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Un proyecto en disputa: en torno a las elecciones estadounidenses

Abdiel Hernández Mendoza

Las elecciones en Estados Unidos siguen representando el rumbo de un proyecto definido y elaborado de dominación mundial. Es por ello que ni Donald Trump ni Joseph Biden están pensando en el bien de la humanidad, lo hacen por el bien de un interés específico, el de sus patrocinadores, la élite del poder en su país. En el marco de las elecciones más caras de su historia y de un confinamiento que ha cobrado hasta el 7 de noviembre más de 238 mil vidas en la nación de Malcolm X.

Como se sabe, en los siguientes días se sabrá el nombre de quién dirigirá el rostro vigente de la hegemonía. Si bien las corporaciones mediáticas dieron el triunfo a Joseph Biden, es un hecho que la cartografía electoral dejó ver a un Estados Unidos dividido tanto en votos de negros, latinos, mujeres y propios representantes del ser blanco, puritano y sajón.

El significado de esta elección es posible resumirlo en la siguiente sentencia: todo el contexto geoeconómico y geopolítico está en disputa por la élite estadounidense. Se juega el papel del gendarme del mundo; es decir, el cómo continuar con el trabajo que han asumido de manera histórica como rostro de la hegemonía y por lo tanto como ente ordenador de las relaciones económicas, políticas y sociales, construidas después de ganar la Segunda Guerra Mundial, la cual está cerca de cumplir su centenario.

¿Qué ha quedado del complejo científico-tecnológico-militar-industrial del cual nos advirtió Dwight Eisenhower en su momento? No hay que ir tan lejos, hace unos meses la misión espacial Dragon-X mostró al mundo que dicho complejo está cooptado por la clase empresarial estadounidense. Éste es un proyecto que igual estará en disputa en el programa político del siguiente presidente estadounidense. La guerra por los datos está en marcha y el protagonismo estadounidense intentará por todas las formas capitalizarlos bajo la estructura de una contemporánea división digital del trabajo.

Es natural que todo el mundo esté al pendiente de lo que sucede en la nación de Martin Luther King y se pregunte ¿Quién será el ganador? Pero, ¿habrá más cuestionamientos? Por ejemplo el papel de la mujer en la política de alto nivel o si la violación sistemática de los derechos civiles dejará de ser un tema de blancos contra no blancos anglosajones. Enfrentamiento visualizado desde la década de los sesenta del siglo pasado. ¿Por fin estará el tema en la agenda? Al respecto, se sabe que no es prioridad como sí lo es el mantener los privilegios de las empresas energéticas o a la clase bancaria-empresarial que forma parte del estado profundo estadounidense, no se diga ya de las empresas de telecomunicaciones que han desplazado de su jerarquía a las petroleras como Zoom lo hizo con Exxon. Lo cual da muestra clara de que el peso empresarial de las petrocracias tiene ya competidores en los financiamientos electorales, y no debemos olvidar que, en una elección como ésta, de 14 000 millones de dólares, el adagio de un dólar igual a un voto, está más vigente que nunca.

Esta campaña se organizó desde la generación y lectura de datos, desde la confrontación con China no solo por los derechos de TikTok y el control tecnológico de la red 5G o de la guerra, desde la confrontación abierta con Rusia, desde la imposición de Juan Guaidó como su interlocutor fallido con Venezuela, desde la implantación de políticas migratorias a manera de instrumento de negociación, desde el Gran Confinamiento y su mal manejo que evidenció el clasismo del sistema de salud estadounidense, desde la lucha por dominar y controlar la Inteligencia Artificial, desde una crisis de identidad en Europa, desde una crisis económica arrastrada con mayor fuerza desde 2007-8, desde una Cuba que defiende su Revolución enviando a sus médicos a misiones internacionales, desde el cuestionamiento del uso de más energía en un planeta en colapso ambiental y civilizatorio… desde la confirmación racista y machista de la élite estadounidense.

Las elecciones más caras de la historia son un precedente. Se da justo en el momento de una nueva oleada progresista en Nuestra América. Las estrategias y herramientas aquí utilizadas se intentarán replicar en los procesos electorales que vienen en el mundo.

 

Si el aire no tuviera sangre

 

En países como México, el debate en las redes sociales sobre la preferencia entre Trump y Biden dejó un sentimiento de vacío, al aferrarse a la idea de que el carnívoro dejará de serlo, solo por representar el ala demócrata, olvidando así, gracias a la apropiación-vaciamiento de los discursos disidentes, al William Clinton responsable de los bombardeos en Serbia y Kosovo, junto a su vicepresidente, el filántropo y premio Nobel de la Paz Al Gore, así como el otro Nobel de la Paz, Barak Obama, que inició una guerra en Siria apoyando a terroristas y provocando retratos atroces de la migración de Medio Oriente a una Europa encerrada en sí misma. Los demócratas saben expropiar los discursos de las luchas sociales legítimas, para colocarlos como estrategias de mercadotecnia. Los negros, los latinos y los no blancos, se cosificaron en el discurso de quien más posibilidades tiene de ser el siguiente mandatario de la nación con militares regados en todas partes del mundo.