1

Las autobiografías de Krauze y Bartra como síntomas de una intelectualidad “mutante”



Las autobiografías de Krauze y Bartra como síntomas de una intelectualidad “mutante”

Leonardo Meza Jara

Algo sucede, algo está sucediendo entre los intelectuales del (neo)liberalismo que en las décadas finales del siglo XX “mutaron” ideológica y políticamente, pasando de las filas de la izquierda hacia las filas de la derecha. No es casual que la autobiografía del converso del marxismo al (neo)liberalismo, Roger Bartra (“Mutaciones. Autobiografía intelectual”, 2022), haya sido publicada en el mismo momento histórico en que fue publicada la autobiografía de Enrique Krauze (“Spinoza en el parque México”, 2022).  

Krauze es el heredero de una “mutación” intelectual, ideológica y política de raíces paceanas, que transcurre a través de las revistas “Plural” (1971), “Vuelta” (1987) y “Letras Libres” (1999). De hecho, el nombre de la revista “Vuelta” pertenece al mismo campo semántico que el concepto que titula la autobiografía de Bartra: “Mutación”. Desde un punto de vista intelectual, ideológico y político, una “mutación” es una “vuelta”, es un “viraje” que se inscribe en determinada coyuntura histórica.

¿Por qué razones la historia de los intelectuales del (neo)liberalismo ha sido construida a partir de una serie de “vueltas” y “mutaciones”? La historia de los intelectuales del (neo)liberalismo está hecha de “vueltas” y “mutaciones” que no han sido analizadas a profundidad. El libro de Bartra deja una luz direccional prendida, y en medio de la oscuridad histórica que brota con el siglo XXI, resulta complicado saber si el centelleo de esa direccional indica una “vuelta melancólica” hacia la izquierda o una “mutación laberíntica” hacia la derecha.

En la revista “Letras Libres” del mes de noviembre de 2022, el mismo Enrique Krauze escribe un artículo que es una oda a favor de su otrora acérrimo rival, Héctor Aguilar Camín (“La estrella de Héctor”). En este artículo en el que Krauze ensalza a Aguilar Camín, el romanticismo biográfico y político tiene una dulzura que incluso llega al empalago. Aguilar Camín no ha escrito todavía su autobiografía, pero ha escrito en forma de novela, una parte de su historia familiar en la que deja ver la relación con sus padres (“Adiós a los padres”, 2015).

Quien ha escrito de forma más detallada la historia de los intelectuales (neo)liberales mexicanos desde una perspectiva crítica, es Rafael Lemus (“Breve historia de nuestro liberalismo. Poder y cultura en México”, 2021). Lemus fue integrante del grupo de poder de “Letras Libres”, pero abandonó esta mafia que por años se apropio de los beneficios de la intelectualidad y la política cultural en México.

Todos quienes nos movemos en el mundo de la cultura y el arte en México, sabemos que el grupo “Letras Libres” encabezado por Enrique Krauze y el grupo de “Nexos” encabezado por Héctor Aguilar Camín, son mafias intelectuales que han jugado sus cartas para beneficiarse durante las décadas del neoliberalismo. Es obvio, que estas mafias de la cultura y la política han sido desplazadas y golpeadas durante el sexenio de López Obrador. Con la llamada operación Berlín al descubierto, los intelectuales de “Letras Libres” terminaron de firmar su sentencia de enemigos irreconciliables del lópezobradorismo («’Krauze operó contra AMLO’. Testimonio sobre la insidia», Aristegui Noticias, 17 de marzo de 2019).

Las autobiografías recién publicadas de Enrique Krauze y Roger Bartra y, el artículo con el que Krauze lanza guiños de reconocimiento y empalago hacia Aguilar Camín, son el síntoma de un acontecimiento inusitado en las vidas de los intelectuales del (neo) liberalismo. Algo que no se logra ver a simple vista, acontece en las vidas de estos intelectuales que han decidido retratarse ellos mismos en el espejo de la historia. ¿Por qué razones Krauze, Bartra (y Aguilar Camín) han decidido autorizarse a sí mismos para escribir su propia biografía intelectual, política e ideológica? ¿Acaso hay algún apresuramiento histórico –o una jugada de otra naturaleza-  en la escritura y publicación de las autobiografías de los intelectuales del (neo)liberalismo en México? Cuando un intelectual se mira en el espejo de su historia personal, y comparte esta historia con los demás bajo la forma de una autobiografía, hay una confesión de parte que amerita ser leída entre líneas.

Lo que mejor define las autobiografías de Krauze y Bartra son los pasajes en los que se narran una serie de “mutaciones” intelectuales, políticas e ideológicas, cuya lógica es posmoderna. El título de la autobiografía de Bartra (“Mutaciones…”) deja en claro que las vidas de los intelectuales del (neo)liberalismo están determinadas por des-anclajes ideológicos y políticos y, por mecanismos de licuefacción (a propósito de la “Modernidad líquida”, de Zigmunt Bauman).

“Mutar” es “transformarse”, y desde la lógica de Bartra sería un asunto de “anfibiología” y “metamorfosis” que simbólicamente puede ser depositado en la figura del “axolote”. Roger Bartra tiene su propia “jaula de la melancolía”, cuyo espacio ideológico y cuyos barrotes políticos tienen una condición “mutante”. La “melancolía” de Bartra, su forma de extrañar y entristecerse por la historia (por su historia), está atrapada en una “jaula” de “mutaciones” permanentes. Para los intelectuales mexicanos del (neo)liberalismo la ideología y la política tienen una condición “anfibiológica” (de derecha que fue izquierda, o que tal vez no lo fue), cuya “metamorfosis” (el principio de Lampedusa que plantea cambiarlo todo para que nada cambie) tiene como mandamiento primero y último: una “mutación” incesante.

En las biografías de Bartra, Krauze, Aguilar Camín -y otros adeptos del (neo)liberalismo- están los indicios de una serie de mutaciones de la intelectualidad mexicana, que no termina de mirarse en el espejo de la historia, mientras hunde sus ojos en los deslices de la autocontemplación…

 




El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia



El crimen organizado en México, del estado interrumpido a la tragedia

Leonardo Meza Jara

I.- El estado interrumpido

Los acontecimientos recientes en los estados de Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte, no pueden ser conceptualizados como un “Estado fallido”. En los debates de los especialistas en la materia, se ha referido que en los años de surgimiento y expansión del crimen organizado hacia finales del siglo XX y principios del XXI, el Estado mexicano no ha “fallado” de manera determinante, de tal forma que haya perdido el poder para gobernar al país. 

En todo caso, las “fallas” del Estado mexicano, lo “fallido” del Estado, tienen la cualidad de lo intermitente. Hay coyunturas temporales, como los acontecimientos violentos de la semana pasada, en donde el Estado interrumpe su control social, político y económico en determinados territorios como Zapopan, Celaya,  ciudad Juárez o Tijuana. O visto desde la perspectiva geográfica, hay determinados territorios, que no son la totalidad de la geografía nacional, en donde el Estado es interrumpido en el ejercicio de su poder y su gobierno. Estamos hablando, de un Estado interrumpido temporalmente o territorialmente, de forma parcial. La interrupción temporal o territorial del Estado en el ejercicio del gobierno, puede ser mayor o puede ser menor, puede ser limitada o puede ser expandida.  Resulta complicado definir con precisión la interrupción cuantitativa o cualitativa del poder gubernamental del Estado, que opera en determinados territorios y en determinadas temporalidades, que son fluctuantes.

¿Pero, en qué consiste específicamente el “Estado interrumpido” que se ha hecho presente en los años de expansión y consolidación del crimen organizado en México? El “Estado interrumpido” se caracteriza por las siguientes cuatro cualidades:

A] El Estado interrumpido tiene lugar cuando se hace manifiesta en los hechos  una co-gobernabilidad en la que se traslapan: el poder formal y legal del Estado mexicano (los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en sus tres niveles de gobierno) y, el poder informal e ilegal de múltiples grupos del crimen organizado que han crecido cuantitativa y cualitativamente en los últimos 30 años (los poderes multiplicados y ramificados del crimen organizado, que se manifiestan en variadas organizaciones y variadas ocupaciones ilícitas). La co-gobernabilidad entre el Estado mexicano y el crimen organizado, opera de facto y se identifica en acontecimientos como el culiacanazo (“Culiacanazo: Las 3 versiones de quién ordenó liberar a Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo”, El Universal, 13 de octubre de 2020). La co-gobernabilidad referida, también se identifica en los hechos recientes sucedidos en Zapopan y Celaya (“ La violencia en Jalisco y Guanajuato fue porque reventaron un encuentro de cárteles”, Sin Embargo, 10 de agosto de 2022), o en la violencia acontecida en ciudad Juárez (“Jueves negro”, El Diario de Juárez, 12 de agosto de 2022) y Baja California Norte (“La violencia se extiende a BC: Hay ataques simultáneos en Tijuana, Tecate, Mexicali, Ensenada y Rosarito”, Proceso, 12 de agosto de 2022). Los acontecimientos de violencia generados la semana pasada por el crimen organizado en cuatro estados del país, interrumpieron de forma significativa el poder gubernamental del Estado mexicano.

B] Cuando el Estado se interrumpe, tiene lugar un desplazamiento. Si algún poder informal o ilegal, se coloca en posición de contrapoder respecto al Estado (en lo policial, lo militar, lo político, lo económico, etc.) y, el Estado no logra imponerse formal o legalmente en el ejercicio del derecho y la justicia elementales, lo que tiene lugar es un desplazamiento. Lo informal y lo ilegal del crimen organizado se colocan como un contrapoder del Estado, y tiene lugar un desplazamiento que opera de facto. El estado de derecho, cuyos componentes son políticos y jurídicos, es desplazado por una condición de informalidad e ilegalidad que está a la vista de todos de manera flagrante. El contrapoder del crimen organizado que ha desplazado sistemáticamente al Estado mexicano en los años recientes, se muestra cada vez de manera más obscena y cínica.

C] La co-gobernabilidad mediante la cual opera el crimen organizado y, el desplazamiento del poder del Estado, dan lugar a un debilitamiento del Estado. Lo que se ha visto en los acontecimientos del crimen organizado de los últimos años, es un debilitamiento del Estado, que por momentos resulta peligroso para la estabilidad y la paz social. Aquí cabe preguntarse: ¿Dónde están los límites de la fuerza militar, política, económica y social que ha construido el crimen organizado en México? ¿Dónde están los límites de la debilidad del Estado mexicano, ante la fuerza del crimen organizado? Ambas preguntas son correlativas, y tendrían que responderse de manera conjunta. Los límites de la fuerza del crimen organizado dependen del debilitamiento del Estado mexicano, y viceversa, el debilitamiento del Estado mexicano se relaciona con el crecimiento expansivo del crimen organizado en los años recientes.

D] La co-gobernalidad entre el Estado y el crimen organizado, el desplazamiento del Estado por parte de un poder informal e ilegal y, el debilitamiento del Estado en el ejercicio del poder y el gobierno, derivan en la posibilidad de un Estado incapacitado para resolver el problema del crimen organizado en México. No se afirma que el Estado mexicano sea incapaz de resolver el problema del crimen organizado. Aunque esta cuestión puede plantearse como una pregunta: ¿El Estado mexicano se muestra capaz para resolver los problemas del crimen organizado en México, o más bien, se muestra incapaz a este respecto?

Los acontecimientos recientes y otros más pueden constituirse como una información (datos empíricos) que permita argumentar de manera ostensiva la incapacidad del Estado mexicano para resolver el problema del crimen organizado. Si una y otra vez, el Estado mexicano se ha mostrado incapaz para resolver los problemas del crimen organizado, es muy posible que se siga mostrando de esta forma. En este sentido, la idea de la incapacidad del Estado mexicano para resolver los problemas del crimen organizado se robustece.

No se trata de construir una imagen pesimista, respecto a un Estado: que co-gobierna con el crimen organizado, que ha sido desplazado, que se muestra debilitado e incapaz de resolver los problemas de inseguridad pública. Pero tampoco se trata de construir discursos optimistas, que no puedan ser sostenidos por datos empíricamente demostrables y por argumentos plenamente racionales. Sencillamente, se ponen los pies sobre la tierra,  mientras se camina sobre el territorio minado, de la historia reciente del crimen organizado en México.

II.-Entre la “necropolítica” y el “capitalismo gore”

Los acontecimientos de violencia y muerte que hemos vivido en las últimas décadas en México han reconfigurado el lenguaje mediante el cual entendemos los hechos criminales, sociales, políticos, históricos, etc. Por ejemplo, el concepto novedoso de “feminicidio” fue creado a partir de los asesinatos de mujeres en ciudad Juárez, en la década de 1990. Este concepto nombra un acontecimiento de violencia y muerte que se comete sobre las mujeres, que no había sido identificado o conceptualizado como un problema.

En el marco de la violencia y la muerte generadas por el crimen organizado, junto al concepto de “feminicidio” han surgido otros conceptos como: “desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica” (Achille Mbembe, 2011), “capitalismo gore” (Sayak Valencia), etc. Los conceptos mencionados forman parte de un campo semántico novedoso. Estos conceptos tienen como objetivo nombrar acontecimientos que históricamente no habían sucedido, o que no habían sido conceptualizados desde una perspectiva determinada.

El campo semántico (de significación) al que pertenecen los conceptos mencionados se ha formado en un momento histórico que está determinado por la violencia y la muerte que han sido generados por el crimen organizado en México. Y tanto los hechos que se nombran (los acontecimientos reales) como los conceptos planteados (la teorización de los acontecimientos), reconfiguran nuestras formas de entender y vivir el mundo.

No es lo mismo entender y vivir el mundo, antes de los desmembramientos de los cuerpos cometidos por el crimen organizado, que entender y vivir el mundo después de los actos de desmembramiento que quedaron a la vista de todos. Cuando en el año 2006 fueron arrojadas cinco cabezas humanas en la pista de baile de una discoteca en Uruapan, Michoacán, el mundo del crimen organizado trastocó nuestras maneras de entender y vivir el mundo («Arrojan 5 cabezas humanas en centro nocturno de Uruapan”, La Jornada, 7 de septiembre de 2006).

Los acontecimientos sucedidos recientemente en Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana -entre otras ciudades- han tratado de ser conceptualizados por herramientas que resultan limitadas para entender lo que acontece en el país. En un artículo publicado en El Diario de Chihuahua, el analista Francisco Ortiz Bello conceptualiza los acontecimientos de Juárez como un acto de “terrorismo”. Para apoyar esta conceptualización, Ortiz Bello alude al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y al Código Penal Federal (“Jueves negro en Juárez”, 14 de agosto de 2022). En un desplegado publicado por la dirigencia de la Coparmex en el estado de Chihuahua, el domingo 14 de agosto de 2022, también se refieren los hechos sucedidos en Juárez como: un “acto terrorista”, que “se conjuga cuando grupos delincuenciales infunden miedo a la población que se convierte en terror bajo hechos impactantes…”

No me detengo a hacer una crítica de los contenidos semánticos (significados) o sintácticos (el orden de escritura de las palabras) del desplegado de la Coparmex en Chihuahua, que en su tercer párrafo resulta errático. Aquí se plantea, que tanto la conceptualización del artículo de Ortiz Bello como el contenido del desplegado de Coparmex-Chihuahua, que califican los acontecimientos sucedidos en Juárez como “terrorismo”, son imprecisos. La categoría conceptual del “terrorismo” resulta limitada e insuficiente para entender los acontecimientos sucedidos en Juárez.

La generalidad de los conceptos que han surgido en el contexto de violencia y muerte del crimen organizado (“desmembramiento”, “cocinar”, “pozolero”, “violencia extrema”, “desaparecido”, “víctima”, “revictimización”, “necropolítica”, “capitalismo gore”) nombran acontecimientos históricos para los que no existía una denominación previa. Estas palabras se refieren a hechos históricamente inéditos. Habría que preguntarse: ¿Acontecimientos como los sucedidos en días pasados en ciudad Juárez, han sucedido previamente y han sido conceptualizados de manera precisa y consistente? ¿El concepto de “terrorismo” resulta suficiente para entender los hechos recientes de ciudad Juárez? ¿Se requieren conceptos novedosos para nombrar de manera precisa y consistente, los acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez?

Aún no se han creado, ni consensado, entre los académicos y los periodistas, la totalidad de los conceptos que en el marco de la violencia y la muerte del crimen organizado logren nombrar con precisión, la totalidad de los hechos que nos acontecen. Lo anterior significa que, es posible que no existan todavía los conceptos precisos para nombrar los hechos de violencia y muerte que sucedieron la semana pasada en ciudad Juárez. Lo sucedido en Juárez no son estrictamente actos de terrorismo. Los medios y los fines de los grupos del crimen organizado en México no están sujetos de una lógica terrorista, aunque han usado la violencia para generar un temor colectivo que les permite operar en beneficio propio, y en perjuicio de la sociedad y el Estado. La lógica y la funcionalidad de los acontecimientos de ciudad Juárez, son algo más que terrorismo. Quienes han conceptualizado con mayor certeza los actos del crimen organizado que tienen como objetivo controlar poblaciones y territorios a través de la violencia y la muerte, son Achille Mbembe y Sayak Valencia, mediante los términos de “necropolítica” y “capitalismo gore”, respectivamente.  

La “necropolítica” (Mbembe, 2011) es una forma de poder que rebasa al Estado, que es ejercida por actores extra-estatales como los integrantes del crimen organizado, quienes tienen la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de poblaciones enteras. Literalmente, “necropolítica” significa una “política de la muerte”, cuyo objetivo no es el asesinato en sí mismo. Los asesinatos de la “necropolítica” que se cuentan por miles, tienen como objetivo el control y sometimiento de las poblaciones y los territorios. Los grupos del crimen organizado, cometen actos de violencia y asesinan, con la finalidad de consolidar su capacidad de producir y acumular dinero bajo una lógica capitalista. Se trata de producir y acumular dinero mediante el control de poblaciones y territorios enteros que quedan sometidos a una política de la violencia y la muerte, que rebasa la capacidad del Estado.  La “necropolítica” se manifiesta en estrategias y hechos concretos, en los que las poblaciones y los territorios son sometidos a la violencia y el asesinato intensivos, tal como sucedió en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California Norte.

Por otra parte, el “capitalismo gore” es definido por Valencia (2016) como un territorio en el que se anudan el neoliberalismo y una “episteme de la violencia”, donde se hacen presentes la exaltación de la violencia y la crueldad, que son usados por los integrantes del crimen organizado para infundir temor y controlar poblaciones y territorios. El término “gore” es tomado por Valencia de un género cinematográfico que sobredimensiona la violencia y la muerte. El “capitalismo gore” se refiere a una representación desmesurada de la violencia y la muerte del crimen organizado, que circulan a través de las redes sociales, los medios periodísticos, las narrativas cinematográficas y televisivas. Durante la tarde y la noche del jueves 11 de agosto, circularon en las redes sociales, los periódicos y la televisión, una variedad de narrativas que exaltaron la violencia y la muerte provocadas por el crimen organizado en ciudad Juárez. Las estrategias del “capitalismo gore” pretenden una exaltación de la violencia, el miedo, la impotencia y la desesperanza, que le permiten al crimen organizado, participar de los beneficios económicos del mercado negro del capitalismo.

Los conceptos de “necropolítica” de Achille Mbembe y “capitalismo gore” de Sayak Valencia, se refieren a los condicionamientos capitalistas (neoliberales) que son parte del funcionamiento del crimen organizado en México. Los medios y los fines a partir de los cuales se define el funcionamiento de los grupos del crimen organizado, están atravesados por condicionamientos capitalistas que no pueden ser desestimados. El concepto de “terrorismo” que es aludido por Ortiz Bello y por la Coparmex-Chihuahua, no considera los condicionamientos capitalistas que están relacionados con los actos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado en ciudad Juárez. Esta forma de concebir la violencia y la muerte del crimen organizado es un mecanismo de despolitización, que desestima la lógica capitalista que es sustantiva para entender los actos cometidos por los operadores del crimen organizado. La lógica capitalista de producción y acumulación de dinero, es crucial para entender el surgimiento y la consolidación del crimen organizado en México. Más que ser actos “terroristas”, los acontecimientos recientes de ciudad Juárez (Zapopan, Celaya y Tijuana), son actos “necropolíticos” o actos cuya lógica forma parte del “capitalismo gore”.

III.- Los lugares vacíos de la verdad y la justicia

La historia reciente de México es una cartografía de la violencia y la muerte que se expanden y oscurecen. Podemos saber de algunos lugares donde recientemente han sucedido acontecimientos de violencia y muerte cometidos por el crimen organizado, como Juárez, Zapopan, Celaya o Tijuana. Pero no sabemos todos los lugares de México donde han sucedido los acontecimientos de violencia y muerte del crimen organizado. Hay territorios oscurecidos a lo largo del país, lugares donde la violencia y la muerte se esconden, entre la clandestinidad y la impunidad.

El país no es una enorme fosa clandestina donde se depositan los cadáveres de miles de desaparecidos. Sino que hay territorios de los que no sabemos, territorios que no logramos ver y que no pueden ser dichos todavía. Hay territorios de oscuridad y de vacío donde acontecen la violencia y la muerte. Hay lugares donde se ha formado un limbo de verdades no dichas, de justicias no cumplidas, de historias que no se cierran y se muestran como una herida abierta e inconclusa.

Una parte del problema del crimen organizado en México es saber lo acontecido recientemente en los estados de Chihuahua, Jalisco, Guanajuato o Baja California Norte. Pero otra parte de este problema, la más significativa tal vez, es no saber (el problema de la verdad) y no juzgar (el problema de la justicia) todos los acontecimientos que nos han convertido en un país atravesado de forma rotunda por la violencia y la muerte. La clandestinidad y la impunidad que han sostenido históricamente el avance del crimen organizado en México, se han construido en base a dos tipos de estrategias:

– Hay una serie de acciones que oscurecen la verdad y la justicia. No sabemos, por ejemplo, el lugar en que fueron asesinados los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y tampoco sabemos dónde están sus cuerpos. En este caso y en muchos otros, la impartición de la justicia es un lugar que ha quedado oscurecido. Aquí cabe preguntarse, ¿cómo iluminar los lugares oscurecidos de la verdad y la justicia, en un contexto en el que predominan la posverdad (el relativismo) y la injusticia (la ilegalidad y la impunidad)?

– Hay una serie de acciones que vacían de sentido a la historia y la política. Los acontecimientos recientes de violencia que se extendieron desde Jalisco hasta Baja California Norte, son la evidencia de una historia de violencia y muerte que no cesa, y que da lugar a la formación de una imagen pesimista del futuro. Junto a lo anterior, la actividad de la política muestra otra vez sus fallas y su incapacidad para resolver el problema del crimen organizado en México. De esta forma, el sentido de la historia y el sentido de la política son vaciados de contenido. Aquí se pregunta: ¿cómo reconstruir el sentido esperanzador de la historia y de la política en México, en un contexto en el que la historia y la política están habitadas por una incertidumbre y una desesperanza que por momentos resultan abrumadoras?

A contrapelo de la clandestinidad y la impunidad, hacen falta estrategias para consolidar la verdad y la justicia de las víctimas del crimen organizado. A su vez, se requieren estrategias para resignificar la historia y la política, de tal forma que la esperanza se imponga ante la desesperanza. 

IV.- Las orillas imprecisas de la tragedia

El concepto de “tragedia” que se desprende la literatura (Sófocles y Eurípides) y la filosofía griega (Aristóteles), no pertenece solo al ámbito de la ficción. La tragedia no es solo parte de un poema épico, de una obra de teatro o de algún texto narrativo de carácter imaginario. La tragedia forma parte de la realidad humana e histórica. La tragedia son pedazos de lo real del mundo que por su carga de oscuridad y angustia no puede ser mirado (el horror de los cuerpos descuartizados), no puede ser nombrado (la ausencia de verdad y justicia en los casos de los asesinados y los desaparecidos por el crimen organizado) y no puede ser pensado con certeza (la incertidumbre de la violencia que se extiende hacia el futuro).  

Lo real y lo histórico de la tragedia actual de la violencia y la muerte en México, puede ser conceptualizado a partir de las cinco cualidades siguientes: 

– Es una violencia que se expande cuantitativa o cualitativamente.

– Es desestabilidad social y política que irrumpe y se prolonga.

– Es zozobra que llega al grado de oscuridad de la penumbra. 

– Es miedo que paraliza e inhabilita las posibilidades de intervención humana.

– Es desesperanza que nos hace colocar los pies sobre la angustia y que oscurece el horizonte histórico.

Las cinco cualidades definitorias mediante las cuales se conceptualiza lo real y lo histórico de la tragedia, aplican para definir los acontecimientos de violencia y muerte actuales. En Juárez, Zapopan, Celaya y Tijuana, las acciones del crimen organizado se caracterizan por: una violencia que se expande, una desestabilidad que se prolonga, una zozobra que por momentos se oscurece demasiado, un miedo que inhabilita y una desesperanza que se vuelve angustiante. 

Los hechos recientes en las ciudades mencionadas forman parte de una tragedia cuya temporalidad histórica es de larga duración. La tragedia de la violencia y la muerte del crimen organizado en México se inscribe en un momento de larga duración histórica, que es impredecible hacia el futuro. Y tal vez, esto es lo más trágico del momento histórico que nos toca vivir. Nadie puede establecer con certidumbre, el momento histórico en el que se detendrán la violencia y la muerte del crimen organizado.

Una de las cualidades fundamentales de la tragedia, es su capacidad de trascender históricamente. Y en todo caso, tendríamos que analizar las formas mediante las cuales la tragedia humana ha trascendido históricamente, repitiéndose de formas diferentes, prolongándose hacia un futuro que tiene la forma de una herida abierta o, transformándose en una violencia que resulta inaudita por su grado de inhumanidad. Lo más abismal de la tragedia actual en México, está significado por las maneras de tratar los cuerpos de los asesinados y los desaparecidos. Las técnicas mediante las cuales se descuartizan o se disuelves los cuerpos, tiene como objetivo fragmentar o borrar por completo los rastros de la muerte o de la vida…

 




La 4T, la lucha por la soberanía energética y el catastrofismo neoliberal



La 4T, la lucha por la soberanía energética y el catastrofismo neoliberal

 

Leonardo Meza Jara

 

I.- El conflicto de México en el marco del TMEC, que tiene como eje el debate sobre la soberanía energética, amerita ser leído más allá de la lógica neoliberal. Se requiere entonces, llevar el debate más allá de las inercias neoliberales que jalonan y comienzan a sobredeterminar las discusiones sobre el tema.  ¿Es posible llevar este debate más allá de la lógica neoliberal que se somete al determinismo de una interpretación cerrada del TMEC, y que pondera los intereses empresariales, de los EUA y Canadá? Desde luego que es posible, pero esta posibilidad está inscrita en una coyuntura de confrontaciones que es históricamente inédita para México.

La pregunta: ¿Cuál es el sentido de confrontarse de esta forma con el sector empresarial y con dos potencias económicas como EUA y Canadá?, tendría que plantearse junto a una segunda pregunta: ¿Y por qué no confrontarse, si lo que se defiende de fondo son dos temas que resultan torales: la soberanía energética del país y la lucha contra las privatizaciones que se han convertido en uno de los mecanismos más redituables de los sectores empresariales nacionales e internacionales?

A manera de tesis, se plantea que: En el debate sobre la soberanía energética y el conflicto en torno al TMEC, se requiere ir más allá de la lógica neoliberalizante que desde una postura de la derecha, termina defendiendo los intereses empresariales, los intereses de los EUA y Canadá. Desde luego que esta postura implica tomar riesgos, pero en la lucha por construir alternativas ante el neoliberalismo, es posible tomar estos y otros riesgos.

 

II.- Hay un cúmulo de expertos (analistas políticos, economistas, catedráticos, exfuncionarios gubernamentales) que han comenzado a entender el conflicto de la soberanía energética y el TMEC bajo una lógica catastrofista. Estos expertos plantean que, después de las consultas y los paneles, la confrontación del gobierno mexicano con los empresarios, los EUA y Canadá puede desembocar en una catástrofe económica y política. Se comienza a construir una narrativa catastrofista, que en el fondo hace una interpretación cerrada de los contenidos del TMEC y de los intereses empresariales, de EUA y Canadá.

Pero, ¿en qué consiste específicamente esa “catástrofe” que ya se comienza a construir mediante una narrativa prospectiva (una narrativa de un futuro que aún resulta incierto)? ¿Acaso las condiciones en qué han vivido millones de mexicanos después de la instauración del TLC en 1994, no han sido “catastróficas”: crisis económica, pobreza, desigualdad, explotación y precarización laboral, feminicidios, violencia del crimen organizado, etc.? ¿Dónde está entonces la “catástrofe”? ¿Qué es una “catástrofe”, o mejor dicho, una narrativa de la “catástrofe” como la que los expertos del neoliberalismo comienzan a construir de la mano de los intereses empresariales, de los EUA y Canadá?

Hay que analizar con lupa los discursos catastrofistas de los expertos (analistas políticos, economistas, catedráticos, exfuncionarios gubernamentales), cuya narrativa es una defensa a ultranza de los intereses empresariales, de los estadounidenses y los canadienses. Y hay que tener en claro, que no es lo mismo:

– La invención narrativa de una “catástrofe” prospectiva, como la que en este momento comienzan a construir los expertos defensores del neoliberalismo.

– La catástrofe histórica real a la que nos han llevado cuatro décadas de implementación de políticas neoliberales en México.

Los discursos “catastrofistas” del neoliberalismo suelen ser contradictorios, paradójicos e incluso absurdos.

 

III.- Desde luego que los expertos que se encargan de construir una narrativa catastrofista, son los tecnócratas del neoliberalismo. En su definición literal, “tecnocracia” significa el “poder de la técnica”. Los tecnócratas del neoliberalismo son quienes se han encargado de construir una serie de técnicas de poder, cuya lógica es económica (principios como el “libre mercado”, la “competitividad”, la “meritocracia”, la “calidad”, etc.), jurídica (la normatividad del TLC, del TMEC, los mecanismos legales del proteccionismo del libre mercado, etc.) y política (la defensa paradójica de una “libertad” que se decanta hacia lo económico, no hacia lo político). Hay entonces, una serie de técnicas económicas, técnicas jurídicas y técnicas políticas, que estarán atravesando las argumentaciones de los tecnócratas que alzan la bandera del TMEC, de los empresarios, de los EUA y Canadá.

La “tecnocracia” neoliberal, es decir, el “poder de la técnica” del neoliberalismo que tiene componentes económicos, jurídicos y políticos, estará habitando la narrativa catastrofista que ya comienza a construirse en el marco de la batalla por la soberanía energética en México. Los argumentos técnicos de los tecnócratas neoliberales estarán defendiendo cuestiones como: el respeto a los contenidos normativos del TMEC, la protección de la inversión extranjera, el impulso de la competitividad, la limitación de los monopolios, la necesidad de la libertad económica, y lo anacrónico de la lucha soberanista de la 4T.

Cada una de las argumentaciones de los “tecnócratas” del neoliberalismo estará investida de su condición de “expertos”, y estará habitada por conocimientos técnicos del orden económico, jurídico y político, que resultan complicados de entender para la mayoría de la ciudadanía. En el marco de este debate, los “expertos tecnócratas” se estarán moviendo entre los pasadizos de un laberinto neoliberal que es difícil de entender y de transitar. El neoliberalismo, es un enorme laberinto histórico formado por un cúmulo de pasadizos y muros que han sido construidos por técnicas económicas, jurídicas y políticas que son identificables y que requieren ser analizadas con detenimiento, para ser criticadas y deconstruidas en su especificidad. En la actual coyuntura, se trata de analizar, criticar y deconstruir:

  1. A) Las técnicas económicas, jurídicas y políticas (la tecnocracia neoliberal) mediante las cuales los tecnócratas (expertos, ingenieros teóricos) han construido un enorme y complicado laberinto de cualidades neoliberales. Este laberinto es una jaula histórica, es la jaula histórica de la hegemonía neoliberal en el siglo XXI en México, y en el mundo.
  2. B) Los pasadizos y los muros de un laberinto neoliberal que tiene una composición problemática y compleja, que no es determinante para la historia presente y futura. La historia del siglo XXI no comienza, ni termina con el neoliberalismo. Los muros del laberinto histórico del neoliberalismo pueden ser derribados.

En todo momento, existe la posibilidad de resistir a una hegemonía y construir una historia otra, por más difícil y adverso que esto pudiera ser. Esto último, implica la dialéctica de resistir en luchas concretas y en coyunturas determinadas, ante una hegemonía neoliberal que se despliega de forma astuta y artificiosa.

El laberinto histórico en el cual reside la hegemonía neoliberal es una maquinaria cuya composición es problemática y compleja, respecto a cada uno de sus diferentes componentes técnicos (económicos, jurídicos y políticos) y, respecto a la manera en que estos componentes se articulan en una sola arquitectura que tiene una forma laberíntica. Se trata, de llevar el debate sobre la soberanía energética en México, más allá de la tecnicidad, de la arquitectura y de la funcionalidad del laberinto hegemónico del neoliberalismo en México.

 

IV.- Hay que dejar en claro que las causas de lucha de la izquierda no han recibido el respaldo pleno de un gobierno de izquierda en México. Ni el movimiento obrero (la categoría de lucha de clases), ni el feminismo (la categoría de género), ni las causas indígenas (la categoría de raza), que son las luchas de la izquierda, han recibido el respaldo reclamado al gobierno encabezado por López Obrador. El actual gobierno de izquierda en México le queda a deber a las luchas obreras, feministas e indígenas. Eso hay que subrayarlo.

En el caso de la soberanía energética en México, que se proyecta hacia un conflicto con los empresarios, los EUA y Canadá en el marco del TMEC, se identifica quizá la mayor radicalidad de izquierda en la postura del gobierno encabezado por López Obrador. La lucha por la soberanía energética tiene una lógica decolonial, es decir, se lucha en contra de los intereses empresariales, los intereses de EUA y Canadá que tienen como objetivo la explotación y el saqueo de los recursos energéticos en México. En el fondo, esta lucha soberanista es una lucha en contra de la colonización energética del país. Y en esta lucha que se extenderá hacia los meses siguientes, se atisba la mayor radicalidad de un proyecto de gobierno que se afirma de izquierda en México.

Más que catástrofe, lo que se puede atisbar sobre los acontecimientos de los meses siguientes es una coyuntura donde la batalla en contra del neoliberalismo llegará al momento más álgido en la historia del primer gobierno de izquierda en México. Lo que tiene lugar, es un momento de confrontación en contra del neoliberalismo en México cuyos resultados son imprevisibles.

 

 

 

 

 




Byung-Chul Han y las maneras de arrojar la historia al retrete



Byung-Chul Han y las maneras de arrojar la historia al retrete

Leonardo Meza Jara

En el libro “La sociedad del cansancio”, Byung-Chul Han asume que en las formas de dominación del neoliberalismo se hace manifiesto un “exceso de positividad” (2012, P. 11 y 12). Pero esta afirmación del filósofo originario de Corea del Sur es una exageración. Este filósofo refiere que los seres humanos ya no son dominados por una exterioridad, que en las formas de dominación actual ya no se hace presente un mecanismo panóptico que fue analizado por Foucault en el libro “Vigilar y castigar” (2005).

Desde este punto de vista, la dominación ya no se ejercería desde la exterioridad del sujeto (unas leyes, una autoridad institucional, unos dispositivos disciplinarios, un mecanismo de interpelación como el planteado por Althusser, una maquinaria de performatividad como la referida por Austin o Butler), sino que los sujetos se dominarían a sí mismos.

La tesis central de Byung-Chul Han en “La sociedad del cansancio” establece que los sujetos han aprendido a dominarse a sí mismos a través de mecanismos como el exceso de producción, la sobrecarga del rendimiento y la demasía de la comunicación: “La violencia de la positividad… resulta de la superproducción, el superrendimiento y la supercomunicación…” (Ibidem., P. 16).  En síntesis, este filósofo coreano establece que los seres humanos han aprendido a gobernarse a sí mismos (la “violencia neuronal” de Byung-Chul Han). Por la tanto, ya no requerirían ser dominados desde una exterioridad (los dispositivos disciplinarios de Foucault).

La argumentación de Chul Han recurre de forma artificiosa a los recursos de la retórica, que plantean una analogía entre: A) los mecanismos de dominación y, B) el sistema inmunológico de los seres humanos. Para el filósofo surcoreano, un contagio viral funciona de la misma manera que los mecanismos de dominación del poder. Según este autor, la dominación ya no es “viral”, ya no funciona como lo hacen los virus que, desde una exterioridad se introducen al cuerpo humano contagiándolo (dominándolo). En este mismo plano, la interioridad del cuerpo (las posibilidades de resistencia ante la dominación ejercida desde afuera) ya no funciona como lo hace el sistema inmunológico, resistiendo a los virus, luchando en contra de un organismo que viene desde una exterioridad y que afecta al cuerpo al grado del sometimiento.

La analogía viral-inmunológica que aparece en “La sociedad del cansancio” es una trampa argumentativa. La forma de argumentar de Byung-Chul Han es más retórica que racional, más imaginaria que real, más abstracta que objetiva. Este autor recurre al efectivismo argumentativo de la retórica, que se deposita en la figura de la analogía.

¿Verdaderamente, los mecanismos de dominación funcionan como lo hacen los virus que entran al cuerpo humano? ¿Las posibilidades de resistencia ante una dominación, funcionan de la misma forma en que lo hace el sistema inmunológico ante el contagio de un virus? ¿Cuáles son los alcances y las limitaciones interpretativas de la analogía inmunológica de Byung-Chul Han, para explicar la manera en que funcionan los mecanismos de dominación y resistencia de los seres humanos? ¿Existe de manera fatídica, una “violencia neuronal” que psíquicamente ha construido una serie de mecanismos mediante los cuales los seres humanos se dominan a sí mismos, sin necesidad de ser dominados desde una exterioridad?

De un solo plumazo, Chul Han anula las posibilidades de la resistencia ante el ejercicio de la dominación:

«Hoy en día, la sociedad incurre de manera progresiva en una constelación que se sustrae por completo del esquema de organización y resistencia inmunológicas. Se caracteriza por la desaparición de la “otredad” y la “extrañeza”… La desaparición de la otredad significa que vivimos en un tiempo pobre de negatividad. Ciertamente, las enfermedades neuronales del siglo XXI siguen a su vez una dialéctica, pero no de la negatividad, sino de la positividad. Consisten en estados patológicos atribuibles a un “exceso de positividad.”» (Ibidem. P. 13, 14, 17 y 18).

Para este filósofo coreano ya no existe la resistencia (“negatividad”), sino que solo existe la auto-dominación que se multiplica al cuadrado (“exceso de positividad”). Es esto lo que es conceptualizado por Byung-Chul Han como una “violencia neuronal” donde los seres humanos se dominan a sí mismos bajo unos mecanismos psíquicos que están atados a la lógica de la “superproducción” (la sobreabundancia de producción) y el “superrendimiento” (la autoexigencia de rendir ilimitadamente). De esta forma, los seres humanos se explotan a sí mismos hasta cansarse. Por esta razón, el libro de Byung-Chul Han se titula: “La sociedad del cansancio”.

El problema, es que el filósofo surcoreano no explica de manera convincente cómo funciona la dominación psíquica de los sujetos, tal como la hace Judith Butler en el libro “Mecanismos psíquicos del poder” (2015), o como lo hace Slavoj Žižek en el texto “El sublime objeto de la ideología” (2012). Para explicar la manera en que funciona la dominación psíquica de los sujetos, Butler recurre a Hegel (la dialéctica del amo y el esclavo) y Žižek se apoya en Marx (el fetichismo de la mercancía).

Lo que opera argumentativamente en el fondo del libro de Byung-Chul Han, es un olvido o una anulación de la dialéctica que se desprende de Hegel y Marx. El filósofo surcoreano que destina trágicamente a la sociedad actual a hundirse en el “cansacio”, convierte a la dialéctica en un remolino de “positividad” que se lo traga todo. La filosofía de Chul Han es una negación de la dialéctica marxista, que se parece demasiado a los remolinos que se forman cuando se jala la palanca de un retrete. Este remolino gira en un solo sentido y se precipita hacia un abajo trágico, de hechura posmoderna. Esta es una forma “sui generis” de bajarle al retrete de la posmodernidad, que arrastra a la historia por un solo camino y en un solo sentido impregnado de nihilismo. Mediante la jugada teórica de Byug-Chul Han, la historia y la dialéctica son arrojadas al retrete.

En los conflictos actuales de la sociedad, las fuerzas que luchan por el poder no giran en un solo sentido. Más aún, no hay una sola fuerza que está en lucha, sino que hay una multiplicidad de fuerzas que se confrontan unas con otras. Y en todo momento, se hace presente una dialéctica, en la que se manifiesta tanto una positividad (el ejercicio efectivo de una dominación) como una negatividad (la potencia política de la resistencia).

Desde luego que en la era neoliberal existe una positividad en los mecanismos de dominación. Es decir, existe una cierta efectividad de la dominación, que por cierto no es solo autodominación (la explotación interna, que deviene de sí mismo), sino que también es heterodominación (la explotación externa, que deviene de una alteridad). Pero también existe una negatividad que se opone a la dominación, que se ha expresado en las luchas en contra del neoliberalismo en las dos primeras décadas del siglo XXI. En la era neoliberal hay positividad (dominación efectiva) y negatividad (resistencia manifiesta ante la dominación). Es decir, hay dialéctica, hay una conflictividad dialéctica que se hace manifiesta históricamente en luchas concretas como la sucedida en Chile durante la pandemia, como los acontecimientos electorales recientes en Bolivia, Colombia, México y otros países de América Latina.

Los intentos de olvido o anulación de la dialéctica que atraviesan la obra de Byung-Chul Han son imperdonables, no por el hecho de omitir a Hegel o Marx, sino por el hecho de que la historia es profusa y profundamente dialéctica. La historia está plagada de positividades y negatividades que tienen la forma de múltiples remolinos que giran uno al lado de otro, en diferentes sentidos y de diferentes maneras. La historia es un territorio de tempestades, de climas históricos que se comportan conflictivamente, donde diversos remolinos con una fuerza centrípeta y centrífuga, chocan unos con otros en luchas de poder concretas. La historia es un lugar problemático y complejo, donde múltiples fuerzas de dominación (positividad) y resistencia (negatividad) se mueven, mientras luchan unas con otras…




Notas para una hermenéutica abierta del marxismo



Notas para una hermenéutica abierta del marxismo

Leonardo Meza Jara

Hay una sentencia de Slavoj Žižek que se ha vuelto célebre en los debates marxistas: “Es la economía política, estúpido”. Esta frase de Žižek, que actúa como sentencia, es uno de los capítulos del libro En defensa de la intolerancia (2008). La postura teórica e ideológica de Žižek puede condensarse en esta sentencia, que dibuja con meridiana claridad el anclaje del filósofo esloveno en el marxismo clásico, cuyo primer y último territorio de la lucha es la economía política: la categoría de “lucha de clases” y el sujeto colectivo del proletariado.

La sentencia de Žižek se hace notar en el debate que este filósofo mantuvo con Ernesto Laclau y Judith Butler en el libro Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda (2003). En este segundo libro, el debate atraviesa la pregunta: ¿La lucha de la izquierda en el siglo XXI es una sola lucha, sobredeterminada por la categoría de “lucha de clases” y por el sujeto del proletariado; o son múltiples luchas, entre las que destacan las luchas feministas, las luchas decoloniales y las luchas ecologistas?

La pluralización de las luchas de la izquierda, es un asunto sumamente problemático en términos estratégicos para la izquierda del siglo XXI. Las múltiples ramas del árbol de las luchas de la izquierda en la actualidad, pueden conducir a una fragmentación y una diversificación relativizantes en lo ideológico, lo político y lo estratégico. Esta fragmentación y diversificación relativizantes pueden darle forma a un rompecabezas (múltiples piezas) no-totalizante de las luchas de la izquierda. Es aquí, que radica una parte de la condición posmoderna de la izquierda. Es esto, relativizante, fragmentario, diversificante, posmoderno, contra lo cual Žižek arroja su frase de forma lapidaria: “Es la economía política, estúpido”.

Žižek aspira a una totalización de las luchas de la izquierda que pueda ser anclada en el territorio de la economía política (la categoría de “lucha de clases” y el sujeto colectivo del proletariado). Pero, ¿es esto posible en los territorios de lucha de la izquierda en el siglo XXI?

El Marx de El Capital y los Grundrisse (el Marx clásico), es el que posibilita la elaboración sobredeterminante del campo analítico de la economía política en el marxismo, que privilegia a la categoría de “lucha de clases” y al sujeto colectivo del proletariado. Pero hay un Marx otro, un Marx que pensó más allá de los linderos de la economía política. Sobre este Marx otro, han retornado filósofos como Adolfo Sánchez Vázquez, Enrique Dussel, Bolívar Echeverría, quienes han escrito su obra desde tierras mexicanas.

Es posible leer a Marx dentro de los márgenes de la economía política (la hermenéutica marxista anclada en la categoría de “lucha de clases” y el sujeto del proletariado) o más allá de estos márgenes (las hermenéuticas alternas del marxismo). Por ejemplo, a partir del rescate de una serie de textos inéditos de Marx, se ha posibilitado el asomo a un marxismo decolonial que se identifica en la publicación del libro: Karl Marx. Colonialismo. Cuaderno de Londres No. XV. 1851 (Inédito), en cuya publicación en español tuvo un papel destacado Álvaro García Linera hace dos años (2019). A partir de este libro y otros más, es posible abrir el camino hacia una hermenéutica decolonial del marxismo. De forma similar, es posible abrir el camino hacia una lectura feminista del marxismo sobre la base del libro: El patriarcado del marxismo. Críticas feministas al marxismo (Federici, 2018).

Las maneras de leer y entender los textos de Marx, han dado lugar a una hermenéutica abierta, es decir, a la posibilidad de abrirse paso en las luchas actuales de la izquierda, desde múltiples posturas teóricas e ideológicas enraizadas en Marx. Hay que tener claro que las obras de Marx no se han publicado completas, y están todavía en proceso de publicación en el marco del proyecto MEGA, encabezado por Marcello Musto.

En este sentido, se requiere entender a la producción teórica de Marx, y al marxismo que se abre paso hacia el siglo XXI, como una caja de herramientas de posibilidades abiertas  para interpretar y reinterpretar las luchas de la izquierda desde una perspectiva dialéctica, que llama a tener los pies puestos sobre el territorio del presente. Una de las cualidades de la dialéctica del marxismo, es la traslación teórica e ideológica de la obra original de Marx, desde el siglo XIX hacia el siglo XXI. Es en este marco, que requiere ser leído uno de los ensayos clave de David Harvey, que es quizá el más ortodoxo de los marxistas vivos, pero que no se niega a la posibilidad de las hermenéuticas alternas de la obra de Marx: “La dialéctica” (Revista “Territorios, 2018).

De forma extraña, en este ensayo de Harvey la conceptualización de la dialéctica marxista colinda con el pensamiento complejo de Edgar Morín…

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




El concepto de “patria” como significante maestro de la izquierda



El concepto de “patria” como significante maestro de la izquierda

Leonardo Meza Jara

A partir del resultado fallido de la reforma electoral, los diputados de la oposición han sido señalados como “traidores a la patria”. En estos días se han abierto los debates respecto a la idea de la “patria”. Pero, ¿qué es la “patria”? La idea de “patria” se ha construido discursivamente como un significante –o significado- maestro, que pretende una condensación ideológica e identitaria. La patria es una especie de paternidad (o maternidad) ideológica, identitaria y desde luego histórica.

En México, la idea de “patria” remite a un enraizamiento, que posibilita un techo y una narrativa común respecto a la condición de ser mexicano. Sin embargo, la idea de “patria” funciona en un plano de ambigüedad o vaguedad. La idea de “patria” opera como imagen, tal como lo plantea Enrique Florescano (“Imágenes de la patria: A través de los siglos”, 2005); y opera también como narrativa, tal como lo asume la novela de Paico Ignacio Taibo II sobre los liberales mexicanos del siglo XIX (“Patria”, tres tomos).

La plasticidad de la idea de “patria” ha permitido una serie de usos ideológicos y políticos que se inscriben en luchas políticas e históricas concretas, como la derivada de la reforma eléctrica en 2022. Los conceptos que funcionan como significantes maestros suelen tener una plasticidad más o menos abierta, más o menos indeterminada. Hay otros conceptos que operan en este mismo plano de condensación ideológica e identitaria, como: “pueblo”, “nación”, “revolución”, “progreso”, etc.

Los operadores del neoliberalismo tienen sus propios conceptos maestros, que funcionan como mecanismos de condensación ideológica e identitaria. Los conceptos maestros del neoliberalismo también operan bajo márgenes de ambigüedad o vaguedad que los vuelve dúctiles y funcionales.

Durante el gobierno de Salinas de Gortari el concepto de “modernidad” o “modernización” operó como significante maestro del neoliberalismo. ¿Históricamente, que significó la “modernización” del salinismo? El significante de “modernización” de Salinas de Gortari funcionó como llave maestra para abrirle las puertas a los operadores del neoliberalismo en México, que privatizaron una gran parte del Estado-nación que fue construido por el PRI del nacionalismo revolucionario.

En los debates sobre la reforma eléctrica el argumento de la oposición que plantea una “regresión a la década de los setentas”, un “retorno al nacionalismo superado”, opera bajo una lógica modernizante anclada en la idea del “progreso indetenible”.  Pero, ¿qué han significado en los hechos la “modernización” y el “progreso” prometidos por los gobiernos neoliberales?  

Durante el gobierno de Peña Nieto el significante maestro fue el de “Pacto por México”. El significante peñanietista del “Pacto por México” tiene una lógica aliancista y pragmática que circunscribe al país en un reformismo neoliberal y globalizante, que usa el nombre de “México”, pero que transforma sobremanera la condición de lo “mexicano” (lo “nacional” y lo “estatal”). En el significante maestro del “Pacto por México”, lo nacional queda rebasado por lo global, y lo público se somete ante lo privado. De esta forma la condición de ser mexicano, se hinca y se somete ante lo que Roger Bartra refiere como lo “postmexicano” (“La condición postmexicana”, en: “Anatomía del mexicano”, 2006).

Los significantes maestros del neoliberalismo (“modernización”, “Pacto por México”, etc.) tienen una lógica postmexicana, anclada ideológica e identitariamente en la defensa de lo posnacional ante lo nacional, lo global ante lo local, lo privado ante lo público y lo individual ante lo colectivo. Los significantes maestros que han sido planteados por la 4T y Morena, remiten a una condición mexicana (“patria”, “pueblo”, etc.) que tiene como eje de lucha: a lo nacional ante lo posnacional, lo local ante lo global, lo público ante lo privado y lo colectivo ante lo individual. 

Una de las derivaciones de los resultados electorales del 2018, es el extravío de los significantes maestros de la oposición (el PAN, el PRI y el PRD). ¿Cuál es el significante maestro que condensa ideológica e identitariamente a la oposición en este momento? Tal parece, que el significante maestro que condensa a la oposición es una lógica anti-lópezobradorista, que paradójicamente ensalza e inflama a la figura de López Obrador. Hay una pobreza simbólica y discursiva que castra a la oposición en este momento histórico. Esta pobreza simbólica y discursiva se correlaciona directamente con los fracasos históricos de los gobiernos panistas y priistas de los últimos sexenios. 

Habría que preguntarse: ¿Cuál será el significante maestro que la oposición pondrá en marcha para posicionarse simbólica y discursivamente en el proceso electoral del 2024?…

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




Morena y los significados estratégicos de la consulta



Morena y los significados estratégicos de la consulta

Leonardo Meza Jara

I.- Durante la década de 1990 uno de los conceptos más usados en el contexto de fundación del Instituto Federal Electoral (IFE) fue el de: “ejercicio democrático”. Este concepto se correlaciona con la tesis de Enrique Krauze que plantea una “democracia sin adjetivos”, es decir, una democracia sustantivada que no es condicionada por ningún otro factor, más que la democracia misma.

Sin embargo, la historia de la democracia en México es la historia de la adjetivación de la democracia. Falta por escribirse, la historia de las adjetivaciones de la democracia, que dejen en claro la condición impura, no sustantiva, de la democracia. La consulta de 2022 para revocar y/o ratificar el mandato de López Obrador, es otro episodio más de las adjetivaciones históricas de la democracia en México.

Habría que reconceptualizar a la “democracia” como “ejercicios”, en plural. La “democracia” es una serie de “ejercicios”, unas “prácticas concretas”, que se han puesto en marcha en las últimas décadas en México. Las prácticas políticas de la democracia son una gimnástica que se compone de los ejercicios y las poses más variadas.

Por ejemplo, los fraudes electorales de 1986 en Chihuahua y de 1988 a nivel nacional, son un doble mortal al frente del priismo, que cayó parado, aunque tambaleándose en los años siguientes. En el caso del fraude electoral del 2006, se identifica un triple giro a la derecha orquestado por el PAN, el PRI y el PANAL de Elba Esther Gordillo. Los movimientos y las poses de la democracia son una gimnástica que puede resultar sorprendente.

En 2022, la jugada política que llama a “no votar” que se ha conceptualizado como un “abstencionismo activo”, es otro más de los ejercicios de la gimnástica de la democracia. La rueda de prensa del exgobernador priista Fernando Baeza, en la que se llamó a no votar el próximo 10 de abril, es un acto de contorsionismo democrático (“Salta Fernando Baeza contra revocación”, El Diario de Chihuahua, 7 de abril de 2022). Baeza fue el beneficiario del fraude electoral cometido por el PRI en 1986 en Chihuahua, que lo llevó a convertirse en gobernador. Junto con Baeza, cientos de priistas, panistas y perredistas han llamado a no votar en la consulta revocatoria.

¿Qué significa de fondo llamar a “no votar”? Significa una contradicción irresoluble de la democracia, un ejercicio en el que la democracia se retuerce extrañamente hasta desaparecer en la negación de la política. El “abstencionismo activo” es uno de los ejercicios más arriesgados entre las prácticas de la gimnástica democrática, que bajo una lógica de contorsionismo ideológico y político cambia el lugar del “votar” (la promoción del voto) por el lugar del “no votar” (la negación del voto).

No cabe duda, la democracia mexicana está plagada de rarezas, de actos de contorsionismo que se retuercen de forma contradictoria y paradójica.

II.- A la oposición no le alcanza para tumbar (revocar) a AMLO, a lo más que pudiera aspirar, es a jugar con: No tumbarlo. El acto de llamar a no votar en la consulta del PRI, PAN y PRD, camina sobre el filo de la navaja de la impotencia de lo político. Es aquí, que la revocación se convierte en una ratificación que estratégicamente es usada por Morena.

El proceso electoral del 2021 es diferente de la consulta (elección) de 2022, y también será diferente a la elección de 2024. Las elecciones quedan sujetas de coyunturas donde las variables en juego son más o menos relativas.

La oposición no tiene asegurada la derrota en 2024 y Morena no tiene garantizado el triunfo. Lo que tiene Morena a su favor, son:

1) Los triunfos en las gubernaturas en la elección de 2021. El año pasado, Morena ganó 11 de 15 gubernaturas que se pusieron en competencia en las elecciones.

2) Los triunfos que pudiera acumular en las elecciones para gobernador en 2022, que apuntan para que Morena gane cuatro de las seis gubernaturas en juego.

3) La alta aprobación que mantiene López Obrador en su desempeño como presidente, que ronda el 60%.

4) Los resultados que se deriven de la consulta de revocación (ratificación) de 2022.

La consulta del 10 de abril es un triunfo de Morena, que puede ser más o menos significativo, más o menos productivo hacia 2024. A su vez, esta consulta es una derrota de la oposición, que en su llamado a no votar muestra su impotencia revocatoria que se manifiesta como impotencia política.

Lo que está en juego en la consulta del próximo domingo, es el tamaño de la derrota de la oposición y el tamaño del triunfo de Morena, que son correlativos. Eso quedará significado por el número y el porcentaje de votantes que puede aproximarse o alejarse de los 30 millones de votos que llevaron al triunfo a López Obrador en 2018.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




Chairologías



Chairologías

Leonardo Meza Jara

I.- Detrás de la palabra “chairo” se esconde una transformación de la militancia de la izquierda, que inicia con una denominación lingüística y que se extiende hasta lo ideológico y lo político. Esta palabra es el síntoma más visible de la metamorfosis de la izquierda mexicana en la historia reciente. La palabra “chairo” es un neologismo de la política, que trae consigo una resignificación de la militancia en la izquierda.

¿De qué maneras se ha transformado la militancia de la izquierda en las últimas décadas? En la historia reciente se observan una serie de desplazamientos en las causas de lucha de la izquierda partidista, que han transformado las formas de concebir y ejercer la militancia. Con la fundación del Partido de la Revolución Democratica la izquierda se concentró en la lucha por la democratización de la vida política del país, con la intención de construir una vía legítima para abrirse paso hacia la toma del poder. Ya en las décadas de 1960 y 1970 el Partido Comunista Mexicano luchó por una democratización de la política nacional. Después de la elección fraudulenta de 1988, la lucha de la izquierda mexicana quedó significada por la denominación de un “Partido” que concibió a la “Revolución” como una lucha por la “Democratización” (PRD).

Con la fundación del Movimiento de Regeneración Nacional entre los años 2011 y 2014, la izquierda partidista concentró su lucha en contra de la corrupción que llegó a un momento de quiebre durante el sexenio del priista Enrique Peña Nieto. La bandera de la izquierda pasó de la democratización hacia el combate a la corrupción. El partido que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador en 2018, tiene como objetivo un “Movimiento” para “Regenerar” la “Nación” de una corrupción que resulta históricamente ofensiva (MORENA).

En los últimos 50 años de la izquierda partidista en México se identifican una serie de transformaciones discursivas, ideológicas y políticas que impactan directamente a las maneras de concebir y ejercer la militancia. La militancia de la izquierda partidista ha pasado de una causa fijada en la lucha de clases (el marxismo que se alojó en el Partido Comunista Mexicano), a una causa que tiene por objetivo la democratización (la izquierda del Partido de la Revolución Democrática) y una causa que lucha contra la corrupción (la izquierda del Movimiento de Regeneración Nacional).

Los desplazamientos de las causas de lucha de la izquierda partidista en México, que en las últimas décadas han pasado de la lucha de clases (A) hacia la democratización (B) y hacia el combate a la corrupción (C), han dado lugar a dos problemas:

  • Por un lado, estos desplazamientos han generado un relativismo que resulta problemático respecto a la posibilidad (o imposibilidad) de una consistencia ideológica y política de la izquierda. Por ejemplo, después del 2018 la causa de lucha de la democratización ha sido desplazada súbitamente por la causa de lucha en contra de la corrupción. Habría que preguntarse: ¿Cuál de estas causas de lucha de la izquierda tiene un mayor peso ideológico, político e histórico para la izquierda mexicana del siglo XXI? ¿Cuáles son las razones por las cuales una causa de lucha se vuelve predominante respecto a otras? ¿Acaso estas razones son meramente pragmáticas en las diferentes coyunturas de la lucha por el poder, o son motivadas por razones ideológicas y políticas de fondo?
  • Por otro lado, estos desplazamientos han dado lugar a un mecanismo de subsunción, mediante el cual alguna de las causas de lucha se impone por sobre las otras, y las vuelve borrosas y oscuras. Después del triunfo electoral de Morena en 2018, la causa de lucha en contra de la corrupción (C) ha subsumido a las causas de la democratización (B) y la lucha de clases (A). ¿De qué formas, detrás del cobro justo de impuestos a los empresarios, que es uno de los ejes en la lucha contra la corrupción del gobierno lópezobradorista, queda subsumida la lucha de clases planteada por el marxismo? (“Walmart paga 8 mil millones de pesos de impuestos al SAT; AMLO felicita a la empresa”, Animal Político, 26 de mayo de 2020; “Paga Femsa $8 mil 790 millones por impuesto pendiente”, La Jornada, 30 de mayo de 2020; “SAT señala que Elektra deberá pagar sus adeudos fiscales”, El Financiero, 26 de enero de 2022).

II.- El de “chairo” no es un concepto académico, sino que es un concepto que se formó en el contexto del lenguaje común y corriente de las redes sociales en el siglo XXI. El surgimiento y desarrollo inicial de este concepto ha sido sumamente problemático para la academia. A mediados del 2017 el Colegio de México (Colmex) definió el concepto del “chairo”: “Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes.”

La conceptualización del Colmex es una definición imprecisa e incluso contradictoria respecto al ejercicio de una militancia. El de “chairo” es un concepto que está herido de vaguedad y ambigüedad. En el espectro político de la izquierda y la derecha en México, hay “pejechairos” (militantes de la izquierda lópezobradorista) y “derechairos” (militantes del PAN o el PRI). El de “chairo” es un concepto posmoderno que se ensombrece en el relativismo.

Se requiere pensar a profundidad la condición del “chairo” en el marco de las transformaciones de la militancia de la izquierda en el siglo XXI. El “logos” del “chairo” que está en proceso, es una forma de concebir el ejercicio de la militancia respecto a un sentido ideológico y político que resulta sumamente problemático para la izquierda. Las formas de entender y conceptualizar al “chairo” como una militancia se han construido desde el lenguaje y el sentido común que atraviesa las redes sociales. En este sentido, el “logos” del “chairo” es popular, no académico. A su vez, el “logos” del “chairo” es pragmático. El “chairo” es verbo y no sustantivo. Las transformaciones de la militancia de la izquierda han sido más verbales que sustantivas, más pragmáticas que ideológicas, más de hechos que de conceptos.  

La militancia partidista de la izquierda en el siglo XXI está atrapada en un tornado histórico que no ha terminado de girar por completo, y que en su movimiento ha dado lugar a una forma de ser pragmática, un ethos pragmático. Es aquí, que el “chairo” es verbo y no sustantivo. Lo verbal (la acción de la práctica militante) se coloca por sobre lo sustantivo (lo ideológico y lo teórico de la militancia). De hecho, esta es una forma de subsunción en la que lo pragmático (la acción práctica de la militancia) se coloca por sobre la conciencia (lo ideológico y lo teórico de la militancia).

III.- Hay una pedagogía del “chairo”, una forma de aprender a ser “chairo” que se ha desplegado en el momento histórico en que la izquierda tomó el poder en México. Esta es una pedagogía funcional y pragmática, que en lo fundamental se define por el arribo y la conservación del poder. Un “chairo” se construye ideológica y políticamente respecto al arribo y la conservación del poder.

El pensamiento y la acción del “chairo” son un magnetismo del poder que se define en términos funcionales y pragmáticos. Faltaría analizar a profundidad la funcionalidad ideológica y política de un “chairo”, y responder la pregunta: ¿A qué, o quién, le es funcional ideológica y políticamente un “chairo”? A su vez, hace falta analizar a fondo las prácticas ideológicas y políticas de un “chairo”, y contestarse: ¿De qué formas un “chairo” practica una militancia que resulta sumamente problemática para la izquierda mexicana del siglo XXI, en un momento histórico de mutaciones ideológicas y políticas?

Ambas preguntas planteadas, quedan abiertas…

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email




La guerra y el dezplazamiento de la ética



La guerra y el dezplazamiento de la ética

Leonardo Meza Jara

I.- Incluso para la actividad humana de la guerra se han planteado reglas éticas y jurídicas que se registran en tratados internacionales. Hay actos que son concebidos como “crímenes de guerra”, que en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania pueden ser juzgados por tribunales internacionales. Las reglas éticas y jurídicas de la guerra refieren la posibilidad de una bondad o una justicia, que existirían en medio de un infierno de violencia.

¿Pero, la guerra puede ser ética? ¿En medio del infierno de la guerra pueden existir páramos de bondad y/o de justicia? La posibilidad de que exista una ética de la guerra es una de las mayores contradicciones de la humanidad. Durante la guerra tiene lugar una suspensión de la ética, que tendría que ser analizada en su historicidad. La suspensión de la ética en los casos de la invasión de Estados Unidos a Irak y Afganistán, difiere de la suspensión de la ética en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania. 

La ética de G. E. Moore que se publicó en el libro “Principia ethica” a inicios del siglo XX, que es planteada desde una perspectiva analítica, deja en claro que los juicios éticos requieren ser elaborados tomando en cuenta su condición acontecimiental y empírica. Cada crimen de guerra cometido por los Estados Unidos o Rusia, al ser valorado éticamente requiere de un análisis específico y empírico.

Es posible hacer generalizaciones éticas sobre los crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos o Rusia, pero cada crimen de guerra requiere ser analizado como un acontecimiento específico. El horror de los crímenes de la guerra puede ser concebido como una sola masa de violencias injustificables y reprobables. A su vez, cada crimen de guerra tiene una historia específica, una serie de acontecimientos violentos que al ser valorados éticamente ameritan ser analizados respecto a su acontecimentalidad.

II.- Los Estados Unidos han cometido crímenes de guerra en Irak, Afganistán y otras invasiones que tuvieron lugar en el siglo XX. Rusia ha cometido crímenes de guerra en su invasión a Ucrania. Los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos y Rusia son más que evidentes, y es imposible negar su existencia. El problema surge en las maneras de juzgar los crímenes de guerra cometidos por ambos países. ¿Cómo han sido juzgados ética y jurídicamente los crímenes de guerra que han sido cometidos por los Estados Unidos y por Rusia? ¿De qué formas se ha construido la verdad ética y jurídica sobre los crímenes de guerra que han sido cometidos por los dos países mencionados?

Al plantear estas dos preguntas no se trata de explicar y/o justificar una actuación que a todas luces es ética y jurídicamente cuestionable, respecto a crímenes de guerra que han sido cometidos por parte de una potencia militar hacia una nación más débil. Se trata de mostrar la existencia de valoraciones y juicios que se construyen de manera diferente respecto a los crímenes de guerra. Las formas de subjetivar los crímenes de guerra, y formarse valoraciones y juicios al respecto, están atravesados por condicionamientos históricos, culturales, políticos e ideológicos.

No hay una verdad exclusivamente ética en nuestras maneras de subjetivar los crímenes de guerra. Sino que la verdad sobre los crímenes de guerra es también histórica, cultural, política e ideológica. No hay una verdad universal, ni un mecanismo unívoco y determinante en las maneras de valorar y formarse juicios sobre los crímenes de guerra. Las maneras de subjetivar los crímenes de guerra estas atravesadas por variables que trascienden el territorio de la ética.

III.- En la historia mexicana los crímenes de guerra han sido subjetivados con una versatilidad que resulta extraña y sorprendente. Una de las matanzas más sanguinarias en las guerras de México fue cometida por las tropas insurgentes en el asalto a la Alhóndiga de Granaditas. El hecho histórico de la masacre de la Alhóndiga de Granaditas tiene todas las cualidades de un crimen de guerra. Sin embargo, las valoraciones y los juicios históricos que los mexicanos nos hemos formado en torno a este acontecimiento resultan contradictorios y paradójicos. La matanza de españoles y criollos en la Alhóndiga de Granaditas en los primeros días de la guerra de independencia, ha sido concebida como un acontecimiento de heroicidad y justicia histórica ante la colonización española.

En la historiografía oficial, el crimen de guerra de la Alhóndiga de Granaditas ha sido subsumido por una explicación y justificación que desemboca en un acto de venganza histórica. ¿Si los españoles nos violentaron durante tres siglos, los mexicanos estaríamos justificados a cometer una matanza colectiva como la sucedida en la ciudad de Guanajuato en 1810?

Nuestras formas de subjetivar la historia son cuestionables respecto a los actos que pueden ser concebidos como “crímenes de guerra”. Esto tiene que ver directamente con la idea moderna de “Revolución” que se ha formado en occidente. La idea de “Revolución”, como causa mayor que explica y justifica las transformaciones históricas en occidente, está plagada de contradicciones y paradojas. Alguien puede dar su vida o quitársela a un tercero, por una causa mayor que estaría explicada y justificada por una “Revolución”.

Una “Revolución” puede justificar los crímenes más atroces, como el cometido en la Alhóndiga de Granaditas en 1810. Son pocos los historiadores que se han atrevido a juzgar la carga negativa de este crimen de guerra. Entre los críticos del crimen de guerra de la Alhóndiga de Granaditas, está el caso del intelectual conservador Lucas Alamán (“Historia de México. Tomo 1”, 1962). ¿Pero, quién se atrevería a citar a un historiador que al juzgar la guerra de independencia ha declarado que el padre de la patria tendría que ser Agustín de Iturbide en lugar de Miguel Hidalgo? Más allá de lo ético, al juzgar la matanza de la Alhóndiga de Granaditas aparecen variables históricas, culturales, políticas e ideológicas que resultan conflictivas.

IV.- Lo que habría que cuestionar al valorar los crímenes de guerra, son los mecanismos (éticos, jurídicos, políticos, ideológicos, etc.) a través de los cuales se suspende la ética cuando se viven situaciones extraordinarias, como la guerra en Ucrania. Durante la guerra se ponen en marcha mecanismos de suspensión de la ética, que atañen directamente a los crímenes de guerra. Estos mecanismos ponen en juego una relatividad de la ética que resulta sumamente conflictiva y compleja.

La única posibilidad de construir una visión unívoca y universalizante sobre los crímenes de guerra es el pacifismo absoluto, la declaratoria definitiva de: NO A LA GUERRA. Pero, contradictoriamente los seres humanos estamos enraizados en la guerra. Los mexicanos del siglo XIX fueron descendientes históricos de la guerra de independencia y tuvieron como figura paterna a un mártir que fue fusilado injustamente en la ciudad de Chihuahua. Los mexicanos del siglo XX somos parte de una estirpe que le rinde culto a los muertos de la revolución, somos hijos de los colgados y masacrados que aparecen en los relatos de Nellie Campobello (“Cartucho”, 2013).

Nuestras historias han sido trastocadas por los actos de violencia de la guerra, que nos queman las entrañas y que nos hacen hervir la sangre. Es aquí que se hace necesaria una explicación psicoanalítica sobre la violencia de la guerra.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email