José Revueltas: de la imagen cinematográfica a la fotoplasticidad narrativa
- Juan Luis Loza. José Revueltas. Del cine a la fotoplasticidad narrativa. México, Unoversidad Iberoamericana, 2023.
Francisco Javier Sainz Paz
El libro José Revueltas. Del cine a la fotoplasticidad narrativa, de Juan Luis Loza, se incorpora a los estudios revueltianos como una propuesta crítica que no sólo amplía el repertorio de aproximaciones a la obra del escritor duranguense, sino que cuestiona de manera frontal algunos de los presupuestos teóricos y metodológicos que han orientado su lectura durante décadas. El volumen se articula a partir de dos ejes centrales: por un lado, la formulación del concepto de fotoplasticidad narrativa como dispositivo estructurante de la escritura de Revueltas; por otro, una crítica sistemática a ciertas tradiciones interpretativas que han reducido su literatura a juicios morales, políticos o filosóficos, en detrimento de su especificidad estética.
Desde las primeras páginas, Loza deja claro que su interés no radica en sumar una interpretación temática más sobre Revueltas, sino en intervenir en el modo mismo en que se ha leído su narrativa. Para ello, propone desplazar la atención desde los contenidos ideológicos hacia los procedimientos de construcción narrativa, entendidos no como ornamentos formales, sino como operaciones materiales que producen sentido. En este marco se inscribe su noción de fotoplasticidad, concebida como una técnica narrativa que toma elementos del lenguaje cinematográfico —en particular el manejo de la luz y la oscuridad— para reorganizar la experiencia perceptiva del lector.
La fotoplasticidad narrativa, tal como la define Loza, no remite simplemente a la presencia de imágenes visuales en el texto, ni a un efecto descriptivo de carácter pictórico. Se trata, más bien, de un principio estructurante que articula espacio, ritmo y atmósfera, y que permite pensar la narración como un proceso de encuadre. La luz, en este sentido, no funciona únicamente como un elemento ambiental, sino como un agente activo que modela la percepción de los cuerpos, los objetos y los espacios. Revueltas, sostiene Loza, escribe con luz: construye escenas en las que la iluminación organiza la inteligibilidad del mundo narrado y determina la manera en que el lector accede a él.
Uno de los aportes más sugerentes del libro consiste en pensar la luz como un dispositivo, en un sentido cercano al que le otorgan Michel Foucault y Giorgio Agamben. Desde esta perspectiva, la luz no es un simple recurso expresivo, sino una instancia que captura, orienta y condiciona las conductas, las miradas y los afectos dentro del relato. Al narrar los efectos de la luz sobre los cuerpos y los objetos, Revueltas introduce una forma de acción que desborda los modelos tradicionales de la narratología formal, centrados casi exclusivamente en la agencia humana. Loza propone, así, ampliar la noción de acción narrativa para incluir aquellas fuerzas no humanas que inciden en la configuración del mundo ficcional.
Este desplazamiento teórico resulta particularmente productivo para repensar la relación entre narración y descripción en la obra de Revueltas. Frente a una larga tradición crítica que ha entendido la descripción como un momento estático o accesorio del relato, Loza muestra cómo la descripción lumínica cumple una función dramática fundamental. La luz actúa, en muchos casos, como un verdadero personaje: aparece, se transforma, desaparece y reaparece, afectando el desarrollo del relato y la disposición anímica de los personajes. De este modo, la descripción deja de ser un paréntesis para convertirse en un motor narrativo.
En este punto, el libro dialoga de manera implícita con una problemática clásica de la teoría de la novela: la distinción entre narrar y describir formulada por Georg Lukács en su célebre ensayo “¿Narrar o describir?”. Loza no se limita a retomar esta dicotomía, sino que la reformula al mostrar cómo, en Revueltas, la descripción incorpora lo dramático a la composición narrativa. Al igual que en la lectura lukácsiana de Balzac, la descripción no suspende la acción, sino que la intensifica al revelar las tensiones latentes en el espacio social y material que habitan los personajes.
La ciudad, el campo y aquello que suele denominarse naturaleza aparecen en la narrativa revueltiana como espacios inestables, continuamente reconfigurados por la incidencia de la luz. Calles, cuerpos y objetos se transforman bajo distintas condiciones de iluminación, lo que pone en crisis las certezas de la percepción cotidiana. Esta inestabilidad perceptiva produce, a su vez, un efecto de extrañamiento que obliga al lector a reconsiderar aquello que suele dar por sentado. La fotoplasticidad narrativa se revela, así, como una operación crítica que desnaturaliza el mundo representado.
Otro aspecto relevante del análisis de Loza es la relación entre fotoplasticidad y ritmo narrativo. La alternancia entre zonas de luz y de sombra no sólo construye espacios, sino que regula el tempo interno del relato. La iluminación acelera o ralentiza la narración, marca transiciones y genera climas emotivos específicos. En este sentido, la técnica narrativa de Revueltas se aproxima al montaje cinematográfico, aunque sin perder su especificidad literaria. Loza evita cuidadosamente cualquier reducción de la narrativa a un mero equivalente de lo visual, y subraya que se trata de una traducción técnica y estética, no de una mímesis directa del cine.
El segundo gran eje del libro —la crítica de la crítica— constituye una intervención igualmente significativa en el campo de los estudios revueltianos. Loza revisa una serie de lecturas que han evaluado la obra de Revueltas desde parámetros morales o políticos, muchas veces vinculados a la idea de una “literatura correcta”. Estas aproximaciones, sostiene, no lograron captar el desajuste estético que la escritura de Revueltas introduce respecto de otras poéticas de su tiempo, y terminaron por descalificarla bajo el argumento de una supuesta insuficiencia formal.
Particularmente incisiva resulta la crítica a aquellos enfoques que utilizan la literatura como un simple recurso ilustrativo de sistemas filosóficos o teóricos preexistentes. En estos casos, la obra literaria queda reducida a una función parasitaria: sirve para “dar color” a conceptos ajenos, pero se le niega la capacidad de producir conocimiento propio. Revueltas ha sido con frecuencia objeto de este tipo de lecturas, ya sea desde el existencialismo, el marxismo o ciertas combinaciones de ambos, sin atender a las diferencias genéricas entre el ensayo y la ficción narrativa.
Loza no niega la dimensión política ni filosófica de la obra de Revueltas, pero insiste en que estas dimensiones sólo pueden comprenderse cabalmente si se analizan a partir de sus procedimientos narrativos. En este sentido, su propuesta se opone tanto al dogmatismo ideológico como al formalismo estrecho, y apuesta por una lectura que reconozca la complejidad estética de los textos sin disociarla de sus implicaciones históricas y sociales.
El libro también revisa críticamente ciertos estudios comparativos que han marcado la recepción de Revueltas, como aquel de James East Irby que lo caracterizó como un “mal Faulkner”. Loza muestra cómo este tipo de juicios, formulados en el contexto del anticomunismo estadounidense, fueron reproducidos acríticamente en el ámbito mexicano, contribuyendo a fijar una imagen distorsionada del autor. Más que establecer jerarquías o filiaciones reductoras, el análisis de Loza invita a reconsiderar las relaciones literarias desde una perspectiva histórica y técnica más rigurosa.
En conjunto, José Revueltas. Del cine a la fotoplasticidad narrativa se presenta como un libro sólido, bien argumentado y teóricamente informado, que abre nuevas posibilidades de lectura para una obra que sigue siendo central en la literatura mexicana del siglo XX. Su principal virtud reside en haber articulado una reflexión estética de largo alcance sin perder de vista los debates críticos e historiográficos que han condicionado la recepción de Revueltas. Al proponer la fotoplasticidad narrativa como clave de lectura, Loza no clausura el campo interpretativo, sino que ofrece una herramienta conceptual productiva para futuras investigaciones.
Más que una relectura puntual, el libro constituye una invitación a repensar los modos en que se construye el conocimiento literario, y a interrogar críticamente los hábitos interpretativos que, muchas veces, se reproducen sin ser cuestionados. En este sentido, se trata de una contribución relevante no sólo para los estudios revueltianos, sino para la reflexión teórica sobre la narración en general.