1

No habrá regreso a clases porque la escuela no se ha ido de nosotros




Compartir en facebook
Compartir en twitter

No habrá regreso a clases porque la escuela no se ha ido de nosotros.

Leonardo Meza Jara

 I.- No nos hemos retirado de la escuela, porque la escuela se ha transformado en un “imprinting” cultural e histórico irrenunciable. La escuela no se ha distanciado de nosotros, porque es un mecanismo que se enraíza irremisiblemente en nuestras formas de vida diaria. En la escuela se encarna la costumbre ancestral de adentrarse en un lugar y un tiempo imprescindibles. A este lugar no se puede llegar tarde. Tampoco se permite abandonar este sitio antes de tiempo. La obligatoriedad de la educación es una jaula cuyos barrotes son escolares. A la escuela se arriba para no irse, para enraizar la vida en un lugar que pretende ocupar la totalidad del tiempo de lo humano.  

Cuando se habla de un presunto “regreso a clases”, de un “regreso a la escuela”, en realidad se habla de un espejismo, de un fantasma que es demasiado real, real en exceso. Desde una perspectiva psicoanalítica, la escuela se goza y se sufre. Una parte de la felicidad histórica de la humanidad está en la escuela, que captura trágicamente las vidas de millones de hombres y mujeres. La escuela es la jaula más sutil y más perversa, que los hombres hemos ido elaborando a lo largo de siglos. ¿Somos nosotros los que estamos atrapados en el corazón de la escuela moderna, o es la escuela, la que no deja de latir en nuestro pensamiento y nuestras formas de vida?   

Nosotros encerramos a la escuela que nos encierra, entre lo real y lo imaginario. Incluso, la tesis radical de la desescolarización de la educación planteada por Ivan Ilich, no renuncia a la escuela, sino que la replantea, la reconfigura, sin abandonarla por completo. La idea moderna de la escuela es la sombra más luminosa en sus orillas y más oscura en sus adentros, ante la cual nos hemos rendido los seres humanos.  

II.- La escuela es una vitalidad y una espiritualidad que no ha dejado de crecer a lo largo de siglos. La escuela ha tomado la forma de una religiosidad encubierta. En la modernidad, la religión se ha convertido en un conjunto de “prácticas” (que son analizadas en la saga del “Homo sacer” de Giorgio Agamben) o de “ejercicios” (que se revisan en el libro “Has de cambiar tu vida”, de Peter Sloterdijk, 2013). Las prácticas y los ejercicios religiosos tienen como base un conjunto de técnicas que se enseñan y se aprenden, por ejemplo: las formas de sentarse o pararse durante una misa, la manera en que se recibe y se consume la hostia o, las formas en que se reza un rosario. Los procedimientos religiosos formados por técnicas y ejercitaciones, se extienden hasta las prácticas escolares en la modernidad.  

La religión consiste en un conjunto de prácticas o ejercicios que se aprenden a partir de un conjunto de técnicas pedagógicas, a partir de las cuales la teología se convierte en un asunto terrenal. Las intersecciones religiosas entre lo pedagógico y lo teológico, residen en técnicas que se ejercitan con los pies puestos sobre el mundo y los ojos colocados en el cielo prometido. Hay que tener puestos los pies sobre lo terrenal del suelo y abrir los ojos (o cerrarlos) para rozar con la mirada el cielo prometido.

La escuela moderna tiene como base una diversidad de prácticas y ejercicios que se sujetan a una diversidad de técnicas pedagógicas, que en los últimos años se han ido transformando y sofisticando con los aportes de la investigación educativa. La escuela moderna es terrenal, pero tiene sus ojos puestos en un horizonte utópico que se parece demasiado al cielo prometido por la religión judeocristiana. La teoría del capital humano de Schultz y de otros autores anglosajones, lleva consigo la promesa del progreso individual y colectivo que resplandece como si fuera un cielo. Basta convertirse en un ejercitante reconocido de las técnicas de vida que se aprenden en la escuela, para aspirar al progreso individual o colectivo ofrecido por la teoría neoliberal del capital humano. El currículo por competencias, es una complicada elaboración de ejercicios y de técnicas, cuya santa trinidad son: los conocimientos que se aprenden (el saber), las prácticas que se ejercitan (el saber hacer) y los valores que cuadriculan las formas de vida (el saber ser).

Con el currículo por competencias, la religiosidad educativa se ha ido sofisticando, con la intención de dominar milimétricamente las vidas de los seres humanos. Todo ha de ser cuadriculado a partir de las técnicas de la pedagogía moderna o posmoderna. Todo ha de ser sometido a las ejercitaciones de un “ethos predeterminado. Desde la lógica de las competencias, se trata de darle forma a un conjunto de técnicas y de ejercicios que son formas de ser y formas de hacer: formas de hacer-ser y formas de ser-hacer. Desde esta perspectiva, el modelo por competencias puede ser concebido como una ontología neoliberal, cuyas técnicas y cuyos ejercicios se enraízan en las formas de religiosidad occidental.

III.- Lo que ha cambiado con la pandemia, son las circunstancias a partir de las cuales se ejercitan las técnicas escolares. Estamos hablando de una transformación circunstancial de la escuela. En el fondo, la escuela sigue siendo la misma: el trazo de una serie de caminos a seguir que conducen a los seres humanos hacia un cielo que se encarna en la tierra.

Lo que ha sucedido con la pandemia, es que la escuela se desdobla más allá de sí misma, con la intención de conquistar territorios que no han sido escolarizados todavía. El siglo XX es una historia de los desplazamientos de la escuela hacia lugares no escolarizados. Las formas de estos desplazamientos de la escuela son variados, por ejemplo: la extensión de la casa hacia la escuela durante la pandemia que ha transformado los lugares de la casa en espacios escolarizados; la invención reciente del concepto de “contexto escolar” que vuelve sofisticada la instalación de la escuela en lo social o viceversa y; la invención de la profesión del interventor educativo que convierte a la labor del maestro en un conjunto de prácticas sociales y políticas, que ya habían sido puestas en marcha por los maestros rurales en la posrevolución.

Durante la pandemia, los desplazamientos de la escuela hacia la casa, nos dejan ver la permeabilidad y la plasticidad de las técnicas y los ejercicios escolares. Una de las técnicas de ejercitación más significativas de la escuela moderna, consiste en permanecer sentado largas horas en el pequeño espacio de un pupitre. Esta técnica de disciplinamiento, a partir de la cual se domestica el cuerpo, se ha traslado de la escuela a la casa. Pero es la misma técnica de disciplinamiento que se ejercita de otras formas.

Todavía no logramos entender con claridad, los alcances de la escolarización que se extiende de la escuela hacia otros espacios de la vida humana. Utópicamente, de manera ilusoria, la escuela querría ocupar el mundo entero. La escuela aspira a ocupar-lo-todo. Esta es una de las definiciones más realistas del currículo escolar, cuyos fundamentos técnicos y de ejercitación, aspiran a que el mundo entero pueda caber en la escuela. Pero hay que tener claro: El mundo y la vida exceden toda posibilidad de escolarización.

La escuela es un conjunto de mapas que intentan representar lo real del mundo a partir de un conjunto de técnicas y de ejercicios de cualidades cartográfico-curriculares. A partir del cuento “Del rigor de la ciencia” de Jorge Luis Borges, los procesos de escolarización del mundo y de la vida, pueden ser concebidos como una cartografía que está plagada de artificios:

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”

Las políticas educativas de Aprende en casa I, II y III (y las reformas anteriores) que se han implementado en México, comienzan a ser los fragmentos de un mapa despedazado, en los que lo real del mundo no ha podido ser escolarizado por completo.