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Reseña de «Los maestros vinieron del sur. El origen de la CNTE» de Francisco Pérez Arce



Reseña de Los maestros vinieron del sur. El origen de la CNTE de Francisco Pérez Arce

Joel Ortega Erreguerena

En la historia del sindicalismo mexicano, marcado por el charrismo y el corporativismo, son pocos los sectores que han logrado movilizarse y sostener su organización durante un largo periodo de tiempo. La disidencia magisterial, agrupada desde 1979 en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), es uno de los actores que más éxito ha tenido en consolidar su movimiento. Frente a una estructura corporativa y una cultura sindical que fomenta la subordinación al poder político la disidencia magisterial ha reivindicado otra forma de ser, marcada por el antagonismo y un sindicalismo de movimientos (Casco, 2020), con una participación activa de las bases (Martínez Vásquez, 2005).

Su origen no fue fácil, se dio en el seno de un sindicalismo corporativo y una estructura (el SNTE) con un aparato de control muy poderoso. Solamente impulsada por el ascenso de un movimiento de masas pudo surgir una organización de la disidencia que logró conquistar espacios sindicales y legitimidad entre los profesores. El libro “Los maestros vinieron del sur. El origen de la CNTE” de Francisco Pérez Arce es precisamente un texto que busca dejar testimonio de este proceso.  

El texto es un recuento testimonial de las protestas colectivas que dieron origen a la CNTE entre 1979 y 1982. A partir de una protesta magisterial en el estado de Chiapas se desencadenó un ciclo ascendente de acción colectiva. Maestros de otras regiones como Hidalgo o el Valle de México se solidarizaron con sus colegas chiapanecos y construyeron organizaciones similares. Después en Oaxaca un proceso independiente, muy masivo, desembocó en la destitución de los lideres charros. A partir de entonces la disidencia contó con una base sólida, sobre todo en el sur del país, con la que ha resistido frente a las reformas del Estado y la persecución del SNTE. Para articular esas luchas surgió la CNTE.

Un acierto del libro es que recupera la mirada de profesores de varias regiones del país, un movimiento que desde su origen estuvo marcado por el regionalismo y la autonomía local no podía tratarse de otra forma. Así se presentan testimonios de Chiapas, Oaxaca, el Valle de México, Hidalgo, Morelos y la Montaña de Guerrero. Cada uno con su historia y obedeciendo a sus propios entramados culturales y comunitarios.

Aunque el libro no tiene un apartado teórico o un análisis extenso sobre el corporativismo mexicano y el proceso de lucha de la disidencia magisterial son los propios testimonios de los activistas los que realizan algunas reflexiones.

En los testimonios, como es lógico, se expresa cierta épica de las movilizaciones y la experiencia de lucha. Las asambleas masivas, la vida cotidiana en los plantones, la represión policiaca y el enfrentamiento con los charros. Sin embargo, los maestros expresan también sus propias valoraciones críticas del proceso. Las prebendas, lealtades y corruptelas con las que los charros construían su hegemonía al interior del sindicato y los problemas para levantar, partiendo de ese antecedente, un sindicalismo democrático con participación de las bases. También las limitaciones de un proceso que surgió regional frente al centralismo del sindicato oficial pero que siempre tuvo dificultades para articular sus luchas. Como expresa el autor la CNTE se estructuró como un movimiento de bases con una “política regional autónoma” en la que “reside su fortaleza y su debilidad: la capacidad para mantener un vínculo estrecho entre las direcciones (las directrices) y sus bases, y la falta de una estrategia unificada” (Pérez Arce, 2020: 20).

Siguiendo esa diversidad regional del movimiento el libro está estructurado en una serie de crónicas, basadas en entrevistas de los profesores, en las que se profundiza en el movimiento de cada una de las regiones. De Chiapas se recupera la irrupción inicial del movimiento y la realización de un Congreso de masas, un mecanismo que los maestros disidentes encontraron para organizarse por fuera de las instancias oficiales para fomentar la participación y disputar después espacios de dirección en el sindicato. De Oaxaca resalta el involucramiento masivo de todas las regiones del estado, con un repertorio de movilizaciones que desde entonces han caracterizado a la Sección 22: plantones, huelgas de hambre, caravanas a la Ciudad de México e inmensas movilizaciones. Finalmente, del Valle de México se rescatan momentos muy duros con el asesinato del profesor Misael Núñez Acosta y la resistencia en un entorno popular urbano en las periferias de la capital.

El libro cierra en 1982 con una CNTE ya consolidada y obteniendo el triunfo en algunas secciones del país. “En enero de 1983 –dice Pérez Arce– (se) encontraba un SNTE que ya no era el mismo. La Coordinadora Nacional estaba ahí, con todo lo que representa como proyecto, como fuerza, como experiencia” (Pérez Arce, 2020: 37).

Hoy, 43 años después del origen de la CNTE, los testimonios nos invitan a reflexionar sobre el legado del movimiento.

Lo primero es resaltar la persistencia de una organización disidente. Con sus ciclos de movilización y de latencia el movimiento magisterial no ha dejado de estar presente. La caída del dirigente charro Carlos Jonguitud en 1989, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006 y la resistencia contra la reforma educativa del 2013 son sólo algunos momentos de ese largo recorrido. Los Congresos de masas y los Consejos Centrales de Lucha han estado presentes como forma de organización de la disidencia. En algunos casos, como la Sección 22 de Oaxaca, la disidencia conquistó los espacios sindicales y ha sido completamente hegemónica. En otros ha sido minoritaria y ha tenido que resistir frente a una estructura sindical que sigue teniendo el control en la mayor parte del país.

También es importante hacer un balance crítico, como lo hacen muchos profesores, del proyecto de la CNTE a 4 décadas de su nacimiento. Analizar qué tanto se ha conseguido democratizar al sindicato y qué caminos pueden seguirse para ampliar los espacios conquistados. Preguntarse qué tanto se ha sostenido la participación de las bases y cómo evitar reproducir las dinámicas corporativas del sindicalismo mexicano.

El libro es sin duda una herramienta para recuperar la memoria de una etapa fundamental en el movimiento magisterial. Conociendo su historia y entendiendo el origen de una organización masiva como la CNTE pueden entenderse sus dinámicas y retos en la actualidad. Esperemos que textos similares recuperen la memoria de otros sectores como los estudiantes, los electricistas, las mujeres, los pueblos indígenas y tantos otros que han experimentado procesos colectivos. Dejar su testimonio es un paso en esa lucha por no dejar morir ese instante de rebelión, tan poco común, en el que los subalternos toman la palabra y cambian el rumbo.

Referencias:

Pérez Arce, Francisco. Los maestros vinieron del sur. El origen de la CNTE. Ítaca, México, 2020.

Casco Peebles, Mariano (2020). El sindicalismo de la Sección 22 del SNTE/CNTE contra la Reforma Educativa en México (2012-2018). Un caso de sindicalismo de movimiento social, Tesis de doctorado, UAM-I, México.

Martínez Vásquez, Víctor Raúl (2005). ¡No que no, sí que sí!: testimonios y crónicas del movimiento magisterial oaxaqueño. SNTE-Sección XXII, Oaxaca.




¿Insurgencia obrera? ¡No, viles charros!



¿Insurgencia obrera? ¡No, viles charros!

CE, Intervención y Conyuntura

En su conferencia del día 13 de junio de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dirigió un mensaje a los trabajadores petroleros de la hoy empresa “productiva” del estado, Petróleos Mexicanos (Pemex), en el que les “avisaba” que se estaban atendiendo sus demandas para dotarlos de uniformes y utensilios de trabajo, y al mismo tiempo “para exhortarlos a que se acepte que se vaya basificando primero a quienes tienen más antigüedad, que no haya recomendados, que no haya influyentismo, mucho menos que haya corrupción en la entrega de las plazas”. Puntualizó que el exhorto era a los dirigentes sindicales para que ayuden a dotar de puestos de base primero a los trabajadores transitorios que llevan años laborando para la empresa sin haberlo logrado. AMLO puntualizó, “nada más les pido que nos permitan que la ‘basificación’ se realice por orden de antigüedad”, cuestión que constituye el verdadero motivo de las protestas.

El anuncio parece simplemente la respuesta a una serie de “movilizaciones” con las que su dirigencia ha inducido a los petroleros a exigir lo que por derecho les corresponde, y se les otorga. A pesar de ello, el pasado 24 de mayo (2022), trabajadores del sindicato de Pemex (el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, STPRM), afiliados a la Sección 35, bloquearon la Avenida Marina Nacional, para obstaculizar el acceso a la sede de la paraestatal en demanda, dijeron, del cumplimiento de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), en lo referente a la liberación de plazas permanentes para los trabajadores eventuales. También acusaron falta de mantenimiento en las instalaciones y de equipo de trabajo. Se trató de petroleros que laboran en la refinería de Tula, Hidalgo y en las instalaciones de Pemex ubicadas en lo que fuera la refinería de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, agrupados en la misma sección sindical (la 35), dirigida por Rigoberto Ramírez Sánchez.

Es patente que el verdadero centro de la disputa es el control de las plazas para la basificación de trabajadores transitorios, porque tradicionalmente esta era una prerogativa de los dirigentes sindicales, pero en esta ocasión se está llevando a cabo de manera bilateral (empresa y sindicato) y de forma transparente, por riguroso orden de antigüedad. Algo similar a lo que viene ocurriendo con el otorgamiento de préstamos (principalmente hipotecarios para la adquisición de vivienda). El control de estas dos funciones —fundamentales para el bienestar de los trabajadores— ha sido esencial para que el charrismo sindical haya mantenido el control de sus representados.

Durante varias horas, diversos trabajadores expresaron las mismas demandas, sin especificar exactamente en qué consistían las violaciones contractuales; por ejemplo, si se estaba otorgando la base a un trabajador con menos derechos de antigüedad, o indicando cuales equipos e instalaciones sufrían deterioro y ponían en peligro su seguridad. En días posteriores circularon en diversos medios fotografías comprobatorias, pero se demostró que no correspondían con el estado actual de las instalaciones.

La confusión de la protesta era evidente. Por ejemplo, un trabajador, quien dijo llamarse Víctor Manuel Sánchez Aldana (en realidad Víctor Manuel Flores Sánchez Aldana, según el padrón publicado por el sindicato para la votación más reciente [1]), denunció que “los empleados son «maltratados»: “ya que la administración no ha cumplido con lo que ha ofrecido … llevo trabajando 31 años y es la primera vez que nos violan el contrato colectivo que fue firmado por esta nueva administración, en la que el señor Presidente dice que los empleados estamos bien y es falso, no estamos bien, somos maltratados”. Este tipo de declaraciones circuló profusamente en los medios, como nunca antes se había difundido otra protesta petrolera.

A finales de 2021 y principios de 2022 se realizó en el STPRM el proceso electoral para elegir secretarios seccionales y la secretaría general. En él, la corriente dominante (representativa del sindicalismo charro) arrasó. Fueron reelectos por la “base trabajadora”, a pesar de pertenecer a la misma corriente sindical que pasivamente aceptó la reforma energética del expresidente Peña Nieto, que privatizó buena parte de las reservas petroleras del País; los mismos que en los 80’s permitieron el desmantelamiento de la petroquímica, considerada actividad estratégica y que incluía más de 60 productos, para dejarla únicamente en 7 y crear así la llamada “petroquímica secundaria” y entregarla al capital privado (principalmente extranjero). Son los que se prestaron al llamado “Pemexgate”, con el que se financió la fallida campaña presidencial de Francisco Labastida en contra de Vicente Fox, quien capitalizó el escándalo, ofreciendo impunidad a los charros, a cambio del apoyo de estos para llevar adelante su plan de destrucción de la empresa y la entrega de las funciones estratégicas de Pemex a las corporaciones transnacionales.

La lista de tropelías cometidas por estos “dirigentes” es más grande aún, y es que por años, la supuesta dirigencia petrolera ha cedido funciones de su materia de trabajo a cambio de mantener sus prebendas. Es el caso de los hospitales de Pemex: se disfrazaba la entrega de dinero a los charros para simular la compra de ropa, medicinas y material médico, cuestión de simple aplicación de contrato, pero que se usaba como herramienta de presión con el fin de propiciar una “negociación” —no para mejorar el servicio ni superar las carencias—, sino para justificar la entrega de recursos a los charros.

A la elección para secretario del comité ejecutivo general del STPRM acudieron como candidatos 26 trabajadores, resultando electo Luis Ricardo Aldana Prieto con un total de 44,983 votos [2]. Sus más cercarnos competidores fueron César Pecero Lozano, con 4,505; Cecilia Margarita Sánchez García con 4,116; María Cristina Alonso García con 2,612 y Miguel Arturo Flores Contreras con 2,564. Los demás candidatos no llegaron a mil votos y varios de ellos ni siquiera reunieron cien. En las elecciones para los comités ejecutivos locales, incluida la sección 35, una de las más numerosas con 3,843 trabajadores registrados [3], el resultado fue menos apabullante. En esta sección, la ganadora fue la planilla roja, encabezada por Rigoberto Ramírez Sánchez, con 1,787 votos, seguida de la verde, Juan Francisco Ordoñez Rojo, con 1,107. Hubo una tercera opción, la planilla rosa, Pedro Velázquez del Ángel, con 509 votos (quien por cierto no aparece en el padrón de la sección). Es decir, que ni sumando los votos de ambas planillas de oposición habrían vencido al candidato “oficial”, pues hubo 29 votos nulos y 499 trabajadores que no ejercieron su derecho al voto [4].

Lo anterior ratifica que el charrismo está “institucionalizado” en el —alguna vez— combativo sindicato petrolero y hace evidente que su reciente activismo no obedece al resurgimiento de la insurgencia obrera en los petroleros, sino a un intento de reinstauración del charrismo. Patético. No obstante, cabe recordarles a esos petroleros mexicanos lo ocurrido en 2003 en Venezuela, cuando dirigentes venales organizaron una “huelga petrolera” contra el gobierno encabezado por Hugo Rafael Chávez Frías, aprovechando la “autonomía” concedida a la burocracia que administraba a la petrolera estatal (PDVSA, Petróleos de Venezuela, S.A.) que, en contubernio con el sindicato, participaron en un golpe de Estado. Esa huelga constituyó un acto de sabotaje, y fue financiada con los recursos de PDVSA por las burocracias administrativa y sindical corruptas. No es pues de extrañar que en México hoy les sobren “apoyadores” a los petroleros entre la oposición, pues ésta sabe del potencial desestabilizador de tales protestas.

Empero, para que en México dicho escenario fuera practicable, los charros sindicales tendrían que contar con la complicidad de la administración de Pemex, cosa que en este gobierno no tienen y; en segundo lugar, con la sumisión absoluta de los trabajadores, cosa que tampoco es cierta. Para importantes sectores de petroleros, una cosa es dejarse conducir a un acto de protesta, y otra muy distinta sabotear el rescate de la empresa. Los charros únicamente cuentan con su “núcleo duro”, como lo han evidenciado sus protestas. En la misma conferencia presidencial del día 13, AMLO también presentó un video en el cual los propios petroleros de la Refinería de Minatitlán mostraron con orgullo los trabajos de mantenimiento y rehabilitación que han realizado ellos mismos, por administración directa (es decir con los recursos de la empresa y con la mano de obra sindical), sin la intervención de empresas contratistas, que anteriormente eran las que ejecutaban esos trabajos con la complacencia de los líderes sindicales. Trabajos que regularmente no se efectuaban, o se realizaban de manera ineficiente y costosa.

Lo anterior no quiere decir que la oposición y sus aliados desperdicien oportunidades ni tiempo. Los amagues del charrismopetrolero tienen como objetivo, por el momento, desgastar al gobierno y a la administración de Pemex (de cara a la inminente entrega de la Refinería Dos Bocas, que próximamente terminará su construcción, para iniciar su período de pruebas). No en balde en la misma conferencia, AMLO exhibió también un video en el que el excandidato presidencial, Ricardo Anaya, llama con vehemencia a “vender todo el petróleo ya, porque no valdrá nada”, basado en argumentos erróneos o falaces acerca del fin de la era del petróleo, es decir, retomando las banderas de la reforma energética de 2013: vender las reservas de hidrocarburos y evitar su procesamiento en México. Curiosamente dicho video ni siquiera está disponible en el canal de YouTube del excandidato.

En cuanto a la organización sindical de los petroleros mexicanos, las recientes reformas en materia laboral les otorgaron ciertas libertades democráticas, pero no eliminaron elementos confusos que fomentan la división. En la República Bolivariana de Venezuela, cuando fue presidente el fallecido Hugo Rafael Chávez Frías, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), organizó una falsa huelga petrolera para desestabilizar al gobierno, que fue apoyada por los trabajadores de Petróleos de Venezuela (PdVSA). El punto culminante fue el fugaz Golpe de Estado de abril de 2002, que se montó en una movilización social perversamente coordinada, incluyendo a importantes sectores de la oposición, entre ellos la FEDECAMARAS (Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela), una organización patronal cuyo entonces presidente, Pedro Carmona, fue impuesto de facto como presidente de la República durante el golpe, (por 47 horas).

La CTV era entonces parte de la hoy Confederación Sindical Internacional (CSI, heredera de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOLS), y de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores, ORIT (agencia que tuvo alcance continental, financiada por empresas y gobiernos imperialistas y que fue el brazo operativo en la región de la CSI, entonces CIOSL). La CSI promueve el colaboracionismo de clase entre los trabajadores, para favorecer al capitalismo global.

En México, con otras siglas y alianzas, la CSI está presente en alianza con las viejas centrales charras (disputándolesrepresentatividad en importantes sectores productivos, como en el caso de la industria maquiladora y la minería), o incluso con las “nuevas” centrales como la CIT (Confederación Internacional de Trabajadores), promovida por el poderoso sindicato minero-metalúrgico, encabezado por Napoleón Gómez Urrutia.

Esta sopa de letras y siglas que “identifican” organizaciones cuyos objetivos confunden a la de por sí adormecida conciencia de los trabajadores, paradójicamente dejó de importar hace tiempo a los estudiosos —inclusive de izquierda—, que se mantienen alejados de los temas relacionados con el mundo del trabajo, por lo cual son incapaces de presentar análisis creíbles de la realidad. Lo cierto es que la reorganización sindical carece de organismos representativos a nivel mundial, lo que impide toda posibilidad de solidaridad internacional y el intercambio de experiencias.

Si bien es cierto que estos cambios en las formas de organización obrera han pasado desapercibidos para los académicos y analistas expertos, tampoco modificaron la percepción de los trabajadores sobre su condición, que tiende a empeorar con nuevos modos de explotación. Pero sirvieron para impulsar lesivos cambios en la legislación, a través de la llamada reforma energética, mediante un discurso absurdo, repetido con insistencia, como el de la llamada autonomía de gestión de las empresas públicas que resultó en una gestión burocrática que, en contubernio con el sindicalismo charro, fortaleció a las camarillas privatizadoras y corruptas, incrustadas en la propia industria nacionalizada, al tiempo que permitió la creación de los llamados organismos autónomos para asegurarse el control total de la industria energética, por encima del texto constitucional del Artículo 27.

Actualmente Pemex se recupera de la ruina a la que lo sometió el neoliberalismo. Pero que la empresa esté actualmente dirigida por una administración que la reencauza en una línea nacional-popular, como la que le impusiera a su fundación el presidente Lázaro Cárdenas, ello no implica que mágicamente sus trabajadores se hayan recuperado del extravío ideológico que se les impuso, no solo durante el neoliberalismo sino desde antes, cuando toleraron al charrismo como línea dominante en el sindicato, según demuestran las pasadas elecciones sindicales. Pero, aún y cuando los trabajadores de Pemex reeligieron como su dirigencia a individuos representativos del charrismo sindical, es evidente que el actual “conflicto” solo sirve a estos últimos, en su intento por reorganizarse y recuperar poder para presionar al gobierno.

Es evidente que este tipo de manifestaciones “espontáneas” de los petroleros continuarán, porque difícilmente los trabajadores podrán —de la noche a la mañana— sustraerse al control de los charros; en unos casos porque significa un riesgo personal y, en otros, porque son trabajadores comprometidos con una falsa lealtad al charro que los favoreció anteriormente. Pero los petroleros saben que trabajan para una empresa pública, estratégica para la nación, y que sus condiciones particulares de trabajo son muy distintas a las que imperaron al nacimiento de la empresa y durante el período neoliberal. Como lo hemos mencionado [5] los petroleros necesitarán alianzas para alcanzar la transformación de su sindicato, la base está en comprender que las condiciones objetivas impuestas por el neoliberalismo han cambiado, y que se requiere impedir el retorno al pasado. Si el charrismo es nefasto para la vida sindical en general, en las organizaciones de trabajadores del sector nacionalizado resulta una grave contradicción y una traición a su clase.

[1] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/PadronEleSG.pdf

[2] https://stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/Acta-Circunstanciada.pdf

[3] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/PadronSecc35.pdf

[4] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/ResSecc35.pdf

[5] «El STPRM y sus 25 aspirantes», https://intervencionycoyuntura.org/el-stprm-elecciones-pemex/




Libertad y democracia en la dinámica contemporánea del sindicalismo mexicano



Libertad y democracia en la dinámica contemporánea del sindicalismo mexicano

Ernesto Sánchez Sánchez

 

La descentralización de las estructuras, síntoma de la crisis

de las gestiones patronales, es también un instrumento

temible para conducir subrepticiamente a los asalariados

 hacia la autoexplotación.

Jean Lojkine, La clase obrera, hoy

Dentro de los nuevos esquemas de participación sindical se habla de una consolidación democrática en México, en la cual lo trabajadores, de manera paradigmática, establecerán nuevas formas de participación, control y dirección dentro del escenario sindical contemporáneo. Sin embargo, habría que considerar, de manera holística, lo que representa hablar de la democracia dentro del mundo del trabajo. Históricamente, no solo ha dibujado un paisaje de desigualdad salarial, sino que también se ha construido, y ese el gran reto, un bloque corporativista en la cual la participación y activismo de los trabajadores estuvo coaptado y funcionó dentro de un corporativismo antidemocrático que retuvo una serie de reivindicaciones que garantizaron, por su negociación con la estructuras de los gobiernos, una estabilidad hacia el poder político.

En sí, el reciente debate en México sobre las formas de participación democrática dentro un gobierno con marcos ideológicos de izquierda estriba en el establecimiento de verdaderos entes institucionales que garanticen el rompimiento de lo que conformó el mosaico sindical mexicano; un autoritarismo a partir del control vertical sobre la fuerza de trabajo, una selección a modo de dirigentes alejados de las base de trabajadores, la persistencia de contratos de protección en la cual se gestan  negociaciones ente lideres sindicales y el grupo patronal al margen de las bases de trabajadores, y una falta de rendición de cuentas ante las cuotas sindicales y otras formas de financiamiento[i].

Bajo una lectura crítica se puede vislumbrar, por una parte, un parteaguas sobre las relaciones laborales que, jurídicamente a partir de reformas laborales constitucionales contemporáneas, modifican parte de la hegemonía sindical tradicional y, a su vez, se incorporan grupos, organizaciones y colectivos, que desde una postura que acaricia la subalternidad, por su grado de autonomía y reconocimiento de una hegemonía, continúan reivindicando  demandas más allá del contexto laboral y recrean una nueva dinámica democrática con justicia y gobernabilidad laboral.

Históricamente, el régimen político mexicano emanado de la Revolución Mexicana hasta la transición partidista de principios de siglo XXI, recurrieron a organizaciones laborales para la preservación del régimen. El caso de gremio magisterial fue emblemático como ejemplo nocivo para democratizar el sindicalismo. Ahora bien, si nos remontamos al periodo cardenista, se tiene una inteligente y extraordinaria política de masas[ii], esencialmente por su forma de concebir y aglutinar de manera pragmática a diversas y heterogéneas organizaciones de trabajadores rurales y urbanos que establecieron relaciones con el poder hegemónico, y que, por un lado, consolidaban la legitimidad del Estado y, sobretodo, servían para preservar el poder político de este mismo.

Sin embargo, con el arribo de las políticas neoliberales, en conjunción con el proceso de globalización económica, se presentaron cambios drásticos dentro del mundo del trabajo. No solo en formas de organización y producción, con una flexibilidad que hizo polivalente al trabajador, sino, además, un discurso mediático que le daban sentido negativo a cualquier forma de organización gremial, la cual, desde la óptica neoliberal, contravenía la competitividad y productividad económica. Así pues, la metamorfosis del poder sindical corporativo se vio afectado por el rompimiento o adelgazamiento con las relaciones gubernamentales y el surgimiento de mercados de trabajo altamente competitivos que modificaron la protección de la clase trabajadora.[iii] Ante esta situación, el sindicalismo tuvo que implementar una serie de estrategias y capacidades de renovación y ampliar las formas y alcances de representación e intervención.

Este escenario no fue propio del caso mexicano, sino que a nivel global la densidad sindical, la cual agrupa la fracción de todos los obreros y empleados asalariados en el empleo, jubilados, sindicalistas desempleados o trabajadores por cuenta propia tuvo una reducción drástica en gran parte del mundo del trabajo. Para el caso mexicano la tasa de sindicalización ronda en un raquítico porcentaje de entre 10 y 14 por ciento. Así pues, el devenir de los sindicatos a nivel global se enfrentó a una redefinición del trabajo a partir de los cambios en la producción y organización global, con nuevas necesidades en la sociedad con la aparición de un nuevo perfil del trabajador subcontratado terciarizado, alejado de aquel trabajador asalariado con una larga trayectoria laboral, y ahora convirtiéndose en trabajador por temporada o inserto en el autoempleo, ya sea de manera formal o informalidad, y un segmento juvenil que se enfrenta a un escenario de inestabilidad y violencia[iv]. Por ejemplo, el caso del cibertrabajo u otras formas atípicas del trabajo, propia de las plataformas digitales, obliga a implementar estrategias sindicales o de organización laboral, tanto por el  reconocimiento de esta fuerza de trabajo ya que en su labor se pierde dentro de la cadena de producción por su mismo grado de autonomía, y por su grado de flexibilidad que lo hacen vulnerables.

Bajo estos argumentos, que sitúan de manera general una postura que contrarrestar las formas de control y dominio absoluto del capital ante la fuerza de trabajo, pareciera ser, entonces, que estamos ante cambios iniciales del debilitamiento del bloque histórico hegemónico mexicano en el mundo del trabajo[v]. Es por eso que sostenemos que una parte de estos trabajadores, no solo asalariados tradicionales sino también los atípicos, se pueden concebir como parte, a partir de una perspectiva gramsciana, de grupos de subalternos que demandan, desde su postura reivindicatoria de autonomía, nuevas estrategias de incidir dentro de esa hegemonía.

En este sentido, es necesario evaluar las formas de organización de los trabajadores, mediante la implementación de las reformas en materia laboral en la Ley Federal del Trabajo de 2019 así como las recomendaciones en materia sindical dentro del T-MEC sobre democratizar los sindicatos, ya que peligrosamente pueden tender a confeccionar nuevas formas de corporativismo ante liderazgos viciados que se empiezan a vincular con el gobierno y trastocan la autonomía y justicia laboral. De igual forma, estas recomendaciones constatan la dependencia regional en la que de manera trilateral se imponen condiciones del gran capital sobre la fuerza de trabajos. Por lo tanto, es necesario, también, nuevas formas de intervención que conlleven, gradualmente, a romper la dependencia con el Norte hegemónico y, por otro lado, a recuperar la soberanía en toma de decisiones nacionales.

Por lo tanto, nos sumamos a la crítica de solo ubicar a las reformas laborales de manera economicista y organizacional. Es decir, parece ser que hay una preocupación sobre las condiciones de la fuerza de trabajo y solo buscan corregir y dinamizar al mismo tiempo elementos anómicos en la acumulación y reproducción del capital, pero como advierte el sociólogo brasileño Ricardo Antunes; el trabajo que estructura al capital desestructura a la sociedad[vi]. El autor señala que más allá de una cuestión de representación sindical habría que ver los mecanismos que generan la corrosión del salario por una rotatividad en los puestos de trabajo inestables y  llevan a una dificultad en la organización sindical. La prevalencia de este tipo de trabajo busca minimizar costes dentro del proceso productivo a partir de reducir salarios, desaparecer derechos laborales relacionados con la seguridad social e incrementar la flexibilidad y polivalencia del trabador. Aunado a lo anterior es necesario que, en esa oleada de demandas, combatir la continua brecha de desigualdad salarial por género; contemplar como la feminización del trabajo implica hablar de condiciones sobrexplotación y exclusión. Aunado a esto, el caso de los jóvenes también debe ponerse en la palestra. La inserción y trayectorias laborales de los jóvenes no se limitan a periodos coyunturales, sino que son resultado de elementos sistémicos caracterizados por la precariedad, vulnerabilidad, inseguridad y desigualdad de los mercados del trabajo. Indudablemente estas situaciones, de mujeres y jóvenes trabajadores, modifican el tejido social, así como las nociones de convivencia, colectividad y ciudadanía laboral tendientes hacia el egoísmo, la individualidad rapaz y la competitividad basada en la superexplotación.

Esto implica, entonces, hablar de una fuerza de trabajo en una dimensión compuesta y heterogénea; una clase trabajadora ampliada, con hombres y mujeres, con diversos perfiles sociodemográficos, que viven de la venta de su fuerza de trabajo, ante esto, la clase trabajadora no viene disminuyendo, bajo el argumento del fin de trabajo y el precepto neoliberal del emprendurismo a escala mundial, sino aumentando y ampliando su definición cualitativa.[vii]

Bajo esta lógica, queda claro que, como señala Massimo Modonessi, en las sociedades capitalistas contemporáneas las problemáticas de las clases siguen enmarcadas, no solo dentro del terreno concreto de la producción y la circulación de mercancías, sino también ideológico y jerarquías sociales[viii]. Esto último tiene que ser vinculado con el rol determinante del trabajador como clase que incide, a partir de sus formas de organización y representación, en la operatividad de las estrategias capitalista que delimitan sus marcos de acción.

En otra palabras, los sindicatos y colectivos de trabajadores deberán incidir de manera autónoma en el  debate político para garantizar realmente la libertad sindical, prohibición a los trabajos forzosos de niños, jóvenes y mujeres, y superar la informalidad que hace vulnerable y precario al trabajador. La participación política es necesaria puesto que siempre está presente, como parte de la dinámica de acumulación de capital, la colusión de una elite política conservadora con el empresariado que facilita sortear legalmente lo establecido por la ley a partir de vacíos legales como es el caso de la subcontratación o outsourcing y, por otro lado, establecer mecanismos de participación que resquebraje el corporativismo hegemónico.

Finalmente, esperemos que se estén dando los cimientos para que en las trayectorias de los trabajadores, todos tengan una determinada consolidación, y se gesten y dinamicen escenarios que conlleven a desaparecer la inestabilidad y precariedad y, como señala Antunes, hacer que la vida en el trabajo sea dotada de sentido para que la vida fuera del trabajo sea también dotada de sentido.[ix]

A manera de reflexiones

En esta dinámica sindical, bajo un nuevo andamiaje jurídico, estamos ante una construcción histórica de sujetos sociales y políticos, que reivindican autonomía y se disputa una hegemonía reflejada en el control corporativista. Sin embargo, el movimiento sindical, dentro de las reformas laborales mexicanas, debe de enmarcarse en demandas que repercutan más allá de cuestiones económicas e irradien dentro del contexto social y político como mecanismos de incidencia en toma de decisiones  y, así,  romper con la concepción patronal de “competitividad”.

Además, es necesario replantear estrategias que muestren la capacidad de los sindicatos y otras organizaciones gremiales de renovarse y ampliar las formas de representación real y efectiva. Este desafío exige considerar a nuevos grupos de trabajadores insertos en empleos atípicos, vulnerables, precarios y sin derechos ni acceso a la seguridad social. Es decir, buscar alternativas de inclusión e incidir dentro de las estructuras de reconocimiento laboral.  

En esta tesitura queda al descubierto la consistencia y pertinencia de continuar hablando de la clase trabajadora y su condición antagónica. Además, se consolida el sentido de clase trabajadora participativa que moldea identitariamente la lucha por la hegemonía. No es tarea fácil, ya que el mosaico de sujetos, grupos y fracciones político-sociales, algunos vinculados con el aparato oficial que en nombre del pragmatismo, posibilitarían una desviación para modificar las relaciones de poder y control de las organizaciones laborales.

[i] Bensusán, Graciela y Middlebrook Kevin J. (2013). Sindicatos y política en México. Cambios, continuidades y contradicciones. UAM-CLACSO. México

[ii] Hacemos una relación entre la política de masas cardenista bajo un sentido hegemónico con capacidad de unificar, justificar y presentar mediante una ideología, en esta caso revolucionara, un bloque social heterogéneo. 

[iii] Bensusán, Graciela, (2019). “La transformación de los sindicatos en América Latina: contextos, ideas y agendas”. Boletín Internacional de Investigación Sindical vol. 9 núm. 1-2 Ginebra, Oficina Internacional del Trabajo pp. 85-101.

[iv] Bouzas Ortiz, José Alfonso; Evaristo López María Guadalupe; Vega Huerta Mario, (2015).  “Las perspectivas sindicales en la globalización. Estudio de caso México, con referencias de otras realidades” en Bouzas, Ortiz José Alfonso. (Coord). Las nuevas condiciones del trabajo en el contexto de la globalización económica: ¿hacia un nuevo derecho del trabajo? México, D.F.  UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas, 262 Pp.

[v] En palabras de Albarez, la hegemonía conforma un bloque histórico, en la cual hay una unidad de fuerzas sociales y políticas diferentes; pero se mantienen unidos a través de una concepción del mundo. Albarez, Gómez Natalia, (2016). El concepto de hegemonía en Gramsci: una propuesta para el análisis y la acción política, Revista de Estudios Sociales Contemporáneos, IMESC-IDEHESI/Conicet, Universidad Nacional de Cuyo

  Nº  15.pp.150-160.

[vi] Antunes,  Ricardo, (2015). El trabajo que estructura al capital desestructura a la sociedad” Ibidem.

[vii] Antunes, Ricardo (2013). Los sentidos del trabajo. Ensayo sobre la afirmación y negación del trabajo. Herramienta ediciones. Argentina.

[viii] Massimo Modonesi (2018). Consideraciones sobre el concepto gramsciano de “clases subalternas” en  https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/04/12/consideraciones-sobre-el-concepto-gramsciano-de-clases-subalternas

[ix] Antunes, Ricardo, (2015). Ibidem.

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El STPRM y sus 25 aspirantes



El STPRM y sus 25 aspirantes

CE. Intervención y Coyuntura

La mayoría de los trabajadores de México, y del mundo, está en una desventajosa resistencia contra el neoliberalismo, al tiempo que busca obtener o preservar las pocas conquistas sociales que aún conserva (salud, educación). Apenas una minoría está organizada, mientras las grandes corporaciones, en contrapartida, establecen condiciones de trabajo y se apropian de los recursos naturales y medios de producción, imponiendo su poder político y el control de los medios de comunicación.

Los sindicatos son aún fundamentales para la acción de los trabajadores, pero la mayoría han sido usurpados por representaciones burocráticas espurias, dedicadas a impedir la acción de los trabajadores. En México, la expresión más deleznable es el charrismo sindical, que desnaturaliza a la organización con su accionar corrupto y muchas veces violento.

En este contexto, el 31 de enero de 2022, los trabajadores petroleros están convocados a elegir a un nuevo secretario general del Comité Ejecutivo General, del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), puesto actualmente vacante por la “jubilación” del exsecretario general Carlos Romero Deschamps, quien ocupó el cargo desde 1997 hasta su jubilación en 2021. El STPRM es titular del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) de Pemex, empresa estratégica para el futuro de la Nación, actualmente sometida a una sostenida destrucción. Los trabajadores petroleros, después de desempeñar un encomiable papel en el rescate y nacionalización del petróleo en 1938, fueron alejándose de su organización sindical hasta dejarla en manos de dirigentes charros, que han puesto en riesgo no solo la fuente de trabajo y sus derechos laborales, sino el patrimonio de la nación.

No es que antes no hubiera oposición petrolera, pero la represión administrativa y sindical siempre la mantuvo en mínima resistencia. Esta vez, las condiciones parecen menos desfavorables, ante la posibilidad de ejercer el voto secreto y directo, mediante la vía digital, utilizando un sistema llamado Sirvolab (Sistema Remoto de Votación Laboral), elaborado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Tal sistema se limita a recibir y contabilizar los votos; las cuestiones relativas a la elección son estatutarias y correspondió a la dirección temporal del sindicato establecerlas. Las anomalías que se detecten en el proceso deberán denunciarse ante la propia STPS, quien las analizará y dictaminará su procedencia, en términos del propio estatuto sindical. El antecedente inmediato fueron las elecciones de los comités ejecutivos locales para las 36 secciones sindicales, que sí se desarrolló presencialmente.

Otra novedad del proceso consistió en la presentación de los candidatos en las llamadas conferencias mañaneras del presidente (del 24 al 28 de enero), para que en el término de 5 minutos, presentaran la síntesis de sus programas y propuestas, no solo a los trabajadores, sino de manera pública. Se trató de 25 trabajadores que lograron cumplir los requisitos estatutarios y registrarse para la elección, en el plazo establecido en la convocatoria. Ellos disputarán el cargo en condiciones muy distintas a las que hasta la fecha habían privado en el sindicato.

Y es en este punto donde conviene hacer algunos comentarios. Independientemente del desarrollo del proceso electoral, escuchar a los aspirantes al cargo hacer la caracterización de su sindicato y presentar públicamente las propuestas que plantean para permitir su avance, permite tomar el pulso a una parte muy importante del movimiento sindical en nuestro país. Cabe señalar que el STPRM cuenta con cerca de 90 mil trabajadores sindicalizados (según el padrón público 2021 más reciente), distribuidos en alrededor de 500 centros de trabajo en toda la República, y agrupados en 36 secciones sindicales. Extraoficialmente se considera que Pemex actualmente emplea de manera directa a más de 120 mil trabajadores en total, incluyendo al personal de confianza y transitorio. Existen, además, múltiples empresas que desarrollan trabajos para Pemex de manera permanente, algunos de cuyos trabajadores son “socios” del sindicato.

1. Autonomía sindical. De inicio, es de notar que varios aspirantes emplearon parte de su tiempo en señalar al candidato Ricardo Aldana Prieto (actual secretario tesorero de la organización), como el candidato “oficial”, y de ser el designado por la hegemonía charra para continuar el control que por décadas ha ejercido en el sindicato.

Desde hace años el STPRM y sus dirigentes han ocupado reiteradamente espacio en los medios, al ser señalados en múltiples denuncias (la mayoría mediáticas y solo algunas judiciales) y, sin embargo, gozan de impunidad. Sin embargo, desde el punto de vista sindical, el asunto podría resolverse logrando la restauración de la vida sindical democrática y aplicando —si es procedente—, el estatuto. Sugerir otra cosa implicaría la intromisión del Estado en la vida sindical. La impunidad de los charros constituye un pendiente judicial, que sí es responsabilidad del propio Estado.

Otro tanto ocurre con las reiteradas denuncias que hicieron los candidatos acerca de la inequidad de las elecciones, así como de la “ilegalidad” de ciertas postulaciones, principalmente la de Aldana. El problema es grave, cuando no solo la mayoría de los trabajadores, sino varios de los aspirantes demuestran desconocer sus estatutos vigentes (ya que estos se han modificado, siempre para favorecer el control de los charros). Esa situación debe superarse también por los propios trabajadores, mediante la organización de las diversas disidencias, que tendría que estar enfocada en este momento en disputar la elección y ganarla inobjetablemente, o bien, en consolidarse como una opción viable en la vida del sindicato, con un proyecto propio e independiente. Es evidente que de los 25 candidatos varios hayan sido postulados como “relleno”, impulsados por los charros para restar votación a los opositores reales, pero aún así, son demasiados los contendientes y realmente pocas las alternativas.

2. Las elecciones son la oportunidad para reflexionar y discutir acerca de la organización sindical y sus experiencias y analizar críticamente la situación a partir del rescate de sus efímeras victorias y sus amargos retrocesos, pero también planteando las propuestas políticas correspondientes. No obstante, los 25 aspirantes presentaron prácticamente los mismos reclamos y demandas, por lo que la mayoría de sus propuestas resultaron reiterativas y hasta coincidentes con las de su principal adversario.

Independientemente del resultado de la elección, es claro que los petroleros necesitarán de alianzas para alcanzar esa anhelada transformación, a la que casi todos los candidatos aludieron. Pero la unidad debe expresarse organizadamente y no solo mediante declaraciones. En las presentaciones fue evidente que varios aspirantes no se conocían entre sí, por lo que es posible que tampoco lo sean por los demás trabajadores, mucho menos los grupos a los que representan o participan (varios incluso carecen de organización o corriente sindical interna, sino que participan en la elección a título individual, sin ninguna representatividad). Dos de ellos manifestaron su adhesión a la vieja corriente “quinista” pero, a pesar de contar con «los 50 mil millones de dólares en fideicomisos que ‘la Quina’ dejó en los diferentes bancos de México», como aseguró la última candidata en su presentación, no ponen a disposición de los trabajadores algún medio para consultar sus propuestas. No dieron a conocer, por ejemplo, algún proyecto de Prensa Obrera independiente.

3. Sobre el Programa. Tocó a Aldana (por el orden alfabético) presentar primero lo que denominó “su programa de trabajo”, con planteamientos tan demagógicos como efectivos para muchos de los petroleros «…defender el CCT, elevar la calidad de vida de los petroleros y sus familias, incrementar la productividad laboral y un nuevo modelo de operación de la oficina de la secretaría general» y remató sin el menor asomo de pudor: «Vamos por un nuevo Pemex y vamos por una nueva organización».

Ricardo Aldana demuestra ser un auténtico charro sindical (“con más de 40 años de servicio”) pero, como tal, su peor “pecado sindical” no es la corrupción que se le imputa, sino el resultado de esta, es decir el sometimiento —y el del sindicato—, al poder político y económico, en perjuicio no solo de los trabajadores, sino de la empresa pública (hoy productiva del estado). Aldana, en su calidad de miembro delegado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), participó en la 19 asamblea nacional en la que se modificaron los estatutos de dicho partido para eliminar toda referencia a los artículos 27 y 28 constitucionales, que preservaban explícitamente para la Nación el dominio sobre los energéticos. Después de aprobar las modificaciones (por aclamación), de manera hipócrita, rechazó el texto y hasta propuso eliminarlo. Su propuesta era una simulación y la “perdió”. Es evidente que este individuo no debería encabezar al sindicato, pero el problema es constituirse en alternativa, cuando la oposición actúa dispersa e improvisadamente, sin un verdadero programa.

4. Prácticas obsoletas. Han transcurrido más de 100 años de lucha de los trabajadores en México y el charrismo sindical aún predomina en todos los órdenes, fundamentalmente por la complacencia de los trabajadores, adormecidos en sus organizaciones. Parte del problema es el empirismo, la improvisación y el espontaneísmo. El STPRM es prueba palpable, como en el propio sector de la energía lo son el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, o el casi extinto Sindicato Mexicano de Electricistas, cuya decadencia plantea una seria advertencia a los trabajadores petroleros: aún los sindicatos poderosos, están anquilosados en una práctica sindical obsoleta y desclasada y pueden caer.

Otros sindicatos grandes, que se consideran “progresistas”, han optado por contemporizar con el capital, asumiendo cuestionables liderazgos que los acercan cada vez más al charrismo y los alejan de su clase. Allí están, entre otros, los telefonistas y los mineros (con sus líderes eternos), sumando conflictos y derrotas mientras que en otras áreas de sus respectivas industrias, miles de trabajadores a nivel nacional desconocen de derechos e, inclusive, si pertenecen a un sindicato. La alternativa sería crear el Sindicato de las Telecomunicaciones y el Sindicato de la Minería y la Metalurgia, pero no forma parte de su política.

5. La problemática de los trabajadores y la disidencia. Las presentaciones de los petroleros disidentes transcurrieron sin que se plantearan a fondo cuando menos los problemas candentes de los petroleros. Tal es el caso del contratismo, al que ni siquiera se mencionó y que ha provocado el cese de miles de trabajadores en Pemex durante las últimas décadas. Nadie hizo propuestas concretas que implicaran la recuperación de las funciones que les han sido arrebatadas, para desarrollarlas por administración directa y eliminar el contratismo. Los charros “resolvieron” el asunto a su modo hace años: cobran un porcentaje por las obras que se entregan a los contratistas y además pactan con los empresarios que sus trabajadores “coticen” al sindicato.

Ante la reciente adquisición por parte de Pemex de una refinería en Texas, fue lamentable escuchar a un sonriente aspirante a la dirección del sindicato, expresar su “sueño” por irse a trabajar a Deer Park y obtener la doble nacionalidad. Otros candidatos perciben dicha refinería como la oportunidad de “aprovechar la tecnología y experiencia” y adquirir “los conocimientos especializados y transferencia de tecnología para aplicarse en las refinerías de Pemex”. Sería más factible pugnar por la recuperación de sectores importantes que les han sido arrebatados en nuestro propio país.

Relacionado con lo anterior, existen trabajadores “transitorios” en Pemex, con años de servicio. Para resolverlo un candidato hizo una propuesta “radical”: “Proponer la basificación”. Otro planteó crear “un escalafón para transitorios” y uno más anunció que revisaría las “reglas de los escalafones supernumerario (…) y derecho preferencial”; mientras que uno más aseguró que propondrá “que los socios transitorios con más de 10 años de antigüedad puedan también participar (sindicalmente)”. El caso es que en Pemex existe un Contrato Colectivo, pero subsisten formas de contratación y condiciones a margen de éste y, hasta hoy, la organización sindical no ha sido capaz de unificar las condiciones laborales. Por lo escuchado, seguirá igual.

En otro tema aún más grave, varios aspirantes coincidieron en proponer que el sindicato vuelva a ser parte del consejo de administración de Pemex, demostrando ingenuidad y desconocimiento de la historia. Coadministrar no es política para los trabajadores, como quedó demostrado cuando Lázaro Cárdenas intentó instaurar una “administración obrera” en Pemex, después de la nacionalización. La experiencia fracasó, porque en la práctica representa una grave contradicción: ante los trabajadores la dirección sindical se convirtió en representante de la empresa y del gobierno y, para estos, seguía siendo el representante de los trabajadores. Más recientemente, en 2009, cuando se instaló el consejo de administración de Pemex, el sindicato estuvo representado por Aldana y otros 4 “consejeros representantes” ¿Qué hicieron? convalidar la entrega de la industria petrolera de los mexicanos al capital privado, principalmente extranjero.

6. Los principios de lucha. También fue reiterado el llamado de los opositores a renovar su organización a partir de esta elección, refiriéndose principalmente a los aspectos laborales. Más bien el sindicato (y los aspirantes a dirigirlo) precisa de plantearse la lucha política, desarrollar la conciencia de los trabajadores, ampliar su visión y superar la ideología burguesa que los aparta de sus deberes de clase. Varios candidatos plantearon la necesidad de fomentar la capacitación, alguno propuso capacitar a los “funcionarios sindicales”, «para que estos tengan reconocimiento en la aplicación correcta del contrato colectivo y de los estatutos generales y el trato hacia los trabajadores». No basta la capacitación laboral y (o) sindical, es indispensable la formación y la educación política, el acceso a la cultura obrera, pero ninguno de los aspirantes mostró tal visión.

El sindicalismo gremialista (o en este caso de empresa) ha sido rebasado por la realidad capitalista, en el caso de la energía por ejemplo, la industria petrolera enfrentará una severa transformación en un futuro no tan lejano, sea por el agotamiento de los hidrocarburos, o por la tendencia a reducir el uso de estos como energético primario (como combustible). La reducción de la demanda determinará nuevos retos para los trabajadores petroleros. Es lógico prever que, en un horizonte de al menos tres décadas, el sector petrolero comenzaría a dejar de ser una rama estratégica del sector energético, para trasladar su peso a otros sectores. Evidentemente entonces repercutirá la entrega de la petroquímica secundaria, privatizada a partir de 1995 pero, en este contexto, convocar a la fundación de un Sindicato de la Energía permitiría a los petroleros trasladar su conocimiento a otras áreas del sector energético. La renovación del STPRM tendría que considerar y prepararse ya para retos como este e incorporarlos a sus principios de lucha hacia la reorganización del movimiento obrero.

En conclusión, la unidad de los petroleros tendría que concretarse en un programa para ser evaluado y reformulado por todos los trabajadores. Pero ninguno de los candidatos lo divulgó, si es que lo tenía, aunque una candidata aseguró que requeriría de “unos cinco programas de tiempo completo” para dar a conocer el suyo. Se confunde programa con enlistar las demandas y problemas de los trabajadores. En estas condiciones, para la oposición —gane o pierda la elección—, el camino es aún largo y comienza por construir una organización amplia, con presencia en todos los centros de trabajo y a todos los niveles, que permita la difusión de su programa y hacer el consenso de este. Se requiere reconstruir al movimiento petrolero democrático y en ese empeño no caben nuevos charros ni tendencias ingenuas u oportunistas que, convencidos de que “las bases” prefieren el continuismo, pronto se someten.

Así, el triunfo más importante para la oposición consistirá en salir unificada y fortalecida de esta elección, para constituirse en una verdadera corriente democrática petrolera, con la fuerza política suficiente para liberar a los trabajadores del charrismo.

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Energía en México, las luchas (del) porvenir



Energía en México, las luchas (del) porvenir.

CE, Intervención y Coyuntura

Siendo varios los aspectos de la vida pública que requieren ser transformdos para recuperar el rumbo de la nación mexicana —algunos urgentes, como las reformas del poder judicial y del sistema electoral—, ordenar y controlar la privatización ventajista de los recursos energéticos del país es una necesidad estratégica. Habrá quien proponga (no sin falta de razón) que es prioritario re-nacionalizar el sector. No obstante es necesario entablar un debate al respecto para que, llegado el caso, a los mexicanos no les quede duda de por qué las empresas estratégicas deben ser propiedad de la nación —no de los gobiernos en turno—, y nunca más se vuelva a ceder su propiedad.

El gobierno de la 4T ha planteado en primera instancia que, en lo inmediato, es necesario que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex) recuperen la rectoría en materia energética. No faltará a quién le parezca poco, sin embargo ello requerirá de una reforma constitucional para deshacer el enredo que deliberadamente se creó con la llamada «Reforma Energética», acordada por la partidocracia neoliberal. Asimismo, es hasta ahora, con el ascenso del gobierno de la 4T, que se ha logrado el control efectivo de los precios de los combustibles, sin adquirir endeudamiento ni perjudicar los derechos de los trabajadores.

No es sencillo, pero en ese hipotético debate sería interesante escuchar a los defensores del libre mercado tratar de justificar la entrega del patrimonio nacional y el deterioro en que colocaron a CFE y Pemex, a cambio de las promesas vacías de aquella contra-reforma a la Constitución.

Uno de los argumentos utilizados por los privatizadores, sus expertos e intelectuales, fue precisamente la corrupción e ineficiencia de las empresas públicas. ‘Los mexicanos pagan un servicio eléctrico muy caro, directamente a través del recibo por consumo e, indirectamente, mediante sus impuestos’, se aseguraba, repitiendo una y otra vez que diversos ‘subsidios disfrazados y regresivos’ escondían pagos indirectos para sostener la ineficiencia de CFE y Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y cubrir los costos de sus costosas nóminas y corruptas dirigencias sindicales.

Ríos de tinta corrieron al respecto en sesudos análisis, libros y artículos de prensa (1). Hoy sabemos que, para subsidios disfrazados, no hubo otros como los que por años se otorgaron a industriales y empresarios, que no pagaban la luz (ni los impuestos, se les condonaban, como un estímulo a su actividad), o a tantos municipios a los que se les perdonaban los adeudos, con grave afectación a las finanzas públicas.

Otro argumento privatizador fue: ‘sin las cuantiosas transferencias del gobierno, esas empresas quebrarían‘; ello, omitiendo mencionar que todas fueron sometidas a un régimen fiscal diseñado para descapitalizarlas, y que tales transferencias no compensaban lo que se les extraía.

No se debe olvidar que tales ideas fueron introyectadas en parte de la sociedad, mediante abrumadoras campañas mediáticas, mediante el control de la llamada opinión pública, léase la prensa al servicio de las corporaciones. Así, no solo desmantelaron a CFE y a Pemex, para hipotéticamente «dotarlas» de una estructura administrativa similar al supuestamente exitoso modelo de una empresa privada, sino que además desaparecieron a la otra empresa paraestatal, Luz y Fuerza del Centro, sin reconocer jamás que la corrupción e ineficiencia que las agobiaba, derivaban en gran medida del mal manejo de sus funcionarios y charros sindicales cómplices, impuestos por el mismo gobierno neoliberal para acabar con ellas. Hoy se ventila en los juzgados que la propia contra-reforma energética fue aprobada mediante sobornos, pasando por encima de la opinión y argumentos de una numerosa oposición que obligaba, cuando menos, a realizar una consulta a la ciudadanía, misma que impidieron.

Mientras, otro tanto ocurría en Pemex, donde el robo de combustibles estaba institucionalizado, ya que fluía desde sus propias instalaciones y se controlaba desde la mismísima torre corporativa. Cuantiosos robos de gasolina, gas e incluso petróleo crudo fueron denunciados por los trabajadores, sin que las sucesivas administraciones hicieran otra cosa que reprimir a los denunciantes. Operaba toda una red de robo y venta clandestina de energéticos, al amparo de los propios funcionarios y de la cúpula sindical.

Es con el gobierno actual, que todas estas fechorías se combaten y previenen, dando como resultado una estabilidad en precios, como hace mucho no se veía. Pero hace falta más. El sometimiento de los energéticos al modelo de libre mercado ha traído como consecuencia que las empresas públicas del sector quedaran a merced de diversos organismos «reguladores», dedicados a impedir la rectoría del estado en la materia para proteger la economía nacional. Por ello hay que modificar la Constitución, que reformaron regresivamente los partidos neoliberales.

No obstante, la elección de julio pasado estableció el marco en el cual habrá de desarrollarse la 4T en la segunda mitad del sexenio. Construir una mayoría “calificada” en las cámaras para restituir plenamente en la Constitución dicha rectoría, requerirá de alianzas cuyos resultados son inciertos. No es realista contar con el voto consciente, resultado del debate, de los diputados de oposición, que actúan siempre facciosamente y por consigna, en contra de toda propuesta transformadora. Queda entonces la vía de la movilización popular para impulsar políticamente reformas que fortalezcan a las empresas públicas ¿Es eso posible?

En primer lugar, vale retomar la situación de los trabajadores del sector, cuyas dirigencias charras (2) no solo se aliaron, sino que se asociaron desde un principio a la propuesta privatizadora neoliberal para recibir su tajada, y para no perder sus privilegios e incluso ampliarlos, como sucedió con la adhesión forzosa a sus organizaciones de todos los trabajadores de las nuevas plantas privadas de generación eléctrica y de las nuevas instalaciones petroleras y gaseras. Tal fue su premio: reiterar el respaldo del Estado neoliberal al sindicalismo corporativista, charro. Obvio decir que las condiciones de trabajo para esos nuevos agremiados no solo no se mejoraron, sino que por el contrario, fueron reducidas aún más, acorde a los intereses de los nuevos dueños.

Y es que las cúpulas de los sindicatos del sector, el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM) y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) no se han caracterizado históricamente por tener vocación patriótica, ni tampoco nacionalista. Aunque al interior de estas organizaciones existen sectores democráticos, sensibles a la importancia de sus empresas y a los intereses nacionales, dada su dispersión, estos contingentes terminan siendo víctimas del control charro. Baste recordar el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), la agrupación más antigua del sector, que hoy sobrevive precariamente, debatiéndose entre convertirse en una sociedad cooperativa “multiusos”, o resignarse a ser un apéndice de la privatización eléctrica, ‘asociado’ a una empresa transnacional.

La historia del sindicalismo en el sector de la energía podría sintetizarse en el caso del SME. De ser un sindicato orgulloso y combativo en sus orígenes, en lucha no solo por sus derechos laborales, sino en defensa de los usuarios del servicio eléctrico y en contra de los abusos de las empresas privadas de entonces, que luego de la nacionalización desvió su rumbo, iniciando su declive a partir de su lamentable alianza con el régimen encabezado por Carlos Salinas de Gortari, iniciador del neoliberalismo en México y de la privatización eléctrica. Solo el paréntesis que representó la lucha en contra de las propuestas privatizadoras de Ernesto Zedillo revivió, transitoriamente, la tradición de lucha del SME, encabezado entonces por Rosendo Flores Flores, para después hundirse de nuevo en la apatía y la grilla sindical que condujeron a la desaparición de Luz y Fuerza, luego de un estéril enfrentamiento con el Estado.

Los sindicatos de la energía, habiendo vivido momentos gloriosos de lucha, jamás se plantearon simultáneamente la unidad sindical democrática como objetivo. Las nacionalizaciones eléctrica y petrolera se concretaron en su momento por la iniciativa y con la movilización de los trabajadores desde la base. Ambas contaron con amplio apoyo popular. No obstante, pasada la efervescencia, el auge de la lucha fue controlado y extinguido por el charrismo, en complicidad con la acción represiva del Estado. Lo mismo sucedió con otros movimientos.

¿Cuál entonces podría ser el alcance de las reformas posibles en materia energética? Cuando menos, recuperar la rectoría del Estado, evitando que los privados lo sigan controlando. Hoy, los trabajadores sometidos en sus propios sindicatos tienen la opción de actuar en su calidad de ciudadanos para impulsar tal cambio. Pero para recuperar el patrimonio de la nación y evitar la repetición, es necesario avanzar otro paso: es impostergable librarse, conscientemente y de una vez por todas, del charrismo, conquistar su independencia política y hacer posible la unidad democrática de los trabajadores en el sector de la energía, para crear las condiciones hacia una re-nacionalización efectiva y duradera.

(1) Para un verdadero catálogo de ideas afines a los supuestos beneficios de la economía de mercado sobre el modelo plasmado en la Constitución, hasta antes del período neoliberal, puede consultarse «La reforma cautiva. Inversión, trabajo y empresa en el sector eléctrico mexicano», Hernández, C. Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. CIDAC, México, 2007. Disponible en: http://cidac.org/esp/uploads/1/LaReformaCautiva.pdf

(2) Término que lejos de ser un adjetivo, es hoy toda una categoría que caracteriza a las mafias de supuestos “lideres” obreros, exageradamente enriquecidos y políticamente impunes. Las fechorías de los “charros” del sector energético están ampliamente documentadas por el propio doctor Hernández en un extenso capítulo de su libro (ver nota anterior), titulado “Los mecanismos de la improductividad”, en donde ésta, la improductividad, es atribuida exclusivamente a la estructura de los Contratos Colectivos de trabajo del sector, muy especialmente el de la extinta LyFC. Cierto que en la defensa de los derechos y condiciones de trabajo faltó, luego de la nacionalización, la visión modernizadora necesaria para mantener su desarrollo. Pero los excesos cometidos por las cúpulas sindicales —que a fin de cuentas “canjean” durante la negociación las prestaciones de los trabajadores por sus propias canonjías—, en contubernio con las autoridades y a espaldas de los trabajadores, derivaron en turbios negocios en los que se favorecían diversos actores, como lo demostró la llamada reestructuración salvaje de dichas empresas, luego de la cual siguieron exhibiendo los mismos vicios.

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La UNTA ingresa demandas contra Rappi



La UNTA ingresa demandas contra Rappi

Miguel Meléndez

Comisionado de Comunicación de la UNTA

El pasado lunes 12 de julio, la Unión Nacional de Trabajadores por Aplicación (UNTA) ingresó dos demandas contra la aplicación de reparto Rappi. La primera de ellas, en materia penal, fue recibida por la Fiscalía General de la República; la segunda, por la vía laboral, fue ingresada en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. Estos hechos inauguran una nueva etapa en la lucha de los trabajadores por aplicación, ahora, con sindicato a la cabeza.

La UNTA es un sindicato de reciente creación. Obtuvo el registro no. 7405 a nivel federal el pasado 20 de abril del año en curso ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Este sindicato es el primero dedicado a la defensa de los trabajadores por aplicación, principalmente, de repartidores y conductores en México.

Nuestro sindicato ha interpuesto una denuncia de hechos en representación colectiva contra la empresa Tecnologías Rappi, S.A.P.I. de C.V. Con ella, declara la asesora jurídica de la UNTA, se pretende que la famosa empresa de reparto por aplicación responda a los daños patrimoniales que les ha ocasionado a los repartidores mexicanos durante años. Por ello, la denuncia de hechos argumenta que la empresa colombiana ha incumplido con la norma mexicana federal en distintos ámbitos, tales como, por ejemplo, los derechos al consumidor, las leyes federales del trabajo, así como las leyes federales de hacienda y del servicio de administración tributaria. A través de esta denuncia se pretende que la Fiscalía General de la República realice una investigación exhaustiva del actuar de la empresa trasnacional Rappi, con el fin de evidenciar las lagunas de la ley por las cuales dicha empresa evade, tanto el pago impuestos, como sus obligaciones patronales.

De igual manera, se presentó una segunda demanda por reconocimiento de relación laboral. El Secretario General de la UNTA, Sergio Guerrero, manifestó que esta demanda exige el cumplimiento de los derechos laborales de los repartidores de Rappi, lo cual implica el reconocimiento de la relación de subordinación de los trabajadores frente a la empresa. De este modo queda patente que la pérdida de derechos de los trabajadores de reparto es el resultado del encubrimiento de una relación mercantil a través de los términos y condiciones de las aplicaciones, mediante los cuales, niegan el hecho de la relación subordinada del trabajo. Por medio de este artilugio, las empresas de aplicación evaden sus responsabilidades patronales manteniendo a los trabajadores en la precariedad, sin derechos y sin prestaciones.

Además de ello, Sergio Guerrero extendió una invitación dirigida a todos los trabajadores y colectivos del gremio de repartidores por aplicación para participar democráticamente en la vida de la UNTA. Asimismo, consideró que tras casi cuatro años de la formación de los primeros colectivos del movimiento de repartidores, no se ha logrado la mejoría de las condiciones laborales. Por lo tanto, es hora de que todo el gremio se organice alrededor de la Unión Nacional de Trabajadores por Aplicación, pues es el instrumento idóneo y tiene la capacidad efectiva para conquistar los derechos de los repartidores.

Ante tal acontecimiento, hacemos un llamado a todas y todos los trabajadores registrados en la aplicación Rappi con cuentas activas, desactivadas o con adeudos, a que se sumen a la exigencia de nuestros derechos. A través de nuestra página de Facebook ( www.facebook.com/UNTAMexico ) podrán ponerse en contacto con nosotros para recibir sus casos y buscar la forma de solventarlos.

¡No más entregas sin derechos!

¡Juntxs somos fuertes!

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UNTA: un sindicato democrático. Entrevista a Sergio Guerrero, Secretario General de la UNTA



UNTA: un sindicato democrático. Entrevista a Sergio Guerrero, Secretario General de la UNTA*

Christian Terrazas Sánchez

Como punto de partida, Sergio Guerrero líder de la UNTA, expresó que el objetivo principal del sindicato es mejorar las condiciones laborales y de vida de las y los trabajadoras por aplicación. Ya que estos se encuentran en una indefensión total. Es bien sabido que las empresas de aplicaciones por la relación que mantiene con sus trabajadores se deslindad de toda responsabilidad para con ellos.

En cuanto a la organización, Sergio comentó que el crecimiento del sindicato ha sido orgánico, y por ser un sindicato de reciente creación, éste sigue en plena conformación y planeación. También manifestó, que la organización tiene que ir de la mano de los principios democráticos y de transparencia.

Sin embargo, también contó que se tiene toda la disposición para que los trabajadores que se vayan afiliando se integren de manera activa al funcionamiento del sindicato. Comentó que como han ido trabajando y ha resultado muy beneficioso, es delegando tareas a los diferentes miembros que conforman el sindicato, dijo, que los problemas del gremio son muy especiales y particulares y que no se cuenta con una guía o referencia de la cual poder ayudarse por lo que se está innovando en el tema de la organización. Por otro lado, comentó que derivado de un proceso de planeación y de reconocimiento de las actividades más urgentes, se ha llegado a la conclusión de que las acciones jurídicas son de máxima prioridad para poder transformar las relaciones de trabajo. Por lo que los esfuerzos y recursos humanos se han concentrado sobre todo en el departamento jurídico, conformando comisiones. Se pretende que estas comisiones se encarguen de un área específica del departamento jurídico y resuelvan las necesidades de su área teniendo el contacto con las autoridades pertinentes. Sergio expresó que este modelo se replicaría para los demás departamentos del sindicato.

Por otro lado, también manifestó que ha existido un despertar en la conciencia política de la población. Expresó que los trabajadores ya no aceptan prácticas antidemocráticas y que las organizaciones que se resisten a estas nuevas disposiciones están condenadas al fracaso y su extinción. Enfatizó que es una lástima que tuvo que llegar la reforma laboral del 2019, la cual contempla la democratización de los sindicatos para obligar a estos a democratizarse y que no fuera por voluntad y necesidad propia. Expresó que la UNTA con o sin reforma será un sindicato democrático, ya que ésta es una convicción propia que emerge de nuestros principios éticos y como necesidad fundamental para el buen funcionamiento de todo sindicato.

Por último, el Secretario manifestó que el sindicato está conformado por una generación joven, los cuales tienen muy presente los errores del pasado y no los quieren repetir, puso sobre la mesa que esta generación nueva que conforma al sindicato es la que pone resistencia a las prácticas corruptas y charras en la que muchos sindicatos anteriores cayeron. Acentuó que es de suma importancia que los miembros del sindicato participen activamente para que impulsen al sindicato siempre a la democratización. UNTA, dijo para finalizar, será siempre un sindicato que tenga como principal objetivo la el bienestar de los trabajadores, que dará la apertura para que participen activamente en el funcionamiento del éste y donde se consultara, escuchar y será tomada en cuenta la voz de todos sus miembros.

Breve Contexto histórico del sindicalismo en México

Desde el siglo XIX el sindicalismo ha servido como instrumento fundamental para que las y los trabajadores pudieran mejorar de manera real y efectiva sus condiciones de trabajo. La organización de sindicatos ha sido el vehículo por el cual los trabajadores se podrían defender de la patronal exigiendo la reducción de las jornadas de trabajo, mejora en los salarios, el cuidado de las condiciones de salud e higiene, etc.

   México no fue la excepción de este movimiento por mejorar las condiciones de las y los trabajadores. La historia del sindicalismo en el país la podemos situar desde la segunda mitad del siglo XIX, donde las y los trabajadores comenzaron a organizarse para exigir mejoras ante las pésimas condiciones de trabajo en las que se encontraban. Ya desde este período podemos encontrar diversas organizaciones, principalmente de obreros de la industria textil, cafetera, azucarera y con una gran fuerza de la minera.

Para inicios del siglo XX la situación se radicalizó Si bien para este período existió cierta estabilidad gracias principalmente al considerable desarrollo económico producto de la inversión extranjera, por un lado, y dos, al control político sostenido por la represión ejercida a diversos grupos que se oponían y resistían la dictadura del presidente Porfirio Díaz, el malestar social fue la característica principal por la que se distinguió este período, pues la modernización del país y el auge económico sólo mejoró la condición de la elite de ese momento, sin embargo, la mayor parte de la población seguía sumergida en la miseria.

El descontento de la mayor parte de la población era tan grande, que las luchas en contra de la represión, miseria, pésimas condiciones de trabajo y la dictadura en general se fueron intensificando a tal grado que llegarían a desembocar en la Revolución mexicana. Estas luchas fueron lidereadas principalmente por obreros y campesinos. Las huelgas de Cananea en 1906 y de Río Blanco en 1907 son claro ejemplo de la resistencia y combate a la dictadura de Díaz.

Durante el período revolucionario existieron mayores condiciones para que las y los trabajadores se pudieran organizar y formar sindicatos. Desde luego, esto no quiere decir de ninguna manera que ya no se tendría que seguir luchando para seguir mejorándolas. Sin embargo, esto permitiría que la clase obrera y campesina se pudiera organizar con mayor fuerza y libertad permitiendo que su voz y demandas fueran escuchada con mayor seriedad. Esta situación permitió que diversas exigencias de la clase trabajadora para mejorar sus condiciones fueran atendidas logrando incluso que se pudieran plasmar en la Constitución de 1917, principalmente en artículos como el 123, donde se estipula el derecho al sindicato, derecho a huelga y jornadas de trabajo de 8 horas.

 El subsiguiente desarrollo del sindicalismo mexicano estuvo enfocado en hacer efectivo lo que formalmente ya se había estipulado y en seguir mejorando las condiciones de trabajo y de vida de las y los trabajadores. Sin embargo, el camino por la conquista de estas mejoras para la clase trabajadora no sería nada terso, éste estaría lleno de contradicciones, fracasos y traiciones que llevarían a la fragmentación y crisis del sindicalismo mexicano. 

El desprecio al sindicato

La historia oficial se ha encargado de resaltar y difundir a través de todos los medios posibles sólo una parte de la historia del sindicalismo en México. Ésta se enfoca con mayor fuerza sólo en la parte de los fracasos y derrotas que ha sufrido el sindicalismo. La autocritica de quienes estamos interesados y comprometidos con la verdad no nos permite olvidar esta parte de la historia.

Es verdad que muchos de los sindicatos mexicanos desarrollaron relaciones clientelares y corruptas que sólo beneficiaban a las élites políticas y económicas del país. Las prácticas antidemocráticas se convirtieron en la constante al interior del sindicato, transformando a las bases en un instrumento al servicio de la dirigencia, los cuales no tomaban en consideración las necesidades de los trabajadores y sólo utilizaban al sindicato para fines personales como conseguir puestos en el gobierno o enriquecerse.

Esta dimensión la historia es la que se cuenta con mayor frecuencia. Es esta parte la que hace que el sindicalismo mexicano sufra un gran desprestigio y hasta cierto desprecio.

Sin embargo, esa no es toda la historia; el sindicalismo en México esta lleno de triunfos y glorias que no deben de ser olvidadas. La lucha sindical en las décadas pasadas sirvió como el principal bastión de la resistencia de los trabajadores del país, muchas de las mejoras en las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores son logros de la lucha sindical. Es imposible imaginar el alza de los salarios, disminución de la jornada laboral, seguridad social como derecho al servicio médico, prestaciones como vacaciones pagadas, aguinaldo, entre muchas otras sin la lucha sindical. Si bien, como ya mencionamos el Estado incorporo o subsumió al sindicato a su organicidad limitándolo en muchos aspectos, éste nunca dejo de luchar por su emancipación, su auto organización e independencia. Sin embargo, es la parte que desfavorece a los sindicatos la que se reproduce con mayor regularidad y se interioriza por un gran grueso de la población provocando desconfianza y desprecio por los sindicatos. El gremio de los trabajadores de plataformas digitales no son la excepción y un gran número de ellos ven con recelo conformar o unirse a un sindicato.

*Las ideas expresadas en cada uno de los artículos es responsabilidad de los autores.

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