Prólogo a la obra La vida abreviada. Naturaleza, capitaloceno y caos climático

Prólogo a la obra La vida abreviada. Naturaleza, capitaloceno y caos climático

  • Luis Antonio Huidobro. Naturaleza, capitaloceno y caos climático. Bogotá, Editorial Laboratorio Educativo,  2026, 280 p.

Luis Antonio Huidobro

Mientras algunas instituciones científicas nos alertan sobre el deterioro ambiental y los terribles daños causados a la biosfera, tanto los políticos tradicionales de las diferentes tendencias demoliberales y social–demócratas como los empresarios –personificación del capital, sea dicho de paso–, no cesan de alardear que, sea con ayuda de una «tecnología verde», sea a través de prácticas como el reciclaje, la reducción del consumo de agua, el uso de automóviles eléctricos, entre otras, encontraremos una salida para la crisis ecológica que actualmente padecemos. Frente al avance acelerado de la degradación de suelo fértil, de las insufribles sequías, del agotamiento de los mantos acuíferos, no faltan las voces del coro eco–fascista que pugna por el establecimiento de un gobierno de expertos. Herederos de «la sabiduría del miedo» de Hans Jonas, estas voces intentan imponernos un gobierno eco–autoritario. Por su parte, desde hace ya algunas décadas, una pléyade de pensadores ha propuesto el término de Antropoceno para hacer referencia a una nueva era geológica para dar cuenta del peso de las acciones humanas en la modificación de nuestro entorno. 

Ante tal escenario surgen cuestiones que, sea como ciudadanas, sea como militantes, nos planteamos: ¿Cómo posicionarnos ante los falsos dilemas que nos suele presentar la ideología dominante? ¿Reducción de combustibles fósiles o energía nuclear? ¿Gobiernos eco–autoritarios o democracias de baja intensidad? 

El libro que nos presenta Luis Antonio Huidobro es una valiosa arma para combatir no solo los falsos dilemas de la ideología dominante sino también para hacer frente a los embates de los colapsólogos y, por supuesto, de su estéril fatalismo. Efectivamente, en lo que respecta a los simpatizantes del término Antropoceno, el autor, desde una perspectiva materialista, desmonta las argucias de responsabilizar a todos los seres humanos, pueblos y comunidades del colapso ecológico. Apoyado en los aportes de pensadores como Karl Marx, James O’Connor, Andreas Malm, Elmar Altvater, Michael Löwy, entre otros, Luis Antonio Huidobro recupera el instrumental analítico de la ecología política y de la economía política para elaborar una crítica materialista de nuestra actual formación social y, en ese sentido, logra develar la jugada ideológica y coloca nuevamente la temática del valor que se valoriza.

La sumisión a los marcos ideológicos y categoriales vigentes por parte de los intelectuales de los Nortes globales los han llevado a maquinar nociones y categorías (por ejemplo, pensamos en la de «ecobiografía» propuesta por el filósofo francés Jean–Philippe Pierron o en la de «Dark Ecology» acuñada por el filosofo inglés Timothy Morton) de un discurso más cercano a al ambientalismo de los ricos que al ecologismo de los pobres. Aquí notamos otro aporte de Luis Antonio Huidobro: la insubordinación a los preceptos de la doxa dominante. No, no podemos resignarnos. ¡Debemos instruirnos, unirnos y organizarnos, abajo y a la izquierda, no solo para «jalar el freno de urgencia» de la locomotora de la modernidad capitalista sino también para dinamitar sus vías!  

Por su lado, y combinando los análisis de Michel Foucault, de Gilles Deleuze y de Félix Guattari, los investigadores Éric Alliez y Maurizio Lazzarato, en su obra Guerras y Capital, desenmascaran los intereses ideológicos de la operación de greenwashing del discurso del Antropoceno que evacúa todo conflicto. Efectivamente, este «gran relato unificador de la especie», no solo omite la relación centro–periferia sino también las relaciones de explotación. Según estos investigadores, una manera de evitar caer en la trampa de la doxa es recurriendo a la perspectiva de clase, en ese sentido, el libro de Luis Antonio Huidobro se inscribe en una interpretación fundamentada bajo una concepción materialista de la naturaleza y la historia y, por consiguiente, consigue plantear cuestiones axiales para la supervivencia de la especie.       

En otro orden de ideas, debemos apuntar que, durante la ofensiva israelí en Gaza el impacto medioambiental ha tenido como resultado emisiones de efecto invernadero que superan la huella anual de carbono de más de 20 de los países más vulnerables al cambio climático. Según el diario The Guardian durante los dos primeros meses del conflicto se emitieron 281.000 toneladas métricas de dióxido de carbono. El responsable: el ejército israelí. Para el filósofo francés Georges Didi–Huberman «las imágenes arden en su contacto con lo real», es decir, la potencia de la imagen radica en que ésta siempre es portadora de síntomas. Si la imagen del «primer genocidio mostrado en tiempo real por sus víctimas» arde es porque muestra el vínculo entre la dinámica ecocida del colonialismo y la violencia imperial capitalista. 

El libro de Luis Antonio Huidobro devela la lógica ecocida de la modernidad capitalista y, por consiguiente, nos pone sobre la pista que, no importe en donde nos encontremos, desastres como el que padeció en 2015 la ciudad brasileña de Mariana, en el estado de Minas Gerais, o   incendios como los que tuvieron lugar este verano en Grecia podrán ser nuestros próximos escenarios. Por consiguiente, este libro debe ser leído, discutido y difundido entre académicos comprometidos y círculos de militantes que sueñan con que otro mundo sea posible.   

Finalmente, debemos señalar que el autor también retoma los aportes de las teóricas de la corriente ecofeminista para dar cuenta de las diversas modalidades de la explotación por parte del Capital. Más allá de las convergencias o divergencias que nuestro autor mantenga con autores como Arturo Escobar, Vandana Shiva o Serge Latouche, por mencionar algunos, es indudable que su propuesta teórico–política merece ser puesta en discusión. Cierto, ante el fortalecimiento de los populismos autoritarios y el debilitamiento de las organizaciones de masas, nuestro margen de acción es cada vez más reducido, sin embargo, ni la resignación de los colapsólogos, ni el reformismo de los transitólogos son una alternativa. 

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