"Reflexiones sobre la Conflictiva Relación entre Verdad y Política: Reflexiones sobre el Rol del Intelectual en la Vida Pública
German Ivan Soriano Soriano
«La libertad de opinión es una farsa, a menos que se garantice la información objetiva y que no estén en discusión los hechos mismos.»
—Hannah Arendt
¿Por qué la relación entre verdad y política siempre es conflictiva cuando se trata de analizar el comportamiento de los actores en la vida pública? En ese marco se concentran los periodistas y activistas sociales, que han destapado la cloaca del status quo, de la oligarquía que se reúsa a perder el poder hegemónico y que en su periodo de apogeo del neoliberalismo, para tomarlo como ejemplo, realizó atrocidades por la supuesta «razón de Estado».
Empero, recordamos que a lo largo de la historia, han existido luchas entre la verdad y la política. En algunos casos, «la mentira se ha considerado una herramienta necesaria y justificable no solo para la actividad de los políticos y los demagogos, sino también para el hombre de Estado» (Arendt, 1954: 241).
La actitud maquiavélica es indispensable para el Estado y su correcto funcionamiento, ya que más allá de la búsqueda de lo moral compuesto por la teoría normativa, que de acuerdo a Isaiah Berlin es «el descubrimiento o la aplicación de principios morales a la esfera de las relaciones políticas», lo importante es el cuidado nacional, bueno, al menos es lo que nos dice la visión de la razón de Estado.
Sin embargo, ¿se ha ejecutado una verdadera razón de Estado en el Estado mexicano contemporáneo? Aunque algunos autores, como Kant, han señalado que la justicia debe prevalecer, aunque todos los pícaros del mundo deban perecer como consecuencia. Esto indica que, si los incorrectos y aquellos que dicen mentiras han sido el mal de la población, es necesario erradicar esta conducta. ¿Fueron picaros los estudiantes que fueron masacrados el dos de octubre?
Otros autores sostienen que la verdad solo debe ser revelada si es absolutamente necesaria. Hobbes afirma: «Tal verdad, no oponiéndose a ningún beneficio ni placer humano, es bienvenida por todos los hombres». Por ello, el sacrificio de la verdad puede justificarse si beneficia a muchos y no a unos pocos. ¿A cuántos benefició el corpus Christi de 1971? Aquellos que han trabajado por el bien colectivo han enfrentado contradicciones, pero también han sufrido consecuencias al revelar la verdad, desafiando al poder hegemónico. Por ello, «quienes buscan y dicen la verdad son conscientes de ello» (Arendt, 1954: 241).
En el libro de Olga Wornat nos dice que «Muchos periodistas, mujeres y hombres honestos y luchadores, vivieron lo mismo que yo e incluso cosas mucho peores». Algunos aún están, pero 144 fueron asesinados, y las investigaciones se pierden en un océano de impunidad. «Sexenio tras sexenio», el calderonato trajo consigo que la tortura fuera contra voceadores de la verdad y no contra su equipo corrupto.
¿Qué es la verdad? ¿Existe un solo tipo de verdad? «La verdad no está dada ni revelada, sino que es producida por la mente humana. Desde Leibniz, se asignan verdades matemáticas, científicas y filosóficas a las «especies comunes de verdad de razón, distintas de la verdad de hecho» (Arendt, 1954: 241).
Históricamente, «existen dos historias de la verdad».
La historia de una verdad que se corrige a partir de sus propios principios reguladores, la historia de la verdad tal como se desarrolla a partir de la historia de las ciencias. Por otro lado, en nuestras sociedades se definen una serie de reglas del juego que dan lugar a determinadas formas de subjetividad, objetos y tipos de saber, permitiendo así realizar una historia externa, una historia exterior de la verdad (Foucault, 1994: 172).
Es necesario diferenciar entre verdades de hecho y filosóficas:
Verdad de hecho: se refiere a la relación entre terceros respecto a acontecimientos en los que diferentes actores estuvieron implicados, aunque esto haya ocurrido en un solo sector determinado.
Verdad filosófica: Se refiere a la reflexión, pero esta tiene la característica de que puede convertirse en una opinión, ya que involucra tanto lo puro como lo externo. Una realidad absoluta y, en algún momento, este razonamiento puede volverse subjetivo.
La verdad, de hecho, la podemos observar cuando, antes, por criticar al presidente, como es el caso de Andrés Leonario, que criticó a Felipe Calderón en el Premio Nacional de la Juventud, fue llevado a prisión, sin que se señale el motivo por el que fue detenido… Mientras que en el gobierno de AMLO, podemos observar las mañaneras de los streamers más vistos, donde marca la agenda política del país, donde algunos periodistas lo critican fervientemente con su verdad filosófica, más que de hecho.
Por ello, el análisis de los actores políticos, los intelectuales y los periodistas enfrenta diversas problemáticas. Una de las más evidentes es la subjetividad que se introduce en el discurso del intelectual, generando un cambio en lo que debería ser la verdad concreta. Un ejemplo de esto es lo que señala Foucault sobre la URSS y el papel de los intelectuales.
Recordemos que «el intelectual sería la figura clara e individual de una universalidad de la que el proletariado sería la forma más oscura y colectiva» (Foucault, 1994: 49). Esto significa que el intelectual, desde una perspectiva individual, puede descomponer y entender la realidad que vive la sociedad, aunque el trabajo sea más rudimentario y poco comprensible en cuanto a la movilidad del pensamiento de la masa. A esa oscuridad, la luz la aporta el intelectual, mostrando por qué la realidad es como es.
Otra variable a la que debe enfrentarse el intelectual, independientemente de su corriente de pensamiento, es la petrificación del tiempo en el que trabaja para entender la realidad. Las relaciones sociales son mutables, lo que dificulta la comprensión de las ciencias sociales. «El problema político esencial para el intelectual no es criticar los contenidos ideológicos ligados a la ciencia» (Foucault, 1994: 55).
Es por ello que los textos teóricos debemos moldearlos a la realidad actual, al tiempo, por muy rápido que sea, por muy difuso. Encontrar una teoría general y absoluta en lo social es raro. Las leyes de las ciencias sociales son difíciles de identificar, especialmente cuando se trata de poder. Sin embargo, se han logrado avances, como la ley de hierro de la oligarquía, gracias a que Robert Michels logró deslindar la ideología de lo concreto.
El intelectual debe comprender que no se trata de «constituir una nueva política de la verdad, sino de cambiar el régimen político, económico e institucional de producción de la verdad» (Foucault, 1994: 49). Esto nos remite a la 11a tesis de Karl Marx: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de transformarlo» (Marx, 1845: 2). Por ello, en las bases de las izquierdas debemos de ser críticos con nuestro papel formativo: no solo construir textos coyunturales sin entender el papel que estamos jugando; ser críticos con nuestros partidos políticos, si militamos en algo desde la izquierda. Porque el intelectual debe dividir su papel político, favorecer a un grupo y convertirse en un crítico de lo que está mal.
No puede apoyar un GULAG soviético, un Auschwitz o incluso la militarización yanqui en el mundo; ese es su papel en el desarrollo de la sociedad. No podemos apoyar a una gente impresentable en la lucha social.
Por mucho que la lucha entre la verdad y la política es por el bien común, la mentira es un instrumento de la política, es la antítesis de la verdad y nosotros defendemos la moralización de una vida pública, por lo tanto debemos entender que , aunque el discurso distorsiona la realidad, y aunque la realidad es mutable como consecuencia de las coyunturas políticas, en consecuencia, la verdad también cambia, no debemos ver omisos de nuestro papel y todo apoyar porque el militante debe criticar y buscar cambiar la verdad, no justificarla.
No caigamos en lo que habíamos criticado durante el periodo neo-liberal, seamos atentos al momento, porque la derecha espera arrancarnos el poder de una manera u otra. Es por ello que es impresionante en decir las verdades que tanto necesitamos, así como nos enseñó el presidente Andrés Manuel López Obrador.