Cuba y Lenin: una salida por la NEP

Cuba y Lenin: una salida por la NEP

CE, Intervención y Coyuntura

Nos encontramos en un horizonte particularmente complejo. La locura del mundo contemporáneo —especialmente la de la potencia militar que cree poder gobernar sin contrapesos— ha reactivado los peores fantasmas.

La situación de Cuba, que deberá analizarse con mayor detenimiento en otro momento, nos remite a la necesidad de recurrir a un viejo referente: Lenin.

Contrario a lo que sostiene el sentido común anticomunista, ni Marx ni Lenin forman parte de la educación general, de la ideología dominante ni de las élites. En Cuba, el marxismo funciona más bien como resguardo de una intelectualidad minoritaria. Sin embargo, es en Lenin donde puede encontrarse una premisa clave para pensar el horizonte al que Cuba podría aspirar.

No se trata de transitar hacia un modelo de “democracia de partidos” en el que élites fragmentadas disputen las migajas concedidas por el imperio. Ese escenario ya ocurrió y resultó catastrófico para la isla. Cuba no puede sostener un sistema de élites fragmentadas sin comprometer su propia existencia como nación.

Lenin, en cambio, ofrece elementos pertinentes para pensar una transformación económica. Fue el Lenin de la NEP quien escribió: “durante muchos años tendremos que tratar a estos pequeños productores como tales, y la consigna de libertad de comercio será inevitable”. Si bien reconocía que las contradicciones con este grupo social podían derivar en el uso de la coerción, también afirmaba que “no podemos prescindir” de ellos, tanto como base social como en su carácter de sujetos productivos. El argumento leninista en torno a una economía políticamente dirigida giraba en torno a la necesidad de “hacer las máximas concesiones a fin de dar a los pequeños productores las mejores condiciones para que puedan revelar toda su energía”.

Lenin respondía, en términos teóricos, al desafío de una economía devastada por la guerra; Cuba, por su parte, enfrenta una economía profundamente afectada por un bloqueo infame. El camino, entonces, es la “reforma”, pero no entendida como una “transición” que permita la circulación de élites bajo la mirada imperial, sino como un desplazamiento hacia un modelo semejante al de la NEP: el Estado como garante de la conducción de los intercambios mercantiles.

El horizonte de solidaridad con Cuba debería contemplar esta alternativa como una posibilidad, siempre y cuando sea la propia nación la que decida asumirla.