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Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 3



Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 3

Víctor Mazzi Huaycucho

Tenemos el agrado de presentar este texto que acompaña la publicación de la edición facsímil que los amigos de la editorial Heraldos Editores hicieron del texto de Gamaniel Blanco, Apuntes Monográficos de Morococha, el cual constituye un documento de gran valía para el estudio histórico de la tradición socialista en Perú. Agradecemos al autor que nos haya propuesto la publicación.

  • Gamaniel Blanco, Apuntes monográficos de Moroccha, Pequeño aporte para una monografía de la provincia de Yauli, Edición facsimilar, Estudio preliminar y edición de Víctor Mazzi Huaycucho, Lima, Perú, Heraldos Editores, 2021.

Parte 2. Administrativas

En esta segunda parte, se evidenció el arduo trabajo del autor por recoger información confiable y la organización de los datos obtenidos para presentar una visión integral del proceso urbanístico del distrito. Consignó la Ley No. 683 que reconoce a Morococha como distrito de la provincia de Yauli. Esta Ley se aprobó en el Congreso de la República el 26 de octubre de 1907 y se promulgó bajo la rúbrica del presidente José Pardo el 20 de noviembre del mismo año. Registra a alcaldes del distrito de 1908 a 1930, y a las autoridades vigentes en el distrito durante el último año, entre ellas: síndico de rentas, gobernador, juez de paz y miembros del puesto de la Guardia Civil.

Tomando los datos consignados en el Diccionario geográfico de 1918, realizó una descripción geográfica de Morococha y consignó los datos geomorfológicos  del potencial  minero a grandes rasgos. Además, señaló que, para la constitución urbana distrital, se expropió tierras entre sus antiguos propietarios. Señaló la compra de terrenos a la Peruvian Corporation y a la Morococha Minning Company para edificación de viviendas e instalación del alumbrado eléctrico tanto público como particular, además de para el saneamiento del agua potable del distrito.

Parte 3: Instituciones

En esta sección, brindó referencias sobre las instituciones sociales presentes en el distrito en 1930 y la representación de sus lugares de procedencia de cada una. Lo interesante que presentó es la referencia sobre los conflictos y antagonismos entre trabajadores, motivados por la identidad local o regional de procedencia. Estas rivalidades, asentadas en la diversidad de las mentalidades que traía cada trabajador, las interrelacionaba con otras desde la pertenencia al presentar costumbres y hábitos arraigados en el molde cultural de procedencia. Señaló Blanco (1930) que: «Así un trabajador que pertenecía a la provincia de Pasco no podía verse con otro de Jauja; uno de la provincia de Tarma, menos con otro de Jauja, uno de la provincia de Huancayo ídem con otro de Jauja, y así sucesivamente» (p. 9). La rivalidad se mostraba presentando la diversidad de costumbres y folclore, la ejecución musical y la forma del baile de cada uno. Afirmó Blanco que:Distinguíanse los provincianos por la tonalidad de sus músicas. Los naturales de Huancayo y Jauja organizaban sus orquestas con arpas, violines y clarinetes; los de Tarma, Cerro de Pasco y Yauli usaban guitarras, violines seguidos de un coro” (p. 10).

Este antagonismo fue utilizado en la competencia por el puesto de trabajo en la mina. La manera de distinguirse estuvo en la forma de la vestimenta, la preferencia por el consumo de alimentos provenientes de sus lugares de origen o por las maneras peculiares de pronunciar variantes locales del runasimi. Todas estas representaciones traslucen formas de pertenencia cultural que colisionaban entre sí muy a pesar de provenir del mismo estrato económico-social.

Se nota que la mayor parte de estas instituciones tienen carácter mutualista. La Sociedad Protectora fue un sistema organizativo de ayuda y auxilios mutuos, muy arraigada  durante  esa  década. El autor otorgó mucha importancia al Centro Social Morococha por la participación activa de sus miembros en la vida social del distrito. Merece resaltar que la mayor parte de líderes sindicales se agrupó en el Club Movilizables No. 1, destinado a la instrucción premilitar y de tiro.

Por cada institución reseñada, se mencionan sus directivos y sus finalidades. Blanco (1930) detalló cada característica de dichas instituciones, como, por ejemplo, del Comité Progreso Concepción, del que refiere que su finalidad era: «practicar hábitos de mutualidad entre sus componentes y laborar por el progreso material de la villa de Concepción» (p. 36). Sobre la Sociedad Protectora San Jerónimo, el autor (1930) informó que: «sus fines son de laborar por el progreso material de dicho pueblo y cultivar la mutualidad entre sus miembros. Esta Sociedad está empeñada en la compra de un reloj público para obsequiarlo al distrito de San Jerónimo como homenaje de los naturales de la antedicha villa, residentes en este asiento minero» (p. 34). Los fines propuestos reflejaban unidad de intereses mediante el sistema organizativo social del distrito durante esta década.

El autor (1930), al referir las instituciones, dio importancia a las bibliotecas que cada institución poseía y destacó que el Club de Movilizables No.1 tenía en propiedad una selecta biblioteca con ochocientas obras y que invirtió anualmente mil soles para la adquisición de obras literarias.

En esta sección, no brindó ninguna información sobre la Sociedad de Pro Cultura Nacional, un organismo cultural atípico y muy distinto a los anteriormente mencionados. Esta organización tenía por finalidad mejorar la educación y la formación cultural de los trabajadores mineros, para lo cual se realizaban actuaciones culturales en el teatro Reborí, en las que participaron destacados intelectuales provenientes de Jauja y Huancayo: Abelardo Solís, Clodoaldo Espinosa Bravo, Arturo Bravo y Pedro Monge, entre otros muchos. Este órgano cultural fue conducido por sindicalistas bajo la influencia de José Carlos Mariátegui. También lo integraron maestros de los Centros Escolares Obreros, que preparaban las conferencias y charlas referidas a economía minera, salubridad, campaña contra el alcoholismo, literatura de la época, música y recitación poética. Fundada en febrero de 1929, estuvo presidida por Adrián C. Sovero, quien fue secundado por Augusto Mateu Cueva como secretario general. Este último narró en Lampadas del minero el desenvolvimiento de estas actividades en el cuento: «Una actuación cultural».

Parte 4: Deportivas

Merece destacarse la descripción que realizó el autor sobre el fútbol como deporte preferido por la población minera a partir de 1927. Si se toma en cuenta la altitud de 4530 msnm, se desprende su dificultad para practicarlo. La altura deteriora inmediatamente las condiciones fisiológicas a las que es expuesto el organismo humano al practicar un deporte. Destacó la juventud de los trabajadores mineros y la adaptación para practicar este deporte en la altura. Describió la presencia de clubes deportivos, algunos «correctamente organizados» y otros aún en formación.

Registró la conformación de la Asociación de Clubes Unidos de Morococha, que, luego, en 1930, fue cambiada por «Federación Distrital de Football». Indicó que, en Morococha, existían los clubes: Leoncio Prado, Sporting Morococha, Alfonso Ugarte y Club Sport Progreso. Informó que se disputaba una copa donada por la gerencia general de la Cerro de Pasco Copper Corporation, tanto en primera como en segunda división.

Sección siluetas

La inserción de fotografías de estudio como muestra del estatus social en el distrito  indica una combinación entre monografía y testimonio social. Presentó una galería de las esposas de los funcionarios de medianas empresas mineras y de autoridades locales. Así también, la galería de señoritas representa a las hijas de dichos personajes, además de las maestras que laboraban en el distrito. La galería infantil deja sentada la paternidad y filiación de los niños, cuyos padres desempeñaban funciones oficiales. Llama la atención que el autor no inserte imágenes de los funcionarios de la Cerro de Pasco Copper Corporation del distrito.

El registro fotográfico que presentó tiene suma importancia, porque no solo se ha detenido a presentar personajes, sino que, en lo posible, ha brindado en todo el texto imágenes tomadas por el estudio fotográfico Pecho-Luna. No se sabe si hasta hoy se ha preservado dicho archivo fotográfico.[1] Asimismo, se conjetura que este archivo fotográfico debió registrar imágenes sobre conflictos laborales, así como de trabajadores mineros por secciones, entierros y ceremonias religiosas.

El estudio fotográfico Pecho-Luna es uno de los más antiguos respecto a otros fotógrafos, ya que funcionó desde 1915 y no se sabe cuándo dejó de brindar sus servicios a la comunidad morocochana. Estuvo ubicado al lado de la oficina de Correos de la época (Morococha Nueva). Los trabajos en fotografía de Pecho-Luna también fueron requeridos por Gamaniel Blanco para las publicaciones sindicales. El diario La Voz de Morococha también utilizó sus servicios para ilustrar las noticias referidas al distrito y la provincia de Yauli.

El rescate de los diferentes archivos fotográficos que funcionaron en el distrito permitirá un mejor conocimiento  de  sucesos  notables  y  contribuirá a revalorar parte de la economía minera y de la condición social y política de sus protagonistas.

Sección panorama intelectual

Esta sección inicia presentando ensayos breves, subgénero didáctico en el que se plantea un problema y las alternativas para su solución, que se defienden desde el enfoque personal del autor. El ensayo, con su estilo ágil y directo, permite extender el análisis e interpretación de la información disponible y plantear una tesis a modo de aproximación panorámica al tema tratado. En esta sección, se constata que cada articulista recurre a la composición periodística y construye sus textos de manera amena y resumida, con pasión y compromiso en las ideas vertidas.

Asimismo, al respecto, pueden considerarse cincos áreas temáticas en los que pueden agruparse los ensayos en esta sección:

1) Ensayos sociológicos y políticos, cuyo tópico está interesado en presentar un diagnóstico de las condiciones sociales de 1930 y de sus propuestas de solución. Este conjunto de artículos se apega al ensayo social sobre la condición del campesino que va a transformarse en proletario, proceso sobre el que se debe tomar en cuenta su evolución histórica, las condiciones sociales que lo propician, la situación económica y la situación cultural en las que se halla inmerso y las soluciones ante su situación de postración y dominación que padece, para lograr su inclusión en la formación de la nación. En esta parte, se presentan los siguientes artículos:

-«Algunas palabras sobre el capital y el trabajo» (pp. 45-46), del párroco de Yauli, el sacerdote L. Martínez Malpartida, quien presenta una visión ecuménica sobre el conflicto entre trabajo y capital, y plantea su reducción a un problema moral, antes que a uno económico y social.

-«En el Día del Indio» (pp. 50-51), de Eduardo Willsttátter, maestro del Centro Escolar Obrero, se presenta una visión distinta y recurrente sobre la historia peruana, como sobre el tema del «indio» o «indígena» y su condición de discriminación, sobre el que se plantea que el problema se solucionará mediante la tenencia de la tierra.

-«Comentarios breves» (pp. 54-55/57-58), de Héctor A. Herrera, coincide con los criterios planteados por José Carlos Mariátegui en 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, e inserta el problema de la condición laboral del campesino emigrado a las minas y de los efectos del «polvo de la mina», partículas de sílice que generan la neumoconiosis, una enfermedad que es consecuencia del trabajo en socavones con barrenos.

-«Del ambiente nacional» (pp. 59, 61), de Antonio Pasquale, exdirector del diario La Voz de Morococha, resulta una recusación a la política de minería del gobierno de Augusto B. Leguía, interesado este en brindar facilidades al capital norteamericano y en restringir las facilidades a los empresarios nacionales. En esta parte, los argumentos señalan las condiciones asimétricas dadas para el capital foráneo y para la emergente burguesía minera.

-«Palabras» (pp. 78-79), de Serapio Pinelo Leyva, en el que sostiene que el acceso a la educación resolvería el problema de la condición social y económica en el que se halla inmerso el «indio».

-«La caída de la juventud en Morococha» (pp. 80, 82), ensayo sociológico de Julio A. Espinoza G., en el que se nota una visión bastante distorsionada de los jóvenes de Morococha, carente de optimismo y que requirió una nota del editor, y que se diferencia de este, por ejemplo, que, en cambio, plantea una visión positiva y optimista acerca del progreso de la juventud morocochana.

2) Ensayos biográficos valorativos, que tienen por finalidad rendir homenaje a José Carlos Mariátegui, cuya desaparición física sucedió meses antes de publicarse los Apuntes monográficos. En 1930, distintos núcleos culturales y personalidades de las provincias del Perú, influidas por el Amauta, publicaron homenajes sobre su pensamiento y obra. Se tiene, por ejemplo, el Boletín Titikaka,[2] que contiene textos de homenaje a Mariátegui en sentido muy similar a los publicados en Apuntes monográficos. Estos son: «Nuestros valores continentales: José Carlos Mariátegui» (pp. 67 y 69), de César Augusto Palacios, y «El hombre prócer de la historia» (p. 83), de A. Adolfo Villar, como exégesis del pensamiento y la obra del Amauta. En palabras de César Palacios, «Con José Carlos Mariátegui se principia nuestro verdadero estudio de la realidad nacional con una visión y un criterio revolucionarios» (p. 67), y coincide en ello Adolfo Villar cuando se aproxima a la obra política de Mariátegui y afirma de este: «era el revolucionario científico; en una palabra, fue el hombre que vio de cerca el agitado problema del socialismo» (p. 83). La valorización resulta aleccionadora, pues permite comprender la notable influencia del pensamiento Mariátegui en Morococha. Por otra parte, el pesar por su temprana desaparición queda registrado en este párrafo:

José Carlos no ha muerto, José Carlos Mariátegui vive y vivirá, mientras sus ideas científicas persistan en esta generación y en la venidera. Si su cuerpo ha desaparecido, su alma revolucionaria y su corazón noble perdurarán en «Amauta» y en sus obras inmortales, cada vez, más ávidos de nuevos ideales. (Villar, 1930, p. 83)

3) Ensayos feministas, referidos a la condición de la mujer en 1930, los textos escritos por maestras presentan un esquema del problema partiendo de la perspectiva histórica, analizan la función social y política de la mujer, la de sus deberes y derechos, así como la proyección de su desarrollo personal y profesional, y concluyen con la temática amorosa. Los artículos son los siguientes:

-«Importancia de la educación de la mujer» (pp. 47-48), de Zoila Aurora Zevallos, presenta un tema polémico para su época: la elevación cultural y social de la mujer peruana. Esta posición se sustenta en su educación e invita a romper con los tabúes que impiden su desarrollo en el trabajo profesional. Las feministas peruanas pueden encontrar aquí sus referentes más sólidos.

-«Mis  dos  amigos» (p. 69), de Juana Rosa Sovero, cambia el sentido de las visiones anteriores, ya que representa un giro temático sobre lo femenino: la frivolidad y el tema amoroso se abordan desde  la perspectiva  intimista  y  desenfadada,  y la moral y las costumbres de la época siguen un esquema conductual del amor «puro y duradero», acompañado de inocencia, belleza e inteligencia.

-«La mujer ante la historia» (pp. 85, 88 y 90), de María Consuelo Vento, aborda la presencia de la mujer peruana en la historia de inicios del siglo XX y los referentes femeninos más relevantes de su tiempo. La autora no se detiene en personajes ya conocidos como Dora Mayer, Zoila Aurora Cáceres y Magda Portal, sino que también nos presenta a algunas protagonistas desconocidas que han marcado un hito en el feminismo peruano: Julia Isabel Castañeda, Miguelina Acosta Cárdenas y Rosa María Guerrero.

4) Prosas intimistas, con estilo de redactor periodístico, ágil y breve, recurre a una visión psicologista para presentar el estado anímico del articulista respecto a lo cotidiano y lo social. En esta parte, los artículos son los siguientes:

-«Una tarde» (p. 48), de Adrián C. Sovero, redactado como testimonio personal, tiene como motivo recurrente la nostalgia por la adolescencia, así como el presente en la difícil vida minera.

-«Palabras de estímulo» (p. 63), de M. Herminio Cisneros Z., director de El Diario de Cerro de Pasco, presenta las condiciones del trabajo periodístico de la época, y alienta a Blanco a seguir con los principios de un periodismo objetivo y veraz.

-«Recuerdos» (pp. 77-78), de José Castillo Matos, recurre, también, al tema nostálgico, con una alta dosis de intimismo que incluye al lector en la construcción vital de un romanticismo cercado por las circunstancias y el olvido.

También, en esta sección, se tienen textos poéticos. Las cualidades estéticas de la metáfora se desplazan hacia el realismo ingenuo, en un discurso ecuménico e intimista. La influencia de la vanguardia es débil, la unidad temática es la vida minera, y los tanteos usualmente discurren por el verso  libre antes que por el soneto. En este marco, se puede leer «Cristo en el Ande» (pp. 61-62), de Arturo Bravo; «El hijo del Ande» (p. 72), de Gamaniel Blanco —cuya construcción difiere en calidad con la del poema «Cuadro minero»—; «Ciudad muerta» (p. 75), de Luis A. Rivero; y, finalmente, «Cuadro minero» (p. 75), de Tomás Miro Quesada.

El tema amoroso y romántico está construido bajo una débil influencia de modernismo y puede leerse en los poemas: «Ofrenda» (p. 62), de Enrique Díaz L.; «Amor» (p. 64) y «Charleston» (p. 75), de Clodoaldo A. Espinosa Bravo; «Deja tranquilo…» (p. 71), de Alcides S. Hurtado de Mendoza; y «Meditación» y «Nostalgia» (p. 74), de César Augusto Palacios.

En «Charada científica» (p. 66), Luis E. Pinto rompe con el esquema poético lírico de sus antecesores. Sus versos se erigen como una motivación lúdica, y el cultivo del saber es el fin mismo del verso. Las charadas son un pasatiempo en el que se trata de encontrar una palabra mediante una indicación que hay sobre su significado. Se la descompone en partes, y estas partes forman otras palabras.

Este panorama intelectual representa una muestra de las condiciones culturales que el autor supo registrar en 1930, la presencia de ideas socialistas en sus protagonistas y sus perspectivas personales durante la residencia en el distrito minero.

Llaman la atención ausencias notables en esta sección: no hay textos de Augusto Mateu Cueva, quien, ya en 1929, había publicado, en Amauta, No.23, El factor económico de la delincuencia. Tampoco figura Miguel de la Mata, que, en dicha época, ya pergeñaba su novela En la noche infinita (1965); y, de Abelardo Solís (1928), su texto «El problema agrario en el Perú» fue motivo de sus intervenciones culturales en la Sociedad de Pro Cultura Nacional. Ellos fueron muy cercanos a Gamaniel Blanco, más allá de que es probable que tuvieran distancias de apreciación con el autor, habida cuenta de que este fue muy dinámico al momento de lograr la edición de los Apuntes monográficos de Morococha.

Si se compara Lampadas del minero (1988), de Augusto Mateu Cueva, y Apuntes monográficos de Morococha (1930), de Gamaniel Blanco, se encontrarán temas comunes descritos sincrónicamente por ambos autores. Los personajes y situaciones descritas son coincidentes, y las perspectivas y la estructura de ambos textos guardan unidad discursiva. El nexo y la síntesis entre el ensayo monográfico de Blanco y la narrativa de Mateu permiten comprobar la llamada literatura de no- ficción. El realismo literario se erige como la forma creativa representativa de una naciente literatura proletaria en el Perú, cuyas motivaciones temáticas son las condiciones de trabajo en las minas.

Parte 5: Instrucción

En esta sección, Blanco (pp. 94-99) realizó un registro minucioso de las escuelas de Yauli-La Oroya y del distrito de Morococha. Puso énfasis en la importancia del tema educativo, como cuando dijo: «Este es uno de los puntos que requiere mayor atención dentro del marco de la realidad» (p. 94). Presentó, también, las denominaciones de las escuelas y los preceptores que laboraban en cada una de ellas. Mencionó, además, a la Comisión Escolar Obrera como ente representativo de los trabajadores mineros, que ejercían la administración de sus Centros Escolares Obreros mediante autogestión.[3]

Estos trabajadores fueron los primeros en experimentar una educación alternativa en la formación de sus hijos.[4]

Destacó Blanco que sostenían sus escuelas mediante el descuento obligatorio de cuarenta centavos del salario que percibían.

Este Centro Escolar Obrero fue fundado en 1924 por un grupo de trabajadores mineros asociados al Club Movilizables No. 1. Aquellos trabajadores eran empleados por la Cerro de Pasco Copper Corporation y la negociación Puquio-Cocha de Lizandro Proaño. Funcionó en la antigua Casa Hacienda Pflücker, y solo obtuvo reconocimiento oficial del Ministerio de Justicia e Instrucción en 1926 y fue clausurado en noviembre de 1930. Blanco presentó fotografías del cuerpo docente en 1930, del personal de auxiliares y alumnos y de Ramón D. Azcurra, presidente de la Comisión Escolar Obrera. Estas imágenes permiten interpretar la participación de sus protagonistas y ubicarlos en el contexto histórico de la época.

Hasta aquí la información brindada resulta un testimonio de parte de Gamaniel Blanco. No obstante, lo que no informa, pero luego he investigado,[5] es que la labor de dichos maestros y trabajadores mineros fue una experiencia educativa marxista inédita en el Perú, que permitió operar cambios en la formación de los hijos de los trabajadores mineros. José Carlos Mariátegui compartió con los maestros de los Centros Escolares Obreros el texto Pedagogía proletaria, publicado por la ITE, que resumía los temas y las ideas expuestas durante las jornadas pedagógicas de Leipzig, en 1928.

Gamaniel Blanco, quizás, avizoró que esta experiencia educativa duraría poco tiempo debido a su constante confrontación con la poderosa transnacional norteamericana, la que, finalmente, presionó para la clausura de los Centros Escolares Obreros.

Esta experiencia educativa mereció todo el esfuerzo y sacrificios por parte de maestros y líderes mineros de Morococha. El autor (1930) indicó lo meritorio de su funcionamiento. Escribió:

El sostenimiento de estas escuelas, por la clase trabajadora, sin apoyo de ninguna otra entidad, es un timbre de honor y de orgullo para el elemento consciente. Su ejemplo debe ser imitado en todas partes. Loor y gloria a sus fundadores y bendición eterna a los que laboran por su sostenimiento. (p. 96)

Gamaniel Blanco finalizó esta sección con un llamamiento a que esta novedosa experiencia debía ser imitada por los trabajadores mineros de Malpaso, Goyllarisquizga, Cerro de Pasco y La Oroya.

Augusto Mateu Cueva, en Lampadas del minero (pp. 29-37), narra el funcionamiento de los Centros Escolares Obreros, muestra una opinión favorable por dicha experiencia. Ese mismo año, 1930, Augusto Mateu, siguiendo la propuesta de Gamaniel Blanco, trató de convertir una escuela fiscal de Goyllarisquizga en una Escuela Obrera administrada por sus trabajadores, experiencia que fue impedida por el prefecto de Junín y la maestra de dicha escuela.

Parte 6: Viabilidad

El autor registró las distancias de recorrido desde el distrito hacia Yauli y Ticlio, así como los puntos de referencia para la circulación vial, y mencionó que, al amparo de la redención vial, se construirá la carretera Morococha-Casapalca, que formará, después, la Carretera Central. Brindó, además, información sobre las llegadas y las salidas de trenes de Morococha a Ticlio, como el de Morococha a La Oroya, habida cuenta de que el servicio ferroviario se cubría de Lima a La Oroya y viceversa.

Parte 7: Otros aspectos

Blanco mencionó a los teatros y cinemas Reborí y Los Andes, donde se proyectaban películas traídas de la capital. Hizo también un reconocimiento del Estudio Fotográfico Pecho-Luna. Destacó la ausencia de un vocero periodístico digno de merecimiento en el distrito, y reconoció que un diario permite un vínculo comunicativo entre la población minera. Dejó pendiente muchos aspectos que deberían consignarse en la publicación, y, asimismo, dejó entrever que, en el futuro, la monografía debía incrementarse, hecho que no sucedió al fallecer este, en abril de 1931.

Parte 8: Visión histórica de la provincia de Yauli

En esta última parte, Blanco presentó una descripción de la evolución y cambios territoriales de la provincia de Yauli: indicó que, hasta 1839, perteneció a la provincia de Huarochirí y, en 1876, fue dividida en dos partes, al crearse el distrito de Chacapalpa, y ambas pasaron a ser parte de la provincia de Tarma, a la que perteneció hasta 1906, con sus cuatro distritos, y con Morococha, que se creó como el quinto distrito, en 1907, desde el que forma parte de la provincia de Junín. Además, hizo referencia a la contribución de su población a la causa patriótica que lideraron el general José de San Martín y su ministro Monteagudo contra las tropas realistas asentadas en su jurisdicción.

Epílogo

Entre septiembre de 2017 y febrero de 2018, la Casa de la Literatura Peruana realizó la exposición «Un Espíritu en Movimiento. Redes Culturales de la Revista Amauta» bajo la curaduría de Diana Amaya y Mauricio Delgado. De esta exhibición, me interesó la segunda sala, titulada: «Una Escuela Imaginada», en la que se destacó la participación e impulso de los trabajadores mineros en la creación y dirección de sus propias escuelas obreras.

La exposición descubre el interés del director de la revista Amauta, quien proporcionó literatura pedagógica entre líderes mineros y maestros del distrito de Morococha. Gamaniel Blanco mantuvo correspondencia con Mariátegui y ello se puede ver en la exposición de un inédito, en el cual Blanco y Palacios —directores de la revista Alborada, órgano de los Centros Escolares Obreros— le solicitan colaboración para uno de sus números.[6] En otra parte de la exposición, también emerge una carta de Blanco a Arroyo Posadas, en la que le expone los motivos sindicales y organizativos de los trabajadores mineros.[7] Aún existen manuscritos y un epistolario por descubrir entre los líderes mineros y José Carlos Mariátegui, tanto en archivos particulares como institucionales.

Esta edición facsimilar permitirá alcanzar información primaria de mano del insigne maestro de ideas socialistas que dirigió una importante experiencia educativa y el surgimiento de una escuela creada y dirigida por trabajadores mineros de Morococha.

Este esfuerzo por la impresión del facsímil es compartido con nuestro filósofo Joel Rojas Huaynates, que dirige Heraldos Editores, quien participa en la imperiosa necesidad  por poner este documento en manos de los estudiosos del pensamiento peruano, sobre todo, de la región central del país.

Es satisfacción personal cumplir uno de los anhelos de mi padre —el poeta autodidacta Víctor Mazzi Trujillo—, para que se imprimiese una edición facsimilar de este documento, que, con mucho celo y orgullo, preservaba en su biblioteca personal.

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[1] De forma paralela al estudio fotográfico Pecho-Luna, apareció otro fotógrafo importante: Sebastián Rodríguez. Sobre este último, Antmann (1981) realizó un estudio de su archivo fotográfico, cuyas imágenes estudiadas muestran parte de la vida minera en el distrito, desde 1928 hasta 1968. «Sus fotografías –señala Antmann (1981)– no solamente demuestran las condiciones materiales de un grupo humano, sino que también nos permiten apreciar sus actitudes hacia el mundo, expresadas en los gestos, poses y comportamientos adoptados por los personajes ante la cámara» (p. 121). Queda muy poco de este archivo, que constituye una memoria invaluable en el estudio histórico de Morococha. Informa Antmann (1981) que, en 1974, «la mayoría de sus negativos en placas de vidrio fueron destruidos y arrojados como cualquier desperdicio en un basural en la pampa de Morococha sin que nadie reparara en la pérdida de tan valioso testimonio» (p. 123).

[2] «José Carlos Mariátegui, fallecido en Lima el 16 de abril de 1930. El “Boletín Titikaka” contó en Mariátegui a uno de sus buenos amigos. En repetidas oportunidades, hízole objeto de su estimación. Esto explicaría el homenaje que, en nombre de los muchachos libres del departamento de Puno, rinde a su memoria, si no  fuera un deber continental hacerlo con la memria de uno de los paladines de la nueva conciencia, cuya vida es un desiderátum de energía, de heroísmo, y de sabiduría que honra a Indoamérica y presenta síntomas de su definición espiritual. Pero nuestro homenaje no se reduce a esta edición dedicada al compañero; tampoco fue ageno [sic] el «Boletín Titikaka» al homenaje que la juventud le rindió, por órgano de la Asociación de Estudiantes Indígenas, organizando, con la S. F. A., la conferencia que sobre el «Episodio Vanguardista de Indoamérica» ofreció Gamaliel Churata, oportunidad en la cual hizo un elogio proletario de Mariátegui». En: Boletín Titikaka (1930), No. XXXIV, p. 1.

[3] Emilio Pinelo, en Alborada, (1929), testimonia: «En Morococha Vieja hay dos Centros Escolares Obreros de ambos sexos, con sus respectivos directores, todos de notoria competencia y entusiastas en el arte de la enseñanza; tan es así que se nota, con dulce satisfacción, un adelanto intelectual en los alumnos y alumnas. El Centro Escolar Obrero de varones cuenta poco más o menos con 200 alumnos y el de mujeres con 150 alumnas, todas alegres y chaposas, ¡parecen gringas! Estos dos Centros Escolares Obreros están bajo la vigilancia y control de una Comisión Obrera Escolar, compuesta por caballeros conscientes y aun intelectuales, muy entusiastas y celosos en el cumplimiento de sus deberes, con un presidente o director integérrimo, para lograr el adelanto de la juventud estudiosa proporcionándoles los indispensables enseres o mobiliarios y útiles de enseñanza gratuitas. En una palabra, la Comisión Obrera Escolar despliega todas sus actividades y energía con el mayor interés en pro de la instrucción, sin distinguir: clase ni religión» (p. 6). Agradezco a Diana Amaya por brindarme la edición digital del texto.

[4] Véase, en Mazzi Huaycucho (2007), el testimonio de Víctor Mazzi Trujillo: «Buena parte de mi infancia transcurrió en el campamento minero de Natividad (Morococha), y la calle comercio de Morococha Nueva, entre el ruido de las compresoras y los días nevados. En 1929 ingresé al Centro Escolar Obrero que, por entonces, no recibía subvención del Estado ni de ninguna empresa minera, ya que solamente se mantenía en base a las aportaciones de los trabajadores. Allí hice el aprendizaje de mis primeras letras bajo el cuidado de los escritores y dirigentes sindicales Augusto Mateu Cueva y Gamaniel Blanco, quienes a la vez habían sido cofundadores, junto a Adrián Sovero y Ramón Azcurra, de la Sociedad Procultura Nacional. Pero en 1930, fueron presos y/o perseguidos por socialistas y por conducir la protesta del movimiento obrero que terminó con la masacre de los trabajadores en Malpaso y, como consecuencia de la represión, murió en 1931, Gamaniel Blanco con las entrañas destrozadas en la carceleta Guadalupe del Callao» (p. 236).

[5] Véase mi tesis de maestría: «La educación proletaria en los Centros Escolares Obreros de Morococha: 1924-1930» (2003).

[6] «Alborada» / Directores Gamaniel E. Blanco-César A. Palacios. Administrador Maximiliano Gutiérrez C. / Morococha, junio 30 de 1929 / Señor JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI / Muy señor nuestro: Conocedores de su espíritu dinámico y altruista, nos es altamente honroso dirigirnos a Ud. con el objeto primordial de poner en su conocimiento que, debiendo preparar un número extraordinario del Vocero Escolar «ALBORADA», en homenaje al 107 Aniversario Nacional, suplicámosle se digne honrarnos con su valiosa colaboración, acompañando, si no tuviera inconveniente su cliché para engalanar nuestras páginas. / Aprovechamos de esta oportunidad para ofrecer a Ud. nuestra singular consideración y respeto. / LOS DIRECTORES /.

[7] FEDERACIÓN DE TRABAJADORES DEL CENTRO / MOROCOCHA-PERÚ / 8 de noviembre de 1929.

Al camarada Moisés Arroyo Posadas. Jauja.

C:

Es un deber de idealismo el que me impele dirigirle esta a pesar de no tener el alto honor de conocerle personalmente, aun que fué [sic] mi deseo eso, en mi ultimo [sic] viaje a esa en compañía del compañero Adrián C. Sovero. Es [En] esta hora de la lucha por los sagrados principios de evolución social y regeneraciónde nuestra Raza Madre, me es por demás grato expresar a Ud. [mi agradecimiento] por la benévola comunicación dirigida al camarada Sovero. Yo, como uno de los mas [sic] humildes afiliados a la causa obrera de este asiento minero agradezco de corazón vuestra palabra de aliento, por que [sic] es un gran motivo para fortalecer alma, corazón y músculos y cerebro, para seguir adelante en la tarea emprendida, tras los reclamos de las causas obreras de este lugar. Ojala [sic] que nuestros ideales triunfen, en esta hora de lucha noble, para que así cantemos con orgullo, digno de nuestra generación, la canción de fraternidad, en que están empeñados todos los pueblos del Orbe.

La comisión representativa que se apersonó donde  el  Dr.[Abelardo]  Solís  la  componíamos  el compañero Sovero  y  el suscrito. Permanecimos en esa solamente el tiempo necesario para la entrevista; y es por eso que [sic] salimos de regreso lo mas [sic] pronto posible porque en esta nuestra presencia se hacía por demas [sic] urgente, por tener que dejar instalada la Federación de Trabajadores del Centro, trabajo que llevamos a cabo el dia [sic] domingo 3 de los corrientes, con un exito [sic] rotundo, porque el elemento femenino hizo honor a nuestra actuación, señalando un precedente de gran recuerdo, recuerdo que perdurará para siempre entre el elemento obrero de este lugar.

Hoy, en que nuestras labores están encaminadas ya por una senda de felicidad, auguro que el exito [sic] coronará nuestras aspiraciones, con el reconocimiento oficial de la Federación, por que [sic] así nos lo ha ofrecido el Dr. Alberto Salomon [sic], Senador por el Departamento [sic]. El ambiente de Morococha, en los actuales momentos, guarda la misma cultura de los días del paro, y eso es uno de los motivos porque estamos triunfando en la labor emprendida, a base de [sic] tantos abusos y escarnios cometidos con nuestra clase indígena de las profundidades mineras. Felizmente a raíz de la huelga, parece que el elemento trabajador ha comprendido lo que le toca y que, actuando colectivamente, se puede hacer una cosa con mayores resultados de éxito [sic]. En estos dias [sic] la labor que estamos realizando es por demás pesada, porque solamente un reducido grupo, de los que formamos el Personal Directivo [sic] de la Federación esta [sic] actuando con todo fervor, aunque han surgido de aquellos enemigos gratuitos que siempre les gusta hacer de su honor una especie de Mercado o Agencia Comercial [sic]. Mas esto no nos obliga sino a seguir trabajando en pos del ideal trazado, pese a quien pesare. Es nuestro deber.

Con los sentimientos de mi mejor consideración, estrechole mi humilde mano de camarada, augurando que nuestros ideales de noble simbolismo triunfen en no lejanos días.

Por la fraternidad de los Pueblos y por la Regeneración de nuestraRaza Madre [sic].

Humildemente, vuestro camarada. Gamaniel Blanco. Firma.

Perdone las faltas, por motivo del apuro en que me encuentro, con los asunto de la Secretaria [sic] de la Federación.

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Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 2



Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 2

Víctor Mazzi Huaycucho

Tenemos el agrado de presentar este texto que acompaña la publicación de la edición facsímil que los amigos de la editorial Heraldos Editores hicieron del texto de Gamaniel Blanco, Apuntes Monográficos de Morococha, el cual constituye un documento de gran valía para el estudio histórico de la tradición socialista en Perú. Agradecemos al autor que nos haya propuesto la publicación.

  • Gamaniel Blanco, Apuntes monográficos de Moroccha, Pequeño aporte para una monografía de la provincia de Yauli, Edición facsimilar, Estudio preliminar y edición de Víctor Mazzi Huaycucho, Lima, Perú, Heraldos Editores, 2021.

El texto

Aspectos técnicos

Apuntes monográficos de Morococha fue publicada en formato de 19,2 de ancho por 27 cm de alto. Para el cuerpo del texto, se utilizó la fuente tipográfica romana de 10 puntos, armado en una «caja» de 13,8 por 22,6 cm. La composición de los textos fue presentada en dos columnas de 6,7 cada una (13,8 ambas) por 21,5 cm de alto.

En el ejemplar que poseo, existe error de impresión: se repiten las páginas 57, 58 y 59, ante lo cual he decidido respetar la presentación del original. Para efectos de la reproducción facsimilar, dejo constancia de que las páginas 73, 76 y la correspondiente a la falsa portada están impresas en color verde; en color rojo están las contratapas de la carátula, la contracarátula y las páginas 49, 52, 86 y 87.

Las tipografías empleadas son las mismas con las que se utilizaron en el boletín Alborada, que se editó entre 1929 y 1930 en la imprenta de Simón Camargo. La composición de los textos es uniforme, mientras que, por el contrario, la impresión de las fotografías es de baja calidad, ya que el sistema de impresión en placas fotográficas de metal utilizado no permite alta definición de las imágenes.

Parte 1: Históricas

Los documentos más antiguos que hacen referencia a Morococha son escrituras de propiedad colonial de 1746, que la refieren como «Hacienda Mineral», propiedad de Martín de Bidegaray, quien estuvo dedicado a explotar la plata en piñas[1] y obtener el metal mediante huayras, un proceso metalúrgico rudimentario utilizado por los antiguos peruanos. Sebastián Franco de Melo[2] (justicia mayor y teniente general) señala que el lugar se denominó «La Natividad de Nuestra Señora de Carahuacra» y pertenecía al cuarto repartimiento de la doctrina de San Antonio de Yauli, ubicada entre las poblaciones de San Francisco de Pucará y San Martín de Tuctu, todos pertenecientes a Huarochirí. El documento también consigna la relación con los pobladores de Huarochirí y Jauja requeridos para la mita minera.

En 1840 parte de la superficie y alrededores de la laguna de Morococha eran propiedad de Pedro Iriarte, quien perdió la posesión de las tierras cercanas a la laguna por un juicio que le siguió Carlos Pflücker Schmiedel.[3] Iriarte, junto a Juan Francisco Izcue, fundó la Compañía Minas de Cobre. Al fallecer Izcue, la propiedad de la mina Suclla, también conocida como «Natividad», pasó a propiedad de Carlos Pflücker, quien administraba la Hacienda Mineral de Tucto.

Morococha fue visitada y descrita por Antonio Raimondi en 1861 (Inglesi, Inglesi Black, y La Torre Silva, 2005), invitado por Carlos Pflücker para estudiar el potencial de su riqueza minera. La descripción que realizó Raimondi, en su obra El Perú… (2006), permite entender el proceso de la producción minera del siglo XIX, la geomorfología del distrito (gracias a la descripción muy detallada de sus lagunas y glaciales) y el registro de su potencialidad minera. Raimondi (1861, 2006) también detalló la dureza del trabajo minero frente a lo hostil del clima.

En 1907 Morococha fue estudiada por el ingeniero Alberto Jochamowitz,[4] un gran admirador de la obra de Antonio Raimondi. Este estuvo dedicado a culminar un detallado registro topográfico y geológico del asentamiento minero. Jochamowitz (1908) registró la transformación de la minería aún rudimentaria y artesanal a un moderno sistema de extracción de minerales de cobre y plata. Su registro de vetas, socavones y minas es completo, y señala la riqueza mineral que contiene cada una. Describió la compra de propiedades mineras por capitales norteamericanos al amparo del Código de Minería promulgado en 1905, y redactó un registro minucioso sobre la temprana presencia norteamericana en la minería del distrito.

En Apuntes monográficos, el autor reseñó brevemente la descripción de la producción minera en el distrito de 1760 a 1930. Presentó un registro de las minas, socavones y concesiones mineras que detentan pequeños y medianos propietarios, tanto nacionales como extranjeros, y, aunque este no contiene el registro minucioso que realizaron Raimondi y Jochamowitz, brinda información acerca de una naciente burguesía nacional, conformada en gran parte por descendientes de inmigrantes italianos y alemanes.

La información permite entender las condiciones de la explotación minera bajo la hegemonía de los capitales norteamericanos durante la década de 1920. Destaca la formación urbanística de Morococha, la variación geomorfológica y ambiental del distrito a consecuencia de la mayor explotación minera y el cambio tecnológico, que elevó dramáticamente el volumen de extracción y procesamiento del mineral.

El mérito de Gamaniel Blanco es mostrar una aproximación a la mentalidad de los mineros de su época y las manifestaciones culturales que los caracterizaban. Detalló las creencias de la población minera a través del relato «Taita compuerta», y el registro del «Muqui» dentro de la tradición oral minera.[5] Este personaje mítico, residente del Ukhu Pacha, es considerado el causante de tragedias en socavones y minas. El Muqui también representa protección y celosa vigilancia de la riqueza minera. La extracción del mineral debe ser recompensada con un ritual de «pago» o pagacu, tal como realizan los campesinos a la Pachamama antes de iniciar sus labores agrícolas o en señal de agradecimiento y reciprocidad por los frutos brindados. Este «pago» se realizaba a la usanza antigua, brindando con akha o, en su remplazo, alcohol de caña, acompañado de velas y coca, que eran depositadas en la boca de minas o entradas principales de los socavones, como ofrendas para que el Muqui las tome y se alimente.

El Muqui es concebido en la mentalidad minera como un personaje castigador que irrumpe para restablecer el equilibrio y la armonía en el trabajo en socavones. Blanco informa, además, acerca de la presencia de otro «duende»: el «Auquillo», cuya función y símbolo se representa como benefactor y protector del trabajo en el interior de los socavones y galerías.

Aunque Blanco mostró escepticismo frente a los relatos mineros, los registró como una forma de constatar la mentalidad mágico-religiosa que subsistía en Morococha.

Más adelante, el autor presenta una descripción sociológica de la condición del trabajador minero de la época y del derroche que realizaba después del pago de jornales: la pérdida del salario en juegos de azar y el pernicioso alcoholismo en que se hundían. Esta información permite comprender cómo funcionaba la circulación monetaria durante el pago de los salarios, la circulación de mercancías dentro de la economía regional (dividida entre la economía capitalista ascendente y una vinculación con la producción agraria, aún con fuertes rezagos feudales).

El dispendio y la obsecuencia por el malgasto del salario de los obreros es una preocupación narrada por Augusto Mateu Cueva en Lampadas del minero (véanse sus cuentos: «El alcoholismo» y «La jarana»). La narrativa de Mateu y el registro sociológico de Blanco son un magnífico motivo para exponer la necesidad de una educación integral para el trabajador minero, además de denunciar las consecuencias desastrosas para el hogar por la pérdida del salario a efectos del juego y el alcoholismo. El sufrimiento de las familias del trabajador minero y la pobreza subsecuente tienen un punto de desequilibrio al determinarse sus causas: el deficiente nivel de responsabilidad y consciencia en el trabajador minero de la época.

Blanco hizo una magnífica descripción de las labores y los salarios percibidos, desde el pago del caporal de mina hasta de una magta, dedicada a labores menores, como el «chanqueo» o la pulverización del mineral en superficie. El valor de esta información permite comprender la comparación que este realizó entre los salarios percibidos en 1913 y en 1928, y permite trazar una línea comparativa del estatus económico de los trabajadores mineros respecto del de otras ramas productivas, como, por ejemplo, los trabajadores textiles.[6]Entre estas dos ramas productivas, la diferencia es significativa: los niveles salariales de los mineros son más altos, pero debe contarse su naturaleza intermitente y sujeta a la variación internacional del precio del cobre y la plata.

Al final de esta primera parte, Gamaniel Blanco expuso la evolución histórica del movimiento obrero en Morococha y la influencia del anarquismo en diferentes conflictos y huelgas sucedidas hasta antes de 1929. Asimismo, mostró el conocimiento de cada suceso con mucho detalle, y es probable que la información que recogió le fuera trasmitida por los propios protagonistas de aquellos conflictos mineros.

Este registro histórico de huelgas mineras en Morococha contiene lo que se conceptúa como «conciencia histórica». El autor evaluó el fracaso de cada conflicto huelguístico y concluyó con lecciones sobre sus causas, y fue más allá de una mirada del cronista, que simplemente describe, ya que propuso una reinterpretación histórica de la evolución del sindicalismo revolucionario en Morococha.

La consolidación del nuevo tipo de sindicalismo ocurrió después de la catástrofe ocurrida el 5 de diciembre de 1928 en el socavón María Elvira, aparentemente como producto de la negligencia de los ingenieros de la compañía norteamericana al excavar un pozo de ventilación que emergió directamente en la laguna de Morococha, y que ocasionó la inundación de minas y galerías. En esta catástrofe, perecieron 32 trabajadores mineros.

Gamaniel Blanco (1930) describió así la condición de la laguna:

Los lugares adyacentes a la referida fábrica –la Casa Hacienda Pflücker– no eran otra cosa que lodazales infernales, en cuyo centro se encontraba la «Laguna de Morococha», seca, hoy, por el desagüe efectuado últimamente  por la Compañía Americana, Cerro de Pasco Copper Corporation, después de la gran catástrofe minera del 5 de diciembre de 1928. (p. 4)

Sobre este hecho luctuoso, los indicios y declaraciones posteriores hacen plausible la conjetura de que no fue un ocasional «accidente de trabajo» ocurrido debido a «la fatalidad y la mala suerte», tal como se divulgó interesadamente durante el gobierno de Augusto B. Leguía, sino que fue un calculado «riesgo de inversión» que se tomó en la gerencia de la transnacional norteamericana para solucionar definitivamente  las incesantes  inundaciones  de lodo y cieno en los socavones y las galerías situados debajo de la laguna, que afectaban la extracción del mineral.[7] El costo económico resultante fue beneficioso para la compañía norteamericana si se considera que el secado de la laguna aminoró los gastos para retirar el agua de las galerías y túneles mediante bombas de desfogue en superficie. El túnel construido para el desagüe y secado de la laguna fue denominado «Kingsmill», en alusión al gerente de la Cerro de Pasco Copper Corporation, quien ordenó la construcción del túnel de ventilación al superintendente Geo B. Dillingham.

Los accidentes de trabajo (derrumbes en socavones) fueron y son un tema permanente en el trabajo minero, y, aunque Gamaniel Blanco solo ha consignado tangencialmente parte de estos, existe abundante registro fotográfico y periodístico de la época sobre el tema: velatorios de trabajadores muertos por derrumbes en el interior de los socavones.

Entre este registro de conflictos y huelgas en el distrito, se consigna información sobre la huelga del 10 de octubre de 1929. Aquí el texto resulta un testimonio de parte, y es interesante comprobar que Gamaniel Blanco fue elegido secretario general de la Comisión Obrera de Reclamos, y no laboró como trabajador minero, sino como maestro de la escuela, que financiaron los mismos obreros de la compañía norteamericana y los trabajadores de la negociación Puquio-Cocha.

Esta Comisión de Reclamos la integraron Adrián C. Sovero (presidente), Ramón D. Azcurra, Abel Vento, Enrique Saravia y Alejandro Loli como delegados y vocales. La Comisión conformó el Comité Central de Reclamos y presentó un pliego de peticiones al superintendente de Morococha, Alexander McHardy. El motivo desencadenante fue la decisión de dicho funcionario de reducir el salario de los lamperos de mina y el despido arbitrario de 50 trabajadores, a los cuales la compañía norteamericana se negó a reconocerles el pasaje de regreso, en tren, a sus localidades de origen.

La huelga afectó la producción y la extracción del mineral por cuatro días, habida cuenta de que se había desencadenado la crisis económica mundial y ello afectaba directamente a los intereses económicos de la Cerro de Pasco Copper Corporation. Ante esta situación, los dirigentes mineros siguieron los procedimientos y normas legales de la época para evitar una dura represión. El prefecto de Junín, Augusto de Romaña, instaló un contingente policial e hizo de intermediario en la negociación del pliego de reclamos con el gerente general de la compañía minera, Harold Kingsmill, el superintendente de Morococha, Alexander McHardy, y el delegado del Ministerio de Fomento, Nicolás Salazar Orfila.

Este testimonio de parte de Gamaniel Blanco está incompleto si no se asocia con la intervención directa de José Carlos Mariátegui en el éxito de la huelga, tal como se lee en su carta a Moisés Arroyo Posada.[8]

Los dirigentes mineros viajaron a Lima para tratar el pliego de reclamos con el gerente de la compañía norteamericana. Esta delegación visitó a José Carlos Mariátegui y, con ello, consolidó sus vínculos organizativos y políticos. La resolución de la huelga no consiguió el aumento del salario ni la restitución de los trabajadores despedidos, y, en cambio, logró el reconocimiento del Comité Obrero de Reclamos como legítimo interlocutor de los trabajadores mineros ante la Cerro de Pasco Copper Corporation. Gamaniel Blanco (1930) dejó testimonio sobre esta huelga victoriosa como secretario general de la Comisión Central de Reclamos:

Uno de los triunfos más rotundos conseguidos por los representantes obreros fue el derecho de organización y la estabilidad del Comité Obrero de Reclamos. En suma: el movimiento obrero de 1929 fue una epopeya heroica y digna del proletariado de Morococha. (p. 17)

El testimonio de Blanco brinda información sobre las posteriores consecuencias de esta huelga: la detención de José Carlos Mariátegui y muchos sindicalistas e intelectuales bajo la acusación de ejecutar un «complot comunista». Mariátegui (1984), en una carta dirigida a César Miró (1974), le alertó:

Mi casa es designada como el centro de la conspiración. Se me atribuye especial participación en la agitación de los mineros de Morococha, que, en reciente huelga, que ha alarmado mucho a la empresa norteamericana, han obtenido el triunfo de varias de sus reivindicaciones, entre otras las de su derecho a sindicalizarse. El gobierno acaba de obligar a los obreros a renunciar al aumento que gestionaban y se teme que nosotros defendamos e incitemos a los obreros a la resistencia. (p. 677)

Conviene destacar que, al final de esta primera parte, el autor reafirmó el logro del reconocimiento oficial del Comité Obrero de Reclamos y el derecho de sindicalización como un triunfo rotundo, lo que causaría la férrea oposición de la compañía norteamericana: su directorio no respetó la legislación peruana sobre derechos laborales y condiciones de trabajo, y siguió utilizando el sistema de enganches y contratas como medio usual para la captación y empleo de campesinos en las minas, librándose de responsabilidades en gastos que atendiesen sus derechos laborales.

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[1] «Plata en piñas» es una forma natural con que podía encontrarse el mineral con contenido de plata, en forma parecida a una piña (Ananas comosus).

[2] Véase: Spalding (2012), El diario histórico de Sebastián Franco de Melo: el levantamiento  de Huarochirí  de 1750. El diario brinda una detallada información de la organización administrativa y económica de la mina de Carahuacra.

[3] En el tomo I del Epistolario de Antonio Raimondi (Inglesi, Inglesi Black, y La Torre Silva, 2005), hay una nota interesante sobre este empresario minero. Dice: «Carlos Renardo Pflücker Schmiedel. Comerciante y empresario minero. Nació en Waldenburg, Baja Silesia, Prusia. Fue funcionario de la compañía Gibbs, en Guayaquil, Ecuador, donde conoció a Gertrudis Rico Rocafuerte, con quien posteriormente contrajo matrimonio, a mediados de 1834. En ese año, ya era socio de Gibbs, Crawley & Co. y trabajaba en el Departamento de Ventas en Lima. Con el señor Juan Francisco Izcue, fundó la Compañía Peruana de Minas de Cobre. En 1842 se asoció con Federico Schulte para criar gusanos de seda, y llegaron a tener más de cincuenta mil gusanos y muchísimos más huevos. No obstante, este negocio fracasó. En el periodo de 1853 a 1863, incursionó en la explotación de las minas de cobre de Antamina, cercanas al pueblo de San Marcos, en el departamento de Áncash, pero, debido a la baja del precio del cobre, este tipo de exportaciones se paralizaron, y, como él había consignado su material a la Casa Gibbs-Londres y la sucursal de Lima le hacía adelantos sobre el mismo, terminó endeudado por una gran suma de dinero. Habiendo fallecido su primera esposa en 1860, el 14 de septiembre de 1872, contrajo segundas nupcias con Paula Ampuero. Fue despedido del establecimiento de Gibbs con la excusa de que dedicaba demasiado tiempo a otras actividades, ya que era propietario de asientos mineros donde se encontraban las minas de cobre de Morococha y Quispisiza, además de las de plata de Tuctu. Sin embargo, con los ingresos producidos por los yacimientos de Tuctu, logró cancelar todas sus deudas» (p. 112).

[4] Véase: Jochamowitz (1908), «Estado actual de la industria minera en Morococha. Informe de la Comisión de Yauli». En: Boletín del Cuerpo de Ingenieros de Minas, pp. 9-64.

[5] Véase: Salazar-Soler (2006), Supay Muqui, dios del socavón: vida y mentalidades mineras. El texto retoma un tema presente ya en la mentalidad del trabajador minero durante la década de 1920. Su estudio trata sobre la mentalidad del trabajador minero, durante la década de 1980, en la mina de Julcani (Huancavelica).

[6] Véanse: Derpich, Huiza e Israel (1985), Lima años 30: salarios y costo de vida de la clase trabajadora; y Derpich e Israel (1987), Obreros frente a la crisis: testimonios años treinta.

[7] Sobre esta catástrofe, véase, en Amauta, n.o 22, la carta que enviaron los trabajadores mineros a su director, José Carlos Mariátegui, fechada el 14 de enero de 1929, en la que se determinó la culpabilidad de la compañía norteamericana,  aunque no percibieron que no fue pérdida económica, sino ahorro en gastos de mantenimiento de máquinas para retirar el agua en las minas: «En efecto –escribieron los mineros de Morococha–, las funestas consecuencias de la catástrofe ocurrida en las minas de la Copper Corporation han sido debidas al descuido de los empleados técnicos, a la desmedida ambición en la explotación del mineral y a la economía mal entendida de la compañía. He aquí, pues, las consecuencias que nada o casi nada importan a la compañía, en cuanto se refiere a la vida de los obreros que han sucumbido; pero sí, seguramente, en cuanto toca al capital perdido. Su actitud lo evidencia» (p. 81).

[8] Mariátegui (1984), Correspondencia: «Conviene que converse Ud. sobre esto [la huelga minera] con el compañero [Abelardo] Solís y que escriba a Morococha. Dígale a [Abelardo] Solís que el acta de fundación de la Federación de Trabajadores del Centro, con sede en Morococha, dejaba pendiente la constitución de la organización especial de los mineros. En vista de esto, el Comité ha deliberado la constitución del sindicato de mineros y fundidores del centro. El sindicato de mineros y fundidores del centro será, además, el punto de partida de la Federación de Mineros del Perú» (p. 667).

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Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 1



Apuntes monográficos de Morococha. Estudio Preliminar. Parte 1

Víctor Mazzi Huaycucho

Tenemos el agrado de presentar este texto que acompaña la publicación de la edición facsímil que los amigos de la editorial Heraldos Editores hicieron del texto de Gamaniel Blanco, Apuntes Monográficos de Morococha, el cual constituye un documento de gran valía para el estudio histórico de la tradición socialista en Perú. Agradecemos al autor que nos haya autorizado la publicación.

  • Gamaniel Blanco, Apuntes monográficos de Moroccha, Pequeño aporte para una monografía de la provincia de Yauli, Edición facsimilar, Estudio preliminar y edición de Víctor Mazzi Huaycucho, Lima, Perú, Heraldos Editores, 2021.

La presente edición representa un noble esfuerzo por poner en manos del público el texto de Gamaniel Enrique Blanco Murillo, publicado en 1930. Preservados dentro de la tradición familiar, el autor guardó amistad e ideales con José Mazzi Vargas, mi abuelo. Mi padre —escritor autodidacta— estudió en el Centro Escolar Obrero, institución educativa regentada por los trabajadores mineros, donde Blanco se desempeñaba como educador, y conservó los Apuntes monográficos de Morococha con sumo cuidado en su biblioteca personal, y, precisamente, esta tradición familiar ha hecho posible que la memoria de este insigne maestro no se pierda, y su obra nuevamente pueda leerse con esta edición facsimilar.

Alcides Marín fue el seudónimo literario utilizado por Gamaniel Enrique Blanco Murillo, autor del registro testimonial de una época convulsionada de la que fue partícipe: crisis económica mundial en octubre de 1929, consolidación de los capitales norteamericanos a través de la Cerro de Pasco Copper Corporation —una de las más poderosas transnacionales de la minería del siglo pasado—, fundación del Sindicato Minero de Morococha, constitución de la Federación de Mineros del Centro, cruento desenlace del Congreso Minero en La Oroya y masacre de trabajadores en Malpaso.

La historia del proletariado minero está ligada a la consolidación del proyecto socialista en el Perú, enarbolado por José Carlos Mariátegui, cuya meta fue la organización sindical y política del movimiento obrero peruano, y, en particular, del proletariado minero del Perú, cuyo epicentro fue el distrito de Morococha.

A lo largo de su evolución histórica, Morococha, durante la dominación colonial española, fue registrada como la Hacienda Mineral Tucto. En 1860 pasó a ser explotada por Carlos Pflücker y Pedro Iriarte, de los cuales el primero se quedó con toda la propiedad minera. Desde 1901, al amparo del nuevo Código de Minería, se iniciaron las adquisiciones de propiedades y concesiones mineras por parte de un «sindicato» de accionistas norteamericanos, que, en 1916, se convertirá en la Cerro de Pasco Copper Corporation.[1]  En 1971 esta compañía fue nacionalizada y convertida en Centromin Perú, y Morococha fue convertida en una unidad de producción de la empresa estatal.

Como parte de la política neoliberal del gobierno de Fujimori, en la década de 1990, fue rematada a la empresa extranjera Doe Run, y, posteriormente, ya en años recientes, fue subastada y entregada en concesión a la empresa Chinalco para el desarrollo de minería a tajo abierto, en el proyecto denominado «Toromocho», con lo que el distrito está siendo desplazado a otro espacio geográfico, y las casas y edificaciones, tanto en Morococha Vieja como en Morococha Nueva, se están demoliendo. Así, parte de la historia del sindicalismo peruano minero está por desaparecer.

Del autor

Gamaniel Enrique Blanco Murillo nació en la comunidad campesina de Vinchos, provincia de Daniel Alcides Carrión, en Cerro de Pasco. Según su partida registral —libro n.° 49, foja 397— de la Municipalidad Provincial de Pasco, su fecha de nacimiento fue el 3 de mayo de 1907.

Realizó sus estudios en el Liceo Cerreño y, después, en la Escuela Primaria 491, en Pasco. En 1912, a raíz del deceso de su madre, Juana Murillo, pasó a la tutela de su tío Vicente Blanco, cuyo rigor y formación intelectual formaron su autodidactismo, basado en la lectura y la escritura de textos periodísticos. De la Torre (2004) informa que, en 1920, se integró a los Boys Scouts de Cerro de Pasco, fundado por su maestro Julio Cárdenas, con los cuales realizó viajes por todo el departamento de Pasco. Sus inquietudes de juventud por registrar todo lo que observaba en sus distintos viajes por su tierra natal, Cerro de Pasco, lo introdujeron en el periodismo regional. A los 15 años, trabajó como tipógrafo y redactor del diario pasqueño El Minero, para luego ocupar el puesto de reportero y corrector editorial. Gustaba firmar sus artículos con el seudónimo «White», que, posteriormente, cambiará por el de «Alcides Marín».

En su juventud, integró distintos clubes sociales de Cerro de Pasco, y llegó a ser presidente del Club Juventud Apolo, además de ser socio del Club Sport Team Cerro, donde  fue  nombrado prosecretario en 1924. Ese mismo año fue miembro activo de la Sociedad de Obreros Billinghurst y de la Sociedad Daniel Alcides Carrión. Sus inquietudes sociales despertaron su activismo en favor de las reivindicaciones de los mineros de Pasco, y redactó artículos que describían la situación deplorable de las labores extractivas del mineral en socavones y minas.

Fue un entusiasta integrante de diversos clubes carnavalescos de Pasco, y compuso letras de mulizas y huainos que fueron musicalizados por Graciano Rixi. Esta participación lo muestra como un destacado compositor.

En 1925 participó como reportero durante un raid automovilístico que atravesó la cordillera de La Viuda, para demostrar la conveniencia de la apertura de una nueva red vial que uniera directamente Cerro de Pasco con Lima, pasando por Canta (Pérez Arauco, 1984).

En 1927 trabajó como preceptor en escuelas de Patarcocha, donde mostró una gran labor pedagógica con los niños, así como el rápido progreso que aquellos lograban en sus aprendizajes. Parte de esta formación se inició durante su participación en los Boy Scouts, experiencia que le serviría en su labor como maestro de escuela.

En 1928 residió en Morococha, donde laboró como maestro en los Centros Escolares Obreros. Ese mismo año, fundó el periódico El Martillo y, posteriormente, junto con César Augusto Palacios, Alborada, vocero oficial de los maestros de los Centros Escolares Obreros. También se desempeñó como corresponsal de Amauta y Labor,[2] así como de diarios de Cerro de Pasco, Huancayo, Tarma y Jauja. Cisneros y Suárez (1967) afirman que los artículos y notas que escribió para aquellos periódicos dan referencia de la evolución y maduración de sus ideales hacia el pensamiento y la acción socialistas.

Su labor pedagógica se desarrolló bajo el influjo de la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza ([ITE], 1930). Realizó una experiencia inédita en la educación peruana.[3] Inició, en 1928, sus indagaciones para publicar una monografía sobre el distrito minero de Morococha. En diciembre fue testigo de la inundación de galerías y socavones por el desborde de la laguna de Morococha, catástrofe en la que perecieron 32 trabajadores mineros. Redactó informes y artículos periodísticos en los que señaló las responsabilidades de funcionarios de la Cerro de Pasco Copper Corporation en esta tragedia (véanse: Anónimo [«Informador»], 1928; y Solís, 1929).

Junto con otros líderes mineros, como Augusto Mateu Cueva, Adrián C. Sovero y Ramón D. Azcurra, entre otros, en febrero de 1929, fundó la Sociedad de Pro Cultura Nacional, como órgano cultural para propender a la educación de los trabajadores mineros.

Dirigió la huelga minera del 10 de octubre de 1929, y logró el reconocimiento del Comité Central de Reclamos, que, después, se convirtió en la Federación de Trabajadores del Centro. Su labor sindical fue meritoria: influyó y dirigió los reclamos obreros sin ser un trabajador minero empleado por la compañía norteamericana, ya que fue un maestro de escuela con ideales organizativos y a favor de la educación de los trabajadores.

En 1930 desarrolló con mucho ahínco el trabajo educativo y sindical. Por un lado, está su labor de maestro experimentando nuevas metodologías pedagógicas con los hijos de los trabajadores mineros, y, por otro, la orientación y organización de los trabajadores bajo ideales socialistas (Mazzi Trujillo, 1961, 1976, 1991, 2006). En abril de 1930, al fallecer José Carlos Mariátegui, se adhirió al Partido Comunista y se convirtió en el líder más importante para la organización sindical minera de Morococha. En mayo de ese mismo año, fundó, junto con César Augusto Palacios, la revista Justicia, vocero del Comité Central de Reclamos.

El 2 de octubre del mismo año, se produjo un nuevo paro laboral, causado por el rechazo a los acuerdos laborales conseguidos el año anterior por parte de funcionarios de la compañía norteamericana. El conflicto fue resuelto en favor del Comité Central de Reclamos. Gamaniel Blanco desarrolló, junto con Augusto Mateu Cueva (1939, 1940, 1947, 1988), Adrián C. Sovero, Julio Portocarrero (1987) y Jorge del Prado (1983, 2010), el trabajo de consolidación de la organización sindical de trabajadores mineros de Yauli-La Oroya, Cerro de Pasco, Goyllarisquizga y Malpaso.

En noviembre participó como delegado pleno de la Federación de Trabajadores del Centro ante el Primer Plenum de la Confederación General de Trabajadores del Perú, desarrollado en el Teatro Municipal de Lima. Uno de los acuerdos tomados en este Pleno fue comisionarle la organización del Primer Congreso Minero en La Oroya, tarea que asumió con responsabilidad y persistencia.

Este Congreso Minero se inició el 8 de noviembre pese a la férrea oposición del directorio de la compañía norteamericana y por los sabotajes del gobierno de Luis Sánchez Cerro a través del prefecto de Junín, Jerónimo Santiváñez.

El Congreso fue interrumpido abruptamente el 11 de noviembre mediante el apresamiento de todos sus delegados mineros, quienes, en horas de la madrugada, fueron enviados a prisión en Lima. La población de La Oroya en respuesta a esta medida apresó a dos funcionarios de la compañía norteamericana y se declaró en huelga. El gobierno de Luis Sánchez Cerro retrocedió y concedió la libertad a los delegados mineros.

Durante el transcurso del conflicto, el prefecto precipitó la represión de los trabajadores de la hidroeléctrica de Malpaso que marchaban a recibirlos. En la refriega, murieron 23 obreros y 3 empleados de la compañía norteamericana. El Congreso Minero fue disuelto mediante la declaración del estado de sitio en los departamentos de Lima y Junín, por Decreto Ley N.o 6927, y la disolución de la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP), por Decreto Ley N.o 6926. La emisión de estos dos decretos, en palabras del prefecto de Junín Santiváñez (1930), «produjo el aplanamiento general de la clase obrera» (p. 27). La masacre de Malpaso y la declaratoria del estado de sitio produjo el desmoronamiento de la organización sindical minera del Centro del Perú.

Clausurado el Congreso Minero, el directorio de la compañía norteamericana despidió a gran cantidad de trabajadores de Morococha, La Oroya, Goyllarisquizga y Malpaso. El régimen de Luis Sánchez Cerro desató una tenaz persecución y encarcelamiento de todos los líderes sindicales mineros. Gamaniel Blanco fue detenido el 15 de noviembre en Morococha, junto a Adrián C. Sovero, Ramón D. Azcurra y Miguel de la Mata, entre otros muchos. Fueron trasladados a la Carceleta de Guadalupe, en Lima, y luego a la colonia penal El Frontón (Callao).

Su carcelería en la isla le desencadenó una severa bronquitis. Cuando empeoró su salud y estuvo en estado agónico, fue trasladado al hospital Dos de Mayo, en Barrios Altos. Falleció el 16 de abril de 1931,[4] un año después de la muerte de José Carlos Mariátegui. Sus restos reposan en el cementerio Presbítero Maestro.

Obra escrita

Como intelectual comprometido con los ideales socialistas, el autor denotó una prosa y poesía de carácter social y denunció la condición pauperizada en la que se desenvolvían los trabajadores mineros.

Gamaniel Blanco ha escrito gran cantidad de ensayos y artículos, muchos inéditos y la mayoría desperdigados en diarios y revistas de la época. Cerna Bazán (1980) indica que es considerado autor de mulizas de protesta, tales como: Cuadro minero, Canciones  como recuerdos, La vida es  un carnaval, Ángel de puna y El hijo del Ande, temas que, como testimonia Víctor Mazzi Trujillo, fueron cantados y recitados por los estudiantes de los Centros Escolares Obreros.

Como dramaturgo, escribió la obra teatral Gloria a la madre, texto del cual solo existen fragmentos copiados por estudiantes del Centro Escolar, y que puso en escena con la participación de los hijos de los trabajadores. El guion expone sobre la situación de las mujeres pobres, esposas de mineros, llamadas «pallas», que la Cerro de Pasco Copper Corporation empleó para labores de pulverización, de manera artesanal, del mineral en superficie o «canchas», que se realizaba en las peores condiciones de trabajo y por el que se pagaba míseros salarios. A esta labor se le conocía también como «pallaqueo» o «chanqueo». Al poner en escena la cruda realidad social de las mujeres en las minas, buscó generar conciencia y compromiso entre sus lectores: los mismos trabajadores mineros.

No llegó a escribir sobre sus experiencias pedagógicas en el Centro Escolar Obrero, y esto puede evidenciarse en sus textos que publicó en la revista Alborada, donde explica algunos criterios originales para mejorar la enseñanza y el aprendizaje entre los hijos de los trabajadores mineros.

El único texto orgánico que llegó a publicar en vida fue Apuntes monográficos de Morococha, auspiciado por el tipógrafo Simón Camargo Moreno, autofinanciado mediante la venta de publicidad a comerciantes y artesanos del distrito y, también, por la venta de imagen en la página social de personalidades.

Durante las primeras décadas del siglo XX, existe la extendida tradición de elaborar monografías en distintas provincias del Perú, lo que se muestra en la persistente necesidad por registrar detalladamente la economía, historia, cultura y personalidades que caracterizan el espacio geográfico de convivencia. En la región central del Perú, existen monografías sobre distritos y provincias, todas bajo selección temática, que presenta lo relevante de la población, instituciones y tradiciones características.

Gamaniel Blanco, al redactar los Apuntes monográficos de Morococha, expresó que este constituye «un pequeño aporte» y caracterizó su realización como «apuntes», al entender estos como una primera aproximación al estudio del distrito minero. Concibió un futuro texto como un trabajo de gran envergadura, y se trazó como meta culminar la redacción sobre temas que recogió en diferentes archivos de la región, además de testimonios que recogió de boca de sus protagonistas. El tiempo que tardó en redactar la monografía lo compartió entre sus labores como maestro de los Centros Escolares Obreros, periodista, escritor y líder sindical.

A diferencia de los estudios geomorfológicos y metalúrgicos que consignan Raimondi (1861) y Jochamowitz (1908) sobre Morococha, los Apuntes monográficos viran la mirada hacia los trabajadores mineros y personajes representativos de la época. La información que recogió es confiable y objetiva: tomó testimonios, entrevistó a diferentes personalidades: trabajadores, autoridades y medianos empresarios residentes en el distrito. Elaboró un registro pormenorizado de organizaciones culturales y sociedades provinciales presentes en el distrito, y expuso un inventario de proyectos y anhelos de cada sociedad provincial. Asimismo, dejó expuesto el sistema salarial y las condiciones de trabajo que regían bajo la administración de la Cerro de Pasco Copper Corporation.

Una lectura más atenta de los Apuntes monográficos nos indicará que la preocupación del autor no es la compañía norteamericana, sino sus protagonistas creadores de riqueza: los trabajadores mineros, quienes son reivindicados y cobran notoriedad con sus anhelos de progreso personal y sus necesidades culturales y educativas.

Pensamiento

La evolución de las ideas del autor desemboca en su  adhesión al pensamiento socialista. El 20 de mayo de 1930, a instancias de la Tercera Internacional Comunista, el Partido Socialista del Perú, fundado por José Carlos Mariátegui cambió su denominación a Partido Comunista. Este cambio de nombre no varió los términos ideológicos y organizativos que Mariátegui había trazado con la finalidad de consolidar la organización sindical y política de los obreros peruanos.

Martínez  de  la Torre  (1974, t. 1) informa que, en julio de 1930, Jorge del Prado Chávez fue destacado a Morococha con la misión de consolidar la influencia del Partido Comunista entre los trabajadores mineros del distrito. A su arribo, descubrió que su existencia era pública y no exhibió ningún velo de secretismo. Gamaniel Blanco había desarrollado un formidable trabajo de propaganda y centralización organizativa entre los mineros, tal como se lee en una carta que escribió a Ricardo Martínez de la Torre.[5]

Esta referencia permite entender comunicación entre Mariátegui y nuestro líder minero. Blanco conoció el programa del Partido Socialista que había redactado Mariátegui (1980b) en 1928. Encontró resistencias y conflictos al momento de la defensa del legado de Mariátegui en la organización comunista. Eudocio Ravines, elegido nuevo secretario general, implantó la directiva de «clase contra clase», dentro de las propias filas. Esta consistió en desarrollar «luchas implacables» y «golpes despiadados», pues «quien no era un reaccionario declarado era un contrarrevolucionario en potencia». Privilegiaba el conflicto interno para el aislamiento, depuración y expulsión de supuestos enemigos. El discurso de Ravines siguió las directivas del Buró Sudamericano de la Tercera Internacional, que dirigía el argentino Victorio Codovilla, y se radicalizó en contra de los defensores del legado del Amauta, tildándolos de «mariateguistas».[6]

De distintas maneras, Blanco enfrentó la línea oficial de «desmariateguizar» el Partido Comunista. Puede evidenciarse tal postura en el testimonio que brinda Jorge del Prado sobre la acción de Blanco durante el paro minero del 10 de octubre de 1930. Alexander McHardy y William Skeen —funcionarios de la Cerro de Pasco Copper Corporation— agredieron a Adrián C. Sovero, rechazándolo como representante sindical. El agredido como líder del Comité Central de Reclamos inmediatamente paralizó todas las labores y, con los trabajadores, presionó e hizo apresar a dichos funcionarios, aun pese a la oposición del jefe policial del distrito, el sargento segundo Víctor Silva Sánchez. En la puerta de la comisaría, dicho policía intentó disolver a balazos la manifestación, pero fue reducido por los obreros, cuando —como testimonia Del Prado—:

En esos momentos, y ante mi misma admiración, [Gamaniel Blanco subió a la baranda de la comisaría y desde allí habló acertadamente de la lucha de clases y de la toma del poder. Explicó también lo que quería decir el comunismo, y el discurso terminó con vivas a la unión de los Soviets. Los obreros se entusiasmaron. (Martínez, 1974, tomo 4, p. 74)

Conjeturamos que el discurso de Gamaniel Blanco siguió una estructura discursiva basada en la literatura que circulaba entre los dirigentes comunistas de la época. Lo destacable fue que, en plena campaña de «desmariateguización», fuera Blanco quien reivindica el pensamiento y obra del Amauta, tal como se evidencia en su discurso, realizado horas después, en el patio de los Centros Escolares Obreros. Afirma Jorge del Prado (Martínez, 1974):

Blanco, enseguida, pronunció un discurso en el que recalcó su primero [sic], e hizo una gloria [sic] mención del camarada [José Carlos] Mariátegui, incitando a seguir fielmente su obra. Poseído aún de un gran porcentaje de lirismo e idealismo, recomendó sobre todo “lectura” e insinuó la idea de fundar la Biblioteca Obrera Mariátegui. (p. 75) [Las cursivas son nuestras].

El discurso indica adhesión al pensamiento mariateguiano, que es tomado como modelo por seguir mediante el estudio autodidáctico. Meses después, también se registró su intervención durante el Primer Plenum de la CGTP, realizado en Lima (La Crónica, 7 noviembre de 1930), donde se consigna lo siguiente:

El compañero Blanco, delegado de la Federación de Trabajadores Mineros del Centro, tomó la palabra enseguida, remarcando el sufrimiento y la explotación a que estaba sometido el trabajador minero directamente al imperialismo yanqui. Sus palabras fueron apoyadas con mueras a todos los imperialismos y se cantó, como al terminar otros discursos, «La Internacional» y otros himnos del trabajador. (p. 16)

La efervescencia sindical después del derrocamiento del gobierno de Augusto B. Leguía el 25 de agosto de 1930 y las libertades iniciales que otorgó el régimen del comandante Luis Sánchez Cerro muy pronto se quebraron, cuando directamente se confrontaron con los intereses económicos de la compañía norteamericana.

El Plenum de la CGTP dejó como tarea inmediata la realización del Primer Congreso Minero en La Oroya. El prefecto de Junín, Jerónimo Santiváñez (1930), vigiló el desarrollo del Congreso con mucho recelo y hostilidad. Sobre la intervención de Blanco ante el Congreso, resalta (1930) la anotación de sus informantes:

Gamaniel Blanco, delegado de Morococha, pero que no era obrero, se expresa más o menos así: «¡¡Es la época ya de que dejemos las palabrerías para escoger la acción. Solamente la lucha a muerte puede darnos nuestros verdaderos derechos; y, lejos de desempeñar el papel de llorones, cobijémonos bajo el amparo de la bandera roja y declaremos la guerra sin cuartel!!». Hace después una exaltada apología de José Carlos Mariátegui, llamándolo el Lenin Americano. La exaltación de Blanco llega hasta el extremo cuando dice: «sí queremos ser libres, debemos imitar a la Rusia», «Si queremos conquistar nuestros derechos, luchemos franca, resueltamente, sin temores, debiendo hacerlo en este instante». (p. 13)

El ímpetu político de Blanco se detuvo cuando fue encarcelado y falleció en 1931. En 1942 se constituyó una Comisión Pro Mausoleo y se le rindió homenaje como mártir del sindicalismo peruano. En la revista Garcilaso(de fecha 16 de abril de 1942), leemos la siguiente información:

Homenajes: A GAMANIEL BLANCO: Se llevó a cabo en el salón de actuaciones de la ANEIP [Asociación Nacional de Escritores e Intelectuales del Perú], con la presencia de numerosa concurrencia. Al abrirse la actuación, pronunció unas palabras iniciales el Dr. Luis E. Galván, después de lo cual el Sr. Guillermo Rouillon D. hizo la presentación del conferencista Sr. Augusto Mateu Cueva, quien, en una acertada disertación, elogió la figura del periodista y maestro desaparecido. / Luego hizo uso de la palabra el Sr. Justo Armando Cabello, presidente del Comité Pro Mausoleo. Finalmente, el Sr. Nicolás Barzola, delegado de los obreros del asiento minero de Morococha. (p. 47)

El pensamiento de Gamaniel Blanco requiere mayor valoración, considerando que los Apuntes monográficos de Morococha no circularon entre el público de su época y, sin embargo, para su edición, contó con la participación de escritores contemporáneos provenientes de Jauja, Huancayo y Cerro de Pasco, como Clodoaldo A. Espinosa Bravo (1967), por ejemplo. Paralelamente, la influencia del realismo proletario puede evidenciarse en las narrativas de Augusto Mateu Cueva, en su novela inédita: Cerro de Pasco Corporation y en sus impresos de poesía: Alborada (1939), Gualda y Rosicler (1940), Antena proletaria (1947) y Lampadas del minero (1988), y, así como en la novela de Miguel de la Mata Beraún: En la noche infinita (1965). Víctor Mazzi Trujillo, en su texto Poesía proletaria del Perú (1976), sitúa a Gamaniel Blanco como uno de los precursores más importantes de la literatura proletaria peruana, y el precursor de la canción de protesta de corte clasista en el Perú.

Queda pendiente, para el estudio de su pensamiento, compilar y publicar su obra completa, recuperando sus artículos desperdigados en diarios de la época, y rescatar su obra teatral: Gloria a la madre.

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[1] Kruijt y Vellinga (1983, 1987) precisan que: “El sindicato de accionistas estuvo integrado por J. B. Higgin, S. Mc-Cune, Phoebe Hearts, H. Mc Le Tembly, H. G. Frick, D. S. Mills y J. P. Morgan” (p. 49 y 11, respectivamente).

[2] Véase mi texto: «Impacto de Amauta en la prensa minera de Morococha  (1926-1930)»  (2017a,  2017b).  En: Actas  Simposio Internacional  Revista Amauta. 90  años, pp.  155-172;  y  en:Utopía y Praxis Latinoamericana. Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana  y Teoría Social (2017), pp. 89-99.

[3] Sobre esta inédita experiencia, véase el texto de mi autoría: Una experiencia alternativa en la educación peruana: los Centros Escolares Obreros de Morococha 1924-1930 (2007).

[4] Diario El Comercio (18 de abril de 1931, edición matutina): «Minutos antes de la una de la madrugada del jueves 16 [de abril de 1931], dejó de existir en el hospital Dos de Mayo –[…]– don Gamaniel E. Blanco, quien, desde hacía 5 meses, se encontraba detenido en la colonia penal El Frontón, acusado de actividades comunistas en el departamento de Junín. Los parientes del extinto nos han manifestado que este fue injustamente detenido, junto con varios líderes obreros, a raíz de ciertas actividades proletarias en  distintas ciudades  del  citado departamento, al  extraerlo violentamente de su puesto, que era el de director del Centro Escolar Obrero de Morococha, desde el cual –es cierto, nos han dicho– hizo campaña contra los yanquis. Asimismo, nos han expresado que, en la isla de El Frontón, contrajo, al poco tiempo de ser internado en ella, una grave afección pulmonar, sin que se le prestara ninguna atención médica durante el curso de su enfermedad y solo cuando estuvo en estado agónico se le remitió al hospital, en que falleció a consecuencia de lo avanzado de su mal; y, por último, que no es cierto que estuviese afiliado al Partido Comunista. El cadáver de Gamaniel E. Blanco fue sepultado ayer en el cementerio general de esta capital» (p. 7).

[5] Martínez de la Torre (1974), en Apuntes para una interpretación marxista de la historia  social del Perú, vol. 4, transcribe carta de Jorge del Prado sobre Gamaniel Blanco y Mariátegui: «También le comunico que, con gran sorpresa mía, nadie ignora aquí la existencia del P. [Partido]. Parece que José Carlos [Mariátegui] le dio a [Gamaniel] Blanco toda clase de detalles y, si mal no me acuerdo, hasta le entregó el manifiesto [del Partido]. [Gamaniel] Blanco, como buen pb [pequeño burgués], no pudo callar nada, y hoy tiene usted que todos lo saben, [y] creo que esto me ha de facilitar la labor, pues ya no tendré que andar con rodeos, ya que la cosa ha sido precipitada de ese modo. Lo malo es que, aunque conociendo su existencia, casi todos se muestren conformes de no pertenecer a él» (p. 29).

[6] La «desmariateguización» que proponía Ravines se puede explicar a partir de la idea que existió un conflicto insalvable entre Mariátegui y la III Internacional. La postura autónoma del Amauta respecto a sus directivas es referida por Alba (1954), cuando narra el encuentro entre Zinoviev y Ravines en 1927: «Cuenta Eudocio Ravines que, estando en Moscú, entrevistose con [Gregorio] Zinoviev –entonces aún jefe del Comintern–, y que el pelirrojo líder le encargó: “Salude de mi parte a Mariátegui. Dígale cuánto le agradezco lo que ha escrito sobre mí y otros camaradas. Mariátegui tiene una inteligencia brillante. No parece latinoamericano; no plagia, no copia, no repite como un loro cuanto dicen los  europeos”.  En  1924,  el  Amauta  escribió  el  artículo “Zinoviev y la Tercera Internacional”, en el que mostraba su adhesión al Comintern. Años después, Dora Mayer, con ironía, comentaba respecto al autonomismo mariateguiano y su sección Peruanicemos al Perú en la revista Mundial, desde la que «más que peruanizar al Perú, Mariátegui pretende sovietizar al Perú» (p. 59). [Las cursivas son nuestras].

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