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Los Lacandones en la marcha estudiantil del 10 de junio de 1971*

Uriel Velázquez Vidal.[2]

Momento en que es disuelta la manifestación estudiantil por los Halcones. Fuente: AGN, DGIPS, Caja 1266-E, Expediente 4, Foja 112.

Este trabajo tiene como objetivo reconstruir la participación del Grupo Armado Lacandones en la manifestación estudiantil del 10 de junio de 1971. Para explicar la presencia de esta organización revolucionaria en dichos sucesos, abordaré los factores causales que llevaron a los estudiantes a marchar en las calles el 10 de junio, jueves de Corpus. En segundo lugar, expondré la represión que ejerció el grupo paramilitar Los Halcones contra los manifestantes. Posteriormente, examinaré cuáles fueron los aportes del Grupo Armado Lacandones en la marcha de ese día. Además, trataré la reflexión que se hizo al interior de este grupo en torno a la represión. Cierro con un comentario final. Para elaborar este trabajo, tuve que entrelazar fuentes documentales y orales de diferente índole. Dentro del conjunto documental consulté bibliografía del tema en cuestión y expedientes depositados en el Fondo Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) alojado en el Archivo General de la Nación (AGN). En cuanto a las fuentes orales, entablé una entrevista de historia oral con el ex militante, Carlos Salcedo García.

¡A tomar las calles!

La movilización estudiantil de 1971 se encuentra enmarcada en un período de creciente enclaustramiento político dentro del sistema autoritario mexicano. Este sistema se concentró en la supremacía del presidente, monopolio político del partido oficial: Partido Revolucionario Institucional (PRI). Mismo que diluyó las diferencias de clase e ideología a través del discurso nacionalista y de la diestra manipulación de las organizaciones de masas. De esta manera, se establecieron los mecanismos autoritarios de un gobierno con fachada democrática.

La movilización social se intensificó en la década de los sesenta con la llegada de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) a la presidencia de la República. La protesta creció durante su mandato y alcanzó, en 1968, su apogeo. Grandes movilizaciones estudiantiles abarrotaron las calles de la Ciudad de México con un ambiente juvenil, intenso, vital y hasta festivo. Sin embargo, el movimiento estudiantil fue masacrado el trágico día 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Para 1971, la situación política era difícil. Meses antes había tomado posesión como Presidente de la República Luis Echeverría Álvarez, quien había sido Secretario de Gobernación durante el sexenio anterior. La mayoría de los sectores universitarios y de las fuerzas de izquierda desconfiaban de sus políticas de “reconciliación”. Esto debido a que durante su mandato como Secretario de Gobernación, había sido uno de los principales artífices de la represión del movimiento estudiantil en 1968.

Durante esos meses se articularon varios factores para que el movimiento estudiantil comenzara a reorganizarse: los discursos de la “Apertura democrática” y de la política internacional “tercermundista” de Luis Echeverría; la salida gradual de un grupo importante de presos políticos; y la reactivación del Comité Coordinador de Comités de Lucha del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México (CoCo Poli-UNAM), organismo sucesor del Consejo Nacional de Huelga (CNH) de 1968.

Pero el movimiento estudiantil no resurgió en la capital del país, sino en el industrializado Nuevo León. En mayo de 1971 estalló en huelga la universidad neoleonesa, contra una ley Orgánica impuesta por el gobierno. Ante este conflicto, Echeverría maniobró rápido: destituyó al gobernador del estado y obligó a los legisladores locales a derogar la ley aprobada por ellos y a promulgar otra; instaló además un nuevo rector. No obstante, el CoCo Poli-UNAM convocó a una manifestación para el 10 de junio, jueves de Corpus. Pero dos posiciones se confrontaron al interior: los que planteaban que ya se había resuelto el conflicto y debía aceptarse la “apertura democrática” de la administración echeverrista; y los que querían tomar las calles, para vincularse con otros sectores populares, además de apoyar a los estudiantes y profesores de Nuevo León. Por eso, la plataforma convenida fue:

1.- Apoyo a la ley orgánica propuesta por los estudiantes de Nuevo León (cogobierno paritario, elección por votación de las autoridades, etc.); 2.- Democratización de la enseñanza (abajo juntas de gobierno; abajo reglamento fascista del IPN; elecciones democráticas de autoridades; gobierno universitario de profesores y estudiantes de paridad; aumento del presupuesto para la educación.); 3.- Contra la reforma educativa antidemocrática que pretende imponer el gobierno; 4.- Democracia sindical; 5.- Libertad a todos los presos políticos del país.[3]

 Echeverría tuvo conocimiento de la movilización. Rápidamente comprendió que los estudiantes no creían en su “apertura democrática”. Él pensó que los universitarios querían torearlo y tenía que darles un escarmiento. Los encargados de reprimir la manifestación serían los Halcones, un grupo paramilitar integrado por porros y jóvenes reclutados de los departamentos de Limpia y Transporte del Departamento del Distrito Federal (DDF).

¡Qué entren en acción los halcones!

La marcha del Casco de Santo Tomás con destino al Zócalo salió a las 17:00 horas. El contingente estuvo conformado por estudiantes de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN; de la Facultad de Economía de la UNAM; de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL); de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), de la Universidad Iberoamericana (UIA) y del Colegio de México (COLMEX). Miles de manifestantes coreaban los lemas: “¡Democracia sindical!”, “¡Libertad presos políticos!”, y “¡Apoyo total a Nuevo León!”.

El avance de la marcha era monitoreado por agentes de la DGIPS, quienes registraron que a las 17:10 horas: “En la calle Díaz Mirón y Av. de los Maestros, un grupo de 15 granaderos armados con fusiles y bombas lacrimógenas, intentaron dispersar al contingente, sin lograrlo, sin llegar a enfrentarse con los estudiantes, quienes continuaron su marcha sobre la calle mencionada.”[4] Desde vehículos policiacos equipados con altoparlantes se emitieron amenazas de represión a los marchantes, pero no lograron intimidarlos. El contingente siguió su paso y en medio de un ambiente tenso llegó a la Avenida México-Tacuba. Fue a las 17: 15 horas cuando aparecieron decenas de jóvenes armados con largas varas de bambú, chacos  y cadenas –los Halcones– quienes en medio de la indiferencia policiaca, atacaron violentamente a estudiantes y reporteros de casi todos los diarios.

Ante esto, los estudiantes se replegaron, se reorganizaron y se enfrentaron a los agresores. Lograron replegarlos, hasta que los Halcones contraatacaron con armas de grueso calibre. Los paramilitares perpetraron una masacre, dejando una estela de muertos y heridos en las calles de San Cosme. Además, echando tiros entraron por los heridos al hospital Rubén Leñero.[5]

El Ejército mexicano supo y operó a favor de los Halcones antes, durante y después del ataque. Así lo revela el análisis del periodista, Jacinto Rodríguez:

Los detalles que refieren los cuatro párrafos de este oficio [del fondo de la Defensa Nacional del AGN] y de otros localizados en el mismo expediente, revelan que el Ejército no solamente supo y estuvo enterado de lo que ocurriría, sino que estableció un operativo especial que consistió, entre otras cosas, en “sellar” las principales salidas de la capital hacia Cuernavaca, Puebla, Toluca y Pachuca.[6]

Merece la pena subrayar que los grupos guerrilleros de entonces asistieron a la marcha, aunque no participaron en la trifulca, debido a que no estaban preparados para ella. Su participación consistió en estructurar las brigadas estudiantiles con una mejor organización, fue el caso del Grupo Armado Lacandones.

El Grupo Armado Lacandones en la marcha del jueves de Corpus

La organización revolucionaria conocida como Grupo Armado Lacandones tuvo su origen en 1969 y desapareció cuando se fusionó con otras organizaciones en 1973 para conformar la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). El Grupo Armado Lacandones, era de corte marxista-leninista y sus fundamentos políticos e ideológicos tuvieron su base en los postulados del espartaquismo. Su documento Nuestro Camino, planteaba un análisis económico y político de la situación nacional e internacional. Además, manifestaba que la revolución mexicana de 1910 había sido usurpada por Venustiano Carranza y señalaba su carácter democrático burgués. Culpaba al Estado mexicano de la situación deplorable del país y llamaba a combatir el oportunismo de izquierda. El objetivo del documento era derrocar al gobierno burgués y establecer un gobierno socialista. Para lograrlo, proponía hacer trabajo político con las masas, ya que debían unirse a los trabajadores de la gran industria, dado que eran la base y el motor del verdadero partido proletario. Además, Grupo Armado Lacandones tuvo un brazo armado que estuvo constituido por tres comandos: “Lacandones”, “Arturo Gámiz” y “Patria y Muerte”. El área geográfica donde se movió este grupo fue la Ciudad de México.[7]

  Los militantes del Grupo Armado Lacandones realizaban trabajo político con grupos de estudiantes de la UNAM, del IPN y de la Escuela Normal de Maestros. En esas estaban cuando se desarrollaron los preparativos para la manifestación del 10 de junio. Dentro de los espacios académicos se sospechaba que la marcha sería reprimida por las autoridades. Carlos Salcedo García –que militó en la Liga Comunista Espartaco y que posteriormente creó con otros militantes el Grupo Armado Lacandones- recuerda que los militantes se reunieron para discutir su participación en la marcha del jueves de Corpus. En la reunión un grupo encabezado por Miguel Domínguez y José María Velázquez propuso crear un escudo de defensa para proteger a los manifestantes: “El planteamiento es: hay que organizar al comando, los dos comandos que existían [en ese momento: Lacandones y Arturo Gámiz], el Patria o Muerte todavía no [existía]. Entonces dicen: hay que ir armados y crear defensa de la cuestión.”[8] Ante esto, Carlos Salcedo expresó su inconformidad: “Yo me opongo, porque digo: crear defensa, ¿qué defensa se puede crear con el poder que tenemos? No teníamos un armamento muy fuerte. [Teníamos] igual algunas [pistolas calibre] 45, algunas [pistolas calibre] 22, etcétera. ¿Qué escudo de defensa puedes crear con eso?”[9]

La mayoría de los militantes coincidieron con el planteamiento de Carlos: Grupo Armado Lacandones no tenía capacidad de fuego. Miguel y José María inmediatamente rectificaron. El grupo cambió la estrategia, la cual fue organizar a los Comités de Lucha de las escuelas en dos cuestiones: 1) desplegar una defensa organizada contra los ataques de los granaderos y 2) en caso de replegarse debían orientar a los manifestantes. Conviene especificar que los militantes no imaginaron siquiera que un grupo paramilitar irrumpiría la marcha desencadenando una brutal represión.[10]

El 10 de junio, los estudiantes y militantes marchaban sobre la Avenida México-Tacuba, en ese momento observaron aproximarse a un grupo de jóvenes  que llevaban en sus manos varas largas y que al grito unísono de ¡Che, Che-Guevara!, empezaron a agredir a los manifestantes. De inmediato los estudiantes reaccionaron contra los agresores. Así lo recuerda Carlos: “[…] hubo respuesta de la manifestación, sería mucho adornarme que fueron los Comités [de Lucha] pero la gente respondió. La gente cuando vio que era así de fregadasos, la gente le entró a los fregadasos, y se replegaron [los Halcones] […]”[11] Los Halconesregresaron con armas de fuego y dispararon indiscriminadamente. Ante esta situación, los militantes del Grupo Armado Lacandones comenzaron a orientar a los estudiantes: “Cuando empezaron los disparos, nosotros empezamos a indicar por donde se podía ir la gente […] y nos siguieron. La idea era, incluso no solo el Comité [de lucha], sino incluso invitar a la gente, ¡por acá salimos, por acá!, para no entrar a la trampa directamente, ¿no?”[12]

Los militantes del Grupo Armado Lacandones guiaron a los estudiantes a una casa de la calle Cacamatzin: “[En] esta casa, que estamos a una cuadra [de la avenida México-Tacuba], aquí varios nos refugiamos, digo nos refugiamos, porque venía con ellos, ¿no? [Risas].”[13] En ese domicilio se refugiaron un grupo numeroso de estudiantes de la UANL y de otras escuelas.

Días después de la masacre, los militantes del Grupo Armado Lacandones analizaron y discutieron la represión del 10 de junio; estaban seguros de que los cauces legales estaban cerrados y de que la única forma de transformar la realidad era a través de la vía armada. Así lo rememora Carlos:

La confirmación de que estaban cerradas las vías legales de manifestación, de expresión, etcétera. Que si había sido grave el 68, pues aquí está incluso la muestra de decir: ¡no se va a permitir nada! En lo otro, el pretexto era de que venían las olimpiadas [de octubre de 1968], de este [mitin del 10 de junio] no había pretexto. ¿Cuál era el pretexto? Pues de que le tenían miedo. […] la clase burocrática se llenó de temor. Yo hablo de miedo de la clase política, la clase política se llenó de temor de la conciencia que estaba tomando la gente.[14]

Comentario final

En este trabajo reconstruí la participación del Grupo Armado Lacandones en la manifestación estudiantil del 10 de junio de 1971. Para lograrlo, expuse el contexto político mexicano de ese momento, caracterizado por un gobierno civil autoritario, que reprimió las disidencias campesina, sindical, estudiantil y popular. En este tenor está enmarcada la manifestación del jueves de Corpus, que tuvo el propósito de expresar su apoyo a los estudiantes de la UANL.

También marcharon el 10 de junio militantes de distintas corrientes –comunistas, trotskistas, espartaquistas, maoístas; algunos de ellos pertenecían al Grupo Armado Lacandones, quienes organizaron a los Comités de Lucha en dos sentidos: desplegar una defensa organizada contra los ataques de los granaderos y en caso de replegarse debían orientar a los manifestantes. Cuando los Halcones comenzaron a reprimir la manifestación, los militantes guiaron a decenas de  estudiantes a un domicilio de la calle Cacamatzin. Allí se refugiaron.

Después de la represión, los militantes del Grupo Armado Lacandones estaban seguros de que los cauces legales se habían cerrado y que la lucha armada era la única vía para transformar el estado de cosas. Es necesario incidir en que, la represión de finales de los sesenta y principios de los setenta no solo generó que algunos individuos optaran por el paradigma de la guerrilla, otros decidieron cambiar las reglas del régimen a través de la participación en los partidos políticos: el Partido Comunista de México (PCM), el Partido Popular Socialista (PPS), o incluso el PRI. Pero hubo quienes se inclinaron por el trabajo de masas con el fin de realizar trabajo de concientización entre los que serían las bases de apoyo del movimiento.

Fuentes utilizadas

Archivos:

Archivo General de la Nación.

Bibliografía:

Condés Lara, Enrique. 10 de junio ¡No se olvida! Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. México. 2001.

Gómez Galvarriato, Aurora; Magdaleno Cárdenas, María de los Ángeles´; Rodríguez Munguía, Jacinto. La importancia de los archivos históricos como garantes de la memoria y el acceso a la información. INAI. México. 2017. 

Salcedo García, Carlos. La luz que no se acaba. Grupo Guerrillero Lacandones. Derechos Carlos Salcedo García. México. 2013.

Entrevistas:

Carlos Salcedo García, 3 de abril de 2021.

* Este texto fue la ponencia que impartí el 3 de junio de 2021 en el Congreso Internacional “A medio siglo de el halconazo. 10 de junio de 1971”.

[2] Maestro en historia y etnohistoria por la ENAH. Correo electrónico: uriel.v.vidal@gmail.com

[3] Enrique Condés Lara. 10 de junio ¡No se olvida! Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. México. 2001. p. 18.

[4] AGN, DGIPS, Caja 971, Expediente 1.

[5] AGN, DGIPS, Caja 971, Expediente 1.

[6] Aurora Gómez Galvarriato et al., La importancia de los archivos históricos como garantes de la memoria y el acceso a la información. INAI. México. 2017.  p. 138.

[7] Para un estudio del Grupo Armado Lacandones, véase: Carlos Salcedo García. La luz que no se acaba. Grupo Guerrillero Lacandones. Derechos Carlos Salcedo García. México. 2013.

[8] Carlos Salcedo García, entrevistado por Uriel Velázquez Vidal. Ciudad de México. 3 de abril de 2021.

[9] Salcedo García, entrevista.

[10] Salcedo García, entrevista.

[11] Salcedo García, entrevista.

[12] Salcedo García, entrevista.

[13] Salcedo García, entrevista.

[14] Salcedo García, entrevista.

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