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¿Engels en la literatura? Pequeños espacios, grandes gestos.

Jaime Ortega

La literatura le ha dado un espacio a Karl Marx como personaje literario. Podemos evocar rápidamente Entre Marx y una mujer desnuda, o en otros ejemplos de Juan Goytisolo La saga de los Marx, así como el clásico La novela de Carlos Marx. Vida de un gran revolucionario de Galina Serebriakova. En el teatro su presencia es intensa a partir de la famosa y multi representada Marx en el Soho o más recientemente ¿Valdrá la pena hablar de Marx? Contrario a ello, Federico Engels apenas tiene modestas apariciones en la literatura, sin embargo, algunas de ellas son muy relevantes.

La figura de Engels ha habitado espacios en la literatura, breves, pero sugerentes. Por ejemplo, la ya mencionada Serebriakova –férrea comunista, víctima de la represión de la década de 1930– entregó a mediados del siglo XX una biografía novela del General –el apodo de Engels– titulada Los precursores, tan inadvertida que aun quienes han hecho rastreo de los relatos de la vida del alemán la han advertido. Aquel recurso biográfico-literario tuvo su continuidad en tiempos más recientes la novela Mrs. Engels de Gavin McCrea que propició duras críticas por la impostura en la que se colocaba en Engels con relación a Lizzy Burns. Alguna publicación de izquierdas la calificó como “una buena novela con mala historia”[1]

En español Engels ha ocupado un lugar menor en la literatura, no se ha aventurado en la figura como si se hizo con Trotsky, por ejemplo. Pero ha estado presente y, en no pocas ocasiones esos pequeños espacios pueden ser leído como grandes gestos de comprensión de la travesía engelsiana.

Partamos con España, en la novela del inolvidable Manuel Vázquez Montealbán –entre otros, autor del gigante volumen Dios entro en La Habana– quien en su novela Asesinato en el Comité Central (1982), colocó al detective Carvalho en una situación incómoda. Encontrándose en una casa semi-abandonada, el otrora famoso investigador, se vio obligado a encender una fogata para soportar el frío. Recurriendo a la biblioteca del lugar, tomó un libro de Engels, Dialéctica de la naturaleza, leyó una página, cerró el libro y lo arrojó al fuego. Gesto muy similar al que realizaron las filosofías hegeliano-marxistas, de Lukács a Sartre, de Smitdh a Colleti.

José Revueltas, el entrañable e icónico intelectual mexicano, no pudo escapar a la tentación de incluir alguna referencia en su amplia y formidable literatura. Formado durante el cardenismo en el marxismo –que, como lo sugirió Fuentes Morúa y lo confirmó Sebastián Rivera Mir– tuvo una fuerte carga engelsiana, Revueltas jamás renunció a considerar al General con la valía necesaria como para que su nombre apareciera sin el de Marx. Así, en Los días terrenales, la polémica novela que le costó al duranguense la crítica de sus compañeros lombardistas, Revueltas hace jugar a Engels. Gregorio evoca las palabras de Engels cuando señala que el ser humano es la “Floración más alta de la materia”. Remata calificando: “Engels, ese señor al que no has leído nunca, el espíritu pensante”. Revueltas nos regaló, sin saberlo, el título más preciso para nombrar al General.

Hacia el siglo XXI, el sinaloense Élmer Mendoza entregó El Amante de Janis Joplin. Enmarcado en el proceso de la violencia política y la represión estatal, que a la larga posibilitaría el tránsito de los integrantes organismos de seguridad estatal a comparsas de las economías criminales, Mendoza recurre a una vieja anécdota, modificándola. Los jóvenes radicalizados son cateados en su lugar de residencia. Los policías políticos, con experiencia a cuestas, no cometerán la pifia de confundir “La Sagrada familia de Engels” con un libro religioso: “Con gesto inteligente buscó La Sagrada familia de Engels, pensando que no cometería el error de tantos militares del cono sur, que siempre lo confundían con un libro religioso”. Las técnicas de la represión se remodelan. Los órganos de espionaje se comunican. La represión es trasnacional.

Por su parte, Taibo II le dio vida a Engels en Los Tigres de la Malasia, pero quizá el más significativo es el fragmento de Cuatro manos. El hoy director de la editora estatal mexicana, escribió lo siguiente: “Un conocido escritor mexicano relataba en la prensa (La Jornada, 16 de abril 1988) que él había leído a Engels en 1966 clandestinamente; con El papel del trabajo en la transformación del hombre en mono forrado con periódico, mientras que ahora se lo daban de texto en la secundaria a su hija. Y que esto le preocupaba. No porque el marxismo en nuestra sociedad hubiera adquirido derecho de circulación legal, sino porque se había convertido en algo que leer para pasar una materia.”

Quizá, como pocos, Taibo II expresa recurrentemente la ambivalencia de cierta normalización académica del marxismo, de su lugar en la forjación de carreras escolares y el cómo su presencia en los espacios univeristarios (o incluso anteriores) tenía como correlato su ausencia en la vida política y social. Taibo II, como lo ha mostrado Bruno Bosteels, hace parte de una zaga de escritores en los que la novela negra y la conflictividad radicalizada habita el espacio urbano. A su manera, proyectó quizá el proyecto más plebeyo de la literatura: mostrar que el marxismo era un parte de 150 años de lucha de clases y que si tenía sentido, era justamente por esa historia.

[1] https://climateandcapitalism.com/2015/08/18/mrs-engels-good-novel-bad-history/