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La Revolución Mexicana: un modelo[i]

Selim Nadi

A proposito de Christina Heatherton, Arise! Global Radicalism in the Era of the Mexican Revolution, University of California Press, Oakland, 2022.

Aunque muchos marxistas o activistas europeos tienen como principales referencias históricas las revoluciones rusa y alemana (y posiblemente la china si miran al sur), es la influencia de otra gran revolución del siglo XX en la que se centra Christina Heatherton: la Revolución Mexicana. Esta revolución, que comenzó en 1910 con el derrocamiento del presidente Porfirio Díaz (que llegó al poder por primera vez en 1876), puso fin al periodo del Porfiriato, que supuso la integración del país en el mercado mundial, con las consecuencias de la entrada masiva de capital extranjero (sobre todo de Estados Unidos), la expropiación de sus tierras a muchos indígenas, etc. Heatherton trata de entender cómo la Revolución Mexicana dio forma a una generación de revolucionarios en todo el mundo, desde la escultora negra mexicano-americana Elizabeth Catlett, hasta el activista indio y cuadro comunista de entreguerras M.N. Roy, pasando por los colectivos de campesinos y presos. Sin embargo, en lugar de tratar a estos actores por separado, la autora del libro se centra en cómo diferentes personas, que viven en diferentes lugares, se encontraron en alianzas a veces inesperadas.

Aunque hoy en día el término internacionalismo es a menudo sobreutilizado por un sector de la izquierda radical que lo entiende como una invocación casi mágica, Heatherton se interesa por este periodo, la «era de la Revolución Mexicana», en la que activistas de todos los rincones del mundo desarrollaron formas de solidaridad revolucionaria a pesar de los obstáculos que suponía su dispersión espacial -figuras como Ricardo Flores Magón o W. E.B. Du Bois, que a menudo son descartadas de las historias del internacionalismo de la primera mitad del siglo XX por limitarse a la Primera, Segunda y Tercera Internacional. En el segundo capítulo del libro, Heatherton se centra en el hecho de que fue en el México revolucionario donde M.N. Roy se convirtió en un activista internacionalista. Lo mismo ocurre con Shinsei Kōchi, un inmigrante okinawense en Los Ángeles que, en diciembre de 1917, a mil kilómetros de los acontecimientos en Rusia, huyó de su pequeño pueblo de Nakijin, Okinawa, con su camarada Seitoku Myasato, a México. Durante su viaje -entre Okinawa y México- Kōchi conoció a trabajadores indígenas de la comunidad Kanaka Maoli, que trabajaban en los muelles de Hawai, donde su barco había hecho escala. Pero fue realmente en México donde Kōchi descubrió el sentido del internacionalismo: poder disfrutar de la hospitalidad de una familia yaqui, de la ayuda de los trabajadores inmigrantes chinos, etc. Como escribe Heatherton, «[p]ara el momento de la Revolución Bolchevique de 1917, el pueblo mexicano ya tenía varios años de lucha feroz y sangrienta a sus espaldas». (p. 54). En el tumulto de estas luchas se desarrollaron políticamente personajes tan fascinantes como Kōchi, pero también se transformaron activistas más conocidos como M.N. Roy (que estuvo en México entre 1917 y 1920, en plena Revolución). Fue en México donde M.N. Roy se dio cuenta de que el derrocamiento del sistema capitalista no podía lograrse sin acabar con el imperio colonial, argumentando que lo que permitía a la burguesía imperialista mantener cierto grado de control social sobre los trabajadores occidentales era la propia existencia de las colonias. En el tercer capítulo, la autora muestra cómo Ricardo Flores Magón, así como otros soldados de la clase obrera, se inspiraron en el significado de la revolución y el internacionalismo. Más sorprendente en un libro como éste es la influencia de la Revolución Mexicana en el movimiento de las mujeres. Al llegar a Veracruz en 1926, es decir, después de la Revolución, Alexandra Kollontai, enviada como diplomática por la URSS, pudo observar las campañas de alfabetización, a menudo dirigidas por mujeres, en las zonas rurales, el papel de las soldaderas[1] durante la Revolución, las formas innovadoras de atención a las mujeres en las maternidades, etc. La presencia de Kollontai en México preocupó mucho a Estados Unidos (los periódicos estadounidenses la presentaban como una figura infantilizada e hipersexualizada). Así, los temores del imperialismo estadounidense se centraron en Kollontai como representante de la bolchevización, la nacionalización, el feminismo y el internacionalismo. Aquí es interesante observar que las feministas europeas parecen mirar poco a la Revolución Mexicana y sus consecuencias para las reformas feministas. En el capítulo 5, Heatherton se centra en el vínculo (político y organizativo) entre los agricultores mexicanos (y sus familias) de la California rural y activistas como Dorothy Healey. Por último, en el capítulo 6, la autora muestra cómo las trabajadoras domésticas negras de Harlem pudieron encontrar cierta inspiración en el legado de la Revolución Mexicana (que se difundió, en parte, a través de los canales artísticos).

Hay mucho que decir sobre este libro, que es extremadamente rico y estimulante sin ser pomposo. Simplemente recordaremos la importancia de la Revolución Mexicana, no sólo para los mexicanos, sino también para los revolucionarios de todo el mundo. Es una pena que muchos intelectuales y activistas de la llamada izquierda radical se permitan ignorar el impacto que esta Revolución -la primera del siglo XX- tuvo en el mundo.

[1] En español en el original.

[i] Este trabajo apareció en el portal QG DÉCOLONIAL https://qgdecolonial.fr/2022/09/30/la-revolution-mexicaine-un-modele/?fbclid=IwAR2ML9SBQdWsTMdDX7MoxVgVjHL4t-kNXW78TkRJ9Yw032EEbz0xkcyp0G0