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La Comuna libertaria-poliamorosa-neozapatista de la Universidad. (Un ensayo narrativo)



La Comuna libertaria-poliamorosa-neozapatista de la Universidad. (Un ensayo narrativo)

Carlos Contreras

En la Facultad de Filosofía de la universidad, pero también en la de psicología, existe un colectivo que se hace llamar Los Miserables de la Libertad, son anarquistas, ecologistas, animalistas, indigenistas, feministas, apoyan la deconstrucción del género, pero sobre todo se oponen a todo gobierno sin importar ideologías. Para ellos el único camino es la destrucción del Estado y la creación de comunas libertarias, como la que ellos tienen.

Cerca de la universidad hay muchos terrenos en renta y en venta, y ellos para poder resistir al sistema decidieron rentar uno, y se fueron a vivir todos allí. Viven en una especie de campamentos en donde todo es de todos, y todos se deben esforzar por mantener a la comuna funcionando. Para subsistir se dedican a vender pulseras, manualidades, pero también a sembrar lo que puedan, como maíz y frijol. Por supuesto que tienen contacto con otros colectivos, y eso también les ha ayudado. Para ellos la solidaridad es lo importante. No obstante que han cometido muchos errores como expondremos a continuación. 

Su líder se hace llamar El Chato. Es un señor de 35 años, estudia psicología desde hace 17 años, y todavía no se puede titular. Él asegura que es un luchador social de tiempo completo, y que no pierde el tiempo en pequeñeces, a pesar de que muchos de los que entraron en su generación ya hasta le dieron clases. Si bien aseguran no necesitar de líderes pues son anarquistas, él ejerce su autoridad sobre los miembros del colectivo, de hecho, le encanta adoctrinar a los nuevos miembros, sobre todo a las mujeres jóvenes de recién ingreso a las licenciaturas.

Otro miembro destacado de su colectivo es el Taco, quien estudia antropología, y vive en sus fantasías revolucionarias. Piensa que la revolución está al borde de la esquina, que cada protesta y disturbio es prueba de la revolución que se acerca, y que sin duda la victoria será anarquista, a pesar de que no tiene pruebas de nada de lo que cree. Considera que Michel Foucault es el máximo intelectual revolucionario, y que por eso ya nadie necesita a Marx. Una vez le dijo eso a unos sujetos que se la pasan discutiendo sobre Marx, Hegel y la URSS, éstos sólo se carcajearon de él; hasta la fecha sigue sin comprender por qué.

En todos los 2 de octubre asisten a la marcha que conmemora la tragedia de ese día. Rompen cristales de los bancos, también de cadenas estadunidenses de comida rápida, así como de oficinas del gobierno, asaltan tiendas de comestibles de gran renombre para así destruir al capital, y lo hacen saqueando las botanas y los licores para luego consumirlos en una fiesta. En alguna ocasión arrestaron a dos de sus miembros tras finalizar una de las marchas y ellos en solidaridad comenzaron a cooperarse y a pedir cooperación al resto de los compañeros para así obtener la liberación de los compañeros injustamente encarcelados. Al final los padres de los encarcelados tuvieron que pagar para que los soltaran, pero ellos se colgaron la liberación, y los dos encarcelados son héroes de su comuna ahora.

Una de las formas en las que obtienen fondos es con la venta de café orgánico, el cual venden con vasos que hacen alusión a su lucha, pero sobre todo con vasos que tienen la imagen del EZLN y/o del subcomandante Marcos. Ellos aseguran que al comprar un café la gente demuestra su compromiso revolucionario, y que la revolución cada vez está más cerca. No se ponen a pensar que lo que hacen es fomentar el consumismo, pues en vez de luchar hacen que la gente se vuelva pasiva, pues ésta piensa que cumplen con comprar un café supuestamente revolucionario. Su dichoso café es un fetiche que hace que las personas continúen su día a día dejando al sistema intacto.

En alguna ocasión, para generar más fondos que ayudasen a su comuna decidieron organizar un torneo de futbol en la universidad. No obstante que el torneo estaba amañado, pues lo que querían era quedarse con el dinero de los premios, y para lograrlo inscribieron a varios equipos que estaban llenos de aliados suyos. Sin embargo, un equipo rival los hizo pedazos a todos hasta llegar a la final. Ya en ésta su propio equipo estaba perdiendo contra el rival mencionado, y no soportaron la idea de perder el premio mayor, y comenzaron una gresca muy dura en la que incluso intervino la policía. El torneo se suspendió, no hubo ganador, y desde entonces muchos estudiantes se quedaron con la idea de que son unos pésimos perdedores.

Durante los acontecimientos de Ayotzinapa acudieron a todas las protestas, e incluso intentaron liderar a sus compañeros en la Universidad, pero éstos por lo general prefirieron ignorarlos, con lo cual ellos se sintieron ofendidos pero al mismo tiempo como los auténticos revolucionarios, a pesar de que sólo lograban pelear con los granaderos sin conseguir algo. Un día fingieron llevar a un compañero de Ayotzinapa que dio un discurso tedioso y sinsentido, interrumpiendo a otro compañero que tenía la palabra en el mitin, generando con ello que el compañero interrumpido no quisiera saber más de ellos.

En la Universidad los anarquistas son más numerosos en Psicología que en Filosofía, y eso hizo que como protesta por lo de Ayotzinapa, en Psicología se cerrara la Facultad y pretendieron que la asamblea de Filosofía hiciera lo mismo, pero eso no sucedió. Entonces durante el día por Ayotzinapa los anarquistas encapuchados tomaron las instalaciones de la Facultad de Filosofía desde las siete de la mañana impidiendo las clases. Hubo reclamaciones pues en el documento pactado por la asamblea y los profesores nada decía del cierre y cese completo de actividades, y tanto alumnos como profesores protestaron. Fue hasta que el director de la Facultad les dijo que ellos ni eran estudiantes ahí –lo cual era cierto– que el resto de la Facultad hizo mucha presión y sólo así se fueron.

Por lo general siempre se quejan de la falta de solidaridad de los compañeros, y de que ellos sólo quieren lo mejor para todos. Sin embargo, ellos tampoco se fijan que muchas veces han sido autoritarios, y que eso ha molestado a sus compañeros más de una vez. Ellos creen que sólo las autoridades o el gobierno son autoritarios y no ellos por el simple hecho de ser anarquistas, pero eso simplemente es risible. Ven lo que quieren ver y no lo que les incomoda.

En alguna ocasión se abrió la convocatoria para que los estudiantes compitieran por la presidencia y el control de la Federación de Estudiantes de la Universidad. Evidentemente los anarquistas no iban a desaprovechar la oportunidad, y postularon a uno de sus miembros, el Fer, para gestionar a la Federacion y así ayudar a la universidad y a los compas que más lo necesiten. Compitieron diversas organizaciones estudiantiles, entre ellos sus rivales del Partido Comunista Mexicano, con quienes han tenido choques antes. A ambos les fue terrible en dichas elecciones, fueron de los últimos. Por los anarquistas sólo votaron sus amigos, pero de todos modos acusaron a la rectoría y al gobierno del Estado de amaño en dichas elecciones, lo cual tampoco es falso del todo.

Alguien que simpatizó con ellos desde el inicio fue una chava llamada Luisa, quien desde el inicio se identificó con el libertarismo y el autonomismo que defendían. Por supuesto ni tardo ni perezoso el Chato se acercó a ella para felicitarla por ser tan luchadora, tan libertaria, tan solidaria y sobre todo tan soñadora como él. Por supuesto que se enamoraron de inmediato, no podía ser de otra manera. Aunque cabe aclarar que debido a que practican el poliamor ambos tienen a otros compañeros de ocasión, en el caso de ella a otras mujeres pues quiere practicar con toda su libertad sexual, y en el caso de él otras mujeres también, lo cual a Luisa le ha molestado aunque no quiera reconocerlo.

En alguna ocasión la Universidad entró en crisis, lo que no es novedad, y ellos decidieron que ése era el momento de llevar la rebelión al siguiente nivel, y decidieron tomar por asalto la Torre de Rectoría. Un alumno se lo reportó al director de la Facultad de Filosofía y éste de inmediato buscó a los anarquistas para advertirles que no sólo ponían en peligro a la Universidad sino a ellos mismos. Ellos le respondieron que no les interesaba y que para ellos sólo el anarquismo valía. Al final sólo tomaron simbólicamente la torre de rectoría.

Ilich Guevara[1] ha querido fomentar lazos con ellos, e incluso ha querido asesorarlos, pues piensa que tienen mucho potencial, pero que no saben explotarlo; sin embargo, los anarquistas no quieren su ayuda, y consideran que sólo es un tipo necio y sabelotodo que sólo se quiere colgar de ellos. Aquí se forja una ironía, pues Ilich Guevara todavía se siente joven, pero estos jóvenes anarquistas desconfían de él debido a su mayoría de edad, de modo que la alianza es imposible. Además, para los anarcos resulta molesto su olor a alcohol, a pesar de que ellos también beben.

Es importante señalar que varios de los anarquistas de dicha comuna vienen de familias rotas, en donde hubo ausencia de padre, y por lo mismo suelen desconfiar demasiado de las figuras de autoridad, como policías, profesores, directores, rectores, e incluso sujetos como Ilich Guevara ¡que es anarquista como ellos! Sólo confían en miembros de su propia comuna, la cual es como una familia sustituta. Eso los hace muy unidos, pero al mismo tiempo bastante sectarios, pues tienden a separarse del resto de la universidad cuando están en ésta. Invitan a compañeros de la Universidad a unírseles, pero la mayoría no acepta pues es como una secta, lo cual a los anarcos les molesta aceptarlo, pero no suena lejos de la realidad.

Si bien dicen defender el poliamor, así como toda libertad sexual, lo cierto es que se han generado problemas al interior de la comuna debido a ello. Y es que su líder el Chato aprovecha su papel de líder para salir con varias chicas al mismo tiempo, lo cual ha molestado a otros hombres que desean pareja pero que no pueden porque el Chato quiere andar con todas las muchachas. Sobra decir que las mismas mujeres han entrado en conflicto por lo mismo, pues hay celos entre ellas. Todo eso ha provocado que la armonía poco a poco se haya roto, pero nadie lo quiere aceptar, pues equivaldría a un fracaso, y eso iría contra su deseo de afirmar que se vive mejor sin Estado.

Luisa resultó embarazada de El Chato. Al principio, los dos se pusieron felices. Ella pensó que educarían a su hijo en el libertarismo anarquista, que sería todo amor, pero nada de eso ocurrió. El Chato nunca se hizo responsable del niño, simplemente no quiere dejar de lado su vida en resistencia, ni saber nada de obligaciones. Evidentemente eso enfureció a Luisa y abandonó la comuna. Ahora depende por completo de las becas del gobierno para la subsistencia de su hijo, pero sigue siendo anarquista.

Desde que comenzó el gobierno de la 4T, El Chato y el resto de los anarquistas han abrazado los comunicados del EZLN, así como su postura de completo rechazo al gobierno de AMLO. No obstante que al igual que los chiapanecos, poco o nada han podido lograr. Probablemente uno de sus mayores logros fue cuando impidieron la consulta por la termoeléctrica en Morelos en Buena Vista; incendiaron las casillas y golpearon a los funcionarios de éstas, al puro estilo del PRI y sus bases; la policía los arrestó y ellos de inmediato acusaron a la 4T de represora; sus compas afirmaron que eran mártires políticos, pero los soltaron a la hora y hasta se tomaron una foto celebrando su salida.

Una foto de ellos tras su salida de prisión se hizo tendencia en redes sociales, y los comentarios de la gente hicieron mofas de ellos, como ya son muy viejos para ser estudiantes, actúan como porros, eso solo lo hace la derecha, etc. La realidad es que su sectarismo les impide darse cuenta del rechazo que generan sus acciones. Sin embargo eso les ayuda a victimizarse, a forjar una identidad todavía más sectaria, y con ello defienden su praxis, aunque los guie a la nada, es un círculo vicioso pues.

Con la moda del #me too, así como con la explosión del feminismo radical, ellos decidieron unirse a dicho movimiento, no sólo con el fin de apoyar a las compañeras, sino de colgarse de éste para llevar a más chicas a su comuna. No obstante, las cosas no salieron bien del todo, pues desde el inicio hubo feministas que se quejaron de que entre ellos había varios acosadores, para empezar El Chato (con un hijo de por medio), así como el Taco. Los dos fueron reportados y sus fotos y nombres colgados en una manta de la Universidad donde las feministas anotan a todos los acosadores.

Luego, Luisa publicó en una ocasión en su Facebook que les pedía a las chicas no ser tan ingenuas, pues los compañeros anarquistas no apoyan a las mujeres cuando las dejan con hijos. Abajo le puso otra mujer que eso era cierto, y que los hombres anarquistas solían ser ridículos, pues no pueden ni hacerse responsables de sus familias ya mero iban a defender una comuna o un territorio libre.

La tragedia los alcanzó, y tuvieron que cerrar la comuna que tenían. El problema es que dependían de lo que producían tanto como de lo que obtenían por la venta y cooperación de sus miembros, y muchas veces ese dinero se lo gastaban en parrandas, en fiestas, y no pocas veces El Chato usaba el dinero para irse a pasear con sus novias, dejando el cochinito vacío. Eso trajo molestias entre el resto de los anarquistas, y al final decidieron irlo abandonando, hasta que no quedó nadie. 

Para muchos fue triste lo que les ocurrió, para otros es normal, pues es evidente que los anarquistas suelen ser autodestructivos la mayor parte del tiempo. Sin embargo, nada de eso los detiene, y tienen planes de sobra para continuar la lucha. Para empezar, van a seguir intentando unirse a las marchas feministas, pues las mujeres son lucha, son libertad, son democracia, pero sobre todo porque lo de Luisa ha llegado a oídos de otras anarquistas y ya no quieren saber nada de El Chato, por lo que le urge acercarse a las mujeres de otra manera.

También tienen planeado oponerse con todo a los proyectos de la 4T, pues son ecocidas y epistemicidas, sobre todo al Tren Maya, pues atenta contra la naturaleza y contra las comunidades indígenas. La realidad es que ni el Chato ni el resto de los anarquistas conoce esa región de México, y si bien algunos de ellos han estado en los campamentos del EZLN, sobre todo en la escuelita, no obstante, no han ido más allá, por lo que en realidad al atacar a dicho proyecto lo hacen más desde su discurso pro EZLN que por otra cosa.

Para cualquiera que haya apreciado su manera de operar, es claro que ésta no tiene ni pies ni cabeza. Actúan más por impulso que por el pensamiento, y cuando las cosas les salen mal, en vez de corregirlas hacen hasta lo imposible por empeorarlas. Ellos son libres de creer lo que quieran y de oponerse a quien deseen, lo que uno debe criticarles es su afán de ser algo y ser en realidad completamente lo contrario.

Bibliografía:

Contreras, C. (2022) El anarquista que odia a AMLO. El caso de Ilich Guevara. https://intervencionycoyuntura.org/el-anarquista-que-odia-a-amlo-el-caso-de-ilich-guevara-un-ensayo-narrativo/

[1] https://intervencionycoyuntura.org/el-anarquista-que-odia-a-amlo-el-caso-de-ilich-guevara-un-ensayo-narrativo/




Flores Magón y la autoridad intelectual




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Flores Magón y la autoridad intelectual

Daniel Runnels

Hace cien años, el conocido anarquista mexicano Ricardo Flores Magón se encontraba en la famosa cárcel estadounidense, Leavenworth Penitentiary. Fue arrestado esta última vez por haber publicado un manifiesto en Regeneración, el periódico en el que, desde 1900, publicó de forma discontinua numerosos artículos, manifiestos y cuentos con el objetivo de instruir a la gente a tomar conciencia de la ideología anarquista –una ideología que escondía al principio, pero que iba introduciendo lentamente hasta declararse públicamente anarquista en 1911. En este corto texto me gustaría ofrecer una reflexión a partir de una de sus obras de ficción, un cuento publicado en 1911, «El apóstol».[1]

“El apóstol” cuenta la historia de un hombre que viaja por México en los tempranos días de la Revolución. El hombre pasa por varias regiones anunciando el estallido de la Revolución e intenta convencer a la gente a unirse a la causa. Se detiene en un pueblo pequeño –un villorrio– porque “se le ha dicho” que allí “hay compañeros”. El apóstol espera ser recibido con alegría y energía revolucionaria, ya que durante sus viajes ha visto “los campos yermos” y la devastación general del proletariado, pero su mensaje no logra convertir a nadie. El narrador cuenta que después en su primer encuentro con la gente del pueblo “nadie le responde; nadie despega los labios; pero vuelven a mirarse unos a los otros, los ojos tratando de salirse de sus órbitas”. Cuando las noticias de su llegada llegan al resto del villorrio, todos le cierran las puertas menos un hombre que le avisa a la policía para cobrar los veinte reales que ofrecen por la entrega de un revolucionario. La imagen con la que nos quedamos al final del cuento es un pueblo que rechaza por completo la ruptura política anunciada por el apóstol.

Como suele pasar con los escritores de renombre, la obra literaria y propagandística de Flores Magón ha aparecido en varias películas sobre la Revolución Mexicana. En particular, la película Ora sí ¡tenemos que ganar! (1978) de Raúl Kamffer cuenta una historia basada en varios cuentos –entre ellos «El apóstol»– que se nutre de trasfondo histórico real, como la famosa Huelga de Cananea de 1906. Vemos la historia de un grupo de mineros que, tras el colapso de una sección de la mina que atrapa a varios trabajadores, entran en conflicto con el dueño de la compañía, Mr. Creel, quien se niega a emprender viajes de rescate, a gastar capital en mejorar las condiciones en la mina, y por eso los trabajadores se organizan, toman control de la tienda de la compañía y, finalmente se defienden contra el ejército quien llega para aplastar la rebelión contra la empresa norteamericana.

Es curioso pensar la última escena de esta película dada la manera en que reescribe los cuentos de Flores Magón. Cuando los mineros triunfan contra el ejército, se escuchan gritos de “¡Viva Flores Magón!”, y una vez terminada la algarabía, anuncian la llegada de nuevos soldados, lo cual hace que los mineros se preparen para otra batalla. Aunque esperan una batalla sangrienta, es el Apóstol quien llega con una banda de revolucionarios. Ahora, levantando sus banderas rojas, los mineros gritan “¡Que viva el Apóstol!”. La última imagen con la que quedamos en la película es, entonces, distinta de la del cuento de Flores Magón. Aquí los mineros aplauden a los ideólogos que dieron sustento teórico a su lucha, y los celebran como héroes.

Me interesa esta yuxtaposición de «El apóstol» y Ora sí ¡tenemos que ganar! por varias razones. No es un dato menor, por ejemplo, la relación entre las claras resonancias bíblicas del término apóstol (del griego ἀπόστολος, una persona enviada para propagar alguna doctrina) y el estatus de Flores Magón como uno de los precursores ideológicos más importantes de la Revolución Mexicana; en una biografía muy conocida, el historiador español-argentino Diego Abád de Santillán le concede a Ricardo el título de «el apóstol de la revolución social mexicana». Pero de momento quiero detenerme en una cuestión particular: la autoridad intelectual dentro del anarquismo.

La figura del intelectual en la tradición anarquista es de por sí distinta a la tradición marxista. Aquí no me refiero a lo que dice Marx en sus Tesis sobre Feuerbach (“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”), porque, igual que el marxismo, el anarquismo también hace uso de la palabra escrita como una herramienta orientada hacia el cambio material en el mundo. A lo que me refiero es lo que nos señala el conocido antropólogo David Graeber en su libro Fragmentos de una antropología anarquista, el hecho de que el marxismo toma su nombre de un intelectual específico, algo que el anarquismo no hace: “Así como el marxismo surgió de la mente de Marx, del mismo modo tenemos leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos… Consideremos ahora las diferentes escuelas del anarquismo. Hay anarcosindicalistas, anarcocomunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas… Ninguna le debe su nombre a un Gran Pensador” (14-15).

En el contexto mexicano en particular, uno puede revisar los textos disponibles en el Archivo Magón[2] para darse cuenta de que el mismo Flores Magón rechazaba, en múltiples ocasiones, la reducción del movimiento a una especie de culto a la personalidad. Flores Magón no quería que las actividades del Partido Liberal Mexicano se conocieran como “el magonismo”. Lo que tenemos en “El apóstol” da voz a esta concepción de la política que enfatiza la (en este caso falta de) voluntad del pueblo sobre la labor intelectual de interpretar el mundo y sus múltiples injusticias. Resulta curiosa, entonces, la decisión de Kamffer de terminar su versión cinematográfica con la gente alabando a las dos figuras intelectuales presentes en la historia. Ahora, claro, no es que el anarquismo rechace por completo la autoridad intelectual en todo caso sin matices. Podemos referirnos al clásico Dios y el estado del ruso Mijaíl Bakunin (aunque en general me parece menos interesante que Kropotkin y Proudhon) donde señala que la disputa anarquista no es con la autoridad como tal, sino en la imposición de ella, ya que “Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero”.[3] A lo que me refiero es más bien la tendencia anarquista a favorecer las relaciones políticas horizontales en toda esfera posible, algo que la película de Kamffer nos impulsa a pensar.

Lo que está en juego en estas dos obras es también una cuestión de ideología: ¿quién levanta la máscara ideológica? Quizás mejor dicho, ¿quién debe levantarla? O incluso, ¿hace falta levantarla? El principal enemigo del anarquismo es el Estado (tanto sus aparatos represivos como los ideológicos, como diría Althusser) pero en todo momento tiene que lidiar no solo con la cuestión de qué, sino también cómo. ¿Cómo inaugurar un cambio general en las posiciones del pueblo frente al estado y el capital? Ya sea que uno tome la posición de Marx sobre la ideología (si supieran lo que están haciendo, dejarían de hacerlo) u otra como la de Žižek (saben muy bien lo que hacen, pero actúan como si no supieran)[4], la difícil cuestión del rol del intelectual queda muy presente. No es tan diferente a la clásica disputa en el marxismo entre Lenin, quien aboga por una clase de intelectuales vanguardistas, y Luxemburg, quien prefiere los fracasos honestos de la clase trabajadora. En el cuento de Flores Magón, el Apóstol comienza el trabajo de levantar la máscara ideológica sólo para enterarse que, en ese momento por lo menos, sus esfuerzos caen sobre tierra infértil. A mí me parece que el gesto principal del cuento son dos cosas: narrar cuán difícil es introducir ideas radicales, y también abogar por una relación entre intelectuales y masas que rechace la idea de una vanguardia intelectual (otra cuestión es, por supuesto, hasta qué punto Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano lograron poner en práctica este rechazo profesado).

Esta búsqueda del anarquismo a través del esfuerzo común y horizontal es algo que Flores Magón intentaba llevar a cabo hasta sus últimos días, incluso dentro de la cárcel en Leavenworth. En su excelente artículo “University of Radicalism: Ricardo Flores Magón and Leavenworth Penitentiary” Christina Heatherton relata cómo durante su último encarcelamiento, Flores Magón participaba en grupos de estudio con una gama amplia de prisioneros, grupos que estudiaron y formaron una “universidad de radicalismo” (577) incluso dentro de una de las instituciones punitivas más notorias de los Estados Unidos. Este es el tipo de trabajo intelectual que, a mi parecer, Flores Magón quería dejar como modelo: un esfuerzo crítico basado en la verticalidad. Obviamente, puede ser que la autoridad intelectual sea un precio que a veces el anarquismo tiene que pagar, pero para Flores Magón debe ser siempre consciente de sí y aspirando a su propia desjerarquización. Es, en parte, por este énfasis en la desjerarquización que el trabajo de Flores Magón sigue siendo influyente en los debates políticos durante el siglo XX, y hasta hoy. Entre los ejemplos más conocidos de esto es el de José Revueltas, quien califica al pensamiento de Flores Magón como «la más genuina corriente ideológica proletaria en el proceso de la revolución mexicana democrático-burguesa» (201) e intenta reivindicarlo no sólo como precursor de la Revolución, sino también como una fuente de inspiración para el pensamiento político luego de los sucesos de 1968. Si bien en el siglo XXI el anarquismo como tal no parece ser una gran fuerza de resistencia, igual la descentralización que propone sí podría serlo.

Bibliografía

Abad de Santillán, Diego. Ricardo Flores Magón, el apóstol de la revolución social

mexicana. México D.F., Centro de Estudios Históricos del Movimiento Obrero Mexicano, 1978.

Graeber, David. Fragmentos de antropología anarquista. Barcelona, Virus Editorial, 2019.

Heatherton, Christina. «University of Radicalism: Ricardo Flores Magón and Leavenworth

Penitentiary.» American Quarterly, vol. 66, no. 3, 2014, pp. 557-581.

Revueltas, José. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México D.F., Ediciones Era, 1980.

[1] http://archivomagon.net/obras-completas/obra-literaria-1910-1917/cuentos/cuento02/

[2] http://archivomagon.net/

[3] https://www.marxists.org/espanol/bakunin/dyes1.htm

[4] Ambas citas son paráfrasis, pero me refiero a La ideología alemana de Marx y El sublime objeto de la ideología de Žižek.




La extrema izquierda en México y su incapacidad de de plantear un alternativa gobierno




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La extrema izquierda en México y su incapacidad de de plantear un alternativa gobierno

Carlos Humberto Contreras Tentzohua [i]

Ricardo Y. Fuentes[ii]

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales de 2018 representó una bocanada de aire para todos aquellos quienes se oponen al asfixiante modelo económico neoliberal y a la globalización. Si bien su triunfo por lo que representó en la sociedad ha sido un gran acontecimiento para la izquierda mexicana en general, no todas las corrientes de izquierda que proliferan en el país se han mostrado complacidas por su triunfo, y varias de ellas abiertamente se oponen a él. Entre este paisaje de movimientos, grupos y pequeños partidos que se oponen a la llamada Cuarta Transformación (en adelante 4T), desde una plataforma de izquierda, podemos englobar a: anarquistas, al neozapatismo y todo lo que representa y engloba, a organizaciones comunistas y sus diversas variantes doctrinarias, así como movimientos sociales con una agenda progresista como lo es el feminismo, indigenistas, entre otros. Esta izquierda en general considera que AMLO y su gobierno encarnan un nuevo conservadurismo, pero con otra cara, y que sus políticas sociales están lejos de representar una línea política de izquierda. Más allá de los dimes y diretes, lo cierto es que vale la pena analizar qué es lo que mueve ideológica y políticamente a estas izquierdas, y por qué son incapaces de plantear alternativas viables en contraposición de lo que el gobierno está llevando a cabo. Sin embargo, en este escrito nos limitaremos en describir brevemente solo tres de estas vertientes de extrema izquierda: el anarquismo, el neozapatismo y los comunistas. 

I.- La izquierda no partidista contra la 4T: El neozapatismo y el anarquismo 

Junto a la izquierda partidista oficial actualmente representada por Morena y el PT, subsiste la llamada izquierda social representada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y todo el movimiento indigenista que opera desde y junto a su organización, algunos movimientos sociales con postulados antigubernamentales, y grupos que se identifican con el anarquismo y su línea contestataria. Nos detendremos primeramente en el anarquismo. 

Desde la caída del muro de Berlín, varios sectores de la izquierda no supieron adaptarse a los tiempos, a algunos no les quedó de otra que abrazar el liberalismo (o incluso el neoliberalismo). Asimismo, con el inicio del sigo XXI y el auge de la posmodernidad como “única e irreversible”, en México gran parte de la izquierda dejó de lado la idea de formar partidos políticos y de tomar el poder y decidió sumergirse en discursos basados en la autonomía, la resistencia y lo comunitario. Entre estas “nuevas” visiones de ver la organización social el anarquismo se presentó como una alternativa, sin embargo, lejos de tener un plan, su perspectiva fue convertir todo en caos y destrucción. 

Para el anarquismo contemporáneo (o neoanarquismo), la justificación de su accionar radica en que hacerse con el poder es inauténtico, y que no habrá cambios de verdad desde el gobierno (aunque sea de izquierda) porque contra lo que hay que luchar es contra el Estado; o porque consideran que quien toma el poder se corrompe. De esta forma, el neoanarquismo prefiere mantenerse en los movimientos sociales, en las protestas de calle, en las asambleas de barrio o comunidad, en los cafés comunitarios, en colectivos sociales, así como en el interior de campus universitarios en donde su retórica se vuelve llamativa entre jóvenes estudiantes; sin embargo, no salen de ahí. Tal postura de radicalismo a veces no es tan simple como parece, y no lo es porque tal postura oculta el hecho de que dicha izquierda no quiere el poder o no quiere tomar el gobierno, por la sencilla razón de que no puede, y no puede porque no tiene ningún plan alternativo para cambiar el estado de cosas. Sus miembros suelen ser personas que marchan en grupo y conviven en grupo, y en su idea “libertaria” de descentralizar la lucha social, las organizaciones anarquistas se vuelven dispersas, no tienen una organización real y por lo tanto carecen de liderazgo:

(…) en su culto a la espontaneidad, a la acción directa, al espectáculo, al juego (y el fuego), además del impacto mediático de su irrupción en la protesta callejera, este anarquismo sin utopía borra la elaboración ideológica. Para él, las convicciones se afirman en la acción y no en disquisiciones para iniciados.[iii]

 Entre estos grupos anarquistas podemos ubicar al llamado “Bloque Negro” el cual es un grupo de colectivos que operan en diferentes ciudades del país, y son quienes han llevado a cabo las protestas más llamativas en la Ciudad de México; la mayoría de las notas periodísticas en donde el anarquismo se ve involucrado tienen que ver con dicha organización. Sin embargo, los “reflectores” que el movimiento llega a tener son más por la forma violenta en que protestan que por plantear algo interesante. En general, el anarquismo contemporáneo en México carece de planes de acción concretos, y prefieren ocultarlo con un nihilismo puro, son grupos “sin objetivos claros más allá de la resistencia y la protesta (…) cuyo fin es crear caos, confusión e inestabilidad sólo porque sí.”[iv]

Esta izquierda se destaca por su lenguaje contestatario, no obstante: ¿Qué proponen? Es decir, ¿Esta izquierda ha propuesto algún proyecto político? ¿O simplemente se limitan a protestar? La terca realidad mostró que por lo general dichos movimientos no “pudieron obtener (…) posiciones articuladas y más o menos precisas que pudieran constituir un programa de acción alternativo y para los próximos años.”[v] Su visión de limitarse únicamente a la organización comunitaria los vuelve “invisibles” para el resto de la sociedad. Y al momento de ejecutar sus acciones en manifestaciones, como las pintas, quemas o rompimiento de cristales, los ha llevado ser una izquierda que no cuenta con apoyo popular y sus demandas no tienen un respaldo social. De esa manera, el neoanarquismo pretende crear caos y confusión para así combatir al capitalismo, pero no se dan cuenta que el capitalismo también crea caos y confusión, y a diferencia de ellos, suele ser más efectivo.

            Ahora bien, dentro de esta misma vertiente de izquierda podemos incluir al EZLN y todo su movimiento, que de ser una guerrilla que buscaba derrocar el régimen priista de los noventa, pasó a ser un movimiento social de resistencia contra el gobierno mexicano y el capitalismo en general. El neozapatismo, como también suele conocérsele, terminó cayendo en una actitud anarquizante oponiéndose a todos los gobiernos y partidos políticos en México, incluso de izquierda, y terminaron arropando la idea de que se puede cambiar el mundo sin la necesidad de tomar el poder. Influenciados por el posmodernismo y las “nuevas” formas de pensar la política, se convirtieron en los principales promotores de la retórica que reivindica la resistencia, la vida comunitaria y las consignas de la autonomía y la autogestión. 

No obstante, desde 2001 el neozapatismo comenzó a venir a la baja en su poder de convocatoria, y en 2006, 2012 y 2018, consideraron que la única forma de volverse el centro de atención era atacar al ahora presidente de México: Andrés Manuel López Obrador, para así presentarse ellos como la única (y autentica) izquierda en el país; cuando la realidad era que para el grueso de la sociedad el EZLN sólo era un recuerdo lejano de la década de 1990. Y a pesar de que en 2017-18 intentaron junto al Consejo Nacional Indígena (CNI) postular una candidatura independiente a la presidencia de la república en la figura de María de Jesús Patricio (Marichuy), no lograron juntar las firmas necesarias para obtener el registro y que el nombre de Marichuy apareciera en la boleta; y más allá de los impedimentos que el CNI y el EZLN argumenten que existieron en su contra, el proceso evidenció que ese movimiento carece de organización y un proyecto político bien definido. 

Quienes siguen al EZLN y su organización es más por convicción que por el hecho de que el neozapatismo realmente pudiera cambiar algo, pues lo cierto es que al aislarse de la sociedad más se alejaban de donde ocurrían las cuestiones importantes; y eso sólo ha confirmado que su movimiento, sus intelectuales y las personas que los apoyan caen en la irrelevancia. Salvo oponerse a todo lo que proponga y ejecute el gobierno de la 4T, el neozapatimso poco o nada pesa hoy en día en la vida política de México, y es así como se mantienen en el comportamiento tan predecible que tuvo la izquierda antipartidista durante toda la era neoliberal, ése de la mera resistencia que a los poderosos les convenía. 

            Anarquistas, EZLN y sus seguidores, caen en lo mismo: oponerse sin alternativas ni programas políticos concretos. Quieren ver al Estado como el único enemigo, pero se equivocan. Les han hecho creer a varias personas, sobre todo a jóvenes que estudian carreras de humanidades o ciencias sociales y/o que militan en colectivos, que la izquierda siempre tiene que conformarse con protestar contra el Estado, y no aspirar a gobernar desde el Estado pues éste es necesariamente represor. Tal sin sentido es tomado como máxima a seguir, y esos jóvenes sin dudarlo se vuelven anarquistas y/o seguidores del EZLN, por ello cuando actúan, como en las manifestaciones y peleas contra la policía, creen estar haciendo la revolución, y no se dan cuenta que su modo de operar poco o nada influye en la realidad, y políticamente es irrelevante. 

Las críticas de estos grupos al sistema capitalista no pasan de ser moralistas y superficiales, y tal modo de pensar va unido a su modo de actuar. Sus acciones no van más allá de participar en disturbios sin sentido, o en colectivos con prácticas triviales como vender café con la imagen del “Subcomandante Marcos” (ahora Galeano), u organizar conciertos de Ska y bailar en el Slam. Asimismo, son grupos que no pasan de vociferar y suscribir consignas apasionadas como el “mandar obedeciendo” del EZLN, o el “¡No pasarán!” de los republicanos en Madrid; o de cantar en sus marchas la canción “A las barricadas” de la banda Los Muertos de Cristo.

En general son organizaciones que buscan “cambiar” la realidad a partir de un estilo de vida, sin embargo, termina por ser una izquierda “insuficiente” y sin un proyecto político viable. Tanto el anarquismo como el neozapatismo funcionan como gimnasia moral, pero no como política, ambos se encuentran condenados a la derrota, en la cual, por cierto, pareciera que se sienten cómodos. Son parte de esa izquierda que lejos de cambiar la realidad que detestan, la refuerzan. Por ello, creemos pertinentes, para este caso, las palabras de Antonio Gramsci quien no dudaba en afirmar que, “quien basa su acción en mera fraseología ampulosa, en el frenesí de la palabrería, en el entusiasmo romántico, es simplemente un demagogo y no un revolucionario.”[vi]

 

II.- La izquierda “partidista” frente a la 4T: Los comunistas 

Del otro lado de la atmosfera política de izquierda que se opone a la 4T, se encuentran las organizaciones que, con un discurso anticapitalista, pero con la idea de la vanguardia partidista, se identifican con el comunismo. Estos grupos y pequeños partidos, cada uno con su distintivo doctrinario, desde siempre se han posicionado en contra de todo lo que AMLO y Morena representan. Para ellos la 4T es la expresión mexicana de la socialdemocracia, y dado que la mayoría de estas organizaciones se guían en postulados teóricos del comunismo ortodoxo de corte estalinista, todo lo socialdemócrata termina por ser “enemigo de la revolución” al cual hay que combatir. Creemos sugerente hablar brevemente sobre su origen.

El comunismo como epíteto de un partido político con aspiraciones a gobernar el país dejó de existir en 1981 cuando el Partido Comunista Mexicano (PCM) desapareció después de 61 años de historia.[vii] Y aunque siguieron existiendo organizaciones que aspiraban al comunismo (o al socialismo) en el país, algunas desaparecieron y en los noventa el Partido de la Revolución Democrática (PRD) copó la identidad de la izquierda en México por varios años.  

Dicho esto, los partidos y movimientos comunistas que proliferan en el México contemporáneo tienen su origen como respuesta a la desaparición del comunismo como alternativa política en el país. Y a diferencia de la izquierda de tipo anarquista o allegada al neozapatismo, los comunistas mexicanos del siglo XXI se han mantenido firmes a las convicciones que reza el dogma, y no se dejaron influenciar por las “nuevas” vertientes posmodernas de ver la política y el poder. Para el “neocomunismo”, por llamarlo de alguna manera, la meta sigue siendo: conquistar el poder e instaurar la dictadura del proletariado a través de la vanguardia obrera y campesina. 

Entre el mosaico de organizaciones que se autodenominan comunistas, podemos encontrar las siguientes: el Partido Comunista de México, el Partido Comunista de México (Marxista-Leninista), el Partido Comunista Mexicano-Bandera Roja, el Partido de los Comunistas, entre otros. La mayoría de ellos, algunos más que otros, se han mostrado contrarios y han sido muy críticos de AMLO y la 4T, sobre todo los primeros dos partidos que comparten las siglas PCM y PCM (M-L). Estos grupos utilizan expresiones como: “Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva”[viii] u “Obrador vendrá a reforzar la dominación de clase capitalista, con (una) gestión socialdemócrata y medidas populistas”.[ix] Para ellos el cambio verdadero está en la organización obrera y popular bajo la dirección de un Partido Comunista; por ello buscan incorporarse en organizaciones gremiales, de barrio o campesinas (aunque en estas últimas no tanto). Sin embargo, la realidad es diferente, y al igual que el anarquismo y el EZLN, los comunistas se encuentran en la irrelevancia social y política; por fuera de sus círculos militantes, no tienen apoyo popular. 

Vale hacer una pequeña reflexión histórica. El PCM del siglo pasado fue un partido político duramente criticado desde diferentes flancos, la mayoría llegaba a la misma conclusión: era una organización sumamente vertical, sectaria, en donde no había lugar para la crítica y las expulsiones de militantes por pensar contrario al “dogma” fueron recurrentes. Es una visión muy dura para analizar a un movimiento de gran trascendencia política a nivel nacional, por lo que es prudente matizar. Sin duda el PCM de los años cuarenta y cincuenta bajo la dirección de Dionisio Encina comparte las características mencionadas, pero a partir de los años sesenta y sobre todo en los setenta, hubo un ejercicio importante de autocrítica y con Arnoldo Martínez Verdugo como Secretario General, el PCM comenzó a operar de forma distinta apegado a la realidad mexicana.[x]

Retomando el análisis, consideramos que los comunistas de hoy en día que buscan edificar nuevamente un partido bajo la bandera de Marx y Lenin lo están haciendo más parecido al PCM de Encina que al de Verdugo, a quien, de hecho, lo consideran como “traidor” del movimiento comunista. La visión del mundo de estas organizaciones gira en torno a una perspectiva trasnochada de manual soviético en donde Trotsky sigue siendo el enemigo principal. Pareciera que la historia se repite, pero ahora en forma de “comedia” ¿Será que aquella “frase” que Marx escribiera en el 18 Brumario de Luis Bonaparte en 1851 cobra relevancia para un caso como este? Posiblemente. Por ejemplo, en uno de los órganos de difusión del grupo que se nombra hoy en día como Partido Comunista de México, se puede leer lo siguiente como eje principal de la organización: 

Seamos claros: éste frente es contra los trotskistas, eurocomunistas, maoístas, anarquistas, contra los movimientistas, los promotores del marxismo latinoamericano, socialismo democrático, socialismo del siglo XXI, socialismo a la mexicana (…).[xi]

De igual forma en el portal electrónico del grupo que se denomina PCM (ML), se puede leer los siguiente: 

Somos firmes y convencidos discípulos de Marx, Engels, Lenin y Stalin y por tanto seguros combatientes por el triunfo de la táctica y la estrategia de la revolución proletaria y la dictadura revolucionaria del proletariado. Debatimos y damos la lucha teórica e ideológica contra las desviaciones reformistas, oportunistas, socialdemócratas y revisionistas.[xii]

Como puede apreciarse, su dogmatismo es innegable, y a pesar de que estas organizaciones buscan ser la vanguardia que organice a obreros y campesinos, su discurso no impacta en el grueso de las organizaciones populares en el país. Sus militantes son en su mayoría jóvenes con una convicción política enorme, pero con una visión de la realidad muy reducida y doctrinaría; sus actividades políticas bien podrían ser calificadas como de sectas en donde cualquier indicio de desobediencia, es castigado. Y aunque tienen contacto con algunas organizaciones sindicales, su discurso y sus acciones no van más allá de la protesta y la manifestación. Carecen de análisis críticos y su perspectiva intelectual no rebasa las citas que puedan aprenderse de memoria de algún texto clásico de Marx, Lenin o Stalin. De ahí su incapacidad de plantear una alternativa política viable. Sin duda, Marx (y el marxismo) tiene aún mucho que “decirnos”, pero leerlo nuevamente en clave del “socialismo real” no es una opción.

 

Reflexión final 

En conclusión, consideramos que cualquier movimiento que busque la justicia social debe ser fruto de una política bien dirigida, con un plan concreto y un liderazgo competente; contrario a la praxis de grupos de extrema izquierda como los anarquistas, el EZLN o los comunistas. De acuerdo con Jorge Puma, la izquierda en la actualidad debe tener una perspectiva política apegada a la realidad del momento.[xiii] Por ello, aunque esta extrema izquierda ha criticado fuertemente al gobierno de la 4T, su crítica no ha sido acompañada de una alternativa concreta, lo cual evidencia que hay una incapacidad política detrás de su discurso. Además, así como AMLO ha señalado a estos grupos tildándolos de conservadores, estos han revirado los ataques tachando todo lo que la 4T emana como una “falsa izquierda”, como si existieran certificados de autenticidad o pureza. En consecuencia, creemos que las organizaciones de extrema izquierda moralizan la política en demasía, lo cual se traduce en no poder plantear un proyecto político viable y para toda la sociedad. 

Es evidente que en México se necesitan repensar alternativas de gobierno desde la izquierda, pues en caso de la llamada 4T fracase, hará falta un movimiento que logre encausar el desencanto popular; por ello, parafraseando a Armando Bartra, se vale seguir trabajando por una transformación más radical de las estructuras socioeconómicas. Lo que no se vale es olvidar que el país ya cambió, hay nuevos protagonistas y el escenario es otro.[xiv]

 

 

 

Referencias bibliográficas 

Bartra A., (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258

Gramsci, A (2001) El Estado y el socialismo. Recuperado el 7 de noviembre de 2020 de: https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

Hernández N. L., (2019), El fantasma del comunismo mexicano, en La Jornada, Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2019/11/26/opinion/021a2pol

Illades, C. (2020) La Izquierda y los intelectuales, en Milenio, Recuperado de: https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales

Modonesi M., (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347.

Ortega, J. (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México, Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

Puma J., (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

Rodríguez, A., O.  (2002), Izquierdas e izquierdismo, México, Siglo XXI. 

___________.  (2015), Las izquierdas en México, México, Editorial Orfila.

[i] Licenciado en Filosofía y Maestro en Humanidades por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico ccontret@gmail.com

[ii] Licenciado en Historia y Maestro de Investigación Educativa por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, correo electrónico fucas1908@gmail.com

[iii] Carlos Illades, (2020) La izquierda y los intelectuales, en Milenio, 3 de julio, disponible en línea en https://www.milenio.com/cultura/laberinto/la-izquierda-y-los-intelectuales.

[iv] Octavio Rodríguez Araujo, (2015), Las izquierdas en México, México: Editorial Orfila. p.12

[v] Octavio Rodríguez Araujo, (2002), Izquierdas e izquierdismo, México: Siglo XXI. p.194

[vi] Antonio Gramsci, (2001) El Estado y el socialismo. Texto disponible en línea en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/estsoc.htm

[vii] Massimo Modonesi, (2017) La crisis histórica de los comunistas mexicanos, en Carlos Illades (coord.) Camaradas. Nueva historia del comunismo en México, México: Fondo de Cultura Económica. Pp. 302-347

[viii] Los gobiernos de la 4T tienen una naturaleza burguesa-represiva, en Vanguardia Proletaria, Núm. 581, del 1 al 15 de agosto de 2020, disponible en línea en https://pcmml.org/wp-content/uploads/2020/08/Vanguardia-Proletaria-581.pdf

[ix] “Verdades y mentiras del Gobierno de López Obrador”, disponible en línea en  https://elcomun.es/2020/09/02/verdades-y-mentiras-del-gobierno-de-lopez-obrador/

[x] Jaime Ortega, (2020), Herencia roja. Reflexiones sobre el centenario del Partido Comunista Mexicano, en Letras Históricas, Núm. 23, México: Universidad de Guadalajara. pp. 195-223

[xi] El Machete, Núm. 1, noviembre de 2012, disponible en línea en http://elcomunista.nuevaradio.org/el-machete-revista-de-teoria-y-politica-del-pcm/

[xii] Partido Comunista de México (Marxista Leninista), ¿Quiénes somos?, disponible en línea en https://pcmml.org/quienes-somos/  

[xiii] Jorge Puma, (2020), ¿Es viable una oposición de izquierdas a la 4T?, en Revista Común, Recuperado de: https://www.revistacomun.com/blog/es-viable-una-oposicion-de-izquierdas-a-la-4t

[xiv] Armando Bartra, (2018), Ganamos, en Memoria, Recuperado de: https://revistamemoria.mx/?p=2258