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La economía bajo el gobierno de la 4T, mitos y realidades

Enrique Vera Estrada

El actual gobierno federal ha sido fuertemente criticado en torno a las políticas llevadas a cabo en el ámbito económico. Los hechos no respaldaban tales críticas. Para noviembre de este año, la OCDE pronosticó un crecimiento, para este 2022, del orden del 2.5 %, lo cual contradice los pronósticos hechos hasta hace pocos meses por instituciones financieras privadas y diversos círculos académicos. Se había establecido que existía una gran desconfianza en las políticas públicas de un gobierno que era etiquetado de “populista”. La realidad es que hay una gran cantidad de argumentos que avalan el desempeño de la 4T en el ámbito económico. Podemos observar los siguientes:

Hay responsabilidad en el ejercicio del gasto público, debido a que el déficit primario es de tan sólo el 3.1 por ciento del PIB en estos momentos; hay una buena percepción de los inversionistas internacionales, ya que contamos con una  calificación crediticia o grado de inversión favorable con base en finanzas públicas sanas, reservas internacionales elevadas (cerca de 200 mil millones de dólares) y finanza externas en buen estado, lo que demuestra que México es un país solvente y con recursos para pagar sus deudas con acreedores nacionales y extranjeros; la deuda del gobierno mexicano está bien estructurada, con vencimientos a largo plazo y a tasa fija en su mayoría; la recaudación tributaria ha crecido en forma importante a pesar de la menores tasas de crecimiento mostradas. Es de hacer notar el buen trabajo del SAT que ha logrado incrementar la tasa de captación tributaria sin elevar impuestos ni crear nuevos. Esta mejor tributación descansa en una mayor fiscalización de impuestos sobre la renta de los grandes contribuyentes, en especial de las empresas de gran tamaño; el estricto respeto a la autonomía de Banco de México; el gobierno también hace todo lo posible por ceder mayores recursos al sector privado, debido a que absorbe menos dinero del sistema bancario; hay una estabilidad en las finanzas externas del país, sobre todo en el balance de la cuenta corriente, lo que refleja no sólo el crecimiento de las exportaciones, sino también políticas fiscales sanas. La teoría económica menciona que cuando hay un déficit público elevado, la cuenta corriente de la balanza de pagos se ve afectada (el famoso déficit gemelo), y con ello el tipo de cambio y el nivel de reservas internacionales también se ven afectadas. Estos dos últimos indicadores muestran la estabilidad en el gasto  del gobierno de la 4T.

Existe la creencia por parte de la crítica de que el actual gobierno federal no practicó una política fiscal contra cíclica durante la parte álgida de la pandemia, es decir, durante el año de 2020. Por una parte se temía que el gobierno elevara su deuda –su déficit– y al mismo tiempo se critica al gobierno actual de no haber expandido más su gasto bajo la figura del déficit presupuestario. Esa es una seria contradicción que prevalece entre los analistas  financieros y económicos del sector privado en estos momentos. El gobierno pudo haber expandido su gasto –su déficit– parta detonar un crecimiento artificial, sin embargo actuó con responsabilidad y no lo hizo. El gobierno actual ha tenido como estandarte la estabilidad en su gasto, y esta política se mantuvo incluso en momentos críticos. También –como se dijo– ha estimulado la actividad del sector privado al absorber una menor cantidad de recursos existentes en el sistema financiero mexicano. Los regímenes de corte neoliberal si absorbieron grandes cantidades de dinero almacenados en los bancos comerciales y diversas instituciones de ahorro. Los primeros fueron durante muchos años buenos compradores de bonos públicos. Con ello se pudo ver que no solo de tributos, sino también de deuda se financiaran los gobiernos que antecedieron a la 4T. Hasta hace poco más de 10 años, el sector público absorbía cerca del 60 por ciento de los ahorros del sistema bancario mexicano. Ahora la situación es diferente.

También hay que destacar la firma el T-MEC, con lo cual se puede afirmar que el gobierno no es proteccionista y apoya al sector exportador. Mucho se temía que se regresara nuevamente a un modelo de sustitución de importaciones, cerrando a la economía mexicana de algunos beneficios que puede tener el libre comercio. Apertura pero al mismo tiempo una promoción del mercado interno con un fuerte incremento al salario mínimo. No una economía con una apertura desmedida que ponía contra la pared a muchos empresarios mexicanos, al colocarlos en una situación de vulnerabilidad por la preferencia arancelaria y un tipo de cambio sobrevaluado que se tuvo  durante muchos años.

Es importante mencionar que se han presentado algunos factores externos favorables como el alza en los precios internacionales del petróleo y el gran flujo de remesas, que para este 2022 han llegado a los 60 mil millones de dólares. Pero no hay que olvidar que la actividad interna, es decir, el consumo y la inversión domésticas explican más del 60 por ciento del PIB nacional, con lo cual se puede advertir que las políticas encaminadas a robustecer el mercado interno han sido la prioridad en este gobierno.

Por último hay que mencionar que el brote inflacionario que se ha dado en el país en este 2022 no ha sido producto de una mala política en materia de gasto público en esta administración. Todo lo contrario, el gobierno de la 4T, en solidaridad con las familias más necesitadas, las que se ven más impactadas por el alza de precios, ha generado ahorros –un superávit primario– en aras de coadyuvar, junto con el Banco de México, al proceso de reducción de la inflación. Esta política tampoco ha sido valorada por muchos analistas financieros  y económicos del país.