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El Obradorismo ante la ola de la posmodernidad

Cesar Martínez (@cesar19_87)

Fue justo cuando la idea del consenso se vinculó al derecho igualitario de toda persona para participar de la creación y el ejercicio del poder que la teoría moderna de la democracia comenzó a brillar con luz propia.

Alessandro Passerin d’Entrèves.

El rechazo contra la democracia participativa, las consultas populares, plebiscitos y referéndums por parte de quienes dicen que “la ley no se consulta” o que “los derechos no son plebiscitables” anuncia la lucha política que el Obradorismo habrá de librar ante el ‘identity politics’ u ola de la posmodernidad. Entiéndase por posmodernidad y/o política identitaria el intento flagrante de desplazar el derecho de la gente a ser consultada en las amplias cuestiones de la cotidianeidad, por un debate político actualmente encasillado en lo sexual. Esto resulta paradójico, cuando no perverso, pues en un Estado moderno-democrático el derecho a la participación política fundamenta las libertades individuales y no al revés.

Hay que decir sin pelos en la lengua que se trata de numerosas agrupaciones feministas y también de la comunidad LGBTQ+ cuya coincidencia fundamental (pese a los ríspidos encontronazos que frecuentemente tienen entre sí) consiste en ver al organismo individual como sujeto de propiedad privada en detrimento del organismo social. “Mi cuerpo, mi decisión”. Antes de saltar a la conclusión de que este texto pretende negar libertades de mujeres y otras personas cuya agenda política está determinada por su identidad de género, volvamos a leer la reflexión de arriba del jurista italiano Passerin d’Entrèves: si la modernidad supone que para que una ley sea legítima debe ser consensuada democráticamente (y no una mera expresión del poder de la fuerza), la posmodernidad supone que el ‘demos’ o Pueblo sale sobrando en un mundo donde la legalidad cualquiera que esta sea es incuestionable y, como se dice en latín, dura lex sed lex, la ley es la ley.

De modo que la lucha del Obradorismo por hacer real el ideal moderno del artículo 39 de la Constitución –“todo poder público dimana del Pueblo y se ejerce en su beneficio”– choca como arrecife ante la ola posmoderna, no porque el Obradorismo busque dictar a la gente qué hacer o no hacer con sus cuerpos, sino porque el Obradorismo aspira históricamente a recuperar al Estado mediante “la democracia como sistema de legitimación”, para decirlo en palabras del filósofo méxico-argentino Enrique Dussel. De ahí que sorprenda (o quizás no) que más allá de las figuras feministas y LGBTQ+ omnipresentes tanto en prensa corporativa como en medios públicos, quien ha surgido como detractor de la democracia participativa en nombre de lo posmoderno ha sido el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, quien sostiene que “hoy vemos referéndums sometiendo libertades a consulta.”

La prueba de que en el fondo del discurso posmoderno de Zaldívar lo más importante es la postura político-jurídica, antagónica respecto del Obradorismo, es que coincide con la tesis del exministro más inclinado por conservar el status-quo: José Ramón Cossío Díaz. Mientras el actual presidente de la SCJN sostiene que los derechos deben ser ‘blindados’ ante los métodos de democracia directa, el exministro tiene toda una concepción de la justicia constitucional que reduce el derecho a su función de coerción legal ante lo que él llama “crisis de la democracia” y “populismo.”

En otras palabras, tanto en Zaldívar como en Cossío se aprecia que la posmodernidad antes que nada pretende ubicar la base de la legitimidad del poder público en cualquier lugar excepto en el suffragio, cuya raíz latina, nos dice Passerin d’Entrèves, involucra al Pueblo expresando su voluntad deliberadamente. Siguiendo la argumentación de este brillante teórico del Estado, entendemos que las expresiones de Zaldívar y Cossío exhiben cuán limitada resulta cualquier teoría legal del Estado que no apela a la ética, la moral y la filosofía política. Citando este jurista italiano a Max Weber, “se demuestra que hoy día la base más usual de la legitimidad es la creencia en la legalidad: la disposición de conformarnos con reglas correctas en lo formal y establecidas mediante procedimientos sancionados.” (p.143)

Al abordar la cuestión de la legitimidad de la ley aun en el terreno de los derechos individuales, sin embargo, cabe la posibilidad de que apelar a la legalidad sea sinónimo de alcahuetear el abuso del fuerte contra el débil. Aquí Passerin nos ilumina con una definición del concepto de fuerza, entendida en términos de las desigualdades inherentes en las relaciones políticas y socioeconómicas, mediante el cual podemos comenzar a debatir cómo resulta más fácil en el México actual para feministas y LGBTQ+ acceder a espacios como la prensa, la academia, las organizaciones no gubernamentales y las cámaras legislativas de lo que resulta el mismo acceso para migrantes, indígenas y personas adultas mayores en situación de pobreza y marginación.

Antes de concluir este texto, vale resumir con base en la teoría democrática de Passerin cómo llegamos a esta retórica posmoderna donde se establece la contradicción libertad política contra derechos individuales a través de la cual quien llegue a cuestionar estos en relación con aquella es tachado de ser “anti-derechos.” Se trata del conflicto de interés entre el bien común y el bien individual que surge en el liberalismo de John Locke en forma de numerosas contradicciones: cuando se habla del espacio de libertad individual (libertad negativa) sin considerar al Estado cuya plenitud moderna es justamente la democracia (libertad positiva o autogobierno), se corre el riesgo de tomar por libertad lo que simplemente es propiedad privada, derecho de exclusión. Así lo ilustra Passerin al mencionar la clásica reflexión de Alexis de Tocqueville sobre que un Estado que reduce a sus sujetos al afán por satisfacerles necesidades individuales habrá de “mantenerles en estado de infancia perpetua e incurrirá en nuevas formas de despotismo.”

No obstante que cuestionar cuál es el concepto de libertad abanderado por la ola posmoderna es para el Obradorismo la posibilidad de definirse a sí como un humanismo que rebasa por la izquierda al ‘identity politics’, la cuestión práctica más inmediata nos regresa a la lucha por hacer valer el derecho del Pueblo a gobernarse democráticamente por la vía del sufragio. La democracia, como hábito de vida. Y es que en la retórica que mañosamente desvincula la idea de consenso respecto del derecho igualitario de toda persona a ser consultada en lo relativo al poder, Alessandro Passerin d’Entrèves identifica el vacío político aprovechado por distintas tecnocracias. De una tecnocracia neoliberal a una tecnocracia posmoderna, podemos concluir que ahora mismo caminamos entre lobos antidemocráticos disfrazados de ovejas de colores.

*Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.

Bibliografía

Passerin d’Entrèves, Alessandro (1967) The Notion of the State: an Introduction to Political Theory, Oxford University Press.