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Byung-Chul Han y las maneras de arrojar la historia al retrete



Byung-Chul Han y las maneras de arrojar la historia al retrete

Leonardo Meza Jara

En el libro “La sociedad del cansancio”, Byung-Chul Han asume que en las formas de dominación del neoliberalismo se hace manifiesto un “exceso de positividad” (2012, P. 11 y 12). Pero esta afirmación del filósofo originario de Corea del Sur es una exageración. Este filósofo refiere que los seres humanos ya no son dominados por una exterioridad, que en las formas de dominación actual ya no se hace presente un mecanismo panóptico que fue analizado por Foucault en el libro “Vigilar y castigar” (2005).

Desde este punto de vista, la dominación ya no se ejercería desde la exterioridad del sujeto (unas leyes, una autoridad institucional, unos dispositivos disciplinarios, un mecanismo de interpelación como el planteado por Althusser, una maquinaria de performatividad como la referida por Austin o Butler), sino que los sujetos se dominarían a sí mismos.

La tesis central de Byung-Chul Han en “La sociedad del cansancio” establece que los sujetos han aprendido a dominarse a sí mismos a través de mecanismos como el exceso de producción, la sobrecarga del rendimiento y la demasía de la comunicación: “La violencia de la positividad… resulta de la superproducción, el superrendimiento y la supercomunicación…” (Ibidem., P. 16).  En síntesis, este filósofo coreano establece que los seres humanos han aprendido a gobernarse a sí mismos (la “violencia neuronal” de Byung-Chul Han). Por la tanto, ya no requerirían ser dominados desde una exterioridad (los dispositivos disciplinarios de Foucault).

La argumentación de Chul Han recurre de forma artificiosa a los recursos de la retórica, que plantean una analogía entre: A) los mecanismos de dominación y, B) el sistema inmunológico de los seres humanos. Para el filósofo surcoreano, un contagio viral funciona de la misma manera que los mecanismos de dominación del poder. Según este autor, la dominación ya no es “viral”, ya no funciona como lo hacen los virus que, desde una exterioridad se introducen al cuerpo humano contagiándolo (dominándolo). En este mismo plano, la interioridad del cuerpo (las posibilidades de resistencia ante la dominación ejercida desde afuera) ya no funciona como lo hace el sistema inmunológico, resistiendo a los virus, luchando en contra de un organismo que viene desde una exterioridad y que afecta al cuerpo al grado del sometimiento.

La analogía viral-inmunológica que aparece en “La sociedad del cansancio” es una trampa argumentativa. La forma de argumentar de Byung-Chul Han es más retórica que racional, más imaginaria que real, más abstracta que objetiva. Este autor recurre al efectivismo argumentativo de la retórica, que se deposita en la figura de la analogía.

¿Verdaderamente, los mecanismos de dominación funcionan como lo hacen los virus que entran al cuerpo humano? ¿Las posibilidades de resistencia ante una dominación, funcionan de la misma forma en que lo hace el sistema inmunológico ante el contagio de un virus? ¿Cuáles son los alcances y las limitaciones interpretativas de la analogía inmunológica de Byung-Chul Han, para explicar la manera en que funcionan los mecanismos de dominación y resistencia de los seres humanos? ¿Existe de manera fatídica, una “violencia neuronal” que psíquicamente ha construido una serie de mecanismos mediante los cuales los seres humanos se dominan a sí mismos, sin necesidad de ser dominados desde una exterioridad?

De un solo plumazo, Chul Han anula las posibilidades de la resistencia ante el ejercicio de la dominación:

«Hoy en día, la sociedad incurre de manera progresiva en una constelación que se sustrae por completo del esquema de organización y resistencia inmunológicas. Se caracteriza por la desaparición de la “otredad” y la “extrañeza”… La desaparición de la otredad significa que vivimos en un tiempo pobre de negatividad. Ciertamente, las enfermedades neuronales del siglo XXI siguen a su vez una dialéctica, pero no de la negatividad, sino de la positividad. Consisten en estados patológicos atribuibles a un “exceso de positividad.”» (Ibidem. P. 13, 14, 17 y 18).

Para este filósofo coreano ya no existe la resistencia (“negatividad”), sino que solo existe la auto-dominación que se multiplica al cuadrado (“exceso de positividad”). Es esto lo que es conceptualizado por Byung-Chul Han como una “violencia neuronal” donde los seres humanos se dominan a sí mismos bajo unos mecanismos psíquicos que están atados a la lógica de la “superproducción” (la sobreabundancia de producción) y el “superrendimiento” (la autoexigencia de rendir ilimitadamente). De esta forma, los seres humanos se explotan a sí mismos hasta cansarse. Por esta razón, el libro de Byung-Chul Han se titula: “La sociedad del cansancio”.

El problema, es que el filósofo surcoreano no explica de manera convincente cómo funciona la dominación psíquica de los sujetos, tal como la hace Judith Butler en el libro “Mecanismos psíquicos del poder” (2015), o como lo hace Slavoj Žižek en el texto “El sublime objeto de la ideología” (2012). Para explicar la manera en que funciona la dominación psíquica de los sujetos, Butler recurre a Hegel (la dialéctica del amo y el esclavo) y Žižek se apoya en Marx (el fetichismo de la mercancía).

Lo que opera argumentativamente en el fondo del libro de Byung-Chul Han, es un olvido o una anulación de la dialéctica que se desprende de Hegel y Marx. El filósofo surcoreano que destina trágicamente a la sociedad actual a hundirse en el “cansacio”, convierte a la dialéctica en un remolino de “positividad” que se lo traga todo. La filosofía de Chul Han es una negación de la dialéctica marxista, que se parece demasiado a los remolinos que se forman cuando se jala la palanca de un retrete. Este remolino gira en un solo sentido y se precipita hacia un abajo trágico, de hechura posmoderna. Esta es una forma “sui generis” de bajarle al retrete de la posmodernidad, que arrastra a la historia por un solo camino y en un solo sentido impregnado de nihilismo. Mediante la jugada teórica de Byug-Chul Han, la historia y la dialéctica son arrojadas al retrete.

En los conflictos actuales de la sociedad, las fuerzas que luchan por el poder no giran en un solo sentido. Más aún, no hay una sola fuerza que está en lucha, sino que hay una multiplicidad de fuerzas que se confrontan unas con otras. Y en todo momento, se hace presente una dialéctica, en la que se manifiesta tanto una positividad (el ejercicio efectivo de una dominación) como una negatividad (la potencia política de la resistencia).

Desde luego que en la era neoliberal existe una positividad en los mecanismos de dominación. Es decir, existe una cierta efectividad de la dominación, que por cierto no es solo autodominación (la explotación interna, que deviene de sí mismo), sino que también es heterodominación (la explotación externa, que deviene de una alteridad). Pero también existe una negatividad que se opone a la dominación, que se ha expresado en las luchas en contra del neoliberalismo en las dos primeras décadas del siglo XXI. En la era neoliberal hay positividad (dominación efectiva) y negatividad (resistencia manifiesta ante la dominación). Es decir, hay dialéctica, hay una conflictividad dialéctica que se hace manifiesta históricamente en luchas concretas como la sucedida en Chile durante la pandemia, como los acontecimientos electorales recientes en Bolivia, Colombia, México y otros países de América Latina.

Los intentos de olvido o anulación de la dialéctica que atraviesan la obra de Byung-Chul Han son imperdonables, no por el hecho de omitir a Hegel o Marx, sino por el hecho de que la historia es profusa y profundamente dialéctica. La historia está plagada de positividades y negatividades que tienen la forma de múltiples remolinos que giran uno al lado de otro, en diferentes sentidos y de diferentes maneras. La historia es un territorio de tempestades, de climas históricos que se comportan conflictivamente, donde diversos remolinos con una fuerza centrípeta y centrífuga, chocan unos con otros en luchas de poder concretas. La historia es un lugar problemático y complejo, donde múltiples fuerzas de dominación (positividad) y resistencia (negatividad) se mueven, mientras luchan unas con otras…




Notas para una hermenéutica abierta del marxismo



Notas para una hermenéutica abierta del marxismo

Leonardo Meza Jara

Hay una sentencia de Slavoj Žižek que se ha vuelto célebre en los debates marxistas: “Es la economía política, estúpido”. Esta frase de Žižek, que actúa como sentencia, es uno de los capítulos del libro En defensa de la intolerancia (2008). La postura teórica e ideológica de Žižek puede condensarse en esta sentencia, que dibuja con meridiana claridad el anclaje del filósofo esloveno en el marxismo clásico, cuyo primer y último territorio de la lucha es la economía política: la categoría de “lucha de clases” y el sujeto colectivo del proletariado.

La sentencia de Žižek se hace notar en el debate que este filósofo mantuvo con Ernesto Laclau y Judith Butler en el libro Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda (2003). En este segundo libro, el debate atraviesa la pregunta: ¿La lucha de la izquierda en el siglo XXI es una sola lucha, sobredeterminada por la categoría de “lucha de clases” y por el sujeto del proletariado; o son múltiples luchas, entre las que destacan las luchas feministas, las luchas decoloniales y las luchas ecologistas?

La pluralización de las luchas de la izquierda, es un asunto sumamente problemático en términos estratégicos para la izquierda del siglo XXI. Las múltiples ramas del árbol de las luchas de la izquierda en la actualidad, pueden conducir a una fragmentación y una diversificación relativizantes en lo ideológico, lo político y lo estratégico. Esta fragmentación y diversificación relativizantes pueden darle forma a un rompecabezas (múltiples piezas) no-totalizante de las luchas de la izquierda. Es aquí, que radica una parte de la condición posmoderna de la izquierda. Es esto, relativizante, fragmentario, diversificante, posmoderno, contra lo cual Žižek arroja su frase de forma lapidaria: “Es la economía política, estúpido”.

Žižek aspira a una totalización de las luchas de la izquierda que pueda ser anclada en el territorio de la economía política (la categoría de “lucha de clases” y el sujeto colectivo del proletariado). Pero, ¿es esto posible en los territorios de lucha de la izquierda en el siglo XXI?

El Marx de El Capital y los Grundrisse (el Marx clásico), es el que posibilita la elaboración sobredeterminante del campo analítico de la economía política en el marxismo, que privilegia a la categoría de “lucha de clases” y al sujeto colectivo del proletariado. Pero hay un Marx otro, un Marx que pensó más allá de los linderos de la economía política. Sobre este Marx otro, han retornado filósofos como Adolfo Sánchez Vázquez, Enrique Dussel, Bolívar Echeverría, quienes han escrito su obra desde tierras mexicanas.

Es posible leer a Marx dentro de los márgenes de la economía política (la hermenéutica marxista anclada en la categoría de “lucha de clases” y el sujeto del proletariado) o más allá de estos márgenes (las hermenéuticas alternas del marxismo). Por ejemplo, a partir del rescate de una serie de textos inéditos de Marx, se ha posibilitado el asomo a un marxismo decolonial que se identifica en la publicación del libro: Karl Marx. Colonialismo. Cuaderno de Londres No. XV. 1851 (Inédito), en cuya publicación en español tuvo un papel destacado Álvaro García Linera hace dos años (2019). A partir de este libro y otros más, es posible abrir el camino hacia una hermenéutica decolonial del marxismo. De forma similar, es posible abrir el camino hacia una lectura feminista del marxismo sobre la base del libro: El patriarcado del marxismo. Críticas feministas al marxismo (Federici, 2018).

Las maneras de leer y entender los textos de Marx, han dado lugar a una hermenéutica abierta, es decir, a la posibilidad de abrirse paso en las luchas actuales de la izquierda, desde múltiples posturas teóricas e ideológicas enraizadas en Marx. Hay que tener claro que las obras de Marx no se han publicado completas, y están todavía en proceso de publicación en el marco del proyecto MEGA, encabezado por Marcello Musto.

En este sentido, se requiere entender a la producción teórica de Marx, y al marxismo que se abre paso hacia el siglo XXI, como una caja de herramientas de posibilidades abiertas  para interpretar y reinterpretar las luchas de la izquierda desde una perspectiva dialéctica, que llama a tener los pies puestos sobre el territorio del presente. Una de las cualidades de la dialéctica del marxismo, es la traslación teórica e ideológica de la obra original de Marx, desde el siglo XIX hacia el siglo XXI. Es en este marco, que requiere ser leído uno de los ensayos clave de David Harvey, que es quizá el más ortodoxo de los marxistas vivos, pero que no se niega a la posibilidad de las hermenéuticas alternas de la obra de Marx: “La dialéctica” (Revista “Territorios, 2018).

De forma extraña, en este ensayo de Harvey la conceptualización de la dialéctica marxista colinda con el pensamiento complejo de Edgar Morín…

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El concepto de “patria” como significante maestro de la izquierda



El concepto de “patria” como significante maestro de la izquierda

Leonardo Meza Jara

A partir del resultado fallido de la reforma electoral, los diputados de la oposición han sido señalados como “traidores a la patria”. En estos días se han abierto los debates respecto a la idea de la “patria”. Pero, ¿qué es la “patria”? La idea de “patria” se ha construido discursivamente como un significante –o significado- maestro, que pretende una condensación ideológica e identitaria. La patria es una especie de paternidad (o maternidad) ideológica, identitaria y desde luego histórica.

En México, la idea de “patria” remite a un enraizamiento, que posibilita un techo y una narrativa común respecto a la condición de ser mexicano. Sin embargo, la idea de “patria” funciona en un plano de ambigüedad o vaguedad. La idea de “patria” opera como imagen, tal como lo plantea Enrique Florescano (“Imágenes de la patria: A través de los siglos”, 2005); y opera también como narrativa, tal como lo asume la novela de Paico Ignacio Taibo II sobre los liberales mexicanos del siglo XIX (“Patria”, tres tomos).

La plasticidad de la idea de “patria” ha permitido una serie de usos ideológicos y políticos que se inscriben en luchas políticas e históricas concretas, como la derivada de la reforma eléctrica en 2022. Los conceptos que funcionan como significantes maestros suelen tener una plasticidad más o menos abierta, más o menos indeterminada. Hay otros conceptos que operan en este mismo plano de condensación ideológica e identitaria, como: “pueblo”, “nación”, “revolución”, “progreso”, etc.

Los operadores del neoliberalismo tienen sus propios conceptos maestros, que funcionan como mecanismos de condensación ideológica e identitaria. Los conceptos maestros del neoliberalismo también operan bajo márgenes de ambigüedad o vaguedad que los vuelve dúctiles y funcionales.

Durante el gobierno de Salinas de Gortari el concepto de “modernidad” o “modernización” operó como significante maestro del neoliberalismo. ¿Históricamente, que significó la “modernización” del salinismo? El significante de “modernización” de Salinas de Gortari funcionó como llave maestra para abrirle las puertas a los operadores del neoliberalismo en México, que privatizaron una gran parte del Estado-nación que fue construido por el PRI del nacionalismo revolucionario.

En los debates sobre la reforma eléctrica el argumento de la oposición que plantea una “regresión a la década de los setentas”, un “retorno al nacionalismo superado”, opera bajo una lógica modernizante anclada en la idea del “progreso indetenible”.  Pero, ¿qué han significado en los hechos la “modernización” y el “progreso” prometidos por los gobiernos neoliberales?  

Durante el gobierno de Peña Nieto el significante maestro fue el de “Pacto por México”. El significante peñanietista del “Pacto por México” tiene una lógica aliancista y pragmática que circunscribe al país en un reformismo neoliberal y globalizante, que usa el nombre de “México”, pero que transforma sobremanera la condición de lo “mexicano” (lo “nacional” y lo “estatal”). En el significante maestro del “Pacto por México”, lo nacional queda rebasado por lo global, y lo público se somete ante lo privado. De esta forma la condición de ser mexicano, se hinca y se somete ante lo que Roger Bartra refiere como lo “postmexicano” (“La condición postmexicana”, en: “Anatomía del mexicano”, 2006).

Los significantes maestros del neoliberalismo (“modernización”, “Pacto por México”, etc.) tienen una lógica postmexicana, anclada ideológica e identitariamente en la defensa de lo posnacional ante lo nacional, lo global ante lo local, lo privado ante lo público y lo individual ante lo colectivo. Los significantes maestros que han sido planteados por la 4T y Morena, remiten a una condición mexicana (“patria”, “pueblo”, etc.) que tiene como eje de lucha: a lo nacional ante lo posnacional, lo local ante lo global, lo público ante lo privado y lo colectivo ante lo individual. 

Una de las derivaciones de los resultados electorales del 2018, es el extravío de los significantes maestros de la oposición (el PAN, el PRI y el PRD). ¿Cuál es el significante maestro que condensa ideológica e identitariamente a la oposición en este momento? Tal parece, que el significante maestro que condensa a la oposición es una lógica anti-lópezobradorista, que paradójicamente ensalza e inflama a la figura de López Obrador. Hay una pobreza simbólica y discursiva que castra a la oposición en este momento histórico. Esta pobreza simbólica y discursiva se correlaciona directamente con los fracasos históricos de los gobiernos panistas y priistas de los últimos sexenios. 

Habría que preguntarse: ¿Cuál será el significante maestro que la oposición pondrá en marcha para posicionarse simbólica y discursivamente en el proceso electoral del 2024?…

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Morena y los significados estratégicos de la consulta



Morena y los significados estratégicos de la consulta

Leonardo Meza Jara

I.- Durante la década de 1990 uno de los conceptos más usados en el contexto de fundación del Instituto Federal Electoral (IFE) fue el de: “ejercicio democrático”. Este concepto se correlaciona con la tesis de Enrique Krauze que plantea una “democracia sin adjetivos”, es decir, una democracia sustantivada que no es condicionada por ningún otro factor, más que la democracia misma.

Sin embargo, la historia de la democracia en México es la historia de la adjetivación de la democracia. Falta por escribirse, la historia de las adjetivaciones de la democracia, que dejen en claro la condición impura, no sustantiva, de la democracia. La consulta de 2022 para revocar y/o ratificar el mandato de López Obrador, es otro episodio más de las adjetivaciones históricas de la democracia en México.

Habría que reconceptualizar a la “democracia” como “ejercicios”, en plural. La “democracia” es una serie de “ejercicios”, unas “prácticas concretas”, que se han puesto en marcha en las últimas décadas en México. Las prácticas políticas de la democracia son una gimnástica que se compone de los ejercicios y las poses más variadas.

Por ejemplo, los fraudes electorales de 1986 en Chihuahua y de 1988 a nivel nacional, son un doble mortal al frente del priismo, que cayó parado, aunque tambaleándose en los años siguientes. En el caso del fraude electoral del 2006, se identifica un triple giro a la derecha orquestado por el PAN, el PRI y el PANAL de Elba Esther Gordillo. Los movimientos y las poses de la democracia son una gimnástica que puede resultar sorprendente.

En 2022, la jugada política que llama a “no votar” que se ha conceptualizado como un “abstencionismo activo”, es otro más de los ejercicios de la gimnástica de la democracia. La rueda de prensa del exgobernador priista Fernando Baeza, en la que se llamó a no votar el próximo 10 de abril, es un acto de contorsionismo democrático (“Salta Fernando Baeza contra revocación”, El Diario de Chihuahua, 7 de abril de 2022). Baeza fue el beneficiario del fraude electoral cometido por el PRI en 1986 en Chihuahua, que lo llevó a convertirse en gobernador. Junto con Baeza, cientos de priistas, panistas y perredistas han llamado a no votar en la consulta revocatoria.

¿Qué significa de fondo llamar a “no votar”? Significa una contradicción irresoluble de la democracia, un ejercicio en el que la democracia se retuerce extrañamente hasta desaparecer en la negación de la política. El “abstencionismo activo” es uno de los ejercicios más arriesgados entre las prácticas de la gimnástica democrática, que bajo una lógica de contorsionismo ideológico y político cambia el lugar del “votar” (la promoción del voto) por el lugar del “no votar” (la negación del voto).

No cabe duda, la democracia mexicana está plagada de rarezas, de actos de contorsionismo que se retuercen de forma contradictoria y paradójica.

II.- A la oposición no le alcanza para tumbar (revocar) a AMLO, a lo más que pudiera aspirar, es a jugar con: No tumbarlo. El acto de llamar a no votar en la consulta del PRI, PAN y PRD, camina sobre el filo de la navaja de la impotencia de lo político. Es aquí, que la revocación se convierte en una ratificación que estratégicamente es usada por Morena.

El proceso electoral del 2021 es diferente de la consulta (elección) de 2022, y también será diferente a la elección de 2024. Las elecciones quedan sujetas de coyunturas donde las variables en juego son más o menos relativas.

La oposición no tiene asegurada la derrota en 2024 y Morena no tiene garantizado el triunfo. Lo que tiene Morena a su favor, son:

1) Los triunfos en las gubernaturas en la elección de 2021. El año pasado, Morena ganó 11 de 15 gubernaturas que se pusieron en competencia en las elecciones.

2) Los triunfos que pudiera acumular en las elecciones para gobernador en 2022, que apuntan para que Morena gane cuatro de las seis gubernaturas en juego.

3) La alta aprobación que mantiene López Obrador en su desempeño como presidente, que ronda el 60%.

4) Los resultados que se deriven de la consulta de revocación (ratificación) de 2022.

La consulta del 10 de abril es un triunfo de Morena, que puede ser más o menos significativo, más o menos productivo hacia 2024. A su vez, esta consulta es una derrota de la oposición, que en su llamado a no votar muestra su impotencia revocatoria que se manifiesta como impotencia política.

Lo que está en juego en la consulta del próximo domingo, es el tamaño de la derrota de la oposición y el tamaño del triunfo de Morena, que son correlativos. Eso quedará significado por el número y el porcentaje de votantes que puede aproximarse o alejarse de los 30 millones de votos que llevaron al triunfo a López Obrador en 2018.

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Chairologías



Chairologías

Leonardo Meza Jara

I.- Detrás de la palabra “chairo” se esconde una transformación de la militancia de la izquierda, que inicia con una denominación lingüística y que se extiende hasta lo ideológico y lo político. Esta palabra es el síntoma más visible de la metamorfosis de la izquierda mexicana en la historia reciente. La palabra “chairo” es un neologismo de la política, que trae consigo una resignificación de la militancia en la izquierda.

¿De qué maneras se ha transformado la militancia de la izquierda en las últimas décadas? En la historia reciente se observan una serie de desplazamientos en las causas de lucha de la izquierda partidista, que han transformado las formas de concebir y ejercer la militancia. Con la fundación del Partido de la Revolución Democratica la izquierda se concentró en la lucha por la democratización de la vida política del país, con la intención de construir una vía legítima para abrirse paso hacia la toma del poder. Ya en las décadas de 1960 y 1970 el Partido Comunista Mexicano luchó por una democratización de la política nacional. Después de la elección fraudulenta de 1988, la lucha de la izquierda mexicana quedó significada por la denominación de un “Partido” que concibió a la “Revolución” como una lucha por la “Democratización” (PRD).

Con la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional entre los años 2011 y 2014, la izquierda partidista concentró su lucha en contra de la corrupción que llegó a un momento de quiebre durante el sexenio del priista Enrique Peña Nieto. La bandera de la izquierda pasó de la democratización hacia el combate a la corrupción. El partido que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador en 2018, tiene como objetivo un “Movimiento” para “Regenerar” la “Nación” de una corrupción que resulta históricamente ofensiva (MORENA).

En los últimos 50 años de la izquierda partidista en México se identifican una serie de transformaciones discursivas, ideológicas y políticas que impactan directamente a las maneras de concebir y ejercer la militancia. La militancia de la izquierda partidista ha pasado de una causa fijada en la lucha de clases (el marxismo que se alojó en el Partido Comunista Mexicano), a una causa que tiene por objetivo la democratización (la izquierda del Partido de la Revolución Democrática) y una causa que lucha contra la corrupción (la izquierda del Movimiento de Regeneración Nacional).

Los desplazamientos de las causas de lucha de la izquierda partidista en México, que en las últimas décadas han pasado de la lucha de clases (A) hacia la democratización (B) y hacia el combate a la corrupción (C), han dado lugar a dos problemas:

  • Por un lado, estos desplazamientos han generado un relativismo que resulta problemático respecto a la posibilidad (o imposibilidad) de una consistencia ideológica y política de la izquierda. Por ejemplo, después del 2018 la causa de lucha de la democratización ha sido desplazada súbitamente por la causa de lucha en contra de la corrupción. Habría que preguntarse: ¿Cuál de estas causas de lucha de la izquierda tiene un mayor peso ideológico, político e histórico para la izquierda mexicana del siglo XXI? ¿Cuáles son las razones por las cuales una causa de lucha se vuelve predominante respecto a otras? ¿Acaso estas razones son meramente pragmáticas en las diferentes coyunturas de la lucha por el poder, o son motivadas por razones ideológicas y políticas de fondo?
  • Por otro lado, estos desplazamientos han dado lugar a un mecanismo de subsunción, mediante el cual alguna de las causas de lucha se impone por sobre las otras, y las vuelve borrosas y oscuras. Después del triunfo electoral de Morena en 2018, la causa de lucha en contra de la corrupción (C) ha subsumido a las causas de la democratización (B) y la lucha de clases (A). ¿De qué formas, detrás del cobro justo de impuestos a los empresarios, que es uno de los ejes en la lucha contra la corrupción del gobierno lópezobradorista, queda subsumida la lucha de clases planteada por el marxismo? (“Walmart paga 8 mil millones de pesos de impuestos al SAT; AMLO felicita a la empresa”, Animal Político, 26 de mayo de 2020; “Paga Femsa $8 mil 790 millones por impuesto pendiente”, La Jornada, 30 de mayo de 2020; “SAT señala que Elektra deberá pagar sus adeudos fiscales”, El Financiero, 26 de enero de 2022).

II.- El de “chairo” no es un concepto académico, sino que es un concepto que se formó en el contexto del lenguaje común y corriente de las redes sociales en el siglo XXI. El surgimiento y desarrollo inicial de este concepto ha sido sumamente problemático para la academia. A mediados del 2017 el Colegio de México (Colmex) definió el concepto del “chairo”: “Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes.”

La conceptualización del Colmex es una definición imprecisa e incluso contradictoria respecto al ejercicio de una militancia. El de “chairo” es un concepto que está herido de vaguedad y ambigüedad. En el espectro político de la izquierda y la derecha en México, hay “pejechairos” (militantes de la izquierda lópezobradorista) y “derechairos” (militantes del PAN o el PRI). El de “chairo” es un concepto posmoderno que se ensombrece en el relativismo.

Se requiere pensar a profundidad la condición del “chairo” en el marco de las transformaciones de la militancia de la izquierda en el siglo XXI. El “logos” del “chairo” que está en proceso, es una forma de concebir el ejercicio de la militancia respecto a un sentido ideológico y político que resulta sumamente problemático para la izquierda. Las formas de entender y conceptualizar al “chairo” como una militancia se han construido desde el lenguaje y el sentido común que atraviesa las redes sociales. En este sentido, el “logos” del “chairo” es popular, no académico. A su vez, el “logos” del “chairo” es pragmático. El “chairo” es verbo y no sustantivo. Las transformaciones de la militancia de la izquierda han sido más verbales que sustantivas, más pragmáticas que ideológicas, más de hechos que de conceptos.  

La militancia partidista de la izquierda en el siglo XXI está atrapada en un tornado histórico que no ha terminado de girar por completo, y que en su movimiento ha dado lugar a una forma de ser pragmática, un ethos pragmático. Es aquí, que el “chairo” es verbo y no sustantivo. Lo verbal (la acción de la práctica militante) se coloca por sobre lo sustantivo (lo ideológico y lo teórico de la militancia). De hecho, esta es una forma de subsunción en la que lo pragmático (la acción práctica de la militancia) se coloca por sobre la conciencia (lo ideológico y lo teórico de la militancia).

III.- Hay una pedagogía del “chairo”, una forma de aprender a ser “chairo” que se ha desplegado en el momento histórico en que la izquierda tomó el poder en México. Esta es una pedagogía funcional y pragmática, que en lo fundamental se define por el arribo y la conservación del poder. Un “chairo” se construye ideológica y políticamente respecto al arribo y la conservación del poder.

El pensamiento y la acción del “chairo” son un magnetismo del poder que se define en términos funcionales y pragmáticos. Faltaría analizar a profundidad la funcionalidad ideológica y política de un “chairo”, y responder la pregunta: ¿A qué, o quién, le es funcional ideológica y políticamente un “chairo”? A su vez, hace falta analizar a fondo las prácticas ideológicas y políticas de un “chairo”, y contestarse: ¿De qué formas un “chairo” practica una militancia que resulta sumamente problemática para la izquierda mexicana del siglo XXI, en un momento histórico de mutaciones ideológicas y políticas?

Ambas preguntas planteadas, quedan abiertas…

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La guerra y el dezplazamiento de la ética



La guerra y el dezplazamiento de la ética

Leonardo Meza Jara

I.- Incluso para la actividad humana de la guerra se han planteado reglas éticas y jurídicas que se registran en tratados internacionales. Hay actos que son concebidos como “crímenes de guerra”, que en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania pueden ser juzgados por tribunales internacionales. Las reglas éticas y jurídicas de la guerra refieren la posibilidad de una bondad o una justicia, que existirían en medio de un infierno de violencia.

¿Pero, la guerra puede ser ética? ¿En medio del infierno de la guerra pueden existir páramos de bondad y/o de justicia? La posibilidad de que exista una ética de la guerra es una de las mayores contradicciones de la humanidad. Durante la guerra tiene lugar una suspensión de la ética, que tendría que ser analizada en su historicidad. La suspensión de la ética en los casos de la invasión de Estados Unidos a Irak y Afganistán, difiere de la suspensión de la ética en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania. 

La ética de G. E. Moore que se publicó en el libro “Principia ethica” a inicios del siglo XX, que es planteada desde una perspectiva analítica, deja en claro que los juicios éticos requieren ser elaborados tomando en cuenta su condición acontecimiental y empírica. Cada crimen de guerra cometido por los Estados Unidos o Rusia, al ser valorado éticamente requiere de un análisis específico y empírico.

Es posible hacer generalizaciones éticas sobre los crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos o Rusia, pero cada crimen de guerra requiere ser analizado como un acontecimiento específico. El horror de los crímenes de la guerra puede ser concebido como una sola masa de violencias injustificables y reprobables. A su vez, cada crimen de guerra tiene una historia específica, una serie de acontecimientos violentos que al ser valorados éticamente ameritan ser analizados respecto a su acontecimentalidad.

II.- Los Estados Unidos han cometido crímenes de guerra en Irak, Afganistán y otras invasiones que tuvieron lugar en el siglo XX. Rusia ha cometido crímenes de guerra en su invasión a Ucrania. Los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos y Rusia son más que evidentes, y es imposible negar su existencia. El problema surge en las maneras de juzgar los crímenes de guerra cometidos por ambos países. ¿Cómo han sido juzgados ética y jurídicamente los crímenes de guerra que han sido cometidos por los Estados Unidos y por Rusia? ¿De qué formas se ha construido la verdad ética y jurídica sobre los crímenes de guerra que han sido cometidos por los dos países mencionados?

Al plantear estas dos preguntas no se trata de explicar y/o justificar una actuación que a todas luces es ética y jurídicamente cuestionable, respecto a crímenes de guerra que han sido cometidos por parte de una potencia militar hacia una nación más débil. Se trata de mostrar la existencia de valoraciones y juicios que se construyen de manera diferente respecto a los crímenes de guerra. Las formas de subjetivar los crímenes de guerra, y formarse valoraciones y juicios al respecto, están atravesados por condicionamientos históricos, culturales, políticos e ideológicos.

No hay una verdad exclusivamente ética en nuestras maneras de subjetivar los crímenes de guerra. Sino que la verdad sobre los crímenes de guerra es también histórica, cultural, política e ideológica. No hay una verdad universal, ni un mecanismo unívoco y determinante en las maneras de valorar y formarse juicios sobre los crímenes de guerra. Las maneras de subjetivar los crímenes de guerra estas atravesadas por variables que trascienden el territorio de la ética.

III.- En la historia mexicana los crímenes de guerra han sido subjetivados con una versatilidad que resulta extraña y sorprendente. Una de las matanzas más sanguinarias en las guerras de México fue cometida por las tropas insurgentes en el asalto a la Alhóndiga de Granaditas. El hecho histórico de la masacre de la Alhóndiga de Granaditas tiene todas las cualidades de un crimen de guerra. Sin embargo, las valoraciones y los juicios históricos que los mexicanos nos hemos formado en torno a este acontecimiento resultan contradictorios y paradójicos. La matanza de españoles y criollos en la Alhóndiga de Granaditas en los primeros días de la guerra de independencia, ha sido concebida como un acontecimiento de heroicidad y justicia histórica ante la colonización española.

En la historiografía oficial, el crimen de guerra de la Alhóndiga de Granaditas ha sido subsumido por una explicación y justificación que desemboca en un acto de venganza histórica. ¿Si los españoles nos violentaron durante tres siglos, los mexicanos estaríamos justificados a cometer una matanza colectiva como la sucedida en la ciudad de Guanajuato en 1810?

Nuestras formas de subjetivar la historia son cuestionables respecto a los actos que pueden ser concebidos como “crímenes de guerra”. Esto tiene que ver directamente con la idea moderna de “Revolución” que se ha formado en occidente. La idea de “Revolución”, como causa mayor que explica y justifica las transformaciones históricas en occidente, está plagada de contradicciones y paradojas. Alguien puede dar su vida o quitársela a un tercero, por una causa mayor que estaría explicada y justificada por una “Revolución”.

Una “Revolución” puede justificar los crímenes más atroces, como el cometido en la Alhóndiga de Granaditas en 1810. Son pocos los historiadores que se han atrevido a juzgar la carga negativa de este crimen de guerra. Entre los críticos del crimen de guerra de la Alhóndiga de Granaditas, está el caso del intelectual conservador Lucas Alamán (“Historia de México. Tomo 1”, 1962). ¿Pero, quién se atrevería a citar a un historiador que al juzgar la guerra de independencia ha declarado que el padre de la patria tendría que ser Agustín de Iturbide en lugar de Miguel Hidalgo? Más allá de lo ético, al juzgar la matanza de la Alhóndiga de Granaditas aparecen variables históricas, culturales, políticas e ideológicas que resultan conflictivas.

IV.- Lo que habría que cuestionar al valorar los crímenes de guerra, son los mecanismos (éticos, jurídicos, políticos, ideológicos, etc.) a través de los cuales se suspende la ética cuando se viven situaciones extraordinarias, como la guerra en Ucrania. Durante la guerra se ponen en marcha mecanismos de suspensión de la ética, que atañen directamente a los crímenes de guerra. Estos mecanismos ponen en juego una relatividad de la ética que resulta sumamente conflictiva y compleja.

La única posibilidad de construir una visión unívoca y universalizante sobre los crímenes de guerra es el pacifismo absoluto, la declaratoria definitiva de: NO A LA GUERRA. Pero, contradictoriamente los seres humanos estamos enraizados en la guerra. Los mexicanos del siglo XIX fueron descendientes históricos de la guerra de independencia y tuvieron como figura paterna a un mártir que fue fusilado injustamente en la ciudad de Chihuahua. Los mexicanos del siglo XX somos parte de una estirpe que le rinde culto a los muertos de la revolución, somos hijos de los colgados y masacrados que aparecen en los relatos de Nellie Campobello (“Cartucho”, 2013).

Nuestras historias han sido trastocadas por los actos de violencia de la guerra, que nos queman las entrañas y que nos hacen hervir la sangre. Es aquí que se hace necesaria una explicación psicoanalítica sobre la violencia de la guerra.

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