1

La CIA y György Lukács




Compartir en facebook
Compartir en twitter

La CIA y György Lukács

Antonino Infranca[1]

 Traducción de Javier Sainz.

Los informes de la agencia norteamericana sobre las actividades del marxista húngaro.[2]

 La cuestión más polémica para quienes, en diferentes grados, se interesan por Lukács es, sin duda alguna, posicionarse en relación al supuesto carácter estalinista de su pensamiento. Confieso que escribo «supuesto» porque, desde el principio, no estoy absolutamente convencido de la existencia de un carácter estalinista en el pensamiento de Lukács. No niego que haya tenido alguna relación con el estalinismo, habiendo vivido de 1933 a 1945 en la Unión Soviética y de 1945 a 1971 en Hungría.

Sin embargo, no cabe duda de que fue víctima del estalinismo: fue arrestado en 1941 por la policía estalinista y salvado del Gulag por intervención de Dimitrov –jefe de la Internacional Comunista; fue expulsado de la Universidad de Budapest, en 1949; fue deportado a Rumania por haber participado en la Revolución Húngara de 1956 como ministro del gobierno de Imre Nagy; fue expulsado del Partido Comunista Húngaro de 1929 a 1945 y después de 1949 a 1967.

Quizás estos datos no convencerán a quien argumenta que, en el fondo, las víctimas del estalinismo eran sobre todo comunistas, pero no se puede negar que Lukács, en la condición de perseguido o excluido –como ya he mencionado– era un comunista antiestalinista. Es difícil pensar que una víctima se adhiera al sistema que lo persiguió, a menos que se quiera inventar alguna forma de masoquismo patológico del que, por cierto, no hay pruebas. De hecho, Lukács en todo momento asumió posiciones y tesis que eran distantes u hostiles al estalinismo.

Mi intención, en este breve artículo, es verificar lo que pensaban de Lukács sus verdaderos adversarios. No me refiero a los irreductibles anticomunistas como François Fejtö o Károly Kerényi, quienes han llevado adelante tesis insostenibles y sustancialmente ridículas. No me refiero siquiera a los perros guardianes del estalinismo, alemanes orientales, o rusos, o húngaros que, con sus condenas, han confirmado el carácter antiestalinista del pensamiento de Lukács.

Por el contrario, hago referencia a la Central Intelligence Agency –mejor conocida como la CIA–; es decir, el sistema de espionaje estadounidense, que vigilaba los movimientos del estalinismo. Un intelectual famoso como Lukács no escapó de la atención de la CIA. Especialmente, aquella agencia se interesó por sus posiciones políticas en relación con el régimen de Kádár, siguiendo sus pasos, por tanto, sobre todo después de 1956, probablemente para comprender las dinámicas culturales de la Hungría comunista y para discernir hasta qué punto el régimen kadariano era capaz de controlar estas dinámicas.

El primer documento de la CIA que menciona a Lukács data de 1959, del autor Paul Landy, escritor que huyó de Hungría por la represión tras la derrota de la Revolución de 1956.[3] Son tres páginas de una colección de documentos titulada «The Creative Artist in a Communist Society». El documento referente a Lukács tiene el título significativo «György Lukács: Hungary’s heretical Marxist». Allí, Lukács era presentado como un «marxista herético», cuyo «pensamiento se aleja mucho de la posición ideológica del partido».[4]Landy reconoce la fama internacional de Lukács y advierte que, recientemente (1959), el partido volvió a atacarlo, porque «se negó a renunciar a sus ideas «revisionistas» sobre los derechos de los individuos en un Estado marxista».[5]

Para el partido fue inaceptable la concepción lukacsiana, según la cual «la tarea de la ciencia marxista es considerar objetivamente las obras literarias». Landy considera esta postura incompatible con la condena de Pasternak y otros escritores. Lukács fue blanco de «ataques violentos, por haber rechazado el control del Partido sobre la literatura»,[6] argumentando que el propio Lenin no tenía, de ninguna manera, esa actitud censora. Lukács también fue acusado de «haber hecho falsas declaraciones sobre la rebelión antisoviética húngara de 1956 y de haber apoyado diversos puntos de vista sobre el marxismo, las cuales no correspond[ían] con la interpretación del partido».[7]

Landy comenta que el ataque a Lukács fue «una lección a los intelectuales que creen que cierto grado de libertad de pensamiento es autorizado en países gobernados por el comunismo».[8] Este comentario nos confirma que Lukács, gracias a su prestigio, pudo mantener una posición «herética», y que ésta era considerada peligrosa por el partido, pues podría servir de modelo para otros intelectuales. Hay que recordar que un pequeño grupo de jóvenes intelectuales se reunieron en torno a Lukács, algunos de los cuales formaron la llamada «Escuela de Budapest», y otros alumnos que, al desentenderse de las presiones del régimen kadariano, acabaron convirtiéndose en los intelectuales más críticos dentro de todo el sistema comunista –Zoltai, Hermann, Almasi. Landy, ante esto, advierte que, a pesar de «la serie de ataques particularmente virulentos, Lukács siempre fue admirado y respetado por los intelectuales de todo el bloque comunista».[9]

En el informe, Landy hace hincapié en que la posición de Lukács siempre fue ajena a las líneas ortodoxas del Partido, incluso cuando vivió en la Unión Soviética. La participación activa de Lukács en el período prerrevolucionario húngaro de 1956 y la definición de «revolución» dada por Lukács a los acontecimientos de 1956 en Hungría, particularmente irritaron al Partido. Además, Lukács rechazó la tesis oficial de que los acontecimientos de 1956 hubieran sido una contrarrevolución fascista e imperialista. El régimen no perdonó a Lukács el argumentar, cuando fue uno de los puntos de referencia del Círculo Petöfi –una asociación de jóvenes reformistas–, que «la juventud revolucionaria podría eliminar todos los restos estalinistas. El fortalecimiento de las libertades democráticas y la autonomía eran las bases para determinar el camino húngaro hacia el socialismo».[10] El futuro para Lukács no sería favorable, a menos que se adhiriera a las directrices del Partido.

Un segundo informe de la CIA sobre Lukács, del 13 de mayo de 1968, titulado «Lukács ataca de nuevo», se denomina «confidencial».[11] El informe destaca la toma de posición de Lukács, expresada públicamente en un artículo en la revista Kortars, en contra de «dogmas ligeramente mejorados y modernizados y también la adopción unilateral de las más estúpidas locuras occidentales». El informe recuerda la posición siempre herética de Lukács en relación a las directivas del Partido, su participación en el gobierno Nagy de 1956 y su reciente readmisión en el Partido, ocurrida en 1967, pero que de ninguna manera implica «la aprobación de sus teorías por parte del Partido».

El artículo en Kortars no es novedad, pues «Lukács publicó recientemente numerosos artículos en revistas extranjeras, atacando a su vez, a los estalinistas intransigentes y el abandono de los principios marxistas». El informe concluye que todos los ataques a Lukács sólo aumentaron su popularidad y desacreditaron al partido. Esto confirma que Lukács era capaz de interpretar y, por tanto, representar a la opinión pública húngara, sustancialmente contraria al régimen neoestalinista de Kádár.

El tercer informe aparece el 10 de enero de 1970, se clasifica como «Top Secret» y tiene el título genérico «Hungría-Yugoslavia-URSS». La fecha es de unos meses antes de la muerte de Lukács, 4 de junio de 1971.[12] Se refiere a una entrevista de Lukács al periódico yugoslavo Borba, donde Lukács «explica enfáticamente la necesidad de una renovación marxista para evitar una crisis en el mundo socialista». «Lukács reprochó vehementemente al liderazgo soviético por no formar más alianza con los socialistas europeos y calificó las teorías de Stalin de sus predecesores como «maniobras tácticas que son ampliamente irrelevantes». Las declaraciones de Lukács eran típicas de su posición política en ese momento. Bastante insólita es la afirmación de que las críticas a Stalin se referían también a sus predecesores ¿También se refería a Lenin? Ciertamente no, porque sería un caso único, que no ha sido observado por ningún erudito de Lukács, ni siquiera fue un argumento repetido por el filósofo húngaro. Por lo tanto, se puede considerar una afirmación digna de mayores aclaraciones, quizás el propio informante quizo plantar ésta indeterminación para instigar alguna sospecha sobre Lukács, como crítico radical del leninismo.

Sin embargo, lo más importante es el aprecio expresado hacia Tito y el régimen yugoslavo, considerado «como la mayor contribución a la renovación del marxismo». Esta declaración de Lukács fue probablemente una concesión al entrevistador yugoslavo, porque el término «mayor» puede ser impugnado a la luz de las declaraciones de la época. Lukács reconocía la importancia de la novedad del régimen “titoísta”, pero sin querer convertirlo en un modelo. De hecho, en el cierre del documento, el informante anónimo argumenta que, pocos días antes de la entrevista, las afirmaciones expresadas por el régimen soviético “para el centenario de Lenin habían levantado críticas implícitas al sistema yugoslavo». Así, los redactores del periódico Borba habían aprovechado la oportunidad para entrevistar a Lukács y dar nuevamente más relevancia al socialismo yugoslavo.

El informante, después de haber resumido los hechos, concluye con su análisis, argumentando que Lukács, por primera vez, vinculaba sus críticas a Stalin con la actual política soviética. De hecho, Lukács nunca había ahorrado críticas al neoestalinismo de Brezhnev en el poder en 1970. Según el informante, «las declaraciones de Lukács complicarán la posición del líder del partido húngaro Kádár, que intenta introducir medidas más liberales en los límites impuestos por el conservadurismo soviético».

El cuarto informe, fechado el 10 de enero de 1970 y calificado como «Secreto», se titula «URSS-Yugoslavia-Hungría» y se apoya en el informe anterior. Fue asignado al Presidente Richard Nixon en «The President’s Daily Brief».[13] En el texto para el Presidente de los Estados Unidos se indica que Lukács «culpó a los soviéticos por persistentes distorsiones del marxismo e hizo un llamado a la «renovación del marxismo»en todos los países socialistas». El informe refuerza el valor crítico de la entrevista con el filósofo húngaro, relatando una comparación propuesta por Lukács: «Los trabajadores franceses e italianos no querrían vivir en el sistema no democrático de los soviéticos».

Es evidente la intención de subrayar la crítica, no tanto al sistema económico soviético, sino al sistema político, inaceptable para los trabajadores occidentales, acostumbrados a la confrontación democrática con las instituciones estatales. Contrario al inaceptable sistema soviético, «Lukács elogió el sistema de autogestión de Tito, como contribución al resurgimiento de las ideas fundamentales de una democracia obrera». El informe concluye con la observación de que el régimen de Kádár también pudo haber ignorarado las críticas de Lukács, pero que éstas no pasaron desapercibidas por los soviéticos, quienes pedirán explicaciones a su aliado húngaro.

En el informe se teme que «los responsables yugoslavos estarán igualmente preocupados por la entrevista; aunque no están en desacuerdo con Lukács, no quieren, sin embargo, que la prudente liberalización de Hungría se vea comprometida por el fortalecimiento de los controles soviéticos». En definitiva, Lukács parece ser capaz de perturbar a todos y a los tres regímenes socialistas con sus entrevistas y posiciones integrales que, según la CIA, renuevan su fuerte carácter antiestalinista.

*Antonino Infranca es doctor en filosofía por la Academia Húngara de Ciencias. Autor, entre otros libros, de Trabajo, individuo, historia – el concepto de trabajo en Lukács (Boitempo).

[1] Doctor en filosofía por la Academia Húngara de Ciencias. Autor, entre otros libros, de Trabajo, individuo, historia. el concepto de trabajo en Lukács.

[2] N. del T. Publicado por primera vez en la revista A terra é redonda eppur si mouve: https://aterraeredonda.com.br/a-cia-e-gyorgy-lukacs/?fbclid=IwAR2_3VU-DOA7mi-T-bJ9QKVe5FEtCFlEbVpswwLVWGJBS3eBoLUNQqbXWj0.

[3] https://www.cia.gov/library/readingroom/document/cia-rdp81-01043r003400130004-2

[4] Ibid. p. 1.

[5] Loc. cit.

[6] Ibid. p. 2.

[7] Loc. cit.

[8] Loc. cit.

[9] Ibid. p. 3.

[10] Ibid. p. 2

[11] N. de. T. el link que se cita es el siguiente, no obstante este ya no está disponible: https://www.cia.gov/library/readingroom/document/cia-rdp79b00864a000800010039-1

[12] N. de. T. el link que se cita es el siguiente, no obstante este ya no está disponible: https://www.cia.gov/library/readingroom/document/0005977238 

[13] https://www.cia.gov/library/readingroom/document/cia-rdp79t00975a015300100002-9




Patricio Lumumba (1925-1961)




Compartir en facebook
Compartir en twitter

Patricio Lumumba (1925-1961).

Sean Jacobs[1]

“África escribirá su propia historia y tanto en el norte como en el sur será una historia de gloria y dignidad” (Lumumba, 1960)

Patricio Lumumba fue primer ministro, durante sólo siete meses, de un Congo recién independizado, entre 1960 y 1961, antes de ser asesinado, el 17 de enero de 1961. Tenía treinta y seis años.

Sin embargo, la corta vida política de Lumumba –como la de figuras como Thomas Sankara y Steve Biko, que tuvieron vidas igualmente cortas– sigue siendo una piedra de toque para los debates sobre lo que es políticamente posible en el África postcolonial, el papel de los líderes carismáticos y el destino de la política progresista en otros lugares.

Los detalles de la biografía de Lumumba se han memorizado, cortado y pegado sin cesar: ex trabajador postal en el Congo Belga, se convirtió en político después de unirse a una rama local de un partido liberal belga. A su regreso de un viaje de estudios a Bélgica organizado por el partido, las autoridades tomaron nota de su creciente participación política y lo arrestaron por malversación de fondos de la oficina de correos. Cumplió doce meses de prisión.

El historiador congoleño Georges Nzongola-Ntalaja –que estaba en la escuela secundaria durante el ascenso y el asesinato de Lumumba– señala que los cargos fueron inventados. Su principal efecto fue radicalizarlo contra el racismo belga, aunque no contra el colonialismo. Cuando fue liberado en 1957, Lumumba, que ya era vendedor de cerveza, fue más explícito sobre la autonomía congoleña y ayudó a fundar el Movimiento Nacional Congoles, el primer grupo político congoleño que renegó explícitamente del paternalismo y el tribalismo belga, pidió sin reservas la independencia y exigió que las vastas riquezas minerales del Congo (explotadas por empresas multinacionales belgas y euroamericanas) beneficiaran primero a los congoleños.

Para la opinión pública belga –que se burlaba de las diferencias étnicas congoleñas, infantilizaba a los africanos y a finales de los años 50 todavía tenía un plan de treinta años para la independencia del Congo– los pronunciamientos de Lumumba y del Movimiento Nacional Congoles fueron una sorpresa.

Dos meses después de su liberación de la prisión, en diciembre de 1958, Lumumba se encontraba en Ghana, por invitación del Presidente Kwame Nkrumah que había organizado la seminal Conferencia de los Pueblos de toda África. Allí, mientras otros nacionalistas africanos que presionaban por la independencia política le escuchaban, Lumumba declaró:

“Los vientos de libertad que actualmente soplan en toda África no han dejado indiferente al pueblo congoleño. La conciencia política, que hasta hace muy poco estaba latente, se está manifestando y asumiendo una expresión exterior, y se afirmará aún con más fuerza en los próximos meses. De este modo, estamos seguros del apoyo de las masas y del éxito de los esfuerzos que estamos realizando.”

Los belgas concedieron a regañadientes la independencia política a los congoleños y dos años más tarde, tras una victoria decisiva del Movimiento Nacional Congoles en las primeras elecciones democráticas, Lumumba se encontró elegido como primer ministro y con derecho a formar gobierno. Un líder más moderado, Joseph Kasavubu, ocupó el cargo, en su mayor parte ceremonial, de presidente congoleño.

El 30 de junio de 1960, día de la independencia, Lumumba pronunció lo que ahora se considera un discurso intemporal. El rey belga, Boudewijn, abrió el procedimiento alabando el régimen asesino de su tatarabuelo Leopold (ocho millones de congoleños murieron durante su reinado de 1885 a 1908), como benevolente, destacó los supuestos beneficios del colonialismo y advirtió a los congoleños: “No comprometan el futuro con reformas precipitadas”. Kasavubu, como era de esperar, agradeció al rey.

Luego Lumumba, sin encontrarse programado, subió al podio. Lo que sucedió después se ha convertido en una de las declaraciones más reconocibles de desafío anticolonial y un programa político postcolonial. Como el escritor y crítico literario belga Joris Note señaló más tarde, el texto original francés no tenía más de 1.167 palabras. Pero cubría mucho terreno.

La primera mitad del discurso trazó un arco desde el pasado hasta el futuro: la opresión que los congoleños tuvieron que soportar juntos, el fin del sufrimiento y el colonialismo. La segunda mitad trazó una visión amplia y llamó a los congoleños a unirse en la tarea que tenían por delante.

Lo más importante era que los recursos naturales del Congo beneficiarían primero a su pueblo: “Veremos que las tierras de nuestro país natal beneficien realmente a sus hijos”, dijo Lumumba, y añadió que el reto era “crear una economía nacional y asegurar nuestra independencia económica”. Los derechos políticos serían reconcebidos: “Revisaremos todas las viejas leyes y las convertiremos en nuevas leyes que serán justas y nobles”.

Los congresistas congoleños y los que escuchaban por radio estallaron en aplausos. Pero el discurso no le sentó bien a los antiguos colonizadores, a los periodistas occidentales, ni a los intereses mineros de las multinacionales, a las élites compradoras locales (sobre todo a Kasavubu y a los elementos separatistas del este del país), al gobierno de Estados Unidos (que rechazó las súplicas de ayuda de Lumumba contra los belgas reaccionarios y los secesionistas, obligándolo a recurrir a la Unión Soviética), e incluso a las Naciones Unidas.

Estos intereses encontraron un cómplice dispuesto en el camarada de Lumumba: el ex periodista y ahora jefe del ejército Joseph Mobutu. Juntos trabajaron para fomentar la rebelión en el ejército, avivar los disturbios, explotar los ataques a los blancos, crear una crisis económica y finalmente secuestrar y ejecutar a Lumumba.

La CIA intentó envenenarlo, pero finalmente se decidió por políticos locales (y asesinos belgas) para hacer el trabajo. Fue capturado por el ejército amotinado de Mobutu y llevado a la provincia secesionista de Katanga, donde fue torturado, disparado y asesinado.

Tras su asesinato, algunos de los camaradas de Lumumba, en particular Pierre Mulele, ministro de educación, controlaron parte del país y siguieron luchando con valentía, pero finalmente fueron aplastados por mercenarios estadounidenses y sudafricanos. (En un momento dado, el Che Guevara viajó al Congo en una fallida misión militar para ayudar al ejército de Mulele).

Esto dejó a Mobutu, bajo el disfraz de anticomunismo, para declarar un estado unipartidista, represivo y cleptómano, y gobernar, con el consentimiento de los Estados Unidos y los gobiernos occidentales, durante los siguientes treinta años.

En febrero de 2002, el gobierno de Bélgica expresó “su profundo y sincero pesar y sus disculpas” por el asesinato de Lumumba, reconociendo que “algunos miembros del gobierno, y algunos actores belgas de la época, tienen una parte irrefutable de responsabilidad en los hechos”.

Una comisión gubernamental también escuchó el testimonio de que “el asesinato no podría haberse llevado a cabo sin la complicidad de oficiales belgas apoyados por la CIA, y concluyó que Bélgica tenía una responsabilidad moral por el asesinato”.

Lumumba tiene hoy una tremenda fuerza semiótica: es un avatar de los medios sociales, un meme de Twitter, y una fuente de citas inspiradoras –un héroe perfecto (como Biko), sin ser contaminado por ninguna política real. Incluso está libre del tipo de críticas reservadas a figuras como Fidel Castro o Thomas Sankara, que se enfrentaron a algunas de las contradicciones inherentes a sus propios regímenes a través de medios antidemocráticos.

Como tal, Lumumba divide los debates sobre estrategia política: a menudo se le ridiculiza como un líder meramente carismático, un buen orador con muy poca visión estratégica.

Por ejemplo, el famoso escritor de ficción histórica belga David van Reybrouck en su An Epic History of a People, Lumumba aparece caracterizado como un pobre táctico, sin carácter estatal, y más interesado en la rebelión y la adulación que en el gobierno. Se le acusa de no dar prioridad a los intereses occidentales.

La denuncia de Lumumba del rey belga en junio de 1960, por ejemplo, sólo sirvió para envalentonar a sus enemigos, argumenta Van Reybrouck. Lumumba también es criticado por sus críticos occidentales por recurrir a la Unión Soviética después de que los Estados Unidos lo hayan rechazado.

Pero como ha argumentado el escritor Adam Shatz: “No está claro cómo… en sus dos meses y medio de mandato, Lumumba podría haber lidiado de manera diferente con una invasión belga, dos levantamientos secesionistas y una campaña americana encubierta para desestabilizar su gobierno”.

Más poderoso quizás es cómo Lumumba opera sin problemas como una figura de desafío. A medida que la decepción con los movimientos de liberación nacional en África (en particular, Argelia, Angola, Zimbabwe, Mozambique y, más recientemente, el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica) se instala, y nuevos movimientos sociales (#OccupyNigeria, #WalktoWork en Uganda, el más radical #FeesMustFall y las luchas por la tierra, la vivienda y la atención de la salud en Sudáfrica) comienzan a tomar forma, las referencias y las imágenes de Patrice Lumumba sirven como un llamado a las armas.

En el Congo, país natal de los Lumumba, los ciudadanos de a pie luchan actualmente contra los intentos del presidente Joseph Kabila de burlar la constitución (sus dos mandatos terminaron en diciembre, pero se negó a dimitir). Cientos de personas han sido asesinadas por la policía y miles han sido arrestadas. Kabila, que heredó la presidencia de su padre, que derrocó a Mobutu, aprovecha la debilidad de la oposición, especialmente el poder de la etnia (a través de la política de patronazgo) para dividir políticamente a los congoleños. En esto, Kabila se limita a emular a los colonos belgas y a Mobutu.

Aquí el legado de Lumumba puede ser útil. El Movimiento Nacional Congoles de Lumumba era el único partido que ofrecía una visión nacional –en lugar de étnica– y un medio para organizar a los congoleños en torno a un ideal progresista. Tal movimiento y tales políticos son escasos en el Congo en estos días.

Pero la historia de Lumumba ofrece no sólo una invitación a revisar el potencial político de los movimientos y corrientes del pasado, sino también oportunidades para abstenerse de proyectarse demasiado en líderes como Lumumba que tenían una vida política complicada y que no llegaron a enfrentarse al desorden del gobierno poscolonial. También significa tratar a los líderes políticos trágicos como seres humanos. Tomar en serio el consejo del politólogo Adolph Reed Jr. sobre Malcolm X:

“Era como el resto de nosotros –una persona normal– cargada con conocimientos imperfectos, fragilidades humanas e imperativos conflictivos, pero sin embargo tratando de dar sentido a su historia muy específica, tratando sin éxito de trascenderla, y luchando para empujarla en una dirección humana”.

Es quizás entonces cuando podemos empezar a hacer realidad el deseo crítico de Patricio Lumumba, quizás como auto-reflexión, que escribió en una carta desde la prisión a su esposa en 1960:

“Llegará el día en que la historia hable. Pero no será la historia la que se enseñe en Bruselas, París, Washington o las Naciones Unidas. Será la historia que se enseñará en los países que se han liberado del colonialismo y sus títeres. África escribirá su propia historia y tanto en el norte como en el sur será una historia de gloria y dignidad”.

[1] Tomado de https://africasacountry.com/2017/01/patrice-lumumba-1925-1961