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La transición de la filosofía política a la ciencia política: Federico Engels




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La transición de la filosofía política a la ciencia política: Federico Engels

Thalía Fung

Como es sabido, Engels cubrió un espectro tan amplio que en la totalidad que construye, incluye desde las estrellas hasta el microcosmos, fenómenos físicos o biológicos, problemas de la conciencia social, de grupos de magnitudes diversas, así como peculiaridades subjetivas individuales. De su totalidad filosófica nos interesa especialmente la correspondiente a la filosofía política, la cual recorre una amplia escala desde que se inició con «La clase obrera en Inglaterra», a la que Marx consideró como la primera obra científica de la concepción materialista de la historia.

El conocimiento multifacético de Engels y su perenne curiosidad científica hace que domine la multiformalidad de las relaciones sociales del mundo que le era contemporáneo, no sólo en Occidente, sino que también tomaba en cuenta aquellos pueblos en los cuales coexisten modos de producción diversos y que en el mundo de su época poseían un peso cuantitativo considerable. Su propio tratamiento de la relación cantidad-cualidad, geografía e historia, cultura y tradición, raza y etnias, religión y creencias, lenguaje y lenguas, ciencia y técnica. guerra y paz marcaba su abordaje de los asuntos políticos y la valoración de la política de confrontación o de acuerdo. Sus conocimientos políticos le posibilitaron tratar los fenómenos de masa a partir de sus esencias y los fenómenos particulares y singulares como complejos de determinaciones múltiples, así como en la riqueza de su especificidad. Es interesante hacer notar que Marx detectó el subdesarrollo y las particularidades de germanos, francos, árabes y otros pueblos: pero en su búsqueda de la línea de mayor desarrollo, decidió hacer abstracción de dichas particularidades ante las contradicciones fundamentales del modo de producción dominante. El ordenamiento del conjunto de contradicciones conforme a la solución de los asuntos que abordaban correspondería a Lenin quien las clasifica en fundamentales o no, principales y no principales.

En la dialéctica de Engels, como en la de Marx, la realidad economía-política aparece como inevitable a partir de la primera gran revolución política: la formación del Estado. No obstante, se aprecia una diferencia entre ambos: Marx profundiza en las determinaciones esenciales que alcanzan el grado de generalidad de la filosofía y pospone el análisis de los problemas del Estado, de las clases y de la conciencia, después que haya obtenido un triunfo científico para su partido político, lo que considera que hará con su obra cumbre; mientras que Engels no puede sustraerse de tratar las complejidades del comportamiento de los hombres en diversos escenarios. En el propio periodo, Engels establece vínculos entre las revoluciones y los ejércitos, las clases sociales y las armas. en lo cual no sólo pesa la reflexión teórica necesaria, sino además su participación personal en el campo de batalla.

Las simplificaciones necesarias que en el Manifiesto Comunista sirven para exponer el movimiento histórico desde la filosofía hasta ascender a la esfera de los comportamientos políticos tuvieron su precedente en los ‘Principios del Comunismo», aunque en este, Engels no dejó de incluir entre sus 22 preguntas las relativas a la asociación entre el desarrollo y el subdesarrollo.

Durante toda su vida, Engels siguió cuidadosamente la dinámica política, particularmente en los lugares donde aparecían gérmenes contra un statu quo atrasado —conforme a los parámetros de su época—, los que calificaba de revolucionarios. En sus últimos años, a pesar de lo debilitado de su salud y de toda la carga teórico-política que significaba la conclusión de los volúmenes I y II de El capital, Engels atendía cotidianamente el desarrollo del movimiento proletario, con especial interés en España e Italia, donde los partidos existentes de ideología pequeño-burguesa, se caracterizaban por desarrollar tendencias anarquistas en su seno. No obstante, la dialéctica de la historia es tal —siempre superior a las capacidades cognitivas y heurísticas de los hombres— que muchos anarquistas fueron portadores de las ideas marxistas hacia América Latina. Sus conocimientos históricos, geográficos, culturales y lingüísticos le permitían a Engels ayudar a de forma directa a los marxistas en los acontecimientos políticos en Dinamarca, Bélgica, Suecia, Suiza, Bohemia, Moravia, España, Austria; pero ese universo cognitivo no le impedía reconocer el hilo conductor que, en esencia, daba unidad a tal diferencia: en el caso de la política, las relaciones sociedad-Estado, sociedad civil-Estado, economía-política, política-derecho.

El pensamiento dialéctico de Engels ha soportado exitosamente la prueba de la Historia, solo que como hombre sabio y político padeció las limitaciones cognitivas y sociales que le impusieron su época y su sensibilidad humana. Solo ello explica que haya considerado imposible una nueva revolución en la industria de las armas después de la guerra franco-prusiana y que haya avalada como experto el fin del militarismo y con él, el de ‘todos los ejrcitos organizados desde el interior».

Para Engels la insurrección era un arte: “lo mismo que la guerra o cualquier otro tipo de arte, se encuentra sujeta a ciertas reglas que, cuando las violamos o desconocemos. causan la ruina del partido que no las respeta”. Las insurrecciones, como la guerra, eran formas expresivas de la política, esta era, por consiguiente, un tipo de arreglo con expresiones estéticas variadas, conforme a los sujetos y a las situaciones.

Es magistral su análisis de una situación militar concreta, del cual podemos abstraer regulaciones metodológicas tales como:

  1. a) La información diaria de lo que acontece
  2. b) Valorar el comportamiento de los grupos e individuos.
  3. c) El análisis crítico de la propuesta del grupo, fuera del ejército, guerrilla, tanto de sus positividades como de sus carencias.
  4. d) Tradiciones en la lucha situacional, grupos, topográficos.
  5. c) La dinámica de la lucha

De la confusión inextricable del conjunto de los fenómenos sociales y de sus relaciones e interacciones, tanto en su vida como en su obra; Engels concentró su atención especial en la conciencia, la cultura y la conducta política. A pesar de participar de la actividad fundacional de Marx, en el sentido de contribuir con la tesis de meta-teoría (un ejemplo de la precisión tan necesaria en ambas direcciones de la última instancia), su examen de la actividad humana se aproximó, con mayor frecuencia, a las complejidades comportamentales de los hombres, aunque nunca perdiera de vista el movimiento en su conjunto, incluida la relación sociedad- naturaleza.

La relación grupo social-Estado-situación constituye un verdadero eje teórico-metodológico de su ocupación científica, en la cual comenzó con un partidismo filosófico por una parte, y con una colección de datos empíricos por la otra. La combinación de ambos, aparentemente extremos, se aprecia en la llamada primera gran obra de la concepción materialista de la historia: la ya mencionada La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845). Esto se encuentra presente en la ciencia política actual, en donde ocurre una comunicación necesaria con el referente real, y aunque el partidismo filosófico no aparece expreso, se encuentra presente en su negación conductista y analítica. En su análisis de la estructura social, Engels fue un defensor de la clase trabajadora, como resultado de su concepción científica y de sus sentimientos de identificación con este macro-grupo. En «25 de junio», Engels destaca que “la burguesía no declaró que los trabajadores fuesen enemigos comunes a los que hay que vencer, sino que los consideró ‘enemigos de la sociedad’ a los que hay que destruir”. Esto que parecía una aseveración abstracta de esta época, tiende a llenarse de nuevos contenidos reales como los avances de la robótica y la genética, no solo para los trabajadores sino también para pueblos enteros.

Como dijo Lenin, en La situación de la clase obrera en Inglaterra, Engels mostró por primera vez, el carácter revolucionario de la miseria del proletariado, grupo social vinculado fundamentalmente a la gran industria y que en las condiciones concretas, concentraba en la literatura artística del mundo europeo la lástima y la fealdad lo cual corresponde a las poblaciones de inmigrantes y a los grupas extremadamente pobres.

Si queremos replantearnos la tesis XI de Marx sobre Feuerbach en la cual se vinculan cognición y acción pensamos que una mediación necesaria implica la renuncia a la línea euronorteamericana clásica paradigmática de la ciencia política considerada válida para un mundo cada vez más complejo, multilateral, plural, socio-diverso, en riesgo continuo, y la construcción de una ciencia de los comportamientos políticos desde Marx, desde el Tercer Mundo, desde el Sur y en ello, podemos aunar las experiencias de conducción política de países, pueblos, macrogrupos y microgrupos sociales, líderes y pensadores que han tomado como objeto sus procesos y sujetos protagónicos, así como los aportes verdaderamente universales a las relaciones políticas. Ahora bien, en el campo de la política no puede concebirse a Marx sin Engels.

Como legado teórico de la comuna, Engels consideraba la forma política de Estado propuesta para establecer el poder asegurarlo y construir el socialismo. La Primera Internacional impulsó la fundación de los partidos de trabajadores, incluso favoreció la fundación de partidos de trabajadores fuera de los marcos europeos. La cuestión militar prusiana y el partido alemán de los trabajadores, folleto elaborado por Engels, se dirige a mostrar la dialéctica de la lucha por la democracia y el socialismo, orientar a la clase proletaria en su comportamiento político con relación a la burguesía y a los objetivos que les son comunes, tácticos para los trabajadores, finales para los burgueses. Engels pronostica que el partido de los trabajadores tendrá que poseer su propia organización militar y exige que el partido del proletariado se fortalezca frente a los partidos representantes de otros grupos sociales y negocie con ellos, como un poder con otro.

Después que la Unión de Asociaciones de Trabajadores Alemanes acordó unirse a la Asociación Internacional de Trabajadores, la Internacional ganó una gran influencia en Alemania. Engels reiteró sistemáticamente a Liebknecht que la clase trabajadora tenía que distinguirse organizativa, política e ideológicamente de la democracia pequeño-burguesa. con quien había conjugado y compartido fines en la lucha contra Bismarck. fundamentalmente en el rechazo de los modos organizativos lassalleanos, consistentes en formas dictatoriales de trabajo y en el culto a la personalidad.

Cuando en el Congreso de Eisenach, se crea el Partido Socialdemócrata Alemán, Marx y Engels lo consideraron «su partido», y este último dedicó sus oficios políticos a orientarlo. Una muestra del arte político de Engels lo encontramos en el prefacio que escribió para La guerra campesina en Alemania, cuando encuentra las mediaciones que se comunican con la situación concreta y los objetos estratégicos de su partido. Engels lo orienta en el sentido de encabezar la lucha por un cambio democrático y por la necesidad de concertar alianzas, especialmente con el campesinado. Vistas estas reflexiones desde nuestros días, son tan obvias que se nos escapa la importancia política de dichas Tesis de Engels.

¿Podrían entrar los campesinos en el partido de los obreros? La respuesta positiva seria dada después, pero Engels revela:

  1. La necesidad estratégica para desarrollar alianzas, en este caso, con los campesinos, cuestión característica de la política.
  2. La política imprescindiblemente diferenciada para los grupos sociales existentes entre los campesinos, lo cual fue trabajado por Lenin y por Mao Tse Tung para sus situaciones respectivas.
  3. La definición como tarea más urgente del movimiento obrero alemán ganar a los trabajadores agrícolas para este movimiento, lo cual Fidel realizó con éxito en el curso de la insurrección armada en Cuba.

Como se observa, el partido elabora su política y sus políticas, de acuerdo con referentes históricos concretos: macro-grupos, estratos, facciones, organizaciones políticas y sus relaciones con el poder, es decir, sujetos y actores. Engels propuso la unión de las organizaciones trabajadoras existentes en Alemania en un solo partido: pero dicha unificación debería acontecer sobre la base del marxismo, porque las uniones que despreciaban las discrepancias teóricas e ideológicas se aseguran éxitos relativos, a corto plazo. Además proyectó una táctica del comportamiento para el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán ante las situaciones que se aproximaban.

La fragmentación, tan extendida a fines del siglo xx, no estuvo ausente de la Primera Internacional, lo que fue el germen de su muerte, y aunque expulsó a Bakunin representante máximo de una posición anarquista, dichas diferencias salieron a relucir en las luchas que se aproximaban en el seno de los marxistas.

En ese periodo Engels esclarece los conceptos de autoridad y disciplina y su valor para el desempeño de su partido, significaciones que se acrecientan en el periodo de transición al socialismo, por el hecho de que la producción y la reproducción de bienes materiales y espirituales no tienen que satisfacer, como en las formaciones socioeconómicas anteriores, a una parte, siempre minoritaria de la sociedad, sino a toda sociedad. Por primera vez, al individuo le corresponde la libertad de exigir el sustento, la salud y la educación, independientemente del grupo social al que pertenezca. Pero lo fundamental para la política de la transición es la transformación de la clase obrera en un macrogrupo social apto para la acción política, de sujeto a quien le corresponde teóricamente la transformación de la sociedad, tiene que pasar a actor en el curso de los acontecimientos políticos. Ante una concertación española, manifestó: “Queremos la abolición de las clases. ¿Cuál es el medio para lograrlo? El dominio político del proletariado (…) La revolución, empero, es el acto supremo de la política, y quien quiere la revolución, también tiene que querer los medios, es decir, la acción política que prepara la revolución, que educa a los obreros para la revolución”.

Todo ello tiene valor teórico-ideológico para los marxistas, pero no es censurable, para la ciencia política en general, la relación entre los fines y los medios, sobre los que, desde la posición de El príncipe y de las elites dominantes, Maquiavelo había sentado cátedra. En la historia política, es la primera vez que se meditaba sobre la perspectiva de un macrogrupo social sin poder económico, y sobre las vías para producir su movilización. Corresponde a Engels el mérito histórico –desde el punto de vista de la ciencia y del arte de la política– de haber influido decisivamente para el logro de la más alta concientización política que un partido de masas podría conseguir en situación de clandestinidad. En ello tuvo un peso fundamental su crítica sistemática contra el mecanicismo y el automatismo económico, los cuales atribulan una negación fatalista al papel activo del hombre y de sus ideas, de lo que, contrario sensu su a lo esperado, también fue acusado de modo sistemático no solo por sus contemporáneos, sino también por marxistas posteriores.

Con relación a la elección de los métodos tácticos y a las formas de lucha, siempre consideró que estaban condicionados por la situación y por los sujetas históricas en conflicto, en definitiva, por los referentes reales. No asumía ni como paradigmático ni como definitivo, ningún medio de lucha, pero sí se negó a la política de ofrecer la mejilla izquierda a quien le habla golpeado la derecha: “Opino que nada ganaréis con predicar la renuncia absoluta a golpear. No lo creerá nadie y no hay hombre, no hay ningún partido en cualquier país (,) como para renunciar al derecho de resistir a la ilegalidad con las armas en la mano».

Es mi criterio que, en esta esfera, para analizar a Engels hay que hacerlo en dos planos. El primero lleva inherente el segundo, pero este existe siempre que sirva al primero. Constatamos que Engels puede ser estudiado como líder político, como orientador teórico y, al mismo tiempo, como cientista político. Como dirigente responde a los intereses estratégicos de los trabajadores; ejerce el arte de la correcta toma de decisiones y del tratamiento inteligente del conflicto más allá de sus momentos álgidos, como también en las complejidades de la negociación y del pacto; además participa en la creación de un instrumento mediador entre la clase y la teoría por la universalización política del proletariado.

Como cientista político Engels trabajó la política en el nivel relativamente independiente y avanzó implícitamente hacia su papel supraestructural decisorio; estableció las vinculaciones entre la sociedad y el Estado y entre los grupos políticos y los metagrupos; conoció las diferencias de orden diverso, que con varias dimensiones ejercían influencia en la formación y toma de decisiones en las alianzas y en los antagonismos, conoció el término de autoridad y lo vinculó a la organización; desmitificar tanto el principio de autoridad como el de autonomía: consideró necesaria la transformación de las funciones de los empleados estatales de políticas en administrativas, aunque condicionándolas a la existencia de otro tipo de sociedad: explicitó las reglas de la insurrección y enunció las de la guerra; y finalmente, esclareció la interacción entre la política y las políticas puntuales.

En la construcción de la ciencia política actual y de sus aperturas, considero que la teoría marxista tiene mucho que aportar, especialmente en la esfera abordada de modo escaso por Occidente: el tercer mundo, los lacro sujetos sociales, los conflictos globales y otros. La relectura de la obra de Engels, con una visión a partir de hoy, ocupa un lugar necesario en ese desarrollo.

La ciencia le sirvió como base para la orientación artística y sus técnicas, Pero ambas se subordinaron a su identificación ideológica con el macrogrupo social, del cual no procedía; pero que consideró el único emancipador de la sociedad y por el cual luchó hasta su muerte. Para Engels, son también válidas las palabras que dijera sobre Marx, ante su tumba, era, por encima de todo, un revolucionario. Ha sido olvidado por muchos, reducido a los límites del siglo XIX –tiempo muy reducido para juzgar su estatura– e ignorado en un campo en el que los marxistas han contribuido poco; no obstante considero que, aun sin el pretenso distanciamiento de los cientistas políticos, Engels contribuyó a la constitución de la indispensable nueva ciencia política que exigen las recientemente inauguradas situaciones del tercer milenio.