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Tres manchas blancas en el mar de la tranquilidad. Crónica del domingo 27 de noviembre



Tres manchas blancas en el mar de la tranquilidad. Crónica del domingo 27 de noviembre

Carlos San Juan Victoria

Como cientos de miles mi día inició con los preparativos para salir muy temprano de Cuautla a la ciudad de México, en la idea de elegir un lugar para ver pasar los contingentes y unirme al que estuviese lleno de música y alegría. Un accidente carretero frenó el arribo por una hora. Al llegar a la conexión de Avenida Juárez con Eje Central y Madero me encontré a las 9 30 am con grandes masas de gente inmóvil, algunas en contingentes que se identificaban por su estado, ciudad o alcaldía, otras por gremios y el partido Morena, y una multitud enorme que los miraba, se agrupaba ante músicos y personificaciones de AMLO para tomarse la foto, se mezclaba en los contingentes o marchaba por Cinco de Mayo y Madero. ¿Por qué no fluía el gran cuerpo de culebra de la marcha y si los grandes manchones de la gente que andaba por la libre? “Es que se atrasó el arranque allá en el Ángel” “Dicen que hay muchos compas también parados en Reforma” No había buen servicio de Internet, el de la ciudad, Internet para todos, se eclipsó y los datos móviles se congelaron. Los celulares brillaban por miles, la masa de los contingentes y la multitud que se desbordaba se tomaban fotos, se enviaban watts o buscaban alguna noticia. Pero bien a bien, sólo se escuchaban especulaciones.

Una señora llevaba una cartulina que afirmaba: “Aquí está una acarreada”, y luego en letra menos grande, “porque no puede caminar”, flanqueada por su hijo y esposa que empujaban su silla de ruedas, los tres con las mismas camisetas: Mi partido es México. Una pareja, el hombre con su máscara de AMLO y ella alzando su mini pancarta: Soy acarreada por mi memoria histórica. Por mi dignidad. Por el amor a mi país. En grandes mantas y en cartulinas los indios patarrajadas, individuos, amigos o familias, se declaraban desde esta novísima identidad a favor de las reformas impulsadas por la 4T, al Pueblo no se toca, también decían, que paguen más los más ricos, afirmaban, Mas Democracia y menos Privilegios remataban. Y algo más profundo: en un lado están los de arriba y en calles y plazas los de abajo. Un arriba y abajo que radicaliza la lucha política.

Dos rasgos aparecían como novedad, la multitud que decía su palabra, y una puntual lucha cultural donde el desprecio de unos se convertía en identidad de otros para tomar la plaza. Seguían los contingentes con sus consignas y cantos, pero en contraste una multitud de soledades ponía por escrito su creencia: personas populares, de clases medias, de pueblos originarios con sus vestimentas multicolores, los migrantes y muchos jóvenes. Vibraba así esa peculiar lucha cultural. Por un lado, las palabras punzantes que los defensores del estado de cosas utilizan para humillar y acallar, que señalan a los incapacitados según sus dichos para usar el espacio público. Y por el otro, en claro movimiento de jiu jitsu, tomar al vuelo la palabra hiriente como emblema para plantarse en calles y plazas, y desde ahí lanzar los dardos de otro horizonte de país donde se respete a ese pueblo de multitudes diversas, se combata la corrupción y gane peso una democracia donde resuene su voz y sus sueños. Es su turno ahora, y mañana el de los grandes medios que dirán su versión habitual, cientos de miles de gente poco educada, sometida al acarreo por obligación, el espectáculo denigrante de los de abajo cuando se entrometen en los asuntos públicos, que requieren de gentes de bien que no son ellos.

En un Zócalo desconcertante se arremolinan de manera mayoritaria los que marchan por la libre y se plantaban frente a un gran templete que da la espalda a la Catedral a escuchar a una orquesta con toda la barba que toca un son jarocho con deslices de jazz a la espera en un tiempo congelado al arribo de AMLO en la punta imaginaria del gran cuerpo de la culebra inmóvil. La multitud que avanza por 16 de septiembre a 5 de mayo revive en Madero esa emoción intensa que acompañó a las marchas en el 68, el 88, en 1995, el 2006 por mencionar sólo sus hitos, cuando por fin se arriba desde la calle estrecha sombreada por sus grandes edificios a la luz intensa de la plaza mayor para hundirse en la masa y sus rugidos. Sólo que ahora no es contra el gobierno en turno y defendiendo las causas civiles y populares y el cambio democrático. Es para refrendar su apoyo a cuatro años de transformaciones de un gobierno que sienten propio, en medio de crisis y pandemia, para lograr una nación de paz, justicia y bienestar. 

Visto desde lejos, el gran cuerpo de la culebra que se movía apenas en Reforma tenía sin embargo un epicentro donde estallaban voces y gritos y se alzaban cientos de manos con sus celulares. Trepada en una estatua, una joven casi niña gritaba, “Ahí está, si es él, es el cabecita de algodón”, y la gente en las grandes aceras aguzaba la mirada, levantaba sus celulares, ¿Dónde, donde? Ahí, donde están los de camisas blancas, gritaba desaforada la vigía improvisada. Y las señoras decían Andrés Manuel, Señor presidente, acérquese tantito, con ansiedad y urgencia casi religiosa, mientras las manchas blancas permanecían en vilo, casi estáticas, abrazadas por un mar de cientos, miles de cuerpos que les arropaban. Andrés Manuel tardó casi 6 horas en llegar al templete del Zócalo e iba dejando huellas en la memoria colectiva, con un grupo de guardia rebasada por los cientos que querían estar cerca.

Ya en la tarde empezaron a circular unas fotografías extraordinarias donde se veía a AMLO con los brazos alzados como si flotara en la multitud. La trascendencia de lo ocurrido empieza a esbozarse si se toma en cuenta la brecha, el foso que de manera rigurosa se fue creando desde que los presidentes, con De la Madrid en primer lugar, se fueron encerrado en los Pinos, con altas bardas, sistemas y personal de vigilancia, Estado Mayor, escoltas, autos veloces rodeados de motocicletas y entre el ulular de las sirenas.

Los imaginarios que se crearon a lo largo de la lucha armada de la Revolución y que luego se consolidaron con el General Presidente, Cárdenas, el que escuchaba atento, el que comía lo que le ofrecía la gente, el que atendía a fondo sus demandas, ese imaginario poderoso aunque maltratado e ignorado por tantos cada vez peores, volvió a encarnar, y un Presidente que recorre caminos, visita los municipios, escucha y toma demandas de las manos de la gente para resolver; cierra la brecha otra vez, para volver a nadar en el mar de la tranquilidad de una multitud que literal y metafóricamente, lo sostiene. Y que ese domingo soleado del 27 de noviembre, sintió cuantos eran y quienes eran, sus muchos lugares de origen, sus muchas identidades, entre otras, el Pueblo.




Reseña del libro La revolución de las conciencias de Sergio Tamayo



Reseña del libro La revolución de las conciencias. Resonancias históricas, cultura del disenso y disputa del poder de Sergio Tamayo

Ricardo Y. Fuentes[1]

El libro La revolución de las conciencias. Resonancias históricas, cultura del disenso y disputa del poder publicado recientemente por la Universidad Autónoma Metropolitana del autor Sergio Tamayo, es una obra que se suma al enorme mosaico de trabajos que han aparecido en los últimos cuatro años que tratan de analizar y explicar el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), así como al gobierno de la llamada Cuarta Transformación (en adelante 4T) y a Morena como partido político. De entrada, hay que decir que a diferencia de la mayoría de trabajos sobre el tema, este es un texto escrito con una pluma de izquierda y que invita a una reflexión profunda sobre la coyuntura. Eso lo hace un trabajo que, sin duda, podrá convertirse en un referente para comprender el proceso mediante el cual AMLO y su movimiento pudieron hacerse con el poder.

Sergio Tamayo parte de la premisa de que la 4T es producto de un proceso de cambio en la conciencia colectiva ocasionado por la experiencia de lucha del movimiento social y político más influyente de los últimos años en México. Para Tamayo, en concordancia con el discurso obradorista, el hecho de que López Obrador llegara al poder fue posible, entre otras razones, a un proceso de revolución de las conciencias que terminó por imponer mediante las urnas un proyecto de nación alternativo al neoliberalismo imperante. Sin embargo, ¿Cómo se construyó esa revolución de las conciencias? ¿Qué papel jugó AMLO en el proceso? ¿Cuál fue el rol de Morena primero como movimiento y después como partido? A lo largo de sus más de 350 páginas de análisis, el autor nos da respuesta a estas y otras interrogantes.

El libro está presentado en siete capítulos, aunque consideramos que bien podríamos dividir analíticamente el trabajo en tres segmentos. Una primera parte en donde se encuentra el aparato crítico del libro que consta de los dos primeros capítulos. Una segunda sección con los capítulos tercero, cuarto, quinto y sexto en donde el autor nos regala una etnografía política de los cierres de campaña de las elecciones federales del año 2000, 2006, 2012 y 2018. Y finalmente, el séptimo y último capítulo que funciona como conclusiones de la obra en general.

El primer capítulo presentado por Tamayo versa sobre lo que para él es la conciencia y, desde un enfoque marxista, aborda teóricamente la temática. Así, dialoga con la idea de cómo se construye la conciencia y qué es, en este caso, la conciencia de clase como terreno de debate. De esta forma, se plantea la idea de la formación de una conciencia “posneoliberal” en México que se fue gestando desde finales de los años ochenta y durante todos los años noventa. En donde si bien, como menciona el autor, AMLO y en aquellos años el PRD no fueron los únicos que la enarbolaron, pues se menciona el caso del EZLN como esa otra experiencia antineoliberal, sí terminaron siendo los que supieron darle una mayor proyección nacional y de largo alcance a sus planteamientos. Conformando un viable proyecto de nación. De ahí la importancia de las “resonancias históricas”, el otro tema que se discute en este primer apartado.

El segundo capítulo gira en torno al aspecto teórico de los partidos políticos. En dicho segmento del libro, Tamayo discute y analiza críticamente la teoría clásica del sistema de partidos, en donde se trata también el concepto de régimen político y se analiza el tipo de partidos políticos en México, así como teoría de los movimientos sociales y la relación entre ambas formas de organización ciudadana. Es el capítulo que, desde nuestra perspectiva, contiene una riqueza teórica sobresaliente. Asimismo, en este capítulo podemos ver algunas aseveraciones interesantes y novedosas. Por ejemplo, cuando se discute la idea del partido-movimiento, Tamayo ve en Morena un experimento que reivindica, no por casualidad, sino como corolario, las experiencias de las organizaciones políticas que hacían trabajo de masas de la llamada izquierda social de los años setenta. Lo cual es interesante y habría que estudiarlo más a fondo, quizá como una etiología de Morena y la 4T.  

Los otros cuatro capítulos subsecuentes, que para fines de esta reseña hemos decidido analizarlos en conjunto, son cuatro apartados que comparten la misma metodología de exposición. Sergio Tamayo nos brinda en cada uno de esos capítulos una etnografía detallada y muy bien lograda de los cierres de campaña de cada una de las coaliciones de los partidos políticos que se enfrentaban en las elecciones federales de los comicios del año 2000, 2006, 2012 y 2018.[2]Utiliza como puntal teórico el análisis situacional y nos ofrece un texto en donde la idea principal es analizar la apropiación material y principalmente simbólica del espacio público, de las plazas en movimiento. Asimismo, Tamayo, como experto sobre los movimientos sociales y la cultura política,[3] realiza un notable análisis de los discursos que los competidores de cada partido político expusieron en sus cierres de campaña. Esto a su vez para mostrar el componente ideológico de las alternativas políticas, y mostrar cómo la ciudadanía se apropia culturalmente de cada proyecto siguiendo sus intereses y deseos. 

En este sentido, son cuatro capítulos cargados de datos y acompañados con infografías al final de cada segmento que ilustran (cuantitativamente) lo expuesto por el autor. Los capítulos contienen información valiosa que el autor recoge para construir su premisa principal: el obradorismo no fue un movimiento espontaneo que surgió de la noche a la mañana. La intención de Tamayo al relatarnos con lujo de detalle cada uno de los cierres de campaña en donde se vivieron pasiones, se intercambiaron ideas, se presentaban proyectos y se disputaba el poder político, es mostrarnos cómo un movimiento social se construyó y fue creciendo hasta alcanzar la presidencia en 2018. 

El autor nos menciona que en el año 2000, cuando llegó la alternancia y Vicente Fox ganó la presidencia, existía en la conciencia colectiva del país una intención de sacar al PRI y la mayoría de la población optó por el proyecto neoliberal del panismo. Sin embargo, debido a las malas decisiones y prácticas del gobierno panista, el desencantó ayudó a potenciar la figura del AMLO como opositor, quien paulatinamente fue fortificando un proyecto político de oposición. Así, en 2005 cuando se intentó desaforar a López Obrador y éste inició un movimiento social apoyado por miles de ciudadanos, poco a poco su proyecto de nación fue penetrando en la ciudadanía. Inicialmente con el PRD como plataforma política y después con Morena, primero como movimiento social y posteriormente como partido de manera oficial.

Por lo tanto, durante por lo menos 18 años, a partir de recorrer el país en su totalidad y de utilizar los canales de difusión que se tuvieran a la mano, se fue construyendo la figura de un líder carismático que proyectaba un diagnostico social que impactó en amplios sectores sociales de la nación. Abiertamente fue, tal y cómo lo asevera Sergio Tamayo en el libro, un proceso de lucha por la hegemonía frente a los proyectos oligárquicos de la derecha mexicana. De esta forma se creó una alternativa de izquierda moderada con tintes nacionalistas, con profundas raíces populares y con una crítica aguda al neoliberalismo como modelo económico y cultural. Creer que AMLO y Morena llegaron al poder por el puro hartazgo social como han vaticinado muchos, es un error gigante. Hay en el fondo, y eso demuestra la obra de Tamayo, un proceso de franca lucha ideológica, de una “revolución de las conciencias”.

Ahora bien, ¿Hasta dónde puede llegar el proceso de revolución de las conciencias del obradorismo, por llamarlo de algún modo? Para Sergio Tamayo pareciera que con la llegada de Morena al poder y la edificación de la 4T ya no se puede ir más allá, pues se sabe que el proyecto de nación que hoy en día gobierna este país dista mucho de una visión radical, por no decir anticapitalista. Además, indudablemente, el pragmatismo político ha ido desdibujando algunos aspectos del proyecto original de Morena. Tamayo termina su libro haciendo una crítica incisiva al gobierno de la 4T, definiéndolo como una “revolución pasiva” en términos gramscianos. Por lo que invita a la reflexión y a seguir impulsando la organización social y movimientos de izquierda más radicales.

Sin embargo, y como observación al texto reseñado, consideramos que la lucha ideológica se sigue dando. Y más allá de las pugnas dentro de Morena y de los límites del gobierno, hay actualmente un contexto nacional favorable para la reflexión política de largo alcance. No es casualidad que hoy en día el tema de la política y lo político sea un tópico que se discuta “todos” los días y “todo” el día por diversos medios en amplios sectores sociales. Efectivamente hubo un proceso de cambio de la conciencia colectiva y, desde nuestro punto de vista, este sigue creciendo. Desde una posición de izquierda, vemos en la 4T un medio para seguir revolucionando el pensamiento. La lucha por la hegemonía continua.

La obra de Sergio Tamayo nos parece ineludible para comprender cómo fue posible que un gobierno progresista, o de izquierda moderada como le dice el autor, llegara al poder en un país tan diverso y con hondas raíces reaccionarias, como México. No obstante, nos parece que este es un libro que por su carga teórica y por lo que demuestra a través de sus páginas, debería ser leído principalmente por todas aquellas personas (de izquierda o de derecha) que no encuentran explicación (o les sorprende) de los altos índices de popularidad que la 4T y AMLO mantienen y que se encuentran perdidos en debates estériles y con poca repercusión en la sociedad. En síntesis, nos encontramos ante un libro inteligente y crítico sobre la coyuntura mexicana que vale la pena leer.

[1] Historiador. Estudiante del Doctorado en Humanidades de la UAM-Iztapalapa

[2] Es una metodología que Sergio Tamayo ya nos había brindado en un análisis sobre la campaña política de AMLO en 2018. Véase Esperanza Palma y Sergio Tamayo (coords.), (2020), México 2018: elecciones, partidos y nuevos clivajes sociales, México: Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.

[3] Un libro necesario para comprender el espectro político y de movilización social de gran parte del siglo XXI mexicano es el de Sergio Tamayo (2016), Espacios y repertorios de la protesta, México: UAM-A/Red Mexicana de Estudios de los Movimientos Sociales.




Carranza, Obregón y la visión obradorista del poder político



Carranza, Obregón y la visión obradorista del poder político

César Martínez (@cesar19_87)*

Sean ‘apartidistas’, ‘progres’ o directamente fascistoides o de ultraizquierda, los detractores al Movimiento de Transformación han subestimado el recurso a las figuras de Juárez, Madero, Cárdenas, Zapata, Villa, Hidalgo y Morelos como lo que es: la visión obradorista de la filosofía de la historia de México. Y, sin embargo, no menos crucial resulta la visión obradorista sobre el carácter del poder político proyectada sobre las figuras, también históricas, de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

Bajo esta luz, si el desprecio por la historia exhibe la incapacidad de situarse en el tiempo, el desprecio por la política exhibe la incapacidad de reflexionar las diferencias entre fuerza, poder y autoridad.

Cuestionado recientemente en una conferencia mañanera sobre si los Tratados de Bucareli firmados en 1923 por Álvaro Obregón con el Gobierno de Estados Unidos en materia de petróleo aún son vigentes, el presidente López Obrador esgrimió toda una explicación que coincide con la tesis del clásico ensayo La Formación del Poder Político en México del finado maestro Arnaldo Córdova. Aunque parecieran sinónimos, los conceptos “fuerza”, “poder” y “autoridad” describen facetas distintas de la política, justo como López Obrador lo declaró contrastando a dos de los tres caudillos victoriosos de la Revolución:

“Si Carranza era un hombre de Estado, Obregón era un hombre de poder. Cuál es la diferencia entre ser hombre de Estado y ser hombre de poder es tarea que yo dejo para los jóvenes… agregándole qué significa ser hombre de Nación”, señaló el actual Jefe del Estado mexicano.

Según Cordova, catedrático que logró hacer suyo el ideario político del profesor italiano Alessandro Passerin d’Entrèves, las diferencias entre fuerza, poder y autoridad giran alrededor de cuán legítima es la ley que sostiene al Estado: de ahí que, tanto para Córdova como para Passerin, el Estado es primordialmente una estructura legal cuyo parámetro es su capacidad de hacer valer el derecho y que este no quede reducido a precepto moral (páginas 92-93). Ahí donde otros cronistas e historiadores han pintado a Carranza como un oportunista sin proyecto de Nación, Córdova lo presenta como el hombre de Estado con la visión de promulgar una nueva Constitución Política durante la agonía del régimen de corrupción y privilegios del dictador Porfirio Díaz.

“Para triunfar [los constitucionalistas de Carranza], contaron a su favor con un hecho decisivo: ni Villa, ni Zapata, ni cualquier otro dirigente popular, se planteó la lucha por el poder de Estado”, escribe Córdova, siempre definiendo Estado como sinergia entre norma jurídica, fuerza material y sistema de valores. “Los medios extralegales de gobierno son medios que, por muy frecuentes que lleguen a ser, no son formas permanentes o continuas de dominación…Es notorio cómo los mismos gobiernos posrevolucionarios buscaron siempre la institucionalización del poder y la justificación de sus actos por medios jurídicos.”

Es evidente que López Obrador al referirse a Carranza como hombre de Estado, basándose en el ideario del maestro Córdova, aborda el problema del México actual: el vínculo roto entre poder político y legalidad tras más de 30 años de reformas agraviantes por parte del régimen neoporfirista contra la Constitución. Más allá del análisis jurídico del proceso de degradación acontecido desde los años ochenta y hasta el uno de julio de 2018, sobresale dramáticamente su resultado cultural; esto es, la absoluta incapacidad del sector anti-4T para referirse al Estado en cuanto a estructura jurídica. Es lo que Córdova denomina en su ensayo como “el culto más empedernido y más desenfrenado a la autoridad del poder” y lo que Obrador refiere sobre Álvaro Obregón como “hombre de poder, mas no de Estado.”

Es en su réplica a la pregunta sobre si los Tratados de Bucareli todavía son vigentes, donde AMLO ejemplifica aquello que Córdova llama la “insostenibilidad de los medios extralegales de gobierno”. Sugiriendo que el general Obregón jamás comprendió ni abanderó los principios del Constituyente de Querétaro de 1917, el presidente López Obrador agregó que aquel caudillo vivió buscando fuentes de poder más allá de la ley: “al general Obregón lo que le importaba era contar con el reconocimiento del gobierno estadounidense.”

Ahora bien, definir a Obregón como hombre de poder no es igual a definirlo como hombre sin noción de ley. No fue Obregón alguien desprovisto de ideas sobre el poder político, sino alguien sin ideales o sistema de valores en el sentido de “la autoridad o auctoritas latina, relación de aceptación y ascendiente de un principio o una persona” como apunta Córdova inspirado por la obra básica de Passerin: La dottrina dello Stato. Así, el juicio fulminante de AMLO contra Obregón reside en la hipocresía detrás de los Tratados de Bucareli: dejar sin efecto la Constitución para beneficiar a Estados Unidos bajo la engañifa de que la ley no debe aplicarse de forma retroactiva. Obregón surge como un exponente moderno de la simulación elevada a rango de institución política; y así no es extraño que, a ojos del PAN, por citar un ejemplo en el bando reaccionario, Obregón es el “creador del México de las instituciones”.

En conclusión, y tras identificar a Carranza como hombre de Estado y a Obregón como hombre de poder, falta responder quién es hombre de Nación. Mientras el Barón de Cuatro Ciénegas sentó las bases de la estructura legal sin tener la fuerza suficiente para mantenerse con vida en el poder, el Manco de Celaya exhibió que la dominación se ejerce extra-legalmente recurriendo a la simulación. Pero en México, el Estado legítimo, aglutinador de fuerza, poder y autoridad, solo ha existido en virtud del sistema de valores constitucionales: soberanía nacional y soberanía popular. Si bien los Estados corruptos de carácter oligárquico como el régimen porfirista y el régimen neoliberal alcanzaron fuerza y poder, siempre fueron cojos hablando de autoridad. Así pues, es el hombre o mujer de Nación la personificación de la filosofía de la historia según el Obradorismo: el Estado legítimo como fase superior del poder político puesto al servicio del Pueblo.

*Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bristol y en Literatura de Estados Unidos por la Universidad de Exeter.

Bibliografía:

Córdova, Arnaldo (1972) La Formación del Poder Político en México, Ediciones Era.




Transformación: ritmo y contenido



Transformación: ritmo y contenido

CE, Intervención y Coyuntura

Las transformaciones en el seno de la sociedad no se dan de una vez y para siempre, como si se tratara de objetos producidos por la mano humana. Son procesos que se encuentran en posibilidad de ser ampliados o delimitados. Una u otra opción depende del ánimo (es decir, de su voluntad) de la sociedad, de su disposición para encarar nuevos retos y proponer o promover agendas emergentes, pero también de los liderazgos que asumen las problemáticas pasadas, presentes como futuras. Ningún liderazgo puede responder a todas esas dimensiones por sí solo. Es pues, una idea fundamental la de que la transformación solo es exitosa si es duradera; y solo tiene tal adjetivo si segmentos importantes de la sociedad la hacen suya.

En el México de la 4T un tipo de transformación ha iniciado, bajo un ataque constante de poderes “tradicionales” (es decir, del mercado), de quienes pierden privilegios y de quienes buscan conservar una situación desvantajosa para las grandes mayorías. Esto no es raro, ni anómalo, y mucho de lo que se presenta alarmantemente como “golpe blando” no es más que la enésima forma de la política de clases y grupos en defensa de sus intereses.

Este panorama nos obliga a reconocer que no hay un solo tiempo para la transformación de la sociedad. Su temporalidad es siempre diversa. En el México moderno ha ocurrido a través de diversos sexenios, que son una marca temporal formal que se ha establecido y rutinizado. Sin embargo, la sedimentación de ideas y prácticas que apuntalen la justicia y el bienestar, pueden tener otro ritmo y, de hecho, lo tienen. Una transformación se nota más por sus consecuencias que por sus momentos inmediatos. Un utopismo ultra izquierdista es el que espera la consecuencia en el acto mismo: son momentos disociados, diferenciados, no coetáneos.

Una transformación es exitosa no por cuanto más aparentemente rápida sea, sino por cuanto logre cristalizarse en la sociedad, y por cuanto más ésta se haga parte de ella. Por esta razón es importante insistir en la idea de conservación y duración de la transformación. Notará la o el lector, la terrible contradicción de la política: el cambio se dirime también en su conservación, es decir, en su no-cambio. Pero volviendo a nuestro hilo a propósito del contenido fundamental de cualquier proceso: su preminencia no es un acto de un grupo o un sector, es una necesidad de las mayorías de la sociedad, y esta es efectiva cuando dichas mayorías la hacen suya, la defienden y, por supuesto, cuando la moldean. El contenido de la transformación es la forma que la sociedad le da, ni más ni menos. No hay receta, ni “programa” mágico, ni guía en pocos pasos. La transformación realmente existente es la que la sociedad se permite, con sus liderazgos y sus ritmos.

México vive desde 2018 el inicio, incipiente pero fundamental, de una transformación. Se están sentando las bases, porque se colocó énfasis en lograr reconstituir el instrumento cardinal para proteger a la sociedad de los vaivenes de un mecanismo desequilibado y en crisis como es el mercado en su forma específica neoliberal. Ese instrumento es la soberanía popular, que a través del Estado, reestablece vínculos rotos por la violencia, la pobreza y la desigualdad.  

Ahora bien, podemos preguntar: ¿qué es lo específico de una transformación que apuntala a colocar derechos y libertades en el centro de la sociedad? El corazón de la transformación se encuentra, en este momento, en un doble movimiento. Por un lado, el combate a la corrupción como elemento que inicia el desmontaje del viejo orden político y económico, y, por el otro, la ampliación de lo público, como forma de involucrar a las grandes mayorías.

El combate a la corrupción debe ser permanente, no un acto episódico ni dramático. Es importante, sin embargo, comprender sus dimensiones estructurales, más aún en un proceso de transición. La bancarrota del modelo neoliberal y su lento desgajamiento, generará oportunidades para que la corrupción pueda anidarse de nuevo dentro del Estado. Esto es una realidad que no podemos obviar.

Se trata de una concepción integral de la corrupción. No refiere a actos individuales o aislados, ni tampoco a onerosas burocracias que la combaten. Involucra los grandes poderes corporativos, las grandes trasnacionales, el sistema financiero: se encuentra en el centro de la reproducción del capital. La corrupción debe ser entendida como un estado generalizado propiciado por las economía de mercado en países con soberanía debilitada, al cual se le puede y debe combatir políticamente.

El combate político contra la corrupción es de primera importancia para la cuarta transformación, porque combatirla no es un acto legal o policiaco, es una disputa del sentido que aspiramos que tenga la sociedad en su conjunto. Combatir políticamente a la corrupción es importante porque no aisla el fenómeno, ni lo coloca exclusviamente en términos de moralidad o decisión individual. Es un acto profundamente político porque con corrupción no hay derechos que valgan, no hay igualdad posible y no hay justicia inmediata ni mediata.

La corrupción trae consigo no sólo la privatización de lo publico, sino que además, niega las principales aspiraciones políticas democráticas: la igualdad, la justicia, la equidad entre géneros, la conservación de la ecología, la amplaición de los derechos, el ejercicio ciudadano. Su accionar –de las prácticas corruptas– neutraliza esas aspiraciones democráticas de la sociedad. La corrupción solo beneficia a unos pocos, siempre.

Hay que vincular democracia, bienestar, derechos y libertades con el combate a la corrupción. Porque esta será siempre el lugar de los poderosos, su refugio frente a los ánimos y aspiraciones democráticas de la sociedad. Es la manera en que unos cuantos burlan los principios de igualdad y justicia. Si el combate contra la corrupción es, esencialmente político, se debe pensar en los principales instrumentos de la política pública. El primero y quizá más importante, es la ampliación de lo púbico. Porque lo público es siempre preservación por parte del Estado para la reproducción, pero también apropiación democrática de la sociedad. Las políticas que amplian lo público garantizan el despliegue de esta acción por parte del Estado, pero necesitan, siempre, de la acción colectiva, de la participación social y de la actividad militante de la ciudadanía. Lo público protege a la sociedad de las inclemencias de las economías globalizadas; da esperanza a los sectores que se encuentran en fragilidad; permite el cuidado de la vida su reproducción, pero también alienta a su ampliación. El incremento gradual y sistemática de la frontera de lo público hacia los principales nodos articuladores de la vida social: ahí está la posibilidad de una transformación duradera.




El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia



El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia

Leonardo Meza Jara

I.- El estado interrumpido

Los acontecimientos recientes en los estados de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte, no pueden ser conceptualizados como un “Estado fallido”. En los debates de los especialistas en la materia, se ha referido que en los años de surgimiento y expansión del crimen organizado hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el Estado mexicano no ha “fallado” de manera determinante, de tal forma que haya perdido el poder para gobernar al país. 

En todo caso, las “fallas” del Estado mexicano, lo “fallido” del Estado, tienen la cualidad de lo intermitente. Hay coyunturas temporales, como los acontecimientos violentos de la semana pasada, en donde el Estado interrumpe su control social, político y económico en determinados territorios como Zapopan, Celaya,  ciudad Juárez o Tijuana. O visto desde la perspectiva geográfica, hay determinados territorios, que no son la totalidad de la geografía nacional, en donde el Estado es interrumpido en el ejercicio de su poder y su gobierno. Estamos hablando, de un Estado interrumpido temporalmente o territorialmente, de forma parcial. La interrupción temporal o territorial del Estado en el ejercicio del gobierno, puede ser mayor o puede ser menor, puede ser limitada o puede ser expandida.  Resulta complicado definir con precisión la interrupción cuantitativa o cualitativa del poder gubernamental del Estado, que opera en determinados territorios y en determinadas temporalidades, que son fluctuantes.

¿Pero, en qué consiste específicamente el “Estado interrumpido” que se ha hecho presente en los años de expansión y consolidación del crimen organizado en México? El “Estado interrumpido” se caracteriza por las siguientes cuatro cualidades:

A] El Estado interrumpido tiene lugar cuando se hace manifiesta en los hechos  una co-gobernabilidad en la que se traslapan: el poder formal y legal del Estado mexicano (los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en sus tres niveles de gobierno) y, el poder informal e ilegal de múltiples grupos del crimen organizado que han crecido cuantitativa y cualitativamente en los últimos 30 años (los poderes multiplicados y ramificados del crimen organizado, que se manifiestan en variadas organizaciones y variadas ocupaciones ilícitas). La co-gobernabilidad entre el Estado mexicano y el crimen organizado, opera de facto y se identifica en acontecimientos como el culiacanazo (“Culiacanazo: Las 3 versiones de quién ordenó liberar a Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo”, El Universal, 13 de octubre de 2020). La co-gobernabilidad referida, también se identifica en los hechos recientes sucedidos en Zapopan y Celaya (“ La violencia en Jalisco y Guanajuato fue porque reventaron un encuentro de cárteles”, Sin Embargo, 10 de agosto de 2022), o en la violencia acontecida en ciudad Juárez (“Jueves negro”, El Diario de Juárez, 12 de agosto de 2022) y Baja California Norte (“La violencia se extiende a BC: Hay ataques simultáneos en Tijuana, Tecate, Mexicali, Ensenada y Rosarito”, Proceso, 12 de agosto de 2022). Los acontecimientos de violencia generados la semana pasada por el crimen organizado en cuatro estados del país, interrumpieron de forma significativa el poder gubernamental del Estado mexicano.

B] Cuando el Estado se interrumpe, tiene lugar un desplazamiento. Si algún poder informal o ilegal, se coloca en posición de contrapoder respecto al Estado (en lo policial, lo militar, lo político, lo económico, etc.) y, el Estado no logra imponerse formal o legalmente en el ejercicio del derecho y la justicia elementales, lo que tiene lugar es un desplazamiento. Lo informal y lo ilegal del crimen organizado se colocan como un contrapoder del Estado, y tiene lugar un desplazamiento que opera de facto. El estado de derecho, cuyos componentes son políticos y jurídicos, es desplazado por una condición de informalidad e ilegalidad que está a la vista de todos de manera flagrante. El contrapoder del crimen organizado que ha desplazado sistemáticamente al Estado mexicano en los años recientes, se muestra cada vez de manera más obscena y cínica.

C] La co-gobernabilidad mediante la cual opera el crimen organizado y, el desplazamiento del poder del Estado, dan lugar a un debilitamiento del Estado. Lo que se ha visto en los acontecimientos del crimen organizado de los últimos años, es un debilitamiento del Estado, que por momentos resulta peligroso para la estabilidad y la paz social. Aquí cabe preguntarse: ¿Dónde están los límites de la fuerza militar, política, económica y social que ha construido el crimen organizado en México? ¿Dónde están los límites de la debilidad del Estado mexicano, ante la fuerza del crimen organizado? Ambas preguntas son correlativas, y tendrían que responderse de manera conjunta. Los límites de la fuerza del crimen organizado dependen del debilitamiento del Estado mexicano, y viceversa, el debilitamiento del Estado mexicano se relaciona con el crecimiento expansivo del crimen organizado en los años recientes.

D] La co-gobernalidad entre el Estado y el crimen organizado, el desplazamiento del Estado por parte de un poder informal e ilegal y, el debilitamiento del Estado en el ejercicio del poder y el gobierno, derivan en la posibilidad de un Estado incapacitado para resolver el problema del crimen organizado en México. No se afirma que el Estado mexicano sea incapaz de resolver el problema del crimen organizado. Aunque esta cuestión puede plantearse como una pregunta: ¿El Estado mexicano se muestra capaz para resolver los problemas del crimen organizado en México, o más bien, se muestra incapaz a este respecto?

Los acontecimientos recientes y otros más pueden constituirse como una información (datos empíricos) que permita argumentar de manera ostensiva la incapacidad del Estado mexicano para resolver el problema del crimen organizado. Si una y otra vez, el Estado mexicano se ha mostrado incapaz para resolver los problemas del crimen organizado, es muy posible que se siga mostrando de esta forma. En este sentido, la idea de la incapacidad del Estado mexicano para resolver los problemas del crimen organizado se robustece.

No se trata de construir una imagen pesimista, respecto a un Estado: que co-gobierna con el crimen organizado, que ha sido desplazado, que se muestra debilitado e incapaz de resolver los problemas de inseguridad pública. Pero tampoco se trata de construir discursos optimistas, que no puedan ser sostenidos por datos empíricamente demostrables y por argumentos plenamente racionales. Sencillamente, se ponen los pies sobre la tierra,  mientras se camina sobre el territorio minado, de la historia reciente del crimen organizado en México.

II.-Entre la “necropolítica” y el “capitalismo gore”

Los acontecimientos de violencia y muerte que hemos vivido en las últimas décadas en México han reconfigurado el lenguaje mediante el cual entendemos los hechos criminales, sociales, políticos, históricos, etc. Por ejemplo, el concepto novedoso de “feminicidio” fue creado a partir de los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, en la década de 1990. Este concepto nombra un acontecimiento de violencia y muerte que se comete sobre las mujeres, que no había sido identificado o conceptualizado como un problema.

En el marco de la violencia y la muerte generadas por el crimen organizado, junto al concepto de “feminicidio” han surgido otros conceptos como: “desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica” (Achille Mbembe, 2011), “capitalismo gore” (Sayak Valencia), etc. Los conceptos mencionados forman parte de un campo semántico novedoso. Estos conceptos tienen como objetivo nombrar acontecimientos que históricamente no habían sucedido, o que no habían sido conceptualizados desde una perspectiva determinada.

El campo semántico (de significación) al que pertenecen los conceptos mencionados se ha formado en un momento histórico que está determinado por la violencia y la muerte que han sido generados por el crimen organizado en México. Y tanto los hechos que se nombran (los acontecimientos reales) como los conceptos planteados (la teorización de los acontecimientos), reconfiguran nuestras formas de entender y vivir el mundo.

No es lo mismo entender y vivir el mundo, antes de los desmembramientos de los cuerpos cometidos por el crimen organizado, que entender y vivir el mundo después de los actos de desmembramiento que quedaron a la vista de todos. Cuando en el año 2006 fueron arrojadas cinco cabezas humanas en la pista de baile de una discoteca en Uruapan, Michoacán, el mundo del crimen organizado trastocó nuestras maneras de entender y vivir el mundo («Arrojan 5 cabezas humanas en centro nocturno de Uruapan”, La Jornada, 7 de septiembre de 2006).

Los acontecimientos sucedidos recientemente en Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana -entre otras ciudades- han tratado de ser conceptualizados por herramientas que resultan limitadas para entender lo que acontece en el país. En un artículo publicado en El Diario de Chihuahua, el analista Francisco Ortiz Bello conceptualiza los acontecimientos de Juárez como un acto de “terrorismo”. Para apoyar esta conceptualización, Ortiz Bello alude al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y al Código Penal Federal (“Jueves negro en Juárez”, 14 de agosto de 2022). En un desplegado publicado por la dirigencia de la Coparmex en el estado de Chihuahua, el domingo 14 de agosto de 2022, también se refieren los hechos sucedidos en Juárez como: un “acto terrorista”, que “se conjuga cuando grupos delincuenciales infunden miedo a la población que se convierte en terror bajo hechos impactantes…”

No me detengo a hacer una crítica de los contenidos semánticos (significados) o sintácticos (el orden de escritura de las palabras) del desplegado de la Coparmex en Chihuahua, que en su tercer párrafo resulta errático. Aquí se plantea, que tanto la conceptualización del artículo de Ortiz Bello como el contenido del desplegado de Coparmex-Chihuahua, que califican los acontecimientos sucedidos en Juárez como “terrorismo”, son imprecisos. La categoría conceptual del “terrorismo” resulta limitada e insuficiente para entender los acontecimientos sucedidos en Juárez.

La generalidad de los conceptos que han surgido en el contexto de violencia y muerte del crimen organizado (“desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica”, “capitalismo gore”) nombran acontecimientos históricos para los que no existía una denominación previa. Estas palabras se refieren a hechos históricamente inéditos. Habría que preguntarse: ¿Acontecimientos como los sucedidos en días pasados en ciudad Juárez, han sucedido previamente y han sido conceptualizados de manera precisa y consistente? ¿El concepto de “terrorismo” resulta suficiente para entender los hechos recientes de ciudad Juárez? ¿Se requieren conceptos novedosos para nombrar de manera precisa y consistente, los acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez?

Aún no se han creado, ni consensado, entre los académicos y los periodistas, la totalidad de los conceptos que en el marco de la violencia y la muerte del crimen organizado logren nombrar con precisión, la totalidad de los hechos que nos acontecen. Lo anterior significa que, es posible que no existan todavía los conceptos precisos para nombrar los hechos de violencia y muerte que sucedieron la semana pasada en ciudad Juárez. Lo sucedido en Juárez no son estrictamente actos de terrorismo. Los medios y los fines de los grupos del crimen organizado en México no están sujetos de una lógica terrorista, aunque han usado la violencia para generar un temor colectivo que les permite operar en beneficio propio, y en perjuicio de la sociedad y el Estado. La lógica y la funcionalidad de los acontecimientos de ciudad Juárez, son algo más que terrorismo. Quienes han conceptualizado con mayor certeza los actos del crimen organizado que tienen como objetivo controlar poblaciones y territorios a través de la violencia y la muerte, son Achille Mbembe y Sayak Valencia, mediante los términos de “necropolítica” y “capitalismo gore”, respectivamente.  

La “necropolítica” (Mbembe, 2011) es una forma de poder que rebasa al Estado, que es ejercida por actores extra-estatales como los integrantes del crimen organizado, quienes tienen la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de poblaciones enteras. Literalmente, “necropolítica” significa una “política de la muerte”, cuyo objetivo no es el asesinato en sí mismo. Los asesinatos de la “necropolítica” que se cuentan por miles, tienen como objetivo el control y sometimiento de las poblaciones y los territorios. Los grupos del crimen organizado, cometen actos de violencia y asesinan, con la finalidad de consolidar su capacidad de producir y acumular dinero bajo una lógica capitalista. Se trata de producir y acumular dinero mediante el control de poblaciones y territorios enteros que quedan sometidos a una política de la violencia y la muerte, que rebasa la capacidad del Estado.  La “necropolítica” se manifiesta en estrategias y hechos concretos, en los que las poblaciones y los territorios son sometidos a la violencia y el asesinato intensivos, tal como sucedió en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte.

Por otra parte, el “capitalismo gore” es definido por Valencia (2016) como un territorio en el que se anudan el neoliberalismo y una “episteme de la violencia”, donde se hacen presentes la exaltación de la violencia y la crueldad, que son usados por los integrantes del crimen organizado para infundir temor y controlar poblaciones y territorios. El término “gore” es tomado por Valencia de un género cinematográfico que sobredimensiona la violencia y la muerte. El “capitalismo gore” se refiere a una representación desmesurada de la violencia y la muerte del crimen organizado, que circulan a través de las redes sociales, los medios periodísticos, las narrativas cinematográficas y televisivas. Durante la tarde y la noche del jueves 11 de agosto, circularon en las redes sociales, los periódicos y la televisión, una variedad de narrativas que exaltaron la violencia y la muerte provocadas por el crimen organizado en ciudad Juárez. Las estrategias del “capitalismo gore” pretenden una exaltación de la violencia, el miedo, la impotencia y la desesperanza, que le permiten al crimen organizado, participar de los beneficios económicos del mercado negro del capitalismo.

Los conceptos de “necropolítica” de Achille Mbembe y “capitalismo gore” de Sayak Valencia, se refieren a los condicionamientos capitalistas (neoliberales) que son parte del funcionamiento del crimen organizado en México. Los medios y los fines a partir de los cuales se define el funcionamiento de los grupos del crimen organizado, están atravesados por condicionamientos capitalistas que no pueden ser desestimados. El concepto de “terrorismo” que es aludido por Ortiz Bello y por la Coparmex-Chihuahua, no considera los condicionamientos capitalistas que están relacionados con los actos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez. Esta forma de concebir la violencia y la muerte del crimen organizado es un mecanismo de despolitización, que desestima la lógica capitalista que es sustantiva para entender los actos cometidos por los operadores del crimen organizado. La lógica capitalista de producción y acumulación de dinero, es crucial para entender el surgimiento y la consolidación del crimen organizado en México. Más que ser actos “terroristas”, los acontecimientos recientes de ciudad Juárez (Zapopan, Celaya y Tijuana), son actos “necropolíticos” o actos cuya lógica forma parte del “capitalismo gore”.

III.- Los lugares vacíos de la verdad y la justicia

La historia reciente de México es una cartografía de la violencia y la muerte que se expanden y oscurecen. Podemos saber de algunos lugares donde recientemente han sucedido acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado, como Juárez, Zapopan, Celaya o Tijuana. Pero no sabemos todos los lugares de México donde han sucedido los acontecimientos de violencia y muerte del crimen organizado. Hay territorios oscurecidos a lo largo del país, lugares donde la violencia y la muerte se esconden, entre la clandestinidad y la impunidad.

El país no es una enorme fosa clandestina donde se depositan los cadáveres de miles de desaparecidos. Sino que hay territorios de los que no sabemos, territorios que no logramos ver y que no pueden ser dichos todavía. Hay territorios de oscuridad y de vacío donde acontecen la violencia y la muerte. Hay lugares donde se ha formado un limbo de verdades no dichas, de justicias no cumplidas, de historias que no se cierran y se muestran como una herida abierta e inconclusa.

Una parte del problema del crimen organizado en México es saber lo acontecido recientemente en los estados de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato o Baja California Norte. Pero otra parte de este problema, la más significativa tal vez, es no saber (el problema de la verdad) y no juzgar (el problema de la justicia) todos los acontecimientos que nos han convertido en un país atravesado de forma rotunda por la violencia y la muerte. La clandestinidad y la impunidad que han sostenido históricamente el avance del crimen organizado en México, se han construido en base a dos tipos de estrategias:

– Hay una serie de acciones que oscurecen la verdad y la justicia. No sabemos, por ejemplo, el lugar en que fueron asesinados los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y tampoco sabemos dónde están sus cuerpos. En este caso y en muchos otros, la impartición de la justicia es un lugar que ha quedado oscurecido. Aquí cabe preguntarse, ¿cómo iluminar los lugares oscurecidos de la verdad y la justicia, en un contexto en el que predominan la posverdad (el relativismo) y la injusticia (la ilegalidad y la impunidad)?

– Hay una serie de acciones que vacían de sentido a la historia y la política. Los acontecimientos recientes de violencia que se extendieron desde Jalisco hasta Baja California Norte, son la evidencia de una historia de violencia y muerte que no cesa, y que da lugar a la formación de una imagen pesimista del futuro. Junto a lo anterior, la actividad de la política muestra otra vez sus fallas y su incapacidad para resolver el problema del crimen organizado en México. De esta forma, el sentido de la historia y el sentido de la política son vaciados de contenido. Aquí se pregunta: ¿cómo reconstruir el sentido esperanzador de la historia y de la política en México, en un contexto en el que la historia y la política están habitadas por una incertidumbre y una desesperanza que por momentos resultan abrumadoras?

A contrapelo de la clandestinidad y la impunidad, hacen falta estrategias para consolidar la verdad y la justicia de las víctimas del crimen organizado. A su vez, se requieren estrategias para resignificar la historia y la política, de tal forma que la esperanza se imponga ante la desesperanza. 

IV.- Las orillas imprecisas de la tragedia

El concepto de “tragedia” que se desprende la literatura (Sófocles y Eurípides) y la filosofía griega (Aristóteles), no pertenece solo al ámbito de la ficción. La tragedia no es solo parte de un poema épico, de una obra de teatro o de algún texto narrativo de carácter imaginario. La tragedia forma parte de la realidad humana e histórica. La tragedia son pedazos de lo real del mundo que por su carga de oscuridad y angustia no puede ser mirado (el horror de los cuerpos descuartizados), no puede ser nombrado (la ausencia de verdad y justicia en los casos de los asesinados y los desaparecidos por el crimen organizado) y no puede ser pensado con certeza (la incertidumbre de la violencia que se extiende hacia el futuro).  

Lo real y lo histórico de la tragedia actual de la violencia y la muerte en México, puede ser conceptualizado a partir de las cinco cualidades siguientes: 

– Es una violencia que se expande cuantitativa o cualitativamente.

– Es desestabilidad social y política que irrumpe y se prolonga.

– Es zozobra que llega al grado de oscuridad de la penumbra. 

– Es miedo que paraliza e inhabilita las posibilidades de intervención humana.

– Es desesperanza que nos hace colocar los pies sobre la angustia y que oscurece el horizonte histórico.

Las cinco cualidades definitorias mediante las cuales se conceptualiza lo real y lo histórico de la tragedia, aplican para definir los acontecimientos de violencia y muerte actuales. En Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana, las acciones del crimen organizado se caracterizan por: una violencia que se expande, una desestabilidad que se prolonga, una zozobra que por momentos se oscurece demasiado, un miedo que inhabilita y una desesperanza que se vuelve angustiante. 

Los hechos recientes en las ciudades mencionadas forman parte de una tragedia cuya temporalidad histórica es de larga duración. La tragedia de la violencia y la muerte del crimen organizado en México se inscribe en un momento de larga duración histórica, que es impredecible hacia el futuro. Y tal vez, esto es lo más trágico del momento histórico que nos toca vivir. Nadie puede establecer con certidumbre, el momento histórico en el que se detendrán la violencia y la muerte del crimen organizado.

Una de las cualidades fundamentales de la tragedia, es su capacidad de trascender históricamente. Y en todo caso, tendríamos que analizar las formas mediante las cuales la tragedia humana ha trascendido históricamente, repitiéndose de formas diferentes, prolongándose hacia un futuro que tiene la forma de una herida abierta o, transformándose en una violencia que resulta inaudita por su grado de inhumanidad. Lo más abismal de la tragedia actual en México, está significado por las maneras de tratar los cuerpos de los asesinados y los desaparecidos. Las técnicas mediante las cuales se descuartizan o se disuelves los cuerpos, tiene como objetivo fragmentar o borrar por completo los rastros de la muerte o de la vida…

 




A cuatro años del inicio de la Cuarta Transformación: Retos, avances y tareas pendientes



A cuatro años del inicio de la Cuarta Transformación: Retos, avances y tareas pendientes

Manuel Vega Zúñiga

En la UAM-Xochimilco, se llevó a cabo el foro: «A cuatro años del inicio de la Cuarta Transformación: Retos, avances y tareas pendientes», con Alina Duarte y Diana Fuentes como panelistas, y con la participación de Jesús Ramírez Cuevas como invitado especial.

Me entusiasmó mucho este foro porque admiro y respeto a las personas referidas. Me parecen brillantes en sus diferentes áreas de acción e incidencia, conjuntan pensamiento crítico con praxis política concreta, y constituyen, para mí, pilares fundamentales del polo que aspira a profundizar el proceso de transformación democrática de México.

Diana Fuentes es una de las más destacadas filósofas marxistas jóvenes que tiene este país, fue discípula de Bolívar Echeverría. Diana es especialista en filosofía política, cultora del marxismo crítico en México.

Alina Duarte es periodista militante, latinoamericanista, feminista, especialista en geopolítica y relaciones internacionales. Es una de las periodistas independientes más valientes y mejor formadas políticamente que conozco.

Jesús Ramírez Cuevas, ¿qué presentación se puede hacer de él? Periodista, politólogo, documentalista. Uno de los principales referentes políticos que tengo. Integrante de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, y actualmente Vocero del Gobierno de la República.

Diana Fuentes en su intervención manifestó que es necesario recuperar la memoria histórica, saber: ¿de dónde venimos? Tener presentes las causas económico-políticas y las consecuencias mortales de décadas de neoliberalismo. Venimos de la costumbre política de privatizar los servicios públicos, de la “cultura política” de un mercado que, solapado por el Estado, ve en el ciudadano a un simple consumidor y no a ser humano. Cambiar esa cultura política y redireccionar la economía-política misma es una tarea titánica.

«Andábamos ya, a fuerza de costumbre, conformándonos con la falta de justicia, con la costumbre de que al Ministerio Público se le compra, de que el Juez apuesta por los más poderosos, que al Magistrado ni se le conoce», dice Diana Fuentes. «Venimos de pagar derecho de piso por tener una tortillería o una peluquería, venimos de los colgados en los puentes, de los entambados, de los desmembrados». De ahí vemos, y ese es el punto de referencia.

El punto de referencia mínimo que le de perspectiva histórica y política al juicio, al ejercicio de balance y perspectiva sobre el proceso de transformación que estamos viviendo. Teniendo esa realidad concreta como base, ella se pregunta: ¿En qué medida la política de la cuarta transformación ha fomentado la intensificación de la participación popular para la profundización de la democracia en el ámbito laboral, en el ámbito estudiantil, en el seno de las organizaciones sociales y políticas, para la defensa de los derechos humanos conquistados y del proyecto político frente a los embates futuros?

Alina Duarte en su intervención, expuso que, desde las calles y desde diversos medios de comunicación, le ha tocado vivir a ras de suelo en estos pocos años qué ha significado la cuarta transformación. Habló puntualmente de su participación política y militante en el proceso de consulta sobre el juicio a ex-presidentes. Y así, a ras de suelo, de estado en estado de la República, pudo constatar los diferentes pulsos, ritmos, riesgos, retos, de lo que significa la transformación en la política concreta. «No es lo mismo ser de la Cuarta Transformación aquí en la Ciudad de México, que librar esta batalla en Manzanillo, que librar esta batalla en Tamaulipas, o en Michoacán», sentenció Alina. La Transformación significa muchas cosas, muchos ejes, muchas dudas, muchos retos, muchos miedos y riesgos para mucha población.

Habló también de su experiencia de periodismo político en América Latina en torno a los gobiernos progresistas en la región, de cómo ve a México de cara a esta segunda oleada de gobiernos populares y antineoliberales en el continente, y de lo que significa asumir las contradicciones propias de un gobierno de izquierda que dejó de ser oposición, para ahora ser gobierno. 

Alina señala que es absolutamente ingenuo creer que el 01 de diciembre del 2018 se acabaron todos los males de México, que es sumamente cómodo pensar que luego del triunfo electoral ya podemos cruzarnos de brazos e irnos a nuestra casa a descansar, a ver qué dice y qué hace el Presidente Andrés Manuel López Obrador y si acaso limitarse a criticar en las redes sociales. «Pero hay otra gente que asumió ese reto, que está en la batalla todos los días, que se enfrenta a todas estas contradicciones», afirma. Y las preguntas que lanza como dardos hacia el auditorio son: ¿Qué hacemos como juventudes en esta coyuntura política que nos ha tocado vivir? ¿Qué es lo que está en juego en este país? ¿Quiénes están enojados con la política económica de la Cuarta Transformación? ¿Qué representa la Alianza “Va por México” que es capaz de unir a todos los partidos políticos en contra de MORENA?

Jesús Ramírez Cuevas, por su parte, refiere que las Universidades deben ser espacios de debate, de discusión, de formación del pensamiento, de conocimiento de la realidad pero también de conocimiento para alimentar la acción; para transformar. No sólo contemplar la realidad, no sólo analizarla, sino también transformarla. Y las Universidades actualmente no han asumido todavía ese reto de transformar este país en un lugar mejor para vivir de las grandes mayorías, y no conformarse con ser el espacio para la reproducción cultural e ideológica del statu quo y para la especialización de la mano de obra de la clase media profesionista.

Conectando con la pregunta inicial de Diana Fuentes sobre: ¿De dónde venimos? Jesús Ramírez compartió una anécdota señalando que alguna vez le hicieron esa misma pregunta a Carlos Monsiváis, en San Luis Potosí. «En el cerro de San Pedro, uno que ya no existe, que destruyó y se devoró una minera canadiense. Y en medio de la desolación, un grupo de personas a pesar del horror que era tener al Estado en contra, a la minera en contra, a la policía en contra, al mismo Presidente de la República, Vicente Fox, en contra, amenazando al presidente municipal para aprobar la mina, le preguntaron a Monsiváis: ¿El país a dónde va? ¿De dónde venimos? ¿Qué somos?».

A lo que Carlos respondió que si pensamos la historia de México, es una historia de resistencia, es una historia de resistencias nacionales, locales, y sectoriales. Y bajo la estela de Walter Benjamin, Monsiváis planteaba que podemos reconstruir la historia de México a partir de esas resistencias.

Jesús Ramírez sostiene que lo que recuperó la Cuarta Transformación es el sentir de un proyecto de país, el derecho que tienen los pueblos de forjar su propio porvenir, de tomar en sus manos su destino y decidir el camino que quieran andar. «La Cuarta Transformación es parte de esa lucha. En el gobierno hoy estamos luchando. Enfrentando a los poderes conservadores que se resisten a cambiar, que se habían apoderado del presupuesto público, que se habían apoderado de las instituciones, que se habían apoderado de la riqueza nacional y que habían excluido socialmente a la mayoría de la población».

Jesús afirma que el neoliberalismo destruyó la idea de lo público, de lo común. Y que: «Nos han querido dividir, fragmentar, cuando la democracia, cuando la lucha y los valores universales nos unen: la lucha por la igualdad une a todas las causas de los diferentes, de las especificidades. Y eso es lo que está detrás del proyecto de la Cuarta Transformación».  Y en ello que afirma, se encuentra el corazón mismo del proceso de transformación.  

Los retos son todavía muchos e inmensos: La lucha por la soberanía energética, por la soberanía alimentaria, por la autodeterminación de los pueblos y del ser humano, la lucha por la construcción y consolidación del Estado de bienestar que traiga consigo paz con justicia social, desarrollo integral con distribución equitativa de la riqueza. La expansión de la democracia a todos los ámbitos de la vida humana. La destrucción de la opresión patriarcal,  del signo del racismo colonial que habita en la vida cotidiana. Está comenzando un cambio, se están sentando las bases del cambio, y eso es lo que tenemos que profundizar, se requiere más que nunca de la participación popular, de los pueblos, de los estudiantes, de la clase trabajadora, de las universidades, para recuperar el sentido del bien común.

Sin duda alguna es la hora de los pueblos, y es preciso construir poder popular.  Cuando le preguntan a Jesús su balance actual del proceso de transformación, responde corto y contundente: “Está todavía todo por hacerse”.




América Latina, la esperanza y la contingencia



América Latina, la esperanza y la contingencia

Intervención y Coyuntura

El neoliberalismo como forma dominante de organizar el capitalismo se encuentra en crisis. Esto ha sido reconocido y dicho de múltiples maneras en la última etapa. Sin embargo, atendiendo un clásico postulado marxista en clave althusseriana, la dimensión política no sigue ni inmediata, ni linealmente a la económica. La crisis de una forma del capitalismo puede generar experiencias radicales en favor de los comunes o monstruos proto fascistas.

De nueva cuenta, América Latina se convierte, para usar una clásica imagen cientificista, en un laboratorio. O quizá venga mejor la imagen de una cocina donde se preparan formas nuevas de organizar la vida social. Que el capitalismo está lejos de acabar como mecanismo dominante de la sociedad es algo que se debería de reconocer, y su crisis actual no sólo es un defecto transitorio que debe ser corregido aplicando una contención más o menos gradual. De manera que no es en el terreno de los deseos donde se juega el análisis, sino en el de las posibilidades reales.

La esperanza de lo que hoy se cocina como alternativa al neoliberalismo es más bien dispersa. Hay un ánimo de alegría y de contagio popular. Los triunfos electorales que han acontecido en la región, en lo general, ayudan a propagar el optimismo de la voluntad. Pero, como todo proceso, conviene colocarle su dosis –cual sal o pimienta– de pesimismo moderado.

Y ahí, en un análisis menos triunfalista, el ánimo puede decaer. Efectivamente, gran parte de la región ha virado hacia formas de cuestionamiento de la forma-mercado como la disposición general de organizar la vida. Llámese izquierda, comunes, progresismo o como se le desee –eludiendo la aberrante designación de “marea rosa” de la academia norteamericana–: existe un proceso de emplazamiento de fuerzas políticas que ocupan los gobiernos y controlan segmentos significativos del Estado.

Y es por ahí donde comienza el problema. Los Estados que se ocupan están debilitados, maltrechos, corrompidos y con escasa capacidad. Del Río Bravo a la Patagonia, la capacidad gestora del Estado es más bien limitada. Solo en la mente de anarquistas o autonomistas, el Estado sigue siendo un demiurgo todopoderoso. Nadie con un pie en la realidad puede seguir ese argumento –así algunos de ellos ocupen cátedras universitarias. La tarea de quienes llegan al poder, contrario a lo que suponía una tradición iniciada con la revolución rusa, no es destruir el Estado, sino re-construirlo. Y es que, sin esa capacidad soberana, es imposible proteger a las sociedades, pueblos y comunidades de los vendavales anárquicos del mercado.

A este elemento suma el segundo, que es el de una nula autonomía del Estado para convivir en el mercado mundial. La autonomía relativa, tema que ganó las plumas de los marxistas en la segunda mitad del siglo XX, brilla por su ausencia. Esto es particularmente dramático en el caso argentino, donde no existe una capacidad económica al margen del FMI. La actual crisis económica es tan solo, un recordatorio de esa condición. Pero la autonomía relativa no solo opera hacia el mercado mundial, sino también hacia los grupos internos, las clases y sus formas organizativas. México es el país –históricamente– con mayor capacidad de autonomía relativa; y lo sigue siendo, en gran medida por el aplastante triunfo sobre las fuerzas neoliberales, pero Perú y Chile son el contra ejemplo. La capacidad de quienes ocupan los gobiernos para eludir las restricciones que imponen las fuerzas políticas tradicionales son manifiestas. Los amagos de destitución contra el presidente peruano son la punta del iceberg. Boric, en cambio, parece estar contento con esa situación, al sostener por el otro un proceso constituyente que le permite ganar algo de espacio político.

Colombia es la esperanza que se ha sumado. Sin embargo, se trata de un país con una larga tradición de Estado débil, marcado por la violencia y por el intervencionismo. Los liderazgos parecen estar a la altura, pero falta ver que tanto la oligarquía colombiana –violenta, rijosa– permite emprender cambios. Sin embargo, más allá de detalles, la suma de este país a un bloque de transición hacia algo más que el neoliberalismo es alentador. Brasil, por su parte, representa una trinchera más difícil. No sólo por el peso económico de su clase dominante –quizá la única burguesía propiamente dicha del continente- sino porque Lula ya gobernó y ya enfrentó las disparidades de la ausencia de autonomía estatal. ¿Lo moderó o lo radicalizó? Es algo que solo en el ejercicio de gobierno se sabrá.

Así, mientras algunos proyectos políticos afianzan su lugar como organizadores de sociedades que transitarán del neoliberalismo hacia un rumbo aún desconocido (México, Honduras, quizá Colombia), otros se enfrentan a severas crisis (Perú, Argentina). Los triunfos hay que celebrarlos así como la posibilidad de una coordinación y unidad que enfrente la crisis. Pero las campanas no deben echarse al vuelo. Hay retos fuertes, particularmente ante un gigante con pies de barro –los Estados Unidos– que se desmorona y que en ese proceso deja una estela de violencia.

Retomando la metáfora de la cocina, podríamos decir que hay algunos países que tienen dietas amplias, con elementos diferenciados y con sabores que son producto de la mezcla y el invento. En tanto que otras cocinas, son más bien limitadas, echan mano de uno o dos ingredientes, pero están sometidas a las limitaciones. Algunos, como el mexicano, aderezan con personalidades como la de López Obrador, otros, como la Argentina, ante cierto límite, regresan a recetas conocidas; unas más, como la peruana, prometía más de lo que en realidad podía dar.

El posneoliberalismo se cuece a fuego lento. Falta mucho todavía. Culpar a estos intentos de “falta de radicalidad” o de “exceso de moderación” habla de quienes jamás han preparado un platillo. No podemos permitirnos cometer los errores del pasado y creer que es posible aplicar la misma receta en cada uno de nuestros países, sino que tendremos que valernos de los ingredientes a la mano en cada una de nuestras cocinas para trazar un nuevo camino postneoliberal.




La 4T, la lucha por la soberanía energética y el catastrofismo neoliberal



La 4T, la lucha por la soberanía energética y el catastrofismo neoliberal

 

Leonardo Meza Jara

 

I.- El conflicto de México en el marco del TMEC, que tiene como eje el debate sobre la soberanía energética, amerita ser leído más allá de la lógica neoliberal. Se requiere entonces, llevar el debate más allá de las inercias neoliberales que jalonan y comienzan a sobredeterminar las discusiones sobre el tema.  ¿Es posible llevar este debate más allá de la lógica neoliberal que se somete al determinismo de una interpretación cerrada del TMEC, y que pondera los intereses empresariales, de los EUA y Canadá? Desde luego que es posible, pero esta posibilidad está inscrita en una coyuntura de confrontaciones que es históricamente inédita para México.

La pregunta: ¿Cuál es el sentido de confrontarse de esta forma con el sector empresarial y con dos potencias económicas como EUA y Canadá?, tendría que plantearse junto a una segunda pregunta: ¿Y por qué no confrontarse, si lo que se defiende de fondo son dos temas que resultan torales: la soberanía energética del país y la lucha contra las privatizaciones que se han convertido en uno de los mecanismos más redituables de los sectores empresariales nacionales e internacionales?

A manera de tesis, se plantea que: En el debate sobre la soberanía energética y el conflicto en torno al TMEC, se requiere ir más allá de la lógica neoliberalizante que desde una postura de la derecha, termina defendiendo los intereses empresariales, los intereses de los EUA y Canadá. Desde luego que esta postura implica tomar riesgos, pero en la lucha por construir alternativas ante el neoliberalismo, es posible tomar estos y otros riesgos.

 

II.- Hay un cúmulo de expertos (analistas políticos, economistas, catedráticos, exfuncionarios gubernamentales) que han comenzado a entender el conflicto de la soberanía energética y el TMEC bajo una lógica catastrofista. Estos expertos plantean que, después de las consultas y los paneles, la confrontación del gobierno mexicano con los empresarios, los EUA y Canadá puede desembocar en una catástrofe económica y política. Se comienza a construir una narrativa catastrofista, que en el fondo hace una interpretación cerrada de los contenidos del TMEC y de los intereses empresariales, de EUA y Canadá.

Pero, ¿en qué consiste específicamente esa “catástrofe” que ya se comienza a construir mediante una narrativa prospectiva (una narrativa de un futuro que aún resulta incierto)? ¿Acaso las condiciones en qué han vivido millones de mexicanos después de la instauración del TLC en 1994, no han sido “catastróficas”: crisis económica, pobreza, desigualdad, explotación y precarización laboral, feminicidios, violencia del crimen organizado, etc.? ¿Dónde está entonces la “catástrofe”? ¿Qué es una “catástrofe”, o mejor dicho, una narrativa de la “catástrofe” como la que los expertos del neoliberalismo comienzan a construir de la mano de los intereses empresariales, de los EUA y Canadá?

Hay que analizar con lupa los discursos catastrofistas de los expertos (analistas políticos, economistas, catedráticos, exfuncionarios gubernamentales), cuya narrativa es una defensa a ultranza de los intereses empresariales, de los estadounidenses y los canadienses. Y hay que tener en claro, que no es lo mismo:

– La invención narrativa de una “catástrofe” prospectiva, como la que en este momento comienzan a construir los expertos defensores del neoliberalismo.

– La catástrofe histórica real a la que nos han llevado cuatro décadas de implementación de políticas neoliberales en México.

Los discursos “catastrofistas” del neoliberalismo suelen ser contradictorios, paradójicos e incluso absurdos.

 

III.- Desde luego que los expertos que se encargan de construir una narrativa catastrofista, son los tecnócratas del neoliberalismo. En su definición literal, “tecnocracia” significa el “poder de la técnica”. Los tecnócratas del neoliberalismo son quienes se han encargado de construir una serie de técnicas de poder, cuya lógica es económica (principios como el “libre mercado”, la “competitividad”, la “meritocracia”, la “calidad”, etc.), jurídica (la normatividad del TLC, del TMEC, los mecanismos legales del proteccionismo del libre mercado, etc.) y política (la defensa paradójica de una “libertad” que se decanta hacia lo económico, no hacia lo político). Hay entonces, una serie de técnicas económicas, técnicas jurídicas y técnicas políticas, que estarán atravesando las argumentaciones de los tecnócratas que alzan la bandera del TMEC, de los empresarios, de los EUA y Canadá.

La “tecnocracia” neoliberal, es decir, el “poder de la técnica” del neoliberalismo que tiene componentes económicos, jurídicos y políticos, estará habitando la narrativa catastrofista que ya comienza a construirse en el marco de la batalla por la soberanía energética en México. Los argumentos técnicos de los tecnócratas neoliberales estarán defendiendo cuestiones como: el respeto a los contenidos normativos del TMEC, la protección de la inversión extranjera, el impulso de la competitividad, la limitación de los monopolios, la necesidad de la libertad económica, y lo anacrónico de la lucha soberanista de la 4T.

Cada una de las argumentaciones de los “tecnócratas” del neoliberalismo estará investida de su condición de “expertos”, y estará habitada por conocimientos técnicos del orden económico, jurídico y político, que resultan complicados de entender para la mayoría de la ciudadanía. En el marco de este debate, los “expertos tecnócratas” se estarán moviendo entre los pasadizos de un laberinto neoliberal que es difícil de entender y de transitar. El neoliberalismo, es un enorme laberinto histórico formado por un cúmulo de pasadizos y muros que han sido construidos por técnicas económicas, jurídicas y políticas que son identificables y que requieren ser analizadas con detenimiento, para ser criticadas y deconstruidas en su especificidad. En la actual coyuntura, se trata de analizar, criticar y deconstruir:

  1. A) Las técnicas económicas, jurídicas y políticas (la tecnocracia neoliberal) mediante las cuales los tecnócratas (expertos, ingenieros teóricos) han construido un enorme y complicado laberinto de cualidades neoliberales. Este laberinto es una jaula histórica, es la jaula histórica de la hegemonía neoliberal en el siglo XXI en México, y en el mundo.
  2. B) Los pasadizos y los muros de un laberinto neoliberal que tiene una composición problemática y compleja, que no es determinante para la historia presente y futura. La historia del siglo XXI no comienza, ni termina con el neoliberalismo. Los muros del laberinto histórico del neoliberalismo pueden ser derribados.

En todo momento, existe la posibilidad de resistir a una hegemonía y construir una historia otra, por más difícil y adverso que esto pudiera ser. Esto último, implica la dialéctica de resistir en luchas concretas y en coyunturas determinadas, ante una hegemonía neoliberal que se despliega de forma astuta y artificiosa.

El laberinto histórico en el cual reside la hegemonía neoliberal es una maquinaria cuya composición es problemática y compleja, respecto a cada uno de sus diferentes componentes técnicos (económicos, jurídicos y políticos) y, respecto a la manera en que estos componentes se articulan en una sola arquitectura que tiene una forma laberíntica. Se trata, de llevar el debate sobre la soberanía energética en México, más allá de la tecnicidad, de la arquitectura y de la funcionalidad del laberinto hegemónico del neoliberalismo en México.

 

IV.- Hay que dejar en claro que las causas de lucha de la izquierda no han recibido el respaldo pleno de un gobierno de izquierda en México. Ni el movimiento obrero (la categoría de lucha de clases), ni el feminismo (la categoría de género), ni las causas indígenas (la categoría de raza), que son las luchas de la izquierda, han recibido el respaldo reclamado al gobierno encabezado por López Obrador. El actual gobierno de izquierda en México le queda a deber a las luchas obreras, feministas e indígenas. Eso hay que subrayarlo.

En el caso de la soberanía energética en México, que se proyecta hacia un conflicto con los empresarios, los EUA y Canadá en el marco del TMEC, se identifica quizá la mayor radicalidad de izquierda en la postura del gobierno encabezado por López Obrador. La lucha por la soberanía energética tiene una lógica decolonial, es decir, se lucha en contra de los intereses empresariales, los intereses de EUA y Canadá que tienen como objetivo la explotación y el saqueo de los recursos energéticos en México. En el fondo, esta lucha soberanista es una lucha en contra de la colonización energética del país. Y en esta lucha que se extenderá hacia los meses siguientes, se atisba la mayor radicalidad de un proyecto de gobierno que se afirma de izquierda en México.

Más que catástrofe, lo que se puede atisbar sobre los acontecimientos de los meses siguientes es una coyuntura donde la batalla en contra del neoliberalismo llegará al momento más álgido en la historia del primer gobierno de izquierda en México. Lo que tiene lugar, es un momento de confrontación en contra del neoliberalismo en México cuyos resultados son imprevisibles.

 

 

 

 

 




El subtexto de una política interior hacia una exterior de AMLO



El subtexto de una política interior hacia una exterior de AMLO

Daniel Ceceña Aispuro

La semana del seis al diez de junio de 2022 se llevó a cabo la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, Estados Unidos. El encuentro comenzó tras semanas de incertidumbre sobre la lista de asistentes, la cerrazón por parte del país anfitrión, una creciente idea de unidad latinoamericana y una organización sindical y social estadounidense que llevó a cabo manifestaciones en las calles de la ciudad, mientras realizaba un encuentro llamado People’s Summit (Cumbre de los pueblos por la democracia), planteado como una anti-Cumbre, a la que denominaron como Summit of Exclusion (Cumbre de la exclusión). En este panorama, ciertamente, han habido dos actuaciones que marcaron la agenda en esta reunión, la primera fue la posición unitaria de Andrés Manuel López Obrador y la segunda el discurso del presidente argentino Alberto Fernández, plantándole cara directamente a las políticas imperialistas de Washington e indudablemente ejemplificando la vuelta a la izquierda que América Latina está desarrollando.

Dentro de este giro discursivo de la región, que quizás nos recuerde a lo que en su momento se formalizó como el ALBA, se marca claramente la posición de liderazgo latino que ha tomado México y en toda su región geopolítica. Creo que es importante y totalmente necesario disputarle el relato de fracaso que se ha manejado en los medios hegemónicos sobre la política exterior mexicana, su poco o nulo impacto en Latinoamérica y, sobre todo, la posición débil en la que ésta deja a México frente a los Estados Unidos. Para esto, tenemos que pasar a plantear no solamente un contra-relato, sino mostrar que el país, su presidente y sus políticas están calando hondo en la región y también vistas como un dique al servilismo implementado por los gobiernos neoliberales, liderados por la imperialista OEA.

De los poco más de tres años que lleva la Cuarta Transformación a cargo de la política exterior, el presidente se ha conocido internacionalmente por su tendencia a permanecer en el país y el envío de representantes como el canciller Marcelo Ebrad o a su esposa Beatriz Gutiérrez Mueller, tanto en acuerdos y a eventos internacionales. A pesar del aparente desinterés que tiene López Obrador en lo que sucede fuera de nación, si se revisa tan solo un poco más (abordaré principalmente el historial discursivo que ha hecho el presidente en temas de política exterior) en los medios y las redes, salen a la luz ejemplos que nos dibujan claramente la visión que tiene el gobierno de Andrés Manuel López Obrador con respecto a su entender del papel internacional que tiene el movimiento transformador que representa, y de una nueva hermandad de los pueblos latinoamericanos, incluyendo a los Estados Unidos y Canadá.

A poco menos de un año del comienzo de su gobierno, sucedió el primer gran acontecimiento en América Latina, uno de esos que marcaron un cambio de ruta en la región, y que parecía indicar una vuelta a las políticas intervencionistas estadounidenses y de las dictaduras y gobiernos de ultra derecha; el golpe de estado en Bolivia. El panorama latinoamericano no era alentador para las izquierdas, ya que el mandato de Iván Duque empezaba a reprimir las protestas en Colombia; luego entraba Jair Bolsonaro a Brasil con un discurso de más beligerante; con Lenin Moreno, en Ecuador, continuaba su proceso de desmantelar lo logrado por su predecesor de izquierda Rafael Correa; después Mauricio Macri con Argentina, que terminaba un desastroso gobierno con una crisis económica espantosa; y el presidente chileno Sebastián Piñera, organizaba la represión tremenda al estallido social en Santiago, así también otras ciudades del país; en Perú estallaba una crisis constitucional creada por los parlamentarios de derecha que hasta hoy, aun con un régimen política de izquierda al mando, se encuentra en un estado crítico. Entre todo este contexto caótico, las fuerzas de ultra derecha bolivianas, con apoyo de la OEA de Almagro, decidieron unirse a la anti progresista Jeanin Áñez y tomaron el gobierno de Bolivia por las armas. Fueron momentos tumultuosos y de mucha desesperación.

Ante esta situación regional y tras el sangriento golpe de estado, en el que la vida de varios personajes del Movimiento al Socialismo corrieron peligro, López Obrador decidió intervenir a tiempo y organizó una operación de rescate para asegurar la seguridad del expresidente Evo Morales y otros actores políticos. Esta acción de política exterior en Latinoamérica, resaltó un primer acercamiento a lo que se ha ido mostrando como una doctrina hacia esta región que busca “defender el asilo, el refugio y la libertad, porque la libertad es eso: tienes que defender la dignidad de la persona”[1], como lo manifestó el mismo presidente. De este logro diplomático, y heroico, se presenta un sentido de unidad y de trabajo en conjunto a los gobiernos progresistas de América Latina, que busca mantener el no intervencionismo y defender la soberanía de los pueblos para evitar una repetición de los escenarios catastróficos tan comunes en la historicidad latinoamericana.

Creo que el momento más claro de definición de esta nueva doctrina hacia América Latina y la creación de la idea de una América Bolivariana desde México, se plantea en el Discurso en el 238 Aniversario del Natalicio de Simón Bolívar el 24 de julio de 2021. Aquí se marcan puntos esenciales que se repetirán en otros discursos, pero sobre todo en las acciones que lleva el gobierno en su política exterior. Por ejemplo, se observa que existe un sentimiento latente de una Hermandad Latinoamericana como una nueva estructura en la geopolítica que reemplace la impuesta desde el imperialismo estadounidense y la derecha[2]:

La lucha por integridad de los pueblos de nuestra América, sigue siendo un bello ideal. No ha sido fácil volver realidad ese hermoso propósito, sus obstáculos principales han sido el movimiento conservador de las naciones de América, las rupturas en las filas del movimiento liberal, y el predominio de EEUU en el continente. […] También sostengo que ya es momento de una nueva convivencia entre todos los países de América, porque el modelo impuesto hace más de dos siglos, está agotado, no tiene futuro ni salida, ya no beneficia a nadie, hay que hacer a un lado la disyuntiva de integrarnos a EE.UU. o de oponernos en forma defensiva, es tiempo de expresar y de explorar otra opción, la de dialogar con los gobernantes estadounidenses y convencerlos y persuadirlos de que una nueva relación entre los países de América es posible.

Por eso se plantea la necesidad de que el movimiento transformador que representa su gobierno, brinque las fronteras hacia el sur en búsqueda de una mejor integración regional bajo la idea de primero los pobres.

Otro de los puntos que se volverá fundamental es la defensa de la soberanía, la lucha contra el intervencionismo y la libre determinación de todos los pueblos de las Américas. Como ejemplo de esta lucha constante, probablemente el único baluarte que se mantiene, es Cuba, su revolución y su pueblo, de ahí su importancia histórica para el presidente[3]:

Cuba, el país que por más de medio siglo ha hecho valer su independencia, enfrentando políticamente a los EEUU. Podemos estar de acuerdo o no con la revolución cubana y con su gobierno, pero al haber resistido 62 años sin sometimiento, es toda una hazaña. Puede que mis palabras provoquen enojo en algunos o en muchos, pero como dice la canción de René Pérez de Calle 13, yo siempre digo lo que pienso. En consecuencia, creo que por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad.

Este es probablemente uno de los puntos más controvertidos en su planteamiento, sobre todo para aquellos sectores que desprecian su revolución y sus ideales. Ya que es quizás uno de los relatos más usados al momento desprestigiar a la Cuarta Transformación, cuando se plantea que se impondrá una dictadura castro-chavista. Dejando de lado las luchas ideológicas que rodean a Cuba, Andrés Manuel plantea en este discurso (y lo sigue haciendo) que la isla merece un lugar en la conciencia latinoamericana como defensor de una soberanía, que parece ser efímera o que no es endémica para nuestra América según las potencias hegemónicas.

Por último, aborda la difícil relación con los Estados Unidos, pero no propone una defensa bélica o una posición totalmente contraria, sino que reconoce que México necesita de ellos y ellos de nosotros, pero desde la cordialidad[4]:

Obviamente no es poca cosa tener de vecino a una nación como EEUU, nuestra cercanía nos obliga a buscar acuerdos y sería un grave error ponernos con Sansón a las patadas, pero al mismo tiempo, tenemos poderosas razones para hacer valer nuestra soberanía y demostrar con argumentos, sin balandronadas, que no somos un protectorado, una colonia o su patio trasero.

En este punto abundó también en el discurso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños de septiembre de 2021 de la que México fue el anfitrión. En él plantó la necesidad de que la CELAC se convierta en:[5]

El principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe, de alcanzar el ideal de una integración con EEUU y Canadá, de un marco de respeto a nuestras soberanías; es decir, construir en el continente americano, algo parecido a lo que fue la comunidad económica que dio origen a la actual unión europea.

La necesidad de no oponerse a los Estados Unidos y trabajar con ellos es esencial en su pensamiento, pero hacerlo desde una posición de iguales en la que todos ganamos, esto con miras al desarrollo de la región y sobre todo para trabajar el problema de la migración, que se verá de nuevo en los discursos de su viaje por Centro América.

Este pensamiento del trabajo conjunto y apoyo a las comunidades de Latinoamérica quedó claro en diciembre de 2021, cuando el gobierno mexicano envió una misión de apoyo económico a Perú. Encabezada por el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, la directora de la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo, María Elena Carrillo, y la subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel. La delegación tenía como objetivo presentar programas sociales que ya estaban funcionando en México para su implementación en Perú, donde se buscó establecer un intercambio comercial y conceder líneas de crédito para fomentar las exportaciones. No obstante, dentro del subtexto de esta obra de caridad, consiste una ética de izquierda en “apoyar sobre todo lo que se puede hacer para ayudar a la gente humilde, a la gente pobre en tiempos difíciles. Tenemos que ayudar a los pueblos hermanos, porque esto no es solo apoyar a un presidente surgido de un movimiento popular” [6]. Esto se insertó en una serie de acuerdos que López Obrador selló durante todo el 2021 con el gobierno de la región, como con Bolivia sobre la explotación de recursos naturales como el litio, y en Argentina con la diplomacia de las vacunas y con los países de nuestra frontera sur, que se verá reflejado en su viaje a esa región en el 2022.

La segunda región que ha visitado el presidente durante su término fue Centro América. En mayo de 2022 comenzó un viaje de trabajo que llevaría a López Obrador por cinco países claves; la primera parada fue Guatemala, en donde desde hace meses se impulsó la implementación de programas como Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrado Vidas. Se planteó la idea que mediante éstos su buscará enfocarse en los marginados, rescatar el campo, fomentar la paz social como una realidad tangible, siempre con el objetivo “de  participar en la construcción de un futuro común para nuestra región, en pleno respeto a las soberanías y a las características propias de cada pueblo y de cada país”[7]. La siguiente parada fue la república de El Salvador, país con más gente adscrita a ambos programas y en el que también ya tienen funcionando meses. Como parte de este fortalecimiento de la región, se prometió que se incrementarían al doble y que el apoyo vendría de ambos países.

Honduras fue especialmente simbólico en este viaje, ya que de los cinco países solo dos son del ala progresista. Esta visita se dio en un contexto en el que Xiomara Castro entraba a la presidencia tras 12 años de gobiernos represivos, con la promesa de refundar un estado socialista y democrático. La importancia de la relación fraterna entre ambos países, así como la integración económica y social se puede observar de mejor manera con lo dicho por la misma presidenta[8]:

Saludamos la iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador, que abona a la integración y facilita el intercambio comercial con el Tren Maya y el corredor interoceánico del istmo de Tehuantepec, igual que el corredor seco entre el Atlántico y el Pacífico que serán claves para la superación de nuestros países. Ha llegado la época de sembrar vida y construir futuro, México brinda su apoyo y una cátedra magistral de solidaridad con estos programas. […] Y como dicen en México, presidente, es un honor estar con Obrador.

En la visita a Belice, único país que no habla el español de Centro América y que no es una república, López Obrador planteó de nuevo la construcción de un modelo semejante al de la comunidad económica europea, ya que “solo de esa manera una América unida, integrada, hermanada, podremos hacer frente a las turbulencias de la economía mundial, y lo más importante, al peligro geopolítico que representa para todo el mundo: el declive económico de EEUU frente a otras regiones, en especial de Asia” [9]. Esto fue en un contexto en el que México lideraba la oposición a la decisión de los Estados Unidos a invitar a todos los países pertenecientes a la CELAC. Por último, el viaje finalizó en Cuba, el único no invitado a la cumbre. El presidente reafirmó su admiración a la isla, como lo hizo en el discurso del 24 de julio del 2021, hablando de la necesidad de una América unida y su protesta contra la exclusión de países por los EEUU, e insistió en buscar “como primer paso, que EEUU levante el bloqueo a esta nación hermana para iniciar el restablecimiento de relaciones de cooperación y amistad entre los pueblos de las dos naciones”[10].

El viaje marca un cambio de ruta en lo que había sido la política exterior mexicana hacia Centro América, que tradicionalmente había quedado en el olvido. Esto también se contrapone al relato de la derecha en el que el país se pone al servicio de Estados Unidos y se convierte en su guardia de seguridad al no dejar pasar a los migrantes. Si bien es cierto que las detenciones y los malos tratos en la frontera sur han aumentado, este acercamiento integrador propone una solución al problema migrante, más que simplemente mitigarlo con acción policiaca.

Este parte aguas en la política exterior mexicana ha marcado de forma definitiva a la región y en la avanzada de los gobiernos progresista. La comunicación y ayuda entre ellos ha sido una constante para fortalecerlos en unidad. Este nuevo papel no ha pasado desapercibido por mandatarios que se han convertido en referentes para la izquierda latinoamericana. En una visita hecha a México en marzo de 2022, el expresidente de Brasil Inácio Lula da Silva afirmó que el país iba en el camino correcto en su lucha por acabar con la desigualdad y la pobreza. Comparó su política con la del presidente mexicano en lo que concierne al empleo, seguridad social y reactivación del campo. Para él Andrés Manuel López Obrador “es un regalo que México ha recibido, un hombre de los que no nacen todos los días y menos llegan a alcanzar la presidencia de la república” [11], por lo que lo comparó con Evo Morales y el Comandante Hugo Chávez en su lucha contra la desigualdad.

Por su parte, el mandatario argentino, Alberto Fernández, también ha hablado públicamente sobre su admiración al trabajo y amistad que comparte con López Obrador. En una carta fechada el nueve de marzo de 2022, Fernández le escribe la necesidad de que el gobierno mexicano acompañe a Lula en su campaña presidencial para robustecer la alianza entre los países más fuertes de Latinoamérica, así como que la lucha social debe ser prioridad:

Si eso ocurriera, le haría un gran bien al sufrido pueblo brasileño. Pero, además, imagino que nos permitiría fortalecer el MBA (México, Brasil y Argentina) un eje en torno al cual podría encaminarse la política de la región en pos de una mejor calidad democrática y fundamentalmente en una más justa distribución de ingresos. Nunca debemos olvidar que vivimos en el continente más desigual del mundo. […] Creo, querido Andrés Manuel, que debemos unir esfuerzos para cambiar la realidad tan indignante. Creo también que debemos ponernos al frente aquellos que han quedado atrapados en el cono de la marginación y la pobreza[12].

Es entendible que la derecha trate de renegar el liderazgo que está construyendo México en una América Latina unificada, una que vuelve a despertar en una nueva era de las izquierdas latinoamericanas, y asimismo a un nuevo ALBA. Digo que es entendible porque AMLO está ocupando un lugar que ellos renegaron en tener, se les hacía poco digno voltear al sur, para ellos el norte era el único horizonte digno de caminar. Pero México y su política exterior cambiaron eso, y lo hicieron con tal dignidad frente al pueblo latinoamericano y su soberanía, que López Obrador se ha vuelto un referente en estos casi cuatro años de mandato, por ello me es imposible no volver a la carta de Alberto Fernández y recordar sus palabras:

Si algo bueno me ha dejado este tiempo tan difícil que tuve fue el haberte conocido. Una vez Angela Merkel me preguntó cuál era mi opinión sobre vos. “Es la primera vez en muchas décadas que México tiene como presidente a un hombre decente, y eso en México es una revolución”, le dije certeramente.

En estos días en la que Colombia se ha unido al bando progresista que se conforma en Latinoamérica, me parece risible la voz de aquellos que desde la izquierda desdeñan el papel del gobierno mexicano y de López Obrador ante el escenario regional. Creo que este recuento demuestra la importancia de la política exterior mexicana, que ha decir de Alfredo Serrano ésta ha sido fundamental en los procesos electorales como el pasado en Colombia[13]. Si comparamos la lucha por la soberanía que se está dando en nuestra América contra el intervencionismo estadounidense, con el papel de la comisión europea dirigida por Ursula von der Leyen y el Banco Central Europeo de Christine Lagarde que se han postrado a las exigencias belicistas de los Estados Unidos, no da más que orgullo mantener los ideales de la izquierda y recordar lo dicho por Andrés Manuel López Obrador en su ya citado discurso del natalicio de Simón Bolívar: “Lo aquí planteado, puede parecer una utopía, sin embargo debe de considerarse que sin el horizonte de los ideales no se llega a ningún lado y que en consecuencia vale la pena intentarlo, mantengamos vivo el sueño de Bolívar”.

[1]https://www.gob.mx/sre/articulos/canciller-ebrard-participa-en-la-presentacion-del-libro-evo-operacion-rescate?idiom=es

[2] https://www.youtube.com/watch?v=JrvSTSyk2WE

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] https://www.youtube.com/watch?v=n6YnR6baFeo

[6] https://elpais.com/mexico/2021-12-15/mexico-da-un-giro-a-su-estrategia-regional-con-una-mision-de-apoyo-economico-al-gobierno-peruano.html

[7] https://www.youtube.com/watch?v=u9PQHg-k0jM

[8] https://www.youtube.com/watch?v=Kwb6LUWyqvA

[9] https://www.youtube.com/watch?v=Kwb6LUWyqvA&t=12s

[10] https://www.youtube.com/watch?v=pBayMfmEU6k

[11] https://www.jornada.com.mx/notas/2022/03/03/politica/amlo-es-un-regalo-que-mexico-ha-recibido-dice-lula-da-silva/

[12] https://twitter.com/lopezobrador_/status/1503181608223973382?t=PIizH3DQQyypYxVKAa0wUA&s=08

[13] https://www.youtube.com/watch?v=1UgtWtUFSFc&t=5929s




¿Insurgencia obrera? ¡No, viles charros!



¿Insurgencia obrera? ¡No, viles charros!

CE, Intervención y Conyuntura

En su conferencia del día 13 de junio de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dirigió un mensaje a los trabajadores petroleros de la hoy empresa “productiva” del estado, Petróleos Mexicanos (Pemex), en el que les “avisaba” que se estaban atendiendo sus demandas para dotarlos de uniformes y utensilios de trabajo, y al mismo tiempo “para exhortarlos a que se acepte que se vaya basificando primero a quienes tienen más antigüedad, que no haya recomendados, que no haya influyentismo, mucho menos que haya corrupción en la entrega de las plazas”. Puntualizó que el exhorto era a los dirigentes sindicales para que ayuden a dotar de puestos de base primero a los trabajadores transitorios que llevan años laborando para la empresa sin haberlo logrado. AMLO puntualizó, “nada más les pido que nos permitan que la ‘basificación’ se realice por orden de antigüedad”, cuestión que constituye el verdadero motivo de las protestas.

El anuncio parece simplemente la respuesta a una serie de “movilizaciones” con las que su dirigencia ha inducido a los petroleros a exigir lo que por derecho les corresponde, y se les otorga. A pesar de ello, el pasado 24 de mayo (2022), trabajadores del sindicato de Pemex (el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, STPRM), afiliados a la Sección 35, bloquearon la Avenida Marina Nacional, para obstaculizar el acceso a la sede de la paraestatal en demanda, dijeron, del cumplimiento de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), en lo referente a la liberación de plazas permanentes para los trabajadores eventuales. También acusaron falta de mantenimiento en las instalaciones y de equipo de trabajo. Se trató de petroleros que laboran en la refinería de Tula, Hidalgo y en las instalaciones de Pemex ubicadas en lo que fuera la refinería de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, agrupados en la misma sección sindical (la 35), dirigida por Rigoberto Ramírez Sánchez.

Es patente que el verdadero centro de la disputa es el control de las plazas para la basificación de trabajadores transitorios, porque tradicionalmente esta era una prerogativa de los dirigentes sindicales, pero en esta ocasión se está llevando a cabo de manera bilateral (empresa y sindicato) y de forma transparente, por riguroso orden de antigüedad. Algo similar a lo que viene ocurriendo con el otorgamiento de préstamos (principalmente hipotecarios para la adquisición de vivienda). El control de estas dos funciones —fundamentales para el bienestar de los trabajadores— ha sido esencial para que el charrismo sindical haya mantenido el control de sus representados.

Durante varias horas, diversos trabajadores expresaron las mismas demandas, sin especificar exactamente en qué consistían las violaciones contractuales; por ejemplo, si se estaba otorgando la base a un trabajador con menos derechos de antigüedad, o indicando cuales equipos e instalaciones sufrían deterioro y ponían en peligro su seguridad. En días posteriores circularon en diversos medios fotografías comprobatorias, pero se demostró que no correspondían con el estado actual de las instalaciones.

La confusión de la protesta era evidente. Por ejemplo, un trabajador, quien dijo llamarse Víctor Manuel Sánchez Aldana (en realidad Víctor Manuel Flores Sánchez Aldana, según el padrón publicado por el sindicato para la votación más reciente [1]), denunció que “los empleados son «maltratados»: “ya que la administración no ha cumplido con lo que ha ofrecido … llevo trabajando 31 años y es la primera vez que nos violan el contrato colectivo que fue firmado por esta nueva administración, en la que el señor Presidente dice que los empleados estamos bien y es falso, no estamos bien, somos maltratados”. Este tipo de declaraciones circuló profusamente en los medios, como nunca antes se había difundido otra protesta petrolera.

A finales de 2021 y principios de 2022 se realizó en el STPRM el proceso electoral para elegir secretarios seccionales y la secretaría general. En él, la corriente dominante (representativa del sindicalismo charro) arrasó. Fueron reelectos por la “base trabajadora”, a pesar de pertenecer a la misma corriente sindical que pasivamente aceptó la reforma energética del expresidente Peña Nieto, que privatizó buena parte de las reservas petroleras del País; los mismos que en los 80’s permitieron el desmantelamiento de la petroquímica, considerada actividad estratégica y que incluía más de 60 productos, para dejarla únicamente en 7 y crear así la llamada “petroquímica secundaria” y entregarla al capital privado (principalmente extranjero). Son los que se prestaron al llamado “Pemexgate”, con el que se financió la fallida campaña presidencial de Francisco Labastida en contra de Vicente Fox, quien capitalizó el escándalo, ofreciendo impunidad a los charros, a cambio del apoyo de estos para llevar adelante su plan de destrucción de la empresa y la entrega de las funciones estratégicas de Pemex a las corporaciones transnacionales.

La lista de tropelías cometidas por estos “dirigentes” es más grande aún, y es que por años, la supuesta dirigencia petrolera ha cedido funciones de su materia de trabajo a cambio de mantener sus prebendas. Es el caso de los hospitales de Pemex: se disfrazaba la entrega de dinero a los charros para simular la compra de ropa, medicinas y material médico, cuestión de simple aplicación de contrato, pero que se usaba como herramienta de presión con el fin de propiciar una “negociación” —no para mejorar el servicio ni superar las carencias—, sino para justificar la entrega de recursos a los charros.

A la elección para secretario del comité ejecutivo general del STPRM acudieron como candidatos 26 trabajadores, resultando electo Luis Ricardo Aldana Prieto con un total de 44,983 votos [2]. Sus más cercarnos competidores fueron César Pecero Lozano, con 4,505; Cecilia Margarita Sánchez García con 4,116; María Cristina Alonso García con 2,612 y Miguel Arturo Flores Contreras con 2,564. Los demás candidatos no llegaron a mil votos y varios de ellos ni siquiera reunieron cien. En las elecciones para los comités ejecutivos locales, incluida la sección 35, una de las más numerosas con 3,843 trabajadores registrados [3], el resultado fue menos apabullante. En esta sección, la ganadora fue la planilla roja, encabezada por Rigoberto Ramírez Sánchez, con 1,787 votos, seguida de la verde, Juan Francisco Ordoñez Rojo, con 1,107. Hubo una tercera opción, la planilla rosa, Pedro Velázquez del Ángel, con 509 votos (quien por cierto no aparece en el padrón de la sección). Es decir, que ni sumando los votos de ambas planillas de oposición habrían vencido al candidato “oficial”, pues hubo 29 votos nulos y 499 trabajadores que no ejercieron su derecho al voto [4].

Lo anterior ratifica que el charrismo está “institucionalizado” en el —alguna vez— combativo sindicato petrolero y hace evidente que su reciente activismo no obedece al resurgimiento de la insurgencia obrera en los petroleros, sino a un intento de reinstauración del charrismo. Patético. No obstante, cabe recordarles a esos petroleros mexicanos lo ocurrido en 2003 en Venezuela, cuando dirigentes venales organizaron una “huelga petrolera” contra el gobierno encabezado por Hugo Rafael Chávez Frías, aprovechando la “autonomía” concedida a la burocracia que administraba a la petrolera estatal (PDVSA, Petróleos de Venezuela, S.A.) que, en contubernio con el sindicato, participaron en un golpe de Estado. Esa huelga constituyó un acto de sabotaje, y fue financiada con los recursos de PDVSA por las burocracias administrativa y sindical corruptas. No es pues de extrañar que en México hoy les sobren “apoyadores” a los petroleros entre la oposición, pues ésta sabe del potencial desestabilizador de tales protestas.

Empero, para que en México dicho escenario fuera practicable, los charros sindicales tendrían que contar con la complicidad de la administración de Pemex, cosa que en este gobierno no tienen y; en segundo lugar, con la sumisión absoluta de los trabajadores, cosa que tampoco es cierta. Para importantes sectores de petroleros, una cosa es dejarse conducir a un acto de protesta, y otra muy distinta sabotear el rescate de la empresa. Los charros únicamente cuentan con su “núcleo duro”, como lo han evidenciado sus protestas. En la misma conferencia presidencial del día 13, AMLO también presentó un video en el cual los propios petroleros de la Refinería de Minatitlán mostraron con orgullo los trabajos de mantenimiento y rehabilitación que han realizado ellos mismos, por administración directa (es decir con los recursos de la empresa y con la mano de obra sindical), sin la intervención de empresas contratistas, que anteriormente eran las que ejecutaban esos trabajos con la complacencia de los líderes sindicales. Trabajos que regularmente no se efectuaban, o se realizaban de manera ineficiente y costosa.

Lo anterior no quiere decir que la oposición y sus aliados desperdicien oportunidades ni tiempo. Los amagues del charrismopetrolero tienen como objetivo, por el momento, desgastar al gobierno y a la administración de Pemex (de cara a la inminente entrega de la Refinería Dos Bocas, que próximamente terminará su construcción, para iniciar su período de pruebas). No en balde en la misma conferencia, AMLO exhibió también un video en el que el excandidato presidencial, Ricardo Anaya, llama con vehemencia a “vender todo el petróleo ya, porque no valdrá nada”, basado en argumentos erróneos o falaces acerca del fin de la era del petróleo, es decir, retomando las banderas de la reforma energética de 2013: vender las reservas de hidrocarburos y evitar su procesamiento en México. Curiosamente dicho video ni siquiera está disponible en el canal de YouTube del excandidato.

En cuanto a la organización sindical de los petroleros mexicanos, las recientes reformas en materia laboral les otorgaron ciertas libertades democráticas, pero no eliminaron elementos confusos que fomentan la división. En la República Bolivariana de Venezuela, cuando fue presidente el fallecido Hugo Rafael Chávez Frías, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), organizó una falsa huelga petrolera para desestabilizar al gobierno, que fue apoyada por los trabajadores de Petróleos de Venezuela (PdVSA). El punto culminante fue el fugaz Golpe de Estado de abril de 2002, que se montó en una movilización social perversamente coordinada, incluyendo a importantes sectores de la oposición, entre ellos la FEDECAMARAS (Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela), una organización patronal cuyo entonces presidente, Pedro Carmona, fue impuesto de facto como presidente de la República durante el golpe, (por 47 horas).

La CTV era entonces parte de la hoy Confederación Sindical Internacional (CSI, heredera de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, CIOLS), y de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores, ORIT (agencia que tuvo alcance continental, financiada por empresas y gobiernos imperialistas y que fue el brazo operativo en la región de la CSI, entonces CIOSL). La CSI promueve el colaboracionismo de clase entre los trabajadores, para favorecer al capitalismo global.

En México, con otras siglas y alianzas, la CSI está presente en alianza con las viejas centrales charras (disputándolesrepresentatividad en importantes sectores productivos, como en el caso de la industria maquiladora y la minería), o incluso con las “nuevas” centrales como la CIT (Confederación Internacional de Trabajadores), promovida por el poderoso sindicato minero-metalúrgico, encabezado por Napoleón Gómez Urrutia.

Esta sopa de letras y siglas que “identifican” organizaciones cuyos objetivos confunden a la de por sí adormecida conciencia de los trabajadores, paradójicamente dejó de importar hace tiempo a los estudiosos —inclusive de izquierda—, que se mantienen alejados de los temas relacionados con el mundo del trabajo, por lo cual son incapaces de presentar análisis creíbles de la realidad. Lo cierto es que la reorganización sindical carece de organismos representativos a nivel mundial, lo que impide toda posibilidad de solidaridad internacional y el intercambio de experiencias.

Si bien es cierto que estos cambios en las formas de organización obrera han pasado desapercibidos para los académicos y analistas expertos, tampoco modificaron la percepción de los trabajadores sobre su condición, que tiende a empeorar con nuevos modos de explotación. Pero sirvieron para impulsar lesivos cambios en la legislación, a través de la llamada reforma energética, mediante un discurso absurdo, repetido con insistencia, como el de la llamada autonomía de gestión de las empresas públicas que resultó en una gestión burocrática que, en contubernio con el sindicalismo charro, fortaleció a las camarillas privatizadoras y corruptas, incrustadas en la propia industria nacionalizada, al tiempo que permitió la creación de los llamados organismos autónomos para asegurarse el control total de la industria energética, por encima del texto constitucional del Artículo 27.

Actualmente Pemex se recupera de la ruina a la que lo sometió el neoliberalismo. Pero que la empresa esté actualmente dirigida por una administración que la reencauza en una línea nacional-popular, como la que le impusiera a su fundación el presidente Lázaro Cárdenas, ello no implica que mágicamente sus trabajadores se hayan recuperado del extravío ideológico que se les impuso, no solo durante el neoliberalismo sino desde antes, cuando toleraron al charrismo como línea dominante en el sindicato, según demuestran las pasadas elecciones sindicales. Pero, aún y cuando los trabajadores de Pemex reeligieron como su dirigencia a individuos representativos del charrismo sindical, es evidente que el actual “conflicto” solo sirve a estos últimos, en su intento por reorganizarse y recuperar poder para presionar al gobierno.

Es evidente que este tipo de manifestaciones “espontáneas” de los petroleros continuarán, porque difícilmente los trabajadores podrán —de la noche a la mañana— sustraerse al control de los charros; en unos casos porque significa un riesgo personal y, en otros, porque son trabajadores comprometidos con una falsa lealtad al charro que los favoreció anteriormente. Pero los petroleros saben que trabajan para una empresa pública, estratégica para la nación, y que sus condiciones particulares de trabajo son muy distintas a las que imperaron al nacimiento de la empresa y durante el período neoliberal. Como lo hemos mencionado [5] los petroleros necesitarán alianzas para alcanzar la transformación de su sindicato, la base está en comprender que las condiciones objetivas impuestas por el neoliberalismo han cambiado, y que se requiere impedir el retorno al pasado. Si el charrismo es nefasto para la vida sindical en general, en las organizaciones de trabajadores del sector nacionalizado resulta una grave contradicción y una traición a su clase.

[1] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/PadronEleSG.pdf

[2] https://stprmnacional.org/Elecciones/SGenN2022/Acta-Circunstanciada.pdf

[3] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/PadronSecc35.pdf

[4] https://www.stprmnacional.org/Elecciones/CEL-22-24/35/Eleccion/ResSecc35.pdf

[5] «El STPRM y sus 25 aspirantes», https://intervencionycoyuntura.org/el-stprm-elecciones-pemex/