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Marx Arriaga: Goce y encono



Marx Arriaga: Goce y encono.

CE, Intervención y Coyuntura

Hace ya varias semanas que el director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) ofreció la conferencia “Formación de docentes lectores en la escuela normal”[1], la cual causó un gran encono  en redes sociales, debido a que se le atribuyó la frase “leer por placer es un acto capitalista”.

No es la primera vez –y no será la última– que el doctor en Filología Hispánica por la Univesidad Complutense de Madrid ha estado en el centro del debate. Así ha sido tanto por sus declaraciones en diversos contextos, por su nexos con Beatriz Gutierrez Müller, por la salida de Daniel Goldin en la biblioteca Vasconcelos, por el inconcluso rediseño de los Libros de Texto Gratuito, y otros eventos que han desatado críticas, a veces con justa razón y otras que pueden ser debatibles.

Sin embargo, en esta ocasión la querella ha crecido e incluso se presume que la salida de Jorge F. Hernández, como Agregado Cultural de la Embajada de México en España y como director del Instituto de Cultura de México en la misma legación, se debe a un artículo que el escritor publicó en el periódico Milenio[2] en contra de Arriaga.

En esta querella, varios segmentos de académicos y trabajadores de la cultura del país han tomado como cierto lo que medios y personalidades pública han repetido, hasta el cansancio, la frase que supuestamente Arriaga dijo “Leer por goce es un acto de consumo capitalista”. En esta estela incluso el exsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, ha entrado al golpeteo.

No es nuestra intención defender o excusar al funcionario público de sus acciones, sino poner sobre la mesa algo que ha quedado de lado entre el ruido en redes sociales: el contenido de dicha conferencia, pues alrededor de ella se ha tejido un sentido común con el que se pretende evideciar un desprecio del gobierno de la 4T por la cultura, sin dar una argumentación amplia o seria de su contenido, o una que al menos corresponda a la molestia que ha ocasionado.

Uno de los primeros elementos que Arriaga plantea en su conferencia es la denuncia de las pugnas en torno a los contenidos del Libro de Texto Gratuito (LTG), en donde la organización “Suma Por la Ecuación”, dirigida por Francisco Javier Landero Gutiérrez, pretende la suspensión del rediseño, impresión y distribición de estos materiales.[3] Como ha mostrado Luis Hernández Navarro, detrás de esta organización y sus aliados, “se encuentran algunos de los hombres más ricos del país o sus personeros”[4], sindicatos y organizaciones patronales, así como segmentos del Partido Acción Nacional y del la coalición “Va por México”. Es decir, no se trata de grupos anodinos, integrates de la sociedad civil, preocupados por el devenir de la educación, sino de cofradías empresariales luchando en contra del gobierno por los contenidos del los LTG. A pesar de lo importante del debate que esta intromisión supone, hay un silencio sepulcrar al respecto por parte de los críticos de Arriaga, ya sea para posicionarse de uno u otro lado.

Otro elemento que podemos encontrar en el texto de Arriaga es el encomio acerca del llamado de AMLO a la solidaridad y su “Decálogo para salir de la pandemia”, pues para el funcionario no se trata de un llamado cualquiera, sino el de un jefe de Estado. En ese mismo sentido dice algunas palabras sobre la crisis que ha originado la pandemia, de cómo ésta ha afectado de manera más grave a los sectores más pauperizados por su imposibilidad de quedarse en casa y guardar una distancia social real. Incluso en este punto se podría leer una crítica de Arriaga al discurso de “Quédate en casa”, por ser un modo de aislamiento que sólo pueden cumplir un reducido número de personas con el suficiente poder adquisitivo, lo cual acaba por ser una medida “clasista”. A pesar de que este punto la oposición podría sacar madeja para su crítica, pero de nuevo encontramos un silencio

Por último, el tercer elemento: “la literatura como goce”. Es curioso que éste sea el punto que más molestó a diversos sectores que están relacionados profesionalmente con la lectura y sin embargo hayan pasado de largo que dicha frase no aparece en la conferencia de Arriaga: “Es fundamental que nosotros como docentes, ustedes como normalistas, se comprometan en una revaloración del conflicto, de la reflexión y la contemplación del mundo. En este caso la lectura no se aborda, exclusivamente, desde el placer”;[5] esto fue lo que dijo el funcionario. Sin embargo, el econo se divide en dos sentidos.

Unos porque consideran aberrante que se denoste la idea del goce en la lectura. Al respecto, vale la pena destacar que este planteamiento no se da como una sentencia, sino por medio de una argumentación que pone en el centro la mercantilizacion de la literatura y su disolución en el ámbito de la cultura, haciéndola competir en el mercado “con productos destinados, exclusivamente al placer”.[6] Ante ello, Arriaga contrapone la lectura como un ejercicio de “desautomatización de los sentimientos”, como actividad emancipadora, pues la idea de la lectura como placer, como ocio, le parece que anula “la reflexión del entorno, la contemplación del mundo y el análsis ontológico del ser [subordinándose] en favor de la idea de leer como un acto maravilloso que provoca viajes a otros mundos llenos de felicidad en donde la lectura funciona como un sedante que alivia el dolor de las personas”.[7]

Pareciera que es este último punto el que provoca que la mayoría se alcen en contra del funcionario. Sin embargo sería bueno recorrer otros puntos de vista al respecto, como el de la investigadora franco-latinoamericana Françoise Perus en su ensayo “Leer no es consumir”. En este ensayo, la investigadora advierte que la “mercantilización del libro ha adquirido en las últimas décadas proporciones y características cualitativamente distintas, a raíz del desplazamiento de importantísimas franjas de capital –productivo y financiero– hacia lo que suele denominarse hoy como «la cultura»”[8].

Así, cuando se designa cultura igualemente puede aludir a “los usos y costumbres de los narcotraficantes […], a los hábitos culinarios de tal o cual región del globo, a las pirámides mexicanas o egipcias –convertidas o no en escenario privilegiado de conciertos gigantescos «al aire libre»–, a la obra pictórica de Frida Kahlo, a los programas televisivos de «Chespirito», al turismo «ecológico», a los festivales y ferias de todo tipo –las «del libro» inclusive”.[9]

Asimismo, advierte que este fenómeno genera una serie de transformaciones en donde la mercantilización del libro es sólo un síntoma, pues lo que hay detrás es la construcción de subjetividades desinteresadas por indagar en la memoria histórica y proyectar futuros distintos y utópicos.

De esta manera, para Perus, el camino para revertir esta situación no sólo pasa por la documentación de estos procesos, sino por “el intento de recuperar y potenciar una memoria histórica y cultural dentro de la cual tanto las obras artísticas como las modalidades de lectura asociadas a ellas, vuelven inoperante cualquier analogía con la actual noción de «consumo»”,[10] lo cual es una tarea de largo aliento y con distintas bifurcaciones como muestra el ensayo referido.

Si bien la solución de la investigadora es muy distinta a la propuesta de Arriaga, podemos ver preocupaciones similares. Pero de nuevo cabe la pregunta del porqué entonces aquellos que se sintieron agraviados por las declaraciones supuestas o reales, no atacan estas concepciones y se ciñen a repetir el titular de la prensa “leer por placer es un acto capitalista”.

Por otro lado, hay otra crítica que repite lugares comunes del discurso conservador que ve en las ideas Arriaga una ideología marxista mecanicista ligada a la teoría del reflejo y a la visión de la obra de arte como una propaganda. Lo que hay detrás de esta lectura es un discurso que repite viejos lugares comunes, procedentes de la guerra fría intelectual, que ocupa un lenguaje conservador que no se ha dado cuenta que el mundo giró, y que ellos ahora se situan como aliados de las élites que tienen como objetivo su enriquecimiento a costa de las mayorías. Pero sobre todo, abrazan la noción de la literatura como goce de manera acrítica, como una especie de mantra que define su statuo quo y su lugar en la ciudad letrada.

Como se puede apreciar no se trata de un bloque homogeneo que pugna encontra de Arriaga, sino todo lo contrario, diversos discursos, provenientes de distintos sectores ideológicos, con diferentes agendas e intereses, ante la imposibilidad de concretar sus metas, participan en el golpeteo para avanzar un poco más en la instalación de narrativas y sentidos comunes en las sociedad.

Ello da la posibilidad de diálogo con un sector, de poder ejercer un crítica, sobre todo en su forma de autocrítica, de las acciones no sólo de un funcionario sino de las políticas públicas de este gobierno con la finalidad de abonar en la superación de contradicciones en el seno del movimiento de que representa el obradorismo y el gobierno de la 4T. Pero también vale la pena identificar aquellos sectores conservadores que desde el inicio del sexenio se han colocado no sólo como antagonistas, sino como aliados de las élites empresariales que siguen luchando por no perder sus prebendas.

Como se puede apreciar, la querella por Marx Arriga tiene varios significados en un contexto donde el movimiento obradorista lucha por la desarticulación de un modo de operación del Estado destino al saqueo, de manera que lo que urge es una crítica real, situada, contextual y no la repetición facilona de lugares comunes.

[1] https://twitter.com/marxarriaga/status/1421157256926744581?s=12

[2] Jorge F. Hernández, “Por el placer” en Milenio, 5 de agosto de 2021. https://www.milenio.com/opinion/jorge-hernandez/agua-de-azar/por-placer

[3] Eduardo Murillo, “Niegan amparo que pretendía detener la impresión de LTG” en La Jornada, 11 d mayo de 2021. https://www.jornada.com.mx/notas/2021/05/11/politica/niegan-amparo-que-pretendia-detener-la-impresion-de-ltg/

[4] Luis Hernández Navarro, “El secuestro de la sociedad civil” en La Jornada, 17 de abril de 2018. https://www.jornada.com.mx/2018/04/17/opinion/017a2pol

[5] Marx Arriaga “Formación de docentes lectores en la escuela normal” https://twitter.com/marxarriaga/status/1421157256926744581?s=12

[6] https://twitter.com/marxarriaga/status/1421157256926744581?s=12

[7] https://twitter.com/marxarriaga/status/1421157256926744581?s=12

[8] Françoise Perus, “Leer no es consumir” en Revista de Crítica Latinoamericana, Año XXXV, No. 69. Lima-Hanover, 1o Semestre de 2009, p. 11.

[9] Ibid. p. 12.

[10] Ibid. p. 15

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Usar los libros para sustituir la pata de un mueble descompuesto



Usar los libros para sustituir la pata de un mueble descompuesto

Leonardo Meza Jara

I.- La lectura y los libros pueden tener múltiples usos. En las recientes investigaciones que Roger Chartier y otros intelectuales han desarrollado en el campo de la historia cultural (la historia de la lectura y el libro), se identifican múltiples conceptos y usos que se han hecho de estos objetos culturales. El acto de la lectura y los libros pueden ser concebidos como “dispositivos”. Edgardo Castro identifica cinco cualidades de los “dispositivos” que son abordadas por Foucault:

“Para ser exhaustivos, podemos delimitar la noción foucaultiana de dispositivo como sigue: 1) El dispositivo es la red de relaciones que se pueden establecer entre elementos heterogéneos: discursos, instituciones, arquitectura, reglamentos, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, lo dicho y lo no-dicho. 2) EI dispositivo establece la naturaleza del nexo que puede existir entre estos elementos heterogéneos. Por ejemplo, el discurso puede aparecer como programa de una institución…  3) Se trata de una formación que en un momento dado ha tenido por función responder a una urgencia. EI dispositivo tiene así una función estratégica, como, por ejemplo, la reabsorción de una masa de población flotante que era excesiva para una economía mercantilista… 4) Además de definirse por la estructura de elementos heterogéneos, un dispositivo se define por su génesis. Foucault distingue al respecto dos momentos esenciales: un primer momento de predominio del objetivo estratégico; un segundo momento de la constitución del dispositivo propiamente dicho. 5) EI dispositivo, una vez constituido permanece tal en la medida en que tiene lugar un proceso de sobredeterminación funcional…” (“El vocabulario de Michel Foucault. Un recorrido alfabético por sus conceptos, temas y autores”, 2004, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, Argentina).

En síntesis, un dispositivo es una forma de gobierno de los hombres que está formada por discursos y por acontecimientos históricos que son complejos. Hay un cúmulo de discursos que se han producido en torno a los libros y la lectura, que tienen un tono más o menos normativo. ¿Qué, cuándo, dónde, cómo y por qué se debe leer?, son las preguntas que pretenden responder los discursos que producen dispositivos para controlar la lectura.

En días pasados se generó una polémica en torno a una conceptualización de la lectura en una declaración de Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la SEP:

“Siempre entendiendo que no se trata de leer por leer, sino asumiendo que el acto de lectura es un compromiso y genera un vínculo con el texto y el autor, y en la medida que se asume este ejercicio como algo que fomenta las relaciones sociales en donde no se trata de un acto individualista de goce, sino un análisis profundo sobre las semejanzas y diferencias con los demás, se estará formando a sujetos críticos que busquen la emancipación de sus pueblos” (“Marx Arriaga afirma que la lectura debe ser una acción emancipadora, no un puro acto de placer”, El Universal, 28 de julio de 2021).

En el título de la nota del periódico El Universal se identifican indicios de una sobreinterpretación que ha dado lugar a una polémica entre los intelectuales críticos del lópezobradorismo y los intelectuales que son cercanos a la 4T y Morena. El 30 de julio, Malva Flores escribió un artículo en el sitio electrónico de Letras Libres, en el que descalifica la declaración de Arriaga y defiende la libertad de la lectura: “El odio a la literatura y al arte no es nuevo, pues representan la promesa cumplida de la libertad. Y la libertad, que es la mejor defensa del respeto a la vida, es siempre sospechosa”. El 2 de agosto, la pluma de Jesús Silva-Herzog Márquez arremetió en contra de la declaración de Arriaga en el periódico Reforma en un artículo titulado: “El placer como enemigo”.

Respecto al artículo de Malva Flores, habría que dejar en claro que la lectura no es un acto totalmente libre. Como maestra universitaria y como escritora, Flores debe saber que la lectura se controla a través de dispositivos como el currículum y el canon. Los planes y programas de las universidades determinan lo que se debe leer y lo que no debe ser leído. Por supuesto que en los currículos universitarios hay autores y libros vetados. A su vez, el control del canon que se construye en los entrecruces del mercado editorial y del campo intelectual donde los autores ejercen un poder -según Bordieu-, también genera mapas sobre lo leíble y lo no leíble. En las últimas décadas, el pacentrismo ha construido un canon que beneficia a las mafias editoriales que se reúnen en torno a las revistas Letras Libres y Nexos. El pacentrismo late detrás de los artículos publicados en contra de Marx Arriaga.

Esto último queda claro en la figura del “enemigo”, que está presente en el título del artículo de Silva-Herzog Márquez. En los circuitos de poder político y de poder intelectual que son conceptualizados por Ángel Rama como la “ciudad letrada”, Silva-Hérzog Márquez y Flores se asumen como “enemigos” de Arriaga y viceversa. La guerra política emprendida por López Obrador es también una guerra cultural, que en este caso opera sobre los dispositivos de control de la lectura. En el fondo de esta guerra, se dejan ver las luchas por el control del currículum y del canon.

Sobre el artículo de Silva-Herzog Márquez, cabe hacer una anotación. De forma similar a la manera en que la libertad de la lectura no es totalmente libre, el placer de la lectura no es plenamente neutral, ni exclusivamente estético. Incluso, el placer con el que los integrantes del Ateneo de la Juventud leían textos de poesía o filosofía en las veladas literarias a las que asistían Pedro Enríquez Ureña, Alfonso Reyes, Antonio Caso y otros, no fue totalmente neutral, ni exclusivamente estético. Las horas placenteras de lectura de los integrantes del Ateneo de la Juventud en los años finales de la dictadura porfirista, que son descritas en un artículo de Enríquez Ureña (“Días alcióneos”, en: “Estudios mexicanos”, 1984, SEP), están marcadas por un placer en el que se hacen presentes luchas de poder intelectual y de poder político entre los positivistas y los ateneístas.

El de “placer” es un concepto fundamentalmente estético, pero a partir de los aportes de Freud y Lacan, este concepto adquiere dimensiones políticas y económicas que han sido esclarecidas por los teóricos del marxismo posestructuralista como Slavoj Žižek, David Pavón Cuéllar o Jorge Alemán. En la era neoliberal hay un conjunto de usos políticos y económicos del dispositivo del placer que ameritan ser analizados a profundidad. Más allá de la pornografía y de la industria del sexo, el placer se vende y/o se compra. Por ejemplo, cuando en un comercial de Coca-cola se destapa una botella se produce un pequeño ruido que se asocia metonímicamente y/o metafóricamente con el placer de beber un refresco de esta marca. Un ruido producido en un comercial, puede ser convertido en un significante que está atravesado por un mecanismo mercantilista a través del cual se vende y/o se compra el placer de beber un refresco.

En la era neoliberal hay un conjunto de condicionamientos del placer, que politizan y economizan al deseo en los circuitos de producción capitalista donde se venden y compran objetos materiales y objetos culturales. Supongo, que a esto último se refiere Marx Arriaga al conceptualizar el acto de la lectura en la nota de prensa que causó tanta polémica. En todo caso, tendríamos que realizar un análisis empírico minucioso de los dispositivos de la lectura que asumen a esta actividad humana como un acto placentero. Una pregunta elemental a este respecto sería: ¿De qué formas se construyen los dispositivos que pretenden controlar la lectura a través del placer, en un tiempo histórico en el que los territorios del placer y el goce comienzan a ser sometidos a una cuadrícula política y económica neoliberalizante?

En el artículo de Silva-Herzog Márquez se percibe una dulce inocencia o una hábil ignorancia al conceptualizar a la lectura a partir del “placer” en la era neoliberal. El placer de la lectura o el placer que forma parte del disfrute de los objetos culturales -como el acto de mirar un cuadro- están atravesado por variables políticas y económicas que forman parte de una hegemonía neoliberal que ha sido analizada por el último Foucault y, por Christian Laval y Pierre Dardot en el libro: “La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal” (2013, Gedisa).

II.- La lectura no es un acto de lucha política o ideológica (tal como afirma Arriaga), tampoco es un acto de libertades plenas (como sostiene Flores) o de placeres neutrales (como afirma Silva-Herzog Márquez). Hay que tomar distancia de los mecanismos que cuadriculan la lectura a través de dispositivos variopintos. Uno de los autores más radicales en la elaboración de una filosofía crítica de la lectura es Borges, que en el cuento “Del rigor de la ciencia” deconstruye de forma explosiva los mecanismos de dominio cultural, político e ideológico que se depositan en diferentes territorios donde se construye el saber, en este caso, la lectura y los libros:

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”

Hay veces, en que los mapas del currículo y del canon de la lectura se destruyen por sí mismos al paso de los años. Hay veces, en que esos mapas de dominación de la lectura requieren ser intervenidos y deconstruidos, para mostrar las vísceras de poder cultural y de poder político que los sostienen. Es posible romper de forma radical con los usos y costumbres que se han construido como mecanismos de control de la lectura y de los libros. Sencillamente, los libros también sirven para sustituir las patas de un mueble descompuesto, sobre todo cuando su grosor y su inutilidad van de la mano…

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De lectores y lecturas



De lectores y lecturas

Sebastián Rivera Mir

“Todavía pienso que los profesores no querían entusiasmarnos sino disuadirnos, alejarnos para siempre de los libros. No gastaban saliva hablando sobre el placer de la lectura, porque ellos habían perdido ese placer», recuerda Alejandro Zambra en su libro No leer. El escritor chileno estudió durante la dictadura cívico militar, cuando los libros eran censurados, quemados y sus autores perseguidos.

Sin embargo, pocos años después, un fenómeno generalizado en América Latina convirtió a la promoción de la lectura en todo lo contrario. Las bibliotecas se llenaron de títeres, internet gratuito, infinidad de juegos y la vertiente lúdica ganó terreno. El juego, inculcar el placer por la lectura, parecía la clave para mejorar los índices que iban a la baja, no sólo se leía menos, sino que se comprendía peor. Este proceso, sin embargo, se dio de manera paralela a la concentración del mercado del libro en un pequeño grupo de editoriales transnacionales. La apuesta de estos grupos empresariales se basó en dos elementos fundamentales, el consumo de libros asociados a la entretención o a la autoayuda, y la producción para el Estado mexicano de los libros de texto. En realidad, el 80 por ciento de los libros que se producen en México son libros de texto y ese jugoso mercado se entregó a estas transnacionales.

Esto es necesario tenerlo presente para comprender el esfuerzo de determinados sectores empresariales que ven en los actuales cambios a este modelo, una amenaza directa a su monopolio. Por este motivo, concentrarse en los titulares amañados que se publican en los periódicos de la derecha, puede nublar los debates de fondo respecto a esta temática. ¿De dónde viene el cuestionamiento a la lectura sólo como placer? ¿Cómo se relaciona la lectura con el consumo y el monopolio del mercado editorial? Y peor ¿cómo mejoramos los índices de lectura?

El cuestionamiento al énfasis puesto en el placer lector, no es algo nuevo. Por ejemplo, el recientemente fallecido Jesús Martín-Barbero (2010) apuntaba a una “idea de la lectura como motor de cambio social y cultural, más allá del placer que produce o de los aprendizajes que aporta”. Evidentemente en ningún momento se ha planteado la eliminación de la apreciación estética o de la entretención, como parte de la lectura. Sin embargo, lo que está en tela de juicio es el énfasis de las políticas públicas, con presupuestos limitados, y con poco margen de acción.

El resultado de estos años, con políticas públicas priorizando la vinculación de la lectura con el placer en un contexto de monopolización de la producción editorial (que apuesta por determinados géneros) no ha sido particularmente auspicioso. Entre otros elementos, la frecuencia de la lectura se ha polarizado. Cada vez son más los que señalan no leer, mientras que los que leen, cada vez lo hacen en mayor medida. Esto probablemente se relacione con la estructura de ingresos, que prácticamente ha seguido el mismo camino de polarización, así como con la competencia que debe encarar la lectura frente a otros medios de entretención, más accesibles y baratos.

Según la encuesta nacional de lectura, el principal lugar donde esto se realiza es la casa, y en este espacio, los materiales disponibles son, primero, los libros de texto y segundo los libros de religión. En el sexto lugar aparece recién la novela, aunque antes están los recetarios de cocina. En este mismo informe, se señala que el promedio de libros leídos al año por obligación es 1,8. Pero la mediana (o sea, lo que la mayor parte de la población leyó) es prácticamente 0. El problema está precisamente en ese aspecto, leer no es algo que se considere necesario para la vida cotidiana.

Aunque hay que tener cuidado con estas encuestas pues los implicados tienden a mencionar niveles de lectura, de comprensión y de adquisición de libros, más altos de los que señalan otros indicadores. De hecho, las tasas de comprensión de lectura, asociadas a pruebas internacionales, indican que cerca de 70 por ciento de la población no sería capaz de comprender una receta. Un gran descenso en los índices de lectura viene junto con el fin del periodo escolarizado y a medida que avanzamos en la edad es posible encontrar tasas mayores de lectura por placer. O sea, aquellos formados bajo el esquema que nos menciona Alejandro Zambra, son lectores más asiduos y comprometidos, mientras que los educados bajo la idea de convertir el gusto por la lectura en una forma de consolidar comunidades lectoras, tienden a leer de forma mucha más esporádica.

Frente a esta declinación de la lectura, desde hace algunos años distintos espacios y organizaciones sociales han avanzado en la búsqueda de hacer efectivo el denominado “derecho a leer”. Esto implica un proceso de apropiación de la lectura por parte de la ciudadanía. Detrás de esta propuesta hay una concepción que va más allá de la simple decodificación de signos. Esta debería también estar integrada por la interpretación y la evaluación de los discursos movilizados por esas letras, textos y papeles.

Finalmente, de forma muy amplia y reduccionista, podemos distinguir algunos objetivos de la lectura: se lee para obtener información; para seguir instrucciones; para comunicar un texto a otros; por placer; entre otras alternativas. Pero si no se contempla el tema de manera integral por parte de las políticas públicas, de los actores sociales implicados, de las comunidades educativas, continuaremos con problemas en los índices de lectura. Es necesaria la discusión del paradigma asociado a la promoción de la lectura, considerando el ecosistema en su conjunto (desde los escritores hasta la cadena de distribución, pasando por editores, bibliotecarios y profesores), o de lo contrario, seguiremos sin pasar del titular de la noticia.

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No habrá regreso a clases porque la escuela no se ha ido de nosotros




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No habrá regreso a clases porque la escuela no se ha ido de nosotros.

Leonardo Meza Jara

 I.- No nos hemos retirado de la escuela, porque la escuela se ha transformado en un “imprinting” cultural e histórico irrenunciable. La escuela no se ha distanciado de nosotros, porque es un mecanismo que se enraíza irremisiblemente en nuestras formas de vida diaria. En la escuela se encarna la costumbre ancestral de adentrarse en un lugar y un tiempo imprescindibles. A este lugar no se puede llegar tarde. Tampoco se permite abandonar este sitio antes de tiempo. La obligatoriedad de la educación es una jaula cuyos barrotes son escolares. A la escuela se arriba para no irse, para enraizar la vida en un lugar que pretende ocupar la totalidad del tiempo de lo humano.  

Cuando se habla de un presunto “regreso a clases”, de un “regreso a la escuela”, en realidad se habla de un espejismo, de un fantasma que es demasiado real, real en exceso. Desde una perspectiva psicoanalítica, la escuela se goza y se sufre. Una parte de la felicidad histórica de la humanidad está en la escuela, que captura trágicamente las vidas de millones de hombres y mujeres. La escuela es la jaula más sutil y más perversa, que los hombres hemos ido elaborando a lo largo de siglos. ¿Somos nosotros los que estamos atrapados en el corazón de la escuela moderna, o es la escuela, la que no deja de latir en nuestro pensamiento y nuestras formas de vida?   

Nosotros encerramos a la escuela que nos encierra, entre lo real y lo imaginario. Incluso, la tesis radical de la desescolarización de la educación planteada por Ivan Ilich, no renuncia a la escuela, sino que la replantea, la reconfigura, sin abandonarla por completo. La idea moderna de la escuela es la sombra más luminosa en sus orillas y más oscura en sus adentros, ante la cual nos hemos rendido los seres humanos.  

II.- La escuela es una vitalidad y una espiritualidad que no ha dejado de crecer a lo largo de siglos. La escuela ha tomado la forma de una religiosidad encubierta. En la modernidad, la religión se ha convertido en un conjunto de “prácticas” (que son analizadas en la saga del “Homo sacer” de Giorgio Agamben) o de “ejercicios” (que se revisan en el libro “Has de cambiar tu vida”, de Peter Sloterdijk, 2013). Las prácticas y los ejercicios religiosos tienen como base un conjunto de técnicas que se enseñan y se aprenden, por ejemplo: las formas de sentarse o pararse durante una misa, la manera en que se recibe y se consume la hostia o, las formas en que se reza un rosario. Los procedimientos religiosos formados por técnicas y ejercitaciones, se extienden hasta las prácticas escolares en la modernidad.  

La religión consiste en un conjunto de prácticas o ejercicios que se aprenden a partir de un conjunto de técnicas pedagógicas, a partir de las cuales la teología se convierte en un asunto terrenal. Las intersecciones religiosas entre lo pedagógico y lo teológico, residen en técnicas que se ejercitan con los pies puestos sobre el mundo y los ojos colocados en el cielo prometido. Hay que tener puestos los pies sobre lo terrenal del suelo y abrir los ojos (o cerrarlos) para rozar con la mirada el cielo prometido.

La escuela moderna tiene como base una diversidad de prácticas y ejercicios que se sujetan a una diversidad de técnicas pedagógicas, que en los últimos años se han ido transformando y sofisticando con los aportes de la investigación educativa. La escuela moderna es terrenal, pero tiene sus ojos puestos en un horizonte utópico que se parece demasiado al cielo prometido por la religión judeocristiana. La teoría del capital humano de Schultz y de otros autores anglosajones, lleva consigo la promesa del progreso individual y colectivo que resplandece como si fuera un cielo. Basta convertirse en un ejercitante reconocido de las técnicas de vida que se aprenden en la escuela, para aspirar al progreso individual o colectivo ofrecido por la teoría neoliberal del capital humano. El currículo por competencias, es una complicada elaboración de ejercicios y de técnicas, cuya santa trinidad son: los conocimientos que se aprenden (el saber), las prácticas que se ejercitan (el saber hacer) y los valores que cuadriculan las formas de vida (el saber ser).

Con el currículo por competencias, la religiosidad educativa se ha ido sofisticando, con la intención de dominar milimétricamente las vidas de los seres humanos. Todo ha de ser cuadriculado a partir de las técnicas de la pedagogía moderna o posmoderna. Todo ha de ser sometido a las ejercitaciones de un “ethos predeterminado. Desde la lógica de las competencias, se trata de darle forma a un conjunto de técnicas y de ejercicios que son formas de ser y formas de hacer: formas de hacer-ser y formas de ser-hacer. Desde esta perspectiva, el modelo por competencias puede ser concebido como una ontología neoliberal, cuyas técnicas y cuyos ejercicios se enraízan en las formas de religiosidad occidental.

III.- Lo que ha cambiado con la pandemia, son las circunstancias a partir de las cuales se ejercitan las técnicas escolares. Estamos hablando de una transformación circunstancial de la escuela. En el fondo, la escuela sigue siendo la misma: el trazo de una serie de caminos a seguir que conducen a los seres humanos hacia un cielo que se encarna en la tierra.

Lo que ha sucedido con la pandemia, es que la escuela se desdobla más allá de sí misma, con la intención de conquistar territorios que no han sido escolarizados todavía. El siglo XX es una historia de los desplazamientos de la escuela hacia lugares no escolarizados. Las formas de estos desplazamientos de la escuela son variados, por ejemplo: la extensión de la casa hacia la escuela durante la pandemia que ha transformado los lugares de la casa en espacios escolarizados; la invención reciente del concepto de “contexto escolar” que vuelve sofisticada la instalación de la escuela en lo social o viceversa y; la invención de la profesión del interventor educativo que convierte a la labor del maestro en un conjunto de prácticas sociales y políticas, que ya habían sido puestas en marcha por los maestros rurales en la posrevolución.

Durante la pandemia, los desplazamientos de la escuela hacia la casa, nos dejan ver la permeabilidad y la plasticidad de las técnicas y los ejercicios escolares. Una de las técnicas de ejercitación más significativas de la escuela moderna, consiste en permanecer sentado largas horas en el pequeño espacio de un pupitre. Esta técnica de disciplinamiento, a partir de la cual se domestica el cuerpo, se ha traslado de la escuela a la casa. Pero es la misma técnica de disciplinamiento que se ejercita de otras formas.

Todavía no logramos entender con claridad, los alcances de la escolarización que se extiende de la escuela hacia otros espacios de la vida humana. Utópicamente, de manera ilusoria, la escuela querría ocupar el mundo entero. La escuela aspira a ocupar-lo-todo. Esta es una de las definiciones más realistas del currículo escolar, cuyos fundamentos técnicos y de ejercitación, aspiran a que el mundo entero pueda caber en la escuela. Pero hay que tener claro: El mundo y la vida exceden toda posibilidad de escolarización.

La escuela es un conjunto de mapas que intentan representar lo real del mundo a partir de un conjunto de técnicas y de ejercicios de cualidades cartográfico-curriculares. A partir del cuento “Del rigor de la ciencia” de Jorge Luis Borges, los procesos de escolarización del mundo y de la vida, pueden ser concebidos como una cartografía que está plagada de artificios:

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”

Las políticas educativas de Aprende en casa I, II y III (y las reformas anteriores) que se han implementado en México, comienzan a ser los fragmentos de un mapa despedazado, en los que lo real del mundo no ha podido ser escolarizado por completo.