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Segunda parte del Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de «Psicología de masas del fascismo»



Segunda parte del Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de Psicología de masas del fascismo

Reich y la persistencia del fascismo II

Raúl Soto

Aquí las páginas finales del Prefacio a la tercera edición revisada y ampliada de Psicología de masas del fascismo, escrito por Wilhelm Reich en 1942. El libro no fue publicado hasta 1946 en Nueva York por su editorial Orgone Institute Press y basado en algunas referencias contextuales sin duda Reich retocó el prefacio dicho año. La primera parte de mi traducción del prefacio fue publicada el 24 de noviembre de 2022.

Las páginas ahora traducidas incluyen nuevos conceptos reichianos, como por ejemplo la democracia del trabajo, desarrollados después de publicar Psicología de masas del fascismo en Alemania (1933), durante su exilio en Escandinavia y los EE UU. También demuestran el desengaño de Reich con la política oficial del Partido Comunista de Alemania y sus dirigentes, aunque no su renuncia al materialismo dialectico, ni a otros conceptos marxistas. Debemos contextualizar las prioridades del partido comunista alemán en su lucha contra la insurgencia nazi, pero eso no justifica la expulsión de Reich del partido en 1933. Sin embargo, algunos de los argumentos de Reich reflejan su desengaño y frustración personal. Si ataca el determinismo económico del partido, él no evita caer en un determinismo psicológico, relacionado con su concepto de la economía sexual. Los ataques contra las posiciones heterodoxas formaron parte de la historia de la Tercera Internacional y muchas veces no tuvieron un asidero ideológico coherente. Haciendo una analogía con el caso Reich, podemos mencionar las discrepancias entre la ortodoxia de Vittorio Codovilla, por un lado, y las ponencias preparadas por José Carlos Mariátegui, Julio Portocarrero, Hugo Pesce y Ricardo Martínez de la Torre, por el otro, en la I Conferencia Comunista de Buenos Aires (1929). Codovilla representaba el dogmatismo de la III Internacional, mientras que los peruanos presentaron un análisis marxista de la realidad nacional. Aunque Mariátegui no estuvo presente debido a su salud precaria, Pesce y Portocarrero ‒miembros del núcleo organizador del Partido Socialista del Perú‒ defendieron las ponencias “El problema de las razas en América Latina” y “Punto de vista antiimperialista” (Ver Alberto Flores Galindo: La agonía de Mariátegui: la polémica con la Komintern, 1980).

No he encontrado un cotejo de la versión original alemana (1933) con la estadounidense de 1946, aunque en estas páginas el pensador austriaco es claro en la reformulación de algunas categorías marxistas, tratando de erigir un marco conceptual de la psicología de masas basado en su controvertida hipótesis de la energía orgón. No obstante, Reich mantiene el concepto de la conciencia falsa para explicar por qué también las clases trabajadoras apoyan el fascismo.

En mi traducción del inglés he mantenido las cursivas y comillas de Reich. En los corchetes interpolo información de contexto.

Conceptos reichianos tomados de su libro:

Análisis del carácter (Character analysis): una modificación de la técnica psicoanalítica del análisis de síntomas, por la inclusión del carácter en el proceso terapéutico.

Estructura del carácter (Character structure): La estructura típica del individuo, sus estereotipos al actuar y reaccionar. Este concepto es funcional y biológico y no un concepto estático ni moralista.

Biopatía (Biopathy): un desorden del organismo derivado de la perturbación de las pulsiones biológicas.  

Democracia del trabajo (Work-democracy): No es un sistema ideológico, tampoco un sistema político. Es la suma de todas las funciones gobernadas por las relaciones racionales entre las personas.

Economía sexual (Sex-economy): regulación de la energía biológica o la economía de la energía sexual del individuo.

Orgón (Orgone): Energía cósmica primordial. Bioenergía en los organismos vivos.

Política sexual (Sex Politics): aplicación práctica de los conceptos de la economía sexual en la sociedad y a nivel de las masas. Fue uno de los aportes de Reich a los movimientos comunistas de Austria y Alemania entre 1927 y 1933.

Sexpol: Nombre de la organización comunista alemana relacionada con la política sexual de las masas.

Prefacio a la tercera edición revisada y ampliada II

Wilhelm Reich

El libro Psicología de masas del fascismo fue pensado durante los años de la crisis alemana: 1930-1933. Fue escrito en 1933. La primera edición apareció en septiembre de 1933 y la segunda en abril de 1934, en Dinamarca.

Han pasado más de diez años desde entonces. La denuncia de la naturaleza irracional de la ideología fascista muchas veces recibió un reconocimiento entusiasmado de los diferentes campos políticos, pero no estaba fundado en un conocimiento cabal, por lo que no condujo a una acción apropiada. Copias del libro ‒a veces usando seudónimo‒ cruzaron la frontera alemana en grandes cantidades. Tuvo una buena recepción por parte del movimiento revolucionario alemán y sirvió por años de contacto con el movimiento antifascista alemán.

Los fascistas [nazis] prohibieron el libro en 1935, junto a todos los libros acerca de psicología política [incluidos ¿Que es conciencia de clase? y Materialismo dialectico y psicoanálisis de Reich]. Extractos fueron publicados en Francia, EE UU., Checoslovaquia, Escandinavia y otros países, también fue discutido en artículos. Solo los socialistas de partido, que veían todo desde un punto de vista económico y los dirigentes políticos asalariados, quienes controlaban los órganos del poder político, no lo entendieron y todavía no lo entienden. Por ejemplo, en Dinamarca y Noruega, fue duramente atacado y denunciado por los líderes del partido comunista como “contrarrevolucionario”. Por otro lado, es irónico que los jóvenes de los grupos fascistas sí entendieron la explicación sobre la economía sexual y la naturaleza irracional del racismo.

En 1942, alguien me sugirió traducir el libro al inglés. Entonces tuve que evaluar si el libro tenía vigencia después de diez años de haberlo escrito. El resultado de esta evaluación refleja la estupenda revolución en el pensamiento que ha ocurrido en los últimos diez años. Es también un examen de la validez de la sociología económica-sexual y su influencia en las revoluciones sociales de nuestro siglo [XX]. No había revisado el libro por muchos años. Cuando empecé a corregirlo y ampliarlo me sorprendí de los errores conceptuales cometidos hace quince años, debido a las revoluciones del pensamiento sucedidos y por la tremenda presión impuesta por el fascismo en las ciencias.

Para comenzar, puedo celebrar un gran triunfo. El análisis de la economía sexual de la ideología fascista no solo ha resistido la crítica del tiempo: sus puntos esenciales han sido corroborados por los acontecimientos de los últimos diez años. Ha sobrevivido la caída de la teoría puramente económica, la concepción vulgar del marxismo, con la cual los partidos marxistas germanos trataron de enfrentar el fascismo. Publicar una nueva edición después de diez años de la primera dice mucho del libro. Ninguno de los escritos marxistas de la década de 1930, cuyos autores atacaron la economía sexual, pueden decir lo mismo.

Mi revisión del libro original refleja la revolución en mi pensamiento.

Alrededor de 1930 no tenía idea de las relaciones naturales y democráticas del trabajo entre hombres y mujeres. Las ideas incipientes de la economía sexual en la formación de la estructura humana fueron insertadas en el marco intelectual de los partidos marxistas. En esa época, yo era un miembro activo de las organizaciones culturales liberales, socialistas y comunistas y estaba obligado a usar conceptos marxistas convencionales en mis trabajos acerca de la economía sexual. Incluso tuve discusiones con varios funcionarios del partido acerca de la tremenda contradicción entre la sociología de la economía sexual y el economicismo vulgar. Como aún creía en la naturaleza científica fundamental de los partidos marxistas, me era difícil comprender por qué los dirigentes del partido atacaban con virulencia los alcances sociales de mi trabajo médico, precisamente cuando masas de obreros, empleados, pequeños comerciantes, estudiantes, etc. acudían a las organizaciones de educación sexual para obtener conocimientos. Nunca olvidaré al “Profesor rojo” de Moscú, a quien ordenaron asistir en 1928 a una de mis conferencias en Viena y refutarme usando la “línea del partido”. Este profesor declaró, entre otras cosas, que “el complejo de Edipo no tenía sentido”, que algo así no existía. Catorce años después, sus camaradas rusos se desangraron hasta morir bajo los tanques de los soldados alemanes esclavizados por el führer.

Uno de verdad hubiera deseado que los partidos clamando pelear por la libertad humana estuvieran contentos por los resultados de mi trabajo político y psicológico. Los archivos de nuestro instituto demuestran que fue lo opuesto. Cuanto mayor eran los efectos sociales de nuestro trabajo en la psicología de masas, peor eran las medidas adoptadas por los oficiales del partido. En los años 1929 y 1930, los social-demócratas austriacos cerraron las puertas de sus organizaciones culturales a las conferencias de nuestra organización [la Sociedad Socialista de Educación e Investigación Sexual]. En 1932, sin hacer caso a la fuerte protesta de sus miembros, las organizaciones socialistas y comunistas prohibieron la distribución de las publicaciones de la Editorial para Política Sexual [Sexpol-Verlag], ubicada en Berlín. A mí me amenazaron con fusilarme ni bien los marxistas tomaran el poder en Alemania. Ese mismo año, las organizaciones comunistas alemanas cerraron las puertas de sus locales a los médicos que defendían los principios de la economía sexual. Esto también lo hicieron oponiéndose al deseo de los militantes. Fui expulsado de dichas organizaciones, acusado de introducir la sexología en la sociología y por haber demostrado cómo afecta la formación de las estructuras sociales. Entre los años 1934 y 1937, siempre fueron los burócratas del partido comunista los que alertaron a los círculos fascistas de Europa de los “peligros” de la economía sexual. Esto puede ser probado con documentos. Las publicaciones sobre la economía sexual fueron detenidas en la frontera soviética, al igual que innumerables refugiados tratando de salvarse del fascismo alemán. Eso no tiene ninguna justificación.

Estos hechos, que me parecieron irrelevantes durante esos años, se aclararon mientras revisaba Psicología de masas del fascismo. La teoría de la economía sexual y biológica había sido comprimida dentro de la terminología del marxismo vulgar, como un elefante dentro de una madriguera de zorros. Ya en 1938, mientras revisaba mi libro La lucha sexual de los jóvenes, me di cuenta de que cada término de la economía sexual conservaba su significado después de ocho años, mientras que cada consigna del partido incluida en el libro se había convertido irrelevante. Lo mismo sucede con la tercera edición de Psicología de masas del fascismo.

En general, hoy está claro que el “fascismo” no es el acto de un Hitler o un Mussolini, sino la expresión de la estructura irracional de las masas. Esta más claro hoy que hace diez años que la teoría racial es misticismo biológico. Tenemos también un mayor conocimiento a nuestro alcance, lo que nos permite entender las ansias orgásmicas del ser humano, y hemos empezado a comprobar que el misticismo fascista es ansia orgásmica, reprimida por una distorsión mística y por las inhibiciones de la sexualidad natural. Las ideas de la economía sexual sobre el fascismo tienen mayor validez que hace diez años. Por otro lado, las consignas marxistas partidarias usadas en el libro [de 1933] han debido ser eliminadas y reemplazadas con nuevos conceptos.

¿Significa esto que la teoría económica marxista es fundamentalmente falsa? Me gustaría contestar esta pregunta con unos ejemplos. ¿Es el microscopio de la época de Pasteur o la bomba de agua construida por Leonardo da Vinci “falso”? El marxismo es una teoría científica de la economía, originada en las condiciones sociales del principio y mitad del siglo XIX. Pero el proceso social no se detuvo ahí, continuó en el proceso completamente diferente del siglo XX. En este nuevo proceso social encontramos las características esenciales que existieron en el siglo XIX, al igual que encontramos la construcción rudimentaria del microscopio de Pasteur en uno moderno o el principio básico de da Vinci en el sistema moderno de distribución del agua. Sin embargo, el microscopio de Pasteur ni la bomba de agua de Leonardo da Vinci serían útiles hoy. Se han vuelto obsoletos como resultado de nuevos procesos y funciones coherentes con nuevas concepciones y tecnologías. Los partidos marxistas de Europa fracasaron y quedaron en nada (no me regodeo al decirlo) porque trataron de entender el fascismo del siglo XX, que era completamente nuevo, con ideas del siglo XIX. Perdieron el ímpetu como organizaciones sociales porque fracasaron por mantener viva y desarrollar las posibilidades vitales inherentes a toda teoría científica. No me arrepiento de haber pasado muchos años como médico militante en organizaciones marxistas. Mi conocimiento de la sociedad no deriva de los libros, básicamente fue adquirido por haber participado en la lucha de las masas por una existencia libre y digna. De hecho, mis mejores ideas sobre la economía sexual las obtuve de los errores de pensamiento de las mismas masas, o sea, los mismos errores que las prepararon para la plaga fascista. Pude conocer como médico al trabajador internacional y sus problemas de manera que ningún político de partido lo hubiese conocido. El político de partido solo vio a “la clase trabajadora”, a quien quería “insuflar una conciencia de clase”. Yo vi al hombre como a una criatura que había sido dominado por las peores condiciones sociales posibles, condiciones creadas por él mismo y las llevaba dentro como parte de su carácter y de las que trataba de liberarse en vano. La brecha entre las ideas puramente económicas y las bio-sociológicas se convirtió infranqueable. La teoría del “hombre de clase”, de un lado, se enfrentaba a la naturaleza irracional de la sociedad del hombre “animal”, en el otro.

Hoy todos saben que las ideas económicas marxistas de alguna manera se han infiltrado e influido el pensamiento del hombre moderno, pero muchas veces los economistas y sociólogos no son conscientes del origen de sus ideas. Conceptos como “clase”, “ganancia”, “explotación”, “conflicto de clase”, “mercancía” y “plusvalía” se han convertido en conocimiento corriente. Por eso, hoy no hay un partido que pueda ser considerado el heredero y representante viviente de la riqueza científica del marxismo, relacionada con los hechos actuales del desarrollo sociológico y no con consignas que no corresponden a la realidad.

Entre 1937 y 1939, el nuevo concepto económico sexual fue desarrollado: la democracia del trabajo. La tercera edición de este libro incluye los puntos principales de este nuevo concepto sociológico y contiene los mejores, y todavía válidos, conceptos sociológicos del marxismo. También toma en cuenta los cambios sociales del concepto “trabajador” ocurridos en los últimos cien años. Lo sé por experiencia propia que “los únicos representantes de la clase trabajadora” y los antiguos y nuevos “dirigentes del proletariado internacional” se opondrán a este concepto actualizado del trabajador, acusándonos de “fascista”, “trotskista”, “contrarrevolucionario”, “hostil al partido”, etc. Las organizaciones de trabajadores que excluyen a los negros y practican el hitlerismo no merecen llamarse creadores de una sociedad nueva y libre. El hitlerismo, sin embargo, no se circunscribe al partido nazi ni a Alemania, se infiltra en las organizaciones de los trabajadores, así como en círculos liberales y democráticos. El fascismo no es un partido político sino un concepto especifico de la vida y una actitud hacia el ser humano, el amor y el trabajo. Esto no significa que las políticas de los partidos marxistas de antes de la guerra [1939] sean irrelevantes y no tengan futuro. Así como el concepto de energía sexual fue rechazado por las organizaciones psicoanalíticas, solo para reaparecer fresco y fortalecido en el concepto de orgón; también el concepto del trabajador internacional perdió su significado en la praxis de los partidos comunistas y fue rescatado en el marco teórico de la sociología económica sexual. Ya que las actividades de los economistas sexuales solo son viables dentro del marco del trabajo socialmente necesario y no de la vida reaccionaria, mistificada e inútil.

La sociología económica sexual nació del esfuerzo de harmonizar las ideas profundas de Freud con la teoría económica de Marx. Los procesos instintivos y socioeconómicos determinan la existencia humana. Pero debemos rechazar los intentos eclécticos de combinar arbitrariamente “instinto” y “economía”. La sociología económica sexual disuelve la contradicción del psicoanálisis por haber olvidado el factor social y del marxismo, que el ser humano es un animal. Como lo he dicho en otro lugar: el psicoanálisis es la madre y la sociología el padre de la economía sexual. Pero un hijo es más que la suma total de sus padres. Es una criatura nueva e independiente, es la semilla del futuro.

De acuerdo con el nuevo concepto económico sexual de “trabajo”, he hecho algunos cambios en la terminología del libro. Los conceptos “comunista”, “socialista”, “conciencia de clase”, etc., han sido reemplazados por términos específicos psicológicos y sociológicos, como “revolucionario” y “científico”. Lo que importa es una “revolución radical”, la “actividad racional”, “llegar a la raíz de las cosas”.

Se ha tomado en consideración el hecho de que hoy no son los partidos comunistas o socialistas sino, en contradicción a ellos, muchos grupos apolíticos y clases sociales de diferentes tendencias políticas los que se están convirtiendo más y más revolucionarios, es decir, se están esforzando por conseguir un orden nuevo y racional. Se ha convertido en parte de nuestra conciencia social universal ‒y hasta los viejos políticos burgueses lo dicen‒ que, como resultado de la lucha contra la plaga fascista, el mundo se encuentra en el proceso de una agitación revolucionaria internacional. Las palabras “proletariado” y “proletario” fueron acuñados hace más de cien años para denotar a una clase completamente defraudada y condenada a una masiva pauperización. Sin duda, dichas categorías existen hoy, pero los nietos del proletariado del siglo XIX se han especializado y desarrollado técnicamente, se han convertido en trabajadores industriales indispensables y conscientes de su destreza. El concepto “consciencia de clase” ha sido reemplazado por “consciencia de mis propias habilidades” o “responsabilidad social”.

En el marxismo del siglo XIX, la “consciencia de clase” era un concepto restringido a los trabajadores manuales. Los que trabajaban en otras ocupaciones, es decir, labores sin que la sociedad no podía funcionar, eran llamados “intelectuales” o “pequeña burguesía” y eran considerados adversarios del “proletariado o trabajadores manuales”. Esta yuxtaposición esquemática y ahora obsoleta jugó un papel esencial en la victoria del fascismo en Alemania. El concepto “consciencia de clase” no es solo restringido, no abarca la estructura de los trabajadores manuales. Por esta razón, “trabajador industrial” y “proletariado” han sido reemplazados por los términos “trabajo vital” y el trabajador”. Estos dos términos incluyen a todos los que realizan trabajos vitales para la existencia de la sociedad. Además de los trabajadores industriales, incluye a médicos, profesores, técnicos, trabajadores de laboratorios, administradores sociales, granjeros, científicos, etc. Esta nueva concepción cierra la brecha que contribuyó en gran medida a la fragmentación de la sociedad trabajadora y, en consecuencia, condujo al fascismo, tanto negro y rojo.

Debido al desconocimiento de la psicología de masas, la sociología marxista enfrentó a la “burguesía” contra el “proletariado”. Esto es incorrecto desde el punto de vista psicológico. La estructura del carácter no se restringe a los capitalistas, es prevalente entre los trabajadores de todas las ocupaciones. Existen capitalistas liberales y trabajadores reaccionarios. No hay “distinciones de clases” cuando se trata del carácter. Por esa razón, los conceptos puramente económicos de “burguesía” y “proletariado” fueron reemplazados por los conceptos de “reaccionario” y “revolucionario” o “pensante libre”, que se relacionan al carácter de la persona y no a su clase social. Estos cambios no los impuso la plaga fascista.

El materialismo dialectico delineado por Engels en su Anti-Dühring se convirtió en un funcionalismo energético. Este desarrollo fue posible gracias al descubrimiento de la energía biológica: el orgón durante los años 1936-1938 [Reich se refiere a su teoría controvertida]. La sociología y la psicología adquirieron una sólida base biológica. Dicho desarrollo fue primordial en nuestro pensamiento. Nuestra amplitud de ideas cambiaron los viejos conceptos, los nuevos reemplazaron a los que habían dejado de ser válidos. El término marxista “consciencia” fue sustituido por “estructura dinámica”; “necesidad” por “procesos del instinto orgonónico”; “tradición” por “rigidez biológica y caracterológica”, etc.

El concepto marxista vulgar de “empresa privada” fue completamente malentendido por la irracionalidad del hombre; se entendió que el desarrollo liberal de la sociedad descartaba cada posesión personal. Sin duda, esto fue ampliamente explotado por los políticos reaccionarios. Es obvio que el desarrollo social y la libertad individual no tienen nada que ver con la abolición de la propiedad privada. El concepto de Marx de la propiedad privada no se refería a las camisas, pantalones, máquinas de escribir, papel higiénico, libros, camas, ahorros, casas, etc. Este concepto fue usado exclusivamente en referencia a la propiedad privada de los medios sociales de producción, es decir, los medios de producción que determinan el curso general de la sociedad. La “socialización de los medios de producción” se convirtió en una pesadilla precisamente porque la confundieron con la “expropiación personal” de pollos, camisas, libros, residencias, etc., en conformidad con la ideología del expropiado. En el curso del siglo pasado [XIX] la nacionalización de los medios sociales de producción comenzó en todos los países capitalistas, más en algunos, menos en otros.

Puesto que la estructura del trabajador y su capacidad para la libertad estaban demasiado inhibidas y no le permitieron adaptarse al rápido desarrollo de las organizaciones sociales, fue el estado que llevó a cabo esos actos reservados para la comunidad del trabajador. En cuanto a la Unión Soviética, la supuesta ciudadela del marxismo, no se puede hablar de la “socialización de los medios de producción”. Los partidos marxistas simplemente confundieron “socialización” con “nacionalización”. Se ha demostrado en esta guerra reciente [la Segunda Guerra Mundial] que el gobierno de los Estados Unidos también tiene la jurisdicción y los medios para nacionalizar las industrias pobremente administradas. Una socialización de los medios de producción, su transferencia de los dueños individuales privados a la propiedad social suena menos horrible cuando uno se da cuenta que hoy, como resultado de la guerra, solo quedan pocos dueños independientes en los países capitalistas, mientras existen muchos fideicomisos del estado. Asimismo, las industrias sociales en la Rusia Soviética no son administradas por sus trabajadores sino por funcionarios del estado. La socialización de los medios sociales de producción social no será factible hasta que las masas de los trabajadores se hayan convertido estructuralmente maduras, o sea, conscientes de su responsabilidad para administrarlas. La gran mayoría de las masas no lo desea ni está madura para ello. Además, la socialización de las grandes industrias, bajo la administración exclusiva del trabajador manual, excluyendo a técnicos, ingenieros, directores, administradores, distribuidores, etc. es sociológica y económicamente insensata. Hoy dicha idea es rechazada por los mismos trabajadores manuales. Si ese fuera el caso, los partidos marxistas ya habrían conquistado el poder en todo el mundo.

Esta es la explicación esencialmente sociológica del hecho de que las empresas privadas del siglo XIX se estén convirtiendo más y más en una economía planificada del estado capitalista. Debe decirse claramente que el socialismo no existe ni en la Rusia Soviética, sino un estado capitalista rígido, en el sentido marxista estricto. De acuerdo con Marx, la condición social del “capitalismo” no deriva, como cree el marxismo vulgar, de la existencia de capitalistas individuales sino de la existencia específica de “modos capitalistas de producción”. Resumiendo, deriva de la economía de intercambio y no de la economía del uso, del trabajo remunerado de las masas y del superávit de la producción. Este superávit se acumula para el estado encima de la sociedad o para los capitalistas debido a su apropiación de la producción social. En el sentido marxista estricto el sistema capitalista continúa existiendo en Rusia. Y continuará existiendo hasta que las masas estén motivadas irracionalmente y deseen una autoridad como ahora.

La estructura psicológica de la economía sexual agrega al punto de vista económico de la sociedad una nueva interpretación del carácter humano y la biología. La erradicación de los capitalistas y el establecimiento del capitalismo de estado en Rusia, en lugar del capitalismo privado, no ha efectuado el mínimo cambio en el típico, indefenso y servil carácter de las masas.

Es más, la ideología política de los partidos marxistas europeos se basó en las condiciones económicas especificas a un periodo de casi doscientos años, del siglo XVII al XIX, cuando las máquinas fueron inventadas. El fascismo del siglo XX, por otro lado, planteó las preguntas básicas acerca del carácter del hombre, el misticismo humano y el deseo de una autoridad, que cubrió un periodo cuatro a seis mil años. Aquí, también, el marxismo vulgar trató de meter un elefante en la madriguera del zorro. La estructura humana que le concierne a la sociología económica sexual no evolucionó en los últimos doscientos años, por el contrario, refleja la civilización patriarcal autoritaria que se remonta a miles de años. En efecto, la economía sexual sostiene que los excesos abominables de la era capitalista de los últimos trescientos años (el imperialismo depredador, la defraudación del trabajador, la dominación racial, etc.) fueron posibles solo porque la estructura humana de las masas ignorantes que han sufrido todo esto se convirtieron en dependientes de la autoridad, incapaces de ser libres y subyugadas al misticismo. El hecho de que esta estructura no sea inherente al ser humano sino inculcada por medio de las condiciones sociales y el adoctrinamiento no cambia sus efectos para nada, pero sí apunta a una salida llamada reestructuración. Si ser radical significa “llegar a la raíz de las cosas”, entonces el punto de vista de la biofísica económica sexual es, en el sentido estricto y positivo de la palabra, infinitamente más radical que el marxismo vulgar.

En consecuencia, las medidas sociales de los últimos trescientos años no pueden hacer frente a la pestilencia masiva del fascismo, ni un elefante (seis mil años) puede ser metido a la fuerza en la madriguera de un zorro (trescientos años).

Por lo tanto, el descubrimiento de biología natural de la democracia del trabajo debe ser considerada la respuesta al fascismo en las relaciones humanas a nivel internacional. Esto será verdad, así ningún economista sexual, biofisicista orgónico o trabajador de la democracia del trabajo contemporáneo viva para ver su completa realización y la victoria sobre la irracionalidad en la vida social.

Wilhelm Reich

Maine, agosto 1942




Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de «Psicología de masas del fascismo»



Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de Psicología de masas del fascismo

Reich y la persistencia del fascismo I

Raúl Soto

1. Han pasado casi 90 años desde que Wilhelm Reich publicó una de sus obras fundamentales. Psicología de masas del fascismo apareció en Berlín, en septiembre de 1933, meses después de la toma del poder por Hitler y el partido Nacional Socialista. O sea, Reich presenció la histeria colectiva creada por los nazis, pero como militante del Partido Comunista de Alemania. El resurgimiento del fascismo a nivel mundial en años recientes resalta la actualidad del libro. Nos referimos al neofascismo. Trump en los Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría y Meloni en Italia son ejemplos de la vigencia del fascismo con un rostro nuevo, aunque las premisas relacionadas a la conducta de las masas fascistas no han cambiado. Al escribir su libro, Reich estaba pensando principalmente en Hitler y, en menor medida, en Mussolini. Hitler y los nazis perfeccionaron la doctrina del Duce y la convirtieron en una maquinaria letal contra la humanidad y la cultura occidental.

2. Reich fue un heterodoxo por partida doble: del psicoanálisis y del marxismo. En Psicología de masas del fascismoaplica uno de los conceptos fundamentales de Freud. Ilse Ollendorff Reich, la tercera esposa del pensador austriaco, afirma en Whilhelm Reich: A Personal Biography: “…él estaba fascinado por la teoría de la libido de Freud y buscaba la base biológica de este concepto teórico de los impulsos sexuales. Esta investigación lo condujo a descubrir las funciones energéticas, a desarrollar su teoría del orgasmo y al descubrimiento de lo que Reich llamaba energía vital o energía orgón…” (9). Entonces, el enfoque materialista dialéctico de Reich lo motivó a buscar una explicación científica sobre la función física de los deseos sexuales. Y siendo uno de los discípulos más brillantes de Freud se convirtió en una amenaza para la ortodoxia del maestro. Reich fue un miembro importante de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y contribuía regularmente en la Revista Internacional de Psicoanálisis. En 1922, Freud estableció el Policlínico Psicoanalítico en Viena y Reich fue el primer asistente clínico hasta 1928, cuando se convirtió en el subdirector. Entre 1924 y 1930, fue el director del Seminario de Terapia Psicoanalítica, que instruía a los médicos de Europa y los EE. UU. interesados en la nueva terapia. Paralelamente, Reich empezó a estudiar las obras de Marx para entender las causas sociales de las enfermedades mentales, a la par de su militancia socialista. Según Ollendorff Reich la ruptura entre Freud y Reich empieza en 1927, debido al empeño de éste de conciliar el marxismo y el psicoanálisis: “Esta teoría la desarrolló Reich porque estaba convencido de que cada psicoterapeuta tenía la obligación no solo de curar los problemas del paciente, sino los problemas de toda la sociedad. No era suficiente curar la enfermedad mental, uno debía entender las causas sociales y, algo muy importante, su profilaxis” (21). En 1929, Reich publica Materialismo dialectico y psicoanálisis, en edición alemana (Berlín) y rusa (Moscú).

3. En 1928, Reich se afilia al Partido Comunista de Austria. Ollendorff Reich dice al respecto: “Él participaba en demostraciones, ayudaba a distribuir volantes y hablaba en los mítines y a grupos de jóvenes, mayormente sobre problemas de higiene mental. En su libro Gente en problemas escribe acerca de su increíble ingenuidad por haber creído en la fortaleza de la dedicación revolucionaria para superar a los adversarios políticos. Habla acerca de las razones de su militancia activa, de su necesidad de entender al proletariado y la reacción de las masas a situaciones políticas y presiones sociales” (16-17). Reich, coherente en su praxis política funda la Sociedad Socialista de Educación e Investigación Sexual y seis clínicas de higiene sexual para los trabajadores. Las clínicas ofrecían servicios gratuitos e información sobre el control de la natalidad, la crianza de hijos y educación sexual para niños y adolescentes. Estas actividades no fueron bien acogidas por la Sociedad Psicoanalítica de Viena ni por el partido comunista austriaco y Reich decide mudarse a Berlín en 1930.

En la capital de la República de Weimar participa intensamente en actividades profesionales y en la militancia comunista. Se afilia a la Asociación de Médicos Socialistas y organiza a jóvenes profesionales en un grupo de estudio para formar psicoanalistas materialistas dialecticos. También dictaba clases en la Escuela Marxista para Obreros. El Partido Comunista Alemán acoge las ideas de Reich sobre política sexual y organiza la Asociación Alemana para la Política Sexual Proletaria y Protección de las Madres, con una membresía que superaba los 20.000 trabajadores, así como clínicas de higiene mental. Escribe Ollendorff Reich: “La plataforma contenía las siguientes demandas como puntos principales:

a) mejores viviendas para los trabajadores.

b) abolición de las leyes contra el aborto y la homosexualidad.

c) cambio en las leyes del matrimonio y el divorcio.

d) educación para el control de la natalidad y anticonceptivos gratis.

e) servicios médicos para las madres y sus hijos.

f) guarderías en las fábricas y otros centros de empleo grandes.

g) abolición de las leyes que prohibían la educación sexual.

h) permiso de visita al hogar para los presos” (21-22).

En 1931, establece la Editorial para Política Sexual (Sexpol-Verlag) donde publica obras sobre educación sexual infantil, juvenil y de los trabajadores. La Sociedad Psicoanalítica de Berlín lo excluyó como instructor para entrenar nuevos analistas debido a su terapia heterodoxa del análisis del carácter y la Editorial Psicoanalítica Internacional rechazó publicar otro de los libros importantes de Reich. Análisis del carácter fue publicado por Sexpol-Verlag en 1933. El año siguiente, es expulsado de la Asociación Internacional Psicoanalítica por sus ideas marxistas y debido a su desviación del análisis ortodoxo freudiano.

4. La heterodoxia marxista del pensador austriaco ‒que no comulgaba con la línea partidaria oficial del partido comunista alemán‒ también alcanza su punto de ruptura en el infausto 1933. Para Reich, las neurosis sexuales no se diferenciaban entre las clases sociales. El proletariado no era inmune a los impulsos sexuales negativos, al igual que la burguesía, y esta es una de sus hipótesis que sostiene el marco teórico de Psicología de masas del fascismo. El Partido Comunista de Alemania, enfrascado en una lucha frontal contra el nazismo, no comprendió la importancia de las ideas de Reich. La moral sexual burguesa era predominante en la psiquis de la clase trabajadora: la revolución social y sexual propuesta por Reich era revolucionaria, aunque adelantada para la época. Citemos a Ollendorff Reich: “(Los dirigentes) temían que el énfasis en los problemas de higiene mental podrían debilitar el ardor revolucionario, especialmente en los militantes jóvenes. En todo caso, incluso antes de la derrota de los comunistas por Hitler, el partido repudió a Reich. Ordenó retirar todas sus obras de las librerías del partido y prohibió su venta y distribución en todas las organizaciones afiliadas al partido. Según Reich, hubo cierta oposición de parte de los militantes de base contra la orden impartida por los altos funcionarios” (23). A principios de febrero de 1933, es expulsado del partido y sale al exilio los primeros días de marzo, pocos días después del incendio del Reichstag (27 de febrero). Sus libros serán quemados por los nazis. Irónicamente, veinte años después serán prohibidos y quemados en el país más democrático del mundo. La Asociación Médica Americana y la Asociación Psiquiátrica Americana se confabularon para atacar las investigaciones científicas de Reich sobre la energía orgón en su instituto ubicado en Maine, instigando una pesquisa de la FDA (Food and Drug Administration). Un juez de Maine dictó una medida cautelar en 1954, la que culminó con la prisión de Reich, quien muere en una cárcel de Pensilvania, el 3 de noviembre de 1957.

El prefacio de la tercera edición de Psicología de masas del fascismo fue escrito por Reich, para la primera edición en inglés publicada en 1946 por Orgone Institute Press, la editorial fundada por el pensador austriaco. La primera edición en alemán salió en Berlín, en 1933. La segunda en 1934, en Dinamarca, donde Reich vivía exiliado. La edición que he usado es Whilhelm Reich: The Mass Psychology of Fascism, Simon and Schuster, 1970, basado en el manuscrito revisado y ampliado por Reich y publicado en alemán en 1969. No he encontrado el cotejo de la primera edición alemana con la estadounidense de 1970, aunque del prefacio de Reich podemos inferir que el texto revisado para la versión en inglés fue ampliado y actualizado. En esta primera parte solo he traducido las siete primeras páginas del prefacio de 1946.

Dos fuentes aportan los datos biográficos de mi texto. El libro de Ilse Ollendorff Reich: Whilhelm Reich: A Personal Biography, St. Martin’s Press, 1969, principalmente. También el portal del museo Wilhelm Reich: https://wilhelmreichmuseum.org/?lang=es

La traducción de parte del Prefacio de Reich es una doble traición. Mi desconocimiento del alemán me ha obligado a traducirlo del inglés. Siendo ambas lenguas de origen germánico, probablemente la versión inglesa sea bastante cercana a la original. Las cursivas y comillas son de Reich y en los corchetes interpolo información del contexto.

Conceptos reichianos tomados de su libro

Análisis del carácter (Character analysis): una modificación de la técnica psicoanalítica del análisis de síntomas, por la inclusión del carácter en el proceso terapéutico.

Estructura del carácter (Character structure): La estructura típica del individuo, sus estereotipos al actuar y reaccionar. Este concepto es funcional y biológico y no un concepto estático ni moralista.

Biopatía (Biopathy): un desorden del organismo derivado de la perturbación de las pulsiones biológicas.   

Democracia del trabajo (Work-democracy): No es un sistema ideológico, tampoco un sistema político. Es la suma de todas las funciones gobernadas por las relaciones racionales entre las personas.

Economía sexual (Sex-economy): regulación de la energía biológica o la economía de la energía sexual del individuo.

Orgón (Orgone): Energía cósmica primordial. Bioenergía en los organismos vivos.

Política sexual (Sex Politics): aplicación práctica de los conceptos de la economía sexual en la sociedad y a nivel de las masas. Fue uno de los aportes de Reich a los movimientos comunistas de Austria y Alemania entre 1927 y 1933.

Sexpol: Nombre de la organización comunista alemana relacionada con la política sexual de las masas.


Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de Psicología de masas del fascismo

Wilhelm Reich

Un extenso y exhaustivo trabajo terapéutico del carácter humano me ha llevado a la conclusión de que, como regla, estamos tratando con tres capas diferentes de la estructura biopsíquica en la evaluación de las reacciones humanas. Como he demostrado en mi libro Character-Analysis [publicado originalmente en Berlín, también en 1933], estas capas de la estructura del carácter son depósitos del desarrollo social y funcionan autónomamente. En la capa exterior de su personalidad, el ser humano promedio es reservado, amable, compasivo, responsable, consciente. No habría una tragedia social en el animal humano si esta capa externa de la personalidad estuviese en contacto directo con la capa natural profunda. Desafortunadamente, este no es el caso. La capa exterior de cooperación social no está en contacto directo con el núcleo biológico recóndito: está separada por una segunda, una capa intermedia del carácter, que consiste exclusivamente de impulsos crueles, sádicos, lascivos, rapaces y envidiosos. Representan el “subconsciente” freudiano o “lo que es reprimido”. Para decirlo en el lenguaje de la economía sexual: es la suma total de los llamados “impulsos secundarios”. [Todas las comillas son de Reich].

La biofísica orgónica ha hecho posible entender el subconsciente freudiano, que es antisocial en el ser humano, como el resultado secundario de la represión de los impulsos bilógicos primarios. Si uno penetra a través de esta segunda capa de perversión, profundamente en el substrato biológico del animal humano, uno descubre la tercera capa, la más recóndita, que hemos denominado el núcleo biológico. En este núcleo, bajo condiciones sociales favorables, el ser humano es esencialmente honesto, trabajador, cooperativo, amoroso, y, si es motivado, un animal racional capaz de odiar. Pero, no es del todo posible provocar/propiciar una ruptura en la estructura del carácter del hombre de hoy penetrando al núcleo biológico, sin primero eliminar la espuria superficie social.

Esta desafortunada estructuración es la responsable de que cada impulso natural, social o libidinoso, que quiere activarse en el núcleo biológico, debe pasar a través de la capa de los impulsos perversos secundarios y, por lo tanto, es distorsionada. Esta distorsión transforma la naturaleza social original de los impulsos naturales y los convierte en perversos, inhibiendo toda expresión genuina de la vida.

No es difícil observar que los diferentes grupos políticos e ideológicos de la sociedad corresponden a las diferentes capas de la estructura del carácter humano. Nosotros, sin embargo, declinamos aceptar el error de la filosofía idealista, a saber, que esta estructura humana es inmutable por toda la eternidad. Después de que las condiciones sociales y los cambios han transformado las demandas biológicas originales del ser humano y las han hecho parte de su estructura del carácter, ésta reproduce la estructura social en forma de ideologías. [Todas las cursivas son de Reich].

Desde la ruptura de la primitiva forma democrática del trabajo en la organización social, el núcleo biológico del ser humano ha estado sin representación social. Lo “natural” y lo “sublime” en el ser humano, que lo enlaza a su cosmos, han encontrado expresión genuina solo en las grandes obras de arte, especialmente en la música y la pintura. Hasta ahora, sin embargo, no ha ejercido una influencia fundamental en la formación de la sociedad humana, si por sociedad entendemos la comunidad del ser humano y no la cultura de una pequeña clase rica.

En los ideales éticos y sociales del liberalismo [se refiere al liberalismo de principios del siglo XX] reconocemos que se abogan por las características de la capa externa del carácter, relacionadas con el autocontrol y la tolerancia. Este liberalismo enfatiza sus principios éticos con el propósito de reprimir el “monstruo en el hombre”, nuestra capa de “impulsos secundarios”, el “subconsciente” freudiano. La sociabilidad natural de la tercera capa más profunda, el núcleo, es extraño al liberal. Él deplora la perversión del carácter humano y busca superarlo con normas éticas, pero las catástrofes sociales del siglo XX demuestran que no ha llegado muy lejos con este procedimiento.

Todo lo que es genuinamente revolucionario, todo arte y ciencia genuinos, provienen del núcleo biológico del ser humano. Hasta ahora, ni el revolucionario genuino, ni el artista, ni el científico, han ganado el favor de las masas ni han actuado como su líder, o si lo ha hecho, no ha tenido la capacidad de mantenerlas en la esfera de un interés vital por un tiempo largo.

El caso del fascismo, a diferencia del liberalismo y la revolución genuina, es muy diferente. Su esencia no encarna la capa superficial ni el núcleo, aunque sí y mayoritariamente la segunda, la capa intermedia de los impulsos secundarios.

Cuando este libro fue escrito [1933], el fascismo era generalmente considerado como un “partido político”, el que, como otros “grupos sociales”, abogaba una “idea política” organizada. De acuerdo a esta apreciación “el partido fascista estaba instituyendo el fascismo por medio de la fuerza o por medio de maniobras políticas”.

Contradiciendo esto, mis experiencias médicas con hombres y mujeres de diferentes clases, razas, naciones, credos religiosos, etc., me ha enseñado que el “fascismo” es solo la expresión política de la estructura del carácter del hombre promedio, una estructura que no se confina a determinadas razas o naciones, ni a ciertos partidos, pero es general e internacional. En relación con el carácter del ser humano, el “fascismo” es la actitud emocional básica del hombre oprimido por nuestra máquina civilizadora autoritaria y su concepción mística y mecanicista de la vida”.

Es el carácter místico y mecanicista del hombre moderno que produce partidos fascistas, y no al revés.

El resultado del pensamiento político erróneo es que incluso hoy [1946] el fascismo es considerado como una especifica expresión nacional de los alemanes o los japoneses. Todas las interpretaciones erróneas siguen esta concepción inicial inexacta.

En detrimento de los esfuerzos genuinos por alcanzar la libertad, el fascismo fue y sigue siendo concebido como la dictadura de una pequeña camarilla reaccionaria. La tenacidad de este error se debe adscribir a nuestro temor de reconocer la verdadera situación: el fascismo es un fenómeno internacional, que impregna todos los cuerpos de la sociedad humana de todas las naciones. Esta conclusión concuerda con los eventos internacionales de los quince años anteriores.

Mis experiencias con el carácter análisis me han convencido de que no existe un solo individuo, quien no tenga en su estructura los elementos del sentimiento y pensamiento fascistas. El fascismo, como movimiento político, difiere de otros partidos reaccionarios en que es asumido y defendido por masas de gente.

Soy totalmente consciente de la enorme responsabilidad que acarrea afirmarlo. Y en el interés de este mundo lacerado, me gustaría que las masas trabajadoras estén claras acerca de su responsabilidad por el surgimiento del fascismo.

Se debe hacer una distinción clara entre el militarismo tradicional y el fascismo. La Alemania Guillermina [Wilhelmian Germany: de 1890 a 1918 y relacionada con el káiser Wilhelm II] fue militarista, pero no fascista.

Ya que el fascismo, cuando y donde aparezca, es un movimiento asumido por masas de gente, traiciona todas las características y contradicciones presentes en la estructura del carácter del individuo. No es, como comúnmente se cree, puramente un movimiento reaccionario: representa una amalgama de emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias.

Si concebimos ser revolucionario como una rebelión racional contra las condiciones intolerables de la sociedad humana, el deseo racional “de llegar a la raíz de todas las cosas” (“radical” = “radix” = “raíz”) y de mejorarlas, entonces el fascismo nunca es revolucionario. Puede, por supuesto, aparecer disfrazado de emociones revolucionarias. Pero no es el médico que combate una enfermedad con gritos desaforados a quien llamamos revolucionario, sino el que examina las causas de la enfermedad tranquila, valiente y minuciosamente; y pelea contra ella. La rebelión fascista siempre gana donde una emoción revolucionaria, por temor a la verdad, es distorsionada en una ilusión.

El fascismo en su forma pura es la suma total todas las reacciones irracionales del ser humano promedio. Para el sociólogo obtuso que no tiene la capacidad de reconocer el rol supremo jugado por la irracionalidad en la historia del ser humano, la teoría racial fascista le parece nada más que un interés imperialista, o, para usar un eufemismo, un “prejuicio”. Lo mismo es cierto para el político irresponsable y simplista. El alcance y la vasta diseminación de estos “prejuicios raciales” son evidencia de su origen en la parte irracional del carácter humano. La teoría racial no es producto del fascismo. Al contrario: el fascismo es el producto del odio racial y es su expresión políticamente organizada. Es por lo que hay un fascismo alemán, italiano, español, anglosajón, judío y árabe. La ideología racial es la pura expresión biopática de la estructura del carácter del hombre incapaz de alcanzar el orgasmo.

El carácter perverso y sádico de la ideología racista también traiciona su actitud hacia la religión. El fascismo debería ser una reversión al paganismo y un archienemigo de la religión. Al contrario, el fascismo es la expresión suprema del misticismo religioso. Así, se encarna en una forma social peculiar. El fascismo acepta que la religión es producto de la perversión social y transforma el carácter masoquista de la antigua religión patriarcal del sufrimiento en una religión sádica. Es decir, transpone la religión de la filosofía del sufrimiento en el “otro mundo” al asesinato sádico en “este mundo”.

La mentalidad del fascismo es la mentalidad del “hombre pequeño”, quien está esclavizado y anhela autoridad y es, al mismo tiempo, rebelde. No es una coincidencia que todos los dictadores fascistas surgen del grupo reaccionario del hombre pequeño. El magnate industrial y el militarista feudal explotan dicha mentalidad para sus propios intereses, luego de haber evolucionado dentro del marco de la represión general de los impulsos de vida. En el fascismo, la civilización mecanicista y autoritaria cosecha del hombre pequeño oprimido solo lo que ha sembrado en las masas de seres oprimidos por medio del misticismo, militarismo, automatismo, en muchos siglos. Este hombre pequeño ha estudiado muy bien la conducta del gran hombre y la reproduce de una forma distorsionada y grotesca. El fascista es el sargento instructor en el inmenso ejército de nuestra civilización industrializada bastante enferma. No es casual que la algarabía de la alta política es un espectáculo presentado en frente del hombre pequeño. El pequeño sargento ha superado al general imperialista en todo: en música marcial, en el paso de ganso, en mandar y obedecer, acobardándose frente a las ideas, en diplomacia, en estrategia y táctica, en vestirse y desfilar, en decoraciones y “honrando”. El káiser Whilhelm era un miserable incompetente en todo esto comparado con el hijo hambriento de un empleado público, Hitler. Cuando un general “proletario” se llena el pecho de medallas, demuestra que el hombre pequeño no será “superado” por el gran y “genuino” general.

Un estudio amplio y exhaustivo del carácter oprimido del hombre pequeño, un conocimiento profundo de su vida oculta, son prerrequisitos indispensables para comprender las fuerzas que erigen el fascismo.

En la rebelión de un vasto número de animales humanos abusados contra la civilidad hueca del liberalismo falso (que no debe confundirse con el liberalismo genuino y con la tolerancia genuina), aparece la capa del carácter, constituida por los impulsos secundarios.

El energúmeno fascista no puede ser inocuo si es buscado, de acuerdo a las circunstancias políticas actuales, solo entre los alemanes e italianos sino también entre los estadounidenses y chinos; si no es buscado en uno mismo; si no somos versados en las instituciones sociales que lo producen diariamente.

El fascismo solo puede ser vencido si es atacado objetiva y prácticamente con un conocimiento profundo del proceso de la vida. La diplomacia y la demostración de fuerza en la política no tienen igual. Pero no son respuestas a las preguntas prácticas de la vida, porque todo lo ven con los espejuelos de la ideología o en forma del uniforme nacional.

Cuando escuchamos a un fascista, sin tener en cuenta su matiz, sermoneando acerca del “honor de la nación” (en vez de estar hablando del honor del ser humano) o de “la salvación de la sagrada familia y la raza” (en vez de la humanidad trabajadora); cuando se envalentona y está lleno de consignas, pregúntale tranquila y simplemente en público:

“¿Qué estás haciendo en la práctica para alimentar a la nación, sin exterminar a otras naciones? ¿Qué estás haciendo como médico para combatir las enfermedades crónicas, como educador para motivar el placer de vivir de tus alumnos, como economista para erradicar la pobreza, como trabajador social para aliviar la ansiedad de las madres que tienen muchos hijos, como arquitecto para promover las condiciones higiénicas de las viviendas? Deja de arengar. ¡Danos respuestas directas y concretas o cállate!

Son por estas razones que el fascismo internacional nunca será vencido por medio de maniobras políticas. Caerá víctima de la organización natural del trabajo, el amor y el conocimiento a escala internacional.

En nuestra sociedad, el amor y el conocimiento todavía no tienen la capacidad de regular la existencia humana. De hecho, estas grandes fuerzas del principio positivo de la vida no tienen conciencia de su importancia, su indispensabilidad, su importancia dominante para la existencia humana. Es por esta razón que la sociedad humana hoy, un año después de la victoria militar contra el fascismo, todavía se encuentra al borde del abismo. La decadencia de nuestra civilización es inevitable si los que trabajan, los científicos de todas las ramas vivas (no muertas) del conocimiento y los que dan y reciben el amor natural, no se dan cuenta rápidamente de su enorme responsabilidad.

El impulso de vida puede existir sin el fascismo, pero el fascismo no puede existir sin el impulso de vida. El fascismo es el vampiro desangrando el cuerpo, el impulso de asesinar libremente, cuando el amor llama a la plenitud en la primavera.

¿La libertad individual y social, la autorregulación de nuestras vidas y las de nuestros descendientes, avanzarán pacífica o violentamente? Es una pregunta que da miedo. Nadie sabe la respuesta.

No obstante, quien entienda las funciones vitales de un animal y de un recién nacido, quien sepa el significado del trabajo honesto; sea un mecánico, un investigador, o un artista, lo sabe. Deja de pensar con los conceptos de los manipuladores del partido fascista han diseminado en el mundo. El impulso de la vida no “puede tomar el poder violentamente”, porque no sabría qué hacer con él. ¿Esta conclusión significa que el impulso de la vida estará siempre en las manos del gansterismo político, será siempre su víctima, su mártir? ¿Significa esto que el futuro político siempre chupará la sangre de la vida? Esta sería una conclusión falsa.

Es mi trabajo como médico curar enfermedades. Como científico, debo aclarar las relaciones desconocidas de la naturaleza. Ahora, si un charlatán político aparece y trata de que abandone a mis pacientes y deje de lado mi microscopio, no le haré caso. Simplemente lo expulsaría, si se resistiera a salir voluntariamente. Si debo usar la fuerza contra los intrusos para defender mi trabajo acerca de la vida, no depende de mí o de mi trabajo, sino en el grado de insolencia del intruso. Pero solo imaginémonos que todos los que están involucrados en trabajos vitales puedan reconocer al charlatán político a tiempo. Ellos actuarían del mismo modo. Quizás este ejemplo simplista contiene cierta intimidación en la respuesta a la cuestión de cómo el impulso de la vida debe defenderse pronto o después de los intrusos y destructores.

Continúa en «Segunda parte del Prefacio de la tercera edición revisada y ampliada de Psicología de masas del fascismo»

 




Reseña de ¿Qué es el sexo? De Alenka Zupančič



Reseña de ¿Qué es el sexo? De Alenka Zupančič

  • Alenka Zupančič, ¿Qué es el sexo?. Paradiso Editores, 2021.

Salvador Medina Ramírez

Esta obra[1] de Alenka Zupančič aborda el sexo como una pregunta esencial del psicoanálisis, un problema ontológico, que tiene repercusiones sobre la filosofía y nuestro entendimiento del mundo. Para ello, parte de dos tesis centrales sobre el sexo (p. 23). La primera, en el psicoanálisis el sexo es un concepto que formula una contradicción persistente de la realidad. La segunda, dicha contradicción no puede ser circunscrita o reducida a un nivel secundario (como contradicción entre entidades /seres ya establecidos), sino que es – en tanto contradicción- parte de la estructura de esas entidades, de un ser mismo.

En este sentido, explica el sexo relacionándolo con la pulsión y el inconsciente desde una interpretación lacaniana. Para el psicoanálisis el sexo es no-natural[2], ya que es una naturalización artificial de las pulsiones originalmente desnaturalizadas (como el goce oral separado de la necesidad de comer ni se tienen relaciones sexuales soló por la reproducción). Pulsiones que son la automatización del goce, lo cual está determinado por el lenguaje, le represión y el inconsciente. El orden simbólico (incluyendo el lenguaje) surge e incluye la falta de un significante sobre el cual se estructura las contradicciones y las represiones, es decir, el inconsciente, y que define al sujeto. Por lo que la sexualidad es constitutivamente inconsciente, incluso cuando sucede por primera vez: “la sexualidad pertenece al mismo ser-ahí del inconsciente, en su misma incertidumbre ontológica” (p 38).

Como resultado hay una no-relación, pues la sexualidad no está presente en algún lugar, no tiene un significado, pero al mismo tiempo es un punto donde se presenta un exceso de goce[3]. El “no existe relación sexual” no implica que sean imposibles las relaciones, sino establece el marco dentro del cual operan las relaciones sexuales entre dos sujetos. Su ausencia curva y define el espacio de lo sexual, cual agujero negro que curva el espacio.

Esta explicación de la no-relación, es fundamental pues su existencia no se limita sólo al sujeto, se presentan en otros vínculos sociales y puede ser negada, encubierta o explotada a favor relaciones de poder (dominio, explotación y discriminación) (p. 66), por lo que comprenderla es básico en pos de la generación de proyectos emancipatorios. A continuación, se recuperan algunos ejemplos de cómo se presenta la no-relación diferentes vínculos y sus implicaciones políticas, dentro de esta obra de Zupančič.  

El encubrimiento del sexo

El caso más conocido sobre el encubrimiento del sexo es realizado por la religión, tratando de normarlo y ordenarlo sólo a la reproducción humana. Por lo que busca ocultar las representaciones sexuales, pero no sólo por los cuerpos u órganos sexuales en sí mismos, sino que sirve a otro propósito, tratar de encubrir que el sexo no tiene significado, que está lleno de inconsistencias y que llevan a preguntas más profundas. Trata de ocultar la no-relación. Un ejemplo de esto las encontramos en las obras de arte cristianas donde la hoja de parra se alarga, no sólo para ocultar los órganos sexuales, también para ocultar el ombligo. Esto debido a la inconsistencia religiosa que genera, pues si el hombre fue hecho a imagen de dios, implicaría que no deberíamos de tener ombligo o que dios nació como el hombre: con un ombligo y mediante el sexo (p 237).

Otro caso de evitar abordar la no-relación es abandonando o margina el concepto de la diferencia sexual, la cual se establece como una “imposibilidad ontológica (implícita en la sexualidad) que abre el espacio social (donde, a su vez, se generan las identidades)” (p 76). Zupančič señala que en el mismo psicoanálisis hay una tendencia a dejar del lado este concepto y lo remplaza por el de género, con lo que reduce la importancia de sus implicaciones. Pero aún más problemático es la teoría de género, pues como señala Joan Copjec (2011) “ejecutó una proeza mayor: le quito el sexo al sexo, ya que mientras los teóricos de genero continuan hablando de prácticas sexuales, dejaron de preguntarse qué son el sexo y la sexualidad” (p. 77). Desexualizando la ontología por lo que “ya no se concibe en términos de una combinatoria de dos principios “masculino” y femenino” …(y) se le quita el elemento mismo que ha revelado de lo que se trata el problema de la diferencia sexual. El problema no se elimina, solo se elimina la forma en que se hace visible y la forma en que se ve cómo opera” (p. 88).

Los nuevos materialismos

Zupančič menciona que tal cual como sucedió hace unas décadas cuando la ética prometió arrojar mejores resultados que la política, llevando a remplazar conceptos como “antagonismo”, “la lucha de clases”, “emancipación” y “política” con nociones como “tolerancia”, “reconocer al Otro” y las reglas autoimpuestas de lo políticamente correcto” (p. 212); de igual manera, las nuevas ontologías y nuevos materialismos prometen realizar un mejor trabajo político que la política (y qué la ética no logró).

Estas nuevas ontologías llevan a postular que el sujeto es un objeto entre otros objetos, convirtiéndolo sólo en el término de “persona” o “humano”. Con lo cual se pierde la dimensión política de la ontología, que inspira algunos proyectos democráticos e igualitarios, al encubrir los antagonismos de la realidad.

La tesis que sostiene Zupančič es que “el sujeto no es simplemente un objeto entre otros objetos, es también la forma en la que existe la contradicción y el antagonismo que opera en la existencia misma de los objetos” (p. 208), por lo cual rechaza todas estas nuevas ontologías.  

De la mano invisible a la manuela invisible

Un ejemplo de cómo la no-relación se presenta en las relaciones de poder, es en el capitalismo que la utiliza a su favor. Para Zupančič, Adam Smith establece que no existe la acumulación “mercantilista” cerrada y controlada, por lo que no existen relaciones económicas determinadas sólo bajo juegos suma cero (la riqueza que existe es un monto dado y lo que gano, alguien más lo pierde). Más bien, postula que la riqueza social depende de los intereses egoístas de los individuos que buscan su propio interés (mediante sus actividades económicas), los cuales se coordinarán a través de la mano invisible del mercado para lograr el beneficio general. Así, Adam Smith establece (ideológicamente) la no-relación, y a su vez el mecanismo de su explotación en el capitalismo.

No obstante, en realidad dicha “mano invisible” no reparte equitativamente la riqueza para el beneficio social; es más una “manuela invisible” que asegura el goce de los capitalistas, que asegura la riqueza se acumule en las manos de pocos. Esto se debe a la conversión de la fuerza de trabajo en mercancía, que es tanto fuente de valor y cuyo consumo es la creación de valor. Por ello, Zupančič menciona que se puede sostener que el “trabajador no existe”, existe la persona cuyo trabajo se compra y se vende de otra manera se trataría de un esclavo. De tal manera, los capitalistas explotan la no-relación para apropiarse de la plusvalía que genera el trabajo y enriquecerse a ellos mismos;[4] tal como lo describió Marx.

La búsqueda de un nuevo significante (maestro)

Un punto importante es que la no-relación lacaniana no implica genera una neutralidad plural del ser (social), implica que este ser no es neutral, pues ya está sesgado. “La no relación no es una simple ausencia de relación, sino que se refiere a la curvatura constitutiva o sesgo del espacio discursivo” (p. 59). Esto resulta fundamental, pues “reconocer la no-relación no implica aceptar “lo imposible” (como algo que no puede ser realizado), sino ver cómo se adhiere a todas las cosas posibles y cómo las con-forma, qué tipo de antagonismo perpetúa en cada caso en concreto y cómo funciona. Este tipo de reconocimiento es el único que, en vez de clausurar abre el espacio de la invención e intervención política” (p. 60).

En este sentido, el fin del análisis psicoanalítico debe de cambiar al sujeto de tal manera que la esperanza es remplazada por el coraje de hacer algo diferente. Se elimina el goce y las ilusiones relacionadas con cierta relación imaginaria y se abre el espacio de crear algo nuevo.

Como ejemplo de lo anterior cita a Rosset que menciona que “nada mediocre sucede sin pasión” (p. 229). La pasión se constituye como un obstáculo, al posponer indefinidamente alcanzar el objeto de goce. La pasión es la pesquisa de un objeto que es obscuro e indefinido, y al mismo tiempo no tiene ninguna utilidad, es decir esta fuera de alcance y es inútil. La pasión revolucionara funciona de esta manera, busca la revolución por la revolución algo que no sucede en lugar de generar el cambio posible.

Por este motivo, Zupančič propone la búsqueda de un nuevo significante que revele una dimensión invisible de la realidad, y que se enfoque en el punto del conflicto social, para trabajar así en evitar su repetición. Un paso básico para las luchas emancipatorias. Pone, por ejemplo, la lucha de clases sobre la cual da una dimensión para cambiar la realidad. O el concepto marxista del proletariado, como clase social explotada, es clave pues “es el concepto que nombra el punto sintomático de este sistema, su negatividad desmentida y explotada” (p. 72). Lo cual permite exponer esta situación de explotación y confrontarla.

En suma

La importancia que Zupančič plantea del sexo sobre la filosofía es clara. Como lo que puede ser una muestra de ello, diversos planteamientos que desarrolla son discutidos por Slavoj Žižek en El sexo y el fracaso del absoluto (Paidos, 2020), como sobre el carácter fallido de la realidad y la sexualidad como el contacto privilegiado con lo absoluto. Como paréntesis vale señalar que la obra de Zupančič apareció originalmente en 2017 y la de Žižek dos años después. No debería de sorprender este dialogo, ya que ambos perteneces a la misma escuela filosófica de Lubiana (junto con Mladen Dolar) y tienen obras en conjunto. Por ello, sus aplicaciones políticas son ampliamente similares (Žižek, 2020 &2022), en especial respecto a los nuevos materialismos y la naturaleza: enfrentar crisis como el cambio climático requiere que la humanidad utilice toda su capacidad transformadora para superarla. No tomar posiciones “modestas” frente a la naturaleza, que en poco contribuirá a enfrentar esta crisis ya presente.

Referencias

Copjec, Joan. (2011). El compacto sexual. México: Paradiso Editores.

Žižek, Slavoj. (2020). El sexo y el fracaso del absoluto. México: Paidós.

Žižek, Slavoj. (2022a). The stupidity of nature. Compact Mag. Marzo 22, 2002. Consultado el 12 de junio de 2022. https://compactmag.com/article/the-stupidity-of-nature

Zupančič, Alenka (2013). ¿Porqué el psicoanálisis? México: Paradiso Editores.

Zupančič, Alenka (2021). ¿Qué es el sexo? México: Paradiso Editores

[1] Para explicar esto lo realiza en cuatro secciones, con diversos apartados, y una sección de conclusiones. Cada sección está escrita a manera de ensayos, que están hilados entre sí por lo que al leerse por separado pueden perder sentido. Todo esto entablando una discusión con diferentes autores y con una gran cantidad de explicaciones conceptuales sobre estos temas, lo cual puede hacer a momentos difícil su lectura. La introducción de la versión en español de Paradiso Editores es muy buena para entender la trayectoria del trabajo de la autora.

[2] Argumento ya expuesto en su obra ¿Por qué el psicoanálisis? (Paradiso Editores, 2013).

[3] “La sexualidad no es ningún ser que existe más allá de lo simbólico, “existe” únicamente como la contradicción del espacio simbólico que aparece a causa del significante que falta constitutivamente y como resultado de lo que aparece en su lugar” (p. 85).

[4] Aunque este análisis excluye los mecanismos de expropiación directa a los trabajadores, como la acumulación por desposesión o que el capitalismo puede utilizar al esclavismo para fomentar su acumulación.




Una reflexión sobre una posible definición del trabajo psicoanalítico



Una reflexión sobre una posible definición del trabajo psicoanalítico

Diego Safa Valenzuela[i]

Actualmente se está debatiendo en el Congreso un reglamento que transforma radicalmente el modo de llevar la salud mental pública. Uno de los cambios planteados es la norma referente al consentimiento informado, es decir, las personas que no deseen ser internadas podrán rehusarse a serlo; sólo bajo condiciones en que una vida esté en riesgo profesionales de la salud mental podrán tomar una decisión contraria a lo que está estipulado. Una pregunta de expertos que se ha generado en este debate es ¿quién se va a hacer cargo de las personas que no deseen ser internadas pero que necesiten un servicio de salud mental? ¿el Estado va a proporcionar estos tratamientos?

Parte de las personas expertas que están trabajando en el desarrollo de este nuevo reglamento de salud mental también se dedican a la práctica del psicoanálisis[ii]. Me gustaría volver a un viejo debate ¿Qué lugar tiene el psicoanálisis en la salud mental pública? ¿es viable hacer de éste un dispositivo del Estado? ¿Si no es así, el trabajo psicoanalítico puede ser categorizado como un intercambio comercial?

Es claro que la salud mental puede ser un producto dentro del mercado, entonces ¿el psicoanálisis puede venderse también como mercancía? Guattari y Deleuze[iii] responden afirmativamente en más de una ocasión. A diferencia de lo que decía categóricamente en una conferencia Gabriel Lombardi[iv], sin desarrollar mucho, advertía que el psicoanálisis no era una vía para acumular dinero; claro que hay intercambios dentro de la escena analítica pero ¿la estructura que supone la relación analítica produce plusvalor? Es decir, ¿el psicoanálisis está por fuera de la acumulación de capital?

Para contestar la pregunta necesariamente es preciso arribar a un viejo cuestionamiento, empezando por la siguiente interrogante ¿qué se produce con un proceso psicoanalítico? La palabra producir conduce a otro cuestionamiento: ¿Qué medios son los necesarios para producir un psicoanálisis? ¿Cuál es el trabajo que se realiza? ¿Quién lo produce, el analista, el analizante o ambos? ¿Cuánto dura el proceso de producción? ¿Cómo se paga este trabajo?

Es claro que el modo en que se está empezando a delinear el abordaje de esta problemática está enamarcado bajo una tarea ya muy vieja, es decir, la labor de pensar los puntos de encuentro y diferencia entre la teoría freudiana y la marxista. Por muchos años se ha intentado teorizar sobreponiendo estas dos mesetas. Quizá resulte forzado querer hacer embonar ambos discursos y más bien no hay relación alguna. Pero este escrito se deslinda de este planteamiento, no es necesario llegar a un acuerdo claro; sino más bien, se busca poner en tensión ambas teorías, y con ello, producir un diálogo. En vez de buscar la síntesis, buscaremos hacer que esta causa perdida sea el punto de partida para encauzar cualquier reflexión venidera.

La transformación es quizá la definición más básica que da Marx para referirse al trabajo. Una acción basada en transformar materia prima en un objeto consumible para satisfacer necesidades. La idea se va complejizando de acuerdo a espirales dialécticas, empezando con la limitante que enfrenta un ser humano de no poder producir los objetos que cubran todas sus necesidades, por lo tanto, se ve obligado a intercambiar los productos de su trabajo, con este intercambio se crea el mercado. Dicho intercambio comercial es entendido como célula primigenia de toda socialización. El objeto dentro del intercambio obtiene un valor distinto y, esta nueva transformación hace que devenga en una mercancía. Situación que conduce a un problema, ¿cómo intercambiar mercancías desiguales?, ¿cómo hacer un trato justo? Hay un debate académico si este cuestionamiento es propio de Marx, algunas personas piensan que lo retoma de la ética de Aristóteles. Lo justo como medida, es decir, como punto medio. Para que haya amistad, siguiendo a Aristóteles, debe haber reciprocidad en el intercambio, tal como la frase popular: “cuentas claras, amistades largas”. Esta amistad es pensada como un lazo de igualdad entre miembros de la ciudad, el cual es el fundamento para la paz. Lo dice en plena crisis política griega. Entonces, ¿cómo lograr esta igualdad de condiciones? Desde Marx el tiempo de producción resulta lo más problemático, debido a que es por el cual se diferencia el valor de cada mercancía. El dinero funciona como una mercancía universal que iguala todos los valores bajo una abstracción que representa el tiempo que fue invertido en el trabajo. El dinero es tiempo acumulado.

Aristóteles se esfuerza obstinadamente en pensar la vía de llegar a una igualdad con tal de sostener la amistad. Es decir, que siempre se tiende a abogar por el bien del prójimo. De lo contrario se caería en una relación basada en la injusticia, en la inequidad y en la diferencia. Por más explicación que intente, este ideal del amor universal se viene abajo en la práctica particular de cada sujeto, tal como una de las tesis freudianas sobre la sexualidad. Aún así valdría reflexionar de la supuesta transferencia positiva y los límites clínicos que tiene esta conceptualización. Es decir, desde ciertas perspectivas el trayecto de un proceso analítico necesariamente pasa por la supuesta negatividad de la transferencia ¿Sabríamos que se hizo un buen trabajo analítico si el producto es que se haya caído la transferencia?

Podemos saber del trabajo analítico por sus efectos. Es notable que se transformó algo, cambió el posicionamiento subjetivo de la persona que vivió esta experiencia. No quiere decir que por medio de este trabajo se dé la invención de un nuevo sujeto. Sin embargo, ¿la amistad es un fin en psicoanálisis tal como para Aristoteles? Quizá la ética del psicoanálisis no va dirigida a consolidar una amistad o ciudadanía, ni tampoco el bien. La diferencia en el intercambio está de entrada y salida. Empezando por el hecho de que quién se analiza comparte intimidades que el analista no. Esta privacidad resulta impresindible para sostener el trabajo. Si es imposible acortar la desigualdad que marca la relación en el psicoanálisis ¿entonces para qué se intercambia? ¿con qué fin? Parece un trato injusto, una estafa.

Volviendo a Marx, la plusvalía se basa en esta relación dispar, es decir, aquel que no tiene nada para intercambiar se ve obligado a comerciar con una promesa. La negocación es relación a un porvenir. Quien no tiene nada queda atado a una deuda que sólo puede pagar con su capacidad de producción. No intercambia una mercancía hecha, sino su potencia de realizarla. Intercambia su fuerza de trabajo. Su tiempo. En la medida en que el mercado se fundamente en dicho intercambio, las relaciones sociales se mantendrán bajo una injusticia; aquel que debe, aquel que trabaja y aquel que inició la deuda, aquel que lo tiene todo. El trabajador una vez que ha terminado de producir, vuelve al punto inicial del intercambio. En contraste con el dueño de los medios de producción que ha pagado por adelantado, esta condición le permite darse el lujo de no pagar en totalidad el tiempo que se inviritió en el trabajo realizado. Dicha diferencia de tiempo, este resto, es a lo que Marx llama plustrabajo. Ahora bien, el resto de tiempo no remunerado se suma al valor de la mercancía producida una vez que es intercambiada; el valor de más es conceptualizada como plusvalía y la acumulación de dinero, capital.

Quizá nos encontramos con un punto de desencuentro entre el psicoanálisis y la teoría marxista, ¿el psicoanálisis es un trabajo por el cual se puede producir plusvalía? ¿cuáles son los medios de producción para el psicoanálisis? ¿quién los posee? Es preciso recordar la advertencia de Lombardi que quienes pretendan hacer una fortuna no lo hagan por medio del psicoanálisis, parece que no hay posibilidad de hacer de éste una fábrica… aparentemente.

¿Cómo fijar el valor de un proceso psicoanalítico? Quizá es equivocada esta formulación, porque no sabríamos si el psicoanálisis es un servicio, una mercancía u otra forma de consumo. Puede ser que este sea otro punto de disyunción entre el marxismo y el psicoanálisis. Es sabido el acierto de Lacan[v] en señalar que el pago es de ambos lados de la transferencia. Aun así, es de las primeras preguntas que se hacen durante un tratamiento. No hay una fórmula. Hay quienes establecen una cuota monetaria en términos generales, quienes deciden a partir del primer diálogo con les analizantes, quienes le dan la responsabilidad de tomar esa decisión a éstos. Claramente, pagar no es sólo dar dinero, implica una cesión, es decir, ceder, desprenderse, vaciar de contenido para que así se produzca cierto movimiento; es decir, permitir que la libido que se ha fijado en ciertos circuitos recupere su viscocidad y que el sujeto tenga la capacidad libidinzar nuevos espacios, personas o actividades. Un ejemplo clásico de esta idea es el juego del quince o también llamado taken, dicho rompecabezas tiene un espacio vacío, el cual permite el movimiento de las fichas para cumplir el objetivo del juego. En este sentido, el pago en psiconanálisis no necesariamente es monetario. Desde las elucubraciones de Lacan, para el analista implica su palabra, su persona y su juicio más íntimo. Finalmente podemos decir que todo pago, por lo menos en psicoanálisis, es injusto bajo la ética aristotélica. Es decir, no se buscar una igualdad de condiciones, tampoco resarsir cierta diferencia entre el analista y el analizante por el trabajo realizado. Este resto, esta falla, no corresponde a un error de cuentas que finalmente alguien va a acumular, sino el motor que causa el proceso analítico.

No queremos decir que el psicoanálisis se encuentre fuera de la máquina capitalista. Su fundación tiene lugar en el capitalismo y puede reproducirlo, tal como encapsular al analisante a un tratamiento sin fin o encerrarlo dentro de una lógica familiar burguesa; esta critica fue amplicamente detallada por Deleuze y Guattari a lo largo de su obra, pero pienso que otra forma de pensar el psicoanálisis bajo condiciones capitalistas es hacer de la formación, de la transmisión del psicoanálisis un negocio.

He encontrado un sinfín de veces la frase “eso no es psicoanálisis”, señalando otros estilos, formas de pensar y practicar el psicoanálisis, para a su vez legitimar los propios. En Psicología de las masas y análisis del yo[vi], Freud indica que para que se constituya el yo como unidad no sólo es preciso un líder o ideal al cual seguir, sino también es necesario cierta exterioridad; un objeto ajeno con el cual compararse y así delimitar un borde, a lo cual llama el no-yo. No por nada lo dice en el capítulo sobre sugestión, uno antes del que versa sobre el ejército y la iglesia. En este sentido, el narcisismo se construye bajo la guerra contra el objeto. Todo aquello que no es el yo. En otras palabras, la conformación del yo esta basado en una diferenciación del otro, acción que se debe de reieterar consecutivamente para que persista el sentimiento de la existencia de la particularidad. Sin embargo, este enemigo parte de lo más íntimo y propio del yo. Es brillante la teorización de Klein al afirmar que esta agresividad se funda en una relación primaria, no en ciertas mociones pulsionales, sino en la frustración de no ser acogido en tiempo y forma. Es decir, la tensión se detona al desilusionar a su majestad[vii]. Los intentos de destrucción cobran toda realidad en fantasías. Entonces ¿se trata de cantidad? ¿uno es más o menos psicoanalista? Este esfuerzo continuo de definición tiene una función; construir y mantener cierta identidad institucional. Recordemos que Lacan siendo kleiniano no le debe la agresividad a la pulsión, sino a una relación imaginaria basada en la lucha por el puro prestigio.

Dentro de esta disputa por la pureza de lo que es o no es el psicoanálisis, habría que que apelar a una de las definiciones freudianas sobre el psicoanálisis; es decir, el psicoanálisis es una forma de investigación, un marco teórico y una práctica clínica. Si entonces la definición está planteada desde su fundación, quizá la pregunta por la identidad no se debe solamente por una lucha narcisista.

Quizá a lo largo de los años se han institucionalizado definiciones sobre lo es que refiere al psicoanálisis o sobre el trabajo del psicoanalista. Unas de estas respuestas han sufrido cierto anquilosamiento, sirviendo como referencia para los diferentes modelos de formación y transmisión del psicoanálisis. Sin embargo, en la práctica se cuela continunamente la equivacación por más que se intente ser purista de la transmisión; de hacer una lectura de los textos a la letra; de trabajar lo más limpio y minuciosamente; de aprenderse de memoria las frases escritas de los grandes teóricos. La transmisión misma aloja cierta mediación que permite que ciertos axiomas se vayan desgastando o transformado hasta producir un cambio de paradigma.

En la tradición marxista hay un continuo debate acerca de cómo se subjetiviza los ideales universales que se han enquistado en la ideología. Puede ser conceptualizado como elementos externos que se internalizan, que en el transito de los ideales universales a las prácticas particulares se produce una equivocación, una diferencia. Otra vía teorica consistiría en definir la ideología como un entramado complejo de diferentes aparatos que se entretejen detalladamente que operan bajo el control y la vigilancia munciosa. O bien, una serie de axiomáticas con los que se codifica el deseo. Podemos seguir nombrando los distintos modelos conceptuales que dilucidan sobre la ideología. En lo que podemos coincidir es que es la ideología es un espacio en pugna. La normatividad que delimita lo que debemos decir, hacer y ser[viii] aparentemente para todos es en realidad, una serie de valores particulares de cierta clase que se elevan a una dimensión universal hasta hacerse un paradigma, como si lo que le importase a esta clase sea lo más importante; los únicos códigos por lo que debe fluir el deseo.

¿Quién fija lo que es o no una práctica psicoanalítica? ¿bajo qué intereses se da esta definición?

Retomemos; el psicoanálisis se hace mediante la investigación, la teoría y la clínica. Es decir, estos son los elementos básicos para que alguien se dedique al psicoanálisis; pueda trabajar en ello. Propongo pensar que espacios de investigación, de formación y clínicas son los medios de producción del psicoanálisis ¿Quiénes controla estos medios?

Un año antes de que terminara la Primera Guerra Mundial y un año después de la Revolución Rusa, Freud plantea en el V Congreso de la International Psychoanalytic Association en Budapest un proyecto político y de salud mental basado en la creación de diversas clínicas gratuitas que se extenderían en diferentes ciudades de Europa:

Ahora supongamos que una organización cualquiera nos permitiese múltiplicar nuestro número hasta el punto de poder tratar grandes masas de hombres. Por otro lado, puede preverse que alguna vez la conciencia moral de la sociedad despertara y le recordara que el pobre no tiene menores derechos a la terapia anímica que los que ya se le acuerdan en materia de cirugía básica. Y que las neurosis no constituyen menor amenaza para la salud popular que la tuberculosis, y por tanto, lo mismo que a esta, no se las puede dejar libradas al impotente cuidado del individuo perteneciente a las filas del pueblo. Se crearán entonces sanatorios o lugares de consulta a los que se asignarán médicos de formación psicoanalítica, quienes, aplicando el análisis, volverán más capaces de resistencia y más productivos[ix] a hombres que de otro modo se entregarían a la bebida, a mujeres que corren peligro de caer quebrantadas bajo la carga de las privaciones, a niños a quienes sólo les aguarda la opción entre el embrutecimiento o la neurosis. Estos tratamientos serán gratuitos. Puede pasar mucho tiempo antes de que el Estado sienta como obligatorios estos deberes. Y las circunstancias del presente acaso difieran todavía más ese momento; así, es probable que sea la beneficencia privada la que inicie tales institutos. De todos modos, alguna vez ocurrirá.[x]

El proyecto de clínicas gratuitas iba acompañado de la creación de institutos psicoanalíticos de formación. Era necesario que hubiera analistas que atendieran en dichos centros, pero para lograr esta atención era menester llevar a cabo procesos de formación a la par. Esta asociación estaba comandada por esta utopía de psicoanálisis para las masas; seguramente era urgente antender los estragos que habían advenido con la guerra. Me preguntaría ¿qué pasó con este proyecto? ¿cuándo, cómo y por qué se perdió? ¿en qué se transformó el psicoanálisis? Es preciso hacer un trabajo de genaología de los modelos pedagógicos de transmisión que han tenido las distintas instituciones del psicoanálisis; que este texto queda corto para dicha labor.

Aun así, tengo la impresión que el Estado nunca sintió la obligación de atender la neurosis como un asunto de salud popular y global. Los institutos de formación y clínica se atrincheraron cómodamente en la beneficencia privada, ¿qué efectos tuvo que la causa freudiana; que el movimiento psicoanalítico se haya privatizado? Parece que aquellos espacios que tuvieron el propósito de atender masivamente se volvieron centros privados que tienen el monopolio de los medios de producción del psicoanálisis. Claro que no se puede asumir a todas las instituciones actuales dedicadas a la transmisión del psicoanálisis como negocios. Pero  ¿esta es una de las manera en que la máquina capitalista se conecta con en el psicoanálisis? Podríamos preguntarnos ¿qué pasa si el psicoanálisis se estatifica? ¿se perdería la libertad en la asociación?

Volviendo a la nueva normatividad sobre la salud mental, si exigimos que el Estado asegure el derecho de salud universal y que éste contemple la situación anímica de las personas, pienso humildemente que sería preciso descutir bajo qué coordenadas se demanda este derecho; qué tanto el psicoanálisis puede ser una perspectiva para que el Estado base la atención que proporcione a quien desee un tratamiento. Otro trabajo de investigación será vislumbrar los modelos de atención que fueron comadados desde el Estado.

Bibliografía:

Asociación Franco Mexicana de Psiquiatras y Psicoterapeutas A.C. (22 de junio 2022) Conversatorio con el Dr Alberto Velasco. Facebook. https://www.facebook.com/315067205742247/videos/457205789742955

Deleuze J. y Guattari, F. (1985) El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia. Barral Editores: Barcelona, p. 312.

Freud, S.:

—. (1914). Introducción del narcisismo. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu.

—. (1919 [1918]). Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, p. 163.

—.  (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, p. 94.

Lacan, J. (2002) La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Argentina: Siglo XXI, p. 561.

Lombardi, G.  (septiembre 2015) Conferencia durante una reunión de trabajo de la asociación de acompañamiento terapeutico Agora. FUNDAT.

Marx K. (2014 [1975]) El capital. Crítica de la economía política. Libro primero: el proceso de producción del capital. Siglo XXI: México.

Ranciére, J.  (1996) El desacuerdo: Política y filosofía. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.

[i] Maestro en Violencia y Subjetividad por el Colegio de Saberes, y en Psicoanálisis por la Universidad de Buenos Aires. Docente en Dimensión Psicoanalítica. Se dedica al psicoanálisis con respecto a la práctica clínica y a la formación en diferentes instituciones.

Correo: diegsafavale@gmail.com

[ii] Aplaudo el admirable esfuerzo que están haciendo en la Asociación Franco Mexicana de Psiquiatras y Psicoterapeutas A.C. Véase en: Asociación Franco Mexicana de Psiquiatras y Psicoterapeutas A.C. (22 de junio 2022) Conversatorio con el Dr Alberto Velasco. Facebook. https://www.facebook.com/315067205742247/videos/457205789742955

[iii] Deleuze J. y Guattari, F. (1985) El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia. Barral Editores: Barcelona, sp. 312.

[iv] Lombardi, G.  (septiembre 2015) Conferencia durante una reunión de trabajo de la asociación de acompañamiento terapeutico Agora. FUNDAT. Gabriel Lombardi es el jefe de la catedra: Clínica de Adultos en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

[v] Lacan, J. (2002) La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2. Argentina: Siglo XXI, p. 561.

[vi] Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, p. 94.

[vii] O en palabras de Freud: “his majesty the baby”, vease en Freud, S. (1914). Introducción del narcisismo. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu.

[viii] El concepto policía de Ranciére es muy útil para pensar cómo se introyecta la ideología. Jacques Ranciére (1996) El desacuerdo: Política y filosofía. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.

[ix] Cursivas mías.

[x] Freud, S. (1919 [1918]). Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. En obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, p. 163.