La noche del imperio: Venezuela y la amenaza sobre Nuestra América
Manuel Vega
En esta terrible noche en la América Latina, las bombas del imperio vuelven a caer sobre nuestro territorio, y nos recuerdan que la guerra sigue latente en este siglo convulso como una posibilidad inmanente a la crisis civilizatoria.
Las bombas caen sobre Venezuela, y nos recuerdan lo que nos puede pasar si nos salimos del guion de la democracia liberal aunque sea un poquito nomás.
Las bombas de esta noche son también las de Chile en 1973 contra Salvador Allende, los aviones sobrevolando los cielos de nuestra América Latina son también los aviones de la Guatemala bombardeada en 1954, y los de la invasión militar a Panamá en 1989 a la que cínicamente le llamaron desde Estados Unidos la «Operación Causa Justa».
Cuando en nombre de la libertad, se arrojan bombas, cuando en nombre de la democracia, se asesinan o secuestran presidentes de otras naciones, cuando ofrecen militarmente la ‘salvación’ a cambio de la gestión de los recursos naturales; lo que tenemos es la cara fascistoide del imperio revelándose nítidamente detrás de la fachada de la democracia del capital.
Con independencia de la opinión que se tenga de Maduro o del gobierno actual de Venezuela, un mínimo ápice de congruencia democrática, republicana, y liberal, tendrían que bastar para condenar un hecho tan ruin y cobarde como lo es un golpe militar. Necesitamos la solidaridad internacional.
Estamos en vela en muchos países de la región, con dolor, con rabia, incertidumbre y zozobra ante éste terrible bombardeo nocturno a Venezuela. Este ataque es a todos los pueblos de América Latina, y al Derecho Internacional Público.
Vivimos tiempos obscuros, convulsos e inciertos para la humanidad. Apenas va el primer cuarto del siglo XXI, y las viejas nociones de soberanía popular, representación política, legitimidad democrática, y Estado de Derecho, ya no parecen responder con suficiencia a los retos por venir para la comunidad humana en el futuro inmediato, o los reinventamos y radicalizamos nosotros, o los radicales serán los fascistas y nos aplastarán.