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La Producción de un Nuevo Orden Simbólico: ¿Hacia un Porvenir Post-Capitalista?



La Producción de un Nuevo Orden Simbólico: ¿Hacia un Porvenir Post-Capitalista?

Nicol A. Barria-Asenjo

Si el deseo tiene el poder de engendrar a su objeto, podremos afirmar que el desear es producir y que en este proceso de producción la maquinaria deseante (inconsciente) y la maquinaria social (sistema económico-político) en su constante co-existencia producen nuestra realidad. En esa producción de realidad también emergen puntos de fuga a esa realidad en tanto tal y al orden establecido, estos puntos de fuga que amenazan el status quo son invisibilizados o conquistados por la maquina capitalista como estrategia de continuación con su dominación.

Para Chirolla (2005):

El capitalismo no tiene más límites que sí mismo y no cesa de sobrepasarlos, de modo que funciona por desterritorialización de flujos descodificados de dinero, trabajo, mercancías, etc. La axiomática está constituida por unos principios operativos que regulan el funcionamiento de la máquina, lo que quiere decir que establece el modo de conjunción de los flujos descodificados. Cuando esta máquina abstracta se bloquea tropezando con un límite, el sistema retira algunos viejos axiomas y agrega otros, superando así el límite (p. 185).

Veremos que, las opciones resultantes de la producción del campo social son por un lado la represión, una forma de producción que mantiene operando de forma nuclear a la represión general y por otro, esta el deseo revolucionario como punto de fuga en si mismo.

Es a partir de aquí que toma lugar y partido la maquinaria[1] abstracta conocida y reconocida como capitalista. Dentro de sus características perversas destacan su habilidad para avasallar con la subjetividad, libertad y cualquier otro significante que pueda pensarse en tanto potencial emancipatorio o necesario para co-construir un discurso contra-hegemonico.

¿Como es que la persistencia de algo tan obscuro tiene trascendencia historia pese a que, en la medida en que mueve un nuevo engranaje para ajustarse o transformarse, destruye inevitablemente otra opción de porvenir?

Tal vez, una de las variables que permite su existencia es que la maquina, que se vende como irremediablemente conocida, disfraza mediante esa vacía popularidad entre los teóricos, críticos y/o enemigos del sistema/modelo, su esencia escurridiza. Disfraza a su vez la represión general que produce de forma sistemática en y hacia el lazo social. Logra escapar incluso a sí misma mediante su máscara de transparencia y docilidad ante las luchas de clases o el desenlace que la historia traerá.

Vivimos en tiempos de mitologías políticas sobre lo porvenir y es precisamente aquello lo usado como  alimento por todas las formas de enemigo que existen de lo humano. Por todos estos mitos y esperanzas teóricas es que persiste sobreviviendo el modelo como resto que aumenta su tamaño y alcance, persiste como huella épocal, inefable y volátil en relación a sus propios bordes.

La pregunta que se hacen Deleuze y Guattari (1985) frente a la disyuntiva es: “¿Estarán las máquinas suficientemente estropeadas, sus piezas suficientemente sueltas como para entregarse y entregarnos a la nada” (p.16)

La crisis actual, en las estructuras materiales, no-materiales y simbólicas, encriptan un núcleo perfecto capaz de comprimir dentro de si los alcances, limites y suspicacias que la maquinaria capitalista-neoliberal produce. Respecto del concepto “producir” Gilles Deleuze y Felix Guattari  (1985) señalan que “todo es producción: producciones de producciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores” (p. 13)

Conceptos tales como “Entausserung” (extrañamiento), “Entfremdung” (alienación) y “Vergegenständlichung” (objetivación)  son utilizados por Friedrich Hegel (1807) en su obra La fenomenología del Espíritu para explicar el fenómeno mediante el cual el Espiritu deviene otro en el terreno de la objetividad. Por tanto, se vuelven centrales para intentar analizar la coyuntura política, social y subjetiva que ha movilizado la dirección de la historia en diferentes esferas.

Entendiendo la complejidad del asunto conviene preguntarnos ¿Cuál es la dirección correcta que debemos construir para obtener un resultado divergente a lo históricamente conocido en la historia de la humanidad? ¿Cuales son los antagonismos que deben ser atravesados para producir en un nuevo orden simbólico?

Tal vez, en Kant (2004) en su texto “Teoría y Práctica en él mismo: ¿Qué es la Ilustración?” podemos encontrar una huella sobre la dirección que hemos de adoptar en nuestros tiempos de crisis:

Cada miembro de la comunidad tiene derechos de coacción frente a cualquier otro (…). Por todo cuanto en un Estado se halle bajo leyes de coacción lo mismo que todos los demás miembros de la comunidad (…). A cada miembro de la comunidad le ha de ser lícito alcanzar dentro de ella una posición de cualquier nivel hasta el que puedan llevarle su talento, su aplicación y su suerte. Y no es lícito que los cosúbditos le cierren el paso merced a una prerrogativa hereditaria, manteniéndole eternamente, a él y su descendencia, en una posición inferior (p. 208-209).

Luego de la coyuntura política que tuvo lugar en Chile desde el 2019, en principio iniciándose un proceso de insurrección popular de una masa politizada sin líder pero que logró movilizarse, coordinarse y agenciarse como dispositivo con potencial emancipatorio, las miradas sobre el devenir chileno fueron abismalmente divergentes. Nuevos significantes comenzaron a avanzar y escalar en la estructura social. Lo que llamo la política de la calle, una forma de política que emerge desde el último eslabón y logra posicionarse como primera capa diseccionando el orden social establecido y alterando el núcleo de lo político. En resumen, lo que ocurrió es que las capas empobrecidas y dominadas, lograron generar subjetividades en un orden social que solo destruía, la construcción versus la destrucción.

Si el eslogan de las masas populares fue en ese entonces (periodo 2019-2020) “Chile despertó”,  dos años después del estallido el adormecimiento total era motivo de afectos negativos y confusos que ensuciaban cualquier posibilidad de análisis.  Todo se transformo en una mirada retrospectiva nostálgica y por tanto, el presente anunciaba un devenir angustiante y nostálgico.  Esta condición de los individuos no es algo sorprendente si entendemos que “el individuo es un resultado parcial que no cesa de ser atravesado por singularidades puras, virtuales y anónimas” (Chirolla, 2005, p.184)

Dias antes del 18 de octubre del 2021, la conmoción advertía una efervescencia popular similar a la anterior (2019). Sin embargo, llegado el 18 de octubre, no ocurrió lo esperado ni deseado, de hecho no ocurrió nada. Un día después al dia de la nostalgia y lagrimas de cocodrilo, el país fue invadido por una política romántica y nostálgica que añoraba el retorno de lo reprimido históricamente.

En octubre del 2011, Slavoj Zizek señalaba a la asamblea de Occupy Wall Street “Lo único que me atemoriza es que un día nos vayamos simplemente a casa y después nos reunamos una vez al año, tomando una cerveza y recordando nostálgicamente el buen rato que pasamos aquí”.

¿No es esto lo que ocurre en nuestros días? Nuestro deber es mirar críticamente el punto muerto de la política de izquierda, comprender el devenir actual, es entender que vivimos un proceso de retroceso y no de progreso, con un ascenso asegurado de las ultraderechas[2], las cuales saben articular discursos que captan la esencia de las necesidades de nuestras época, utilizando un discurso que asegura la reconstrucción de las esperanzas perdidas en una coyuntura política de desesperanza y atemorizada por la condiciones que nuestro futuro contendrá.

Es menester esclarecer que en Chile no hay procesos históricos ni momentos políticos que merezcan una lectura romántica y una mirada desde lo nostálgico, los intersticios entre la memoria y el olvido parecen carecer de bordes ante la coyuntura actual, se desean paraísos falsos construidos desde y con huellas mnémicas. La gramática popular ha de ser necesariamente deconstruida para comprender cuál es el síntoma que habita en el pueblo chileno. 

Recordemos que Braunstein (2011) nos señala que “no podemos evitar la impresión de que el sujeto se encariña y ama a su ‘traumatismo’, fuente y origen de su retroactiva nostalgia, más que a sí mismo” (p. 52). Desde esta perspectiva podemos intentar comprender ese deseo irrefrenable que se encuentra entre 2 polos de la población chilena, aquellos que deben retornar al periodo de la dictadura cívico-militar de 1973 y aquellos que esperan retornar al escenario de movimientos populares del 18 de octubre del 2019. Dos momentos históricos del pasado que son bañados por la figura del retorno al objeto perdido.

No es un fenómeno solo permisible en la política chilena, en el escenario mundial, la mirada nostálgica hacia un paraíso inexistente cobro su lugar a propósito de la llegada de la pandemia del Covid-19, la desesperación y el significante crisis, alojaron en los individuos un anhelo de retorno hacia un tiempo pasado que en una mirada retrospectiva[3] se veía más ameno, por la pandemia se olvidaba que el mundo venia desde temprana data impresionando contra la subjetividad,  la economía y las personas, lo mismo puede pensarse hacia esa construcción de un nuevo mundo o forma de vida.

Respecto de la Historia o el concepto Historia en tanto disciplina, Althusser (1973) nos recuerda:

Desde luego, puesto que el relativista absoluto es imposible (ya que ni siquiera podemos enunciarlo, como Platón ha objetado), ningún autor (filósofo o historiador) ha sostenido jamás posiciones relativistas historicistas absolutas. Nunca se ha considerado (como en el subjetivismo relativista absoluto de Protágoras) que la historia no fuese más que una sucesión de puros instantes: se ha aceptado que existen “períodos”, “tiempos”, “épocas”, en suma, permanencias provisorias en el cambio general del curso de la historia. Así, se ha podido considerar que una teoría de la historia (sea una filosofía de la historia o la teoría de Marx) no sólo era “la expresión” de su tiempo [sic], sino que no era más que la expresión de su tiempo, y la expresión de tiempo únicamente. Esta es una manera de someterlas y reducirlas a la contingencia de su propia “época” posterior. Este es el modo en el que Marx es tratado por la mayoría de los filósofos burgueses de la historia contemporánea. Ellos (Raymond Aron, por ejemplo) dicen gustosos: Marx “ha expresado” un conjunto de principios que expresaban una “verdad” válida para el capitalismo del siglo XIX; sin embargo, ahora, ¡el capitalismo ha cambiado! Deben reconocerse los límites de Marx: son los límites de su propio tiempo. Es necesario enterrarlo en su propio tiempo, al cual perteneció. Marx no pudo “saltar por encima de su tiempo” (lo que el participar historicismo de Hegel ya había hecho sobre la filosofía). Esta operación filosófica es clara:  el principio del historicismo sirve para deshacerse de Marx, es decir, de los principios científicos del conocimiento de la historia, no solamente de la historia de los tiempos de Marx, sino también (a condición de “desarrollarlos”) de la nuestra -como así también de la historia anterior a Marx. (p.74)

La producción de la política sin política.

Lo real no es imposible; por el contrario, en lo real todo es posible, todo se vuelve posible. No es el deseo el que expresa una carencia molar en el sujeto, sino la organización molar la que destituye al deseo de su ser objetivo. Los revolucionarios, los artistas y los videntes se contentan con ser objetivos, nada más que objetivos: saben que el deseo abraza a la vida con una potencia productiva, y la reproduce de una forma tan intensa que tiene pocas necesidades

Deleuze & Guattari, p.34

Si se nos ha advertido sistemáticamente sobre el café sin cafeína, el sexo sin sexo, la cerveza sin alcohol y un amplio etcétera, es necesario poner atención a los discursos de la derecha que pretenden tomar el poder desde un política despolitizada: lo inverosímil se vuelve realidad.

Recordemos que, durante los debates presidenciales que tuvieron lugar en el 2021, el candidato  de derecha Sichel, advirtió a la población de que los planes que la izquierda chilena maquinaba contra el país eran “politizar la política chilena”. ¿Qué significa una política sin política? ¿Cómo poder extraer de la política misma el componente politizante?

La política vacía de la extrema derecha es la que consigue un ascenso enlazado a la batalla ficticia que hay contra un comunismo inexistente.

Aicha Liviana Messina (2021) trató de capturar el escenario post-elecciones, de la primera vuelta, de la siguiente manera:

Es cierto que para lo nuevo no tenemos categorías, y que pensar es inevitablemente pensar desde el modo en el que comprendemos el pasado. Por lo mismo, no es siempre tan evidente pensar y hablar. El silencio es necesario y es parte de lo que nos vuelve pensantes. Lo que por lo menos podemos decir es que el resultado de una elección presidencial habla de la política, de la peculiaridad de sus modus operandi, habla de su potencia e impotencia y no de lo que “realmente piensa la gente”. La gente no “habla” en el momento de una votación. La prueba es que votar es esconderse en una urna y poner una cruz en una casilla. Hablar es dirigirse a alguien, responder a una interpelación; es relacionarse. Votar es elegir dentro de un campo semántico ya definido. Hablar es arriesgarse más allá de este campo. Hablar es siempre hablar en primera persona; es decidir y lidiar con el mundo y todo lo que lo hace incognoscible, y no solo con uno mismo. Hablar es una relación con lo incierto, con lo que aún no ha sido dicho, probado por la ciencia. Repitámoslo, hablar es arriesgarse, siempre; y es estar a cargo de lo que nos rodea. Votar es poner una cruz en algo ya configurado. Votar no es hablar. Por eso el voto no es expresión de nada más que del modo en el que la política siempre trasciende los votantes. De alguna manera (no de todas maneras), nada más irresponsable que un voto. El voto es representativo de la política en su conjunto; no de los votantes en su peculiaridad (Parr, 4-6).

Sí hablar es arriesgarse, y la palabra siempre estará sujeta a un margen compuesto de vacío y errores, ¿no es precisamente la palabra a lo que se debe apuntar cuando se intenta construir o pensar un porvenir? No estoy diciendo que solo se trate de composiciones o modificaciones lingüísticas porque no solo de palabras vive el hombre, pero deambulamos en ellas por tanto necesitamos re-construir los limites y alcances de nuestras palabras. Arriesgarnos[4] a modificar lo conocido, reemplazarlo, desfigurarlo.

La diputada comunista Camila Vallejo (2021) expresó que «las palabras construyen realidad y siempre se planteó, de una manera para mí errada, que lo que pasó el 18 de octubre era un estallido social. No fue un mero estallido, fue una revuelta social y popular, que vino a tratar de revolver y romper con el statu quo, con un profundo cuestionamiento  a la institucionalidad democrática, con un profundo cuestionamiento a la política tradicional, con un fuerte cuestionamiento a un modelo de abuso”. Lo que merece atención es la pregunta implícita: ¿qué realidad discursiva construiremos a propósito de los logros obtenidos en la Constitución Constituyente y triunfo presidencial de Gabriel Boric?

Hay que tener cuidado, además, de sacarle la sustancia importante a la mixtura que se pretende analizar. Sí sacarle a la política un poco de la política que constituye a la política misma es un imposible y un discurso vacío. Quitarle lo horroroso, lo perverso y lo obsceno a lo que es eso en forma y fondo también es otro riesgo que se puede correr.

Darian Leder, demuestra este complejo dilema de la siguiente manera:

Cada intento de dar al Holocausto un marco narrativo corre el riesgo de convertirlo en una historia de heroísmo y valor o de muerte y derrota. Esto es porque las narraciones humanas siguen ciertos patrones. Las historias son siempre las mismas, como descubrieron tantos de los filólogos del temprano siglo veinte cuando comenzaron a e catalogar los elementos del mito, el folklore y la nación a lo largo de distintas culturas. Y eso es precisamente lo que hace a una historia particular inapropiada para representar cualquier cosa que tenga que ver con el Holocausto (p.35).

Pensar en una política sin política, también implicaría que exista una política sin la izquierda, sin los antagonismos que la izquierda representa para el orden y el tipo de vida que la derecha pretende maquillar cómo lo políticamente correcto. Y desde allí, lo traumático, lo horroroso, la violencia, la desigualdad, la discriminación y otros tantos fenómenos tienen lugar, porque la derecha impone una política del miedo, llamando, creando y convocando fantasmas que son inexistentes para el porvenir pero reales si de continuar con lo conocido se trata.

El fenómeno chileno que hemos de llamar Kast, responde a ese espacio muerto de una política ficticia que no tiene objetivos más que mantener las cosas tal y como están. Lo anterior puede traducirse a un adoctrinamiento voraz al neoliberalismo como desde la década del 70 lo ha hecho el globo. Es este momento histórico el que parece ser una suerte de núcleo pandemico neoliberal, momento en el cual el neoliberalismo comenzó a corromper lo establecido siendo la década del 90 su climax de control e imposición, en palabras de David Harvey encontramos:

Desde la década de 1970, por todas partes hemos asistido a un drástico giro hacia el neoliberalismo tanto en las prácticas como en el pensamiento político-económico. La desregulación, la privatización, y el abandono por el Estado de muchas áreas de la provisión social han sido generalizadas. Prácticamente todos los Estados, desde los recientemente creados tras el derrumbe de la Unión Soviética hasta las socialdemocracias y los Estados del bienestar tradicionales, como Nueva Zelanda y Suecia, han abrazado en ocasiones de manera voluntaria y en otras obedeciendo a poderosas presiones alguna versión de la teoría neoliberal y al menos han ajustado algunas de sus políticas y de sus prácticas a tales premisas. Sudáfrica se adscribió al neoliberalismo rápidamente después del fin del apartheid e incluso la China contemporánea (p. 7)

Es ese conservadurismo céntrico lo que genera adhesión. Recordemos que Chile, luego del estallido social del 18 de octubre del 2019 se vio azotado por la crisis económica y en buena medida gracias a ese evento más la pandemia del covid-19 un grupo mayoritario voto por lo conocido, por lo que aseguraba represión, orden social, y seguridad.

Los riesgos se pueden tomar solo en situaciones donde hay certezas, por eso, la campaña de Kast en segunda vuelta se centro en instaurar el fantasma del comunismo, poner acento en los errores de Gabriel Boric y además, de seguir una política mentirosa. Estrategia que terminó por ayudar a que la población despertará nuevamente: Su posición violenta contra las diferencias, revivió al monstruo que terminó por despertar a la población de la pesadilla en que estábamos ingresando. Esa figura de hegemonía absoluta que hizo que el velo ideológico tras el programa fallido de Kast quedara en evidencia, también tuvo lugar en la caída de la ilusión y la esperanza que la izquierda revolucionaria sintió en su momento.

Solo faltaba un elemento que hiciera que la votación masiva por el cambio de Constitución fuera repetida o sobrepasada como se hizo el reciente 19 de diciembre, y la derecha empujó al pueblo chileno hacia un espejo, pero ese reflejo que todos vimos no era similar al que Kast esperaba que viéramos, la mentira de la falsa representación simbólica no funcionó.

Claudia Heiss (2021) nos recuerda que:

La Convención Constitucional tuvo un cierto resultado pero eso no agota la representación del pueblo. Yo creo que esa pretensión de que “nosotros somos el pueblo y los que no están de acuerdo con nosotros no son el pueblo”, es equivocada, es una visión poca democrática. Por eso digo que entiendo la molestia, pero sigo defendiendo la representación política, las instituciones y que la democracia tiene que tener canales de mediación (…)  Hay personas que han dicho que una sociedad dividida no puede hacer una nueva Constitución. Pero, de nuevo, creo que nosotros no tenemos una sociedad dividida, yo creo que tenemos una sociedad unida en torno al proceso constituyente.

Esa unidad en torno al proceso constituyente que llevo a un 80% de los votantes a movilizarse y dejar atrás la Constitución impuesta al país en medio de una dictadura, la figura de la unidad popular, de la comunidad, es lo que la política y las formas de hacer política en el siglo XXI no logran capturar. La sabiduría popular, se deja engañar, pero finalmente, logran demostrar que el resultado es agenciado por sus fuerzas reflexivas y de cambio.

Las propuestas de los candidatos apuntaban a este proceso subyacente al devenir chileno, quien sea que saliera electo, impondría apoyo o barreras al proceso constituyente, y ese fue el detonante que explica el fenómeno masivo de apoyo popular que Gabriel Boric tuvo, la fisura en la idealización del proceso constituyente estaba en el suelo, pero el fantasma de la repetición logro revivir la confianza en la protección del cambio.

Hacia una política inconsciente…

El neoliberalismo es, ante todo, una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de éstas prácticas. Por ejemplo, tiene que garantizar la calidad. y la integridad del dinero. Igual mente, debe disponer las funciones y estructuras militares, defensivas, policiales y legales que son necesarias para asegurar los derechos de propiedad privada y garantizar, en caso necesario mediate el uso de la fuerza, el correcto funcionamiento de los mercados”

David Harvey

Diversos autores señalan que por cada época hemos de encontrar un concepto, temática o esfera del funcionamiento social, humano o político que logra encriptar los antagonismos y la diversidad de realidades que operan. En el siglo XIX, sin embargo, encontramos diversos conceptos que logran dejar su huella a lo que fue el devenir del siglo XX, lo que nos deja con los rastros y restos históricos y conceptuales que sostienen el siglo XXI.

Según Deleuze y Guattari (1985): No existe por una parte una producción social de realidad y por otra una producción deseante de fantasma. Entre estas dos producciones no se establecen más que lazos secundarios de introyección y de proyección, como si las prácticas sociales se doblasen en prácticas mentales interiorizadas, o bien como si las prácticas mentales se proyectasen en los sistemas sociales, sin que nunca unas mermasen a las otras. Mientras nos contentemos con colocar paralelamente, por una parte, el dinero, el oro, el capital y el triángulo capitalista, y por otra parte, la libido, el ano, el falo y el triángulo familiar, nos entregaremos a un agradable pasatiempo” (p.35)

Esta extrapolación de las practicas mentales interioridades o proyectadas en los sistemas sociales es un punto que requiere atención por la actualidad del conflicto de la salud mental. La política requiere de una politización y la politización solo puede hacerse desde una perspectiva psicológica enlazada al acento de la salud mental y las crisis que en este terreno el modelo produce con frecuencia creciente. Si Freud nos enseñó que el inconsciente es una maquina deseante, Deleuze y Guattari nos dejaron una tarea importante sobre la maquina social y todo lo que significa el intento de pensarla por separado. Veremos que no hay inconsciente despolitizado, ni puede haber politización sin los deseos de la maquinaria inconsciente.

Criterios psicológicos, sociales, modelos económicos, formas de política, retos políticos, y un amplio etcétera nos llevan de retorno al pasado obligatoriamente por el impostergable trabajo de eliminar los residuos que los sueños del pasado nos impusieron como pesadilla y realidad.

Por ejemplo, para Marcello Musto (2021)

En los años 1960 las teorías de la alienación se pusieron de moda y el concepto parecía expresar a la perfección el espíritu de la época. En La sociedad del espectáculo (1967), Guy Debord vinculó la teoría de la alienación con la crítica de la producción inmaterial. Argumentó que con la «segunda revolución industrial», el consumo alienado se había convertido, en igual medida que la producción alienada, en un deber de las masas. En La sociedad de consumo (1970), Jean Baudrillard se distanció del enfoque marxista, es decir, la centralidad de la producción, y también identificó al consumo como el factor fundamental de la sociedad moderna. Entonces, la época del consumo, en la que la publicidad y las encuestas crean necesidades espurias y consensos de masas, se convirtió en la «época de la alienación radical». Sin embargo, la popularidad del término y su aplicación indiscriminada crearon una profunda ambigüedad conceptual. En pocos años, la alienación se convirtió en una fórmula vacía que atravesaba todo el espectro de la infelicidad humana y su amplitud generó la creencia de que remitía a una situación inmodificable. Se escribieron y publicaron cientos de libros y artículos en todo el mundo. Fue la época de la alienación tout court. Autores de distinta formación política y académica propusieron distintas causas para explicar el fenómeno: mercantilización, superespecialización, anomia, burocratización, conformismo, consumismo, pérdida de sentido generada por las nuevas tecnologías, incluso aislamiento personal, apatía, marginación étnica o social y contaminación ambiental. El debate alcanzó un límite paradójico en el contexto académico estadounidense, donde el concepto de alienación sufrió una verdadera distorsión y terminó siendo utilizado por los defensores de aquellas clases contra las cuales había sido elaborado en primera instancia.

Situación similar encontramos en nuestros días, donde conceptos tales como “pasado”, “presente” y “futuro” se vuelven centrales en los debates actuales. Idealización marcada sobre el pasado que nos llevan a detener la construcción del presente y por tanto bloquear nuevas alternativas sobre el futuro. Sin embargo, es el “Estado de Derecho” la temática que no solo en Chile está en conflicto sino alrededor del globo.

La democracia y el Estado de Derecho, contrario a lo que podría pensarse coexisten tanto como pueden prescindir de la otra. No es necesario que haya democracia para que el Estado de Derecho tenga lugar. por otro lado, el Estado de Derecho no asegura que la democracia pueda existir. Son entes divergentes que en Chile parecen estar unidas por el significante “crisis”.

La caída del Estado de Derecho, y la caída de la legitimidad  de la democracia han generado que la co-construcicón de una nueva Constitución y nuevas formas de política tomen lugares centrales. Pero, como diría Deleuze, el responsable del caos la destrucción y la crisis en el devenir humano de la humanidad no es el Estado.

Julian Ferreyra (2018)  leyendo a  Deleuza dirá al respecto que:

Lo que predomina en su obra es una postura crítica respecto a lo estatal, que aparece como un aparato represivo que coarta, somete, inmoviliza y, en última instancia, destruye el dinamismo vital inherente a lo real. El Estado está asociado a una sociedad disciplinaria que retoma todas las distopías despóticas, con su teatro antidisturbios de carros blindados, ovejeros alemanes,  máscaras antigases y alambrados de púas. Sin embargo, el problema nunca es  realmente  el Estado, Ocurre que, si “Estado” es el concepto clave de la filosofía política clásica, el de Deleuze es capitalismo[5] (p.243)

Si en esta breve reflexión iniciamos hablando del capitalismo, culminaremos de la misma manera, por una razón sencilla y es que todos los retos y temáticas e incluso las alternativas están guiadas por las lógicas que el capitalismo ha impuesto, es un marco de referencia y un marco ideológico que ha logrado penetrar las entrañas mismas de todo lo conocido y como si fuera poco además ha alterado cualquier posibilidad por venir.

Referencias

Chirolla, gustavo adolfo (2005). Capitalismo y filosofía. Una aproximación desde deleuze. Universitas Philosophica, (44-45),175-186.[fecha de Consulta 4 de Enero de 2022]. ISSN: 0120-5323. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=409534407011

Ferreyra, J. (2018). Una apología del Estado como aparato de captura en Deleuze y Guattari. Nombres, (30), 239–262. Recuperado a partir de https://revistas.unc.edu.ar/index.php/NOMBRES/article/view/21243

Musto, M (2021) La teoría de la Alienación de Marx. Recuperado de: https://jacobinlat.com/2021/12/20/la-teoria-de-la-alienacion-de-marx/

Heiss, C (2021) “No hay polarización en la sociedad chilena”. Recuperado de: https://jacobinlat.com/2021/12/18/no-hay-polarizacion-en-la-sociedad-chilena/

Althusser, L (1963-1986) Écrits sur l’histoire. Presses Universitaires de France, 2018. Trad “Escritos sobre la Historia (1063-1986)” Pólvora Editorial y Doble Ciencia Editorial, 2019.

Braunstein, N (2011). “Diálogo sobre la nostalgia en psicoanálisis”, en Desde el jardín de Freud 11 (ene-dic 2011): 51-66.

KANT, Immanuel (2004). «Teoría y Práctica» en él mismo: ¿Qué es la Ilustración?, Madrid: Alianza, p. 206.

[1] Este concepto debe ser comprendido desde  la perspectiva que  producen Deleuze y Guattari (1985) al enlazar el concepto maquina y deseo, cito a los autores: “Las máquinas deseantes nos forman un organismo; pero en el seno de esta producción, en su producción misma, el cuerpo sufre por ser organizado de este modo, por no tener otra organización, o por no tener ninguna organización” (p.17)

[2] “La ultraderecha desde hace tiempo se hace fuerte por el debilitamiento de los Estados. Esta es una configuración semántica que opera ya a nivel global; y esto es lo que nos pasa históricamente, sin un patrón explicativo preexistente. El llamado “octubrismo” en este sentido no ha inventado nada (nada de lo que “pasó” el domingo). Por eso los modus operandi de los “ultra” no consisten en buscar aliados políticos sino financiadores invisibles. No requieren hacer mundo, aliarse con los partidos tradicionales, porque se nutren de sus fracasos. Por eso es un error pensar que los “ultra” no pueden ganar porque no tienen aliados. Pueden ganar justamente porque no necesitan aliados. Se nutren de soledad. De ahí que parezcan emerger desde la nada, sin que nada los volviera creíbles. En realidad, trabajan lento pero seguro en su conquista” (Aicha Liviana Messina 2021, La verdad, recuperado de: https://www.theclinic.cl/2021/11/26/columna-aicha-liviana-messina-la-verdad/?fbclid=IwAR2AhbfP8cVY6GAQmGbqk8sLwUYwDMpOKSMAnx1hEgydm_TvCTwhxIZpnb4

[3] La lectura de Braunstein (2011) nos señala que: Freud creía en el maravilloso pasado pergeñado por la nostalgia y era a la vez un escéptico intransigente que desacreditaba a los escenarios traumáticos o consoladores tramados por la memoria. “La verdad tiene estructura de ficción”. Habita en el tiempo subjuntivo. ¿Diremos que cada uno tiene la memoria que se merece, la que se ha buscado? (p. 64).

[4] Para Kant (2004) en «Teoría y Práctica» en él mismo: ¿Qué es la Ilustración?, Madrid: Alianza “Nadie me puede obligar a ser feliz a su modo, sino que es lícito a cada uno buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando no cause perjuicio a la libertad de los demás para pretender un fin semejante, libertad que puede coexistir con la libertad de todos según una posible ley universal” (p.206)

[5] Hay numerosos datos para fundamentar que el concepto central de la filosofía política deleuziana es el capitalismo. El desarrollo de la Idea social en  Diferencia y repetición está centrado exclusivamente en las relaciones capitalistas, en sentido marxista, y en el modo en que Althusser y Balibar las interpretan en  Leer el Capital El subtítulo común a las dos obras que escribió con Guattari donde los problemas políticos tienen un rol preponderante es  Capitalismo  y esquizofrenia,  y  el  capitalismo  será  caracterizado  como  una  relación dy/dx , es decir, la relación ontológica fundamental que caracteriza a la Idea de  Diferencia y repetición. En  El Anti-Edipo, si bien se individualizan tres formas de socius, el capitalismo determina las condiciones de la historia universal (así puede en efecto interpretarse la enigmática,  intraducible  y  cuasi-agramatical  frase  que  abre  el  tercer  capítulo  del  Anti-Edipo: “Si l’universel est à la fin, corps sans organes et production désirante, dans les con-

ditions déterminés para le capitalisme apparemment vainqueur, comment trouver assez d’innocence  pour  faire  de  l’histoire  universelle?”,  G.  Deleuze,  L’Anti-Oedipe, Paris, Minuit, 1972, p. 163).  El fragmento anterior es un Nota al pie de página que Ferreyra utiliza en la página 243, para complementar su afirmación sobre el concepto “Capitalismo” Ferreyra, J. (2018). Una apología del Estado como aparato de captura en Deleuze y Guattari. Nombres, (30), 239–262. Recuperado a partir de https://revistas.unc.edu.ar/index.php/NOMBRES/article/view/21243

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