¿Fue Fidel Castro un admirador de Bolívar Echeverría?

Víctor Hugo Pacheco Chávez

Al valeroso pueblo cubano, faro de la libertad y la resistencia

I

Hay un asunto que, al parecer, ha pasado inadvertido por los estudiosos de la biografía de Bolívar Echeverría: en las páginas finales de la antología que realizó la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia en 2011 (p. 801), como homenaje póstumo, hay dibujo de un Echeverría, al estilo de Supermán, abriéndose la camisa y mostrando a la altura del pecho una imagen de Karl Marx. Lo que realmente llama la atención es la firma que acompaña dicho dibujo, ya que no se menciona la autoría de este. Los editores y compiladores de la antología no se preocuparon por señalar la relación que puede haber entre el dibujo y la firma. ¿Echeverría conoció el dibujo? Si tenía conocimiento ¿quién se lo dio? ¿quién se lo hizo llegar? Más aún ¿la firma marca la autoría del dibujo?

Aquí quiero soltar una hipótesis arriesgada y que, por supuesto, puede errar en varias formas, pero que me ha servido para pensar unas líneas sobre la relación entre Bolívar Echeverría, el legado de la revolución cubana y Fidel Castro. La hipótesis es que por lo menos la firma que aparece en el dibujo es del propio Comandante. Haciendo una breve búsqueda de la firma del dirigente cubano podemos apreciar que es casi coincidente con la de la ilustración.

 

Este es el dibujo al que he aludido:

Ilustración publicada en Echeverría, 2011, p. 801.

 

Y estas son algunas firmas que he revisado en internet de Fidel Castro:

 

La foto junto con la siguiente explicación fue tomada de Cubadebate: “Fidel firma el mural autografiado por los mandatarios participantes en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Cartagena de Indias, Colombia en 1994. Tomada del sitio, Fidel soldado de las ideas”. Ver http://www.cubadebate.cu/especiales/2021/11/26/las-firmas-de-fidel-castro/

 

Firma aparecida el14 de agosto de 2016 en https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/el-cumpleanos-articulo-de-fidel-castro-ruz

Firma aparecida el 26 de enero de 2015 https://www.americateve.com/cuba/fidel-castro-desconfia-eeuu-pero-apoya-negociacion-n845898

 

Aunque se sabe que la firma de Fidel Castro varió a lo largo de su vida (Aguilera, 2021), en estas que hemos seleccionado podemos ver que la semejanza es muy fuerte. No puedo afirmar que la ilustración haya sido realizada por el histórico dirigente cubano, quien dentro de las habilidades que se le conocieron no se menciona que haya destacado por haber desarrollado el arte del dibujo. Tampoco he podido rastrear alguna referencia o mención de Echeverría en la prolija obra política de Castro. De hecho, las referencias sobre el filósofo ecuatoriano en Cuba son pocas, casi nulas. Quizá quienes hayan convivido con Echeverría o son cercanos a la familia puedan ofrecer más datos, incluidos los compañeros bolivianos que estuvieron involucrados en la edición de la antología, quizá puedan en algún momento mencionar la autoría de la ilustración, así también decir si la firma corresponde a Fidel Castro, además otros datos como ¿en qué fecha fue realizada? Y, por supuesto, si Echeverría tenía conocimiento de dicha obra firmada.

 

II

 

Sabemos que el joven Bolívar Echeverría fue un gran admirador del proceso revolucionario cubano. Para él, como para varios jóvenes de su tiempo, se convirtió en un referente fundamental. Tanto así que se ha llegado a sostener por algunos autores, específicamente Stefan Gandler (2015, p. 93-115) y Andrés Barrera (2011, p. 19-64), dos estudios de su obra y personas que fueron cercanas a Echeverría, que en su juventud hubo una etapa guevarista. Básicamente lo que sostienen ambos autores es que durante su estancia en Berlín el filósofo ecuatoriano se acercó a los grupos radicales que simpatizaban con las luchas del Tercer mundo, y que en esos círculos Echeverría se convirtió en un enlace de apoyo y solidaridad entre dichos grupos alemanes y los latinoamericanos que de manera clandestina buscaban apoyos de todo tipo en el viejo continente. Esta tesis de manera ficcionada se encuentra también en la novela de José María Pérez Gay, Tu nombre en el silencio. Pérez Gay además de mostrarlo como personaje de su novela, mantuvo una estrecha amistad con Echeverría desde sus años de juventud en Berlín (Pérez Gay, 2000, p. 200). De esta etapa es importante el vínculo que tuvo Echeverría con el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli.

 

Vale la pena recordar que con motivo de la muerte del Che y en la órbita de ese circuito de solidaridad y de impactó de las luchas del Tercer mundo en Europa, Echeverría publicó, junto a Hortz Kurnitsky, una compilación de textos del Che Guevara en alemán, acompañados de una presentación de su autoría. Ese breve texto de homenaje al Che se dio a conocer en español en 2011, año en que lo tradujo Javier Sigüenza bajo el título “Sobre la muerte del Che”, para la revista mexicana Calibán. Esta misma versión curiosamente se publicó mucho después con el siguiente encabezado “De Ernesto Guevara nunca se podrá hablar en pasado”, aparece firmado por Bolívar Echeverría y Fidel Castro en 2018, en el periódico electrónico El Sudamericano. Aunque, en realidad, se trata de dos textos distintos, por un lado, la presentación escrita por Echeverría, seguida de un texto de Fidel Castro sobre la influencia del Che.

 

“Sobre la muerte del Che”, es una condena al imperialismo, pero también un llamado a pensar la actualidad de la revolución y, por ende, de la figura y legado del Che. El texto reivindica el foquismo, el internacionalismo y la vigencia del proyecto cubano. Esta fuerza se encuentra en esa confianza en la actualidad del proceso cubano y en los referentes que dirigen el proceso revolucionario:

 

“Del Che no se podrá hablar nunca en pasado”, dijo Fidel. La actualidad histórica de su persona permanece en el movimiento revolucionario latinoamericano. La actividad del Che fue cesada en su desarrollo individual, pero sigue vigente en la colectividad proletaria, sigue siendo efectiva tanto en la obra revolucionaria como en el propio sujeto de la revolución: en la primera como eficiencia de todos los instrumentos revolucionarios –teóricos y prácticos por igual–, en cuya construcción tiene una función de primer orden; en la segunda, como elemento que cristaliza la confianza del pueblo sobre en sus propias capacidades revolucionarias, como ejemplo, como muestra o modelo de la posibilidad de ser un revolucionario, como reto de la voluntad revolucionaria. (Echeverría, 2013, p. 27)

 

Andrés Barreda desarrolla los nexos de Bolívar Echeverría con los circuitos intelectuales y revolucionarios que estableció en México, desde los primeros contactos que realizó hasta que decidió radicar en este país. Entre dichos contactos se encontraban Arnaldo Orfila quién dirigía la editorial Siglo XXI, donde Echeverría se inició como traductor en México. La relación de esta editorial con los ámbitos guevaristas hizo posible la publicación de los Diarios del Che en Bolivia, de manera póstuma por la editorial mexicana. (Barreda, 39-55; cfr. Gandler, 2015, p. 93-115) Es curiosa la triangulación entre Orfila, Feltrinelli y Echeverría, pues hay que recordar que ambos editores publicaron Diario del Che en Bolivia, la edición italiana fue acompañada de la icónica fotografía de Alberto Korda, “Guerrillero heroico”, la cual acompañó varias de las ediciones que se realizaron de este texto, incluida la de Siglo XXI.

 

En su primera década en México, Bolívar Echeverría se acercó a los ámbitos intelectuales y militantes de la universidad, donde logró convertirse en profesor adjunto de Adolfo Sánchez Vázquez, con quien se involucró también en algunos proyectos de traducción y en la realización de sus grados académicos. Mientras, de manera clandestina, se incorporó a los grupos izquierdistas del país, donde publicó, bajo el pseudónimo de Javier Leija, entre 1969 y 1970, algunos textos sobre Lenin, Rosa Luxemburgo y el concepto de revolución en la revista Solidaridad –dirigida por Rafael Galván dirigente de la Tendencia Democrática del Sindicato Único de Electricistas (SUTERM-TD). En estos tiempos Echeverría fue cercano a personajes como Carlos Pereyra, Adolfo Sánchez Rebolledo, Roberto Escudero.[1]

 

En 1972 Adolfo Sánchez Rebolledo y Carlos Pereyra junto con varios personajes de distintas tendencias radicales fundan la revista Punto Crítico. Aunque el filosofo ecuatoriano no participó de este proyecto hasta donde tengo entendido, fue con estos mismos personajes que dos años después dará paso al proyecto editorial de Cuadernos políticos. De hecho, en algún punto, mientras Punto crítico se concebía como el nexo con la militancia sindical de la década de los setentas, Cuadernos políticos se podía ver como la revista teórica de esa misma expresión política. Punto crítico fue foro del movimiento sindical mexicano, pero también daban seguimiento a la guerrilla mexicana y a los procesos revolucionarios de América Latina, entre ellos, la experiencia cubana. Los intelectuales cercanos a Echeverría que participaron de este proyecto se separaron del SUTERM-TD, para formar el Movimiento Acción Popular. Desde ahí colaboraron con Cuadernos Políticos

 

El proyecto de la revista Cuadernos Políticos, tuvo una inspiración cubana desde su diseño que se asemejaba a la revista Casa de las Américas, homónima del espacio cultural de la revolución cubana; además la casa editorial de la revista ERA (Illades, 2018), desde sus inicios fue un proyecto mexicano abiertamente proclive a la revolución cubana, tanto así que su primer libro publicado fue precisamente un trabajo de Fernando Benítez sobre la revolución cubana (Gandler, 2015, p. 118 y 123).[2] Esta misma editorial publicará en 1986 el primer libro de Echeverría, El discurso crítico de Marx.[3] Aunque el nombre de Bolívar Echeverría no aparece sino hasta el número 10 de Cuadernos políticos, de 1975, donde publicó el texto “Discurso de la revolución, discurso crítico”, y se incorpora en el consejo editorial hasta el número 17 del año 1978, se sabe que Echeverría fue uno de sus fundadores y animadores hasta que dejó de salir. En las páginas de Cuadernos políticos aparecieron textos de Fidel Castro y de Raúl Castro. De una manera más clara la mirada crítica de Echeverría hacía el momento de la “era de la revolución” cierra en 1989 con la clausura de este proyecto.[4]

 

III

 

Es interesante que Andrés Barrera (2011) señalé que el punto de inflexión de Echeverría con el legado del Che y la revolución cubana, al igual que con las luchas del tercer mundo, se da alrededor de 1971. (p. 45) Este quiebre en la concepción positiva que Echeverría sostuvo con esa perspectiva de reivindicación de la “era de la revolución” y confianza en el legado guevarista será más notorio a fines de los ochenta, pues como se ha señalado su participación en Cuadernos políticos lo mantuvo en por lo menos en ese horizonte de discusión.

 

No obstante, la visión de Isaac García Venegas si se mira de manera amplía la obra de Bolívar Echeverría se puede trazar un arco de influencia mucho mayor, este correría de 1959 a 2008, las fechas marcan el inicio y el fin del proyecto revolucionario cubano, con la renuncia de Fidel Castro al poder en febrero de 2008. (García Venegas, 2017, p. 73) Días antes de la renuncia del dirigente histórico de la revolución cubana, Echeverría asistió a la XVII Feria Internacional del Libro de Cuba, con motivo de la presentación del libro Vuelta de siglo, que había sido galardonado con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2006, por el gobierno venezolano y fue publicado en el país sureño en junio de 2007.[5] Además de las referencias de la asistencia de visita en el periódico Granma, donde apareció una breve nota de Fabián Alonso, destacando lo siguiente:

 

Vuelta de siglo concentra su mirada en la compleja urdimbre política, social, económica y tecnológica que se le presenta a la humanidad contemporánea en los albores de esta nueva centuria. El ensayista empata diversos signos, con mirada sistémica e integradora, en busca de nuevos significados no siempre evidentes en medio de la euforia neocapitalista y una tendencia globalizadora que tiende a simplificarlo y banalizarlo todo. Tal vez la mayor ganancia en términos críticos pase por desmontar la falacia con que se nos ha vendido una versión desideologizada de la innegable crisis de los valores que sustentaron el paradigma de la Modernidad.

 

Las tesis que maneja Echeverría no operan en abstracto sino estrechamente vinculadas al contexto latinoamericano donde vive. Una de ellas apunta a demostrar cómo el Estado, en la experiencia continental, se ha encargado de traducir la voluntad del capital y a reproducir la barbarie como condición sine qua non para el funcionamiento del tejido social. (Alonso, 2008)

 

Durante esta visita a la Habana Echeverría fue entrevistado por Fernando Rojas en el marco del proyecto Videoteca Contracorriente ICAIC, el cual fue impulsado por Enrique Ubieta Gómez, y se realizaron varias entrevistas de 2003 a 2006. Este proyecto surgió “en el contexto de la defensa de Cuba, y luego de Venezuela, y apoyados en las posibilidades abiertas por el ciberespacio, surgió la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, mecanismo de concentración de los avances del neofascismo internacional”. (Ubieta Gómez, 2007, p. 7) La videoteca tomó su nombre de la publicación Contracorriente: una revista cubana de pensamiento, que dirigió el mismo Enrique Ubieta Gómez, de 1995 a 2004, y fue editada por el Centro de Estudios Martianos. La entrevista realizada en 2008, aunque circula por internet, fue recogida en el Tomo IV del libro Por la izquierda, que editaron Julio César Guanche y Ailynn Torres Santana en 2015.

 

Isaac García Venegas señala que el “arco vital” de influencia de la revolución cubana y de las figuras como el Che Guevara y Fidel Castro en la trayectoria de Bolívar Echeverría también se cierra ahí, porque por esas mismas fechas tendrá cerrada su obra que aparecerá póstumamente Modernidad y Blanquitud. Lo que se cierra en esta visión es el afán de Echeverría de contribuir a la revolución que marcó el faro de miles de activistas y de procesos que buscaron un mundo mejor. Así este arco vital está en el fin de la revolución a la que Echeverría quiso contribuir de manera decidida, incluso en su crítica al desdoblamiento entre el mito y la idea de revolución.

 

Quizá Fidel Castro no fue fan de Bolívar Echeverría, y tampoco Echeverría de Castro, pero sí hubo un respeto y un cariño militante por parte del filósofo mexicano-ecuatoriano, quien siempre ejerció la crítica, como decía Adolfo Sánchez Vázquez debería de funcionar algunas veces, como la cortesía del filósofo. Y a su vez el pueblo cubano ha ido reconociendo la importancia de la obra de Echeverría, de la cual tal vez cada vez haya más gente interesada y les pueda servir como una brújula en estos tiempos salvajes.

 

IV

 

No podemos decir que hay una ausencia total de dialogo entre el pensamiento social cubano y el legado de Bolívar Echeverría, pero si que falta que de manera más firme la obra de Echeverría arraigue en las discusiones de la política y la cultura cubanas. Aunque cada vez más autores cubanos que realizan citas pasajeras de alguno de los escritos de Echeverría, son pocos los autores cubanos que al momento han realizado algún trabajo directo sobre su obra o le han dedicado una reflexión que pueda considerarse fundamental para la interpretación de algún tema.

 

Como parte de la recepción de lo obra de Echeverría en Cuba, vale la pena recordar la reseña que realizó en gran intelectual cubano Juan Valdés Paz (2011) al libro compilado por el ecuatoriano Fernando Tinajero, titulado Escritos Políticos; esta reseña fue publicada en el número 265 de la emblemática revista Casa de las Américas.

 

Uno de los primeros autores cubanos que puso en la mira la obra de Bolívar Echeverría como un aporte innovador al marxismo latinoamericano fue Pablo Guadarrama quien, de manera temprana, en su libro Despojado de todo fetiche. Autenticidad del pensamiento marxista en América Latina, sostenía

 

Bolívar Echeverría, también ecuatoriano se destaca por sus análisis en el terreno económico. En su libro El discurso crítico de Marx escribía en 1984 que es posible clasificar a los marxismos en dos grandes grupos: de una parte, el de los que –como el marxismo dominante— resulta de una elección-imposición que congela o petrifica en una de sus varias formas o resultados a esta sustancia por sí misma multiforme, a este proyecto desigual e inacabado de acción y de discurso que fue Marx; es el grupo de los marxismos que adoptan determinados textos o hechos de Marx como piedras inamovibles, idénticas a sí mismas, privadas de todo conflicto, sobre las que levantan sus construcciones teórico—prácticas. De otra parte, hay los marxismos que resultan de una lección que respeta esa búsqueda inacabada de unificación que conecta entre sí a los diversos esbozos espontáneos de identidad que hay en el propio Marx; de una adopción de los lineamientos fundamentales de su proyecto revolucionario, en la medida en que este, por su universalidad concreta y por su originalidad, puede ser perfeccionado críticamente con el fin de armonizar el discurso de aquella rebeldía múltiple frente a la historia capitalista, que de otra manera permanecería balbuceante y contradictoria. (…) el Marxismo que parece poder renacer de su crisis actual es el de esta tradición heterodoxa» (101). Estimulado por la perspectiva de la teoría crítica de la escuela de Francfort ha dedicado especial interés a la cuestión de la modernidad. (Guadarrama, 1999, p. 32)

 

Esta misma postura Pablo Guadarrama las recuperó mucho tiempo después en 2018, en su libro Marxismo y antimarxismo en América Latina. No obstante, este autor ha mantenido en su horizonte de reflexión al filosofo mexicano-ecuatoriano y de manera reciente ha publicado un texto titulado “Bolívar Echeverría acerca de la libertad y la justicia social en la modernidad”, en el cual mantiene la vigencia de la perspectiva de la revolución en la obra del filósofo ecuatoriano-mexicano. (Guadarrama, 2024)

 

Tenemos también el texto escrito por Rafael Rojas (2012), que fue publicado en el libro Bolívar Echeverría. Crítica e interpretación, compilado por Diana Fuentes, Isaac García Venegas y Carlos Oliva, y que recopila los trabajos presentados en el evento “Ziranda. Crítica e interpretación de la obra de Bolívar Echeverría”, primer homenaje que se realizó luego de su muerte en 2010. Para Rafael Rojas resulta interesante como Echeverría recupera la figura de Severo Sarduy para mostrar las potencias del barroco, aunque también señala cierto desfase, pues, mientras que para Sarduy la discusión del barroco esta en la órbita de la revolución, para el ecuatoriano-mexicano esto queda descartado al ver al ethos barroco como una alternativa no revolucionaria.

 

No podemos dejar de mencionar a Félix Valdés quien ha señalado la importancia de Echeverría para las discusiones sobre la modernidad, pero también para las ampliar los sentidos de conceptos como blanquitud y negritud, al asumirlas a la manera de identidades artificiales que nos permiten leer “la realidad insular, el Sur colonial y el capitalismo realmente existente”. (Valdés, 2012, p. 107-123, y 2027, p. 101-119)

 

V

 

El dialogo de Bolívar Echeverría y la cultura cubana es un debate que sigue madurando su momento, pero que ya está siendo. No sería raro que pronto podamos ver un dialogo que habrá las posibilidades de replantear ese necesario rencuentro de la obra de Echeverría con la tradición del marxismo y de la cultura caribeña, especialmente cubana. Esperemos que pronto este diálogo florezca como en otros países, más allá de México, donde los estudios sobre la obra de Bolívar Echeverría se han posicionado como tema de estudio: Argentina, Chile y, sobre todo, Ecuador.

Mientras seguimos con la duda en torno al dibujo sobre Bolívar Echeverría y la firma que lo acompaña –la cual sentimos cercana a la de Fidel Castro. Por ello, de manera segura, y accidentada como el encabezado de El Sudamericano, pensamos siempre a Bolívar Echeverría de lado de Cuba y América Latina.

 

Bibliografía

 

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[1] Para esta etapa de Bolívar Echeverría y su relación con el sindicalismo mexicano, véase Víctor Hugo Pacheco Chávez (2023 y 2024). Véase también Gandarilla, 2020.

[2] Para entender la importancia de este libro en los inicios de la editorial ERA véase el trabajo de José Carlos Reyes Pérez (2023, p. 128-131).

[3] En 2017 la editorial Ítaca y Fondo de Cultura Económica reeditaron este que es uno de los libros fundamentales del marxismo mexicano.

[4] De una manera tangencial Cuba a parece en un proyecto menos conocido de Bolívar Echeverría pero muy interesante, como lo fue la revista Palos,que en su primer número tiene un artículo de Gonzalo Celorio (1980) bastante crítico sobre al perspectiva desde la cual Alejo Carpentier recupera la cultura latinoamericana, afirmando que el novelista cubano por más que se quiera poner del lado del negro mira a través de las gafas europeas la realidad latinoamericana”.(p. 110) Palos aunque tuvo una vida muy corta fue un  proyecto interesante donde Echeverría convergió con otro núcleo intelectual que ya no era el sindicalista revolucionario, sino aquel más cercano a la teoría crítica y la estética.

[5] Este libro de Echeverría ha tenido dos ediciones en Venezuela, en 2007 fue publicado la editorial El perro y la rana y fue distribuida el día de la premiación, y, posteriormente, en 2018 Monte Ávila ediciones hizo una reedición. Sobre la primera edición, tal vez por cuestión de errata algunas veces aparece referenciada con el año 2005 o 2008, pero el isbn registrado en Caracas es de 2007 (Ver http://isbn.cenal.gob.ve/catalogo.php?mode=detalle&nt=83116).