Socialismo territorial y Nicolás Maduro

Socialismo territorial y Nicolás Maduro

Jonatan Romero

Nicolás Maduro se ha convertido en este inicio de año en el humano más famoso del planeta tierra, en tanto que su figura representa una amenaza a la oligarquía financiera occidental, ya que el presidente de Venezuela demostró la viabilidad de un modelo de sociedad diferente al propuesto por la burguesía. Palabras más o palabras menos, Maduro llevó sobre sus hombros la gran herencia chavista, que, frente al pensamiento pesimista, el socialismo se abrió el camino en un país del sur global y, por lo mismo, la construcción del sistema económico nuevo no pretendía ser calco y tampoco copia del modelo soviético.

Después del asesinato de Chávez, al pueblo venezolano le tocó sortear dos grandes olas contrarrevolucionarias: la primera, que la figura del comandante pudiera pesar mucho en la construcción del socialismo del siglo XXI y, la segunda, que el modelo socialista pudiera dar pasos hacia adelante dentro de una coyuntura adversa. Maduro logró liderar a un pueblo revolucionario con conciencia en maduración ascendente, también, el proyecto democrático logró dar varios avances singulares y, por lo mismo, la economía dio un giro muy importante en la consolidación de su fortaleza y de su soberanía.

Mientras que después del 2013, los gobiernos progresistas iban cayendo poco a poco por sus propias contradicciones que ellos habían provocado por su revisionismo burgués, por el otro lado, la revolución social chavista logró avanzar y consolidarse durante una época bastante oscura para la izquierda del continente. Maduro no solo fue el líder de una resistencia plebeya ejemplar en esta tierra, sino que bajo una brújula revolucionaria avanzó en la gran tormenta autoritaria y tiránica y el proyecto popular – nacional logró consolidarse bajo la bandera de que el pueblo es primero.

Nicolas Maduro logró enfrentar a la hegemonía imperialista occidental, en tanto que Venezuela nunca cedió un solo paso en contra del embargo económico, los golpes jurídicos y los golpes de estados que Estados Unidos implementó en toda la existencia del proyecto bolivariano revolucionario. Otra vez, mientras el progresismo no resistió la embestida imperial yanqui, en el caso del pueblo venezolano durante la gestión de Maduro, la revolución plebeya venció todas las trampas que imponía en un tablero geopolítico bastante adverso.

Hasta el momento, la primera conclusión proletaria deberá indicar en términos concretos que ser revolucionario es el único camino para conseguir la emancipación de los pueblos sometidos bajo el yugo del capital y que el modelo propuesto por los trabajadores y las trabajadoras de Venezuela indican las coordenadas hacia el futuro. Mientras el norte global se conformaba con imaginarse el fin del mundo, en una región pequeña del sur global, unos sureños apostaron por imaginarse el fin del capitalismo y, en esa tarea, Maduro logró victorias contundentes en contra del capitalismo.

Una gran proeza revolucionaria es en este sentido que la democracia pase de una forma burguesa hacia su forma superior proletaria, es decir que el poder recaiga en la clase trabajadora y no en los parásitos que hoy se hacen llamar burgueses y terratenientes. Nicolas Maduro tomó un proyecto democrático plebeyo y popular en gestión, en otras palabras, la primera etapa necesitaba un tiempo determinado para su madurez y, bajo su guardia, el modelo de representación venezolano se consolidó en una forma incluyente con los que menos tienen.

Primero, el modelo tecnológico y técnico electoral en Venezuela es considerado por muchos como el más moderno, en donde la posibilidad de un fraude es bastante reducida por los mecanismo implementados como el voto electrónico, auditorias muy precisas y una legislación de vanguardia. El gobierno de Maduro se preocupó por respetar el legado de Chavéz en la cuestión electoral, además, la inversión pública para mejorarlas se convirtió en una necesidad en este sentido y, por lo mismo, en América latina, a Venezuela debe reconcersersele el esfuerzo por modernizar las elecciones y reducir la posibilidad de ejercer un fraude.

Segundo, en un modelo democráctico, el número de elecciones en el país es una variable muy importante, en este caso, bajo el gobierno de Maduro, estas no solo no disminuyeron en el tiempo, sino que hubo más durante su gestión. No solo eso, durante el gobierno chavista, la oposición logró ganar el congreso, en donde, el grupo hegemónico reconoció esa derrota de forma ejemplar y, por lo mismo, lo anterior se convierte en una prueba de que la democracia es una de las características del modelo del socialismo del siglo XXI.

Tercero, la representación popular no solo radica en el modelo macropolítico, sino que, en lo local, el pueblo venezolano incentivó la organización a nivel barrial, en donde el consejo comunal se alzó como la forma organizativa dentro del modelo de una democracia participativa. Mediante la organización barrial, el proletariado busca ponerse de acuerdo sobre temas económicos, políticos, culturales y diferentes servicios estratégicos, es decir el poder no solo recae en una asamblea general, sino que cada nivel de la vida tiene mecanismo para tomar decisiones puntuales con base en las necesidades de la comunidad.

Finalmente, Maduro logró consolidar el poder popular ideado por Chavez, pero, en este 2026, el reto era dar el siguiente paso hacia delante para que el socialismo territorial se desarrolle bajo la bandera de un verdadero Estado comunal. En donde la finalidad sea que el proletariado no solo tome decisiones sobre algunas cuestiones particulares de la vida cotidiana de la comunidad, sino que la gestión y la planificación pueda definirse desde el pueblo y que el parlamento pueda recibir la orden del plan de desarrollo del país; en otros términos ahí estaría el inicio de la dictadura del proletariado.

La economía socialista del siglo XXI es uno de los temas más relevantes en el debate en el siglo XXI, porque el progresismo defiende sus modelos como los más exitosos y la derecha en el continente también define su proyecto de mercado como la forma superior. En la realidad, solo el modelo chavista – madurista ha demostrado su sostenibilidad en el espacio tiempo, en tanto ese proyecto ha visto caer a la mal llamada izquierda como a los neoliberales y, por esto, no hay duda que Maduro demostró la superioridad de la economía proletaria sobre la forma burguesa.

Primero, el modelo bolivariano se basa en la ley de la planificación central de la economía, en donde, al seguir los principios básicos leninistas, la producción debe sincronizarse con el consumo y, de esta manera, la armonía y la sincronización debe lograrse durante el período chavista. Por lo mismo, el control obrero del mercado se basa en buscar un equilibrio en los diferentes ramos de la economía que el gobierno de Maduro logró encauzar durante su gestión de manera ejemplar y eso se ve en los resultados obtenidos en 2024 y 2025 en términos de disciplina fiscal.

Segundo, el modelo del socialismo del siglo XXI invirtió demasiado en impulsar la eficiencia marginal del capital, en donde el Estado se convirtió en la palanca de desarrollo del país y, por lo mismo, las empresas estratégicas debían pasar a manos del gobierno que apoyó el pueblo venezolano. En este punto, en los últimos dos años, los informes económicos de las instituciones económicas afirmaron que Venezuela logró su soberanía en ciertos sectores que esto iba permitir un crecimiento económico sostenido del país y que el gobierno de Maduro se convertía en un ejemplo para la región

Tercero, el otro pilar del programa económico bolivariano es la propensión marginal del consumo, en donde la base es potenciar el nivel de consumo bajo el empoderamiento de las clases trabajadoras, es decir el gobierno aumenta la compra y venta con base en la independencia económica de los más pobres. Esto tiene su raíz en la gran ley socialista que dicta que el ingreso monetario se marca bajo rendimiento del trabajador y, por lo mismo, el que no trabaja no come. Si uno observa el nivel de ingreso y consumo en los últimos dos años, el resultado es sorprendente, porque el logro es por demás muy notorio para la economía venezolana.

Finalmente, un modelo que se basa en la demanda efectiva es la mejor apuesta de un gobierno de izquierda, en donde, en 2024, las cifras fueron contundentes, ya que la economía creció de manera consecutiva de manera consecutiva. La inflación se controló bajo un modelo nuevo de paridad de divisas, el consumo y crédito se fueron hacia arriba, las exportaciones tuvieron rendimientos muy buenos y, por lo mismo, la soberanía alimentaria se consolidó en el país. En fin, el socialismo del siglo XXI logró demostrar su poderío en 2024 y, en 2025, Maduro convocó una nueva fase de la economía proletaria, en donde el crecimiento pronosticaba cifras de dos dígitos.

Recapitulando lo antes expuesto, esta reflexión pequeña pone el acento tres fases de la revolución bolivariana, en donde la primera hizo enfásis en un modelo democrático burgués, la segunda introdujo la planificación económica central como modelo de desarrollo y la tercera estaba poniendo en el centro la planificación democrática plebeya bajo la consolidación de las comunas. No cabe duda que el análisis quirúrgico de este proyecto debe poner el énfasis que, en tanto, en la línea del tiempo, Venezuela se aleja de Chávez, al mismo tiempo Maduro fortalece su propia dimensión y visión del proyecto y esto lo va a acercando cada vez más a una revolución plebeya.

Primera fase del socialismo del siglo XXI, Hugo Chávez llevó hasta sus últimas consecuencias la normatividad y legalidad burguesa, es decir el objetivo era garantizar toda libertad, igualdad y desarrollo que la sociedad capitalista puede garantizar en su forma más desarrollada. Pero, las contradicciones mismas de un modelo burgués hacen de manera evidente que el cambio cualitativo tenga que darse en algún momento y, por ende, el cambio del sistema sea una cuestión de vida o muerte: o es socialismo o es barbarie.

Segunda fase, la dualidad Chavéz – Maduro apostaron por la consolidación de un modelo de socialismo del siglo XXI que, en su genésis, la herencia leninista – maoísta – castrista era primordial para la etapa nueva de Venezuela, pero el futuro sería bajo ciertas condiciones novedosas dentro del marco histórico y geográfico impuesto por el destino de la patria grande. La nacionalización estratégica fue primordial en esta punto histótrico, también el gobierno hizo un esfuerzo de revolución de las consciencias y el partido se colocó en la vanguardia obrera.

Tercera fase, Nicolás Maduro logró abrir el camino hacia una fase mucho más poderosa, en donde la planificación central iba a superarse bajo la planificación democrática plebeya, en tanto que la comuna se está volviendo en el eje central de la revolución bolivariana. El aporte grande de Maduro está en devolverle la dignidad y soberanía a los desposeídos, ya que el poder radica en las unidades organizativas del pueblo y, por ende, el socialismo territorial lo sostiene, no un plan o programa central jerárquico, sino que los trabajadores diseñan la construcción del modelo hacia el futuro: la comuna no es el pasado, la comuna es el futuro.

Para cerrar este comentario, yo soy nieto de Marx, Engels y Lenin. Soy hijo José Martí, de Simón Bolivar, de Pavón. Mis maestros son Castro, Allende y Chávez. Mi hermano o comarada revolucionario es Maduro. Defender a Maduro no es únicamente estar en contra de Trump, sino que defender a Maduro es apoyar el modelo del socialismo del siglo XXI en su fase del socialismo territorial y, por ende, uno debe afirmar que quién está por la libertad del presidente de Venezuela es porque está dispuesto a defender la construcción del socialismo en su patria, región y el mundo. 

¡Organización revolucionaria mundial o muerte!