Venezuela frente a la invasión: Un llamado a la unidad En América Latina

Venezuela frente a la invasión: Un llamado a la unidad En América Latina

 

Eugenio Huarte Cuéllar

El 3 de enero de 2026, a las 2:00 horas (UTC), el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos cruzó abiertamente la línea de la legalidad internacional e invadió el territorio soberano de la República Bolivariana de Venezuela. La operación dejó tras de sí infraestructura civil y militar reducida a escombros, al menos 80 civiles inocentes y militares asesinados, y el secuestro del presidente constitucional en funciones, Nicolás Maduro Moro, junto con su esposa, Cilia Flores.

No se trató de un “incidente” ni de una “operación puntual”, como pretenden presentarlo los voceros del poder imperial. Fue una agresión imperialista en toda regla: un crimen de guerra y una violación flagrante del orden pacífico en América Latina y del derecho internacional. Más aún, esta invasión es la confirmación de un proceso más profundo y alarmante: la consolidación del neofascismo capitalista en el llamado “Occidente global”, o “Norte global”.

Estamos ante un retroceso histórico que supone, ya sin máscaras ni eufemismos, la continuidad de la Doctrina Monroe. Esta política no se limita a Venezuela ni se agota en sus fronteras. El objetivo no es sólo el petróleo ni los recursos minerales venezolanos, sino el sometimiento integral de América Latina a un modelo de intervención, despojo y subordinación. Las libertades políticas de toda la región están en riesgo, especialmente si los pueblos no responden de manera unida. Los ataques, lejos de disminuir, pueden intensificarse, incluso mediante nuevas acciones militares.

El imperialismo no tiene intención alguna de detenerse en Venezuela. En Honduras ya se ha consumado un fraude electoral; el presidente de Colombia ha sido amenazado; la soberanía mexicana ha sido puesta en entredicho con declaraciones tan explícitas como inquietantes: “algo tendremos que hacer con México” sentenció el mismo Trump. El objetivo es claro: frenar, neutralizar y revertir los procesos democráticos y soberanos en América Latina, atacando a México, Colombia y Brasil. En este escenario, la amenaza de una invasión a Cuba deja de ser una hipótesis lejana para convertirse en una posibilidad concreta.

Frente a este panorama, la respuesta no puede ser tardía. Debe ser firme, organizada y colectiva. Los actores sociales, los trabajadores y los pueblos soberanos de América Latina están llamados a construir un frente único y común, capaz de articular acciones coordinadas contra el fascismo y el imperialismo norteamericano, cuyas ramificaciones operan dentro de cada uno de nuestros países. La organización no es sólo una necesidad coyuntural para enfrentar la crisis inmediata; es una exigencia histórica. Este ataque no es un hecho aislado, sino parte de una política sistemática en marcha. No es momento de bajar la cabeza ni de asumir una derrota total que no existe. La intervención en Venezuela constituye, sin duda, un duro golpe a la democracia, al orden jurídico internacional y a la soberanía de los pueblos, pero también ha puesto en evidencia límites y contradicciones del propio poder imperial, y de modo particular de la oposición venezolana.

Es imprescindible mirar más allá de la retórica dominante de los grandes medios de comunicación, controlados por oligarquías al servicio de la agenda imperialista. Un dato evidente pero silenciado, y que resulta particularmente revelador es que: los grandes ausentes durante las primeras 48 horas (desde la invasión) han sido los sectores de la oposición venezolana al chavismo, y en especial dentro de Venezuela. Su silencio ha sido tan elocuente como su inacción.

Los medios han intentado mostrar imágenes de pequeños grupos o individuos celebrando la invasión a Venezuela. Sin embargo, se trata de expresiones marginales, numéricamente insignificantes. Abundan los titulares, pero escasean, o directamente no existen, las pruebas documentales que respalden tales afirmaciones. Algunos “influencers” en redes sociales han expresado su apoyo a la intervención, pero estos casos aislados provienen de sectores ultraconservadores y, en su mayoría, ni siquiera residen en territorio venezolano. Lo que sí existe de modo diverso son discursos que intentan conciliar el repudio tanto a Maduro como ante la intervención norteamericana.

En contraste, a estas distintas narrativas, desde las primeras horas posteriores a la invasión se desplegó una respuesta popular de gran magnitud en respaldo a la Revolución Bolivariana y al chavismo dentro del territorio venezolano. Desde comunas, barrios, comunidades y estados de la República, el pueblo venezolano fue demostrando, paso a paso, que el orden constitucional y político no había sido quebrado. Las Fuerzas Armadas reafirmaron su lealtad al gobierno, y en menos de 24 horas el Tribunal Supremo de Justicia, amparado en la Constitución vigente y en los artículos 234, 335 y 239, interpretó y ordenó que Delcy Eloína Rodríguez Gómez, vicepresidenta ejecutiva en funciones, asumiera y ejerciera la Presidencia de la República.

Este hecho despeja cualquier duda: no existe vacío de poder. Muy por el contrario, confirma una verdad fundamental que el imperialismo se niega a aceptar y los medios ocultan: el chavismo no es un individuo, sino la expresión viva de la soberanía popular venezolana. En términos estrictos, no ha habido golpe de Estado ni acefalía institucional. Las instituciones han demostrado solidez y capacidad de respuesta, y lo más relevante es que el pueblo venezolano ha cerrado filas contra la invasión estadounidense. El objetivo central del imperio, provocar el colapso del orden constitucional para tomar el control del país: ¡Ha fracasado!

Aunque ha sido necesario un relevo administrativo, la continuidad política del proyecto chavista permanece intacta. Nada indica que la presidenta en funciones traicione dicho proyecto o entregue los recursos estratégicos del país a los Estados Unidos. Por el contrario, ha reiterado la exigencia popular del regreso con vida del presidente Nicolás Maduro. Si existen intenciones de alguna facción del poder, o de la misma presidenta, por dar un viraje del proceso revolucionario y llevarlo en dirección contraria, es mera especulación, por el momento no tenemos evidencia de ello y tendríamos que esperar a ver lo hechos por venir.

Conviene subrayar que las primeras 48 horas eran decisivas para quienes apostaban por un golpe de Estado. Sin embargo, no hubo multitudes asaltando edificios públicos ni marchas masivas exigiendo un cambio de régimen. No apareció ningún líder opositor convocando a la toma del poder. Esto no sólo se explica por la ausencia de una dirigencia opositora cohesionada o por su profunda desarticulación, sino porque ha quedado absolutamente claro que la única oposición real al proceso revolucionario venezolano es el imperio norteamericano. Por ende, no hay respaldo popular interno a una agenda extranjera, no existen hoy como un agente político.

Estos hechos desmontan décadas de retórica chantajista de sectores opositores y vacilantes que han construido un relato ficticio o semi ficticio sobre la realidad venezolana. Que en 48 horas no haya surgido una sola movilización sólida y masiva a favor del cambio de régimen revela que ese supuesto descontento es, en gran medida, una construcción mediática. Si la mayoría del pueblo venezolano se sintiera sometido a una dictadura, habría salido a las calles de forma contundente. Lo que hemos visto es exactamente lo contrario: un pueblo movilizado en defensa de su soberanía y de su presidente, claro que estas imágenes no se han mostrado por los grandes medios de comunicación.

La demagogia imperial ha quedado expuesta. La invasión no se produjo por un supuesto fraude electoral del cual, hasta hoy, no existen pruebas concluyentes. Además, la oposición ha denunciado fraude de manera sistemática durante 25 años, sin aceptar jamás una derrota electoral. Esta estrategia no sólo resulta hoy ya inverosímil, sino que los ha desacreditado ante el pueblo como actores políticos serios. A ello se suma su discurso antinacional, su disposición a entregar recursos estratégicos y su reiterado recurso a la violencia como herramienta política, todos ellos intentos fallidos que erosionaron aún más su legitimidad.

El llamado fraude electoral del 2024 continúa, ante la opinión pública, sin sustento probatorio (naturalmente, no puede descartarse de modo absoluto). Lo relevante es que las elecciones ya están en cuarto plano, la verdadera motivación gringa jamás apuntó a la defensa de la democracia, a lo mejor porque sabían que no hubo un fraude, sino a la supuesta participación criminal del presidente Maduro en un entramado de trafico de drogas. Del mismo modo que las elecciones, es posible y natural, que cualquier político incurra en actividades ilícitas, pero el contexto político es aquí lo relevante, durante un cuarto de siglo, Venezuela ha sido objeto de ataques sistemáticos contra su soberanía: congelamiento de activos, bloqueo económico y financiero comparable al impuesto a Cuba, campañas permanentes de desinformación, criminalización de sus bases populares y dirigentes y restricciones a la comercialización de su petróleo, en este contexto los señalamientos son débiles, además jamás han estado acompaños de una sola prueba.

Debemos de darnos cuenta que todas las estrategias para derribar al chavismo tampoco dieron los resultados esperados. La invasión, lejos de demostrar fortaleza, evidencia la debilidad extrema del imperialismo: sin una oposición capaz de sustituir al gobierno, sin lograr el colapso económico total con las restricciones, sin provocar una revuelta interna creíble, no les quedó más opción que recurrir a la violencia directa. Y aun así, no han conseguido derrocar el régimen político venezolano, ni destruir el amplio respaldo popular.

Hay victorias que deben ser reconocidas. No por complacencia o falta de crítica, sino porque en ellas se asienta la tarea que sigue: ensanchar el terreno conquistado y convertirlo en fuerza histórica. Esa tarea no es local ni aislada. Se juega en Colombia, en México, en Brasil, en Cuba, en Uruguay y en cada país de América Latina. Frente a un enemigo que actúa de manera coordinada contra nuestros derechos más elementales, la respuesta no puede ser fragmentada. Si ellos se articulan para imponer la dominación, nosotros debemos consolidar una alianza latinoamericana contra el fascismo y contra el imperialismo.

La tarea central es la construcción de un frente amplio, capaz de aglutinar organizaciones sociales, movimientos, sindicatos, partidos políticos, trabajadores y al pueblo en general, con el objetivo de defender a América Latina de la intervención, la agresión y el saqueo. La propuesta es clara: coordinar los esfuerzos, unificar las voluntades y avanzar hacia la creación de una organización común que integre expresiones de cada país, permitiendo una acción continental sincronizada y eficaz.

Desde ese espacio común, debemos ser capaces de convocar movilizaciones internacionales simultáneas en diversas ciudades del mundo. Movilizaciones que señalen con claridad a los responsables políticos de la agresión, que denuncien abiertamente a Donald Trump y al aparato imperial que representa, y que exijan la liberación inmediata de Nicolás Maduro. No se trata de negar la posibilidad abstracta de responsabilidades en algún entramado criminal, ningún ser humano está exento de ellas, sino de afirmar un principio fundamental: el presidente venezolano ha sido secuestrado, y ese acto constituye una violación flagrante de cualquier proceso jurídico legítimo y de todo marco de legalidad internacional.

Del mismo modo, debemos exigir que los Estados Unidos respeten de manera irrestricta el derecho internacional y que se apliquen sanciones concretas y efectivas por los actos de violencia y los crímenes cometidos en contra de Venezuela. La impunidad no puede seguir siendo la norma. Todos juntos, desde Caracas hasta la Ciudad de México, debemos reconocernos como una sola América Latina: unida, consciente y dispuesta a defender su soberanía, su dignidad y su derecho a decidir su propio destino.

Allí la propuesta, allí el reto.