleza (Laville y Salmon, 2025, p. 57) ha privilegiado el conocimiento teórico por encima de los saberes experimentales. De allí que nuestros autores recurran tanto al “mito de la caverna” de Platón como a los planteamientos de R. Descartes para mostrar, por un lado, la consolidación de una jerarquía de saberes (en la que los principios de distanciamiento y de objetivación son axiales) y, por el otro, el desdén por los actos de deliberación que contribuyeron a la emergencia de una racionalidad instrumental (Laville y Salmon, 2025, p. 100) de la modernidad. Efectivamente, como ya lo había planteado de manera acertada hace más de cinco décadas Enrique Dussel (1969), el pensamiento helénico (griego) es un pilar del eurocentrismo y, consiguiente, es necesaria una crítica al helenocentrismo en la reivindicación de otros saberes y experiencias (Dussel, 2013). El texto de Laville y Salmon se encuentra en esa línea.
Por otra parte, examinando las características de la metafísica clásica (desprecio de la experiencia, separación cartesiana expresada en la res cogitans y res extensa, tensión entre teoría y práctica) que contribuyeron a la formulación del pensamiento científico (y su corolario: la idea de hombre-máquina), Laville y Salmon observan la emergencia de una modalidad de pensamiento que mina las bases democráticas de la sociedad. Al respecto, sostienen que:
“efectivamente, las ciencias sociales liberadas de los atavismos religiosos pero, al mismo tiempo, conservando y negando su huella de religiosidad, imaginan que la vida humana puede encontrar otra vez, una vez liberada por la ciencia, su fuerza y belleza. La transformación del individuo es conducida por el postulado que existe un orden social formulado en término de leyes y que solamente los científicos (savants) son los únicos que pueden identificar y, por tanto, comprender. La participación de las personas puede ser convocada como un medio para fines de un proyecto de adaptación en nombre de una armonía social y conforme a las leyes. En ese sentido, aquella es solamente instrumental” (Laville y Salmon, 2025, p. 73-74).
Un elemento que merece ser destacado en esta primera parte de la obra, es la manera cómo nuestros autores interpretan la crisis existencial (capítulo 4) de finales del siglo XV, expresada tanto en el descubrimiento del universo infinito como en el desplazamiento del lugar que el hombre ocupaba en el cosmos y, por tanto, poniendo en cuestión las representaciones heredadas del helenismo. Para Laville y Salmon, la ciencia moderna fue una respuesta existencial de los traumas provocados por dicha crisis (Laville y Salmon, 2025, p. 81). Las angustias existenciales experimentadas por el hombre occidental lo llevaron a acciones irracionales: de la cacería de brujas hasta el exterminio de los naturales en las Américas. En ese sentido, los planteamientos de Laville y Salmon aportan nuevos elementos a la noción de ego conquiro propuesta por Enrique Dussel (1994), ya que los principios del racionalismo occidental no se encuentran desligados de dicha angustia existencial.
Si en la primera parte de la obra, Laville y Salmon se concentran en la separación entre el científico (savant) y la sociedad a través del análisis de la ruptura entre sujeto-cognoscente y objeto-materia y en el procedimiento científico entendido como una revelación de leyes universales que menoscaba otras formas de conocimiento; en la segunda parte titulada “Agir AVEC” (actuar con) reivindican modelos de conocimiento que no solo han puesto en cuestión el pensamiento hegemónico sino que además pueden contribuir tanto a la formación de espacios democráticos (asociaciones, espacios públicos de proximidad) como a la emergencia de formas de emancipación. Para ellos, nuestros autores recuperan el pensamiento de Nicolás Maquiavelo (lucha contra el dogmatismo), los planteamientos de Jürgen Habermas y de Axel Honneth (dinámicas democráticas), la propuesta de Paul Feyerabend (anarquismo metodológico), las reflexiones de Bruno Latour, de Sandra Harding y de Donna Haraway (ontologías del encuentro) y, por supuesto, la obra de José Carlos Mariátegui y de Aníbal Quijano (desobediencia epistémica) para proporcionar nuevas pistas de investigación que posibiliten la reconstrucción democrática tanto de los procesos gnoseológicos como sociopolíticos.
Por nuestra parte y, aunque estamos convencidos que la obra de Jean-Louis Laville y de Anne Salmon es una valiosa contribución no solo para la historia intelectual sino también para la teoría del conocimiento y, por tanto, merece ser leída y discutida por militantes como por investigadores comprometidos con las transformaciones sociales, nos parece que, en ocasiones, soslaya algunas inflexiones importantes en las “epistemologías en tensión” de Occidente. Me gustaría mencionar solo un par de ellas que concierne al materialismo histórico. Por ejemplo, en el lugar privilegiado que ha ocupado la teoría sobre la experiencia (o praxis), pensamos que las Tesis sobre Feuerbach escritas en 1845 en Bruselas por Karl Marx fueron cruciales en la elaboración de una visión de mundo que conjuga teoría/praxis. Precisamente, esa cuestión, central en el gigante decimonónico, acompañó sus reflexiones durante toda su vida. Recordemos que, en diálogo con la propuesta de Claude Anthime Corbon (1808-1891) consignada en su obra De l’enseignement professionnel en la que planteaba una formación que fomentara las destrezas laborales flexibles en lugar de una especialización vocacional, Marx reivindicó una vinculación entre ciencia y tecnología, es decir, una unidad entre teoría y práctica. De ahí que para Robin Small la contribución más original de Marx al pensamiento pedagógico es la “formación tecnológica, que importa los principios generales de todos los procesos de producción y, simultáneamente, inicie a la infancia y juventud en el uso práctico y el manejo de los instrumentos elementales de todos los oficios” (Small, 2024, p. 464). Incluso, no debe olvidarse que, durante el invierno de 1862/1863, precisamente antes de redactar el capítulo “Maquinaria y gran industria” de El Capital, Marx tomó un curso práctico (o experimental) con un cierto Robert Willis, profesor de mecánica aplicada de Cambridge y de la Escuela de Minas de Londres. En ese sentido, Marx siempre pugnó por la síntesis entre teoría y praxis.
La segunda inflexión refiere a la obra de Antonio Gramsci. No les falta razón a Laville y a Salmon sostener que, entre los pensadores del renacimiento, El Príncipe (1532) de Maquiavelo (diametralmente opuesto a la perspectiva de Jean Bodin) parte de consideraciones prácticas en la elaboración de una teoría de la acción (Laville y Salmon, 2025, p. 120) que reconoce “la mutación constante de las combinaciones de las causas” (Laville y Salmon, 2025, p. 127) y, por tanto, no se encuentra cerrada a la experiencia. Desde la Filosofía de la praxis, el pensador sardo, nos propone una lectura que puede completar lo planteado por Laville y Salmon, puesto que “Maquiavelo no es un mero científico; es un hombre de partido, de pasiones poderosas, un político de acción que quiere crear nuevas relaciones de fuerza y no puede por ello dejar de ocuparse del ‘deber ser’, no entendido por cierto en sentido moralista” (Gramsci, 1980, p. 63). Para Gramsci, El Príncipe es “un libro viviente” (Gramsci, 1980, p. 11) ya que su interés no solo se dirige a la “voluntad colectiva” sino también en el lugar que ocupa las masas de campesinos cuando “irrumpen simultáneamente en la vida política” (Gramsci, 1980, p. 19. Aunque bien podrían ponerse a discusión las características del Príncipe-moderno (el partido de la clase obrera) en este nuevo milenio, lo cierto es que el aporte de Gramsci (interés en las clases subalternas, filosofía de la praxis, relación entre cultura y poder, papel del mito y del imaginario popular, etc.) es fundamental para repensar tanto el método de conocimiento como los procesos democráticos en la línea que presentan Jean-Louis Laville y Anne Salmon. Sea como fuere, el libro “De l’agir sur à l’agir avec” es un aporte de gran calado para repensar, en clave emancipatoria, los desafíos socio-ecológicos actuales.
Referencias
Dussel, Enrique (1969), El humanismo semita: estructuras intencionales radicales del pueblo de Israel y otros semitas, Buenos Aires, UDEBA.
Dussel, Enrique (1994), 1492. El encubrimiento del otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”, La Paz, Plural.
Dussel, Enrique (2013), Ethics of Liberation. In the Age of Globalization and Exclusion, Durham, Duke University Press.
Gramsci, Antonio (1980), Maquiavelo y Lenin. Notas para una teoría política marxista, México, Diógenes.
Laville Jean-Louis y Salmon, Anne (2025), De l’agir sur à l’agir avec. Défis socio-écologiques, association des savoirs et recherches participatives, Érès, Toulouse.
Laville Jean-Louis y Frère, Bruno (2025), La fábrica de la emancipación. Repensar la crítica del capitalismo desde las experiencias democráticas, ecológicas y solidarias, UNAM, México.
Small, Robin (2024), “Educación”, en El renacer de Marx. Nuevas interpretaciones y conceptos clave editado por M. Musto, Akal, Madrid.