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Reflexión respecto al nuevo periodo presidencial en Estados Unidos y su realidad concreta. Una visión desde México




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Reflexión respecto al nuevo periodo presidencial en Estados Unidos y su realidad concreta. Una visión desde México.

Alejandro González Gómez

El año cierra con una de las elecciones presidenciales más determinantes no solo para el futuro social de Estados Unidos (que resultó abatido por la crisis sanitaria causada por la pandemia del COVID-19) sino para las dinámicas del siguiente gobierno de ese país con el mundo entero. País de carácter hegemónico, es así mismo parte de los sujetos de la Sociedad Internacional, concepto tratado en la Enciclopedia de Relaciones Internacionales del Dr. Edmundo Hernández-Vela bajo la óptica de ser una asociación de colectividades humanas que están organizadas jerárquicamente con respecto a su poder; contempla también a las organizaciones intergubernamentales, empresas trasnacionales y multinacionales, los organismos no gubernamentales y otras agrupaciones de índole internacional que igualmente poseen capacidad de ejercer presión.

Es preciso entender lo anterior ya que, por medio de su poder militar y fungiendo como la locomotora del modo de producción capitalista en su fase neoliberal mercantilista y financiera, es como Estados Unidos ha determinado su estructura de poder principalmente y por medio de su proyecto nacional (más cercano a un ideal político supremacista imperial qué a uno de corte nacional de principio y forma), es como se puede analizar su realidad concreta compuesta por sus factores endógenos y exógenos que, en este proceso electoral controvertido y aparentemente cuestionado por un comportamiento atípico en el mismo, están cobrando relevancia en el momento de las elecciones estadounidenses para un nuevo periodo presidencial, renovación en la Cámara de Representantes y un tercio en el Senado.

Pero, aunado a ello, contradictoriamente es observable la continuidad del proyecto político de origen, no importando quién tome las riendas de aquel país. Proyecto que viene desarrollándose desde el comienzo de aquellas Trece colonias, mismo que ha seguido una constante y permanencia sin cambio radical alguno a pesar de los cambios en el poder interno entre los grupos políticos que conforman su sistema. Dicho proyecto imbrica la ideología que ha nutrido la insaciable tendencia de expansión territorial, política, militar, económica-ideológica e incluso cultural en el mundo tras haber consolidado los anteriores elementos por medio del imperialismo y la estadosunidización en el planeta. Historia imperial, de origen regional, después continental para llegar a nivel mundial, este proyecto reza por un alcance universal, que no tenga límite, y será auspiciado por la ominosa y vigente doctrina del Destino Manifiesto. Con elementos filosóficos, políticos e incluso teológicos, su expresión como tal data de 1845 y que, en esencia, desde el principio comulga y satisface el ordenamiento y designio divino (ataviado de Providencia) para proclamar el destino de aquel país de expandirse por el continente y multiplicarse libremente por millones.

Entonces, cabría preguntarse, ¿quién o qué proyecto de nación, o quiénes, ejercerán y conducirán este mandato divino como auto-misión de enseñarlo a toda la humanidad en este mundo al dirigir la presidencia de ese país? O contrariamente ¿en verdad el nuevo período representará un cambio social radical para su pueblo para que el desarrollo del mismo tenga durabilidad y equidad o permanecerá su ideal imperial para con el mundo?

En lo exógeno, en esta esfera de la realidad estadounidense, es una constante aun la competición de mercado supuestamente libre que, junto con las grandes corporaciones trasnacionales mercantiles de diferentes rubros y financieras siempre bien equipadas de especulación y de la fuga de capitales, insisten en sostener y convencer de los beneficios de la privatización de los sectores públicos (como la banca y los energéticos principalmente) a los países en desarrollo, minimizando el papel del Estado en esas cuestiones, y con ello definir a la sociedad como un mercado y al individuo como mercancía. Es constante también la carrera armamentística convencional y militar nuclear que no ha parado de desarrollarse. Por otro lado, surgen los desencuentros en las cuestiones que tienen que ver con el comercio mundial entre los sujetos de la sociedad internacional ante las crisis del propio modo de producción.

Por ello, a partir y durante la administración de Donald Trump se pudo observar movimiento en la correlación de fuerzas de tinte hegemónico a un multinivel con su contraparte rusa y sumándose China a las contiendas, motivo por el cual llevarían a cabo una búsqueda por obtener el óptimo beneficio que satisfaga los intereses de ese gobierno.

Bajo el lema de hacer grande a América de nuevo (así autoproclamados como país) el presidente Trump, de perfil empresarial multimillonario, mostró lo que analistas calificarían como un proyecto nacionalista y en los extremos como aislacionista ante un fenómeno aparentemente desglobalizador en la cuestión mercantil, e incluso político, fomentando más los regionalismos. Trump aplaudió el brexit, propuso imponer aranceles en el acero y aluminio a varios países; cuestionó a la Organización Mundial de Comercio, acto que se adicionó a la denominada guerra comercial con China que además, agudizó el conflicto político con esa nación por la cuestión del Covid-19 al hacerlos responsables, tan es así que decidió salir de la Organización Mundial de la Salud acusando a China de tenerla bajo su control.

Aunado a ello, aumentó su apoyo al gobierno de Israel interviniendo en la región, permaneció la intervención en Afganistán, entró en conflicto con Irán con las cuestiones del retiro en 2018 de los acuerdos nucleares alcanzados en 2015 e imponiéndole sanciones económicas y por supuesto el retiro del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) con Rusia para dar comienzo al desarrollo de cohetes militares. Permaneció el asecho a Venezuela con intentos de sabotaje y decomiso de ayuda energética brindada por Irán. Con México, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, surgió la cuestión de la construcción del muro y la calificación a mexicanos de actos inciviles que lo llevaron a involucrarlo en cuestiones de tinte racista; y con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador insinuó la posible denominación de terroristas a la delincuencia organizada del país lo que le impulsaría internamente para actuar más allá de su frontera. En la renegociación del Tratado de Libre Comercio, que dio origen al denominado T-MEC (iniciada antes y ratificada en este periodo), se estableció la clausula 32.10 que de manera explícita condiciona la realización de tratados de libre comercio con economías de no mercado, si es así deben de notificar a las partes y si la que propone el tratado lleva a cabo el pacto con un país de tal característica, las partes podrán poner fin al Tratado. Implícitamente se trata de una economía como la desarrollada por China.

Todo aquel conglomerado de situaciones y actitudes por parte del gobierno presidencial estadounidense también trajo consigo conflicto al interior. En su esfera de realidad endógena pueden observarse los problemas de su gobierno con el aparato político, a tal grado que el presidente Trump fue propuesto por la Cámara de Representantes para llevarlo a juicio político pero el Senado decidió no destituirlo. Existe una extrema confrontación entre él y los Clinton, al igual que con el expresidente Barack Obama, por ciertas acciones antecesoras de su gobierno. En el contexto de la pandemia, Estados Unidos ha sido de los países con mayor número de defunciones en su población por lo que el presidente ha recibido críticas debido al manejo de ésta, llevando al país a una crisis social en los rubros sanitarios y económicos. A principios de la pandemia, el desempleo aumentó severamente, afectando la condición social de su población, para el bien de la misma logró reducirse en los últimos meses. En el tema del racismo, se han generado un gran número de manifestaciones y protestas contra este fenómeno que cobró fuerza ante los acontecimientos del orden policial y sus procedimientos cuestionados por el uso desmedido de la fuerza, ésta será una situación latente a la postre dentro de la población estadounidense. No debe perderse de vista la realidad demográfica integral de aquel país, compuesta por un considerable porcentaje poblacional de origen mexicano.

Tales situaciones, sino ha logrado ganar adeptos hacia su forma de gobernar, sí produjo un sentimiento en su contra por parte de distintos sectores de su población y que se identificó como un antitrumpismo. Es por ello que en este momento de elección surge la hipótesis que supone que el proyecto de Joe Biden, al ganar, cambiará y redireccionará el actuar de los Estados Unidos con respecto a todo aquello que el presidente Donald Trump realizó y que no tuvo resultados benéficos según su oposición, por lo que fue preciso que dicho candidato buscara ganar adeptos y beneficiarse del voto antitrump al convencer a otras bases dentro de los Estados que se han caracterizado en distintas elecciones por votar a favor de los republicanos siendo uno de sus temas que más ha hecho eco es el tema ambiental y las energías renovables. Así mismo ha recalcado la cuestión de favorecer a la ciencia sobre la ficción ante la política establecida para tratar el coronavirus.

Por otro lado, Biden puede ser representativo de la forma más acabada del ordenamiento político establecido en los Estados Unidos, la vieja escuela. Ya fue Senador por periodos consecutivos y vicepresidente en el gobierno de Barack Obama, por lo que se supone tendría cartas fuertes de presentación para enfrentar los embates de la crisis social al interior del país. Pero lo reflejado en los debates presidenciales es que no es muy notorio el presunto cambio que representarían sus propuestas ya que tanto él como Trump no dejan de proponer un ideal anti-China para la solución de la pandemia y de la crisis económica y competencia comercial. La crisis que prevalece tiene conexión con la sucedida desde 2008 y su población no ha logrado salir adelante, ante esto, Joe Biden ha insistido en que se ha resuelto, pero la realidad se observa diferente y es más apreciable su inclinación al conservadurismo político sistemático más de derecha que un pseudo supuesto socialismo a desarrollarse. Por ello, una antítesis supondría que se darán cambios pero para continuar igual, por lo que no traería un rumbo distinto en la política estadounidense sino una correlación de fuerzas al interior para ver qué grupos de hegemonía interna detentan el poder y la toma de decisiones, incluso tras bambalinas y por supuesto, continuar con su estatus hegemónico a nivel mundial y regional sin cambiar sus intenciones imperialistas hacia naciones como Cuba, Venezuela, Nicaragua y continuar con el asecho en Medio Oriente y sus aliados del Atlántico Norte con respecto a Rusia y su posicionamiento anti-China.

En la presente elección se ha observado que el sistema electoral estadounidense puede ser cuestionado por su aproximación limitada de ser un sistema democrático real, ya que al final son votos indirectos y proporcionales a la población de los Estados, 538 votos electorales, la mitad más uno resulta electo, con 270, y no por una elección mayoritaria directa. Además, cada Estado lleva a cabo el proceso de forma diferente. El cambiarlo es una gran reforma que ningún grupo político tiene la intención de llevar a cabo. En esta elección, dentro de un contexto de pandemia, se llevaron a cabo modificaciones para la emisión del voto, uno de ello fue la elección anticipada por correo, cuestión que fue tratada por distintas formas en cada estado y causó cierta demora en el cómputo de los sufragios, a tal grado que pasaron días con el conteo en 264 para Biden y 214 para Trump, y al parecer pasarán más días para poder conocer un ganador de los comicios.

Otra de las cuestiones de revelación que este proceso trajo consigo fue que la jornada electoral estuvo bajo cierto temor de violencia durante y al final de los resultados. A ello se suma lo cerrado de la contienda y el comportamiento atípico tanto en el conteo de los votos durante la madrugada de la elección como en los estados donde se suponía un seguro triunfo republicano. Podría resultar preocupante esta situación porque induce a la protesta y conflicto civil al interior. Trump ha manifestado, dentro de sus muchos señalamientos impulsivos, que son los demócratas quienes manipulan el aparato electoral y ha denunciado  un posible fraude electoral argumentando que en el transcurso de la contienda hubo una supuesta ilegitimidad en el conteo de los votos y, de perder en los conteos, impugnará la elección llevándola a los Tribunales, en donde tendría que comprobar lo denunciado. Esto es relevante de igual forma ya que pone al descubierto otro sector de presión y que ejerce influencia en la población: los medios de comunicación masiva y la administración del contenido en las redes sociales por parte de sus gestores. De hecho, el presidente Trump ha sido reconvenido en plataformas como Twitter y en transmisiones televisivas al cancelar la emisión de su mensaje siendo objetado por las mismas por emitir supuestos referentes al fraude y que aquellos medios trataron como información no certera o para expresarlo mas claramente: de contenido falso.

Aquello no debe de perderse de vista ya que estas actitudes de seleccionar lo que se puede o no decir, incluso de altos funcionarios de gobierno pondrá a debate qué es y qué no es libertad de expresión en donde estas plataformas serán juez y parte para determinar qué es verdad y qué no al amparo conveniente del fenómeno, no nuevo, de las noticias falsas. Si ya sucedió en Estados Unidos, esta podrá ser una herramienta de presión de los poderes facticos manifestados en las elites que controlan los medios privados de información para controlar y determinar qué tipo de argumentos, ideas o discursos podrán emitirse en sus medios para llegar a la población. En México distintos medios no tardaron en repetir dicha acción y han sugerido que se haga lo mismo al contenido de las conferencias matutinas del presidente.

Al final, después de varios días de escrutinio de los votos, los medios de comunicación han declarado el triunfo de Joe Biden al obtener según el monitoreo de The Associated Press, 290 votos electorales y además consiguiendo finalmente los 20 votos de Pensilvania, frente a 214 de Donald Trump que se estancó en esa cifra en los últimos días. El resultado aun no es oficial ya que al parecer intervendrá la Corte si es que Dondald Trump impugna la elección.

En síntesis, la prospectiva puede resultar en efecto que las políticas puestas en marcha por Joe Biden, si es que al final le otorgan legítimamente el triunfo, serán contrarias a las desarrolladas por Donald Trump y las cuales, forzosamente, tendrán el deber de beneficiar el desarrollo humano de su población y el desarrollo durable de su entorno, al menos en el discurso, pero no serán alejadas del proyecto principal que ha trascendido en los gobiernos de Estados Unidos en los últimos siglos y es el imperialismo mundial buscando siempre el beneficio para su élite política y de los poderes facticos que se benefician de ello en aquel país, impulsando e imponiendo la estadosunidización en el mundo. El pueblo de Estados Unidos debe de convencerse de que puede impulsar el cambio social necesario al interior de su nación, pero no está inmune de que sea por medios de conflicto y de carácter violento.

México ante dicho susceso, no importando quién tome la presidencia de los Estados Unidos, debe de formular y ejecutar una política exterior autónoma e independiente de los impulsos intervencionistas y de amague de aquel país que solía embelecar y paralogizar a la élite hegemónica interna que gobernaba el país a cambio de concesiones y privilegios a costa de marginar a grandes sectores populares. Esto debe de ponerse en marcha por medio de una formulación y ejecución de una política exterior sustentada en un proyecto nacional de bases y principios que vele siempre por el bien común e impulse el desarrollo durable para beneficio de su población y su entorno. No esperar a que los gobiernos de Estados Unidos cambien su actitud o esperar a que sean ellos quienes tengan las soluciones sino se debe hacer un esfuerzo por salir de los embates y embrollos con medios propios sin el tutelaje, ni el amague, sin ajenos ordenamientos externos.