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György Lukács, La categoría de la particularidad y la formación del capitalismo periférico en América Latina



György Lukács. La categoría de la particularidad y la formación del capitalismo periférico en América Latina. [1]

Ranieri Carli (Universidade Federal Fluminense)

Traducción de Eduardo Castillo

Este artículo trata del uso que el filósofo hungaro György Lukács hace de la categoría de la particularidad, poniendo atención sobre su lugar dentro del método de Marx. Después del estudio de la importancia de la particularidad en el método, en este artículo se estudia la formación del capitalismo periférico en América Latina y las particularidades de sus dinámicas.

La idea es utilizar la categoría de la particularidad para describir brevemente la peculiaridad de la constitución de una sociedad capitalista en los países de América Latina. Inicialmente usaremos el método de Lukács para delimitar la importancia de la categoría de particularidad; y, posteriormente estudiaremos las ideas de Ernest Mandel sobre algunas de las particularidades generales del capitalismo que se ha desarrollado en América Latina, sin la menor intención de agotar el tema.

En su Estética de 1963, Lukács afirma correctamente que las categorías de universalidad, particularidad y singularidad no pueden ser reducidas a simples «puntos de vista»; son, de hecho, aspectos esenciales de la realidad objetiva, cuyo conocimiento es necesario para el hombre que pretende orientarse dentro de esta realidad, superarla y someterla a sus fines. En consideración con su carácter objetivo, el hombre está en convivencia con tales categorías inclusive antes de usarlas como elementos organizativos de las reflexiones del movimiento de lo real.[2]

He aquí un ejemplo de cómo el método dialéctico puede capturar las categorías, especialmente cuando se revisa la noción de trabajo: tenemos, por lo tanto, 1) el trabajo en forma de una categoría universal, mediador indispensable de la sociedad con la naturaleza; 2) el trabajo como un particular, del modo capitalista de producción como medio para valorar el capital; y 3) el trabajo concreto único de los metalúrgicos, agricultores, ceramistas, etc.

Ciertamente, la categoría de la totalidad universal es aquella que comprende a los otros y el punto de vista de la teoría social debe siempre ser la perspectiva de esta totalidad universal. Como bien nos recuerda Lukács en uno de los ensayos de su Historia y Consciencia de clase, es la presencia de la categoría de la totalidad universal la que diferencia a Marx de las ciencias burguesas.[3] Sin embargo, la categoría de la particularidad promueve un verdadero enriquecimiento tanto de la totalidad universal como de la singularidad única.

Después, según Lukacs, la particularidad enriquece la relación entre lo singular y lo universal. No hay individuo singular que esté ligado a la universalidad del género sin la mediación de innumerables particularidades. Un individuo, ya sea Enrique o Cecilia, son miembros únicos de la raza humana. Sin embargo, la pertenencia a la generalidad está mediada por aspectos particulares, como la sociedad a la que pertenecen (capitalista, feudal, etc.), la clase social (burgueses, proletarios, etc.), la nación (Brasil, Palestina, Italia, etc.), la generación (niños, adultos, ancianos, etc.) y así sucesivamente podríamos seguir agregando una amplia gama de variables que enriquecen la relación entre singular y universal.

Continuando en el pensamiento de Lukács, la categoría de particularidad es interesante para estudiar las peculiaridades del desarrollo capitalista de cada circunstancia históricamente determinada, como el modo en que fue elaborada en América Latina. Sabemos que, en primer lugar, en su universalidad, las dinámicas capitalistas implican la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital. Sin embargo, ¿cómo se verifica esta situación en el territorio de América Latina? En este caso, es posible comprender el desarrollo de una sociedad burguesa en América Latina teniendo en cuenta la categoría de particularidad, como la entendía Lukács.

Para Mandel, la formación de la acumulación primitiva del capital en los países periféricos se realiza de acuerdo a tres elementos: en primer lugar, el proceso ininterrumpido de acumulzación de capital en los países centrales (especialmente en Europa), ya bajo la forma de una reproducción amplia; en segundo lugar, los inicios de la acumulación primitiva de capital en la periferia; en tercer lugar, la consecuente limitación del proceso de acumulación que da inicio en la periferia por parte del proceso de acumulacion en grandes fases de los países centrales.[4]

El principal de los tres elementos es precisamente el último: las imposiciones que el capital europeo ha puesto al desarrollo del capital periférico. Lukács podría decir que esta es una gran característica particular que diferencia el capitalismo periférico. Según Mandel, “en cada país o a escala internacional, el capital pone bajo presión desde el centro –en otras palabras, sus lugares de origen históricos– a la periferia. Busca continuamente extenderse a nuevos dominios, convertir simples sectores reproductivos de bienes en nuevas esferas de producción capitalista de bienes, suplantar, con la producción de bienes los sectores que hasta entonces producían sólo valores de uso. El grado en que este proceso continúa produciéndose inclusive hoy en día, ante nuestros ojos, en los países altamente industrializados, es ejemplificado por la expansión, en las últimas dos décadas, de industrias que producen comidas instantáneas, distribuidores de bebidas, etcétera”.[5]

En la periferia, por lo tanto, la llegada del capital internacional abre el camino a la producción de plusvalor con la «normalidad» de las férreas leyes de la economía capitalista.

Mandel sostiene que, en general, el papel del «buscador de caminos» corresponde al «pequeño y mediano capital».[6] Dado que las modalidades tradicionales de la producción de subsistencia ya no representan obstáculos, la producción capitalista se impone gradualmente, viviendo junto con las relaciones de la producción tradicional. El desarrollo de la producción típicamente capitalista de materias primas tiende a someter las otras formas restantes.

La articulación entre países centrales y periféricos es doble, por un lado, la periferia importa artículos a bajo costo por el elevado grado de productividad alcanzado gracias a la maquinaria desarrollada en los países centrales, lo que implica la ruina de las formas artesanales de producción (incapaces de alcanzar tal productividad); por otra parte, está la especialización de los países de capitalismo incipiente en productos que servían al mercado internacional, en particular en los productos agrícolas.[7]

Así, obviamente, la articulación entre el centro y periferia ocurre con la subalternidad de este en comparación a aquella. Es lo que Lukács llamaría sumisión de las particularidades a la universalidad. Sin embargo, el punto es que el capitalismo inicial de la periferia debe competir con el capital internacional, que no sólo se consolida en el mercado mundial, sino que ya avanza en la construcción de los monopolios. Es importante decir con Lukács que esta es una de las particularidades que marcan fuertemente la vida económica en los países del capitalismo periférico. La ingrata tarea de la burguesía nacional periférica es la de aumentar un nivel de extracción de plusvalías que le dé condiciones suficientes para afrontar el capital monopolístico que proviene del exterior. En efecto, el impulso al desarrollo de la industria capitalista en la periferia se produce con la exportación de capitales por parte de países en los que la burguesía monopolista ha llegado a ser dominante. La acumulación primitiva de las naciones subalternas tuvo que hacer frente a esta circunstancia, ya que, en consecuencia, el proceso de exportación de capitales imperialistas ha sofocado el desarrollo económico del llamado «Tercer Mundo».[8]

La distinción entre la forma clásica de acumulación primitiva (que se ha producido en Inglaterra) y la de las naciones del Tercer Mundo es bastante evidente. El carácter decisivo de esta distinción es que el desarrollo capitalista del Tercer Mundo encuentra en la metrópoli, los intereses de la burguesía de los países metropolitanos.

Además, la clásica acumulación primitiva tenía como obstáculo las fuerzas tradicionales que resistieron al desarrollo interno de un mercado laboral y de consumo de bienes. La madre patria inglesa o francesa luchó contra las estabilizaciones de las viejas clases para que, cada uno a su manera, llegase a ser preponderante.

En el caso de la acumulación primitiva en las naciones periféricas, este fenómeno no se ha producido. Una vez más, la categoría de la particularidad está presente aquí, como se da cuenta Lukács. Mientras el desarrollo capitalista era guiado desde el exterior,<>.[9] En aquel momento, no era del interés de la burguesía imperialista romper con las fuerzas locales que persistían dominantes en sus respectivas regiones. La experiencia histórica nos demuestra que la consolidación de las alianzas entre la burguesía extranjera y la aristocracia regional predominaba en períodos históricos como el que contamos.

El gran servicio que los suburbios proporcionaban a la capital metropolitana era proporcionar materias primas. No es casual. La búsqueda del capital circulante (como la materia prima) se explica por el imperativo de que el capital contenga la caída tendencial del tipo de beneficio.

El problema planteado al capital imperialista era la organización precapitalista de la producción de materias primas. El bajo nivel de productividad de la forma de producción hizo que la mercancía final fuera cara; por lo tanto, no había otra salida que organizar la producción de estos bienes de acuerdo con las leyes de la industria capitalista. Solo de este modo se ajustaría la producción de materias primas a los niveles de productividad laboral exigidos en aquel momento. Por lo tanto, Mandel observa que “la intervención directa del capital occidental en el proceso de acumulación primitiva de capital en los países subdesarrollados fue determinada, en gran medida, por la presión compulsiva sobre este capital, con el fin de organizar la producción capitalista de materias primas a gran escala”.[10]

Si, de este modo, el capital imperialista obligase a la organización a producir materias primas a su imagen y semejanza, esto no provocaba el desarrollo de fuerzas productivas en las tierras periféricas. No era necesario, dado que el bajo valor de la fuerza de trabajo, con sus pequeños costos de sustitución, el gran ejército industrial de reserva y la relativa debilidad de la organización política del proletariado, han puesto a disposición del capital las condiciones adecuadas para la extracción de la plusvalía absoluta sin utilizar el aumento de maquinaria. Sin embargo, en estas circunstancias, la extracción de la plusvalía absoluta ha sido la constante.

La situación cambia a mediados del siglo XIX. XX. Con el estancamiento de la productividad en la producción de materias primas en los países dependientes y, por otra parte, con el aumento de la productividad en el mismo sector en los países centrales, se registró una inserción gradual de tecnología en la producción de materias primas en la periferia. Además, “el capital monopolista internacional se interesó no sólo por la producción de materias primas a bajo costo mediante métodos industriales avanzados […], sino también por la producción, en los países subdesarrollados, de productos acabados que podían venderse allí a precios monopolísticos, en lugar de materias primas que se habían vuelto excesivamente baratas”.[11]

Hay que decir que la industrialización de la periferia no significaba la nivelación armónica del mercado mundial, en el que cada uno calcularía simétricamente su cuota. El desarrollo de la industria capitalista en los países periféricos no ha alterado el hecho de que su capitalismo es dependiente y subordinado a la metrópoli.

Por lo tanto, lo que hemos visto sobre el capitalismo periférico se puede resumir en las siguientes palabras: Lukács nos dio el método, mientras que Mandel llenó este método de contenido histórico.

Finalmente, lo que se puede ver en el esbozo anterior es que la categoría de la particularidad es esencial para crear un cuadro del capitalismo en los países periféricos como los de América Latina. Lukács tenía razón cuando llamó la atención sobre la importancia metodológica de la categoría. Con él, es posible situar históricamente las mediaciones que han llevado al capitalismo latinoamericano a la realidad contemporánea del modo en que lo vivimos actualmente. Si la universalidad del actual modo de producción es el capitalismo, dentro de esta universalidad hay particularidades muy precisas, como las que atañen a la historia de América Latina.

[1] El presente artículo fue publicado en la revista Filosofia in Movimiento: https://filosofiainmovimento.it/gyorgy-lukacs-la-categoria-della-particolarita-e-la-formazione-del-capitalismo-periferico-in-america-latina/ . Agradecemos la autorización para su traducción y publicación.

[2] Cfr. Lukács György, Estetica I: la peculiaridad de lo estético, Barcelona, México, 1982, v. 3, p. 200.

[3] Cfr. LUKÁCS, György. História e consciência de classe. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 105.

[4] Cfr. MANDEL, Ernest. O capitalismo tardio. Rio de Janeiro: Nova Cultural, 1982, p. 31.

[5] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 31.

[6] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 32.

[7] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 35.

[8] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 36.

[9] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 37.

[10] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 39.

[11] Cfr. MANDEL, op. cit, p. 43.

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