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Esther Chapa Tijerina, feminista y militante comunista



Esther Chapa Tijerina, feminista y militante comunista

Uriel Velázquez Vidal[1]

Recuperar las biografías de la izquierda mexicana es un deber pendiente de las y los historiadores. Así, es como se puede difundir las trayectorias de hombres y mujeres que se propusieron transformar su realidad en beneficio de las futuras generaciones. Fue el caso de Esther Chapa Tijerina, una luchadora incansable por los derechos de las mujeres y por el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, las cuales se concretaron en 1972. Además, fue militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), y su posición crítica la llevó a romper con este instituto político, para iniciar un proyecto de impulso al maoísmo.

Esther nació en Tampico, Tamaulipas, el 22 de octubre de 1904, en una familia de recursos económicos. En 1917 migró a la capital del país, para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria y cuatro años después ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la que se tituló en 1921. Fue una excelente académica y la primera mujer mexicana en haber obtenido una cátedra por examen de oposición en la materia de microbiología.

En 1928, Esther tuvo nupcias con el médico Ismael Cosío Villegas, con quien procreó un hijo, antes de divorciarse en 1931. Un año después se integró al PCM y participó en todos sus frentes de trabajo femenil. Con la autorización del partido, durante la administración de Lázaro Cárdenas se desempeñó como funcionaria pública impulsando obras sociales e incluso penitenciarias. En esa década se casó con el militante comunista Rosendo Gómez Lorenzo, de quien se separó a inicios de los años cuarenta.

Por aquellos años, Esther destacó en su lucha por el derecho al sufragio femenino, su pensamiento quedó plasmado en el libro El derecho de voto para la mujer, de 1936. Logró su objetivo el 17 de octubre de 1953, cuando se decretó que las mujeres tenían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Ese mismo año fundó la Sociedad Mexicana de Amistad con China Popular A.C., cuyo propósito era crear lazos fraternales y culturales entre ambos países, popularizar los logros realizados en China y encabezar campañas en favor de la inclusión de la República Popular China en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Como ejemplo tenemos la carta que Esther le envió a Manuel Rojas, militante comunista. La carta con fecha del 21 de septiembre de 1963, informó que la Sociedad Mexicana de Amistad con China Popular promovió eventos culturales, para celebrar el XV aniversario de la instauración de la República Popular China. Casi al final de su carta, expone hasta dónde se compartían objetivos e ideas: “México no debe mantener relaciones diplomáticas con ese títere [de Chiang Kai-shek] que no representa a China y que es un traidor. México debe reanudar las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la República Popular China para lo cual estamos desarrollando la campaña de firmas, que esperamos usted intensifique.”[2]

Al recrudecerse la pugna internacional chino-soviética a principios de los años sesenta, Esther no sólo argumentó en el seno del PCM por el bando chino, sino que también defendió la estrategia maoísta para México, por lo que en 1963 fue expulsada del partido. Al año siguiente fundó la Sociedad Mexicana de Amigos de la China Popular. Con ello, dio a conocer el modelo revolucionario de Mao Tse-tung y la cultura de la República Popular China, favoreciendo el desarrollo del maoísmo en México.

Las oficinas de la Sociedad Mexicana de Amigos de la China Popular se encontraban en el domicilio de Esther, ubicado en la calle Palenque número 475, colonia Narvarte de la Ciudad de México. El distribuidor general “Guozi-Shudian” le mandaba miles de ejemplares de las revistas Pekín Informa y China Ilustrada, así como una gran cantidad de literatura marxista. Ella se encargaba de suministrar propaganda y libros gratuitos a las organizaciones políticas que seguían la línea maoísta, tales como la Liga Comunista Espartaco (LCE), Alianza de la Izquierda Revolucionaria Estudiantil (AIRE), entre otras.[3]

El 14 de diciembre de 1970, Esther falleció de cáncer en su domicilio de la colonia Narvarte. Lamentablemente no pudo presenciar la formalización de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, por las que tanto luchó en vida.

Bibliografía utilizada:

De Pablo, Óscar. La Rojería. Esbozos biográficos de comunistas mexicanos. DEBATE. México. 2018.

García Jiménez, Plutarco Emilio. Memoria en el tiempo y un poco de historia, Juan Pablos Editor, México, 2021.

Velázquez Vidal, Uriel. El poder viene del fusil. El Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano y su legado en el movimiento maoísta, 1969-1979, Libertad bajo Palabra, México, 2022.

Archivos:

Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS), Ciudad de México-México, Fondo Partido Comunista Mexicano.

Archivo General de la Nación (AGN), Ciudad de México-México, Fondo Dirección Federal de Seguridad.

[1] Doctorando en Historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

[2] CEMOS, PCM, Caja 53, Clave 49, Expediente 52.

[3] AGN, DFS, Caja 244, Legajo único. 1967-1979, Foja 31.




Hay un gran desorden bajo el cielo…El maoísmo y la situación actual



Hay un gran desorden bajo el cielo…El maoísmo y la situación actual

Ricardo Y. Fuentes

Durante por lo menos la última década ha existido un importante resurgir de la teoría marxista y de varios de sus intérpretes tradicionales. Releer a Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Rosa Luxemburgo o a todos los filósofos de la llamada Escuela de Frankfurt, entre otros, se ha convertido en un ejercicio de miles de personas que han comenzado a cuestionarse la realidad en la que viven. Asimismo, en cierto sector del mundo académico es habitual actualmente ver publicaciones sobre Marx y el marxismo, y los debates, charlas, conferencias y demás actividades sobre el tema, hoy en día inundan las redes sociales; lo cual es sustancial por el momento en el que nos encontramos como sociedad. Sin embargo, considero que existe un pensador que aportó teórica y políticamente al marxismo y a su difusión sobre el mundo, y que no ha sido retomado (y reivindicado) y contiene en su fundamento político una potente teoría revolucionaria para nuestros días, ese, sin duda, es Mao Tse Tung.

¿A qué se debe este abandono o no reconocimiento del pensamiento de Mao? ¿Qué acaso el maoísmo no logró constituir una teoría articulada y con un anclaje intelectual lo suficiente para ser considerado en el debate actual? ¿Hay detrás un eurocentrismo de las ideas? O bien, ¿Todas sus posturas han quedado rebasadas por el momento histórico que vivimos? En el presente ensayo pretendemos responder, a vuelo de pájaro, estos cuestionamientos y, principalmente, buscamos recuperar algunas de las ideas del maoísmo que, según nuestra perspectiva, nos brindan cuantiosos aportes para comprender la realidad actual y, no sólo eso, sino también fungen como una valiosa praxis política.

I.- ¿Qué es el maoísmo?

Sin pretender caer en reduccionismos, el maoísmo es la teoría política e ideológica que se edificó a partir de la experiencia revolucionaría en China y de su líder: Mao Tse Tung. No obstante, no se le llamó así sino hasta los años sesenta, pues Mao, modestamente, jamás pensó que sus ideas fueran más allá de lo que ya había estipulado Marx, Lenin e inclusive Stalin (sí, Mao era un estalinista como la mayoría de los comunistas durante la primera mitad del siglo XX). Por lo tanto, a grandes rasgos, el maoísmo es una vertiente del llamado marxismo-leninismo, una corriente más del comunismo de matriz marxista.  

¿Y cómo fue que surgió? Después del triunfo de la revolución y de la proclamación de la República Popular China en 1949, la figura de Mao Tse Tung comenzaría a ser mundialmente reconocida. Durante los años cincuenta la experiencia asiática se extendió por todo el orbe y para los años sesenta, con el advenimiento de la llamada “nueva izquierda” y como consecuencia de la pugna entre la URSS y China después de 1956 y el famosos XX Congreso del PCUS, Mao y sus planteamientos políticos comenzaron a ser mayormente tomados en cuenta.

Después de 1964, aproximadamente, se comenzó a hablar de maoísmo como ideología independiente; aunque, vale decirlo, en un principio se utilizaba de manera peyorativa y sobre todo en Occidente para referirse a aquellos que compartían el posicionamiento de los chinos. Curiosamente en China tampoco se mencionaba la palabra “maoísmo”, y en su lugar se utilizaba el término “Pensamiento Mao Tse Tung” para hacer referencia al corpus teórico diseñado por Mao. Sin embargo, conforme avanzó la década del sesenta y, principalmente por el auge que las ideas de Mao tuvieron en lugares como Francia (y en general en todo el planeta), el concepto de maoísmo adquirió mayor fuerza. Para los años setenta ya era común hablar de maoísta como epíteto de todo aquel que asumiera la guía política e ideológica de China.

Dicho todo lo anterior, ¿por qué las ideas de Mao tuvieron mucha influencia? Primeramente, creo que su éxito a nivel mundial se debió a la épica de la experiencia revolucionaria que experimentó el pueblo chino. Proclamar el triunfo de una revolución social después de una terrible guerra de varias décadas, y un lugar donde la mayor parte de su población eran campesinos pobres, sin duda ayudó a ver su usanza como un hilo de esperanza a nivel internacional. Asimismo, el contexto de los años sesenta avivó la proyección del maoísmo. La crisis que experimentaba el “socialismo real” vinculada a la emergencia de la “nueva izquierda”, así como el crecimiento exponencial de la juventud y el arropamiento de la contracultura, entre otras cosas, ayudó a la adopción del maoísmo. Y sumado, a su vez, al plano político en donde aparecieron el fortalecimiento de Cuba comunista (emanada de una revolución) y la guerra de resistencia en Vietnam; fueron todos acontecimientos que en yuxtaposición tejieron los hilos para que las ideas de Mao tuvieran fuerza en muchas regiones del mundo. (México no fue la excepción …) Así, el maoísmo apareció (y se consagró) como una alternativa política y como una teoría que buscaba cambiar la realidad bajo un lente marxista-leninista.  

II.- Una disección (necesaria) del maoísmo

Desde hace años se ha extendido la idea de que el pensamiento maoísta era un conjunto de ideas sustentadas casi exclusivamente en la lucha armada. Esta interpretación ha difundido que el principal aporte de Mao resultó en la táctica guerrillera basada en las tesis de la Guerra Popular Prolongada (GPP) y desde la organización de Bases de Apoyo de origen campesino. Es decir, se ha reducido el aporte de Mao Tse Tung a su idea de construir y organizar un ejército de campesinos. El maoísmo, para muchos, no es más que un pensamiento militarista. Aquí, nos encontramos con una de las razones por las cuales, considero, actualmente no se retoma el pensamiento maoísta como debiese. Al ser muchos los que consideran que Mao sólo escribió por y para la lucha armada, se estima que en un mundo como el actual donde las guerrillas y la insurrección popular quedaron atrás no tiene caso releer sus escritos y actuar con base en lo que Mao propuso. Empero, hay una apreciación equivocada en ese análisis.

Sin duda Mao aportó sustancialmente en el campo de la teoría militar para un proceso revolucionario, y sus escritos sobre la GPP son ineludibles para comprender la manera en cómo el Partido Comunista de China logró llegar al poder. No obstante, reducir el pensamiento maoísta a una visión netamente militar es un error y no se está siendo justo con la complejidad que comprende al maoísmo. Veamos porqué …

El pensamiento de Mao Tse Tung, desde mi punto de vista, debe entenderse como un corpus teórico que se desarrolló a partir de diversos momentos históricos. Mao escribía y planteaba sus ideas basándose en las necesidades que la experiencia política en determinado momento se lo pedía. En este sentido, Mao fue un personaje que pensó y construyó una teoría revolucionaria en el transcurso de la revolución misma. Mao, como nadie, llevó a la práctica la máxima de analizar lo concreto de la realidad concreta.

Sin embargo, como mencioné líneas atrás, es una teoría que hay que entender a partir de ciertos momentos históricos. Por ejemplo, la manera que yo veo más factible para entender estos momentos de los que hablo, la podemos observar en la reunión de sus escritos publicados bajo el nombre de: Obras Escogidas de Mao Tse Tung en cuatro Tomos (realmente hay cinco pero quiero centrarme en los primeros cuatro). Cada Tomo contiene textos seleccionados de determinada época de la experiencia de Mao dentro de la revolución.

En el Tomo I vemos textos que temporalmente van de 1926 hasta 1937. En este Tomo encontramos pasajes clave y sumamente discutidos. Aquí Mao abordó el tema de las clases sociales, se preguntó por las diversas clases que había en su país, analizó el mundo rural y estudió a fondo al campesinado de China. Asimismo, fue el momento cuando aparecieron los primeros escritos militares en dónde se preguntó cómo debía ser la guerra revolucionaria en China, y finalmente se interesó por temas filosóficos y reflexionó potentemente sobre la contradicción, la práctica y, en términos generales, sobre la dialéctica. Entonces, hay un primer Mao interesado por comprender plenamente su realidad nacional. Quizá este sea el Mao más debatido por el lado intelectual debido a sus aportes filosóficos.  

En el Tomo II, en donde hay textos de 1937 hasta 1941, abundan los temas militares y fue en donde con mayor fuerza Mao escribió y reflexionó sobre la GPP. Ahora, este enérgico interés por la guerra no fue gratuito, fue el resultado del contexto político que se vivía en China, ya que en 1937 fue invadida por fuerzas del totalitarismo japonés. Fue el periodo de la “guerra de resistencia contra el Japón”. Dicho esto, estamos ante un segundo momento en donde Mao analizó lo que acontecía en su nación y sus reflexiones giraron en torno a cómo librar una guerra y salir victoriosos de ella. (Aunque también fue en dicho periodo cuando escribió sobre la llamada “nueva democracia”.) Este es el Mao que más se conoce, al que más “voltean a ver” y del que más se habla.

Para el Tomo III, desde mi punto de vista, el análisis de Mao adquirió un nuevo giro que determinó su forma de hacer política. Ese Tomo contiene textos que abarcan temporalmente de 1941 a 1945. Fue el momento cuando la guerra con Japón adquirió un nuevo rumbo (la Segunda Guerra Mundial estaba en curso y los japoneses se mantenían en batalla con los estadounidenses en el Pacífico) y eso sirvió para reflexionar sobre lo que el Partido Comunista Chino había hecho hasta ese momento y sobre el cauce de la guerra. En este periodo Mao inició la “campaña de rectificación” en donde criticó las formas de hacer política que habían llevado a cabo. Son varios los textos clave: Reformemos nuestro estudio, Rectifiquemos el estilo de trabajo en el partido, Contra el estilo de cliché del partido, Algunas cuestiones sobre los métodos de dirección, Servir al pueblo, Organicémonos, etc. Fueron escritos que reformaron la praxis política de los comunistas chinos y constituyeron la base de lo que después mundialmente se conoció como: “Línea de Masas”. Aquí tenemos al Mao del que menos se habla y que no muchos conocen (o entienden).

Y por último, en el Tomo IV, que contiene escritos que van de 1945 hasta 1949, los años de la “tercera guerra civil” y el triunfo de la revolución. En este último Tomo pienso que es la selección que contiene textos más diversos y de prácticamente todos los temas mencionados. Contiene trabajos tanto sobre la “campaña de rectificación”, como también escritos sobre la guerra y análisis de la burguesía, entre otros temas; además de discursos y declaraciones. Es un compendio con diversos tópicos.

Llegados a este punto, podemos decir que la riqueza del pensamiento de Mao Tse Tung es amplia. Mao escribió sobre muchos temas y en diversos momentos. No se hace justicia a su labor intelectual reduciendo su aporte únicamente a su obra militar, a sus escritos sobre la guerrilla. Además, asumiendo que efectivamente en la actualidad la cuestión de la lucha armada es imposible por variados motivos, entonces, qué Mao leer y debatir en la época actual. Esa es la pregunta que intentaré contestar en el siguiente apartado.

III.- ¿Qué Mao para el siglo XXI?

Hay un tema en particular que atraviesa toda la obra de Mao, desde sus escritos que fueron recopilados en el Tomo I de sus Obras Escogidas …, hasta los textos que siguió escribiendo en los años cincuenta y sesenta (que fueron publicados en 1976 como el Tomo V), ese tema es, desde mi punto de vista: los procesos de aprendizaje en la formación política. Mao siempre se interesó poderosamente, tanto en el proceso revolucionario como en la revolución hecha gobierno, por los procesos de enseñanza/aprendizaje que potenciarían la reflexión crítica de las personas. Su visión dialéctica le dio a Mao la capacidad de darse cuenta de que una transformación social era imposible sin la construcción de nuevos sujetos sociales. Con esto, quiero sostener que en el maoísmo existe una potente pedagogía política que vale la pena retomar para nuestros días.

Ahora bien, esta pedagogía política que podemos ver en el maoísmo tiene particularidades que la hacen una teoría interesante. Para comenzar, Mao Tse Tung apuntaba hacía una pedagogía que se conseguía en vinculación directa con las masas populares. Una revolución social, para Mao, era impensable sin el apoyo popular. Lo cual puede resultar obvio, y desde Marx ya se había mencionado, no obstante, el aporte del maoísmo está en las formas, en cómo llegar a las masas. Veámoslo.

En 1942, Mao va a escribir un texto titulado: Contra el estilo de cliché del partido, en donde criticó tenazmente los errores que el PCCh había cometido desde su fundación. Por ejemplo, Mao criticó la forma en cómo algunos miembros del partido escribían su propaganda con la intención de concientizar a la población, sin embargo, consideraba que lo hacían erróneamente: “Algunos camaradas –escribió– gustan de escribir artículos largos pero sin sustancia (…) No hay más que una explicación: están decididos a impedir que las masas los lean.”[1] Frente a esto, Mao recomendaba: “(…) debemos estudiar la manera de escribir artículos breves y sustanciosos.” Es decir, escritos de pocas páginas con frases cortas y asequibles para la población en general. Más adelante en el mismo texto Mao dijo lo siguiente:

Si los comunistas desean realmente hacer propaganda, deben tener en cuenta a quién se dirigen, quién va a leer sus artículos y manuscritos o a escuchar sus discursos y charlas; si actúan de otro modo, es como si hubieran decidido impedir que la gente los leyera o los escuchara. Con frecuencia, muchos se imaginan que lo que han escrito y dicho es fácil de comprender; sin embargo, la realidad es completamente distinta. Si sus artículos y discursos están en estilo de cliché del Partido, ¿cómo los va a entender la gente?[2]

Como el educador que siempre fue, Mao trató de explicar en palabras sencillas la manera cómo se debe conseguir el apoyo popular y cómo debe de actuar un militante en concordancia con los sectores sociales donde pretende construir lazos de solidaridad y apoyo. Las revoluciones las hacen las masas, de ahí la importancia de compenetrarse con ellas.

En este mismo tenor, en 1943 Mao escribió otro texto fundamental, llamado: Algunas cuestiones sobre los métodos de dirección, en donde dejó claro los aspectos que un militante y, sobre todo, un dirigente político, debe tener en cuenta para convertirse en un orientador de las masas. En dicho escrito Mao Tse Tung mencionó que en todo trabajo político hay que partir de lo general a lo particular y viceversa. De la organización a gran escala a la participación directa con las masas, y desde las masas partir hacía la revolución: “Un grupo dirigente verdaderamente unido y vinculado con las masas [nos dirá], sólo puede formarse gradualmente en medio de la lucha de las masas, y no al margen de ella.”[3]

Por lo tanto, la idea central versaba en que habría que compenetrarse en todos los sentidos con los sectores populares, entender la realidad de las masas, conocer sus necesidades. “Para mantenernos vinculados con las masas [escribió Mao] debemos actuar de acuerdo con sus necesidades y deseos.”[4] De esta forma, conociendo la realidad de las masas (y sus necesidades), resultaba más factible avanzar a partir de un proceso dialectico de organización y formación de nuevos sujetos sociales. Eran ejercicios de politización para alcanzar la liberación.

El periodista estadounidense Edgar Snow, quien entrevistó a Mao Tse-Tung en varias ocasiones, mencionó que al líder de la Revolución China nunca le agradaron realmente los calificativos de “comandante supremo” o “gran timonel”, y que el único mote con el que se sentía identificado era el de: “Maestro”.[5] Esto no es un dato menor, y resulta interesante porque Mao siempre pensó en términos de un educador.[6] Por ello, no es casual que en muchos pasajes dentro de los escritos de Mao, el papel de la educación (o formación) haya sido preponderante. De ahí que es muy común ver en diversos textos de él, la utilización de un lenguaje pedagógico.[7]

Por otro lado, y siguiendo con esta línea pedagógica dentro de la teoría maoísta, tampoco es gratuito que varios de los escritos más populares de Mao, tales como: Servir al pueblo, En memoria de Norman Bethune, El Viejo Tonto que removió las montañas, o las famosas Citas del Presidente, sean textos con un lenguaje bastante accesible, de fácil entendimiento y utilizando en gran parte metáforas como apoyo literario. La riqueza del maoísmo está en su simpleza para ser estudiado.

Asimismo, también es identificable a lo largo de la obra de Mao la utilización de frases o conceptos del conocimiento popular de China, por ejemplo: “Todos los reaccionarios son tigres de papel” como título de un escrito, o la frase que podemos identificar en el fragmento de otro escrito donde nos dice: “No se puede tratar con rudeza enfermedades ideológicas o políticas; hay que adoptar el único método correcto y eficaz: ´tratar la enfermedad para salvar al paciente´.[8] Mao Tse Tung fue un pedagogo popular en el sentido estricto del término, y quizá haya sido el que más éxito consiguió. Logró sintetizar, como muy pocos, la teoría con la práctica. En otras palabras, Mao estaba enseñando cómo hacer una revolución. A grandes rasgos, esto es la “Línea de Masas” del maoísmo.

Con lo dicho hasta aquí, no quiere decir que toda la otra obra de Mao Tse Tung no sea importante, finalmente es un cuerpo teórico que se entrelaza y complementa en conjunto. Aun así, como mencioné en párrafos anteriores, hay un tema en particular que atraviesa toda la obra de Mao y ese tema es la importancia de los procesos de aprendizaje, inclusive en sus mismos textos militares lo podemos apreciar, pues si los leemos con atención nos daremos cuenta de que la intención de fondo de esos escritos es explicarle al lector, de la forma más sencilla, una metodología revolucionaria.

Sin embargo, sería un error creer que entonces el maoísmo funciona como un manual; es, más bien, una pedagogía popular que te invita a analizar la realidad nacional donde te ubiques y actuar en ella. Ahí está su aporte sustancial. Lamentablemente en la historia hay ejemplos de grupos u organizaciones que vieron en los textos de Mao una verdad indiscutible. El maoísmo está lejos de representar un credo político aunque muchos así lo quieran proyectar. Por consiguiente, es importante retomar sus ideas, releer sus planteamientos, discutir sus aportes y divulgar los postulados del maoísmo que, para un momento como el actual, nos brinden una alternativa de organización y sume a la lucha política contemporánea.

En conclusión, hay mucho todavía por debatir. Vivimos en un momento histórico en donde la sociedad necesita un cambio de rumbo urgentemente. Franz Schurmann decía lo siguiente respecto al maoísmo:

La ideología de los comunistas chinos es (…) una visión del pasado y del futuro y, en parte, una serie de principios para formar una organización, crear una nueva sociedad y cambiar espiritualmente al hombre.[9]

Lo dicho por el sociólogo e historiador estadounidense es sustancioso. Y en esencia, justo es lo que habría que reivindicar del maoísmo: su visión de la política, sus enseñanzas sobre la organización y su interés por construir nuevos sujetos que conduzcan la revolución. En la actualidad lo que propone Enrique Dussel por ejemplo, cuando habla de la formación ético-política, es muy parecido. Por ello, me parece importante releer los textos de Mao y en particular aquellos sobre la “Línea de Masas”, pues creo que nos darán herramientas teóricas y de carácter político para afrontar los problemas del presente, principalmente sabiendo que actualmente hay una sociedad despolitizada y sin compromiso por las causas sociales. Hay que implementar una pedagogía política que nos ayude a enfrentar esos retos. Es momento de ir más allá de visiones constreñidas, eurocéntricas, cosmopolitas o sesgadas por “historias negras”. “Hay un gran desorden bajo el cielo, y la situación es excelente…” 

[1] Mao Tse-Tung, (1963) Obras Escogidas de Mao Tse-Tung, T.III, Ediciones en Lenguas Extrajeras. Pág. 52

[2] Pág. 55 Las cursivas son mías

[3] Pág. 118

[4] Pág. 186

[5] Edgar Snow, (1972), La larga revolución, España: Alianza Editorial. Pág. 199

[6] En realidad era un educador. Mao había estudiado para ser docente y por ello tenía esa formación.

[7] Se pueden encontrar muchas veces en la vasta obra de Mao Tse Tung palabras como: Educación, instrucción, explicación, sistematización, aprendizaje, entre otras.

[8] Mao Tse Tung, Óp. Cit. Pág. 47. Las cursivas son mías

[9] Franz Schurmann y Orville Schell, (1971), China Comunista, México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 13




Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Después de 49 años, ¿Qué es lo que sigue?



Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Después de 49 años, ¿Qué es lo que sigue?

 

Ricardo Y. Fuentes

El 31 de marzo de 1973, se fundó la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo (CPRJ) en el estado de Morelos, específicamente en el municipio de Temixco, a 14 km de Cuernavaca, la capital del estado. La CPRJ tuvo como característica principal que se consagró como un poblado que llevó a la práctica una dinámica de autogestión y de democracia popular. El dirigente de esa comunidad, Florencio Medrano Mederos, que se asumía como maoísta y buscaba instaurar una revolución socialista en el país, buscó hacer de la CPRJ un espacio social de reflexión que funcionara como modelo para partir hacía la transformación de la sociedad. De ahí que fuera llamada por muchos como: El primer territorio libre de América Latina. No obstante, el experimento social terminaría siendo interrumpido, y el 28 de septiembre, después de seis meses de mantenerse en resistencia frente al Estado, el ejército tomó el lugar y mediante el uso de la fuerza se apoderó del control de la comunidad.

Sin embargo, ¿Qué pasó con la Rubén Jaramillo? Sabemos que Florencio Medrano burlaría la ocupación militar y posteriormente radicalizaría su accionar y fundaría el Partido Proletario Unido de América (PPUA), la guerrilla que comandó hasta la fecha de su muerte en marzo de 1979. No obstante, ¿Qué suerte experimentaron las personas que se quedaron en el poblado? ¿Qué sucedió en la región con el pasar de los años? Este breve ensayo busca reflexionar sobre lo que ocurrió después de la ocupación militar de la Rubén Jaramillo y sobre lo que queda de esa experiencia de lucha social en la actualidad.

Los primeros años después de la ocupación militar

Con la entrada y ocupación del ejército en la CPRJ, la realidad del lugar comenzó a cambiar radicalmente. Lo inmediato después de la ocupación militar fue que, a pesar de que muchos de los colonos mostraron su reticencia a lo ocurrido y querían continuar en resistencia, la situación se tornó cada vez más complicada. Los militares se convirtieron en garantes de la seguridad del poblado. Y aunque comenzaron a aparecer manifestaciones de diversos sectores sociales que se solidarizaron con lo ocurrido en donde se denunciaba y se pedía que los soldados fueran desalojados del poblado, los destacamentos castrenses estuvieron posicionados en la región hasta septiembre de 1980; es decir, levantaron el cerco a la localidad siete años después, por lo que cualquier organización política contestataria de los colonos era impensable.[1]

Con el transcurso de los meses (y años) los colonos viraron (obligados) su potencia organizativa hacía solicitar los servicios básicos de vivienda que el gobierno proporcionaba al resto de la población. Los Domingos Rojos, que eran las actividades dominicales de trabajo comunitario que fueron una característica esencial de la comunidad, se mantuvieron únicamente por un par de años hasta que la terracería de las calles se culminó. Realmente dicha actividad perdió peso organizativo y su significado político. De esa forma llegó el agua potable, así como la luz eléctrica y el drenaje. Asimismo se construyó la Escuela Primaria Federal “Nicolás Bravo”, en donde por cierto algunos de los profesores de la antigua escuela durante la experiencia de la CPRJ se convirtieron en docentes con plaza ante la SEP. Podríamos decir que el Estado ejecutó un proceso de política social contrainsurgente para con el poblado.

Por otro lado, la prohibición de venta de bebidas alcohólicas que fue un distintivo durante la etapa de organización comunitaria se mantuvo (y se mantiene hasta nuestros días). Y como forma de suplir a los antiguos dirigentes del Comité de Lucha, el gobierno estatal con apoyo del gobierno federal, incentivaron que los colonos se organizaran para crear una Junta de Colonos y una Mesa Directiva, las cuales se concretaron en hacía finales de 1973 y siguieron operando como el instrumento de dirección interna por los siguientes siete años. Aunque no se puede omitir que la intervención del gobierno avivó las pugnas entre colonos y actos de corrupción de los nuevos dirigentes también se hicieron presentes.

Sin embargo, la comunidad siguió existiendo y la fuerza estatal nunca logró desplazaros de sus viviendas; sólo que el nombre del poblado sufrió un cambio muy simbólico, pues el gobierno estatal no aceptó que se llamara Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, así que a partir de 1974 la comunidad se reconoció como: Colonia Rubén Jaramillo, es decir, se le quitó el adjetivo de Proletaria. Para 1979 comenzaron a expedirse los primeros títulos de propiedad y en 1980, mismo año en que los militares abandonaron el poblado, se instaló la Ayudantía Municipal, por lo que la Junta de Colonos y la Mesa Directiva quedaron desplazadas. El tiempo convirtió la experiencia política y organizativa en un recuerdo dentro de la memoria (colectiva) de sus participantes.

La Rubén Jaramillo y un doloroso presente

Paulatinamente, como se dijo, la comunidad se convirtió en una colonia popular más a la par de que el municipio de Temixco crecía, quedando el poblado en el centro de un territorio que a inicios del siglo XXI terminó siendo completamente urbanizado. El municipio de Temixco hoy en día forma parte de la Zona Metropolitana de Cuernavaca, y por tanto, se encuentra en la dinámica económica de la capital de Morelos; lo que ha hecho que actualmente sea uno de los territorios más densamente poblados del estado. Sin embargo, como otra cara de la realidad, Temixco es también uno de los municipios más violentos e inseguros de la región.

En enero de 2016, por ejemplo, el nombre de Temixco aparecería como noticia nacional porque su presidenta municipal en turno, Gisela Mota Ocampo, sería asesinada en su hogar por un grupo delictivo. Para 2019, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública a nivel nacional, Temixco formaba parte de los 50 municipios más peligrosos del país, estando en la posición número 15.[2] El problema central, como lo es en la mayoría de las regiones del país donde la inseguridad permea, es el crimen organizado y las pugnas por el control del mercado de los narcóticos. Y curiosamente, una de las poblaciones del municipio más vinculadas al problema de la inseguridad y el narcotráfico, es la Rubén Jaramillo.

Igualmente en 2016, la Colonia Rubén Jaramillo formaba parte de las 30 colonias más peligrosas del estado de Morelos, y por un tiempo el cuerpo de colonias de la zona donde la Rubén Jaramillo se ubica ocupaba la sexta posición a nivel nacional en secuestros.[3] Actualmente sigue siendo parte de los llamados “focos rojos” por la intensidad del problema en torno a la seguridad. Las causas, como en la mayoría de los problemas sociales, son estructurales. En este caso vienen de un abandono de los gobiernos locales hacía la población. Los soldados que “custodiaban” la colonia debido a la subversión que representaba en 1973, se retiraron en 1980 porque creyeron que ya no necesitaban estar apostados en la región, y por prácticamente dos décadas, la comunidad se mantuvo en la deriva como una población alejada y con el estigma social de ser un “nido de maleantes”.

Con la urbanización y el incremento demográfico discrecional del municipio, la situación no cambio, además de que muchas personas de las que llegaron a habitar las nuevas colonias a la redonda, e inclusive en la misma Rubén Jaramillo debido a lotes que se abandonaron o vendieron, se inmiscuyeron en el crimen organizado y paulatinamente la situación de la zona respecto al problema de seguridad se agudizó. Hay una realidad actualmente en la región, posiblemente, incomprensible. El tejido social, como en muchas partes del país, se encuentra desfragmentado, derruido por los problemas que azotan a la población.

Recuperemos la memoria del pueblo 

En sus famosas Tesis sobre la historia, el filósofo alemán Walter Benjamín se preguntaba lo siguiente: “¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga del aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?” En su crítica al historicismo, Benjamín hacía un ejercicio de reflexión en dónde invitaba a ver en el pasado un significado para el presente, en entender que la historia no sólo es hacer una descripción de lo que fue, sino que en el discurso histórico se encontraba una herencia que pervive en la conciencia a través del tiempo… Sin embargo, ¿Cómo conseguir que ese pasado y esa reflexión penetre en lo más hondo de la conciencia colectiva?

Me imagino que todos los que estudiamos el pasado, y sobre todo aquellos que nos vinculamos analíticamente con temas de la izquierda en el siglo XX, el algún momento nos hemos preguntado: ¿Qué papel cumplen las historias de lucha social del siglo pasado en el imaginario colectivo hoy en día? ¿Hasta qué punto la herencia histórica es palpable entre las personas? Mucho se habla de la herencia histórica y de los cambios políticos, sociales y culturales que se emprendieron en el país gracias a las diversas expresiones de movilización social a lo largo del siglo anterior. Sin embargo, la gente del común, las que caminan día a día a su trabajo, que atraviesan campos, calles, plazas, en las que se libraron luchas populares, huelgas, movimientos estudiantiles, etc. ¿Son conscientes del sudor y la sangre que costó conseguir una sociedad un poco más plural, política y culturalmente ablando? ¿Conocen ese pasado? Difícilmente podemos tener una respuesta clara de ello.

Ahora bien, seamos más específicos, con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo que se fundó hace 49 años en el estado de Morelos ¿Cuánta población de la que hoy habita en el poblado es consciente de que pisan un suelo edificado a través de la lucha social? ¿Saben quién fue Florencio Medrano Mederos? Indiscutiblemente existen historias que por su potencia contestataria, en ocasiones, las clases dominantes buscan la manera de arrinconarlas en el olvido, intentan desapartarlas de los recuerdos y la memoria popular; con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo se buscó en cierta medida hacerlo. Por ejemplo, su caso es poco conocido en el estado de Morelos. Lo que se llega a escuchar sobre la experiencia no pasa de la mirada generalizada de que fue un poblado que se fundó por “paracaidistas” que se “robaron” unos terrenos. Asimismo, en la actualidad no poca gente sigue nombrando al lugar como “Villa de las Flores” en vez de “Rubén Jaramillo”, esto debido a las constantes campañas de desprestigio que desde la época de su fundación y durante los años siguientes el gobierno local y los medios de comunicación se encargaron de llevar a cabo.

Dicho lo anterior, hay que preguntarnos, ¿cómo construir una nueva realidad en la región? Es evidente que hace falta una política social y cultural que pueda virar la problemática hacía una situación más asequible para los habitantes del lugar. Pero así como pasaron décadas para llegar a la situación que se vive hoy en día, del mismo modo se requerirán años para subsanar los daños sociales. Por lo pronto, consideramos, es relevante comenzar con resarcir el olvido para con la historia del poblado. Encontrar formas de penetrar en la conciencia colectiva de los habitantes que en la actualidad radican y mantienen su vida en la Colonia Rubén Jaramillo. Recuperar la memoria histórica ayuda a comprender de dónde venimos y a entender la herencia del pasado como un continuum que todavía el día de hoy trastoca nuestra vida cotidiana. Rememorar, sin duda, puede convertirse en un mecanismo poderoso de cohesión social.

De manera fortuita, en los últimos años ha habido un intento impulsado desde el interior de la comunidad porque la historia de la organización que dio origen al poblado sea conocida y, de alguna manera, genere reflexión y conciencia entre los habitantes del lugar. Por ejemplo, actualmente existe un gran mural en lo que hoy es la calle principal de la colonia que se elaboró en 2018 conmemorando los 45 años de la fundación de la comunidad. Y aunado a más actividades culturales, como eventos todos los 31 de marzo para conmemorar la fundación del poblado, eventos que buscan cargarse con una visión histórica, paulatinamente se ha buscado rememorar la lucha que libró aquel grupo de hombres y mujeres en el año de 1973. Paulatinamente, esperemos, el estado de cosas en la región cambie. La tarea puede resultar complicada, pero en esencia, el objetivo sigue siendo el mismo que se plantearon los fundadores de la CPRJ en 1973: cambiar la realidad por una más justa.

 

 

[1] La razón por la cual elementos del ejército se postraron en la comunidad por siete años, fue porque debido a que Florencio Medrano se encontraba en la clandestinidad, creían que en cualquier momento podía aparecerse por el poblado o, algún colono o su familia, podría brindarles las pistas para atraparlo.

[2] Temixco y Yautepec, entre los 50 municipios más peligrosos del país. Disponible en línea en: https://www.elregional.com.mx/temixco-y-yautepec-entre-los-50-municipios-mas-peligrosos-del-pais

[3]  16 colonias de Temixco padecen secuestros, homicidios, feminicidios y robos; “gobierno estatal incrementa la tragedia”. Disponible en línea en: https://revoluciontrespuntocero.mx/16-colonias-de-temixco-padecen-secuestros-homicidios-feminicidios-y-robos-gobierno-estatal-incrementa-la-tragedia/

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Política Popular y el trabajo de masas. Una estrategia para la revolución (1968-1979)



Política Popular y el trabajo de masas.
Una estrategia para la revolución (1968-1979)[1]

 Ricardo Y. Fuentes

Introducción

En diciembre de 1968 desde la Escuela de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, se comenzó a divulgar un folleto mimeografiado con una portada de color amarillo que se tituló: Hacía una política popular. Dicho escrito fungió como texto fundacional del grupo político que fue conocido como: Política Popular (PP). Esta agrupación se compuso originalmente por jóvenes universitarios que habían participado en el movimiento estudiantil, y que después del dos de octubre, bajo el cobijo intelectual de Adolfo Orive Bellinger, un profesor de economía de la UNAM, tomaron la decisión de plantear otra alternativa de lucha social.

Política Popular aparecería en el escenario nacional como un movimiento innovador en cuanto a las formas de llegar a las clases populares. Bajo una impronta maoísta, el grupo de jóvenes liderados por el profesor Adolfo Orive llevó a la práctica postulados de Mao Tse-Tung aplicados a la realidad mexicana. Por ello, terminaron siendo un movimiento bastante destacado dentro del espectro de la izquierda comunista en México principalmente durante los años setenta, logrando movilizar amplios sectores populares en distintos estados del país, teniendo así una influencia inusitada a nivel nacional.

Desde la idea de fundirse con el pueblo, Política Popular surgió como una vertiente de izquierda que buscaba la revolución social dejando de lado la “clásica” idea de la vanguardia partidista (como lo hacían principalmente los Partidos Comunistas), así como también la alternativa armada (guerrillas). Dicho lo anterior, este ensayo (dividido en tres partes) partirá de las siguientes interrogantes: ¿Cuáles fueron los principales postulados políticos de Política Popular? Y ¿Por qué fue un grupo que logró alcanzar aspectos de organización popular, a mi modo de ver, sobresalientes?  

I.- Genesis de la organización y sus planteamientos políticos

Después del dos de octubre, Adolfo Orive junto a algunos estudiantes tomaron la decisión de continuar activamente con las brigadas estudiantiles y, a partir de esa plataforma, determinaron que la única forma de llegar auténticamente a las masas populares era dejando las universidades para incorporarse al pueblo y desde ahí, comenzar la revolución. De esta manera, Política Popular fue una agrupación en donde sus integrantes fusionaron las prácticas de las brigadas estudiantiles con el discurso maoísta de incorporarse al pueblo, con la línea de la llamada “línea de masas”. En este sentido, me parece pertinente mencionar de forma breve qué fue la “línea de masas” y cómo dicho discurso se llevó a la práctica en el seno de la organización en cuestión.

Para Mao Tse Tung (dentro de su experiencia revolucionaria en China) estaba claro que sin el apoyo popular la revolución social era impensable, de modo que desarrolló una serie de postulados políticos en donde dejó asentado que una organización comunista (y sus militantes) debía dirigirse a las masas y desde su entorno social, avanzar hacia la transformación de la realidad. Primeramente, habría que compenetrarse en todos los sentidos con los sectores populares, entender la realidad de las masas, conocer sus necesidades más sentidas, sus pasiones y su visión del mundo. “Para mantenernos vinculados con las masas -escribió Mao- debemos actuar de acuerdo con sus necesidades y deseos.”[2] De esta forma, conociendo la realidad de las masas (y sus necesidades), resultaba más factible avanzar en la dirección correcta a partir de un proceso dialectico de organización y formación de nuevos sujetos sociales. Mao argumentaría lo siguiente: “En todo el trabajo práctico (…), toda dirección correcta está basada necesariamente en el principio: «de las masas, a las masas».Esto significa recoger las ideas (dispersas y no sistemáticas) de las masas y sintetizarlas (transformarlas, mediante el estudio) para luego llevarlas a las masas, difundirlas y explicarlas, de modo que las masas las hagan suyas, perseveren en ellas y las traduzcan en acción (…).”[3]

Tales ideas fueron sintetizadas y se convirtieron en una potente teoría y práctica política que sobrevolaron fuera de Asia y aterrizaron en diversas regiones del mundo. En México tuvieron mucha repercusión durante los años sesenta y setenta principalmente. Con Política Popular, que es el caso que analizamos en este ensayo, la influencia de la “línea de masas” sería notoria, por ejemplo, podemos ubicar dicha influencia en la siguiente cita extraída del folleto de Hacia una política popular:

Nosotros no queremos hacer política en nombre del pueblo, ni por el pueblo, nosotros queremos que el pueblo haga su política y nosotros hacerla con él. Esto es, en síntesis, HACER POLÍTICA POPULAR. Y por ello es porque luchamos por la verdadera democracia, la democracia popular.[4]

Con este fragmento es plausible comprender de forma panorámica lo que pretendía la organización. Su idea central era llegar a las comunidades campesinas, a las fábricas o a colonias populares basados en una metodología de trabajo supeditada por la integración con las masas en el sentido maoísta. Su planteamiento político, tal y como se ha dicho, estribaba en que sin el apoyo real de una base popular era impensable un cambio revolucionario, por lo que había que ir primero con las masas y trabajar a su lado. La intención de fondo era politizar a los sectores populares, hacerlos ver la contradicción en el seno del pueblo como diría Mao, y de ese modo hacerlos sujetos de su propia historia.

Sin embargo, y he aquí lo novedoso, los miembros de Política Popular consideraban que no bastaba con ir y plantearles ideas o conceptos de la teoría marxista-leninista, por medio de propaganda o círculos de estudio, a personas que difícilmente lo iban a entender. El método era integrarse en todos los sentidos a la realidad social de los grupos populares. Por lo que desarrollaron una metodología de orientación y pedagógica, llamada: Método de pretextos/objetivos. Desde la visión de los militantes de Política Popular, únicamente trabajando al lado de las masas podías conocer sus verdaderas necesidades (pretextos) y, al mismo tiempo, debido a la confianza y con la orientación del militante (o brigadista como ellos se nombraban), las masas populares paulatinamente entenderían lo que significaba la lucha política por cambiar la realidad social (objetivo).

Este método de trabajo político le ganó a Política Popular construir bases populares que abarcaron diversas regiones del país, así como una red de militantes con varias decenas de integrantes. Sus principales bastiones se encontraron en los estados del norte del país, principalmente en los estados de Durango, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua y Nayarit entre 1971 y 1976. Posteriormente, de 1976 a 1979 lograron penetrar en San Luis Potosí, Hidalgo, Sonora, Michoacán y en el sur en el estado de Chiapas. La columna vertebral de la organización fueron las brigadas las cuales se conformaron por estudiantes, universitarios en su mayoría, aunque también se incorporaron brigadas de estudiantes de preparatoria. El sector estudiantil fue la fuerza motriz de la organización.

II.- Experiencias de organización y auge del movimiento

Haciendo un sucinto recuento de las experiencias de Política Popular a lo largo de su historia de poco más de diez años, podemos mencionar las siguientes experiencias. En Nayarit, por ejemplo, los militantes de Política Popular entre 1971 y 1972, apoyaron la construcción y consolidación de una unión de ejidos en la región costera de Bahía de Banderas, en donde por su participación, los ejidatarios y campesinos nayaritas pudieron frenar el intento de despojo por parte de las autoridades locales en contubernio con la iniciativa privada, de más de 4 mil hectáreas que estaban destinadas a convertirse en un corredor turístico empresarial. Los campesinos organizados en asambleas y orientados por los brigadistas de PP, consagraron la Unión Ejidal de Bahía de Banderas, que aglutinó siete ejidos y casi dos mil campesinos organizados.

En 1972 brigadistas de PP incursionarían en la capital del estado de Durango. Allí, consiguieron resultados más plausibles que ayudarían a consolidar la organización en general. Fue en la ciudad de Durango donde militantes de la organización se integraron con un movimiento de inquilinos de vecindades, primero orientándolos en una lucha por bajar las cuotas del agua potable, para después con una compenetración más sólida, encabezar a las mismas personas a posesionarse de tierras fundado en 1973 la colonia popular “División del Norte”. La cual se convirtió en el sostén político de la brigada en la región, incentivando posteriormente más poblados con las mismas características, como lo fueron: la colonia “Emiliano Zapata” y la “Lucio Cabañas”.

Al mismo tiempo, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, otro grupo de brigadistas consolidarían igualmente, entre 1971 y 1973, una red de colonias populares donde Política Popular alcanzó resultados igualmente sobresalientes, fundando en marzo de 1973, la colonia popular “Tierra y Libertad” y conformándose como resultado el “Frente Popular Tierra y Libertad”, el cual aglutinó a todas las colonias populares en la región de Monterrey en donde el escarceo ideológico de Política Popular llegaba.

Por otro lado, desde 1972 igualmente, la organización se fue expandiendo hacía la región de La Laguna, entre los estados de Coahuila y Durango. En dicho lugar los brigadistas de PP consiguieron penetrar en el sindicato ferrocarrilero, con campesinos posesionarios, en la organización de los trabajadores de limpieza en Torreón, así como en la conformación de diversas colonias populares en el municipio de Gómez Palacio por medio de posesión de tierras. Asimismo, apoyaron la consagración de un Ejido Colectivo en Batopilas a través de la expropiación de un terreno a una empresa vinícola. Y debido a los resultados positivos y al número de brigadistas o militantes que la organización logró amalgamar en La Laguna, la región se convirtió en uno de los espacios de mayor consolidación del movimiento.

Además, entre 1975 y 1977, Política Popular penetraría con resultados plausibles también en el sector obrero, principalmente en el sindicato de trabajadores mineros y metalúrgicos. Los brigadistas de la organización apoyaron paros y huelgas, así como la conformación de estructuras gremiales contestatarias en el interior de las empresas: Altos Hornos de México en Coahuila, Fundidora Monterrey en Nuevo León, Mina de Santa Barbara en Chihuahua y en la empresa siderúrgica de SICARTSA “Las Truchas” en Michoacán. La penetración de los militantes de PP en el interior del sindicato minero y metalúrgico fue tal que lograron competir frente al charrismo sindical del líder nacional Napoleón Gómez Sada, obteniendo el control por momentos de algunas de los comités de las secciones sindicales de las regiones mencionadas.

Debido al método de trabajo que los miembros de Política Popular-Línea Proletaria pudieron cosechar amplias bases sociales con diferentes sectores de la sociedad y en diversas regiones del país. Su trabajo con las masas de plena incorporación y compromiso militante les ganó la confianza de cientos de obreros, colonos, campesinos, etc., logrando construir sobresalientes espacios de democratización popular y solidaridad entre los miembros de la organización y las masas populares. A pesar de ello, la organización no estuvo exenta de pugnas y divisiones en su interior que valen la pena señalar.

III.- Crisis y desarticulación

En 1976 una facción de Política Popular que se encontraba en Monterrey entraría en contradicción con la organización en general, y después de algunos desencuentros, Política Popular sufriría una escisión. Se conformaría el grupo denominado: Línea de Masas, que tuvo como “sede” Monterrey consiguiendo tener el control de todo el “Frente Popular Tierra y Libertad”. Estos acontecimientos llevaron a que desde la dirigencia de Política Popular se tomaran medidas para atenuar la situación.

La primera medida que se llevó a cabo fue el cambio de nombre, pues resultaba ineludible para diferenciarse del grupo de Monterrey, por lo que la dirigencia optó por llamarse: Línea Proletaria, y continuó con toda la estructura que se había construido desde 1968. Otra medida que se tomó fue la de edificar a partir de 1976 una Organización Ideológica Dirigente (OID). Con la OID, Línea Proletaria se propuso que las brigadas operaran ya con una estructura orgánica más visible que marcara la directriz política e ideológica del movimiento.

Desde 1968 Política Popular se había caracterizado por ser una organización que no contaba con una estructura de tipo partido; es decir, a diferencia de otros grupos de izquierda, como el PCM, por ejemplo, PP no formó un comité central ni creó una dirigencia unipersonal. La relación entre los brigadistas procuró ser siempre bajo ejercicios democráticos y de horizontalidad. Y si bien, Adolfo Orive y algunos militantes más “avanzados”, fungían como dirigentes de sus respectivas zonas de influencia, el ensayo político trató de seguir parámetros de igualdad. Al conformarse la OID, la organización cambió radicalmente, pues se convirtió en la parte medular que buscó una centralidad (unilineal) ideológica y política más férrea.

No obstante, aunque aún pudieron consagrar bastiones en los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Sonora y en Chiapas, la organización fue perdiendo el rumbo político. Primeramente, por motivos personales la relación entre Adolfo Orive, la OID y el resto del movimiento, fue desgastándose. Aunado a esto, desde 1977 el gobierno mexicano proclamó una reforma política que estipulaba la oportunidad de que los partidos políticos de izquierda contendieran por puestos de elección popular. Este proceso es interesante porque cambió el rol de algunos grupos políticas de izquierda en el país. Asimismo, se convirtió en un problema para las organizaciones basadas en la “línea de masas”, pues creó pugnas al interior entre los que propugnaban porque la estructura del movimiento se convirtiera en una estructura tipo partido y así poder participar en la usanza electorera, y los que seguían firmes en seguir el modelo de participación social con las masas populares sin tintes partidistas. Esta contradicción orilló a que Línea Proletaria entrara en un proceso de crisis en su interior. 

En febrero de 1979, Adolfo Orive presentó su renuncia de la dirigencia al interior de la OID, pues veía que la organización estaba cayendo en la dirección de los movimientos de izquierda tradicionales con quienes siempre, Política Popular y, posteriormente, Línea Proletaria, habían estado en contra. Además, debido a ciertas actitudes de algunos dirigentes (incluyendo el mismo Orive) muchos brigadistas de Línea Proletaria, desencantados con el rumbo que la organización tomaba, se salieron del movimiento. Eso significó el fin de Línea Proletaria como una organización centralizada.

Por lo tanto, el camino de Política Popular-Línea Proletaria podemos comprimirlo analíticamente de 1968 hasta 1979, poco más de diez años en los que la organización, con sus claroscuros, consiguió formas de participación social en sectores sociales amplísimos. De este modo, sostengo que estos apacibles resultados que la organización pudo conseguir en este periodo antes mencionado se debieron primordialmente a la manera en cómo se acercaron a las masas populares; y, también, a su forma de mantenerse en esa misma dirección por poco más de una década, todo bajo la luz de lo que llamaron: “el trabajo con las masas populares”.

A manera de conclusión

Como reflexión final, me gustaría comentar lo siguiente. Política Popular no fue la única organización que actuó bajo planteamientos maoístas en el territorio nacional, más aún, Política Popular no fue el único grupo que trabajó bajo la “línea de masas”. No obstante, a pesar de que en México existieron diversas organizaciones que desde el maoísmo como puntal ideológico idearon su acción política, considero que Política Popular fue la organización (maoísta) que obtuvo resultados más consistentes y de largo alcance; aunque estoy consciente de que falta mucho por ser analizado.

Por otro lado, la investigación en sí sobre la proyección del maoísmo en México está todavía en plena reconstrucción. Existen aún muchas explicaciones sistemáticas al respecto y los estudios sobre dicha corriente del comunismo en el país son, sinceramente, escasos. Sin embargo, en los últimos años se han elaborado trabajos que, con diferentes puntos de análisis, han venido a enriquecer el tema en cuestión y han “rescatado” del olvido la experiencia de varios de estos grupos; pues así como existieron organizaciones que se sustentaron ideológicamente en la “línea de masas”, también las hubo quienes prefirieron aventurarse en la lucha armada basándose en preceptos de la teoría de la guerra de guerrillas propuesta por Mao, así como los que prefirieron decantarse por la consagración de estructuras burocráticas tipo partido como actividad prioritaria para desde ahí recular la lucha, también basados en la teoría maoísta. Hay una fuerte deuda historiográfica, afortunadamente, se ha ido reescribiendo …

 

 

[1] Gran parte de las ideas y reflexiones vertidas en este escrito son síntesis de mi trabajo de tesis de maestría titulado: “Procesos de formación política en la militancia maoísta en México. El caso de Política Popular (1968-1979)”, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2020.

[2] Mao Tse-Tung, (1963) Obras Escogidas de Mao Tse-Tung, T.III, Ediciones en Lenguas Extrajeras. Pág. 186

[3] Ibid.  Pág. 119. Las cursivas son mías

[4]  Hacía una Política Popular, (1968), primera edición, documento mimeografiado. Pág. 15.

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Javier Fuentes Gutiérrez, el apasionado de Mao Tse-Tung



Javier Fuentes Gutiérrez, el apasionado de Mao Tse-Tung.

Uriel Velázquez Vidal[1]

El 21 de julio de 1990, falleció de un infarto Javier Fuentes Gutiérrez. Él fue un militante comunista de vieja cepa que se fue del lado chino en la controversia del 56. La historia de vida de Javier es importante, ya que permite adentrarnos al entendimiento de un pasado reciente que explicaría parte de la formación de nuestra vida política y social actuales.

Javier nació el 22 de julio de 1925 en el Distrito Federal. Su papá se llamaba Bulmaro Fuentes Popoca y su mamá Luz Gutiérrez. Tenía dos hermanas: Leonor y Amparo. Los Fuentes eran una familia de clase media que habitaba el domicilio de la Privada de Porfirio Díaz, Número 14, en Iztapalapa. El sustento familiar recaía en Bulmaro y Luz, quienes sembraban hortalizas y  elaboraban cuadros de popotillo, los cuales vendían en el mercado de Iztapalapa.

La infancia, juventud y vida adulta de Javier Fuentes estuvieron marcadas por sus viajes al municipio natal de su padre, Ixcateopan de Cuauhtémoc, estado de Guerrero. La cercanía y relación que entabló Javier con la gente común y sencilla de ese lugar, le permitieron comprender toda una constelación de sentidos y valores sobre la vida.

Javier Fuentes tuvo una formación académica notable. Él estudio en los años  cuarenta las carreras de Ingeniería Petrolera e Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Mientras estudiaba en la UNAM empezó a trabajar en Petróleos Mexicanos (PEMEX), en1948 y permaneció ahí hasta 1950. En este trabajo Javier se percató de la explotación de los trabajadores transitorios, quienes laboraban más que los trabajadores de planta y ganaban menos dinero.

En 1949, Javier Fuentes conoció a Inés Noriega, una joven originaria del estado de Hidalgo. Ese mismo año se hicieron novios y posteriormente se casaron por el civil. Procrearon nueve hijos. En 1951, Javier obtuvo el título de ingeniero petrolero por medio de la elaboración de una tesis. Ese mismo año, recién titulado ingeniero comenzó a trabajar en la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde le asignaron comisiones de proyectos hidráulicos del centro y norte del país. En estas comisiones Javier  viajó a zonas rurales y eso le permitió conocer las condiciones de vida de los campesinos. Fue así que se interesó por el campo.

En 1959, el ingeniero Javier Fuentes empezó a militar en el Partido Comunista  Mexicano (PCM). El ingeniero fue miembro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), fundado en 1961, bajo el influjo del cardenismo y la revolución cubana. Fungió como suplente del Secretario de Finanzas de la Central Campesina Independiente (CCI), que fue el brazo campesino del MLN. También formó parte de la Junta Nacional Organizadora del Frente Electoral del Pueblo (FEP). Y fue postulado por el FEP candidato a diputado federal por el II Distrito electoral del estado de Guerrero, para competir en las elecciones de 1964. Sin embargo, la reacción del Gobierno Federal hacia el FEP fue de hostilidad y represalias violentas.

Esta situación generó que el ingeniero Javier Fuentes se distanciara del PCM. Él se decepcionó de los proyectos políticos en los que militó porque se apartaron de la lucha popular y del compromiso con la gente. Decepcionado no dejó de frecuentar otras organizaciones de izquierda, leía y analizaba sus programas políticos, para ver si alguna de ellas cumplía con sus aspiraciones de realizar trabajos en beneficio del pueblo. Javier se volvió militante de tiempo completo, por lo que renunció a su empleo de la CFE, el 30 de agosto de 1965. No obstante, los recursos financieros no le faltaban. El ingeniero era dueño de una compañía dedicada al montaje de estructuras metálicas.

Por estos años, Javier Fuentes se interesó por el maoísmo a raíz de la pugna internacional chino-soviética de 1956. El ingeniero estaba convencido de que la línea de Pekín, era la correcta en lo ideológico, político e incluso militar, para solucionar la situación social de los países semi feudales y semi coloniales como el nuestro. Javier fue un promotor de la difusión a gran escala de las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Pekín a través de su Librería El Primer Paso y de la Distribuidora Interamericana de Publicaciones que, tenía una proyección regional.

La fascinación de Javier Fuentes por la China de Mao no conocía límites. Entusiasmado, en julio de 1967, viajó rumbo al Oriente. Él estaba convencido que allá, en el país del dragón transformado en recinto de la utopía, se encontraba el conocimiento que eliminaría el enorme escepticismo hacia la izquierda revolucionaria. Lo acompañaba el fundador, dirigente y militante del Movimiento Marxista Leninista de México (MMLM), Federico Emery Ulloa. Un agente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) observo a los militantes maoístas, los capturó con la lente de su cámara fotográfica poco antes de subir al avión que, tras varias escalas e interminables horas de vuelo, los condujo a la República Popular China. Javier participó en los ritos oficiales, la exaltación del Gran Timonel, visitó fábricas y comunas, y recibió formación política y militar para organizar una revolución armada en México.

En julio de 1968, el ingeniero Javier Fuentes inició el camino de regreso, recorrer los miles de kilómetros que lo separaban de México fue una empresa cansada. Cuando entró al país lo hizo de forma clandestina por Chetumal. Por cuestiones de seguridad, Javier empezó a utilizar el nombre de “Panchito Popoca”. A principios de 1969, él impulsó la creación del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano (PRPM), privilegió sobre todo lo demás, el contacto con las masas, aunque consideró necesario, el uso de la violencia revolucionaria. Su pensamiento quedó plasmado en el programa del PRPM: Análisis de la Sociedad Mexicana, cuyo objetivo era instaurar el socialismo y el comunismo en México.

Sin embargo, el proyecto revolucionario del ingeniero Javier Fuentes no se pudo consolidar. El 2 de marzo de 1970, el ingeniero fue detenido por agentes de la DFS, quienes lo incomunicaron, amenazaron y torturaron. Posteriormente fue presentado a la opinión pública como un peligroso subversivo, responsable de “atentados terroristas”. De un plumazo el Juez confinó a Javier al limbo, encerrado en la Crujía M de la cárcel de Lecumberri, permaneció cuatro años. Él supo que Lecumberri era el panóptico, esa cárcel circular diseñada por Bentham para vigilar a los presos desde un puesto central.

Al salir de prisión, Javier Fuentes se mantuvo consecuente, visitó en 1978 en la sierra de Oaxaca al líder guerrillero Florencio el “Güero” Medrano, cargado de consejos y comentarios para que su camarada insurrecto se retroalimentara. Cinco años después, Javier visitó en la región Huasteca de Veracruz a Pedro Estrada Vega, dirigente de la Organización Campesina Popular de la Huasteca Veracruzana (OCPHV). Él se percató de las dificultades que tenía la OCPHV para trabajar con campesinos analfabetas del lugar, por lo que le dijo a Estrada Vega: “¡qué difícil la tienen!”. Además, Javier siguió viajando a la República Popular China, donde se desempeñó como traductor de las obras de los dirigentes chinos al español.

Una diabetes mal tratada segó la vida de Javier Fuentes Gutiérrez.  En su lápida está escrito: “Mucho tardará el universo en volver a reunir el polvo que aquí yace, de un gran hombre”.

Bibliografía utilizada:

Velázquez Vidal, Uriel. Historia del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1974, tesis de maestría. Escuela Nacional de Antropología e Historia. México. 2020.

[1] Maestro en Historia y Etnohistoria por la ENAH/correo electrónico: uriel.v.vidal@gmail.com

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La otra comuna de Morelos. La Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, a 48 años de su fundación



La otra comuna de Morelos. La Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, a 48 años de su fundación

Ricardo Y. Fuentes

Introducción

El 31 de marzo de 1973 en el municipio de Temixco del estado de Morelos, un grupo de personas lideradas por un joven de 27 años de nombre Florencio Medrano Mederos, tomaron la decisión de invadir 68 hectáreas de terreno para posesionarse del predio y posteriormente dividirlo en lotes de 200mt para regalarlos a todo aquel que no tuviera un lugar donde vivir. Con ello iniciaba la experiencia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo (CPRJ). Una historia de organización comunitaria y popular con la perspectiva de cambiar la realidad social por medio de un proceso revolucionario y bajo la luz del pensamiento de Mao Tse-Tung.

En las siguientes páginas mencionaré, de forma breve, algunos de los puntos más relevantes para comprender y acercarse a la historia de la CPRJ y de su líder, Florencio Medrano Mederos. Todo ello para conocer y divulgar una historia que, sin temor a exagerar, se convirtió en una de las experiencias más profundas y radicales de lucha social y política en la historia del país.

Florencio “El Güero” Medrano

Florencio Medrano Mederos, a quien mayormente se le conoció como “El Güero” Medrano (por su tono de piel muy singular), nació un 27 de octubre de 1945 en el poblado de Limón Grande en el municipio de Cutzamala del Pinzón del estado de Guerrero. Su infancia y adolescencia las vivió rodeado de una actividad netamente campesina en la región de Tierra Caliente entre los estados de Guerrero y el Estado de México. Y para los años sesenta, después de probar suerte buscando trabajo en el Distrito Federal, incluso enlistándose en el Ejército por un par de años, llegó a radicar a Morelos a la colonia popular “Gral. Antonio Barona” de Cuernavaca, en la capital del estado alrededor de 1967.

En dicho poblado de la capital de Morelos cambiaría radicalmente su forma de pensar. Desde los primeros meses se relacionó con gente que tenía una presencia política importante en la región. Como paréntesis, vale la pena destacar que la colonia “Gral. Antonio Barona” se había fundado en 1961 a partir de la posesión de un terreno que iba a convertirse en un fraccionamiento y fue una organización que tuvo contacto político con el movimiento jaramillista. Por tanto, algunos de los dirigentes de la Antonio Barona tenían cierta formación política apegada a la izquierda. Retomando el análisis, entre las personas que habitaban el lugar y que Florencio Medrano conoció y con quienes entabló una buena relación, se encontraba: Porfirio Equihua Pérez y su hijo Rafael Equihua Palomares. Fue Rafael Equihua quien en 1968 lo invitó a los círculos de estudio de teoría marxista/maoísta en los que participaba, círculos de discusión que estaban direccionados por un ingeniero de nombre Javier Fuentes Gutiérrez quien era exmilitante del Partido Comunista Mexicano (PCM) y que para esos años comulgaba con la línea comunista de China. De dicha práctica se conformó una organización maoísta de nombre Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano (PRPM), y Florencio Medrano Mederos se unió como militante de la organización.

Por medio del PRPM, Florencio Medrano, y ocho militantes más (incluyendo un primo suyo: Aquileo Mederos), irían a China en 1969 en un viaje de formación política que duraría poco más de seis meses. Todo auspiciado por el gobierno de Pekín. A su regreso, y después de su proceso formativo y de haber sido espectadores de la Gran Revolución Cultural Proletaria, los integrantes del PRPM estaban convencidos en instaurar un régimen comunista y popular en México por medio de una revolución armada. Sin duda, la experiencia del viaje cambió por completo la forma de pensar de Florencio Medrano, marcando la manera con la que vio la realidad durante los años siguientes.

Sin embargo, a los pocos meses de haber arribado el grupo de militantes del PRPM a México después de su experiencia en Asia, comenzaron a tener tropiezos. La Dirección Federal de Seguridad conoció la existencia de la organización y un par de semanas antes de la primavera de 1970 fue aprehendido la mayoría del cuadro dirigente del grupo en el Distrito Federal. Esto orilló a que la policía buscará a los demás integrantes del PRPM, sobre todo a los que radicaban en Cuernavaca. No obstante, Florencio Medrano y Aquileo Mederos lograron no ser detenidos y se mantuvieron evadiendo el acoso policial y, entre 1971 y 1972, Florencio Medrano, principalmente, se mantuvo “escondido” en el pueblo de Acatlipa, una localidad al sur a poco más de diez kilómetros de Cuernavaca, perteneciente al municipio de Temixco.

En Acatlipa, después de que la situación con la policía se tranquilizó, Florencio Medrano se dedicó a llevar a cabo círculos de estudio de las obras de Mao Tse-Tung con algunos campesinos y ejidatarios del lugar. Asimismo, logró entrar en contacto con un grupo de estudiantes de la preparatoria de Jojutla que se unieron a su incipiente organización, con quienes también estudiaba textos maoístas. De ese modo, Florencio Medrano consideró que podía encabezar la transformación del país. Fue así como por medio de esa compenetración social que experimentó en Acatlipa, que gente del lugar le comentó sobre las 68 hectáreas de tierra que se encontraban a un costado del pueblo. Un predio que para esos años era propiedad del entonces gobernador del estado de Morelos, Felipe Rivera Crespo (1970-1976). Terrenos los cuales estaban destinados a convertirse en un fraccionamiento inmobiliario (de lujo) para la burguesía que se llamaría “Villa de las Flores”.

Florencio Medrano investigó la situación por la que el predio pasó de pertenecer al ejido de Acatlipa para convertirse en un emporio de la industria inmobiliaria propiedad de la familia del gobernador. Descubrió que en la década del cincuenta dicho terreno se había vendido de manera arbitraria a un empresario extranjero que posteriormente no pudo pagar los impuestos correspondientes y el predio terminó siendo confiscado por el gobierno. Y para la década de 1970 el entonces gobernador pagó la deuda al fisco y se adueñó del lugar para construir el fraccionamiento.

Siguiendo el esquema maoísta de las bases de apoyo, Florencio Medrano sabía que era imposible encabezar una revolución sin antes tener una sólida base de apoyo popular. Por lo tanto, consideró legitimó posesionarse de esos terrenos porque suponía que injustamente se los habían arrebatado a la gente del pueblo, y a su vez, si la operación resultaba ser un “éxito”, por la cantidad de personas que arribarían al poblado dado que se pensaba lotificar y regalar los lotes, la comunidad se convertiría en una base de apoyo para su plan político. Al final, en el horizonte del joven maoísta, la meta era constituir un movimiento armado y buscar la manera de iniciar una insurrección popular en el país.

Colonia Proletaria Rubén Jaramillo: La comuna “medranista”

Ante este panorama descrito líneas atrás, es como un grupo de personas, liderados por el maoísta Florencio Medrano Mederos, decidieron invadir los terrenos de “Villa de las Flores” la noche del sábado 31 de marzo de 1973. Se anticiparon así a los intereses de la fraccionadora. Para que la acción brindara los resultados esperados, Florencio Medrano planeó junto a las personas que lo acompañaban, como los estudiantes Gilberto Higareda y Félix Basilio, así como el ejidatario Francisco Salgado, a que se hiciera una comisión encargada de repartir volantes en diversos puntos del estado de Morelos, en donde se invitaba a todo aquel que no tuviera un espacio donde vivir, a que fuera “Villa de las Flores” en donde les regalarían un terreno. Increíblemente, en un par de semanas la afluencia de personas se contabilizaba en miles. Todo parecía indicar que aquella máxima maoísta de que una sola chispa puede incendiar toda la pradera se estaba cumpliendo.

En los siguientes días por medio de una asamblea en donde participaron la mayoría de los nuevos colonos, decidieron democráticamente ponerle el nombre de Rubén Jaramillo al poblado, en memoria del luchador social. Pero se optó también porque el nombre tuviera el epíteto de Proletaria, el cual, a la postre, se convirtió en un distintivo. De esa manera iniciaba la experiencia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. Y durante los siguientes seis meses se convirtió en un crisol de resistencia y movilización social en la región de Morelos.

Desde el principio el poblado tuvo la característica de una organización con un líder, empero, todas las decisiones eran consensuadas entre los pobladores. Se hacían Asambleas Generales de Colonos y se conformó un Comité de Lucha que hacía valer las opiniones de todos los integrantes que conformaban el poblado. La peculiaridad del Comité, el cual fungió como órgano rector de la comunidad, es que se erigió con un representante de cada sector popular que se encontraba en la CPRJ, o sea, estuvo compuesto por un presidente, un secretario obrero, otro campesino y otro estudiantil.

Florencio Medrano, como presidente del Comité de Lucha, pudo conseguir dentro del experimento de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo una fuerte participación de las masas populares que ahí cohabitaron. Por tanto, la CPRJ tuvo la característica de una sociedad en conjunto que ponderaba el trabajo autogestionario y comunitario. En donde se encontraron formas de convivencia que fomentaron, entre todos los colonos, expresiones de solidaridad a escalas mayúsculas, donde como decía su dirigente: “aquí todo es de todos”.

Se llevaron a cabo rondas de vigilancia realizadas por los pobladores con la intención de proteger la comunidad del acoso policiaco, o de cualquiera que quisiera atentar contra la estabilidad de la colonia. Se hacían actividades dominicales para beneficio del poblado en lo que se conoció como Domingos Rojos o Domingo Colectivos; en los cuales, ayudar a levantar una choza para algún colono, construir un puente para atravesar una barranca que pasaba por la mitad del terreno, ordenar adecuadamente la terracería de las calles, construir un dispensario médico, así como una escuela para los niños, se convirtieron en tareas primordiales de solidaridad interna.

De igual modo, debido al auge de la CPRJ, comenzó a generar por su experiencia comunitaria muchas brigadas de estudiantes, universitarios en su mayoría, que arribaron a la comunidad. Los estudiantes apoyaban en todas las labores dominicales, y con su ayuda, la operación, por ejemplo, del dispensario médico gracias a la participación de estudiantes de la carrera de medicina de la UNAM, tuvo mejores resultados. Aquella escuela, que se consagró con su propio proyecto educativo autónomo (independiente del de la SEP), se edificó con apoyo de estudiantes y algunos profesores normalistas y pedagogos de la UNAM que llegaron con la intención de apoyar la causa. A su vez, no pocos estudiantes comenzaron a destacar por su participación política, por lo que Florencio Medrano los invitó a participar de lleno en la organización, algunos estudiantes compartieron puestos clave dentro de la colonia.

Por otro lado, se prohibió la venta y consumo de alcohol, así como de cualquier sustancia enervante, dentro de la colonia con la intención de generar una mejor cohesión en el interior de la comunidad y forjar un estilo de vida diferente. Asimismo, se pretendió que las mujeres tuvieran participación en la organización política, por lo que siempre tuvieron voz y voto dentro de las asambleas y se convirtieron en participantes activas en la toma de decisiones cuando se requería el consenso general, así como en las manifestaciones que regularmente se hacían.

También, en una ocasión semanas después de la fundación, específicamente durante el mes de mayo, el gobernador Felipe Rivera Crespo llegó a la CPRJ (disfrazado para que no se dieran cuenta de quién era) con la intención de conocer el lugar y saber cómo estaban organizados. Sin embargo, fue descubierto e interceptado por la guardia que custodiaba la entrada, siendo así trasladado a donde eran las oficinas del Comité de Lucha y después de varios minutos de dialogo, se le obligó al mandatario morelense a que firmara un documento en donde se comprometía a ya no seguir acosando al movimiento y reconocía a la colonia y sus habitantes como legítimos dueños de los terrenos. Aunque el gobernador fue puesto en libertad y obviamente no aceptó las resoluciones de ese documento firmado “a la fuerza”, la organización interna fue en ascenso y la idea de desplazarlos del lugar se volvió imposible.

De las tres secciones en las que se dividieron las 68 hectáreas (los pinos, el centro y la nopalera), se conformaron 57 manzanas, en donde se conformaron a su vez pequeños grupos de colonos que fungían como representantes de cada manzana. Se buscó con ello generar un proceso de democracia participativa y popular desde las bases bastante interesante. Y derivado de todo lo descrito en las líneas anteriores, bajo el esquema maoísta, se llegó a pensar en la CPRJ como el primer territorio “liberado” de México.

Ahora bien, a pesar de que el poblado logró posicionarse políticamente en la región, dado el contexto autoritario que se vivía, desde el principio fueron acosados por policías, y con el paso de los meses por militares. Además, como se dijo anteriormente, en el horizonte del “Güero” Medrano siempre estuvo presente la idea de germinar un movimiento guerrillero, y puesto en realizarlo, desde el principio se empeñó en consolidar un movimiento armado.

Dicho lo anterior, aunado a las expresiones de vida comunitaria y autogestionaria, la CPRJ contaba con un brazo armado que se llamó Comando de Expropiaciones. Con dicho grupo, como su nombre lo vaticina, Florencio Medrano y su organización obtuvieron financiamiento para sus planes revolucionarios por medio de expropiaciones de algunos establecimientos comerciales como hoteles, cines, tiendas, etc., y también consiguieron armas y algunos carros con los que se movían.

Por lo tanto, se buscó una alianza con otras organizaciones, siendo la guerrilla rural del profesor Lucio Cabañas con la que se tejió el nexo. A pesar de las diferencias ideológicas que podían existir entre ambos dirigentes, lo cierto fue que se logró consagrar la unidad; quizá su composición social y la necesidad de no quedar aislados, los acercó. Gente del Partido de los Pobres, e incluso el mismo Lucio Cabañas, llegaron a ir a la Rubén Jaramillo, por lo que la alianza estaba tendida, lo que faltaba era consolidarla.

De esa forma, para el mes de septiembre, exactamente el lunes 24, un grupo de integrantes del Comité de Lucha, en donde se encontraba Florencio Medrano, junto con otros 17 colonos, viajaron a Guerrero con la intención de entrevistarse con gente del Partido de los Pobres para planear acciones en conjunto. Sin embargo, de forma desafortunada, a su regreso, para el 25 de septiembre sufrirían una emboscada por miembros del Ejército y policías locales en el estado de Guerrero en un pueblo de nombre Tepecoacuilco.

De esa manera la situación se tornó complicada. Florencio Medrano junto a otros integrantes más de la comitiva que habían viajado lograron escapar de la redada en Guerrero y regresaron a la CPRJ. No obstante, la policía y los militares detuvieron a siete personas y, en el enfrentamiento, asesinaron a un integrante del grupo (Primo Medrano, hermano del “Güero”). Los detenidos fueron llevados al Cuartel de Iguala, y durante las horas siguientes fueron expuestos a interrogatorios bajo tortura que les brindaron a los soldados la información que necesitaban. La alianza con el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas salió a la luz dentro de la información sacada a los detenidos.

Fue así como para los siguientes días las fuerzas castrenses decidieron aniquilar por completo el movimiento. De esa manera el 28 de septiembre de 1973, más de mil soldados invadieron la CPRJ para tomarla por completo y aprehender a los dirigentes. Sin embargo, Florencio Medrano nuevamente lograría escapar y después de meses de estar evadiendo la persecución policiaca, radicalizaría su accionar y para el otoño de 1974 formaría una organización político militar de corte maoísta llamada: Partido Proletario Unido de América (PPUA). Pero eso es otra historia.

Finalmente fue por medio de la represión como el régimen priista de los años setenta controló la situación de la CPRJ. Los soldados se apostaron en la comunidad durante los siguientes siete años; manteniendo un cerco militar para mermar cualquier intento de subversión o radicalidad de los colonos que continuaron en el poblado. De esa manera se interrumpió la experiencia popular de lucha que se había construido. Serían inadecuado decir que el gobierno planeó todo desde un principio cuando se enteró de la invasión, teniendo como finalidad aplastar el movimiento de la manera como lo hizo. Sin duda, fue el cúmulo de acontecimientos que la organización de la CPRJ llevó a cabo lo que tomó por sorpresa a las fuerzas estatales, y para impedir otro bastión guerrillero (independientemente de que éste fuera posible), optaron por contener y aplastar la organización.

Conclusiones

En 1915 durante el contexto de la Revolución Mexicana, en Morelos se vivió una de las experiencias más ricas y profundas de la lucha social en la historia del país. Después de la derrota del régimen de Victoriano Huerta, por primera vez desde que había comenzado la revolución, las fuerzas zapatistas tenían el territorio donde residían a su merced. De esa manera el Plan de Ayala se llevó a la práctica. El sistema de haciendas había desaparecido en la región y las tierras en su mayoría fueron restituidas para los pueblos del estado, logrando como resultado un periodo de autogobiernos, de verdaderas democracias campesinas, así como situaciones de genuina autogestión comunitaria y popular. Historiográficamente este periodo es conocido como “La Comuna de Morelos” debido a su potencia revolucionaria.

Dicho lo anterior, considero que con el caso de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, cuidando las “debidas” proporciones, podríamos hacer un símil y considerarlo como “otra” experiencia comunal en la historia de Morelos. En cierta medida la herencia de la lucha por la tierra y la radicalización social en el estado vieron su continuidad en la figura de Florencio Medrano. Transformar la realidad seguía siendo la meta, sólo que en esta ocasión el maoísmo y la idea de instaurar un régimen socialista irrumpieron en la escena como el eje ideológico y político de la organización.

Hoy en día el poblado aún existe, paulatinamente perdió su potencia organizativa, derivado del cerco militar en su contra. Para los años ochenta la situación cambió pues los soldados se retiraron y el poblado sufriría una campaña de estigmatización social pues se le consideró como una comunidad alejada de la ciudad y como un nido de maleantes. Dicha labor de desprestigió terminó funcionando y en la actualidad pocas personas conocen el pasado de la colonia. En conclusión, la historia de la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo es una historia aún en reconstrucción, y a casi medio siglo de distancia, es importante que la experiencia sea mayormente conocida.

Bibliografía sobre el tema

Fuentes Ricardo Yanuel, (2020), Colonia Proletaria Rubén Jaramillo. La herencia de la lucha por la tierra en el Morelos de los años setenta, en Victoria Crespo y Carlos Barreto (Coord.), Zapatismos. Nuevas aproximaciones a la lucha campesina y su legado posrevolucionario, México: Universiada Autónoma del Estado de Morelos

Jaso Galván Azucena Citlalli, (2011), La colonia proletaria Rubén Jaramillo: la lucha por la tenencia de la tierra y la guerra popular prolongada (31 de marzo de 1973 – enero de 1974), Tesis de Licenciatura, México: UNAM.

Mier Merelo Armando, (2003), Sujetos, Luchas, Procesos y Movimientos sociales en el Morelos contemporáneo, México: UAEM-UNICEDES.

Velázquez Vidal Uriel, (2018), El maoísmo en México. El caso del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1970, en Encartes Antropológicos, Núm. 1, México: Escuela Nacional de Antropología e Historia.




Adiós al último espartaquista




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Adiós al último espartaquista

Victor Hugo Pacheco Chávez[1]

Enrique González Rojo Arthur fue uno de los marxistas mexicanos que destacó por su originalidad. Entre las varias maneras en las que se puede describir su enfoque (althusseriano, revueltiano, maoísta, etc.), la formulación que más lo caracteriza quizás sea la de «espartaquista mexicano», una tradición política local que, aunque marginal, fue parte medular de las revueltas y las batallas del comunismo mexicano de la segunda mitad del siglo XX. A González Rojo le tocó asumir la definición y los periplos por los cuales transcurrió esta vertiente política.

La obra de González Rojo fue prolífica y abarcó varias vertientes: filosofía política, psicoanálisis, historia, ensayo, poesía, autobiografía. De todo aquello, probablemente hoy la parte más conocida sea la obra poética, que ha transitado del movimiento poeticista hasta sus últimos poemas, catalogados por él mismo como novelemas, una mezcla de novela y poesía. Esta faceta de su producción ha sido reconocida por el Premio Xavier Villaurrutia en 1976 y el Premio Nacional de Poesía «Benemérito de América» en 2002.

Sin embargo, a pesar de estos reconocimientos, no se trata de un autor que esté integrado al campo de las élites culturales del país, a las cuales combatió de diversas maneras. El último gesto que tuvo como denuncia, en ese sentido, fue su rechazo a la postulación al Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2018 por no estar de acuerdo con recibir un premio otorgado por Enrique Peña Nieto, el presidente en turno. Las palabras de su hija Graciela González sintetizan muy bien lo que Enrique González Rojo significa para el campo cultural mexicano:

Uno de los grandes méritos de Enrique es haber permanecido de por vida independiente de los grupos de poder. La de González Rojo Arthur no es solo una militancia política sino una militancia en contra de las mafias literarias. Pero el precio que se paga por ello es alto: marginación y cierta soledad. No obstante, en ello influye también su manera de ser.

Tal vez sea ahora, tras su muerte, el momento para revertir esa marginación y recuperar la figura de uno de los marxistas más originales que ha producido México.

La militancia espartaquista

La inquietud de Enrique González Rojo por el marxismo surgió en la misma biblioteca familiar, donde desde joven tuvo acceso a obras marxistas. Pero no fue hasta 1953 que impactaron en él los cursos de Eli de Gortari, filósofo mexicano con quien profundizó en el estudio del texto de Lenin, Materialismo y empiriocriticismo. Tres años después, en 1956, se incorporó al Partido Comunista Mexicano (PCM). A partir de este momento, combinó su trabajo docente con la militancia política.

Dentro del PCM se incorporó a la Célula Carlos Marx que, a partir de 1957, impulsó una crítica al Partido por no permitir la lucha de tendencias a la vez que cuestionaba su impacto dentro de las luchas revolucionarias de ese tiempo, especialmente su actuación en el movimiento ferrocarrilero de 1959. Caracterizando con ello al PCM como un partido que no tenía «realidad histórica», sostuvo la tesis desarrollada por José Revueltas.

Dicha discusión tuvo como consecuencia que en 1960 se salieran del PCM los miembros de las células Carlos Marx, Federico Engels y Julio Curie para integrarse al Partido Obrero Campesino Mexicano. Esta alianza fue muy breve, y a fines de 1960 se creó la Liga Leninista Espartaco, la cual sufrió dos escisiones importantes. La primera se dio en 1963 cuando fue expulsado su principal ideólogo, José Revueltas.

Esta discusión se plasmó en el libro que escribió ese año González Rojo, titulado ¿Así se forma la cabeza del proletariado? (Reseña de una lucha interna). El punto central de la discusión fue el posicionamiento con respecto al conflicto chino-soviético: mientras José Revueltas respaldaba la posición rusa, Enrique González Rojo se decantó por el apoyo chino, siendo de esta manera de los primeros marxistas que promovieron el maoísmo en México.

Después de un año se escindió el grupo que dirigía González Rojo y, por un corto tiempo, ambos grupos firmaban como Liga Leninista Espartaco. Para este momento las tesis de González Rojo apuntaban a que las diversas organizaciones marxistas dejaran de actuar como pequeños partidos y se replantearan la cuestión de la construcción del Partido Revolucionario.

Luego de esta experiencia, en 1965 se formó el grupo Espartaquismo Integral y, en 1978, el grupo Espartaquismo Integral Revolución Articulada (EIRA), donde permaneció hasta 1982, momento en el cual grupos provenientes del autonomismo, del anarquismo, del maoísmo, del luxemburguismo, del espartaquismo y del sindicalismo revolucionario fundan la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM). Desde su fundación, esta organización de clara inclinación maoista  –según Sergio G. Sánchez Díaz– «reivindicó el desarrollo de la lucha de clases, la democracia proletaria, las organizaciones autónomas de base, así como una línea de masas», enarbolando las demandas más sentidas del pueblo.

Entre Althusser y Revueltas

Enrique González Rojo fue uno de los primeros y principales impulsores de la filosofía de Louis Althusser en México, y como buen althusseriano su producción en este sentido no fue un desarrollo acrítico de las tesis del pensador francés, sino que implicó un desarrollo propio. Para González Rojo la relevancia de Althusser se encuentra en lograr que su generación despertara del sueño dogmático, lo cual supuso un intento de renovación del marxismo basado en el reexamen de los fundamentos del mismo.

En ese mismo sentido, la obra y la figura de José Revueltas fueron fundamentales para la elaboración teórica y política de Enrique González Rojo. Quizá el gesto de estudiar la historia y el desarrollo concreto de la clase obrera, el autoconocimiento de la tradición política comunista, sea una de las enseñanzas que más recogió de Revueltas. Consecuente con ello, la principal tesis de Revueltas (la de la escisión entre el movimiento obrero y campesino y la estructura del Partido Comunista) fue desarrollada y aplicada por González Rojo incluso en el nivel organizativo de los grupos espartaquistas.

Si bien González Rojo siempre fue un seguidor de la figura y obra de Revueltas, también asestará una de las críticas más fuertes a la manera en la que la propia obra y militancia de Revueltas quedó desvinculada de la realidad política. El problema con Revueltas, destacará González Rojo, es que nunca abandonó la teoría leninista del partido, centrada en la importancia de la lucha prioritariamente política, subordinando y dejando de lado otras contradicciones. Por otra parte, González Rojo señaló que los revolucionarios profesionales que encabezarían el instrumento del Partido eran un sector que había devenido en una clase intelectual.

Aquí se condensan dos de los temas que marcan la originalidad del marxismo de González Rojo: su idea de la revolución articulada y la del triclasismo como condición del neocapitalismo que se instauró a nivel mundial a partir de 1973.

La revolución articulada y el triclasismo

En relación con el primer punto, González Rojo observó que en la fase más desarrollada del capitalismo ya no basta con entablar solo una lucha política, sino que esta se debía articular a otras igual de importantes: económica, cultural, tecnológica, de la fuerza de trabajo, sexual, educativa, antiautoritaria y científica. Pero advertía, al mismo tiempo, que todas ellas tenían en lo económico su punto de articulación. Lo que González Rojo estaba poniendo de relieve era la complejidad de las relaciones de poder que se desarrollaban en el seno de la sociedad capitalista industrial desarrollada.

En cuanto al segundo punto, de la constitución triclasista en que devino el capitalismo, González Rojo consideró la creación de los intelectuales como una «tercera clase». Observará que, en la fase de lo que él llama «neocapitalismo», el trabajador manual ha sido despojado de su desarrollo intelectual. Eso genera dos dinámicas claramente perceptibles en los países altamente desarrollados: «1) un volumen grande del trabajo manual simple tiende a hacerse más complejo, y 2) el trabajo intelectual se pone cada vez más al servicio de la burguesía, tanto en la esfera de la producción como en la de la circulación y los servicios».

En este sentido, el trabajador manual sufrirá una doble explotación: por el capital y por el trabajo técnico-funcional. Doble explotación que, a su vez, conduce a una doble contradicción: primero, capital-trabajo; luego, técnico-funcional (la primera, mediada por la propiedad privada y la segunda, por la apropiación de los medios intelectuales de producción). El trabajador manual sufre un doble despojo. Y la articulación de estas dos contradicciones, para González Rojo, da como resultado la creación de una nueva clase, dominante frente a la clase manual pero dominada frente a la clase burguesa por no poseer los medios materiales de producción.

Bajo estas consideraciones, la lucha política en clave leninista que Revueltas tenía como base, en el esquema de González Rojo queda fuera de lugar, tanto por la amplitud de la lucha revolucionaria a todas las esferas de lo social como por el hecho de que Revueltas no alcanzó a percibir las lógicas de poder que se establecieron entre intelectuales y clase obrera. Estas son las directrices que sustentan su crítica a Octavio Paz en El rey va desnudo (1989) y Cuando el rey se hace cortesano (1990).

Un luchador incansable

Enrique González Rojo fue un luchador incansable hasta los últimos años de su vida. Era común escucharlo hablar contra la reforma magisterial, verlo marchar en las movilizaciones que se dieron alrededor del caso de los 43 compañeros de Ayotzinapa y en buena parte de las luchas por la democratización del país, participando en la fundación del PRD como colaborando en la formación política de las bases de MORENA, en ambos casos siempre del lado de la militancia y con un gran sentido de pedagogo político y popular.

Su obra política y filosófica sigue a la espera de una revalorización profunda que lo ubique en el lugar que le corresponde: uno de los intelectuales más importantes de la renovación del marxismo mexicano.

 

[1] Este texto fue publicado originalmente en Jacobin Latinoamérica, versión electrónica https://jacobinlat.com/2021/03/14/adios-al-ultimo-espartaquista/?fbclid=IwAR2McwKGNWGWJSd1J4kwozsHxMvsnYUpxe4TrNmshHb9nzdANEgHKznnYkk




Los estallidos de otoño, el Movimiento Marxista Leninista de México.




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Los estallidos de otoño: el Movimiento Marxista Leninista de México.

Uriel Velázquez Vidal. [i]

A mediados de los años sesenta, un grupo de universitarios dirigido por Federico Emery Ulloa, formó el Movimiento Marxista Leninista de México (MMLM). El MMLM de ideología marxista-leninista pensamiento Mao Tse-Tung, que se propuso luchar por la transformación de la sociedad, buscaba llegar al poder e instaurar la dictadura del proletariado. Para lograrlo, realizó trabajo político en regiones rurales de Oaxaca, Chiapas, Nayarit, Veracruz, Michoacán, Puebla, Morelos, Sonora y Durango. Además, organizó grupos en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), en el de los ferrocarrileros, en el de petroleros y en algunos pequeños como el de refrescos Jarritos.

A los militantes del MMLM los sorprendió el inicio y auge del movimiento estudiantil de 1968 en la Ciudad de México. Llegaron incluso a comparar el movimiento estudiantil en México con el movimiento del 4 de mayo de 1919 en China. Aquel movimiento  que inició con una manifestación estudiantil en Pekín, en protesta por la hostilidad y la rapiña de las potencias extranjeras en contra de China y de la población. Se le considera como el momento en que renació la dignidad nacional china.

Pronto, los militantes del MMLM se integraron al movimiento estudiantil, destacando como actores principales de éste. Por medio de Raúl Alvarez Garín, dirigente estudiantil del Instituto Politécnico Nacional (IPN), fue como algunos militantes del MMLM se integraron al Consejo Nacional de Huelga (CNH). Aunque no tuvieron una fuerza significativa dentro de ese organismo, la cercanía con los principales dirigentes, les permitió participar en iniciativas clave. La participación de estos militantes en el movimiento estudiantil de 1968, se puede entender en dos sentidos: por una parte, promovieron tanto la propaganda del movimiento estudiantil como la de su organización política. Por otra parte, reclutaron estudiantes, para formarlos en una posición revolucionaria, cuyo propósito era continuar la lucha en el campo.

Sin embargo, el movimiento estudiantil fue masacrado el trágico día 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. A los militantes del MMLM los desconcertó que después de la matanza no se desencadenaron protestas de gran impacto. Para estos militantes ya no tenía sentido  trabajar con grupos pequeños en  regiones rurales apartadas, no después de lo que había vivido la Ciudad de México, con aquellas grandes movilizaciones estudiantiles que habían abarrotado las calles de la capital con un ambiente juvenil, intenso, vital y hasta festivo. Pronto, el enojo se alojó en las entrañas de los militantes maoístas, quienes pensaron en realizar acciones de sabotaje. El objetivo de sus ataques sería el elemento más tangible del sistema político mexicano, esto es, el priismo y dentro del priismo la Confederación de Trabajadores de México (CTM). De esta manera, comenzaron los preparativos de los atentados.

La madrugada del 14 de diciembre de 1968, una  camioneta tipo guayín, color blanco, último modelo y sin placas, se dirigió al edificio del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ubicado en Insurgentes Norte y Héroes Ferrocarrileros. En la camioneta se encontraban los militantes del MMLM, que sigilosos vigilaron la calle, para asegurarse que no pasara gente. Cuando uno de ellos consideró que era el momento oportuno, prendió la mecha y colocó la bomba de tiempo en el patio principal de ese edificio. Ante el estallido hubo alarma entre los habitantes de la colonia Guerrero y zonas aledañas.

Al otro día, siendo las dos de la madrugada, hizo su arribo la  camioneta tipo guayin en la céntrica calle Vallarta, número ocho, de la Ciudad de México. Uno de los militantes colocó la bomba de tiempo frente a la puerta del edificio de la CTM. La explosión causó daños al edificio de esa central sindical obrera, a las fachadas de cinco edificios más en la misma calle y cuatro personas resultaron lesionadas por los cristales que volaron en pedazos.

Ante las detonaciones, la vigilancia policiaca se redobló en toda la Ciudad de México. Sin embargo, los militantes del MMLM hicieron estallar una bomba más. La madrugada del lunes 16 de diciembre, colocaron una bomba en la puerta del Juzgado XV de paz, anexo al edificio de la Delegación Iztacalco. El estallido dañó toda la fachada sur de dicho edificio y varias casas de la calle Oriente 98, en la Colonia Ramos Millán.

Los militantes del MMLM tuvieron en jaque a la policía política. Sin embargo, su proyecto revolucionario no avanzó, las masas populares no fueron atraídas por las explosiones, al contrario se volvieron espectadoras de los actos de un grupo que se dedicó al terror en solitario. Además, los militantes del MMLM cometieron el error de omitir toda referencia a la reciente represión al movimiento estudiantil o cualquier relación con el ambiente de persecución e intolerancia prevaleciente en el país. Esto fue aprovechado por el gobierno para montar una campaña publicitaria, señalando a los atentados como obra del fascismo internacional.

La Dirección Federal de Seguridad (DFS) siguió en la búsqueda de pistas que llevaran a la captura de los militantes del MMLM. Las consiguió cuando detuvo al militante, José Manuel Irén Tellez, quien habló del departamento en la Unidad de Tlatelolco al que solían llegar sus compañeros y del rancho de Villa de Nicolás de Romero donde iban a hacer prácticas de tiro. Así, en mayo de 1969, la DFS montó un operativo para detener a los militantes del MMLM. Los agentes de la DFS interrogaron violentamente a los detenidos, para después entregarlos a los jueces. El proyecto revolucionario del MMLM se desmoronó en la cárcel de Lecumberri, a pesar de los esfuerzos de algunos de sus integrantes en libertad por mantenerlo con vida durante más tiempo.

Bibliografía:

Velázquez Vidal, Uriel. Historia del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1974, tesis de maestría, Escuela Nacional de Antropología e Historia. México. 2020.

[i] Este texto se deriva de mi investigación de maestría: Uriel Velázquez Vidal. Historia del Partido Revolucionario del Proletariado Mexicano, 1969-1974, tesis de maestría, Escuela Nacional de Antropología e Historia. México. 2020.