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¿Por qué preocuparse por el Manifiesto Europeo de Slavoj Žižek?



¿Por qué preocuparse por el Manifiesto Europeo de Slavoj Žižek?

David Pavón-Cuéllar

Europa contra los nacionalismos

Slavoj Žižek ha escrito un Manifiesto Europeo[1] en el que hace un llamado a “tomar partido por Europa” y “defender el nombre de Europa”[2]. Semejante llamado podría preocuparnos a quienes conocemos la retórica de la extrema derecha, pero quizás nos tranquilicemos al considerar que su autor es un renombrado intelectual izquierdista y que su manifiesto se publicó en Le Monde, un intachable periódico francés de centro-izquierda. Si aún persistiera cierta inquietud, bastaría leer por encima el manifiesto para percatarse de que se dirige precisamente contra los ultraderechistas.

Una lectura superficial del manifiesto de Žižek nos dejará la reconfortante impresión de que se trata simplemente de una defensa de Europa contra la ultraderecha nacionalista y contra sus campañas para salir de la Unión Europea, como el Brexit de Gran Bretaña, el Frexit de Francia, el Öxit de Austria o el Gexit de Alemania. El europeísmo del filósofo esloveno se posiciona, según sus propios términos, contra “los estados-nación empeñados en preservar su identidad particular”, contra quienes se exclaman “vive la France, viva Italia, viva Alemania…, pero no Europa”. Contra ellos, Žižek suelta el “viva Europa” de su manifiesto[3].

El europeísmo sería entonces la forma coyuntural en que Žižek toma posición en la izquierda y en contraposición a una ultraderecha nacionalista antieuropea. Es así como podríamos entender a Žižek sin hacer abstracción del contexto. Es así también como él mismo quiere ser interpretado y como seguramente lo interpretan muchos de sus múltiples seguidores en todo el mundo. Es una lectura posible, pero que no resiste el menor examen.

Más allá de la apariencia

Hay al menos cuatro detalles por los que resultaría ingenuo leer el Manifiesto Europeo como una simple declaración contra la ultraderecha nacionalista eurofóbica o euroescéptica:

  • El actual contexto ya no es exactamente el del nacionalismo antieuropeo de hace algunos años. Muchos ultraderechistas han decidido recientemente reconciliarse con Europa. Los hay incluso que podrían coincidir con Žižek en su europeísmo. Este europeísmo ya no se asocia necesariamente con la izquierda en las presentes circunstancias[4].
  • Independientemente del contexto, una pasión por Europa como la de Žižek no es tanto algo distintivo de la izquierda como de la derecha. Los neoliberales Nicolas Sarkozy, José María Aznar y otros apasionados europeístas eran también apasionadamente derechistas y casi ultraderechistas en rubros como el de la migración. Ya el fascismo y el nazismo de los años 1930 y 1940 se caracterizaban por el enaltecimiento de Europa e incluso aspiraban a una unión política y económica europea, como se comprueba en varias citas recogidas por Yanis Varoufakis[5].
  • Aun si concediéramos que Žižek intenta reapropiarse el significante de “Europa” y resignificarlo para la izquierda, vinculándolo con ideales como los de justicia y solidaridad, habría que reconocer que este gesto queda comprometido y neutralizado al realizarse de una forma típicamente derechista. Ni siquiera se entiende por qué Žižek necesitaría enaltecer y exaltar a Europa si es verdad que simplemente busca reapropiarse el nombre de “Europa” y resignificarlo. Si tan sólo se trata de la reapropiación y resignificación del nombre, ¿por qué habría que decir que hay que “tomar partido por Europa” y “defender el nombre de Europa”[6]? ¿Y por qué insistir, en el mismo estilo de la ultraderecha, en lo “mejor” que ofrece Europa, en lo que sería “exclusivo” de ella (versión española del Manifiesto)[7], en su carácter “incomparable” (versión inglesa)[8], “inigualable” o “sin parangón” (versión francesa)[9]?
  • En la perspectiva igualitarista e internacionalista de la izquierda, el despliegue žižekiano de orgullo europeo tan sólo podría justificarse si fuera lo que no es: una escenificación, como las de Laibach y el movimiento NSK (Neue Slowenische Kunst), donde se buscara denunciar lo mismo que se enuncia a través de una “sobreidentificación” con él[10]. Por desgracia, el esfuerzo de Žižek para matizar y atenuar sus enunciados, para justificarlos y hacerlos pasar por sensatos y razonables, demuestra suficientemente que no se busca ninguna denunciación y que no se trata de un performance, de una forma sin contenido propio. Lo que tenemos aquí es más bien un contenido que se disimula en su propia forma.

Los cuatro detalles recién mencionados tendrían que hacer que nos preocupáramos por el europeísmo de Žižek. Deberían llevarnos a tomarlo en serio al constatar que no se trata simplemente ni de una maniobra táctica para oponerse a los nacionalistas en un contexto preciso, ni de un gesto políticamente neutro, ni de una inocua reinterpretación progresista de Europa, ni de una puesta en escena para denunciar a los europeístas de extrema derecha. Más allá de todo esto, la pasión de Žižek por Europa resulta preocupante porque es un aspecto fundamental de su pensamiento que lo hace coincidir con la ultraderecha en varios puntos, entre ellos la glorificación de la cultura europea, el rechazo de la mala conciencia de Europa, la negación de la deuda con los países colonizados y la representación apologética del pasado colonial como un proceso histórico civilizador[11].

El europeísmo de Žižek y su apología del colonialismo le han valido ya críticas más o menos atinadas y justificadas por parte de la feminista india Nivedita Menon[12], el intelectual iraní Hamid Dabashi[13] y el decolonial argentino Walter Mignolo[14], entre otros[15]. Algunas de estas críticas recibieron de Žižek una respuesta brillante, contundente y bastante convincente[16]. Sin embargo, en su respuesta como en textos anteriores y ulteriores, el filósofo esloveno ha dejado claro su europeísmo al defender abiertamente una visión eurocéntrica, al justificar el colonialismo occidental por sus efectos de autoconciencia y reflexividad crítica para las demás culturas y al reservar la universalidad autoconsciente para la perspectiva particular europea con su potencia disolvente sobre cualquier otra particularidad cultural[17].

Idealismo al servicio del europeísmo

El hegelianismo de Žižek lo hace concebir a Europa como principio, fuente y reducto de la autoconciencia de lo universal. Esta autoconciencia es privilegio de la herencia europea y luego se transfiere a las demás culturas a través de una expansión colonial que así queda plenamente justificada. Žižek no ignora el horror del colonialismo e incluso admite que los europeos que invadieron América provocaron “quizás el mayor genocidio en la historia mundial”, pero esto queda sobradamente compensado porque “el pensamiento europeo sentó las bases político-ideológicas para que hoy veamos todo el alcance de este horror”[18].

Como buen idealista, Žižek piensa que tener una idea sobre el alcance del horror colonial es más importante que el horror mismo en su materialidad. Es por esto que la idea puede llegar a compensar el horror material y que el balance del colonialismo es positivo. Es por lo mismo que Žižek, en su Manifiesto Europeo, sólo un párrafo después de rechazar cualquier “distinción simplista entre lo bueno y lo malo” de Europa[19], no duda afirmar algo tan misterioso como que el nombre de Europa “contiene más bueno que malo”[20]. ¿Cómo aceptar semejante cálculo sin admitir que Europa nos hace ganar más de lo que nos hace perder? Y en Žižek, si lo perdido es casi todo lo no-europeo en su materialidad, lo ganado es autoconciencia, reflexividad, filosofía, ideas.

Las ideas que la humanidad le debe a los europeos tienen para Žižek, en su idealismo, un peso mayor que los males materiales que él mismo acepta imputar a Europa en su Manifiesto, como “el colonialismo, el racismo y la esclavitud”[21]. ¿Qué importa que los europeos le hicieran tanto daño a la humanidad entera cuando se considera que le permitieron a esa humanidad conocer y criticar el daño que le hicieron? Es como si agradeciéramos a un torturador por haber ampliado el horizonte de nuestra sensibilidad en dirección del sufrimiento, la impotencia, la capacidad de resistencia e incluso la furia.

Como el torturador, Europa merece nuestra gratitud por todo lo que nos ha enseñado al destrozarnos. El destrozo es desdeñable por ser material, corporal, en la propia carne, mientras que la enseñanza es relevante por ser ideal, por ocurrir en la sensibilidad, en la inteligencia, en el terreno sensible e inteligible de las ideas. El criterio valorativo de Žižek es el del idealismo: es con este criterio con el que puede en su Manifiesto Europeo, según sus propios términos, “orientarse en este lío” sin caer en la solución “demasiado fácil” de hacer distinciones entre “los diferentes aspectos, los buenos y los malos, y rechazar la Europa que dio origen al colonialismo moderno, al racismo y a la esclavitud, pero apoyar la Europa de los derechos humanos y la apertura multicultural”[22].

Más allá del bien y del mal, Žižek planea muy por encima de las distinciones entre lo bueno y lo malo de Europa. Es por esto que puede escandalizar a los académicos biempensantes, políticamente correctos, al cuestionar con muy buenas razones algo tan bueno como el multiculturalismo y al celebrar también con muy buenas razones algo tan malo como la Europa del colonialismo moderno, el racismo y la esclavitud. No es que Žižek sea un ultraderechista, desde luego, sino que es un filósofo que sólo sigue la brújula idealista de sus razonamientos que lo hace desdeñar lo material y sólo concentrarse en sus ideas. Es así como puede llegar a cualquier puerto, incluido el de la ultraderecha.

Apropiación europea de lo universal

El idealismo le permite a Žižek aliviar su conciencia al convencerlo de que aquello que Europa debe al resto de la humanidad, el resarcimiento pendiente por el gigantesco mal infligido a los no-europeos, no es nada comparado con lo que la humanidad le debe a Europa, el bien de ser consciente del mal causado por los europeos. Lo más grave de una convicción como ésta no es la ya mencionada valoración histórica idealista de que la idea, la conciencia del mal, tiene mayor importancia que su correlato material, el mal mismo. Lo más grave es la premisa de que los no-europeos, antes de ser europeizados, no eran conscientes del mal que sufrían, tampoco eran autoconscientes de su propio sufrimiento y mucho menos eran capaces de situar el mal y el sufrimiento en una perspectiva universalista en la que podrían juzgar críticamente a sus verdugos. Este prejuicio, pues no se trata más que de un prejuicio, puede refutarse fácilmente al evocar los testimonios de los pueblos colonizados, como se ha hecho en otro lugar[23].

El subterfugio de Žižek consiste en concebir diversas facultades humanas universales, entre ellas la crítica y la autoconciencia, como capacidades exclusivas de Europa, lo que le permite luego afirmar que lo particular europeo tiene una universalidad excepcional y que es algo que la humanidad entera le debe a Europa. Este mismo subterfugio se emplea en el Manifiesto Europeo, en el que Žižek celebra la “potencia emancipadora sin parangón que es la Europa de la modernidad laica, de las luces, de los derechos del hombre y de las libertades, de la solidaridad y de la justicia social, del feminismo”[24]. ¿Todo esto es de verdad, como lo pretende Žižek, algo “exclusivo de Europa”[25]? ¿Se trata verdaderamente de una “herencia europea”[26]? ¿No es más bien una herencia universal de la humanidad?

¿Acaso Žižek ignora que el feminismo está siendo creado y recreado por mujeres de los cinco continentes? ¿Acaso también ignora que había y hay libertades, solidaridad y justicia social en tradiciones culturales diferentes de la europea? ¿Acaso imagina que habría podido llegarse a la modernidad con sus luces y sus derechos humanos sin partir de África y Asia, de Egipto y Mesopotamia, y sin pasar por América y los demás lugares del mundo?

¿Por qué Žižek niega el papel del mundo en la “potencia emancipadora” que atribuye sólo a un continente? ¿Por qué no reconoce en la “herencia europea” los aportes de América, África y Asia con sus minerales y sus demás recursos naturales, con su trabajo esclavizado y con su legado cultural? Uno de los problemas del idealismo es imaginar que las ideas se pagan solas.

Nuestra fantasía típicamente idealista es que los filósofos europeos de ciudades como Londres, París, Königsberg o Berlín trabajaron solos. Olvidamos así los demás trabajos depositados en sus filosofías, entre ellos los realizados miles de años antes en Çatalhöyük, Ur, Luxor, Babilonia, Jerusalén, Biblos y Cartago, así como los efectuados al mismo tiempo en cañaverales cubanos o brasileños, en minas como la de Potosí en la actual Bolivia o La Valenciana en México, y en otros campos de trabajo desperdigados por todos los rincones del mundo. No hay continente que no participara de algún modo en producir lo que Žižek atribuye exclusivamente a Europa.

Lo europeo de Žižek es de todos, no porque Europa nos los haya impuesto u obsequiado generosamente a todos, sino porque todos hemos contribuido a producirlo, reproducirlo, sostenerlo, difundirlo y sobredeterminarlo. Hemos ayudado a afirmarlo incluso al negarnos. Lo hemos pagado y seguimos pagándolo con lo que éramos y con trabajo, con sufrimiento y muerte, y desde hace algunas décadas participamos activa y abiertamente en su redefinición. Por mencionar sólo un ejemplo bien conocido, los movimientos asiáticos, africanos y latinoamericanos de liberación nacional, bien personificados por íconos como los de Ho Chi Minh, Lumumba y el Che, han transformado radicalmente nuestras nociones de libertad, solidaridad y justicia. De cualquier modo, lo europeo de lo que habla Žižek dejó de ser europeo desde el momento mismo en que empezó a ser, desde la modernidad, cuando salió de sí mismo, cuando se dejó interpelar, modificar y disolver en la más radical otredad.

La disolución de la particularidad europea no podría ser una proeza de Europa. Es hazaña de la historia que suscitó la confluencia entre diversas culturas en el gran torrente de la universalidad. El carácter universal del torrente hace que no sea específicamente europeo. No se trata del Europa, sino del universo, del mundo, aunque Žižek pretenda lo contrario.

El europeísmo en lugar del comunismo

¿Por qué obstinarse en llamar europeo a lo que al mismo tiempo se considera universal? ¿Tal vez porque no se está seguro de que sea verdaderamente universal? ¿Para acapararlo? ¿Para levantar en torno al botín un muro como el de la fortaleza europea de Schengen? ¿Para excluir a otros del universo y por tanto de la existencia misma? ¿O quizás para hacerles creer que son ellos, los no-europeos, los que están en deuda con Europa y no Europa la que está en deuda con ellos por haber explotado sus personas, arrasado sus culturas y saqueado sus tierras?

Los europeos destruyeron a otros pueblos. Después los hicieron pagar y endeudarse a cambio de reconstruirlos a imagen y semejanza de Europa, como reflejos de ella, en beneficio de ella. Finalmente, para justificar todo esto, se requirió de intelectuales como Žižek.

Tenemos buenas razones para confiar en que Žižek es alguien bienintencionado que no hace de modo consciente y deliberado lo que aparentemente se le encarga. Lo preocupante es que lo haga, cumpliendo su encargo de modo irreflexivo, profesando acríticamente un europeísmo que es propio de la derecha y que lo hace traicionar el fundamento verdaderamente universalista de la izquierda igualitarista e internacionalista. Žižek nos objetaría que el universalismo sólo puede ser eurocéntrico y notaría que incluso nuestro cuestionamiento de su eurocentrismo se vale de “términos” que “emanan de la herencia europea”[27]. Nosotros insistiríamos en que esta herencia no es europea y que por eso mismo puede ofrecernos algo universal, humano, ilustrado, laico y moderno.

Ahora bien, si Žižek se obstinara en sostener que la modernidad laica, la ilustración y los derechos del hombre son herencia europea, entonces tendría que admitir de una vez que son herencia burguesa. ¿Acaso no han sido legados por la burguesía de los siglos XVIII, XIX y XX? ¿Por qué Žižek no haría entonces un “Manifiesto Burgués” para exaltar a la burguesía tal como ya realizó la exaltación de Europa en su Manifiesto Europeo?

No está de más observar que la exaltación de Europa es típicamente burguesa. El Manifiesto Europeo de Žižek ya constituye por sí mismo un Manifiesto Burgués. Es lo contrario del Manifiesto de Marx y Engels en el que parece inspirarse.

Marx y Engels olvidaban que eran europeos y aspiraban a una universalidad absoluta. Žižek no deja de asumirse como europeo y es como tal que apuesta por la particularidad universal de Europa. Este particularismo no es porque “la universalidad sólo sea accesible a través de una posición particular, parcial, comprometida, subjetiva”[28]. La particularidad de Žižek no está en su compromiso ni en su posición como sujeto, sino en su causa, en lo que reivindica, en su ideal, en lo europeo de su manifiesto.

¿Por qué proponer un Manifiesto Europeo inspirado en el Comunista?  ¿Por qué no simplemente suscribir el Manifiesto Comunista? ¿Quizás porque no se entiende la dimensión universal del comunismo? ¿O porque se es más europeísta que universalista, internacionalista, comunista?

El espectro del comunismo vuelve a recorrer el mundo, pero no tiene absolutamente nada que ver con la rancia fantasmagoría del eurocentrismo con la que lo compara Žižek. Esta fantasmagoría impregna todo lo que nos rodea, viene del pasado, excluye la novedad y contribuye a mantener las cosas en su lugar. Por el contrario, el espectro del comunismo se hace notar por su ausencia, viene del futuro, nos hace vislumbrar un mundo nuevo y amenaza con transformarlo todo.

El comunismo sigue aterrando a las potencias del viejo mundo y del nuevo orden mundial, mientras que el eurocentrismo, por el que se define la posición de esas potencias, no causa ningún terror, sino sólo molestia. Es verdad que el eurocentrismo, como lo señala Žižek, puede molestar a Boris Johnson y a Vladimir Putin, a Salvini y a Orban, a “protectores de los valores tradicionales europeos” y a “conservadores árabes” o “sionistas de Cisjordania”, pero también causa molestia, como igualmente lo reconoce Žižek, a “antirracistas pro-inmigrantes” y “progresistas latinoamericanos”[29]. La irritación ante el eurocentrismo y el europeísmo puede encontrarse asimismo en los comunistas internacionalistas, los anticoloniales y antirracistas, las feministas decoloniales y comunitarias, diversos militantes indígenas y muchos otros exponentes de la izquierda en todo el mundo. Es a ellos y a ellas, a nosotras y a nosotros, a quienes más irrita el viejo fantasma invocado por Žižek en su Manifiesto Europeo.

Después de todo, como debe concederlo el propio Žižek, Europa no deja de ser una “fortaleza del racismo blanco” que impide a los inmigrantes “integrarse de forma plena y entera”[30], así como también es “cuna del colonialismo moderno, del racismo y de la esclavitud”[31]. ¿Cómo no desconcertarse al ver a un referente de la izquierda, como Žižek, defenderesta Europa y tomar partido por ella aun cuando él mismo admite que ni siquiera es posible depurarla de lo malo y quedarse con lo bueno que hay en ella?

Como hemos visto, lo más que puede Žižek ante Europa es distinguir la idealidad buena de la materialidad mala. Nos preguntamos entonces qué será lo que motive al filósofo a reivindicar la idea europea que abstrae de la realidad material. ¿Por qué reivindica esa idea, para qué y en función de qué proyecto político? Preguntas como éstas no pueden responderse por ahora. Tendrán que seguir insistiendo, en suspenso, preocupándonos.

[1] Slavoj Žižek, Mon Manifeste Européen, Le Monde, 13 de mayo 2021, reproducido en libre acceso en Interventions Democratiques, https://interventions-democratiques.fr/articles/mon-manifeste-europeen

[2] Ibid., párr. 8.

[3] Ibid., párr. 10.

[4] Ver Sylvain Kahn, Droites extrêmes : la conversion à l’Europe!, consultado en https://www.robert-schuman.eu/fr/questions-d-europe/0516-droites-extremes-la-conversion-a-l-europe

[5] Yanis Varoufakis, Lest we forget: The neglected roots of Europe’s slide to authoritarianism, consultado en https://www.yanisvaroufakis.eu/2013/03/14/lest-we-forget-the-neglected-roots-of-europes-slide-to-authoritarianism/

[6] Ibid., párr. 8.

[7] Žižek, Un Manifiesto Europeo, Intervención y coyuntura, párr. 5, consultado en https://intervencionycoyuntura.org/un-manifiesto-europeo/

[8] Žižek, Slavoj Žižek’s ‘European Manifesto’ in Le Monde: “I’m betting on the emancipatory legacy of Europe”, Theory Reader, párr. 7, consultado en https://theoryreader.org/2021/05/13/slavoj-zizeks-european-manifesto-in-le-monde-im-betting-on-the-emancipatory-legacy-of-europe/

[9] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 8.

[10] Žižek, Why are Laibach and NSK not Fascists? (1993), consultado en https://deterritorium.wordpress.com/2017/08/20/why-are-laibach-and-nsk-not-fascists-by-slavoj-zizek-1993/

[11] Ver, por ejemplo: Slavoj Žižek, A Leftist Plea for ‘Eurocentrism’. Critical Inquiry 24(4) (1998), 988–989; First as tragedy, then as farce, Londres, Verso, 2009, pp. 115–119; The Impasses of Today’s Radical Politics, Crisis & Critique 1 (2014), 9-44; A Reply to my Critics, The Philosophical Salon (2016), https://thephilosophicalsalon.com/a-reply-to-my-critics/ Slavoj Zizek: Politically correct white people who practise self-contempt are contributing NOTHING in the fight to end racism. Russia Today (2020), https://www.rt.com/op-ed/493408-white-racism-fight-guilty/

[12] Nivedita Menon, The Two Zizeks. Kafila – Collective explorations since 2006 (2010), consultado en https://kafila.online/2010/01/07/the-two-zizeks/

[13] Hamid Dabashi, Can Non-Europeans Think? London, Zed Books, 2015.

[14] Walter Mignolo, Yes, we can: Non-European thinkers and philosophers, Al Jazeera, 19/02/2013, https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/02/20132672747320891.html

[15] Por ejemplo: Dan Wood, Political philosophy and the vestiges of colonialism: A critical analysis of Žižek’s Leftist Plea for eurocentrism, Radical Philosophy Review, 19(3) (2016), 653-677; Erin Welsch, Why Is Žižek? Medium (2020), consultado en https://medium.com/@ramman_erin/why-is-žižek-92ef5f8c7e4d

[16] Žižek, The Impasses of Today’s Radical Politics, Crisis & Critique 1 (2014), 9-44

[17] Para una revisión crítica de estas ideas, ver David Pavón-Cuéllar, Žižek, universalismo y colonialismo: doce tesis para no aceptarlo todo, International Journal of Žižek Studies 14(3) (2020), 1–22.

[18] Žižek, Politically correct white people who practice self-contempt are contributing NOTHING in the fight to end racism, Russia Today, párr. 20, consultado en https://www.rt.com/op-ed/493408-white-racism-fight-guilty/

[19] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 7.

[20] Ibid., párr. 8.

[21] Ibid., párr. 7.

[22] Ibid., párr. 7.

[23] Pavón-Cuéllar, Žižek, universalismo y colonialismo: doce tesis para no aceptarlo todo, op. cit., p. 5.

[24] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 8.

[25] Žižek, Un Manifiesto Europeo, op. cit., párr. 5.

[26] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 8.

[27] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 8.

[28] Žižek, The Parallax View, Cambridge, The MIT Press, 2006, p. 35.

[29] Žižek, Mon Manifeste Européen, op. cit., párr. 2.

[30] Ibid., párr. 4.

[31] Ibid., párr. 7.

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