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Comentócratas contra Youtubers: la crisis del debate político privatizado




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Comentócratas contra Youtubers: la crisis del debate político privatizado

César Martínez (@cesar19_87)*

La privatización de la vida contemporánea abre un vacío estructural, experiencial y conceptual que paraliza nuestra capacidad de pensar el tiempo y el cambio, tanto como nos despoja de nuestro propio discurso

Fredric Jameson

Sabemos que el modelo de debate político privatizado agoniza cuando las opiniones de exconsejeros del INE o exsecretarios de relaciones exteriores hablando en Televisa tienen menos eco que las de quien usa su cuarto o la sala de su casa para grabar videos de YouTube. Pretenden ignorar, consciente e inconscientemente, que el espacio para opinar sobre la vida pública de México está transformándose, y que ya no importa su pertenencia a círculos intelectuales formados mediante relaciones de conveniencia mutua dentro de escuelas prestigiadas, medios de comunicación patrocinados con dinero público, partidos políticos, secretarías de estado y las mal llamadas organizaciones de la sociedad civil. Los comentócratas no entienden que no entienden.

La crisis del modelo de debate político privatizado que imperó en México se ve en el antagonismo existente entre comentócratas y youtubers porque se trata de una confrontación ideológica, donde la ideología, según la definición de Louis Althusser, es la estructura representacional con la que concebimos nuestra relación personal con realidades impersonales: las clases sociales y la lógica colectiva de la historia. En otras palabras, esta coyuntura en que la sola presencia del youtuber cuestiona cuál ha sido la relevancia social del comentócrata marca un antes y un después entre la creación de un nuevo modelo de comunicación abierto y popular, o la reconstrucción del viejo modelo privatizador bajo nuevos discursos y rostros jóvenes.

Todo chayotero es comentócrata pero no todo comentócrata es chayotero.

La idea del teórico estadounidense Fredic Jameson sobre la privatización al inicio de este texto sugiere que vivimos una vida fragmentada entre lo público y lo privado, lo social y lo psicológico, y lo político y lo poético; y que la privatización misma del lenguaje limita nuestra capacidad de enunciar un cambio de rumbo: como la vida privatizada nos absorbe en la lucha por sobrevivir  a costa del prójimo, debemos delegar en una clase especial de sabios y entendidos la tarea de relatarnos la historia de nuestro mundo público, social y político.

Sería pues equivocado creer que la comentocracia en México como institución ideológica es solamente resultado de una base económica determinada: el fin del “chayote” quizás termine con tal o cual “chayotero,” pero no modificará la práctica comentocrática en tanto no sostengamos un esfuerzo colectivo por reivindicar el habla popular o vernácula como vehículo de análisis político (aun con memes y emojis y albures y faltas ortográficas y frases heterodoxas), porque los comentócratas derivan su valor del dominio del lenguaje que presumen tener. Presumiendo poder lingüístico, presumen la facultad exclusiva de criticar al poder.

Decía Antonio Gramsci:

Una de las características de los intelectuales como categoría social cristalizada (es decir, que se concibe a sí misma como una continuidad ininterrumpida en la historia y, por tanto, independiente de la lucha de los grupos, y no como expresión de un proceso dialéctico por el cual todo grupo social dominante elabora su propia categoría de intelectuales) es, precisamente, la de vincularse, en la esfera ideológica, a una categoría intelectual precedente mediante la misma nomenclatura de conceptos. (52)

Para analizar a la comentocracia siguiendo la noción de privatización propuesta por Jameson hay que leer la narrativa que la comentocracia cuenta sobre sí misma como una reproducción de actos simbólicos y discursos de clase usados para reprimir narrativas alternativas: es la fantasía política que la comentocracia o élite intelectual en México usa para resolver en su imaginación el problema de su contubernio histórico con el viejo régimen corrupto que la financió y la mantuvo.

Según Jameson, ese espacio transpersonal para debatir la vida pública se llama inconsciente político, puesto que nuestra historia es una causa ausente (sistema total de relaciones culturales, ideológicas, políticas, sociales, económicas) que no podemos interpretar sino mediante narrativas cuya forma importa más que su contenido. Si leemos así las narrativas enunciadas por la comentocracia, podremos cuestionarlas en tres niveles:

Nivel 1) La narrativa es un acto simbólico resolviendo una contradicción real: la comentocracia dice de sí misma que ha sido un contrapeso imprescindible del poder en la transición democrática de México (?).

Nivel 2) La narrativa es un discurso de clase que reprime discursos distintos: la comentocracia se atrinchera dentro de sí misma en la defensa del lenguaje comentocrático como código excluyente de interpretación política (?).

Nivel 3) La narrativa es una forma ideológica en proceso de cambio: una nueva comentocracia se apropia de discursos reprimidos por la vieja comentocracia para promover la reforma del modelo de debate político privatizado (?).

De modo que el gran cliché de los comentócratas en México –“hemos sido el necesario contrapeso del poder”– exhibe un inconsciente político obsesionado con el viejo régimen como el objeto de un deseo sadomasoquista porque, aunque bien podía el comentócrata llenarse la boca criticando al viejo régimen invocando tal o cual imagen arbitraria de un orden político ideal, el viejo régimen era imprescindible para satisfacer la experiencia de vida de todo comentócrata: vivir gracias al (plus) trabajo de los demás. Vivir del jugoso fideicomiso; de la apetitosa beca para la investigación posdoctoral; del generoso fomento a las organizaciones no gubernamentales; del suculento contrato para proveer servicios de consultoría; y del exquisito fondo para estimular la creación artística/literaria y periodística.

La narrativa comentocrática de Nivel 1, ese acto simbólico que resuelve imaginariamente una contradicción social, colapsó cuando el uno de julio del 2018 el poder corrupto del que la comentocracia alegaba ser contrapeso perdió la Presidencia de la República. Sin el viejo régimen como punto de referencia de su inconsciente político, los comentócratas marchan desorientados entre el miedo de debatir con los youtubers y otros usuarios comunes de las redes sociales; y la comodidad de permanecer opinando dentro de los límites del modelo de debate privatizado como si nada hubiera ocurrido.

Ahora nos atacan en los chats las hordas de youtuberos”.

¿Cómo se le ocurre a López Obrador convocar al pueblo a juntar firmas para el juicio a los expresidentes, cuando para eso está la Suprema Corte? ¡La justicia no se consulta! ¿Cómo se le ocurre llamar al pueblo a comprar cachitos de la rifa del avión presidencial que fue adquirido en las mismas partidas presupuestales que financiaban nuestros programas de radio y televisión sin audiencias y columnas sin lectores, nuestros partidos políticos, nuestras universidades, nuestras asociaciones civiles y nuestras consultoras? ¡Pan y circo! ¿Cómo se le ocurre abrir las puertas de Palacio Nacional a los youtubers, cuando para eso estamos los comentócratas? ¡Censuren Las Mañaneras ya!

En el Nivel 2 de la narrativa comentocrática, esta deja de leerse como relato histórico sobre la vida pública de México para ser leída como un discurso de clase que reprime y descalifica discursos de clases subalternas mediante lo que Jameson denomina las condiciones semánticas de posibilidad: paradigmas narrativos, contenidos programáticos y prácticas estilísticas y lingüísticas. Porque la privatización de la vida contemporánea separa la esfera política de la privada a través de un proceso paralelo en la esfera del lenguaje, (lenguaje privatizado), los comentócratas reprimen la consciencia de sus intereses creados apelando a la defensa de la ética… de su propia categoría social:

En su sentido más estricto, el pensamiento ético funciona presentando como permanentes ciertos rasgos de la “experiencia” humana, y por lo tanto promociona una especie de “sabiduría” sobre la vida personal y las relaciones interpersonales de aquello que en realidad son rasgos muy específicos -históricos e institucionales- de un determinado tipo de cohesión de clase o solidaridad de grupo… Toda ética funciona por exclusión y predica cierto tipo de Otredad o maldad; las consecuencias políticas de esto son obvias y una de las tentaciones que tiene la ética es la de recontenerse a sí misma asignando impulsos hostiles a la categoría negativa del resentimiento. (44)

La espuma que les sale de la boca, la mandíbula apretada y los ojos inyectados en sangre cuando, por ejemplo, Lord Molécula alza la mano en Palacio Nacional son las reacciones fisiológicas del orgullo herido de los comentócratas, quienes ven cada mañana en las pantallas de sus teléfonos cómo López Obrador se pasa por el arco del triunfo la reglas de etiqueta del viejo régimen. La repulsión que el youtuber despierta en lo más hondo del comentócrata demuestra que el inconsciente político de este último dejó de ser un espacio mental para reproducir fantasías y ahora sirve como un órgano híper sensible más parecido a la piel o los genitales.

El nuevo cliché comentocrático –“las hordas de youtuberos pagadas por AMLO nos atacan en redes sociales”– es la traición que el inconsciente le juega al comentócrata al proyectar su propia estructura representacional sobre la coyuntura del México post-2018. De ahí que la dicotomía comentócratas/youtubers está caracterizada por el antagonismo y la hostilidad, puesto que se trata de un diálogo de lucha de clases expresado en dos lenguajes opuestos sobre el código compartido del inconsciente político. El youtuber, diría Althusser, es “träger,” o representante de clases sociales excluidas del modelo de debate político privatizado, exclusión que inicia desde el prejuicio contra ciertas maneras de hablar.

En el inconsciente político del youtuber, el viejo régimen no desempeña la función de objeto del deseo, sino la de aparato represor cuya influencia aún permanece sedimentada en el prejuicio lingüístico del comentócrata. El habla de este último está conectada a través de una especie de cordón umbilical al maltrecho cuerpo de la democracia representativa; y por eso se aferra a los espacios de poder reproducidos por generaciones precedentes de comentócratas como los sets televisivos, redacciones de prensa escrita y electrónica, cátedras universitarias y oficinas de la alta burocracia. Tales espacios no solo están prohibidos por default para el youtuber, sino que además son ética y lingüísticamente insignificantes ya que el cordón umbilical que une a este con lo real es la interacción impredecible en los nuevos espacios del like, del share, del chat, del retuit, del trending topic, del reenviar, del “me enoja” y “me divierte.”

A diferencia de los comentócratas cuyo movimiento narrativo está impulsado por la privatización del lenguaje (derivar autoridad política del intento deliberado de fragmentar la realidad), los youtubers simbolizan un fenómeno cultural en dirección opuesta: enuncian la solidaridad de la gran variedad de grupos excluidos de la conversación a partir de un lenguaje heterogéneo y plebeyo, hecho juntando los trozos y vestigios de jergas del barrio, del rancho, de la chamba, del metro, de la combi, de la frontera y también del México que habla Spanglish más allá de la frontera.

Ante este resurgir del léxico de la periferia, como señala la cita de Gramsci más arriba, la reacción de los grupos intelectuales es auto-promocionarse como sucesores de alguna intelectualidad anterior con base en una nomenclatura común de conceptos, que simultáneamente descalifica al adversario. Por eso no sorprende que los aspirantes a comentócratas comiencen a antagonizar con los youtubers endilgándoles versiones distintas del clásico estereotipo para estigmatizar a la muchedumbre: los “descalzonados”, “los machitos”, las “hordas”.

La reforma del modelo de debate político privatizado sería un retroceso.

La ventaja de ver el espacio para opinar sobre la vida pública de México como un inconsciente político producido históricamente, consiste en poder concebir tanto la posibilidad de ensanchar la conversación aprovechando el empuje de los de abajo, como la de restringirla otra vez con una nueva comentocracia satisfecha consigo misma. Si los Niveles 1 y 2 indican que la narrativa de la comentocracia saliente funciona ocultando su contubernio con el viejo régimen, al tiempo que hostiliza a los youtubers intentando imponer sus condiciones semánticas de posibilidad, el Nivel 3 (donde esa misma narrativa se lee como una forma ideológica que coexiste con otras), indica que la comentocracia como institución buscará persistir aprovechando la inercia del pasado: la fragmentación de la realidad a través de la privatización del lenguaje.

Considerar el inconsciente político es considerar que la transformación de la vida pública de México pasa también por transformar la forma de sus narrativas: ¿consentir la formación de nuevas élites ideológicas en la reforma del modelo de debate político privatizado… o apostar por escuchar lo que el pueblo de México intenta decirnos por intermediación de los youtubers?

* Maestro en relaciones internacionales por la Universidad de Bristol y en literatura estadounidense por la Universidad de Exeter.

Bibliografía

Gramsci, Antonio, La Política y el Estado Moderno, Público: 2009.

Jameson, Fredric, The Political Unconscious: Narrative as a socially symbolic act, Routledge: 1983.