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La crisis capitalista, fascismo y guerra mundial



La crisis capitalista, fascismo y guerra mundial

Fragmento del mural de Diego Rivera en el Instituto de las Artes de Detroit

Jonatan Romero

El capital es trabajo muerto que, al modo de los vampiros, vive solamente chupando trabajo vivo, y vive más cuanto más trabajo chupa

Marx

Bolívar Echeverría tuvo grandes aportaciones al pensamiento marxista, aunque intentó apartarse de esa categoría tan manoseada por el pensamiento mecánico y, por ende, su contribución es doblemente valiosa: 1) al margen del marxismo construyó tesis profundas sobre la modernidad capitalista y 2) el marxismo no puede dejar de lado sus escrito a la luz de los procesos sociales del siglo XXI. El pensamiento comunista deberá indagar un poco más en el proceso de sabotaje civilizatorio de la economía burguesa, ya que, por un lado, esta promete el reino de la abundancia, pero, por el otro, abre la posibilidad de mecanismos autodestructivos que no puede ser obviados.

A contrapelo de la narrativa burguesa, el discurso crítico de Marx muestra el carácter real de la forma mercantil capitalista que no puede desvincularse de las crisis cíclicas, debido a que en su corazón está instalada la forma estructural de la incertidumbre del mundo de los negocios. El capitalismo produce crisis, porque se construyó a partir de una sociedad que está destinada al fracaso. La particularidad estriba en la capacidad de producir en masa y en poner en estado de muerte al 90% de la población, porque estas no tienen ni medios de producción y tampoco medios de consumo solo les queda en última instancia someterse a un trabajo esclavizante para intentar sobrevivir.

El mercado capitalista coloca al mundo en un permanente estado de barbarie y destruye todo a su paso, tanto al ser humano como a la misma naturaleza. Mientras exista una sociedad basada en el lucro no existe posibilidad de imaginar y construir un mundo mejor para todos y todas. La lectura crítica debe indagar las diferentes dimensiones de la crisis burguesa, desde ahí, denunciar el carácter compulsivo de esta sociedad, porque, la barbarie capitalista está avanzando bastante rápido y todo es cuestión de tiempo. El futuro no puede dejarse al azar o a las buenas intenciones de los humanos que habitan este planeta, sino debe hacerse una pelea epistémica para indicar los peligros que acechan a la humanidad.

Las tres dimensiones clásicas de la crisis capitalista

Rosa Luxemburgo escribió una obra potente desde el marxismo ortodoxo que tituló La Acumulación de Capital, en donde recuperó la narrativa sobre el famoso paso de la muerte de la mercancía, es decir la venta. La mercancía debe convertirse en dinero, para transformar el plusvalor en ganancia para que el capitalista tenga un ingreso, porque, de otra forma, la inversión inicial no podrá regresar ni volver a invertir en el proceso productivo. Al final, la sociedad burguesa se encuentra en una encrucijada civilizatoria, ya que si la realización de la mercancía no se lleva a cabo, entonces la crisis capitalista aparecerá en una de sus formas: el subconsumo.

Jean Charles Sismondi fue el principal pensador en la historia del pensamiento económico que situó el problema en la capacidad de los trabajadores para acceder a los medios de subsistencia y explicó cómo la producción se desfasará del consumo. La transición de la mercancía al dinero se vuelve en un eje central de la misma acumulación de capital y ese dilema no se ha logrado solucionar. La cuestión marca de alguna manera que la solución está en corregir esa tendencia a la desarticulación entre las fases de la reproducción social específicamente burguesa.

Luis Hernández Navarro entrevistó a Alan Woods en el programa “Cruce de palabras” donde se discutió la cuestión de la crisis capitalista y, ahí, el marxista inglés identificó una dimensión particular de la misma crisis capitalista: la sobreproducción de mercancías. En este sentido, la sociedad burguesa es la única forma social que tiene la capacidad de producir en masa y las mercancías aumentan su presencia en el mundo de manera geométrica. La cuestión central no se centra en la escasez, sino, en todo caso, el exceso de riqueza aparece como el problema cardinal de la crisis capitalista.

Leóntiev escribió una reflexión sobre la crisis de la superproducción que colocó algunos elementos muy importantes para debatir ampliamente sobre este tema. La superproducción es una fase histórica social muy especifica que la economía capitalista marca un rumbo en dos direcciones: 1) la ganancia se muestra como el Alpha y Omega de la civilización burguesa, y 2) las mercancías no solo satisfacen necesidades humanas, sino que sirven para intercambiarse entre ellas mediante los productores. En ese sentido, los escases relativa marca el ritmo mismo de esta sociedad y la crisis ya no se presenta únicamente por la falta absoluta de riqueza sino por las condiciones específicas del beneficio.

Karl Marx definió una dimensión más sobre la crisis capitalista y ubicó el problema desde otro ángulo que llamó la caída de la tasa de ganancia. El socialismo científico dio en el clavo, ya que, sin desconocer los otros dos niveles, el corazón de la inestabilidad económica está en la misma base de las relaciones sociales de producción especificas de la sociedad burguesa y, por lo mismo, la crisis es inherente a la reproducción del beneficio. El capital necesita que el dinero se transforme en capital y, por eso, la reproducción misma está saboteada desde su misma génesis y estructura.

La tasa de ganancia está contrapuesta con la misma tasa de plusvalor, es decir, por un lado, la burguesía necesita explotar a la clase trabajadora para obtener un tiempo de trabajo no pagado más alto, pero, por el otro lado, la tasa de beneficio necesita incorporar no solo la relación del capital de la variable con la masa de tiempo de trabajo excedente, sino, además, debe incorporarse el valor de los medios de producción y en especial el capital constante en su forma fija. Entonces, la sociedad burguesa necesita de incrementar la inversión del capital fijo para explotar mejor a la clase trabajadora y, desde este mirador, la tasa de ganancia bajará de manera inevitable. La crisis no es una fase cíclica, sino se encuentra en la misma raíz de la civilización pecuniaria moderna.

Karl Marx y la crisis de la sobreacumulación de capital

Friedrich Engels publicó el tomo tercero de El Capital, reconociendo la dificulta de tal empresa, al mismo tiempo que el libro captó la esencia de los planteamientos de Marx. En la sección tercera, por lo general, se toma en cuenta los capítulos sobre “la ley en cuanto tal” y “las causas contrarrestantes” y se deja de lado el capitulo quince. Los investigadores se pierden de una fuente de conocimientos revolucionario cuando pasan por alto “las contradicciones internas de la ley”, ya que ahí está desplegada la particularidad de la crisis económica en la sociedad burguesa según Marx.

Frente al diálogo con los demás marxistas, la crítica a la economía política debe plantear en el primer plano que la crisis de acumulación de capital está atada a la tendencia estructural de la caída de la tasa de ganancia. Es decir, las crisis cíclicas dependen en todo caso que, en primer lugar, las inversiones en capital constante suplementarias crecen en un tiempo dado y, en segundo, el beneficio decrece conforme aumenta el dinero en capital fijo. El rumbo civilizatorio no es otro que el derrumbe de una fase histórica del sistema capitalista, porque la crisis no viene de un lugar externo, sino su fecundación deviene del mismo sistema burgués.

Ahora, el sistema mercantil capitalista intenta superar sus crisis cíclicas mediante un mecanismo bastante ingenuo, puesto que la razón instrumental dicta en este proceso que si las inversiones suplementarias no dan mas réditos entonces se necesitan regresar a niveles de adelanto de dinero previos al de la caída de la tasa de ganancia. En pocas palabras, en tiempos de incertidumbre financiera, el modelo burgués no invierte más y trata de apagar su capacidad productiva y, de esta manera, una parte del capital fijo queda en estado ocioso, es decir, no se ocupa para nada. La finalidad se centra en la búsqueda de un nivel de beneficio aceptable que, en el pasado, obtuvieron gracias a un nivel especifico de inversión en capital constante y variable.

Karl Marx deja dos conclusiones bastantes interesantes para comprender la tendencia histórica del capitalismo, las cuales son las siguientes: 1) la sociedad burguesa no podrá encontrar niveles de ganancia estables y altos, aunque intente regresar a estadios productivos que le aseguraban una cuota alta de benéfico, y 2) la sociedad burguesa destruirá el capital con tal de poder comenzar de nuevo el proceso de producción capitalista y asegurar una tasa de ganancia alta. En ultima instancia, la modernidad burguesa necesita de la guerra no solo para conquistar nuevos mercados, sino para consolidar su forma tanática por excelencia: la destrucción de capital en todo el planeta. Allí se encuentra la raíz del verdadero colapsó civilizatorio y el mundo pecuniario no promete para nada un desenlace feliz bajo los apotemas y reglas del mundo capitalista.

La función económica del fascismo: la guerra mundial y el mundo apocalíptico

Los marxistas han cuestionado desde diferentes miradas la historia misma del fascismo, aunque sus planteamientos son muy ricos y ofrecen una gran variedad de perspectivas en el tema, no han llegado a descifrar su función económica. En ese sentido, el análisis debe retomar el último elemento en el cual fue inserto el debate sobre el capital ocioso, entonces, al no encontrar forma alguna de recuperar la tasa de ganancia previa, la economía burguesa necesita volver a detonar la planta productiva, pero, ahora, mediante la organización militar y enfocando sus energías a la producción armamentística.

El fascismo no sólo es una forma cultural o política que toma la economía capitalista, sino que busca reactivar la totalidad de las fuerzas productivas técnicas y naturales mediante el complejo industrial militar. La guerra total se convertirá en el eje de salvación de las potencias económicas, por que su crecimiento económico crecerá en tiempo récord y las cifras serán sorprendentes, pero a costa de buscar en ultima instancia un conflicto bélico a escala mundial. La economía planificada encontrará su polo opuesto en el fascismo, ya que, en esta segunda, el estado toma el control de las relaciones sociales de producción y estas fuerzas se ponen al servicio de la producción de armas. El destino final no puede ser otro que convertir al mundo en un cementerio.

Aquí, la cuestión es central dentro del debate internacional entre el marxismo del siglo XX y XXI, porque se han difundido algunas tesis de la inevitabilidad del derrumbamiento del capitalismo, pero, algunos analistas han cometido el pecado de creer que este proceso puede ser mecánico y no toman en cuenta que, en ultima instancia, el derrumbe burgués puede degenerar en un genocidio colectivo. Antes de llegar al socialismo o comunismo, la sociedad burguesa optaría por una guerra que destruya toda capacidad de producir vida en este planeta. La cuestión no puede reducirse tan fácilmente en este punto, debido que el regreso del fascismo no solo atiene a las cuestiones culturales, sino que se pone en peligro a la vida misma.

La teoría del derrumbe capitalista no puede simplificarse a una cuestión mecánica en donde, por sus propias contradicciones inherentes, la sociedad burguesa tienda a la desaparición y, por ende, a que la construcción de una nueva sociedad sea solo cuestión de tiempo. Los marxistas deben ser muy serios en este tema y dejar muy en claro el carácter tanático de esta sociedad compulsiva por el dinero que da más dinero, porque de algo debe estarse seguro: los burgueses y terratenientes estarán dispuestos a destruir el planeta antes de que compartan un porcentaje pequeño de sus réditos. El fascismo viene a ser la última advertencia de la llegada de la barbarie moderna; el apocalipsis dejó de ser una extraña profecía para convertirse en una promesa civilizatoria.




La crisis del capitalismo: con Marx y Roberts



La crisis del capitalismo: con Marx y Roberts

Carlos Humberto Contreras Tentzohua

No faltan académicos y personas que sin conocer la obra de Marx aseguran que su trabajo no funciona, o que, simplemente después de la caída de la URSS ya no se debe de leerle. Es evidente que a muchos profesores les gana su ideología, así como la aversión a proyectos alternativos a los hegemónicos, por eso es que al escuchar el nombre de Marx tiemblan y manifiestan su desagrado. No obstante que cabría recordarles que una cosa es el desagrado subjetivo, y otra muy distinta los argumentos racionales, por eso es que examinaremos el aporte que Marx hizo sobre el análisis de la crisis económica del capitalismo, y comprenderemos su enorme actualidad.

En su libro La larga depresión. Cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué ocurrirá a continuación, Michael Roberts examina las razones de las crisis económicas bajo el capitalismo, y llega a la conclusión de que ni las teorías liberales ni las de la economía mixta logran explicar el origen de las crisis económicas y sus respectivas soluciones. En el caso de las teorías liberales aseguran que las crisis y las depresiones deben su origen a malas inversiones tanto como a otros excesos: “El desencadenante de la de 2008 fue la enorme expansión del capital ficticio, que finalmente se vino abajo cuando la expansión del valor real ya no pudo sostenerla, a medida que la ratio entre el precio de la vivienda y los ingresos familiares llegaba a cifras extremas”. (Roberts,2019:39)

Y es así que el capitalismo nunca es el problema, sino malas decisiones en inversiones o exceso de especulación como en la crisis de los tulipanes, como en la depresión de 1929, o como en la crisis de 2008 (que nos afecta hasta el día de hoy). No obstante, como bien lo señala Roberts a partir de Marx: “(…) estos “desencadenantes” no son causas. Tras ellos hay una causa general de las crisis: la ley de la tendencia decreciente de la tasa de beneficio.” (2019: 39) Es decir, el problema no son las malas inversiones o el exceso de especulación, sino que el problema de fondo es el capitalismo y su tendencia a la baja de su tasa de beneficio, ahí radica la verdadera causa de las crisis y las depresiones:

De manera que la Gran Depresión no se inició en 1930 con una crisis bancaria, y, de hecho, hasta diciembre de 1930 no aumentaron de forma significativa las quiebras de bancos. Entre 1929 y 1930 los activos bancarios crecieron un 2,7 por ciento. Mucho más relevante era el dato de que la economía real había estado decreciendo desde mediados de 1929, con una contracción de la producción industrial de casi la mitad desde mediados de 1929 hasta mediados de 1930, mientras que la tasa de desempleo se triplicó de 2,9 por ciento en 1929 a 8,2 por ciento en 1930. La economía real se deterioró antes de que tuviera lugar la crisis bancaria. (2019: 66)

Es decir, no fue el sector financiero y su especulación lo que causó la crisis, o incluso las malas decisiones de ciertos agentes, sino que antes ya la economía real había estado decreciendo, por lo que esa esencia de la caída en la tasa de crecimiento es lo que verdaderamente sigue causando las crisis y las depresiones en el capitalismo. No obstante cabe preguntarse ¿por qué ésa es la esencia del capitalismo? La razón es que el capital se valoriza, pero para hacerlo depende tanto de la fuerza de trabajo de los obreros, así como del plusvalor  que éstos generan:

(…) el valor solo se puede generar mediante el esfuerzo de los trabajadores. Se trata de una suposición razonable. Las fábricas, la maquinaria, el software y las materias primas no pueden ponerse a trabajar a menos que las personas (la fuerza viva del trabajo) ejerzan su energía para utilizarla. En una economía, el valor no puede crearse sin una fuerza de trabajo viva; esto implica que un mundo totalmente robotizado podría producir muchas cosas útiles, pero no crearía un valor del que los capitalistas pudieran apropiarse. (23)

Es decir, sin el trabajo de los obreros la burguesía no podría apropiarse del plusvalor que produce el obrero, para con ella acumular capital y a la larga invertirla para producir más plusvalía y así repetir el ciclo de acumulación del capital. Aunado a eso hay quienes afirman que el capitalismo puede funcionar sin obreros de por medio, mediante la automatización, y probablemente tengan algo de razón, no obstante que las consecuencias para la sociedad pudieran volverse terribles debido a la sustitución de los obreros por las máquinas, además de que como bien lo señala Roberts, produciría cosas útiles, pero no plusvalor pues ésta surge de la fuerza de trabajo de las personas. Sin embargo, cabe preguntarse antes ¿qué es el plusvalor? De acuerdo a Roberts y a Marx éste se obtiene de la siguiente manera:

La tasa de beneficio (TB)=la plusvalía (p) dividida por el capital constante (c) más el capital variable. La ley dice que los capitalistas compiten entre sí en el mercado para vender bienes y servicios. Si no pueden obtener beneficios quiebran y deben de salir del mercado. Los beneficios se incrementan haciendo que los empleados produzcan bienes y servicios con un valor superior al del coste de producción (es decir el coste de emplear una fuerza laboral; el coste de invertir en maquinaria, en una fábrica, en tecnología y usarlas; y el coste de materias primas). Este valor extra es la plusvalía (p). (23)

Mientras el capital constante sería la maquinaria, la tecnología (incluyendo el software o las maquinas robotizadas), la fábrica, así como las materias primas, el capital variable sería la fuerza de trabajo, y lo es porque este capital al trabajar las materias primas y forjar con ellas un nuevo producto hacen que éste adquiera más valor del que tenía, en eso radica que el trabajo sea un capital variable y no fijo como el constante. Pero no solo eso, sino que el trabajo también puede producir plustrabajo, es decir se puede hacer que los trabajadores se esfuercen más para producir mayores cantidades de productos, y con ello aumentar las ganancias y el plusvalor de los burgueses, no obstante que todo ello acarrea enormes consecuencias a largo plazo: 

Los capitalistas intentan reducir los costes de los productos que los trabajadores producen para ellos con respecto al precio al que pueden venderlos con beneficios en el mercado. Cada vez más, la única forma de conseguir esto es mediante nuevas inversiones en tecnología para incrementar la productividad del trabajo. Así, la ley de Marx dice que a medida que los capitalistas acumulen más capital, el valor de la maquinaria, las fábricas y la tecnología utilizadas se elevará con respecto a la cantidad de mano de obra empleada. (23)

Con lo que en vez de aumentar la tasa de plusvalor, lo que aumenta es el capital constante, provocando la disminución del plusvalor, lo que a la larga acarrea inevitablemente la falta de acumulación de capital variable, y más importante aún la tasa de beneficio decrecerá, con lo que los problemas para la empresa que lo experimente van desde los despidos, pasando por una crisis, hasta incluso la bancarrota. Ahora pensemos eso a la escala de todo un país, o incluso a escala mundial. El capitalismo pasa de una fase de gran expansión a una de inevitable contracción, es parte de su esencia:

La ley de Marx dice que la proporción entre el capital constante y el capital variable aumentará con el tiempo. Esta proporción se llama composición orgánica del capital (c/v). Si se eleva con el tiempo, y la tasa de plusvalía (p/v) es constante, la tasa de beneficio disminuirá. Esto es lo que dice la ley de la tendencia decreciente de la tasa de beneficio. Pero existen tendencias opuestas a la ley, y la más importante de ellas es que, cuando los capitalistas emplean nueva tecnología para aumentar la productividad del trabajo, es probable que la tasa de plusvalía crezca. Sin embargo, no será posible para la economía capitalista aumentar la tasa de plusvalía (sea indefinidamente o durante cualquier periodo muy largo de tiempo) por encima del aumento en la composición orgánica del capital. Al final, la ley de Marx se impondrá, y la tasa de beneficio empezará a decrecer. (24)

Bajo el capitalismo las empresas buscarán siempre aumentar su plusvalor, y para ello aumentarán la capacidad productiva de la fuerza de trabajo mediante un mayor uso de la maquinaria, e incluso de maquinaria cada vez más sofisticada. El problema es que con ello deberán usar más capital constante, y con ello disminuye su plusvalor, además que no se puede ir más allá de la composición orgánica del capital. Debido a eso inevitablemente la crisis estalla, y en el peor de los casos una depresión. Una de las formas en la que se evita la crisis es despidiendo personal, pero el plusvalor es producido por la fuerza de trabajo, es decir por las personas, si se les despide inevitablemente éste disminuye. La tecnología solo funciona cuando hay personas usándolas y ayuda a éstas a producir plustrabajo, y con ello plusvalor, si no hay personas la plusvalía disminuye, la tasa de ganancia se acorta provocando la crisis e incluso la quiebra de la fábrica, o de las diversas industrias. 

Sin embargo para evitar la crisis las empresas, sobre todo las grandes, usan todas las opciones a su mano antes de que éstas se presenten, y entre esas opciones están tanto el crédito como el capital ficticio: “(…) el crecimiento del crédito y del capital ficticio (como Marx llamaba a la inversión especulativa en acciones, bonos, y otras formas de activos monetarios) sucede precisamente para compensar la presión a la baja sobre la rentabilidad en la acumulación del capital real.” (Roberts, 42) Una empresa puede vender acciones para así adquirir el capital que ya no adquiere mediante la producción, y lo que sucede es que muchas veces ésa se vuelve su principal fin y ya no la producción, con lo que inevitablemente la especulación aumenta con el inevitable riesgo de las burbujas inflacionarias:

Las caídas de la tasa de beneficio fomentan la especulación. Si los capitalistas no pueden obtener suficientes beneficios con la producción de mercancías, intentarán ganar más apostando en el mercado de valores o comprando otros instrumentos financieros diversos. Los capitalistas experimentan las caídas de la tasa de beneficio casi simultáneamente, de manera que comienzan a comprar acciones y activos al mismo tiempo, y esto hace subir los precios. Cuando los precios de las acciones y otros activos financieros suben, todo el mundo los quiere: aquí empieza la burbuja, cuya silueta hemos visto una y otra vez desde la crisis de los tulipanes desde 1637. (42)

El peligro de que el capitalismo se base más y más en las finanzas radica en que crea la sensación de obtener dinero fácil, fomenta una especulación en la que supuestamente todos pueden ganar, entonces muchas personas se arriesgan y gastan su dinero en la especulación, hasta que se crea una burbuja que finalmente estalla y provoca una crisis, o incluso una depresión. El problema es que las empresas grandes y los grandes bancos se pueden dar el lujo de especular porque si quiebran contarán con el apoyo gubernamental y el cargo a los contribuyentes, pero las personas no, y se quedan muchas veces en la calle.

Actualmente las cripto monedas han fomentado la especulación financiera, sobre todo el Bitcoin. Las personas esperan invertir parte de su patrimonio en Bitcoin para ganar más dinero, pero lo cierto es que no pocos analistas financieros expresaron sus dudas sobre esta criptomoneda, precisamente por su fomentación de la especulación, además que inevitablemente hacía recordar a lo sucedido con la crisis de los tulipanes y también con la depresión de 1929. Los defensores del Bitcoin aseguran que dicha criptomoneda sirve para combatir la dominación de los grandes bancos y de los gobiernos, por lo que incluso hay anarquistas que lo ven con buenos ojos. Sin embargo, en estos momentos el Bitcoin está sufriendo una enorme caída, con lo que pareciera que las dudas sobre su eficacia no estaban mal justificadas.

La lección de Marx radica en que lo importante sigue siendo la producción, y que las finanzas muchas veces sólo funcionan para tratar de tapar las fallas en la cadena de producción. Incluso si el principal fin del capitalismo ya es la finanza y no la producción hay que preocuparse bastante pues indica que tarde o temprano una crisis va a estallar, y en el peor de los casos una terrible depresión. De hecho, con la globalización Estados Unidos dejó de ser un país productor tanto de productos industriales (la mayoría de sus fábricas se fueron a China), como de productos agrícolas, por lo que su consumo depende de lo que importan. Con su conflicto con China, el Covid 19, y ahora con su conflicto con Rusia y las sanciones impuestas a este país debido al operativo especial de Rusia, Estados Unidos, pero también sus aliados, comienzan a tener problemas de escases de productos, sobre todo alimenticios, pero también de productos industriales, con lo que se puede apreciar el enorme inconveniente de basar la economía en la especulación.

El otro punto importante del análisis de Roberts basado en Marx radica en que la solución a la crisis no puede provenir del keynesianismo. En esta teoría se supone que con la enorme inversión gubernamental en grandes construcciones e infraestructura se acabaría con el paro laboral, mientras que por el otro lado provocaría que los burgueses se animaran a invertir, provocando con ello la recuperación del sistema capitalista, sobre todo por el fomento al consumo. Para Roberts eso es falso, pues la recuperación del capitalismo tras la gran depresión de 1929 se dio mediante la Segunda Guerra Mundial y no mediante el fomento al consumo:

La economía de guerra se financió restringiendo las oportunidades de los trabajadores de gastarse los salarios de sus empleos de guerra. Se había instaurado un ahorro forzado mediante la adquisición de bonos de guerra, el racionamiento y un aumento de los impuestos para pagar la guerra. La inversión gubernamental implicaba la dirección y la planificación de la producción por decreto. La economía de guerra no estimulaba al sector privado, había reemplazado al libre mercado y la inversión capitalista con ánimo de lucro. No fue el consumo lo que restauró el crecimiento económico, como los keynesianos esperaban; en realidad fue, sobre todo, la inversión en armas de destrucción.”  (74-75)

La recuperación del capitalismo se dio gracias a la enorme explotación que se ejerció sobre los trabajadores, el haberles obligado a ceder parte de su salario para financiar a la industria de guerra fue la verdadera causa de la recuperación. De seguir la vía neoliberal el capitalismo hubiera continuado en crisis, lo mismo se puede decir del keynesianismo. Para ambas posturas el consumo es el que permite que el capitalismo se desarrolle, pero la recuperación de la depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial demuestran que eso no es así, pues en ésta el consumo de las personas se limitó, e incluso se les obligó a vivir con cierta escasez, para así favorecer a la industria de guerra.

De hecho, el gobierno de EE.UU. obligó a los privados a trabajar al servicio de la guerra, con lo que el Estado fue el organizador de la recuperación económica, no el libre mercado. Se podría decir incluso que el verdadero causante de la recuperación del capitalismo fue un “socialismo de guerra” que en vez de beneficiar al pueblo benefició a la industria de guerra tanto como al gobierno de los EE.UU., pero que sobre todo benefició al capitalismo para que se recuperara de su propia crisis, mostrando que dejado a su suerte el capitalismo no podría subsistir, requiere del Estado siempre, mostrándonos la falsedad de la utopía neoliberal de autores como Hayek o Friedman. Pero si algo nos demuestra es que:

(…) una vez que el capitalismo está hundido en una depresión, tiene que tener lugar una destrucción devastadora y profunda de todo el valor que el capitalismo ha acumulado durante las décadas previas antes de que una nueva era de expansión sea posible. No hay ninguna política que pueda evitarlo y proteger al sector capitalista. (77)

Y es así que el capitalismo inevitablemente trae consigo crisis que traen la destrucción más atroz, es un ciclo que se repite una y otra vez con las mismas consecuencias, así como con escenarios similares. Pero nada de eso importa, tanto banqueros y magnates, así como políticos seguirán aplicando las mismas medidas, protegiendo con ello al capitalismo de su crisis constante, siempre a costa del pueblo e incluso a costa de la destrucción y del genocidio como en la Segunda Guerra Mundial.

Actualmente vivimos una época de transición, en la que los países occidentales se ven cada vez más inmersos en crisis por escasez de recursos, los precios suben y el dinero no alcanza. En el caso de EE.UU. se volvió un país que no produce lo que consume, ni productos industriales ni agrícolas, que su única fuente de ingresos radica en la impresión de billetes, haciendo con eso que toda su economía se base en la especulación. En cambio, sus rivales como China y Rusia producen y venden mercancías industriales y de suma importancia como alimentos y derivados del petróleo, por lo que pueden resistir de mejor forma a la crisis económica.

De darse una confrontación entre ambos bandos provocaría una destrucción a gran escala, tan fuerte como en la Segunda Guerra Mundial, o incluso un escenario donde se usen armas nucleares que acabarían con toda vida. Todo eso imposibilitaría la recuperación del capitalismo tal y como ocurrió con la derrota del eje.

El fin de gran parte del campo socialista, así como la caída de la URSS no trajeron el mundo feliz que la utopía neoliberal y globalista cacarearon, sino que trajo consigo un reparto más injusto de la riqueza, un colonialismo tan atroz como el del siglo XIX, una especulación financiera sin precedentes, y ahora la posibilidad de un conflicto bélico tan atroz como la Segunda Guerra Mundial.

La crítica de Marx al capitalismo es actual por el hecho de que es consciente de la enorme capacidad de destrucción que este sistema económico tiene, a diferencia de las demás teorías económicas y filosóficas que al dejar de lado todos los inconvenientes se vuelven pura ideología. Por otro lado, con Marx apreciamos que el trabajo y la producción de mercancías siguen siendo de suma importancia, y que en cuando se permite que la economía se vuelva más especulativa y financierista aumentan los riesgos de crisis y de depresión.

No obstante que también nos advierte sobre los limites del keynesianismo, tanto como de las reformas, por lo que es importante pensar en proyectos alternativos de civilización, y en estos momentos ante los enormes cambios es de suma importancia el recordar los riesgos que se corren al querer mantener este sistema económico a toda costa.

Bibliografía.

Roberts, M. (2019 ). La larga depresión. Cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué ocurrirá a continuación. Barcelona. El Viejo Topo.




Reforma Monetaria en Cuba. Aportes para un debate crítico



Reforma Monetaria en Cuba. Aportes para un debate crítico

 

Efraín Echevarría Hernández[1]

Alhelí González Cáceres[2]

El desafío de “ordenar” la economía

Lo anunciado el 10 de diciembre del 2020 por Miguel Díaz Canel Bermúdez, relacionado con la llamada “Tarea de Ordenamiento”, no puede ser considerado como sorpresivo, para los cubanos residentes en la isla era algo esperado y necesario. El gobierno cubano proyecta desarrollar a corto plazo la unificación monetaria, cambiaria, de tarifas y salarios, eliminación gradual de subsidios excesivos y gratuidades indebidas, aun en medio de la compleja situación económica que presenta el país.

El presidente cubano dijo que, después de un largo proceso, estaban dadas todas las condiciones para anunciar el inicio de la «tarea» a partir del 1ro de enero del 2021, con una tasa cambiaria única de 24 pesos cubanos por 1 dólar. En su corta intervención, el presidente apunto, «Esta ‘tarea’ pondrá al país en mejores condiciones para llevar a cabo las transformaciones que demanda la actualización de nuestro modelo económico y social, sobre la base de garantizar a todos los cubanos la mayor igualdad de oportunidades, derechos y justicia social, la cual será posible no mediante el igualitarismo, sino promoviendo el interés y la motivación por el trabajo».

Todas las dudas estaban relacionadas con el momento en el que debía ser implementada. Sin lugar a dudas, la economía mundial atraviesa por uno de sus peores momentos profundizada por la COVID-19 y sus derivaciones sanitarias, económicas y sociales. Como se previó, de las grandes economías, la única que logrará crecer 2,3%[3], muy por debajo de su potencial de los últimos años es la China, al propio tiempo, los pronósticos auguran que la actual situación podría prolongarse a lo largo de todo el año 2021 y la recuperación sobrevendrá solo en el año 2022 e incluso 2023 para algunos países y regiones. Esta situación podría colocar dificultades adicionales en la implementación de esta reforma.

En lo interno, la economía y sociedad cubanas atraviesan por un momento de grandes dificultades, estas se manifestaron durante todo el año 2019, incluso antes de que la pandemia de la COVID -19 afectara al país, un bloqueo recrudecido como nunca antes por la administración Trump[4], más la debilidad del aparato productivo nacional, en especial del agropecuario, deudas incrementadas que recortan los ingresos externos y hacen imposible en el corto plazo lograr una mejora de la oferta vía importaciones y un espacio fiscal extremadamente reducido.

Esas serán las condiciones de partida para iniciar una reforma estructural inédita en la economía cubana[5]. En general se trata de un escenario altamente negativo para el inicio de esta necesaria transformación, en la cual actúan muchas variables que están fuera del control del gobierno y que generan elementos de incertidumbre y alto riesgo.

Como fue anunciado, el 1ero de Enero comenzó oficialmente el proceso de eliminación del CUC[6], concebido como una respuesta táctica de defensa de la economía del país, frente a una posición extremadamente hostil de la administración norteamericana de turno, que ordenó una persecución implacable de las operaciones en dólares norteamericanos que realizaba la economía cubana, diversas situaciones conllevaron a que la superación de esta anomalía pudiera suceder solo en este momento, 27 años después.

La reforma monetaria había sido un reclamo durante años de la mayoría de expertos económicos y las autoridades cubanas habían insinuado en varias ocasiones que el CUC terminaría por desaparecer, este tema está reflejado en todos los documentos rectores para el desarrollo del país, tanto del PCC como del gobierno cubano.

Es muy arriesgado aventurarse a opinar sobre estos cambios de tan alta complejidad y absolutamente incipientes, sin embargo, las reacciones no se han hecho esperar tanto dentro como fuera del país y desde los más diversos ángulos. Aceptamos el reto de colocar algunas reflexiones.

Primeramente, decir que la existencia de varias monedas y tasas de cambio en la economía, tipifica una situación absolutamente anormal, que debe ser superada, este es un tema de consenso en la academia cubana, en la que desde hace mucho tiempo circulaban diversas propuestas sobre cómo realizar esta reforma, muchas de ellas fueron finalmente consideradas e incluidas.

Uno de los debates a lo largo de estos años fue como realizar este cambio, como big bang o a través del gradualismo. En el año 2013, economistas cubanos y sus colegas economistas del Brookings Institution y el Banco Mundial[7], se reunieron en La Habana y plantearon caminos a la unificación del tipo de cambio que ahora se implementan.

En este foro fueron planteados algunos puntos que hoy aparecen como muy relevantes, relacionados con las restricciones de la economía por lo que el reto clave para Cuba será equilibrar los costos de corto plazo de la unificación cambiaria con las mejoras de eficiencia de mediano y largo plazo.

Así también, se menciona que el éxito de la reforma dependería de la capacidad para incrementar los niveles productivos, al “agrandar el tamaño del pastel”, las mejoras de eficiencia deberían compensar ampliamente el costo inicial asociado a los efectos redistributivos y de reasignación de recursos, solo así la mayor parte de la población resultaría beneficiada por el proceso.

Los participantes plantearon entonces 4 posibles variantes para la realización del proceso, de ellas, la primera y más compleja parece haber sido la que más se aproxima a la que decidió aplicar el gobierno cubano. La primera opción que podría denominarse Big Bang crudo. Consiste en unificar los tipos de cambio desde el primer día. Para limitar presiones sobre la balanza de pagos y el mercado de divisas, los tipos de cambio se unificarían a 24 (nuevos) pesos por dólar. Todas las transacciones en divisas se realizarían al nuevo tipo de cambio único.

Las ventajas principales de esta opción son su sencillez y su credibilidad inicial, pues puede implementarse de un plumazo, haciendo evidente en forma temprana el compromiso de las autoridades con la unificación.

No obstante, por el lado negativo, esta opción no aborda en absoluto el objetivo de mitigar los costos de transacción hasta que se materialicen los aumentos de eficiencia. La devaluación del CUC, realizada de golpe, tendría importantes impactos inflacionarios, fiscales, redistributivos y de reasignación de recursos. Por lo tanto, las consecuencias económicas y políticas pudieran ser tan traumáticas que podrían acabar inviabilizando el experimento en su conjunto.

La reforma monetaria debía estar acompañada por la ampliación de los espacios de mercado; en concreto, planteaban que resultaba deseable estimular la entrada de empresas no estatales para impulsar la oferta, tanto directa como indirectamente, esto es, mediante mayor competencia.

También demostraban la necesidad de mantener el control sobre la inflación y permitir que el tipo de cambio juegue un mayor papel amortiguador, se requeriría un fortalecimiento gradual de los instrumentos monetarios.

Para hacer posible este fortalecimiento, es probable que hagan falta reformas destinadas a facilitar el desarrollo gradual de los mercados interbancario y de divisas, así como de una banca comercial moderna, sólida y dinámica.

En conclusión, la mejor opción probablemente sea la de hacer coincidir la unificación cambiaria con la unificación monetaria, esto es, la predominancia del peso cubano en el conjunto de la economía, lo que requeriría convertir toda la masa monetaria disponible en monedas convertibles, en nuevos pesos al momento de la unificación del tipo de cambio.

En general este documento, genera bases para un conjunto de elementos de juicio, que atraviesan muchos de los cambios que han ocurrido y ocurrirán en el modelo cubano antes y después de la separación de la dualidad monetaria y cambiaria. La ampliación del sector privado es una realidad que deja su impronta en los procesos y variables de la economía cubana, los agentes de este sector, en su mayoría han conseguido operar con rentabilidad aún en condiciones de dualidad monetaria y es necesario preservar esta premisa después de su separación[8].

Compartimos la opinión de que el debate gradualismo Vs. big bang, no es formal, en política monetaria existen procesos que por su naturaleza no se pueden manejar con gradualidad. Así como demuestra la experiencia internacional, el ajuste cambiario, de precios, tarifas, reforma fiscal y ajuste de salarios se tiene que realizar simultáneamente, como garantía para reducir la incertidumbre que se genera sobre los futuros cambios monetarios. Las autoridades económicas tienen como factor a su favor el control sobre los flujos de capitales; ello ciertamente reduce las opciones especulativas y la sobrerreacción del tipo de cambio vinculada a las expectativas sobre las futuras acciones monetarias y cambiarias.

Por otro lado, en el caso de Cuba, se deben preservar elementos de gradualidad no solo para facilitar la respuesta de la empresa estatal que es clave en la estrategia de desarrollo económico y social, sino también la respuesta de la política económica. No es factible anticipar todos los impactos de la devaluación, dado que este es un precio que no se ha movido por décadas en la economía cubana. No se puede partir del supuesto de que los agentes económicos y el gobierno sabrán cómo manejar el shock cambiario.

Si bien es necesario definir con antelación la secuencia de transformaciones monetarias y las reglas generales bajo las cuales se podrá responder y se amortiguará el shock cambiario, sobre la marcha habrá que ir haciendo correcciones a la política fiscal, monetaria[9] y crediticia para exportadores, entre otras. Igualmente se requiere un tiempo para ajustar las dinámicas contables, los sistemas informáticos, los contratos, los mecanismos burocráticos, entre otros aspectos operativos que tienen que acomodarse pues están concebidos para funcionar con un tipo de cambio que no ha variado en décadas. Por tanto, la gradualidad también le concederá tiempo para reaccionar a las autoridades económicas.

La puesta en marcha de la reforma, ha evidenciado la alta calidad y rigor del proceso preparatorio, lo que permitió publicar simultáneamente un paquete legislativo único que da cobertura básica a casi todos los aspectos generales que son afectados por la reforma en diversas materias[10], Organismos de la Administración Central del Estado y áreas.

Por otro lado, se han diseñado mecanismos para conocer inmediatamente los estados de opinión de la población y dar respuesta casi inmediata a los reclamos de modificación que sean aceptables[11]. Asimismo, se ha diseñado un amplio programa de divulgación sobre la implementación de la tarea de ordenamiento que incluye el intercambio directo con la población por parte de las principales autoridades del país.

Se trata de un proceso sin embargo que entraña numerosos riesgos, no todo puede ser previsto. Se ha dedicado gran atención a la necesidad de controlar la inflación dentro de ciertos marcos. Asimilables en los incrementos de los salarios, sueldos y pensiones que se han realizado. Será difícil evitar que la devaluación, y consiguiente pérdida del poder adquisitivo del ciudadano cubano que tendrá lugar al unificarse el tipo de cambio entre dos monedas que tenían una brecha tan marcada, pueda contenerse en su totalidad.

La segunda consecuencia negativa inmediata que se puede esperar a partir de lo anterior, es que se desate un proceso inflacionario de difícil control, lo que fue admitido por el propio jefe de la Comisión Permanente de Implementación de los Lineamientos del Partido Comunista, Marino Murillo.

Murillo reconoció el riesgo de que la inflación “sea mayor que la diseñada” y que la población perciba un “deterioro de la capacidad de compra de los ingresos y del ahorro”. Reiteró que el Gobierno respetará el saldo que hoy tienen las personas en sus cuentas bancarias según el tipo de cambio actual, pero dijo que “si hay incrementos de precios, inevitablemente se perderá capacidad de compra”.

Una de las medidas que se preparan para intentar paliar las “inflaciones mayores que las diseñadas” es ponerle precios máximos a un grupo de 42 productos, entre ellos combustible, energía eléctrica, agua y alcantarillado, cemento, azúcar, café mezclado, leche, pasta dental, entre otros. Aunque el problema principal estará en el control de los precios del sector privado.

Se han implementado medidas para el control de la especulación, pero no se trata solo de eso, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, en 2019 el importe del ahorro ordinario con relación al PIB se situó en un 45,7%, registrando un crecimiento del 100% con respecto al 27,2% alcanzado en 2015.

Se podría afirmar que la deseada “bancarización” había avanzado en la economía cubana. Sin embargo, el efectivo en manos del público, que en 2019 alcanzó un 57,7% del PIB, no solo excedió al ahorro ordinario en los bancos -lo que muestra que la gente confía poco en los bancos o tiene muy pocos estímulos para ahorrar por lo que un notable volumen de transacciones se realiza en efectivo- sino que este indicador creció con fuerza desde 2015, cuando alcanzó un 21,7% del PIB.

En ese sentido, el aumento registrado, de un 165,8%, ha sido claramente superior al del ahorro ordinario, esta situación en todo caso constituye un terreno abonado para el despegue de las tensiones inflacionistas, y que se puede atribuir a las dos monedas hasta ahora en circulación.

Otro importante reto de este proceso será la cuestión relacionada con el manejo del tipo de cambio, como se conoce, hasta 180 días posteriores al 1/1/2021 se mantendrá en 24 CUC/1 USD, pero congruente con los ajustes se presenta la necesidad de que el mercado se exprese mejor y que sus señales lleguen a los agentes económicos, así será difícil saber cuál va a ser la tasa que tendremos a futuro.

En Cuba existe un mercado paralelo de divisas, en el cuál, aún antes de la devaluación, ya se experimentaba un incremento del valor del dólar sobre las monedas nacionales, que en este momento se ubica entre 60-70/CUP por dólar[12], es difícil establecer si esta sensible devaluación es coyuntural o permanente, lo que sí está muy claro es que expresa una sensible elevación de la demanda de dólares que no pueden ser ofrecidos por el gobierno y que es evacuada a través del mercado ilegal del libre juego de la oferta y la demanda[13], algo similar ocurre con la oferta de otros muchos bienes y servicios.

De modo que si la devaluación y las otras medidas no estimulan una reacción vigorosa del sector estatal[14], el ajuste se podría evacuar a través del mercado ilegal lo que sería extremadamente dañino en términos económicos y políticos[15].

Durante el año 2020, en respuesta al empeoramiento de la situación económica, el gobierno cubano ha creado establecimientos comerciales donde son vendidos productos en dólares a través del pago electrónico, se trata de una medida que estaba en debate desde hace bastante tiempo, en aquel momento se esperaba que cerca de 2000 millones[16]de dólares que eran extraídos del país por agentes privados, pudieran ser captados internamente y utilizados en función del desarrollo económico.

Esta medida contradictoria desde el punto de vista social, fue implementada junto con otras como la autorización para los agentes privados de importar y exportar a través de las empresas estatales establecidas que brindan este servicio. Frente a la expansión de esta red de mercados a los cuales tiene acceso solo un sector de la población, se generaron dudas y preocupaciones que llegan hasta hoy[17]. Esta situación que puede ser comprensible, ha llevado a varios economistas a hablar de que en realidad la dualidad monetaria no desaparece, ya que existe una “dolarización cautiva”[18].

El mismo punto de vista es defendido por Oscar Fernández[19], al referir que:

el avance de la oferta en dólares, sin que el diseño de la política permita que una parte mayoritaria de la población pueda acceder a esa moneda legalmente, más allá de acentuar desigualdades, excluye de consumos básicos a un gran número de familias. Tiene que hallarse una solución para el tema. Máxime cuando todo parece indicar que continuará la segmentación: una economía en pesos que se reestructura macroeconómicamente y otra economía que continúa funcionando en USD y permanece aislada de los eventuales desequilibrios que puedan surgir en la primera.

Y continúa afirmando:

sin dinamizar los restantes factores internos que restringen el despegue de la oferta, será muy difícil controlar la inflación durante el reseteo macroeconómico que está planteado. A menos que haya una reserva financiera asegurada para inundar de oferta los mercados en CUP con productos importados, y que ese financiamiento perdure hasta esperar que el sector productivo genere la reacción necesaria para dar un vuelco en la balanza de pagos, el incremento salarial no podrá ser absorbido completamente por el incremento previsto de los precios. Los nuevos niveles salariales se pudieran erigir en generadores de inflación.

Al momento de escribir este artículo, tenemos que aceptar que, al menos en el corto plazo, se ha verificado una devaluación del peso cubano del 400% en el mercado informal con respecto al tipo de cambio establecido en el mercado formal (24/25 pesos por dólar). Unido a elementos de especulación de los tenedores dólares y la demanda generada a partir del renacer del circuido de ventas en dólares dentro de nuestra economía, se debe aceptar también que las presiones inflacionarias están relacionadas con un importante problema de desequilibrio de las variables fundamentales de la economía cubana, que se han visto agravadas a partir de la COVID-19, pero que se venían acumulando desde periodos anteriores[20].  

En el mediano plazo, habría que esperar a la maduración de las medidas adoptadas antes de emitir conclusiones definitivas sobre los resultados de las nuevas políticas. Aún en condiciones de un importante déficit en los mercados, los niveles de devaluación del peso en el mercado paralelo, así como el proceso inflacionario en este mismo mercado, podrían también verse influenciados por la eficiencia que eventualmente podrían mostrar las medidas de control del gobierno u otras medidas en este ámbito.

Así, la reciente Resolución 176 del Banco Central de Cuba[21], mediante la cual se detiene la aceptación temporal de depósitos en dólares en el sistema financiero cubano, el solo anuncio de esta medida, al menos en el cortísimo plazo, está teniendo como efecto una devaluación del dólar en el mercado informal, lo que confirma la existencia de elementos de arbitraje y especulación por parte de ciertos actores en este mercado.

Estos puntos de vista expresan diversos aspectos de la realidad de la Tarea de Ordenamiento, son muy primarios, pero permiten apreciar la complejidad y amplitud de factores de los cuales depende su éxito, ofrecen así una explicación adicional sobre el elevado periodo de preparación que requiere una tarea de esta dimensión.

En suma, es de esperarse que durante varios meses o tal vez más, haya inestabilidad monetaria y financiera, hasta que los precios relativos comiencen a acercarse a sus valores de equilibrio. Todas estas disrupciones son necesarias en tanto nos conducen a aproximarnos a los valores reales del mercado y a los niveles de competitividad real del conjunto de la economía.

Sin embargo, no pueden perderse de vista las consecuencias sociales que derivan de la inestabilidad monetaria y la contracción del poder adquisitivo de la población en un escenario de extrema complejidad como el que vivimos a nivel mundial, lo que exige un mayor dinamismo en las políticas económicas que implemente el gobierno para contener el costo social de la actual reforma.

[1] Economista. Profesor titular del Departamento de Economía Global de la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca”. E-mail: efraine1964@gmail.com

[2] Economista. Presidenta de la “Sociedad de Economía Política del Paraguay”. Miembro del GT de CLACSO “Crisis y Economía Mundial”. E-mail: caceresalheli06@gmail.com

[3] Es crecimiento más bajo desde 1976. Después de caer un 6,8% en los tres primeros meses del año, coincidiendo con la irrupción de la Civid-19 y las fuertes restricciones que adoptó el país para frenar su propagación, el PIB chino consiguió expandirse un 3,2% en el segundo trimestre y un 4,9% en el tercero.

[4] Durante su periodo de mandato esta administración aprobó más de 240 medidas restrictivas contra la economía del país, algunas de gran impacto, como la limitación del flujo de personas y remesas, en la propia semana de su salida, ratificó la inclusión de Cuba en la lista de países promotores del terrorismo, en el claro propósito de crea barreras ante cualquier intento de mejoría de las relaciones que pudiera promover la nueva administración.

[5] Juan Triana Cordovi. On Cuba News. 11/12/2020

[6] El 26 de octubre de 2004 los medios de prensa cubanos difundieron la Resolución No. 80 del Banco Central de Cuba (BCC) en la que se establecía el “peso convertible” (CUC) como única forma de pago en la red comercial estatal de tiendas, hoteles, restaurantes, taxis y demás servicios, incluidos los bancarios y de intermediación financiera, que operaban en divisas, así como un gravamen del 10 por ciento en el canje del dólar estadounidense, también quedó limitada la apertura de nuevas cuentas bancarias en dólares norteamericanos. La medida se hizo efectiva el 8 de noviembre de ese mismo año.

[7] Septiembre 2013. Hotel Nacional de Cuba

[8] El sector privado nacional –cuentapropistas, microempresarios y productores agrícolas privados–, ya trabajaba desde los años 90 con un tipo de cambio devaluado. Y no se esperaban efectos directos de la devaluación del tipo de cambio oficial en la inversión extranjera cuyos flujos no dependen solo del tipo de cambio, sino de un amplio número de variables y procesos.

[9] Esta es la única garantía de cumplir con el principio de que nadie quedará abandonado en las condiciones del socialismo cubano.

[10] Gaceta Oficial de la República de Cuba en su edición número 68 extraordinaria de 2020

[11] Está sería la única forma para evitar que el big bang se convierta en una terapia de choque que perjudique a sectores importantes de la población. Así se han anunciado ya correcciones a la baja para los nuevos precios aprobados por el estado para la electricidad, el gas, los comedores obreros, espectáculos culturales etc., que generaron grandes desacuerdos por parte de la población. Se debe evitar por todos los medios la brecha entre las políticas económicas y sociales, una de las grandes conquistas de la revolución.

[12] Quiere decir que, a pesar de la gran devaluación realizada, esta queda por debajo del verdadero precio de mercado del peso con respecto al dólar, expresado en el mercado informal, donde, en última instancia se adquieren los dólares.

[13] Como se ha anunciado el país no dispone de divisas para respaldar las cuentas en dólares o euros que surgirán a partir de las medidas tomadas. En este caso el titular recibirá un Certificado de Depósito en la divisa correspondiente que podrá extraer en efectivo solo en el momento que el país tenga las condiciones para ello.

[14] Oscar Fernández. – La tasa de 1 USD=24 CUC significa una devaluación de la tasa de cambio empresarial de un 2300 %. Esto pone de inmediato en situación de pérdidas a un grupo muy grande de empresas que dependen de insumos importados, al tiempo que beneficia extraordinariamente a las exportadoras. En teoría, es un incentivo correcto, pero el descalce operativo es sin dudas muy grande. Resulta difícil que en un período de un año el Estado pueda eliminar el acompañamiento presupuestario a estas empresas. También, que ese tiempo sea suficiente para que estas se recuperen de las afectaciones por la devaluación, No obstante, el problema —que está entre los efectos directos de la medida— ha sido bien estudiado por instituciones académicas y gubernamentales durante años. On Cuba News. Ibdem

[15] Para Pavel Vidal, «todo dependerá de que haya más reformas y sean creíbles; si no lo son, el peso cubano se devaluará y la dolarización se extenderá

[16]Según estimaciones de diversas fuentes. Salían del país para ser invertidos en bienes y que retornaban vía importaciones en las valijas de viajeros.

[17] Según Tamarys Bahamonde. El efecto inmediato o mediato de ello puede ser una devaluación más profunda del peso cubano con respecto al dólar, y un proceso inflacionario que costará controla. On Cuba News. Ibdem

[18] Pavel Vidal Idem. No hay unificación de monedas porque la economía se está dolarizando, pero sí se avanza en la unificación de las tasas de cambio. On Cuba News. Ibdem

[19] On Cuba News. Idem.

[20] A partir del deterioro de las relaciones con Venezuela, la pérdida de ingresos resultado de le exportación de mano de obra calificada, a partir de la cancelación de convenios de colaboración medica con Ecuador, Bolivia y Brasil, la drástica reducción de las visitas, remesas y viajes desde USA resultado de las políticas de Trump. A ello se unen otros problemas estructurales internos que aquejan la economía cubana, como la insuficiente reacción del sector agropecuario, de materiales de construcción y dificultades serias con el proceso inversionista, entre otros. Esta situación genera un desbalance significativo entre oferta y demanda en casi todos los mercados.

[21] Anunciada el 9 de junio 2021

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Las calles gritan, los analistas no saben cómo escuchar. Ideas para comprender el los movimientos de protesta en Colombia, 2021



Las calles gritan, los analistas no saben cómo escuchar. Ideas para comprender el los movimientos de protesta en Colombia, 2021

Nem Zuhué Patiño García[1]

Las imágenes que inundan redes sociales estos días han estado marcadas por actos violentos, grandes movilizaciones, declaraciones de políticos (dentro y fuera del Estado) y reclamos ciudadanos. Durante más de quince días Colombia ha experimentado, en paralelo, jornadas masivas de protesta y ataques de la fuerza pública, o de civiles armados, contra otros civiles. Las primeras fueron convocadas en más de 700 municipios en todo el país; nadie esperaba que tal cantidad de personas atendiera el llamado a Paro. Las segundas han sido registradas con mayor crudeza e indignación; un saldo de 47 personas asesinadas, en su mayoría por presuntos miembros de la Fuerza Pública, todavía no ha sido esclarecido.

Entender ambas manifestaciones como parte del mismo fenómeno ha inspirado una serie de explicaciones que ya han empezado a desarrollarse. Sin embargo, la celeridad y asombro que ha producido este movimiento en distintos analistas, ha hecho circular algunas nociones conservadoras acerca de la sociedad colombiana. Para ser consecuentes, si queremos explicar este fenómeno, repetir algunos prejuicios sin evidencia no aporta a su comprensión. Apartarse de estos elementos requiere, antes que otras tareas, identificarlos y exponerlos con claridad. Vamos a tratar dos, sin ninguna intención por ser exhaustivos: la falta de gobernabilidad del presidente y la relación entre la pobreza y las protestas violentas.

La sensación de desgobierno que ha dejado en Colombia el mandato de Iván Duque es notoria: políticas insuficientes para atender la crisis del SARS-CoV-2, un aumento notorio en los actos violentos contra población civil, la falta de ejecución del acuerdo de paz firmado en 2016, la absoluta limitación del Congreso a través del proceso de virtualización, entre muchos otros aspectos. Distintos analistas, en medio de fugaces líneas, han construido sin quererlo una versión común para explicar la magnitud del fenómeno. Consideran que el actual gobierno, al haber presentado un nuevo proyecto de reforma tributaria, ofendió la dignidad de los ciudadanos (muy golpeada por la pobreza y la desigualdad) y les obligó a protestar. La beligerancia de los manifestantes es explicada por el deterioro de los ingresos de la población, misma razón que justificaría los hechos de “vandalismo”[2], aunque los últimos se relacionen también con delincuencia y bandas criminales organizadas[3]. La difícil situación del partido de gobierno, al otro lado del umbral, se traduciría en represión policial desmedida: 1003 detenciones arbitrarias y 42 casos de violencia homicida presuntamente por parte de la Policía[4]. En algunas ocasiones, civiles armados han disparado contra población inerme, lo que recuerda las actuaciones de grupos paramilitares. Con algunos matices, estos elementos componen la visión general con que se ha caracterizado al fenómeno como un estallido social.

El relato parece suficiente si y sólo si se toma como punto de origen del fenómeno la crisis del gobierno Duque. Si el mandatario, a la cabeza de un Estado de corte presidencialista, logra encontrar una estrategia de negociación con los manifestantes, un fenómeno de este tipo podría resolverse sin demasiados traumatismos en su programa de Gobierno, ceteris paribus. Ahora, si integramos los hechos al análisis, vemos que esto ya se intentó sin mucho éxito. La fuerza que ha tenido el fenómeno supera esta lógica de acción: ni siquiera existe un pliego de peticiones unificado con el cual negociar. Y este hecho, base del análisis que presentamos, muestra la necesidad de cambiar el punto de partida. Aunque sea tentador explicar la aceleración del movimiento por la evidente crisis del gobierno Duque, ésta requiere ubicar históricamente qué elementos agotó su proyecto político. Vamos a nombrar dos, uno relativo a la política y otro a la economía.

El sistema político, aunque pareciera ser una de las instituciones garantes de la movilización en el país, no actúa en este sentido. Su funcionamiento se define de manera precisa cuando se dice que es un cuerpo colegiado, un organismo de personas iguales entre sí. La votación de cada miembro se exhibe como muestra de prestigio, no de representatividad. Sin que este principio pueda llegar a aplicarse, la existencia de parlamentos es otro saludo a las instituciones republicanas.

La composición de estos órganos representa, cada vez más, los intereses de grupos de presión empresariales, que financian campañas para que los cabildantes voten a favor de intereses muy limitados en el plano social. Estos organismos, contrario a la premisa de la teoría política convencional, no están separados de los estamentos del poder ejecutivo. Aunque Colombia no sea un país parlamentarista, las mayorías en Senado y Cámara de Representantes son fundamentales para sostener al poder del Presidente.

La historia de las elecciones va por otro lado. La composición del Congreso no se ha transformado lo suficiente y se mantiene como apoyo de las coaliciones de gobierno. La gran distancia social entre los candidatos, que logran conseguir el apoyo financiero y los avales partidarios, y la gran diversidad de ciudadanos, que no logran dichas relaciones, ha mantenido una configuración de clase muy cerrada en los órganos de representación. La diversificación social es una vía clave para aumentar la legitimidad de las instituciones, tan citadas como principal patrimonio de la trayectoria histórica del Estado. La escucha atenta a los reclamos de las manifestaciones, a las arengas que se articulan en las calles, permite salir de las paradojas de representatividad que absorben a la opinión pública: rodear a las instituciones cada vez que suceden alteraciones en el orden público las ha convertido en construcciones anacrónicas sin capacidad resolutiva ante los conflictos sociales.

Las grandes movilizaciones permiten observar fenómenos que ni siquiera los más brillantes entre los analistas han logrado articular: la composición de clase y la falta de conexión de quienes llegan a los órganos deliberativos con las grandes masas han llevado a una lectura anacrónica sobre el Estado y sus funciones. En otras palabras, las arengas de  hoy permiten observar que la desconexión entre cuerpos colegiados del Estado, tanto a nivel local como nacional, no es una cuestión de acciones particulares. La individualidad desaparece cuando se observan sus acciones frente a movilizaciones y cuestionamientos a su función. Esta consiste en una defensa absoluta de las instituciones, entendidas según una acepción particular: como el poder del Estado aplicado al cumplimiento de la Ley. Actuar de esta manera impide que los órganos deliberativos representen una relación social cambiante con las distintas clases sociales que deberían estar representadas en ellos. E inclusive, aunque se modifique de manera parcial la composición de éstos órganos, como ha sucedido con los Concejos de las ciudades capitales, las acciones de grupo anulan la posibilidad de transformar esta relación.

La economía que tiene a la población en crisis no es la macroeconomía agregada que se debate estos días en Twitter. La fluctuación del precio del dólar o el alto endeudamiento del Estado no tienen que ver mucho con sus vidas. Aunque los burócratas quieran pensar lo contrario, la población que tiene ingresos inestables (cuando los tiene), no comparte sus preocupaciones. El círculo entre recaudo de impuestos y financiación de servicios del Estado no es tan relevante para un trabajador informal como para uno formal. Inclusive, la preocupación tampoco es mucha si a este trabajador se le contrata siempre por lo mínimo: salario, vacaciones, garantías y alegrías de subsistencia. ¿Tenía razón Alfred Marshall cuando dijo que la economía era la única ciencia que se preocupaba por los detalles de la vida cotidiana de los hombres corrientes?

La economía podría ocuparse de estos asuntos, pero en el caso colombiano los ha dejado de lado. Muchos de los que salimos a movilizarnos no encontramos en las políticas del Estado el consuelo que senadores y ministros dicen habernos otorgado. El intercambio entre aumento de impuestos (IVA, declaración de renta en clases medias) y la manutención de “programas sociales”; una extorsión, eso sí lo sentimos como una afrenta. No se trata de que la política asigne de la manera más eficiente los escasos recursos con que cuenta el Estado, como decía Carrasquilla, sino la transmisión de la responsabilidad a quienes hemos sido beneficiarios tangenciales del desarrollo del Estado. Una de las consignas que más se ha escuchado en cada movilización es ¡No a la reforma tributaria! Recaudar más impuestos de los alimentos básicos y de las personas con salarios modestos, en medio de una emergencia sanitaria que ha sido financiada con los ahorros y labores de las clases trabajadoras, es una clara ofensa que fue contestada con una enorme movilización. ¿Esto no tiene lugar en los modelos del Ministerio de Hacienda?

Que no se entienda lo anterior como la negación de la crisis que vive el Estado, para nada. Por el contrario, esta situación ha mostrado que los análisis de la corriente principal en economía, a través de la agregación, han ocultado una situación que sólo privilegia las políticas de pago a los acreedores de la deuda pública. ¿Qué hay de los millones de trabajadores que no encuentran una opción de vida viable siguiendo las reglas definidas por el Estado? ¿Deben adaptarse a una situación así?   

Como algunos hallazgos parciales, en este artículo hemos expuesto ideas que pueden derivarse de una escucha a los reclamos que han estado presentes en las movilizaciones de las últimas tres semanas. Las lecturas a ras de suelo de las protestas amplían la perspectiva de estos episodios y no permiten caer en modelos simplificadores. No se trata sólo de un estallido espontáneo que desbordó las capacidades del gobierno de Duque. Su análisis permite observar tendencias de más largo plazo, una lectura muy interesante acerca de las acciones del Estado y peticiones claras para transformar la trayectoria histórica de las instituciones. Nadie tiene una fórmula que diga cómo se van a desarrollar las protestas actuales, por lo que debemos desarrollar indicadores que se acerquen a un registro in situ más preciso. Elaborar paradigmas que nos permitan escapar del unanimismo del relato sobre el estallido social es una garantía en este sentido.

[1] Miembro de Despertemos, tendencia del Polo Democrático Alternativo.

[2]    Entendido como la destrucción o daño deliberado de bienes públicos y privados. 

[3]    Las acciones de los “vándalos”, sin importar  suelen confundirse con la lógica de la degradación violenta: lo que empieza como un grafiti puede terminar en saqueos sistemáticos, hurtos y violencia contra otros civiles. 

[4]    Hay muchos otros datos registrados en la plataforma GRITA de la ONG Temblores. Los informes diarios se publican en el perfil de Twitter de la Organización, que puede consultarse en el siguiente enlace: https://twitter.com/TembloresOng

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Las repercusiones económicas de la pandemia




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Las repercusiones económicas de la pandemia

Job Hernández

¿Cuál es el entorno económico derivado de la pandemia? El represente texto es una revisión a vuelo de pájaro de la economía a nivel mundial y nacional en este aciago 2020. Con esto buscamos una primera evaluación de las líneas de fuerza que conforman la coyuntura, a la espera de que miradas más perspicaces y profundas utilicen estos insumos para hacer un análisis preciso de la situación por la que atravesamos (inédita a todas luces). Confiamos en que un ejercicio de este tipo se conecta con la intención crítica de “captar la marcha viva de la historia” para mejorar las posibilidades de intervención política por parte de los sectores que apuntan a una transformación radical de lo existente. Y prometemos ampliar el ejercicio más adelante hacia secciones específicas de la economía que la agenda nacional e internacional vaya señalando.

I

A principios de año todo indicaba que la economía mundial se encaminaba a una recesión similar a la provocada por la crisis del 2009. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, que produjo una considerable alza de aranceles, impulsó al comercio y las inversiones a su nivel más bajo en los últimos diez años. Específicamente, las transacciones entre las dos potencias cayeron, afectando las cadenas de suministros y perjudicando a las industrias electrónica y automotriz.

Adicionalmente, surgieron riesgos financieros asociados a un alto nivel de endeudamiento en una buena parte del mundo, lo que disminuyó la capacidad de resistencia de varias economías nacionales ante choques inesperados. Para colmo de males, la caída de los precios de los productos básicos ocurrida en 2014-2016 prolongó sus efectos hasta el presente.

La suma de todos estos factores generaba una expectativa de crecimiento de 2.5 por ciento en 2020, lo que significaba la continuidad de las tendencias recesivas del año anterior cuando la economía mundial creció 2.3 por ciento. En ese contexto, para propios y extraños eran claros los límites de las políticas monetarias tradicionalmente establecidas como estímulos para la inversión, debido a la incertidumbre y falta de confianza de los inversionistas. Cada día era mayor el descontento con la calidad del crecimiento económico y las medidas para impulsarlo. En consecuencia, los organismos internacionales recomendaban sacar partido de las políticas fiscales como instrumentos anti-cíclicos aunque este margen se estrechaba cada día más por el alto nivel de endeudamiento y los considerables déficits existentes. Eran palabras sofisticadas para pedir que el Estado saliera al rescate.

Pero, aunque el riesgo de una evolución más desfavorable era latente, nadie imaginó la naturaleza y magnitud de lo que se vino encima. Si se preveía que cualquier pequeño chubasco podía agravar las tendencias recesivas, lo que se experimentó fue una auténtica tormenta. La elevación del coronavirus a rango de pandemia multiplicó las adversidades y profundizó todas las tendencias negativas. La economía mundial sufrió una fuerte contracción, el mercado laboral se deterioró sensiblemente, los precios de las materias primas –sobre todo el petróleo– disminuyeron a niveles históricos, el ambiente financiero se volvió altamente inestable, las monedas de los países emergentes se depreciaron y se elevó el grado de incertidumbre al desconocerse la intensidad y duración del choque.

Una vez que se comenzaron a implementar las medidas de confinamiento y restricción de la movilidad para enfrentar al virus, la economía mundial se desplomó y los pronósticos se ensombrecieron. Diversos organismos estiman que en 2020 la economía mundial decrecerá -5.2 por ciento y el producto per cápita lo hará en -6.2 por ciento, la cuarta mayor caída para ambos indicadores desde 1871 (sólo por debajo de las sufridas durante las dos guerras mundiales y el crack de 1929). En términos de amplitud se trata de la crisis más extensa desde que se tienen registros: involucra a 92.9 por ciento de las economías nacionales. ¡Qué hubiera dado Marx por ver esta crisis verdaderamente mundial!

Los mayores impactos los están sufriendo las economías avanzadas, sobre todo en la zona del Euro, cuyas caídas en 2020 serán mucho más severas que el promedio mundial. Sin embargo, en esta ocasión también las economías emergentes resentirán los efectos, desplomándose -2.5 por ciento. En el caso de América Latina, se calcula una tasa de crecimiento del producto de -7.2 por ciento, con Brasil como la economía más afectada (-8.0 por ciento).

No obstante, el optimismo de los organismos internacionales en una recuperación rápida y vigorosa (en forma de “V”) se mantuvo a lo largo del año. Se calcula una tasa de crecimiento de 4.2 por ciento en 2021 para el conjunto de la economía mundial, de 3.9 por ciento para las economías avanzadas y de 4.6 por ciento para los mercados emergentes. Pero esto si se cumplen puntualmente los compromisos de deuda por parte de familias y empresas, no surgen nuevas tensiones entre China y Estados Unidos, se mantiene la paz en Medio Oriente, se resuelve adecuadamente la elección presidencial norteamericana, no se agudizan las tensiones sociales derivadas de la emergencia sanitaria alrededor del mundo y, sobre todo, si no ocurre un rebrote, agravamiento o prolongación de la pandemia.

Como es sabido, en las últimas semanas ocurrió esto último en Europa. Todo indica que las economías de la eurozona experimentarán nuevos choques económicos. El resto del mundo tiene el alma pendiendo de un hilo.

II

Arrastrada por la dinámica mundial, la economía mexicana venía transitando por una etapa de débil crecimiento que ya sumaba cuatro trimestres de números negativos en marzo de 2020.

La pandemia agudizó esta tendencia al estancamiento provocando una fuerte contracción de las exportaciones (sobre todo de las automotrices) y una disminución del valor de las exportaciones petroleras derivada del desplome de los precios internacionales. A esto se sumó una caída de las ventas al menudeo, las ventas en las industrias asociadas al consumo de bienes en el mercado nacional, las importaciones de bienes de consumo, las ventas en tiendas de autoservicio y el gasto diario con tarjetas de crédito y débito (cuya disminución alcanzó el 90 por ciento en sectores como hoteles, restaurantes y vuelos comerciales). Igualmente, la inversión bruta fija decreció y la inversión en maquinaria, equipo y construcción se debilitó, incluyendo la obra contratada por el sector público.

De acuerdo con un balance de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, como resultado de la emergencia sanitaria la economía mexicana sufrió un triple choque. Por el lado de la oferta experimentó paros de la producción manufacturera y en algunos servicios, lo que puso en riesgo el abastecimiento general, el funcionamiento de las cadenas de valor y la actividad económica nacional. Por el lado de la demanda, nos enfrentamos a un menor consumo externo –sobre todo por la parálisis de la economía norteamericana–, un menor consumo nacional y una disminución de los gastos de inversión. Finalmente, en el ámbito financiero, nos afectó la menor demanda de activos de las economías emergentes que provocó flujos de salida de capitales, además que las calificadoras internacionales redujeron las notas crediticias de Pemex y el país.

El impacto de estos tres choques sobre el empleo fue mayúsculo. Se observaron fuertes disminuciones del volumen de empleo en el sector industrial y el de servicios, en tanto el agropecuario mostró mayor resistencia. Por tamaño de establecimiento la mayor contribución en la pérdida de puestos de trabajo provino de las empresas que tienen de 51 a mil empleados, mientras los más grandes y los más pequeños sufrieron caídas menores. Igualmente, la destrucción de empleo eventual urbano fue más notoria que en el caso de los empleos permanentes. En términos globales, el impacto de la pandemia fue de alrededor de un millón de puestos formales perdidos (tomando como indicador los registros del IMSS). Pero, según los datos proporcionados por la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo realizada por el INEGI, cerca de 12 millones de mexicanos entraron en un estado de suspensión laboral debido a la cuarentena, sin recibir salario ni tener la certeza de que a futuro se mantendrá el vínculo con su empleador o podrán retornar al trabajo.

Debido a todas estas dificultades se espera que la caída de la economía mexicana sea de 7.5 y hasta 10 por ciento en 2020, no obstante que el impacto se amortiguó debido a la existencia de las coberturas petroleras, los diferentes fondos de estabilización (que suman 264 mil millones de pesos), la fortaleza de las reservas internacionales (180 mil millones de dólares) y la confianza de los organismos mundiales e inversionistas reflejada en el ofrecimiento de distintas líneas de crédito al gobierno mexicano.

Quizá por eso las instancias federales en materia económica también mantuvieron el optimismo. Confiaron en un proceso más o menos automático de recuperación, sobre todo vinculado a las ventajas provenientes del T-MEC, la estabilidad de los agregados macroeconómicos y el mantenimiento de la disciplina fiscal. Descartaron la aceptación de la ayuda ofrecida por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el rescate de la economía a través de la entrega de apoyos a las grandes empresas y el uso de medidas anti-cíclicas más radicales. Se concentraron en adelantar los pagos de los programas sociales para los sectores más vulnerables, diseminar apoyos a micro y pequeñas empresas y hacer nuevos ajustes al gasto operativo del sector público. Asimismo, el Banco de México redujo la tasa de interés de referencia aprovechando el margen de maniobra que le otorga el mantenimiento de un bajo nivel de inflación.

Y, efectivamente, una vez iniciado el desconfinamiento y con la reapertura de la economía norteamericana, México se comenzó a recuperar. Durante el tercer trimestre alcanzó un crecimiento de 12 por ciento con respecto del trimestre anterior, aunque en comparación anual hay un retroceso de -8.6 por ciento. El repunte más alto se concentró en las actividades industriales, con 22 por ciento de incremento, mientras las agropecuarias y terciaras experimentaron aumentos más modestos, de 7.4 y 8.6 por ciento respectivamente.

El empleo también mostró mejoría si bien de manera parcial e insuficiente. Poco más de 7 millones de mexicanos recuperaron su puesto de trabajo, aunque la tasa de desocupación no ha disminuido a los niveles que tenía en marzo. Además, la tasa de participación laboral sigue por debajo del promedio de hace seis años y la brecha laboral continúa en niveles históricamente elevados con 23.3 millones de personas que necesitan un empleo de tiempo completo. Asimismo, los puestos de trabajo creados a partir de mayo se concentraron en el sector informal y existe una pérdida en la calidad dado que muchas personas regresaron a sus empleos percibiendo salarios menores.

III

Con la pandemia operando sobre la base de las inercias heredadas por el neoliberalismo –baja tasa de crecimiento, salarios pulverizados, alto nivel de endeudamiento y extensísima informalidad laboral– la recuperación no será fácil. De entrada, el escenario más optimista, de recuperación en forma de “V”, está ya descartado. La concentración de los daños económicos en el primer semestre y la caída de -4.6 por ciento en el PIB no se cumplieron. La esperanza es que ocurra el escenario intermedio: dadas las afectaciones más intensas y su prolongación al tercer trimestre del año, ocurriría una disminución del PIB de -9.0 por ciento en 2020 y una recuperación de 4.1 por ciento en 2021. Pero no podemos descartar la extensión de los impactos por el resto del año si hay un rebrote del virus y se retorna al rojo en el semáforo de alertas. En este caso, la caída en 2020 se prolongaría hasta el próximo año.

Por otra parte, la pandemia repercutió negativamente en nuestras finanzas públicas lo que hace menos efectivo su uso como herramienta anti-cíclica. La caída de los precios del petróleo redujo los ingresos. El aumento en el tipo de cambio provocó el aumento de la deuda en 1.4 billones de pesos. La desaceleración económica disminuyó las expectativas de recaudación. Y, al mismo tiempo, se generaron mayores gastos en salud y asistencia social a las familias mexicanas.

El Gobierno Federal respondió a este reto con una política de finanzas orientada a incrementar el cobro de algunos derechos, ajustar más severamente el gasto operativo y priorizar la salud, el bienestar y la inversión en infraestructura.

En consecuencia, el Proyecto de Presupuesto de Egresos entregado por la Secretaría de Hacienda a la Cámara de Diputados en Septiembre contempla un aumento real de 9.1 por ciento en el ramo de salud y de 5 por ciento para el IMSS e ISSSTE con el objetivo de resolver la emergencia sanitaria y el déficit en la materia, acumulado durante años. Igualmente, se refuerza el rubro de bienestar para ampliar la cobertura de las becas escolares, los apoyos a adultos mayores y personas con discapacidad y los subsidios a jóvenes que buscan su inserción laboral. Finalmente, la inversión pública se incrementa en 5.3 por ciento, sobre todo la destinada a los grandes proyectos de infraestructura que pueden detonar el crecimiento y sostener el empleo. En conjunto, las erogaciones que tiene por objetivo sostener el desarrollo de largo plazo –el llamado gasto programable- aumentarían en 1.3 por ciento con respecto de 2020.

La contracara es la continuación de la política de austeridad que implica la reducción del gasto no programable (incluyendo las transferencias a las entidades federativas y municipios que caerán en 5.5 por ciento) y del gasto operativo (en cuyo caso se contempla una reducción de 6.4 por ciento). En términos de la clasificación económica, las prioridades se reflejan en un incremento de 5.3 por ciento en el gasto de inversión y una caída de 1.7 por ciento en el gasto corriente.

Por Ramos Administrativos, la mayor parte del dinero público será absorbido por los rubros de Educación, Bienestar, Salud, Defensa Nacional, Seguridad y Protección Ciudadana, Comunicaciones y Transporte, Agricultura y Desarrollo Rural, Energía y Turismo, que en conjunto absorberán 83.6 por ciento del total. En términos de su incremento porcentual, los ramos más favorecidos serán Turismo (por el dinero destinado al Tren Maya), el INE (debido a  las elecciones del 2021), Defensa Nacional, Desarrollo Territorial y Urbano y los ya mencionados IMSS e ISSSTE. Las reducciones más drásticas se concentran en Comisión Nacional de Derechos Humanos, Información Nacional Estadística e Informática, Trabajo y Previsión Social, Hacienda y Crédito Público y Presidencia de la República.

Además de las ya señaladas disminuciones en las transferencias federales a los estados y municipios, han sido especialmente polémicas las reducciones presentadas por Hacienda en algunos rubros de los ramos de educación y cultura. Por ejemplo, se propone un drástico recorte del presupuesto destinado a las normales y al Instituto Nacional de Cinematografía (IMCINE) y una más moderada disminución en el caso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

Aunque en materia de egresos no se ha dicho la última palabra y las comisiones de la Cámara de Diputados han solicitado ampliaciones presupuestales en varios rubros (como los 1,969 millones de pesos adicionales para cultura y los poco mas de 10 mil millones para educación), es probable que este apretado presupuesto, además de actuar de forma contractiva, genere una cierta inconformidad social capaz de ser aprovechada por la oposición (como sucedió con la extinción de los fideicomisos).

En ese sentido, la repercusión económica más inmediata de la pandemia es que agudizó el viejo dilema de cómo usar los recursos escasos ante fines alternativos.

Fuentes:

Banco de México, Informe Trimestral, Abril-Junio de 2020; Banco de México, Informe Trimestral, Enero-Marzo de 2020: Banco Mundial, Perspectivas económicas mundiales, Junio de 2020; Naciones Unidas, Situación y perspectivas de la economía mundial. 2020, enero de 2020;  Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública, Primer trimestre de 2020; Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Informe sobre la situación económica, las finanzas públicas y la deuda pública, Segundo trimestre de 2020.