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Perder las ilusiones: Fanon y la crítica de la razón




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Perder las ilusiones: Fanon y la crítica de la razón.

Lewis Gordon[i]

Traducción Víctor Hugo Pacheco Chávez

Hubo una época cuando abordar la obra de Frantz Fanon, en un ambiente académico, muy seguramente haría perder su trabajo a un profesor universitario norteamericano. En aquellos años turbulentos de las décadas de 1960 a 1970, la situación era diferente en América del Sur, en Chile, en donde las ideas de Fanon eran parte de la enseñanza en las aulas y una lectura cuidadosa de Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, revela cuánto esa obra fue influenciada por Fanon. En los años de 1990 era posible estudiar a Fanon y Freire en los cursos de Teología Política, Filosofía de la Liberación y Pensamiento Social y Político, y los estudiosos en todo el mundo están ahora comprendiendo la relación entre Fanon y otros intelectuales, como los brasileños Alberto Guerreiro y Abdias de Nacimiento.

Fanon es más conocido como un revolucionario. Nacido en la isla de Martinica el 20 de julio de 1925, era un hombre carismático de gran coraje y brillo. Luchó junto a las fuerzas de resistencia en el norte de África y en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, donde fue condecorado por su valentía. Después de terminar sus estudios en psiquiatría y filosofía en Francia, dirigió el Departamento de Psiquiatría del Hospital Blida-Joinvielle en Argelia (hoy llamado Hospital Frantz Fanon) y se hizo miembro del Frente de Liberación Nacional argelino, entrando así a la lista de personas más buscadas por la policía en todo el territorio francés. El resto de su vida lo dedicó a ese combate, enfatizando la importancia de la lucha para transformar las vidas de los condenados por las instituciones coloniales y racistas del mundo moderno. Fanon murió de pulmonía el 6 de diciembre de 1961 en Bathesda, estado de Maryland, en los Estados Unidos, mientras buscaba un tratamiento para la leucemia.

Las ideas de Fanon estimularon obras influyentes en el pensamiento político y social, en la teoría literaria, en los estudios culturales y en la filosofía. Existen hoy centros, clínicas y hospitales fundados a los que se les ha cambiado el nombre para recordarlo y gracias a la Caribbean Asociation Philosophical, la comunidad académica otorga el Premio Frantz Fanon por obras ejemplares del Pensamiento Caribeño. Son cuatro los libros de su autoría, cada uno de ellos es un clásico que ha marcado el canon filosófico de la Diáspora Africana. El más conocido de ellos es Los condenados de la tierra (1961), publicado póstumamente y escrito durante un periodo de diez semanas, cuando el autor ya sufría de leucemia. Piel negra, máscaras blancas(1952) y El año V de la revolución argelina (1959), subsecuentemente lanzado cómo Sociología de la revolución: El año V de revolución argelina, fueron publicados en vida. Su esposa, Josie (Marie-Josèphe Dublé) Fanon, editó, también póstumamente, una antología de sus escritos titulada Por la revolución africana(1964).

El titulo Los condenados de la tierra fue tomado de una adaptación hecha por el poeta haitiano Jacques Roumain, en su libro de poemas Bois-d’Ébène (1945), del primer verso de la Internacional (1871) de Eugène Edine Pottier. La conexión con la Internacional, mediada por las luchas de los negros en el Caribe y en África, y con Jean-Paul Sartre, el más famoso intelectual vivo en la época y el autor del prefacio de la obra, hicieron que el libro cubriera con una sombra los otros escritos de Fanon por casi veinte años. Sólo en la década de los 80, cuando los estudios postcoloniales conquistaron una posición sólida en el ambiente académico del Primer Mundo, lecturas más cuidadosas de otras obras de Fanon comenzaron a aparecer en las publicaciones. Fue en los años 90, con el ascenso de la filosofía de la Diáspora Africana, que la riqueza teórica del “pensamiento inicial” de Fanon obtuvo reconocimiento.

Es extraño hablar del pensamiento “inicial”, en contraposición a “posterior”, cuando nos referimos a un hombre que murió a los 36 años. Hay un dicho del pueblo de Akan (en la región del Golfo de Guinea) que señala que los sabios ya son sabios de nacimiento, no se transforman en uno, refiriéndose así a las personas que nacen “viejas”. La otra dimensión de esta observación, es que estas personas mueren jóvenes. Incluso cuando viven casi un siglo como W.E.B. Du Bois, sus ideas permanecen tan vivas que sus autores parecen mantenerse perpetuamente jóvenes. Fanon es una de esas personas. Su trabajo no puede ser dividido en “inicial” y “posterior”, porque en cada uno de los momentos él permanece maduro y vivo.

Piel negra, máscaras blancas fue a la imprenta cuando Fanon tenía veintisiete años. Fue escrito cunado el autor tenía veinticinco años. Al principio se configuró como su tesis de doctorado en psiquiatría, pero fue rechazada por los miembros de la comisión evaluadora. Ellos preferían un abordaje “positivista” en el estudio de la psiquiatría, exigiendo más bases físicas para los fenómenos psicológicos. Ante esto, Fanon escribió su tesis Troubles mentaux et syndromes psychiatriques dans l’hérédo-dégénération-spino-cérébelleuse. Un cas de maladie de Friedreich avec délire de possession (Lyon, 1951).

Fanon no se arrepintió de haber escrito Piel negra, máscaras blancas después de haber obtenido el doctorado, como se nota en sus reflexiones de la introducción:

Hace tres años que este libro debería haberse escrito… Pero entonces las verdades nos quemaban. Hoy pueden ser dichas sin fiebre. Esas verdades no necesitan arrojarse a la cara de los hombres. No quieren entusiasmar. Nosotros desconfiamos del entusiasmo.[1]

Su hermano, Joby Fanon, contaba que los colegas de Fanon decían que estaba “enojado por dentro y por fuera”. Fanon admite en su introducción que él estaba molesto para producir el texto necesario y no el que quería hacer, porque como explica en al inicio, “hay demasiados tontos en esta tierra”.

Al ser publicada esta obra clásica del pensamiento sobre la Diáspora Africana, del pensamiento psicológico, del pensamiento de la descolonización, de la teoría de las ciencias humanas, de la filosofía y de la literatura caribeña, fue recibida la mismo tiempo con escándalo y con indiferencia. El entorno en que se desarrolló esta publicación estaba dominado por el mundo latino, tanto de habla francesa, española o portuguesa. Es decir, un mundo en que el racismo contra los negros era considerado una enfermedad peculiar de las sociedades anglófonas, especialmente de los Estados Unidos, Inglaterra, Australia y África del sur. El retrato que se mostró en este libro reveló una historia diferente. Mostraba cómo la ideología que ignoraba el color podía apoyar el racismo que negaba. De hecho, la exigencia de ser indiferente al color significaba apoyar un color específico: blanco.

Si bien fue un hecho inquietante para el típico lector francés, la mala fe prevaleció a través de un rechazo no empírico de su supuesta falta de validez: simplemente dijeron que el racismo no existía (apelando a la evidencia) negándose a examinar la evidencia.

La reacción a Piel negra, máscaras blancas evidencia un problema con el que se enfrentan la mayoría de los estudiosos que examinaban las cuestiones relacionadas con los negros. Como W.E.B. Du Bois observó, en vez de estudiar los problemas enfrentados por las personas negras, las mismas personas pasaron a ser el problema. El resultado es, cómo argumentó posteriormente Fanon, una exigencia neurótica de que los estudios sobre el negro pudiesen existir si hubiera acuerdo de que el negro no existe. Lo mismo se aplica al pensamiento negro.

Fanon ofrece una crítica incisiva de la negación del racismo contra los negros en Francia y en gran parte del mundo moderno. Aunque otros escritores también habían criticado tal comportamiento, hay características únicas en el análisis de Fanon que hicieron que su trabajo sobreviviera al siglo XX. Primero, examina la negación como algo sintomático en muchas personas negras. Segundo, rechaza la  tesis estructural al admitir la tesis existencial de la contingencia y de las excepciones. En otras palabras, Fanon no considera que todo mundo sea racista. Tercero, examina el problema en sus niveles subterráneos y, al hacerlo, revela su significado para el estudio del hombre. Cuarto, aborda cuestiones disciplinares y problemas de dominación en el ámbito epistemológico, en la esfera de conocimiento, radicalizando así su crítica. Quinto, ofrece discusiones originales sobre la dinámica de la libertad y del reconocimiento en el corazón de las relaciones humanas. Y, sexto, Fanon propone un conjunto de mecanismos retóricos que implementan las múltiples formas de abordar el problema.

El libro habla por sí mismo, pero también es un libro que habla a través de sí mismo y contra sí mismo. Fanon literalmente desafía la manera en que entendemos el mundo y también causa una incomodidad en nuestra conciencia que agudiza ansiosamente nuestro sentido crítico. Leer este libro es una experiencia estimulante. Indiscutiblemente, tenemos que hacernos valer de una variada serie de recursos intelectuales, ahí incluidos los recursos emocionales.

Fanon destaca inicialmente que el racismo y el colonialismo deben ser entendidos como formas generadas de ver el mundo y de vivir en él.  Esto significa, por ejemplo, que los negros son construidos como negros. En otras palabras, no habría razón para que las personas en África, Australia o en otras áreas del Pacífico Sur pensaran en sí mismas en términos raciales. Para entender cómo ocurren tales construcciones, el camino lógico es examinar el lenguaje, en la medida en que a través de él que creamos y experimentamos significados. En el lenguaje está la promesa del reconocimiento; dominar la lengua, una determinada lengua, es asumir la identidad de la cultura. Sin embargo, esta promesa no se cumple cuando la viven los negros. Lo mismo cuando el idioma es “dominado”, resulta ilegitimo. Muchos negros creen en ese fracaso de la legitimidad y declaran una guerra masiva contra la negritud. Este racismo de los negros contra el negro es un ejemplo de la forma del narcisismo en el cual los negros buscan la ilusión de los espejos que ofrecen un reflejo blanco. Literalmente tratan de mirar sin ver, o apenas ven lo que quieren ver. Este narcisismo funciona en muchos niveles. Muchos blancos, por ejemplo, invierten en él, ya que teóricamente prefieren una imagen de sí mismos como no racistas. Sin embargo, en la practica actúan de manera distinta.

La cuestión de la lengua también lleva otras cuestiones más radicales sobre su papel en la formación de sujetos humanos. Fanon argumentó que la colonización requiere más que la subordinación material de un pueblo. También ofrece los medios por los cuales las personas son capaces de expresarse y entenderse entre sí. Él identifica eso en términos radicales en el corazón de la lengua y hasta en los métodos por los cuales las ciencias son construidas. Tratándose del colonialismo epistemológico.

Al inicio de la obra, Fanon anuncia que le gustaría transformar al negro en un ser de acción. Esto es importante debido a las barreras a la libertad en ambientes racistas y coloniales. El problema se vuelve más agudo en el capítulo sobre la psicopatología, donde Fanon demuestra que el mundo moderno no tiene una noción coherente sobre lo que es una persona negra normal o un adulto negro. El comportamiento patológico es francamente presentado como “auténticamente” negro. En caso de que un negro o una negra no se comporten como tales, serían considerados inauténticos, lo que resulta una confirmación de la patología. El efecto de eso era un lugar común en una época en que, en el mundo anglófono, negros adultos, hombres y mujeres, eran llamados “chico” (boy) o “chica” (girl), aun hoy influye en la cultura popular, en la medida en que los adolescentes negros dominan la representación negra. Fanon desafía la efectividad de la terapia sin un modelo de normalidad. Si la psicología del negro da como resultado una psicología de lo anormal, el negro no sería un ser de acción porque no tendría adónde dirigirse. Tendría una relación nihilista con el mundo social.

La mayoría de los negros, inclusive en África, están obsesionados con “instalarse”. Esta obsesión, sugiere el argumento de Fanon, es el resultado de la importancia social. Al no lograr un impacto en el mundo social, giran dentro de sí mismos. El principal problema de esta actitud está en la contradicción de buscar la libertad escondiéndose de ella. La libertad requiere visibilidad, pero, para que esto acontezca, se necesita de un mundo de otros. Esquivar el mundo es una pendiente resbaladiza que finalmente conduce a la pérdida de uno mismo. Incluso el auto reconocimiento requiere una ubicación desde el punto de vista de otra persona. Esta es una verdad difícil de aceptar, y no es casualidad que Fanon se enfrente a esta discusión después de llorar a final del quinto capítulo. Nos está diciendo que debemos librarnos de nuestras barreras, hacia un compromiso valiente con la realidad.

La libertad requiere un mundo de otros. Pero, ¿qué sucede cuando los otros no nos otorgan reconocimiento? Aquí aparece uno de los desafíos más estimulantes para el pensamiento moderno. En la mayoría de las discusiones sobre el racismo y el colonialismo, hay una crítica de la alteridad, de la posibilidad de convertirse en el Otro. Sin embargo, Fanon, sostiene que el racismo fuerza a un grupo de personas a salir de la relación dialéctica entre el Yo y el Otro, una relación que es la base de la vida ética. La consecuencia es que casi todo es permitido contra esas personas, y, cómo la violenta historia del racismo y de la esclavitud revela, tal licencia es comúnmente aceptada como un sello sádico. La lucha contra el racismo anti-negro no es, por tanto, contra el Otro. Es una lucha para entrar en la dialéctica del Yo y del Otro.

Fanon muestra también que la lucha ocurre no sólo apenas en el ámbito de las interacciones sociales, sino también en relación con la razón y el conocimiento. En palabras de Fanon:

La razón aseguraba la victoria en todos los frentes. Me readmitieron en las asambleas. Pero tuve que perder mis ilusiones. La victoria jugaba al gato y al ratón, burlándose de mí. Cómo decía el otro, cuando y estoy allí, ella no está, cuando ella está, yo ya no estoy.[2]

Parafeaseando, podríamos decir que, al encontrarnos en casa, la razón se va. La razón, en otras palabras, no está siendo razonable.

Tenemos aquí la situación neurótica y melancólica de los negros en el mundo moderno. Reivindicar la razón, comprenderla, sería exhibir la no-razón, incluso cuando la razón es irracional. Aquí Fanon, como los negros, debe argumentar racionalmente. Este desafío, esto es, ser de facto más razonable de lo que los demás esperan, especialmente los blancos, sitúa al negro como sufriendo una perdida antes que él mismo comience a luchar por la existencia. Eso señala la melancolía de la existencia negra. En verdad, se espera que los negros no hayan sido negros a fin de legitimarse como negros, lo que es una tarea imposible. En caso de que el negro dejase una condición pre-moderna, o pre-ennegrecida, esto supondría una contradicción: un negro que no fuese negro. Los negros, en otras palabras, enfrentan el problema de su relación con la razón y con el Yo en cuento indígenas del mundo moderno. Tal Yo sufre de melancolía, una perdida por la cual ellos no pueden ser el Yo que quieren ser.

Como el lector puede apreciar, tal dilema no es una invitación al pesimismo. Fanon nos recuerda que una parte de nuestra lucha pasa por comprender las dimensiones críticas del cuestionamiento, que ejemplifica al cerrar el libro con una oración. Dadas las múltiples traducciones y comentarios sobre su obra, la gran cantidad de nuevos grupos de pensadores influenciados por sus reflexiones y las instituciones, creadas a favor de la dignidad humana, que llevan su nombre y su legado, es evidente que sus indagaciones han encontrado eco en este nuevo siglo.

[1] Fanon, Frantz. Piel negra, máscaras blancas (Cuestiones de antagonismo) (Spanish Edition) (p. 43). Ediciones Akal

[2] Fanon, Frantz. Piel negra, máscaras blancas (Cuestiones de antagonismo) (Spanish Edition) (pp. 117-118). Ediciones Akal.

[i] El título fue puesto por Intervención y coyuntura. El texto aparece como prefacio a la edición brasileña de 2008 del libro Piel negra, máscaras blancas. Lo reproducimos con autorización del autor.