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Esther Chapa Tijerina, feminista y militante comunista



Esther Chapa Tijerina, feminista y militante comunista

Uriel Velázquez Vidal[1]

Recuperar las biografías de la izquierda mexicana es un deber pendiente de las y los historiadores. Así, es como se puede difundir las trayectorias de hombres y mujeres que se propusieron transformar su realidad en beneficio de las futuras generaciones. Fue el caso de Esther Chapa Tijerina, una luchadora incansable por los derechos de las mujeres y por el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, las cuales se concretaron en 1972. Además, fue militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), y su posición crítica la llevó a romper con este instituto político, para iniciar un proyecto de impulso al maoísmo.

Esther nació en Tampico, Tamaulipas, el 22 de octubre de 1904, en una familia de recursos económicos. En 1917 migró a la capital del país, para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria y cuatro años después ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la que se tituló en 1921. Fue una excelente académica y la primera mujer mexicana en haber obtenido una cátedra por examen de oposición en la materia de microbiología.

En 1928, Esther tuvo nupcias con el médico Ismael Cosío Villegas, con quien procreó un hijo, antes de divorciarse en 1931. Un año después se integró al PCM y participó en todos sus frentes de trabajo femenil. Con la autorización del partido, durante la administración de Lázaro Cárdenas se desempeñó como funcionaria pública impulsando obras sociales e incluso penitenciarias. En esa década se casó con el militante comunista Rosendo Gómez Lorenzo, de quien se separó a inicios de los años cuarenta.

Por aquellos años, Esther destacó en su lucha por el derecho al sufragio femenino, su pensamiento quedó plasmado en el libro El derecho de voto para la mujer, de 1936. Logró su objetivo el 17 de octubre de 1953, cuando se decretó que las mujeres tenían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Ese mismo año fundó la Sociedad Mexicana de Amistad con China Popular A.C., cuyo propósito era crear lazos fraternales y culturales entre ambos países, popularizar los logros realizados en China y encabezar campañas en favor de la inclusión de la República Popular China en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Como ejemplo tenemos la carta que Esther le envió a Manuel Rojas, militante comunista. La carta con fecha del 21 de septiembre de 1963, informó que la Sociedad Mexicana de Amistad con China Popular promovió eventos culturales, para celebrar el XV aniversario de la instauración de la República Popular China. Casi al final de su carta, expone hasta dónde se compartían objetivos e ideas: “México no debe mantener relaciones diplomáticas con ese títere [de Chiang Kai-shek] que no representa a China y que es un traidor. México debe reanudar las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la República Popular China para lo cual estamos desarrollando la campaña de firmas, que esperamos usted intensifique.”[2]

Al recrudecerse la pugna internacional chino-soviética a principios de los años sesenta, Esther no sólo argumentó en el seno del PCM por el bando chino, sino que también defendió la estrategia maoísta para México, por lo que en 1963 fue expulsada del partido. Al año siguiente fundó la Sociedad Mexicana de Amigos de la China Popular. Con ello, dio a conocer el modelo revolucionario de Mao Tse-tung y la cultura de la República Popular China, favoreciendo el desarrollo del maoísmo en México.

Las oficinas de la Sociedad Mexicana de Amigos de la China Popular se encontraban en el domicilio de Esther, ubicado en la calle Palenque número 475, colonia Narvarte de la Ciudad de México. El distribuidor general “Guozi-Shudian” le mandaba miles de ejemplares de las revistas Pekín Informa y China Ilustrada, así como una gran cantidad de literatura marxista. Ella se encargaba de suministrar propaganda y libros gratuitos a las organizaciones políticas que seguían la línea maoísta, tales como la Liga Comunista Espartaco (LCE), Alianza de la Izquierda Revolucionaria Estudiantil (AIRE), entre otras.[3]

El 14 de diciembre de 1970, Esther falleció de cáncer en su domicilio de la colonia Narvarte. Lamentablemente no pudo presenciar la formalización de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, por las que tanto luchó en vida.

Bibliografía utilizada:

De Pablo, Óscar. La Rojería. Esbozos biográficos de comunistas mexicanos. DEBATE. México. 2018.

García Jiménez, Plutarco Emilio. Memoria en el tiempo y un poco de historia, Juan Pablos Editor, México, 2021.

Velázquez Vidal, Uriel. El poder viene del fusil. El Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano y su legado en el movimiento maoísta, 1969-1979, Libertad bajo Palabra, México, 2022.

Archivos:

Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS), Ciudad de México-México, Fondo Partido Comunista Mexicano.

Archivo General de la Nación (AGN), Ciudad de México-México, Fondo Dirección Federal de Seguridad.

[1] Doctorando en Historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

[2] CEMOS, PCM, Caja 53, Clave 49, Expediente 52.

[3] AGN, DFS, Caja 244, Legajo único. 1967-1979, Foja 31.




Sobre una reciente compilación de textos de Arnoldo Martínez Verdugo. Figura emblemática de la izquierda en México



Sobre una reciente compilación de textos de Arnoldo Martínez Verdugo. Figura emblemática de la izquierda en México

Victor Hugo Pacheco Chávez

Fue por esos años [1957-1958] que Arnoldo encabezó las luchas. Era joven, casi tímido: vimos que sabía escuchar y no le espantaban las ideas nuevas que por entonces parecían blasfemias. Las discutía, y sabía también reírse. A veces, un fuego le brillaba en los ojos…

Eraclio Zepeda

Arnoldo Martínez Verdugo nació el 12 de enero de 1925, en el Estado de Sinaloa. Ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1946. Formó parte de las Juventudes Comunistas de 1948 a 1952. En 1959 integra el Secretariado Colectivo del Comité Central del PCM. Asume la dirigencia del partido en 1963 como Secretario General. Durante su larga militancia dentro del PCM la importancia que le concedió a la formación de un proyecto político intelectual puede verse en el impulso que dio a distintas publicaciones periódicas en las cuales se dio apertura a la discusión político-ideológica, como se puede constatar en las revistas Liberación (1957), Socialista (1975), El Machete (en la década de los ochenta), Oposición y Memoria.

Una de las características que se han señalado de la personalidad de Arnoldo Martínez Verdugo fue la apertura a las nuevas ideas y al debate que ellas implicaban, tal como nos dice Eraclio Zepeda en el texto que nos sirve como epígrafe. La figura de Martínez Verdugo indudablemente está ceñida a las luchas que el movimiento comunista impulsó en el México de la segunda mitad del siglo XX, luchas que tenían como horizonte político la transformación de la realidad social y política del país.

En su calidad de dirigente del PCM tuvo que pronunciarse sobre varios de los acontecimientos políticos a nivel mundial, en los cuales se dirimían las distintas vías que llevarían a la construcción de una sociedad comunista. Muchas de estas propuestas se contrapusieron a las directrices del Partido Comunista de la Unión Soviética. Empero, quizá los momentos de inflexión en la orientación del movimiento comunista mexicano, se dieron en la década de los ochenta del siglo XX donde se optó por la unión de las izquierdas y la disolución del PCM. Teniendo como resultado, primero, la creación del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) el 6 de noviembre de 1981, siendo candidato presidencial por el mismo un año después. Y, Segundo, la creación del Partido Mexicano Socialista, en 1987, producto de la fusión de PSUM y el PTM, proyecto que después de las elecciones presidenciales de 1989, devino, junto a la unión de otras corrientes políticas, en la creación del Partido de la Revolución Democrática. De este último partido Martínez Verdugo llegó hacer Jefe delegacional de la delegación Coyoacán, en el Distrito Federal, de 1997 a 1999.

Se ha señalado la importancia que tuvo su actuación en la formación y la construcción de una cultura política crítica del autoritarismo priísta. Sin embargo, si se revisan las pocas historias que hay sobre el PCM, difícilmente se encontrará mención en ellas a esta figura del comunismo mexicano debido a que su análisis se detiene en un periodo anterior al que nos interesa tratar en este proyecto (1963-2013).[1] Así cómo tampoco juega un papel protagónico en las historias generales de la izquierda en México.[2]

La necesidad de la revaloración de su figura y de su pensamiento es un tema que se puso sobre la mesa de discusión a partir de los festejos del centenario de la creación del PCM. Lo cual dio lugar a sendos homenajes que implicaron el traslado de sus restos mortuorios a la Rotonda de Personas Ilustres en 2019, el homenaje póstumo que realizó la Universidad Autónoma de Sinaloa y también aquél que se realizó en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, ambos en 2020.

Son varios los huecos que hay que llenar en torno a la figura de Arnoldo Martínez Verdugo. Hasta el momento no hay una biografía política que dé cuenta de los cruces de su trayectoria política y personal, tampoco hay trabajos que orienten de manera general un estudio sobre la políticas del PCM bajo su dirección, tampoco de su labor, no sólo como dirigente político, sino como un intelectual comprometido que impulsó un proyecto de reforma moral e intelectual dentro de la izquierda mexicana. La recopilación de textos que den cuenta de su pensamiento, como artículos, discursos, proclamas, etc., había sido insuficiente hasta el momento. Sólo existía una vieja compilación de los discursos que ofreció como candidato a la presidencia entre 1981 y 1982, durante la llamada “Marcha por la democracia”.[3]

Por ello, la reunión de los textos que realizó Elvira Concheiro, publicada por la editorial Akal[4] el año anterior, es fundamental para acercarse de manera crítica a la obra y al pensamiento de este intelectual. La compilación que recoge el grueso de sus textos escritos. Esta compilación está dividida en tres partes donde se puede notar su aporte a la clarificación de la lucha democrática y de las problemáticas del México contemporáneo como la lucha por la reforma política, el reconocimiento de los indígenas, la incorporación de la mujer en todas las esferas sociales, la mejora de las condiciones laborales y de vida del trabajador, entre otras. Reflexiones que muestran la preocupación de un dirigente político que tuvo como punto central, de su actuación política, la construcción de la hegemonía de la clase obrera cómo uno de los pasos que el proletariado mexicano debía de dar en su largo camino por su emancipación social.

Además de que se presentan textos de Elvira Concheiro, Andrés Manuel López Obrador, Pablo Gómez y Martí Batres, donde se destaca su compromiso con la transformación social y política del país, la congruencia con su práctica militante, la claridad de su percepción política y su amplio conocimiento de la realidad mexicana. Así, como la preocupación de la unidad de la izquierda basada en su consolidación democrática, plural y horizontal.

Un punto interesante también es la adscripción que se realiza de manera significativa de la reivindicación de la ética y el compromiso militante de los comunistas como parte de los legados que las distintas izquierdas han realizado a los proceso de transformación del país, sumando con ello, una herencia significativa del movimiento comunista al desarrollo de la cuarta transformación. Esta orientación que se realiza en el marco de un proceso de democracia y de transformación de la cultura política a la apuesta de un gobierno para las clases populares, plebeyas, sin duda ha causado revuelo y será análisis de futuros debates historiográficos, aunque sin duda fue una cuestión que en el marco de los homenajes del centenario del PCM y de Arnoldo Martínez verdugo no pasó desapercibida. Por el momento, la compilación que realiza Elvira Concheiro es un material invaluable para las batallas de la historia y de la memoria que la izquierda debe enfrentar para pensar la transformación del presente.

 

[1] Paco I. Taibo II, Bolcheviques. Una historia narrativa del comunismo en México, México, Ediciones B, 2008. Y Octavio Rodríguez Araujo, El Partido Comunista Mexicano (en el periodo de la internacional comunista), México, El Caballito, 1973.

[2] Max Ortega, La izquierda mexicana: una historia inacabada, México, Ítaca, 2012; Carlos Illades, La inteligencia rebelde, México, Océano, 2012; y Massimo Modonesi, La crisis histórica de la izquierda socialista mexicana, México, Casa Juan Pablos/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2003.

[3] Arnldo Martínez Verdugo, El proyecto socialista. Selección de discursos de la Marcha por la Democracia, diciembre de 1981-juniode 1982, México, Ediciones del Comité Central del PSUM, 1983.

[4] Elvira Concheiro (coord..), Arnoldo Martínez Verdugo. Obra de un dirigente comunista, México, Secretaria de Cultura de la Ciudad de México/Camarada de diputados/Cemos/Akal, 2020.

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