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Javier Fuentes Gutiérrez, el apasionado de Mao Tse-Tung



Javier Fuentes Gutiérrez, el apasionado de Mao Tse-Tung.

Uriel Velázquez Vidal[1]

El 21 de julio de 1990, falleció de un infarto Javier Fuentes Gutiérrez. Él fue un militante comunista de vieja cepa que se fue del lado chino en la controversia del 56. La historia de vida de Javier es importante, ya que permite adentrarnos al entendimiento de un pasado reciente que explicaría parte de la formación de nuestra vida política y social actuales.

Javier nació el 22 de julio de 1925 en el Distrito Federal. Su papá se llamaba Bulmaro Fuentes Popoca y su mamá Luz Gutiérrez. Tenía dos hermanas: Leonor y Amparo. Los Fuentes eran una familia de clase media que habitaba el domicilio de la Privada de Porfirio Díaz, Número 14, en Iztapalapa. El sustento familiar recaía en Bulmaro y Luz, quienes sembraban hortalizas y  elaboraban cuadros de popotillo, los cuales vendían en el mercado de Iztapalapa.

La infancia, juventud y vida adulta de Javier Fuentes estuvieron marcadas por sus viajes al municipio natal de su padre, Ixcateopan de Cuauhtémoc, estado de Guerrero. La cercanía y relación que entabló Javier con la gente común y sencilla de ese lugar, le permitieron comprender toda una constelación de sentidos y valores sobre la vida.

Javier Fuentes tuvo una formación académica notable. Él estudio en los años  cuarenta las carreras de Ingeniería Petrolera e Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Mientras estudiaba en la UNAM empezó a trabajar en Petróleos Mexicanos (PEMEX), en1948 y permaneció ahí hasta 1950. En este trabajo Javier se percató de la explotación de los trabajadores transitorios, quienes laboraban más que los trabajadores de planta y ganaban menos dinero.

En 1949, Javier Fuentes conoció a Inés Noriega, una joven originaria del estado de Hidalgo. Ese mismo año se hicieron novios y posteriormente se casaron por el civil. Procrearon nueve hijos. En 1951, Javier obtuvo el título de ingeniero petrolero por medio de la elaboración de una tesis. Ese mismo año, recién titulado ingeniero comenzó a trabajar en la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde le asignaron comisiones de proyectos hidráulicos del centro y norte del país. En estas comisiones Javier  viajó a zonas rurales y eso le permitió conocer las condiciones de vida de los campesinos. Fue así que se interesó por el campo.

En 1959, el ingeniero Javier Fuentes empezó a militar en el Partido Comunista  Mexicano (PCM). El ingeniero fue miembro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), fundado en 1961, bajo el influjo del cardenismo y la revolución cubana. Fungió como suplente del Secretario de Finanzas de la Central Campesina Independiente (CCI), que fue el brazo campesino del MLN. También formó parte de la Junta Nacional Organizadora del Frente Electoral del Pueblo (FEP). Y fue postulado por el FEP candidato a diputado federal por el II Distrito electoral del estado de Guerrero, para competir en las elecciones de 1964. Sin embargo, la reacción del Gobierno Federal hacia el FEP fue de hostilidad y represalias violentas.

Esta situación generó que el ingeniero Javier Fuentes se distanciara del PCM. Él se decepcionó de los proyectos políticos en los que militó porque se apartaron de la lucha popular y del compromiso con la gente. Decepcionado no dejó de frecuentar otras organizaciones de izquierda, leía y analizaba sus programas políticos, para ver si alguna de ellas cumplía con sus aspiraciones de realizar trabajos en beneficio del pueblo. Javier se volvió militante de tiempo completo, por lo que renunció a su empleo de la CFE, el 30 de agosto de 1965. No obstante, los recursos financieros no le faltaban. El ingeniero era dueño de una compañía dedicada al montaje de estructuras metálicas.

Por estos años, Javier Fuentes se interesó por el maoísmo a raíz de la pugna internacional chino-soviética de 1956. El ingeniero estaba convencido de que la línea de Pekín, era la correcta en lo ideológico, político e incluso militar, para solucionar la situación social de los países semi feudales y semi coloniales como el nuestro. Javier fue un promotor de la difusión a gran escala de las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín a través de su Librería El Primer Paso y de la Distribuidora Interamericana de Publicaciones que, tenía una proyección regional.

La fascinación de Javier Fuentes por la China de Mao no conocía límites. Entusiasmado, en julio de 1967, viajó rumbo al Oriente. Él estaba convencido que allá, en el país del dragón transformado en recinto de la utopía, se encontraba el conocimiento que eliminaría el enorme escepticismo hacia la izquierda revolucionaria. Lo acompañaba el fundador, dirigente y militante del Movimiento Marxista Leninista de México (MMLM), Federico Emery Ulloa. Un agente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) observo a los militantes maoístas, los capturó con la lente de su cámara fotográfica poco antes de subir al avión que, tras varias escalas e interminables horas de vuelo, los condujo a la República Popular China. Javier participó en los ritos oficiales, la exaltación del Gran Timonel, visitó fábricas y comunas, y recibió formación política y militar para organizar una revolución armada en México.

En julio de 1968, el ingeniero Javier Fuentes inició el camino de regreso, recorrer los miles de kilómetros que lo separaban de México fue una empresa cansada. Cuando entró al país lo hizo de forma clandestina por Chetumal. Por cuestiones de seguridad, Javier empezó a utilizar el nombre de “Panchito Popoca”. A principios de 1969, él impulsó la creación del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano (PRPM), privilegió sobre todo lo demás, el contacto con las masas, aunque consideró necesario, el uso de la violencia revolucionaria. Su pensamiento quedó plasmado en el programa del PRPM: Análisis de la Sociedad Mexicana, cuyo objetivo era instaurar el socialismo y el comunismo en México.

Sin embargo, el proyecto revolucionario del ingeniero Javier Fuentes no se pudo consolidar. El 2 de marzo de 1970, el ingeniero fue detenido por agentes de la DFS, quienes lo incomunicaron, amenazaron y torturaron. Posteriormente fue presentado a la opinión pública como un peligroso subversivo, responsable de “atentados terroristas”. De un plumazo el Juez confinó a Javier al limbo, encerrado en la Crujía M de la cárcel de Lecumberri, permaneció cuatro años. Él supo que Lecumberri era el panóptico, esa cárcel circular diseñada por Bentham para vigilar a los presos desde un puesto central.

Al salir de prisión, Javier Fuentes se mantuvo consecuente, visitó en 1978 en la sierra de Oaxaca al líder guerrillero Florencio el “Güero” Medrano, cargado de consejos y comentarios para que su camarada insurrecto se retroalimentara. Cinco años después, Javier visitó en la región Huasteca de Veracruz a Pedro Estrada Vega, dirigente de la Organización Campesina Popular de la Huasteca Veracruzana (OCPHV). Él se percató de las dificultades que tenía la OCPHV para trabajar con campesinos analfabetas del lugar, por lo que le dijo a Estrada Vega: “¡qué difícil la tienen!”. Además, Javier siguió viajando a la República Popular China, donde se desempeñó como traductor de las obras de los dirigentes chinos al español.

Una diabetes mal tratada segó la vida de Javier Fuentes Gutiérrez.  En su lápida está escrito: “Mucho tardará el universo en volver a reunir el polvo que aquí yace, de un gran hombre”.

Bibliografía utilizada:

Velázquez Vidal, Uriel. Historia del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1974, tesis de maestría. Escuela Nacional de Antropología e Historia. México. 2020.

[1] Maestro en Historia y Etnohistoria por la ENAH/correo electrónico: uriel.v.vidal@gmail.com

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Sobre una reciente compilación de textos de Arnoldo Martínez Verdugo. Figura emblemática de la izquierda en México



Sobre una reciente compilación de textos de Arnoldo Martínez Verdugo. Figura emblemática de la izquierda en México

Victor Hugo Pacheco Chávez

Fue por esos años [1957-1958] que Arnoldo encabezó las luchas. Era joven, casi tímido: vimos que sabía escuchar y no le espantaban las ideas nuevas que por entonces parecían blasfemias. Las discutía, y sabía también reírse. A veces, un fuego le brillaba en los ojos…

Eraclio Zepeda

Arnoldo Martínez Verdugo nació el 12 de enero de 1925, en el Estado de Sinaloa. Ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1946. Formó parte de las Juventudes Comunistas de 1948 a 1952. En 1959 integra el Secretariado Colectivo del Comité Central del PCM. Asume la dirigencia del partido en 1963 como Secretario General. Durante su larga militancia dentro del PCM la importancia que le concedió a la formación de un proyecto político intelectual puede verse en el impulso que dio a distintas publicaciones periódicas en las cuales se dio apertura a la discusión político-ideológica, como se puede constatar en las revistas Liberación (1957), Socialista (1975), El Machete (en la década de los ochenta), Oposición y Memoria.

Una de las características que se han señalado de la personalidad de Arnoldo Martínez Verdugo fue la apertura a las nuevas ideas y al debate que ellas implicaban, tal como nos dice Eraclio Zepeda en el texto que nos sirve como epígrafe. La figura de Martínez Verdugo indudablemente está ceñida a las luchas que el movimiento comunista impulsó en el México de la segunda mitad del siglo XX, luchas que tenían como horizonte político la transformación de la realidad social y política del país.

En su calidad de dirigente del PCM tuvo que pronunciarse sobre varios de los acontecimientos políticos a nivel mundial, en los cuales se dirimían las distintas vías que llevarían a la construcción de una sociedad comunista. Muchas de estas propuestas se contrapusieron a las directrices del Partido Comunista de la Unión Soviética. Empero, quizá los momentos de inflexión en la orientación del movimiento comunista mexicano, se dieron en la década de los ochenta del siglo XX donde se optó por la unión de las izquierdas y la disolución del PCM. Teniendo como resultado, primero, la creación del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) el 6 de noviembre de 1981, siendo candidato presidencial por el mismo un año después. Y, Segundo, la creación del Partido Mexicano Socialista, en 1987, producto de la fusión de PSUM y el PTM, proyecto que después de las elecciones presidenciales de 1989, devino, junto a la unión de otras corrientes políticas, en la creación del Partido de la Revolución Democrática. De este último partido Martínez Verdugo llegó hacer Jefe delegacional de la delegación Coyoacán, en el Distrito Federal, de 1997 a 1999.

Se ha señalado la importancia que tuvo su actuación en la formación y la construcción de una cultura política crítica del autoritarismo priísta. Sin embargo, si se revisan las pocas historias que hay sobre el PCM, difícilmente se encontrará mención en ellas a esta figura del comunismo mexicano debido a que su análisis se detiene en un periodo anterior al que nos interesa tratar en este proyecto (1963-2013).[1] Así cómo tampoco juega un papel protagónico en las historias generales de la izquierda en México.[2]

La necesidad de la revaloración de su figura y de su pensamiento es un tema que se puso sobre la mesa de discusión a partir de los festejos del centenario de la creación del PCM. Lo cual dio lugar a sendos homenajes que implicaron el traslado de sus restos mortuorios a la Rotonda de Personas Ilustres en 2019, el homenaje póstumo que realizó la Universidad Autónoma de Sinaloa y también aquél que se realizó en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, ambos en 2020.

Son varios los huecos que hay que llenar en torno a la figura de Arnoldo Martínez Verdugo. Hasta el momento no hay una biografía política que dé cuenta de los cruces de su trayectoria política y personal, tampoco hay trabajos que orienten de manera general un estudio sobre la políticas del PCM bajo su dirección, tampoco de su labor, no sólo como dirigente político, sino como un intelectual comprometido que impulsó un proyecto de reforma moral e intelectual dentro de la izquierda mexicana. La recopilación de textos que den cuenta de su pensamiento, como artículos, discursos, proclamas, etc., había sido insuficiente hasta el momento. Sólo existía una vieja compilación de los discursos que ofreció como candidato a la presidencia entre 1981 y 1982, durante la llamada “Marcha por la democracia”.[3]

Por ello, la reunión de los textos que realizó Elvira Concheiro, publicada por la editorial Akal[4] el año anterior, es fundamental para acercarse de manera crítica a la obra y al pensamiento de este intelectual. La compilación que recoge el grueso de sus textos escritos. Esta compilación está dividida en tres partes donde se puede notar su aporte a la clarificación de la lucha democrática y de las problemáticas del México contemporáneo como la lucha por la reforma política, el reconocimiento de los indígenas, la incorporación de la mujer en todas las esferas sociales, la mejora de las condiciones laborales y de vida del trabajador, entre otras. Reflexiones que muestran la preocupación de un dirigente político que tuvo como punto central, de su actuación política, la construcción de la hegemonía de la clase obrera cómo uno de los pasos que el proletariado mexicano debía de dar en su largo camino por su emancipación social.

Además de que se presentan textos de Elvira Concheiro, Andrés Manuel López Obrador, Pablo Gómez y Martí Batres, donde se destaca su compromiso con la transformación social y política del país, la congruencia con su práctica militante, la claridad de su percepción política y su amplio conocimiento de la realidad mexicana. Así, como la preocupación de la unidad de la izquierda basada en su consolidación democrática, plural y horizontal.

Un punto interesante también es la adscripción que se realiza de manera significativa de la reivindicación de la ética y el compromiso militante de los comunistas como parte de los legados que las distintas izquierdas han realizado a los proceso de transformación del país, sumando con ello, una herencia significativa del movimiento comunista al desarrollo de la cuarta transformación. Esta orientación que se realiza en el marco de un proceso de democracia y de transformación de la cultura política a la apuesta de un gobierno para las clases populares, plebeyas, sin duda ha causado revuelo y será análisis de futuros debates historiográficos, aunque sin duda fue una cuestión que en el marco de los homenajes del centenario del PCM y de Arnoldo Martínez verdugo no pasó desapercibida. Por el momento, la compilación que realiza Elvira Concheiro es un material invaluable para las batallas de la historia y de la memoria que la izquierda debe enfrentar para pensar la transformación del presente.

 

[1] Paco I. Taibo II, Bolcheviques. Una historia narrativa del comunismo en México, México, Ediciones B, 2008. Y Octavio Rodríguez Araujo, El Partido Comunista Mexicano (en el periodo de la internacional comunista), México, El Caballito, 1973.

[2] Max Ortega, La izquierda mexicana: una historia inacabada, México, Ítaca, 2012; Carlos Illades, La inteligencia rebelde, México, Océano, 2012; y Massimo Modonesi, La crisis histórica de la izquierda socialista mexicana, México, Casa Juan Pablos/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2003.

[3] Arnldo Martínez Verdugo, El proyecto socialista. Selección de discursos de la Marcha por la Democracia, diciembre de 1981-juniode 1982, México, Ediciones del Comité Central del PSUM, 1983.

[4] Elvira Concheiro (coord..), Arnoldo Martínez Verdugo. Obra de un dirigente comunista, México, Secretaria de Cultura de la Ciudad de México/Camarada de diputados/Cemos/Akal, 2020.

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Del nacionalismo revolucionario a lo nacional popular. A 60 años de la fundación del Movimiento de Liberación Nacional



Del nacionalismo revolucionario a lo nacional popular.
A 60 años de la fundación del Movimiento de Liberación Nacional.

CE, Intervención y Coyuntura

El Movimiento de Liberación Nacional (MLN) cumple en 2021, 60 años de haber sido fundado. Coalición amplia de energías que dio pie al esfuerzo unitario más importante desde la época del “Frente Popular”, durante el mandato de Lázaro Cárdenas, que colocó a México en la palestra mundial por su apoyo a la asediada República de España, así como su el papel frente a la invasión fascista a Etiopía. Sin embargo, a diferencia de aquel turbulento periodo en la fundación del MLN la fuerza social que articulaba el programa político se encontraba por fuera del poder del Estado. ¿Qué puede decirnos hoy y qué podemos decir de la historia del pueblo mexicano tras esas décadas? ¿Será sólo la evaluación de sus escasos resultados lo único que podamos mirar del MLN?

En Intervención y Coyuntura, sin ánimo de agradar a historiadoras e historiadores profesionales (aunque considerándoles), sostenemos que el MLN es un punto muy significativo en la estela construida durante el siglo XX por las luchas del pueblo mexicano para constituirse en determinante de la relación entre el Estado y la sociedad. La nuestra es una interpretación política, a la luz de la Cuarta Transformación, de aquel fenómeno político. Es una visión partisana.

A diferencia de la mayor parte de los académicos que han desentrañado la densidad del significado histórico del PRI –por ejemplo, el profesor del COLMEX Rogelio Hernández, cuyos trabajos son una fuente importante para complejizar la interpretación y abandonar los lugares comunes–, pensamos que la corriente asociada al nombre de Lázaro Cárdenas no debe ser leída en clave de un “nacionalismo revolucionario”, sino más bien como parte del trayecto de lo “nacional-popular” en México.

La ambigüedad puede imponerse como brújula. Hernández ha demostrado como el nacionalismo revolucionario es menos una ideología y más una construcción de instituciones que abandera la “justicia social” o la “rectoría del Estado”. Pero, a diferencia de él, consideramos que el “nacionalismo revolucionario” es una persistencia de la historia latinoamericana, evocada bajo distintos nombres, triunfante en algunas naciones (Argentina, Bolivia) y débil en otras (Chile, Ecuador). Más que una ausente coherencia ideológica, el “nacionalismo revolucionario” ha sido la forma política concreta de la sociedad capitalista tras periodos de movilización popular y subalterna en países “periféricos”. Su existencia se debe justo a esta imposibilidad de soberanía plena dentro de la economía mundial y recurre a artefactos técnicos: instituciones que repartan la riqueza, búsqueda de la mayor soberanía posible del Estado, la construcción de una élite política y una económica, a veces tomadas de la mano, a veces en aceras opuestas. Entendemos, entonces, al “nacionalismo revolucionario” como un trayecto dentro de las historias del Estado y el poder, que en su búsqueda soberanista recurren a las alianzas con sectores medios o “nacionales” de los sectores adinerados (las antiguamente llamadas burguesías nacionales). Así, el “nacionalismo revolucionario” ocupa un lugar en la historia del PRI, pero lo excede por mucho. Es una persistencia no sólo en el poder, sino también en sus vínculos con sectores sociales.

Sin embargo, la formación del MLN significa, para nosotros, una disrupción en esa lógica. Un recordatorio de algo que estaba ahí escondido, no sujeto al poder, sino por fuera de él, aunque en su búsqueda. Pensamos que ni Cárdenas en esa década, ni el MLN significan un reforzamiento del “nacionalismo revolucionario”, sino una versión alterna, subterránea, hasta un punto oculta. Comprendemos ese momento como un proyecto “nacional-popular”.

Nombramos con “nacionalismo popular” a los proyectos que han buscado determinar la forma estatal a partir de la participación política de las grandes mayorías, de la transformación del sentido común y de la aceptación de que la emergencia de una estatalidad soberana se afinca en la posibilidad de que las clases subalternas se asuman como la determinación de la nación. René Zavaleta escribió que en el corazón de lo “nacional-popular” se encontraba la disputa por el excedente y eso es, justamente, lo que permite realizar una línea de demarcación frente al “nacionalismo revolucionario”. Porque en este segundo lo importante son la presencia de instituciones, burocracias y mediaciones, en tanto que en el primero, lo significativo se juega en el factor de la sociedad movilizada. Movilización plural, diversa, siempre histórica, que toma pausas, da pasos adelante.

Celebramos la aparición del MLN como una persistencia que toca siempre a la relación estatal –de hecho, tiene sus momentos cumbre cuando se encarna en él–, pero lo diferenciamos de la rutina burocratizada del “nacionalismo revolucionario”. Esa persistencia se expresó en 1938 con la expropiación petrolera, sufrió un revés en 1948 con el giro autoritario en los sindicatos, reapareció violentamente en 1958-1962 con el movimiento ferrocarrilero, el MLN y la trayectoria de Rubén Jaramillo; encarnó después en el intento aliancista de los comunistas en 1979-1981 y, de nuevo fue marea social en 1988. Es, sin embargo, con la Cuarta Transformación, que con su triunfo histórico activó y cristalizó la memoria –80 años después de la gesta nacional por el Petróleo– de lo nacional-popular, como una corriente subterránea, permanente y viva. La emergencia, por periodos, expresa la vitalidad y la energía de la sociedad y su búsqueda por construir entornos democráticos.

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Reseña del libro «Edición y comunismo. Cultura impresa, educación militante y prácticas políticas (México, 1930-1940)» de Sebastián Rivera Mir



Reseña del libro Edición y comunismo. Cultura impresa, educación militante y prácticas políticas (México, 1930-1940) de Sebastián Rivera Mir

Sebastián Rivera Mir, Edición y comunismo. Cultura impresa, educación militante y prácticas políticas (México, 1930-1940), USA, University of North Carolina Press / Editorial A Contracorriente, 2020.

Javier Sainz Paz

La izquierda mexicana ha sido estudiada desde diversos ángulos, sin embargo, pocas veces la crítica se detiene sobre los proyectos editoriales que llevaron a cabo las organizaciones políticas, sus procesos de producción, edición, sociabilidad, distribución, consumo y cómo éstos impresos se inscriben en el espacio público. En ese sentido, el nuevo libro del historiador Sebastían Rivera Mir, Edición y comunismo. Cultura impresa, educación militante y prácticas políticas, viene a llenar un vacío importante en el estudio de las izquierdas y la cultura impresa.

Como señala el autor, la recuperación de esta historia no es un proceso terso que pueda ser abordado gracias a la existencia de archivos ordenados y a la disponibilidad del público, sino que requiere el esfuerzo de acercarse a “los archivos del terror (asociados a las estructuras represivas del Estado), las (auto)biografías de los militantes y los productos impresos. Éstos últimos, siempre carentes del afamado ISBN, sin cumplir con los depósitos legales, ni tampoco con autoridades bibliográficas dispuestas a recolectarlos, apenas se encuentran disponibles en las bibliotecas mexicanas” (Rivera, 2020: 7-8).

Como muestra Rivera Mir, el proletariado mexicano no sólo fue el protagonista de grandes gestas, sino también formó parte de una comunidad de lectores, editores, libreros, escritores, traductores, dibujantes, distribuidores e impresores que “debieron enfrentar los problemas cotidianos de este tipo de actividades, que iban desde resolver situaciones técnicas hasta los ineludibles problemas financieros” (Rivera, 2020: 16).

En Edición y Comunismo se plantea que dichas actividades y proyectos editoriales están inscritos  en una red transnacional que a principios de la década de los treinta “estaba prácticamente monopolizada por las publicaciones de bajo costo elaboradas en Europa, especialmente en España y Francia” (Rivera, 2020: 21); no obstante, apunta que la situación cambió en 1935 debido a “las nuevas directrices de la Comintern [que impulsó] la estrategia del frente popular antifascista, [rompiendo] las dinámicas sectarias del tercer periodo” (Rivera, 2020: 31) dando oportunidad a que las editoriales accedieran a una red más amplia de escritores, que aumentaran su catálogo, temáticas y lectores.

Asimismo el autor muestra que en esa primera periodización, correspondiente a la primera mitad de la década, la represión que desató el gobierno mexicano en contra del Partido Comunista de México (PCM) acarreó –además de muchas vejaciones,– el cierre de publicaciones, requisición de imprentas, restricción del correo y otros pesares; no obstante, considera que aquél proceso traumático “dotó a las entidades [partidarias] repartidas por la república de una libertad que el centralismo democrático del PCM había limitado. De ese modo, tuvieron que ser capaces de buscar modos creativos de continuar sus labores” (Rivera, 2020: 49) en el partido, así como nuevos métodos de trabajo para lograr superar la situación de precariedad y mantener la actividad editorial; así, el autor sustenta que, si “en algún momento la ecuación «militar es editar» se volvió un axioma para los comunistas, fue precisamente en este periodo” (Rivera, 2020: 69).

Con la llegada del gobierno de Cárdenas la situación cambió, pues la represión callista que controló y restringió la circulación e impresión de materiales comunistas se subvirtió en una proliferación de iniciativas que fue un aliciente para el mercado de los libros marxistas; asimismo, en términos generales, aquel periodo construyó un “proceso de industrialización y profesionalización del ámbito editorial, que significó un salto cualitativo y cuantitativo para el mercado local” (Rivera, 2020: 78).

En ese contexto, el autor plantea que hubo varias iniciativas editoriales locales no relacionadas directamente al PCM pero sí elaboradas dentro de la esfera comunista, entre las que se encontraban “Gleba, Cimientos, Cuadernos de Pedagogía Proletaria, Ediciones de la LEAR, Ediciones Defensa Roja, Ediciones Espartaco, Editorial Dialéctica, Ediciones FER, Integrales y Ediciones Frente Cultural” (Rivera Mir, 2020: 74).

Por otro lado, Rivera Mir señala que desde 1935 el PCM vio la necesidad de crear “fuertes empresas editoriales de izquierda [que pudieran constituir] una verdadera institución de preciosa utilidad para los trabajadores e intelectuales revolucionarios”. (Rivera Mir, 2020: 78). Ello fue puesto en marcha hasta 1937, con el pleno de junio del Comité Central del PCM que, en el marco de la estrategia de frente popular con las fuerzas progresistas del cardenismo, “estableció realizar un esfuerzo especial para fortalecer la propaganda, la difusión y la formación ideológica de los militantes comunistas y del proletariado en su conjunto. Esto se materializó en la creación de la Editorial Popular, que vendería libros y folletos a bajo costo con la finalidad de lograr los objetivos políticos propuestos por la dirigencia” (Rivera Mir, 2020: 105).

Si bien la Editorial Popular fue la más importante de estas iniciativas, no fue la única. Como muestra el historiador, los comunistas buscaron insertarse en sindicatos afines a la edición, realizaron ferias de libros, ediciones especiales, se impulsaron editoriales paralelas, se organizaron redes de libreros, se tradujeron textos al maya, se estrecharon relaciones con librerías y agencias en el centro de la ciudad de México; es decir, toda una serie de actividades que “demuestran las capacidades creativas que tenían los comunistas” (Rivera Mir, 2020: 113).

Uno de los aspectos en los que el autor pone especial énfasis es en las experiencias de obreros que participaron en la edición comunista, cuyas “formas de adherirse a este trabajo fueron variadas y difíciles de enmarcar dentro de una sola explicación” (Rivera Mir, 2020: 120), pero cuya militancia y sacrificio fue esencial para el desarrollo de las publicaciones.

Otro eje de la investigación da cuenta de los intentos editoriales de la derecha mexicana, mismos que, como señala Rivera Mir, es difícil seguirles la pista ya que “en algunos casos obedecieron a iniciativas individuales, que conectaron el nombre de un escritor reconocido con una editorial que buscaba hacer un buen negocio” (Rivera Mir, 2020: 130). Como bien expone el autor, los proyectos de la derecha mexicana pasaron por las mismas problemáticas que los comunistas durante la primera mitad de la década, desde la persecución, la fugacidad, la “falta de especialización de los implicados, carencia de canales de distribución, precariedad laboral, [y un] bajo desarrollo técnico” (Rivera Mir, 2020: 130). Asimismo, como ocurrió con las publicaciones comunistas, para 1935 la situación cambió para las publicaciones conservadoras gracias al fortalecimiento en el escenario público de una derecha secular.

Así, el autor nos presenta los mecanismos de los que se valió la derecha mexicana para construir el discurso en contra de “sus enemigos”, a los cuales fundió en la idea de la “amenaza comunista” personificada en diversos actores, desde el PCM hasta funcionarios públicos de diferentes jerarquías. De igual manera muestra claramente el papel que jugaron los grandes diarios privados, como aliados de los sectores conservadores para denostar las campañas comunistas.

Así, Edición y Comunismo es una obra fundamental, que da cuenta no sólo de las diversas prácticas desarrolladas por el campo comunista y sus múltiples actores, sino también de las diferentes tensiones que conformaron el espacio público de la década de los treinta.

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José Revueltas: entre Anteo y los monstruos del bien. Del Ensayo sobre un proletariado sin cabeza a Los errores.




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José Revueltas: entre Anteo y los monstruos del bien. Del «Ensayo sobre un proletariado sin cabeza» a «Los errores».

Javier Sainz Paz

Iniciemos bajo esta premisa: ni la novela Los errores (1964) es un manual o ensayo teórico-político, ni el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962) es una obra de ficción. Empero, ambos géneros, novela y ensayo, permiten la inclusión de segmentos que le brindan agilidad discursiva al texto o corresponden a una estrategia por parte del autor.

José Revueltas insertó en varias de sus novelas no sólo marcas contextuales referentes a períodos de la historia de México, sino también cavilaciones de todo tipo que realiza por medio del narrador y varios personajes en donde la introspección y el ensayo se combinan con la prosa poética, método singular utilizado por Revueltas en varias de sus obras.

En Los errores, en distintas ocasiones ―si no es que en toda la obra ficcional― podemos apreciar la constante intervención, al punto casi de la invasión, de un narrador extradiegético que necesita desplazarse sin resticción alguna para dosificar, a gusto y necesidad, la información con el fin de realizar juicios, tener la máxima perspectiva, erigir descripciones donde el lector se quede impregnado con el “lado moridor” y provacarle un sentimiento de encierro que ocasione empatía con los personajes que están sumergidos en una trama que los conducirá por la espiral de la enajenación, como diría Evodio Escalante en su libro Una literatura del lado moridor.

Si realizamos un examen de las intervenciones gnómicas y psicorraciones que realiza el narrador en los capítulos donde se desarrolla la trama de los comunistas, podemos apreciar que muchas de ellas tienen semejanzas y correspondencias con los juicios que realiza Revueltas en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza de 1962. Por motivos de espacio, son tres los tópicos en los que me detendré: 1) El partido como noción ética, 2) Sofismas y dogmatismo en el Partido Comunista Mexicano (PCM), y 3) Las balas de Anteo y los monstruos de bien. En este último apartado busco mostrar cómo la figura mítica de Anteo, y la de los “mountruos del bien”, se convierten en la metáfora que nos conduce hacia una perspectiva de análisis del PCM.

  1. El partido como noción ética.

El partido como noción ética aparece, de forma más explícita, en el capítulo X de Los Errores, que lleva el nombre de “Ismael Cabrera”. En las siguientes líneas, el narrador describe este concepto: “El partido como noción moral superior, no sólo en su papel de instrumento político, sino como conciencia humana, como la reapropiación de la conciencia”[i].

Más adelante, el narrador se desplaza entre los recuerdos del personaje Jacobo Ponce hasta llegar a un diálogo con Patricio Robles, dirigente del partido:

-¿De dónde saca usted esas tonterías idealistas, camarada Jacobo, acerca del partido como noción ética? -Patricio lo había mirado con aire cruel y lleno de vehemente desprecio, un rictus de asco en la comisura de los labios-. ¡Pendejadas! El partido es la vanguardia del proletariado. Nosotros representamos en México esa vanguardia. Eso es lo que debe estar claro para todos[ii].

Después de esto, el narrador vuelve a desplazarse en la memoria de Ponce hasta llegar a otro diálogo que sostiene, ahora, con Ismael Cabrera, miembro del Comité Central del PCM:

Estoy de acuerdo contigo: es necesario en absoluto comenzar a decirlo, explicárselo a todos. En la comprensión de esto radica el porvenir; No el porvenir inmediato, sino el de más adelante, el de los destinos de la conciencia socialista después del triunfo. De acuerdo por completo. Mira: la verdad es que caminamos por el filo de la navaja de esa fórmula horriblemente acariciante y tentadora, de que el fin justifica los medios. Un descuido y ahí estaremos ya, inconscientes, ciegos. Bien; esto acaso pudiera tolerarse en la lucha contra el capitalismo. Digo pudiera. No debe tolerarse en ninguna clase de circunstancias. Pero, ¿te lo imaginas después? Correríamos el riesgo de convertir en mentiras las grandes verdades históricas; de entregar la dirección de la sociedad a los locos de la inteligencia, a los santos malos de que tú hablas. Terminaríamos por pensar que los hombres no tienen salida[iii].

El concepto de partido como noción ética trae consigo la idea de verlo no solo como un instrumento político, sino como medio para la reapropiación de la conciencia del hombre, pues de asumir que el partido es sólo la vanguardia del proletariado per se, por el simple hecho de decirse comunista, y que a los comunistas les asiste la verdad histórica, en su nombre se podrían realizar muchos crímenes. En el Ensayo sobre un Proletariado sin cabeza encontramos las siguientes líneas:

Caracterizan al stalinismo, de este modo, dos rasgos fundamentales: a) la deformación de la conciencia proletaria, el abandono de su racionalidad y de su tendencia histórica hacia la rehumanización del hombre, que son sustituidos por una autodeformación de la conciencia; y b) la sustitución del carácter revolucionario del proceso por una tendencia conservadora dominante dentro del mismo[iv].

Es decir, la deformación de la conciencia deviene en que se deja de luchar por la emancipación plena del hombre. En la novela se ejemplifica un rasgo del estalinismo y no se realiza el proceso de desarrollar la categoría del partido como conciencia organizada como sí se hace en el Ensayo… , pues el interés es otro: es ahondar acerca del silencio que tienen que guardar los comunistas, la verdad que ocultan respecto a las deformaciones que genera el partido; es por ello que, aunque ello no fuese directamente la razón de la expulsión del personaje Jacobo del partido, es un punto nodal desde donde se erige la crítica de Revueltas en la novela.

  1. Sofismas y dogmatismo del PCM

En la novela encontramos varios momentos donde el narrador, al exteriorizar el pensamiento de los personajes, construye en el lector una perspectiva del partido como ente dogmático; una muestra es cuando califica a aquellos que “andaban mal” para la dirigencia, es decir aquellos que de alguna forma eran nocivos para la permanencia en el poder de ciertos grupos en el seno del partido; expresiones como “teóricos pequeño burgueses desligados de las masas”, actitudes “objetivamente contrarrevolucionarias”, “desviación de los principios”, “espíritu anti partido”, “influencias extrañas a la clase obrera”, eran utilizadas para definir a los traidores y sustituir una investigación real de los hechos, anularlos políticamente y en ocasiones hasta de forma física. Esta anulación de la democracia interna y de la autocrítica se conformó como una segunda esencia para el partido.

En la novela tenemos al personaje Ólenka Delnova, joven de 20 años cuyo crimen fue haber desatendido sus deberes burocráticos en el Partido Comunista de la Unión Soviética, debido a que su madre sufría de alcoholismo y eraella quien la cuidaba; a la joven se le acusó de no confiar en las instituciones soviéticas para cuidar de su madre, de tener una disposición antipartido, contrarrevolucionaria y de traidora a la causa del comunismo. Olegario recuerda las palabras expresadas por Eladio en defensa de Ólenka:

¿De dónde se sacaba estas conclusiones obtusas, mecánicas, frías, donde ante todo lo primero que se ignoraba era la existencia del ser humano? […] Estaban ahí para juzgar el caso de hoy Ólenka Delnova, pero todos los que se interesaron en conocerlo de antemano, todos sin excepción, se habían satisfecho tan solo con leer el expediente, sin preocuparse siquiera de hablar con ella y escucharla. Para ellos el expediente era más valioso que Ólenka; Ólenka era menos importante que un papel muerto y miserable, donde cualquier burócrata habría garabateado cualquier cosa[v].

Así como a Antígona se le negó sepultar a su hermano Polinices, para matar no sólo al hombre sino su memoria, Ólenka fue desaparecida, metáfora propuesta y explicada por José Manuel Mateo en su libro En el umbral de Antígona.

Más adelante Olegario reflexiona en la diferencia entre los crímenes del fuero común y los políticos; dirá que los asesinatos hechos por los comunistas están cargados de amor, pues incluso ellos son parte de la construcción del socialismo; pero de pronto Olegario siente horror de sus propias palabras y el narrador nos hace testigos de un vertiginoso debate en la conciencia del personaje:

(…Exactamente pensó en el lenguaje de los procesos de Moscú donde el fiscal acusaba a ciertos procesados de haber urdido la muerte prematura de Lenin. Muerte prematura, igual a homicidio; supresión administrativa, igual a fusilamiento sin proceso público. Cuestiones de semántica, se dijo como si sonriera por dentro. Algo que será de lo más endemoniadamente jocoso para las generaciones futuras que estudien nuestra época). El carácter impersonal, angélico, del asesinato político.[vi]

Asimismo, Olegario piensa en la muerte de Sócrates, en cómo aceptó su muerte, en la situación en que un sujeto cualquiera podría aceptar su propia muerte y si habría alguna vez circunstancias, de la más elevada e inobjetable jerarquía moral, que permitieran el asesinato y la aceptación de aquellos actos. Después hay una nueva vuelta de tuerca en esta cavilación:

La sentencia y la muerte de Sócrates fueron racionales, sujetas a una lógica estricta y dependientes de lo que, para su tiempo, no podría ser sino una «elevada e inobjetable jerarquía moral». Nadie consideró la muerte de Sócrates como extravagancia, locura o extravío de los jueces (aunque se tachó de injusta por muchos); ni tampoco nadie calificó de retorcida o enfermiza la aceptación y la noble auto consumación de esa muerte por Sócrates. El filósofo mismo hubiera deseado que el mejor de sus amigos le preparara el brebaje mortal. ¿Porque le había resultado, pues, tan extraños sus propios pensamientos del instante anterior? Un fantasma recorría el mundo: el fantasma de la matanza de los inocentes. Pero…, ¿Si ese fantasma tenía la razón y la verdad?[vii]

Más adelante, en el capítulo XXV, Olegario piensa que no es en la noción de partido donde reside la conciencia deformada, pues aún ésta instancia necesita individualizarse, es decir que detrás de él no existe algo amorfo y efímero, sino sujetos concretos responsables por el actuar del partido: “con ese y los demás crímenes cometidos, en cualquier parte que fuese del mundo, los jefes habían asesinado al partido comunista. La única resurrección posible sólo podía residir en la verdad, en la libertad, en el hombre y en el castigo”[viii].

En el capítulo final de la novela, el narrador nos conduce por los pensamientos de Nazario Villegas, líder de la organización anticomunista contra la que el PCM había planeado el atentado. Se desarrollan dos tesis: a) la dirigencia del PCM juega a la revolución; sus acciones sólo buscan ser las más radicales pues su objetivo no es hacer la revolución en México, sino subir en la jerarquía burocrática soviética; y b) que la dirigencia del PCM juegue a hacer la revolución es ideal y funcional para la burguesía mexicana. Veamos este segmento:

Lo esencial residía en que ahora se presentaba la coyuntura para obligar al gobierno […] a que formara parte, de hecho, en un frente único anticomunista junto a todas las agrupaciones de las diferentes gamas de la derecha, donde, con legitimidad indisputable, correspondía a Nazario Villegas el liderazgo político. Los jefes comunistas jugaban a la toma del poder, eso sí, conscientes de que no era sino un juego, aunque sangriento y criminal. Pero gracias a este juego, Villegas ya estaba en la antesala del poder, lo que a la postre no les resultaba tan divertido a tales jefes[ix].

Así, en la novela se desarrolla la manera en como los jefes comunistas hacían creer que se luchaba por la revolución, era por medio del dogmatismo y de la anulación de la democracia interna. En el epílogo, que lleva por nombre “El nudo ciego”, la psiconarración sienta foco sobre Ismael Cabrera, líder comunista que, aunque está de acuerdo con Jacobo, no arriesgaría por nada su posición elevada en la jerarquía comunista, dentro de la cual desea seguir escalando. Ismael enumera la lista de sofismas que son utilizados por los “cráneos” dirigentes del partido que conforman la “teología roja” del comunismo:

La clase obrera es la clase más revolucionaria; el partido comunista es el partido de la clase obrera; ergo, es el partido más revolucionario. “El proletariado es la vanguardia de las demás clases oprimidas; el proletariado triunfante de la Unión Soviética es la vanguardia del proletariado mundial; ergo, la URSS es la vanguardia de la revolución en todos los países de la tierra.” “Stalin fue el mejor discípulo de Lenin; Lenin fue el más grande continuador del marxismo; ergo, Stalin es el más grande continuador del marxismo.” “La IV Internacional no es sino una variante del fascismo; Trotsky es el jefe de la IV International; ergo, Trotsky no es sino una variante de Hitler y Mussolini”, etcétera.[x]

En el Ensayo…, podemos encontrar una correspondencia a esto. Desde el prólogo podemos encontrar las consecuencias del dogmatismo, el estalinismo chichimeca:

Un stalinismo chichimeca, bárbaro, donde el “culto a la personalidad” se convierte en el culto a Huitzilopoztli y en los sacrificios humanos que se le ofrendan periódicamente con la expulsión y liquidación política de los mejores cuadros y militantes, cada vez que esto se hace necesario cuando los sombríos tlatoanis y tlacatecuhtlis dentro del PCM se sienten en peligro de ser barridos por la crítica justa[xi].

De esta manera, la dirección autoral expone que, cuando las armas de la crítica están viciadas por un proceso dogmático y demagógico, ello afecta a plenitud el resultado, es decir que la crítica de las armas es una praxis dogmática, lo cual tendrá graves consecuencias. En el Ensayo… Revueltas plantea que el extremo de las condiciones negativas para que se suscite una práctica dogmática son las siguientes:

1] Carecer de una conciencia colectiva; 2] para no tener esa conciencia colectiva, suprimir su ejercicio, abolir la democracia interna; 3] para no ejercer la conciencia colectiva, impedir el desarrollo ideológico; 4] para impedir el desarrollo ideológico, erigir la teoría en un dogma; 5] para poder erigir la teoría en un dogma, impedir el crecimiento del partido; 6] para impedir el crecimiento del partido, no ligarse a las masas; 7] para no ligarse a las masas, realizar una práctica errónea; y finalmente, 8] para poder realizar una práctica errónea, presentar dicha práctica en uno de sus dos aspectos: o como una aplicación inadecuada de un concepto justo, de una línea política justa, o como la práctica limitada de un concepto justo, pero que no ha podido realizarse en su totalidad en virtud de impedirlo las condiciones objetivas adversas, pero que en última instancia, comprueba la justeza del concepto[xii].

Esto lo ejemplifica Revueltas en el actuar del PCM de 1929 a 1934 ― periodo en el que la crítica ha situado el desenvolvimiento de la trama de Los errores―, años en que la Internacional Comunista ordena una radicalización de la lucha contra el Estado:

Entonces el PCM, sin preocuparse de las peculiaridades que el fenómeno tenía, o podía tener en México, toma en bloque el concepto de radicalización de las masas y lo convierte en la norma que debe regir de modo absoluto el carácter de su propia participación en el movimiento sindical. De tal suerte, todas las huelgas donde el PCM participe deberán ser “las más radicales”, las más extremistas y las que exijan demandas más altas; y todos los centros de trabajo que estén bajo el control del PCM deberán ser lanzados a la huelga sin excepción. El resultado no fue otro, por supuesto, que la expulsión de los comunistas de los sindicatos donde el PCM no tenía la dirección ni podía defender a sus miembros, y la derrota y el aplastamiento despiadado de las huelgas dirigidas por el partido[xiii].

  1. Las balas de Anteo y los monstruos del bien.

Anteo fue un gigante, hijo de Poseidón y de Gea, que se enfrentaba con los viajeros que pasaban por sus tierras y, tras vencerlos, adornaba el templo de su padre con sus cráneos. Sólo Heracles pudo darle muerte al separarlo de la tierra, de su madre, que cada vez que se ponía en contacto con ella reponía sus fuerzas, situación que ante los ojos de todos, lo hacía pasar por inmortal. Anteo, ese gigante que asesinaba para honrar a su padre, es utilizado como metáfora por el autor en el capítulo XXIV de la novela.

Los monstruos del bien son aquellos militantes del silencio, que saben la verdad pero prefieren callarse pues creen que su voz debilitará al partido, es decir, a la entidad superior a la cual se deben. Estas dos metáforas requieren un proceso de interpretación y no tomarlas como mera prosa poética del autor: Anteo, sería la dirigencia cuya conciencia deformada mata para honrar a su padre, su fe, su dogma; los monstruos del bien, militantes que están al tanto de la situación pero que prefieren callar, sólo contemplan cómo Anteo sacrifica al militante. Anteo puede morir, al ser separado del dogma por medio de la verdad, el no callar ante los crímenes; el combatir el dogmatismo es lo que ahogará el poder del dogmatismo sobre los monstruos, los ciegos seguidores. Sólo así podrá nacer el partido que defienda la verdad histórica que la vio nacer, seguir su camino de convertirse en la conciencia histórica, organizada y cumplir los propósitos por los cuales fue creado.

Este ensayo buscó trazar algunas de las líneas que atraviesan el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y la novela Los errores sin pretender que lo expuesto sean las únicas relaciones que se puedan trazar. Las reflexiones a las que llaman ambas obras son valiosas aunque también, deben analizarse como parte de un contexto específico y siempre tomando en cuenta los géneros desde donde fueron concebidas. Una de las reflexiones más valiosas es el llamado que hace Revueltas a que lector responda si el siglo XX será recordado como aquel donde triunfó la Revolución de Octubre de 1917 o donde el sueño del comunismo murió con los Procesos de Moscú. A mi parecer, lo importante no es inclinarse con seguridad por una u otra respuesta, sino recordar que nada definitivo está dicho aún, y que el tren de la historia sigue en movimiento.

Bibliografía.

Mateo, José Manuel. En el umbral de Antígona. Notas sobre la poética y la narrativa de José Revueltas. México, Siglo XXI Editores, 2011. 261 p. (Col. “Lingüística y Teoría Literaria”).

Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva. 3ª. ed. México, Siglo XXI Editores. 2005. 191 p.(Col. “Lingüística y Teoría Literaria).

Pimentel, Luz Aurora. Constelaciones I. Ensayos de teoría narrativa y literatura comparada. México, Boniga Ortiga Editores-UNAM-FFyL, 2012. 360 p.

Revueltas, José. Los errores. 4ta. reimp. México, ERA, 1979. 278 p. (Col. Obras completas…6).

Revueltas, José. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. pról de Andrea Revueltas, Rodrigo Martínez y Philippe Cheron. 4ª. reimp. México, ERA, 1987. 248 p. (Col. ―Obras Completas…17).

[i] José Revueltas. Los errores. 4ta. reimp. México, ERA, 1979. p. 88. (Col. Obras completas…6).

[ii] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 89.

[iii] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 90.

[iv] José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. pról de Andrea Revueltas, Rodrigo Martínez y Philippe Cheron. 4ª. reimp. México, ERA, 1987. p. 61. (Col. ―Obras Completas…17).

[v] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 146.

[vi] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 179.

[vii] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 220.

[viii] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 252.

[ix] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 262.

[x] José Revueltas. Los errores. Ibíd. p. 271.

[xi] José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sincabeza. Ibíd. p. 38.

[xii]  José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. Ibíd. p. 236.

[xiii] José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. Ibíd. p. 240.




El PRD: un intento de balance temporal




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El PRD: un intento de balance temporal.

Jorge Puma

Hace tiempo que algo está roto en la izquierda mexicana, algo que la corriente progresista y liberal no atina a nombrar porqué vive de espalda a su pasado radical, o porqué nunca ha sentido conexión alguna con él. Y aún así resulta sorprendente, o tal vez no, que el Partido de la Revolución Democrática se sume junto con el PRI y el PAN a la agenda de Sí por México. Baste decir que la agenda “progresista” de Sí por México no es más que otro homenaje de la reacción y los intereses fácticos al triunfo del ideal igualitario en nuestro país, un Pacto por México 2.0 que ni siquiera se atreve a decir su nombre. Por eso, que el PRD, el partido que heredó el registro del Partido Comunista y nació de la irrupción electoral del neo-cardenismo en 1988, se pronuncie a favor de “garantizar la propiedad privada y el libre emprendimiento” habla de una deriva ideológica total o de la mala costumbre de no leer lo que se firma.

La izquierda partidista mexicana terminó el siglo XX con una sensación de desorientación y oportunidades perdidas que sus constantes triunfos electorales no pudieron borrar. No es extraño que esa izquierda haya transitado de la crisis del socialismo real a una nueva identidad democrática y de ahí a un redescubrimiento de la diversidad cultural y a un replanteamiento en clave socialdemócrata. La fluidez ideológica suele ocultar una transformación social y política al interior del PRD que poco tiene que ver con esas etiquetas y que en cambio muestra el desgaste de la militancia proveniente de los movimientos sociales y de las antiguas organizaciones radicales de los años sesentas y setentas. A eso hay que sumar el colapso de los referentes internacionales de la izquierda revolucionaria, la crisis de la tercera vía y el surgimiento de un polo de izquierda radical no partidaria ligeramente agrupada entorno al neo-zapatismo. Hablar de la crisis del PRD se ha vuelto lugar común, pero para los votantes de izquierda el partido del sol azteca se convirtió en esa pareja infiel a la que se perdonó casi todo por años hasta que la última infidelidad y golpiza fueron demasiado. Los ejemplos de críticas al perredismo abundan en los periódicos, revistas y libros académicos. La variedad de izquierda incluye textos de los militantes de la izquierda radical dejada en el camino, los huérfanos de las mil escisiones y los liberales recién llegados. Y, sin embargo, llama la atención que el balance crítico de algunos de sus militantes no llegue muy lejos, pareciera que luego de treinta años lo único que queda es una suave patina de las lecturas de la tercera vía, críticas al populismo copiadas al liberalismo de derecha, y cierto resentimiento ante las derrotas en la última elección interna. 

La empresa académica va un poco más lejos y se beneficia de la distancia política y metodológica. Pocos o tal vez ninguno de los que emprenden el intento de comprender al PRD tardío pasaron por la ingrata experiencia de las luchas partidarias internas, el brigadeo mercenario ni los compromisos que la política real impone y que son muy diferentes a los sacrificios de la militancia universitaria o clandestina de generaciones anteriores. Protegidos en la estadística electoral, la limpia legislación progresista o la evaluación de los programas sociales nunca veremos las vicisitudes de la militancia de a pie ni a la mugre de la burocracia partidista o el desencanto del asesor que escribió los discursos.  En ese espacio gris en el que se sustentó la labor electoral y política del PRD del siglo XXI donde un análisis histórico y sociológico todavía está pendiente. La historia del PRD que aún está por escribirse tendrá por fuerza que decirnos qué pasó con la militancia en la Ciudad de México, Michoacán y Guerrero, pero también en el norte y el occidente, después del 2000. Comprender el fracaso del PRD de constituirse en una opción nacional y su imposibilidad de empujar una transición política y económica más allá del neoliberalismo es una tarea urgente para la izquierda obradorista.  

Creo que el balance crítico del PRD tiene sentido ante el intento de blanquear el pasado y convertirlo en la expresión indisciplinada de la tan soñada “izquierda moderna”. Es cierto que el PRD no está muerto, pero no es el espacio desde el cual podrá construirse ni la oposición al obradorismo ni la raíz que la izquierda mexicana deba valorar por más que varios de sus integrantes vienen de ahí. El PRD, como el PPS, es parte de la herencia a la que debemos renunciar, pues ni siquiera tiene el pretexto de la mentalidad de sitio de los sectarios de los setentas o la rigidez del estalinismo criollo. Y si bien nadie debe olvidar las luchas campesinas de Álvaro Ríos ni a los centenares de muertos perredistas durante el Salinato, los errores de Lombardo y de lo que queda del PRD son suficientes para guardarlos en el cajón de los sueños rotos.