El periodismo programático de vanguardia de Mariátegui



El periodismo programático de vanguardia de Mariátegui

Carmen Susana Tornquist[1]

Traducción Victor Hugo Pacheco Chávez

Me gustaría compartir con ustedes un debate, que, más allá de su importancia en la historia del pensamiento social latino-americano, sigue siendo actual: el papel del periodismo en la construcción de un proyecto revolucionario. Mi objetivo es presentar la propuesta de Mariátegui, expuesta sobre todo en el proyecto de la Librería Minerva, y en la revista Amauta. Pero esto no lo puedo hacer sin antes esbozar lo que entiendo como periodismo programático de vanguardia y, también, con algún riesgo de ser redundante para algunos, un poco de la trayectoria de este que es considerado el primer marxista latinoamericano, pasando, rápidamente, por su conocido “exilio” en Europa. Destacaré, no sin antes explicar por qué, el énfasis en su contacto con el grupo (y revista) Clarté, a través de la figura de Henri Barbusse.

Es relativamente conocida la importancia de Mariátegui en la teoría marxista latinoamericana (y también en otras perspectivas que rechazan el eurocentrismo). Como señala Michael Löwy, Mariátegui consiguió escapar de la persistente polaridad teórica entre eurocentrismo y excepcionalmente latinoamericano (Löwy, 2001: 13), realizando una adaptación crítica del marxismo a la realidad latinoamericana. Este autor considera que:

La tentativa de la renovación revolucionaria del marxismo, a pesar de sus excesos voluntaristas, permite a Mariátegui librarse del evolucionismo stalinista, con su versión rígida y determinista de sucesión de etapas históricas, que el Comitern de finales de los años 20 estaba comenzando a diseminar por toda América Latina. (Löwy, 2006: 19)

De ahí, siguiendo la propuesta de Löwy, la centralidad de Mariátegui en la creación del marxismo latinoamericano, a quien se le atribuye una especie de “paternidad” (Pericás, 2010). Muchos autores caracterizan su obra como un marxismo heterodoxo y “abierto” (Bruckman, 2012) y atribuyen este dinamismo (y actualidad) a la puesta en práctica del método dialéctico. Es decir, al uso adecuado (en este sentido, ortodoxo) del método de análisis marxista para pensar las especificidades nacionales (o regionales y locales), incluyendo la necesidad de problematizar la cuestión indígena y situarla en el centro de un proyecto socialista.

Subrayo aquí la idea de heterodoxia, ya que aparecerá en la trayectoria de Mariátegui –sobre todo en los círculos marxistas o progresistas de su tiempo, después de su muerte— como categoría de acusación, o mientras que, para muchos de sus admiradores y seguidores declarados, es precisamente por eso que su obra sigue siendo actual. 

Editorialismo programático de vanguardia

La socióloga argentina Fernanda Beigel (2003) denomina editorialismo programático de vanguardia al conjunto de trabajos editoriales que fueron desarrollados, al inicio del siglo pasado, y que tuvieron como propósito realizar lo que Gramsci llamaría la “organización cultural”. Es decir, serían espacios públicos de alta divulgación en los cuales se expresaban debates sobre diferentes temas de la vida económica, social y artística, pautadas por propuestas de vanguardistas y socialistas.

Las innovaciones tecnológicas ocurridas ya a finales del siglo XIX habrían permitido, desde el punto de vista técnico-científico, la edición e impresión de revistas, boletines y periódicos, con posibilidades gráficas de reproducción de obras de arte, que fueron muy bien aprovechadas por editores latinoamericanos. Amauta, La sierra, Boletín Titikaka, en Perú, Repertorio Americano, en Costa Rica; O homem do povo, en Brasil; Martín Fierro, Babel, La revista de filosofía, Claridad, en Argentina; serían algunos de los ejemplos de este proceso. (Beigel, 2003b: 108) Las primeras décadas del siglo XX serían, pues, un hito importante, ya que en ellas se puso en escena una profusión de revistas culturales que ampliaron el acceso al arte, la cultura y el debate político, y junto a este proceso, se observa la constitución de un campo editorial identificado con perspectivas anticapitalistas, socialistas y anarquistas. Por lo tanto, utilizo, de aquí en adelante, la proposición de Fernanda Beigel:

Nuestra “bisagra” se desenvolvió en la disputa entre el orden oligárquico y una nueva sensibilidad, que tendía a identificarse –en un principio con bastante ambigüedad— con los sujetos emergentes y los proyectos sociales que se materializan en revistas culturales, asociaciones gremiales y los primeros partidos de masas durante la década del 20. El concepto de vanguardia que construimos en ese trabajo se liga de ese modo a la tradición del materialismo cultural en el sentido que diferencia las rupturas formales respecto a las prácticas que se desenvolvieron en un terreno estético-político y promovieron proyectos que trascendieran el gesto iconoclasta para dirigirse a desplazar el orden oligárquico. (Beigel, 2003a: 33)

Es importante destacar, como se observa en la cita anterior, la centralidad de la dimensión estética, bien como idea de que una nueva moral y una nueva sensibilidad deberían ser gestadas, justo en procesos de transformación económica y política más amplios. La experiencia de Amauta (centro de este trabajo) y de Clarté (también aquí referida) serían ejemplos paradigmáticos de este tipo de periodismo. Fernanda Beigel destaca también, la importancia del carácter colectivo de esos proyectos editoriales, alrededor de los cuales orbitaron varios intelectuales. La presencia de diversos puntos de vista y de perspectivas heterogéneas sobre asuntos similares (a través de polémicas, como veremos a través del artículo) será común en este periódico (y entre ellos).

El carácter ecléctico, que estaba presente en críticas hechas a su tiempo no debe, por lo tanto, descontextualizarse de esta perspectiva, y nos detendremos en este punto más adelante, centrándonos en el caso de Amauta, porque nos parece clave para pensar en el papel que puede tener el editorialismo programático –aun hoy, en condiciones técnicas— en la construcción de la teoría y de un proyecto revolucionario.[2]

Las influencias europeas[3] de Mariátegui

Como sabemos, Mariátegui inicio su carrera intelectual como periodista y como poeta, habiendo trabajado en los periódicos limeños El Tiempo y Nuestra Época, entre los años de 1915 y 1919, este último año enviado a Europa, donde también se dedicó a escribir artículos para los periódicos de su país natal. Su vocación periodística estaba indisolublemente ligada al proyecto de organización cultural y del activismo político que entabló desde su regreso a América, en 1922, permeado de la idea de que el socialismo americano no podría ser ni calco ni copia del socialismo europeo, un punto crucial que explica la actualidad e su pensamiento. Es importante destacar la famosa frase de Mariátegui acerca del descubrimiento de su americanidad, en suelo europeo, al mismo tiempo en que percibe la necesidad de ligar los avances civilizatorios de todo el orbe –independientemente de su origen— con las especificidades nacionales o regionales.

Sabemos también que Mariátegui publicó pocos libros, siendo el segundo de ellos, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. No obstante, la importancia de los Siete ensayos, y de su impacto (tardío) en el pensamiento latinoamericano, la mayor parte de su propuesta teórica y política está presente en sus artículos, publicados en varios periódicos que fueron compilados póstumamente. Pero también está presente, de forma mucho más contundente, en las dos tesis que él envió al I Congreso de la Internacional Comunista, realizado en Argentina, en 1929. Una de ellas se tituló Punto de vista Anti-imperialista, en la cual Mariátegui discrepa de las tesis que justificaban las alianzas con supuestos sectores nacionalistas de la burguesía latinoamericana para conformar frentes antiimperialistas, y El problema de las razas en Latinoamérica, donde trabaja con el mismo argumento expuesto en los Siete ensayos y en otros textos sobre el problema indígena, referente a la especificidad latinoamericana. Estas tesis, presentadas por compañeros del Partido Socialista peruano, recién creado, fueron rechazadas por los participantes del congreso, y durante décadas, obscurecidas en los medios marxistas ligados a los partidos comunistas. La historia de este “obscurecimiento” es bastante larga, y no es posible presentarla aquí, pero hay trabajos importantes que detallan todo el proceso, como los de Silvana Ferreyra (2009), y de Michael Löwy (2001), entre los más recientes. Se trata, por desgracias, de la propia ignorancia actual de Mariátegui en Brasil (Pericás, 2010).

No obstante de la importancia de estas tesis y de su obra cumbre (los Siete ensayos…) puede considerarse que Amauta fue la expresión más elaborada del proyecto editorial (y político) de Mariátegui. El proyecto de la revista, reacia a las perspectivas doctrinales que incluso fue objeto de debates de la época, como veremos más adelante, no puede verse aislado de las otras publicaciones en las que participó, en particular Labor(periódico de la Central General de Trabajadores Peruanos [CGTP]), así como la participación en las Universidades Populares Manuel González Prada y la revista Claridad, vinculada a éstas, la participación en la CGTP, en el partido socialista peruano, de la que también se deriva su participación en el Congreso de la Internacional, antes mencionado. Esto sin mencionar las tertulias celebradas en su propia casa, que rápidamente se convirtieron en un espacio cotidiano de debate y producción teórica colectiva, con fuerte repercusión en la elaboración de las tesis más importantes que el autor produjo.[4] El hilo conductor de sus reflexiones y de su praxis atraviesa todo este camino, incluso teniendo en cuenta la parte de su obra que él mismo querría obviar, y que calificó como la “edad de piedra”.

Estudiosos de la obra de José Carlos Mariátegui consideran que las principales influencias que recibió en su proceso de formación marxista que realizó en Italia, país en el que vivió entre los años de 1919 y 1922.[5] Las relaciones entre Gramsci y Mariátegui son bastante frágiles, pues los dos se encontraron probablemente en una sola ocasión (nada menos que en el Congreso de fundación del PCI). No obstante, la similitud de sus pensamientos debe ser reconocida. (Escorsim, 2005; y Ferreyra, 2007) Dicha similitud puede ser atribuida a diversos factores, entre los cuales, claramente se encuentra la coyuntura política y el contexto intelectual que compartieron. Sin embargo, aquí me detendré en otra publicación editada en Francia entre 1919 y 1930, que tuvo entre sus admiradores y suscriptores, la figura de Mariátegui. En mi opinión, esta revista también fue expresión del editorialismo programático de vanguardia, y, ejerció una gran influencia en el proyecto editorial mariateguiano de diversas maneras.

Clarté fue el nombre de un grupo, y también de una revista, editada en París, que circuló en los medios socialistas de Europa y de otros países, en menor grado, coordinada inicialmente por Henri Barbusse. Quienes conocen la trayectoria de Mariátegui tienen conocimiento de que cuando éste llega a Paris, y permanece ahí por unas semanas, entra en contacto con este señor, del cual leyó el libro El fuego, un romance de guerra, como se le conocía a esa literatura, de carácter pacifista e internacionalista, género común en el periodo posterior a la primera guerra mundial. Además de conocer la gráfica del primer número publicado de Clarté, que en sus inicios era un pequeño Boletín, Mariátegui estrechó sus lazos con Barbusse de forma decisiva con la visita, incluso cuando Barbusse se retiró de Clarté.

La publicación era el punto clave del grupo Clarté, alrededor del cual orbitaban una serie de eventos y debates, expresando así un proceso de automatización de la esfera cultural, como anota Fernanda Beigel. De forma discontinua y heterogénea. Clarté fue, así como Amauta, un proyecto estético-político, expresado de forma privilegiada en las innovaciones y creaciones civilizatorias en el ámbito estético, social y político. En las páginas de la revista (en el caso de Clarté, sobre todo en su formato de revista), dependiendo del periodo, la presencia de caricaturas, grabados y reproducciones de obras de arte es constante, no son sólo ilustraciones secundarias, sino imágenes cargadas de contenido. El uso de fotografías es también, bastante frecuente, en general asociado a las materias que tenían como objetivo a los lectores y lectoras de las verdades ocultas por la prensa burguesa, en especial, en lo referente al proceso revolucionario que se estaba dando en la Rusia Soviética, y después, en China, las cuales tuvieron un gran protagonismo a lo largo de la trayectoria de Clarté.

La presencia de grabados, dibujos, caricaturas y xilografías de artistas como George Grosz, Lucien Lafargue, Franz Messerel, Mela Mutter, y posteriormente de surrealistas como Picasso, atestiguan la centralidad que la vanguardia estética tenía en la revista, junto con las posibilidades concretas de su reproducción gráfica. Expresaron la feroz crítica que desde el principio la revista hizo del “patético” nacionalismo de los países europeos implicados en la Primera Guerra Mundial, así como del sector financiero, causante de tragedias consideradas contrarias al proceso de avance de la humanidad. La propuesta original de los clartistas era construir lo que llamaban una Internacional de pensamiento, que incluía la crítica contundente a la Gran Guerra, la creación de un internacionalismo proletario y la construcción de una sociedad basada en la ilustración y la razón, de la que el nombre Clarté es una expresión muy significativa. Esta idea, surgida del espíritu iluminista y racionalista, también sería utilizada por la revista para apoyar la revolución proletaria en curso en Rusia, vista como un avance civilizador que serviría de ejemplo a los países occidentales que habían retrocedido desde el punto de vista de la Razón, a costa de la tragedia de la Primera Guerra Mundial.

Clarté también promovía la traducción de obras de otros idiomas, especialmente del ruso, alemán e inglés,[6]de esta manera, como sus contemporáneas latinoamericanas, entre ellas Amauta, el contacto con otros editores o grupos políticamente afines con su propuesta, fue de gran importancia. Textos completos de Lenin, Trotski, Rosa Luxemburgo, entre otras personalidades, eran traducidos por entregas, en la revista, por intelectuales ligados al grupo miembros de su comité editorial, entre los cuales se puede destacar a Madeleine Marx, quién tradujo obras del alemán y del inglés, y a Victor Serge, quien tradujo del ruso[7]comentarios de otras revistas sobre libros, películas eventos políticos y artísticos, nacionales e internacionales. Entre estos eventos, cabe destacar el proceso revolucionario alemán, contexto en el cual ocurre el asesinato de Rosa Luxemburgo, y, desde su segundo número, en su boletín, el tema que ocupó mayor espacio en Clarté: la Revolución Soviética.

Clarté fue persistente publicando artículos que hablaban sobre las conquistas y hechos de la revolución soviética, además de varios artículos que analizaban este proceso. Publicó numerosos testimonios de viajeros cuya finalidad era contraponerse a los relatos anti soviéticos que formaban el repertorio del periodismo y del arte burgués del momento, al igual que, como por cierto, lo muestra Pericás, al analizar los textos de Mariátegui sobre la Revolución Rusa (Pericás, 2012: 9), además de promover campañas de solidaridad, a través de la recaudación de recursos económicos, que se recogían en diversos barrios y ciudades donde había actividades de los claretéistas, como se conocieron sus militantes. La revista se vendía en los quioscos y también se difundía en las reuniones que se celebraban bajo la responsabilidad de sus redactores o editores, que solían tener lugar en teatros o sindicatos, sobre todo en Francia, donde el grupo logró una amplia adhesión desde sus inicios.

La revista tenía columnas permanentes de crítica literaria, y como también editaba libros, a bajo costo, promovía de manera permanente su venta, ofreciendo paquetes promocionales. En momentos de mayores dificultades económicas, insertaron publicidad de otras librerías y editoriales, incluyendo promociones bastantes creativas y concursos literarios. Las obras marxistas, incluidas las del propio Marx, eran frecuentemente divulgadas en las páginas de la revista, expresando un espacio de circulación de estas obras durante la década de  1920.

Un aspecto bastante delicado que se le plantea inmediatamente a Clarté y también a Amauta será precisamente el alcance o amplitud de sus principios ideológicos, que llevó, en el caso de Clarté, a procesos de conflicto interno bastante fuertes, situados en torno a la figura de Barbusse, y que implica en un momento, una propuesta de fusión con el grupo de los surrealistas, en 1926, y, nos años más tarde, con el trostkismo, a partir de 1930 (La lucha de clases).

En el centro de estos conflictos se encontraban dos cuestiones: el grado de amplitud ideológica y la relación con las organizaciones políticas, especialmente con los partidos. Esta autonomía tanto de la política partidista como del mercado estaba presente en las experiencias que aquí analizamos. Algunas de las polémicas y desafíos estuvieron presentes en las propias páginas de las publicaciones periódicas, otras no se hicieron explicitas, como sugiere el historiador Alain Cuenot, que analiza las relaciones de Clarté con el Partido Comunista Francés (Cuenot, 2010). Estas cuestiones también estuvieron presentes en la experiencia de Amauta, y apuntan problemas complejos, presentes también en el campo socialista actual.

Amauta: punto central de un proyecto más amplio

Amauta fue publicada por primera vez en 1926. Antes de ello, Mariátegui ya había tenido experiencia como director de la revista Claridad, coordinada por Haya de la Torre, quien necesito de la ayuda de Mariátegui, para asumir las tareas de edición de la revista (cuya filiación a la revista francesa era explicita), debido a su exilio en México. Así, Mariátegui asume la coordinación de la revista en 1923, luego de su regreso a Perú, participando hasta el número siete, de la revista, como editor interino. Del total de los siete números, Mariátegui coordinó tres, lo cual es significativo, teniendo en cuenta la ruptura que ocurrirá, tiempo después, entre los dos compañeros, debido a las divergencias relacionadas con el frente antiimperialista y el análisis de la realidad peruana y latinoamericana que sustentaba tal propuesta.

Amauta formó parte de uno de los proyectos editoriales, capitaneados por Mariátegui, englobados en la librería Minerva, y que contó con el apoyo decisivo de hermano, que importó el equipo desde Europa, facilitando así, los trabajos de impresión de las publicaciones de Amauta y Labor.

Amauta era una revista de arte y política, dirigida a un amplió público, izquierdista, de orientación socialista. Trazó temas variados, y pretendió contribuir con la constitución de una nueva sensibilidad (relacionada a la idea que expone Fernanda Beigel, antes mencionada, como algo típico del editorialismo pragmático de vanguardia). Todavía es importante señalar que al mismo tiempo en que se editó Amauta, Mariátegui seguía colaborando como articulista de otras publicaciones importantes del Perú, en particular Mundial, en la cual publicaba varios artículos relevantes, y muchos de ellos en el tono de debate con otros intelectuales del momento, y, además inicia la publicación de Labor, quincenario de información e ideas, que tenía la intención de ser un periódico, destinado de modo particular a la clase obrera, organizada en 1929 en la CGTP, que el mismo ayudará a crear, en mayo de ese año. Labor, era considerado el complemento de Amauta, se llegaron a publicar diez números quincenales entre noviembre de 1928 y septiembre de 1929.[8] En Amauta se observa la publicación de artículos de carácter internacional, traducciones de texto, referencias a Clarté, artículos referentes al indigenismo, y también ilustraciones y grabados de artistas peruanos, mexicanos y europeos.

La primera edición de Amauta se publicó en septiembre de 1926, y contó desde sus comienzos con la participación decisiva de José Sabogal, representante del indigenismo estético, incluyendo una serie de otros y otras artistas que encontraron en Amauta un importante espacio de expresión y divulgación. Una revisión rápida del contenido de la revista, en su edición facsímil, publicada después de 1980, muestra el vigor de ese indigenismo estético, palpable en las páginas y en las portadas de Amauta.

La selección del nombre, Amauta, estaba ligada a la importancia que la presencia indígena tenía en las reflexiones de Mariátegui, y a la elección de la obra homónima de José Sabogal como insignia maestra, la cual se asociaba fácilmente a la figura de Mariátegui (El amauta, líder, en quechua).

La revista tuvo 30 números, y fue editada entre 1926 y 1930. La muerte prematura –pero no sorpresiva— de Mariátegui, en 1930, suspendió este valioso trabajo, demostrando la centralidad que su persona tenía en este proceso.

Mónica Bruckmann (2012), partiendo de la constatación de que el marxismo “abierto” de Mariátegui tuvo en Amauta una de sus mayores expresiones, hace un exhaustivo recuento de las materias que fueron publicadas en Amauta, haciendo una clasificación temática. Ella concluyó que los artículos de arte y literatura conforman el 41% de estos 30 números, el espacio de las reseñas ocupa 15%. Los demás temas no estuvieron tan representados en la revista, contrastando con el conjunto de la obra de Mariátegui, que dedicó mucha atención (a lo mejor de su sangre, como el gustaba decir), a temas políticos como la revolución, el internacionalismo, la organización sindical, las condiciones de vida de la clase trabajadora y de los indígenas. Así mismo, el indigenismo, tema central en la propuesta del socialismo indoamericano, por el cual Mariátegui fue conocido, como señalamos antes, ocupó apenas un 4% de las materias escritas en Amauta, no obstante, un análisis de las ilustraciones elevaría, ciertamente, este porcentaje.

En cuanto al arte, destaca el espacio concedido a la poesía (281 artículos) y a la literatura (254), seguido de la pintura (71) y el cine (41) (Bruckmann, 2012). Según la autora

La revista Amauta se destacó por la amplitud de su temática. El interés por dar contenido al estudio y debate sobre el mundo contemporáneo no encontró restricciones en ninguna disciplina del quehacer humano. Sus páginas acogen con igual interés y extensión artículos sobre los nuevos elementos del folklore peruano como escritos de filosofía y psicoanálisis. (Bruckmann, 2012: 65)

Como ya se ha subrayado, Mariátegui desempeñó un papel fundamental en la difusión directa del movimiento surrealista en América Latina, habiendo traducido, por ejemplo, la famosa encuesta sobre la sexualidad, que marcó una época por la (supuesta o presunta) audacia de sus cuestionamientos y supuestos, así como importantes artículos sobre el feminismo (La mujer y la política y Las reivindicaciones feministas) y sobre el psicoanálisis. Cabe destacar, como señala Sara Beatriz Guardia (2009), la notable presencia de autoras, poetas, artistas y escritoras en las páginas de Amauta y el diálogo con mujeres como Dora Mayer de Zuelen (mujer indigenista que escribe regularmente en Amauta) en el proceso de construcción de su proyecto político, estético y editorial.

Como se ha señalado anteriormente, la amplitud de los temas puestos en escena por el editorialismo de Mariátegui debe pensarse también en términos de un proyecto que va más allá de la propia revista Amauta. Formaba parte de un proyecto editorial y político mucho más amplio, que incluye el debate llevado a cabo en otras revistas del campo socialista o simplemente progresista (como Mundial y Variedades, donde Mariátegui escribía con bastante frecuencia), así como Labor, Claridad, en sus respectivas épocas, y también las demás participaciones de Mariátegui en el espacio político socialista, especialmente las situadas en el seno de las organizaciones sindicales y partidarias que ayudó a fundar. En este sentido, cabe destacar la importancia que tiene el prólogo del libro de Luis Valcárcel, Tempestad en los Andes,[9] en el que Mariátegui reitera la centralidad del indigenismo para pensar la realidad latinoamericana, y que fue enviado por el propio Mariátegui a los editores de La lutte de classes, a pesar de haber sido prácticamente despreciado por los editores de la revista sucesora de Clarté.[10]

Los impactos de la revolución rusa se dejaron sentir rápidamente también en el pensamiento de Mariátegui. El periodo en el que estuvo en Europa probablemente contribuyó a este proceso, y se manifestó claramente en artículos específicos dedicados al tema, como muestra el trabajo de Pericás (2012). Son prácticamente 50 artículos, reunidos por el autor brasileño, escritos por Mariátegui, directamente relacionados con la Rusia soviética. Algunos de ellos fueron escritas en suelo europeo; otros, en Perú, y publicados entre 1920 y 1929, en las revistas Mundial y Variedades (ambas publicadas en Lima), y en su libro de 1925, La escena contemporánea. Estos artículos atestiguan la importancia y el impacto que la revolución soviética tuvo en el Amauta, que fue inmediatamente compartido con sus lectores. Es importante destacar que la sorpresa de la revolución rusa, ocurrida en un país fuera del eje occidental y de los países centrales, promovió importantes sacudidas en la teoría marxista de la época, estando en la base de las reflexiones promovidas por los marxistas italianos, con los que Mariátegui convivió y se relacionó fuertemente:

La revista Amauta se constituyó en un espacio privilegiado de debate de los grandes temas que marcaran un momento histórico que a fines de los siglo XIX y principios del siglo XX se debatía entre el capitalismo como modo de producción hegemónico y el socialismo como proyecto revolucionario que sacudía las bases de la sociedad europea y encontraba en Rusia soviética su más claro ejemplo de viabilidad. (Bruckmann, 2012: 64)

A pesar de la positividad con la que hoy se acoge la apertura o el pluralismo temático e ideológico, hay que señalar que esta característica fue vista en su momento como un punto de debilidad ideológica y programática. Uno de los más destacados críticos contemporáneos a Mariátegui -y su interlocutor-, Luis Alberto Sánchez, críticó el lugar que Mariátegui otorgaba a la cuestión indígena (en la polémica antes citada sobre la excepcionalidad latinoamericana), lo que no le parecía en absoluto ajeno a Mariátegui, convencido como estaba de la centralidad de la cuestión indígena, tanto por su magnitud demográfica (tres cuartas partes de la población peruana es indígena, decía en sus textos, basándose en datos censales de finales del siglo XIX) como, más aún, por la persistencia de la tradición comunitaria del indígena, claramente expresada en el ayllu, forma comunal de producción indígena, que permanece desde los tiempos del Inca Tawantisuyo a pesar de las presiones del gamonalismo y la república.

Sánchez también cuestionó el eclecticismo de la revista Amauta, publicando artículos en los que criticaba la orientación ideológica excesivamente amplia y poco relacionada con los objetivos programáticos de la revista. Como fue el caso de un artículo publicado en la revista Mundial, al que Mariátegui respondió en Amauta, también en 1927, diciendo lo siguiente:

Amauta ha publicado artículos de índole diversa porque no es solo una revista de índole social, económica, política, etc., –sino también una revista de arte y literatura. La filiación o posición doctrinal no nos preocupan, fundamentalmente sino en el terreno doctrinal .En el terreno puramente artístico, literario, y científico, aceptamos la colaboración de artistas, literatos, técnicos, considerando solo su mérito respectivo, si no tiene una posición militante en otro campo ideológico.(…) Amauta tiene demasiada para inquietarse por La fortuita presencia de una Idea o un sentimiento heterodoxo en sus páginas. Es una revista de definición ideológica de concentración izquierdista, que asimila o elimina, seguramente, sin daño para su salud, cualquier elemento errante […] estamos todos los días dispuesto a confrontar nuestros puntos de vista con los afines y con los próximos. Amauta, por su parte, en cuanto concierne a os problemas peruanos, ha venido para inaugurar y organizar un debate, no para clausurarlo. Es un comienzo y no un fin. Yo, personalmente, traigo a este debate mis proposiciones. Trabajaré, por supuesto, porque prevalezcan, pero me conformaré con qué influyan – en la acción, en los hechos, prácticamente- en la medida de su coincidencia con el sentimiento de mi generación y con ritmo de la historia.[11]

En el mismo número, Mariátegui reflexiona sobre la función de la polémica y el debate en el proceso de construcción de un programa revolucionario, a partir de las críticas de Luis Alberto Sánchez:

Que se contrasten, que se confronten dos puntos de vista, no quiere decir que se los adopte. La crítica, el examen de una idea o hecho, requieren precisamente, esa confrontación, sin La cual ningún seguro criterio puede elaborarse. Las tendencias o los grupos renovadores no tienen todavía un programa cabalmente formulado ni uniformemente aceptado. Como he escrito, polemizando con Cesar Falcón, mi esfuerzo no tiende a imponer un criterio, sino a contribuir con su formación. Y debo recordar a (Luis Alberto) Sánchez, un programa no es anterior a un debate sino que posterior a él.[12]

Esta polémica, sobre lo que puede y debe ser un proyecto editorial revolucionario, me parece muy actual y, por tanto, objeto de nuestra atención.

Referencias

BEIGEL, Fernanda. El itinerário y La Brújula. El vanguardismo estético-politico de José Carlos Mariátegui. Editorial Biblios, Buenos Aires, 2003.

 

____ . “Las revistas culturales como documentos de la historia latinoamericana”. En: Utopia y práxis Latino americana. Universidad de Zulia, Maracaibo, Venezuela, año 8., n 20, marzo de 2003, p. 105-115.

 

BRUCKMAN, Mónica. “José Carlos Mariátegui, la Revista Amauta y el pensamiento marxista latino-americano”. En Comunicaçãoe Política. vol. 30, n.3, set.dez.2012, p.54-73.

 

CHANG-RODRIGUEZ, Eugenio. Poética e ideología en José Carlos Mariátegui. Madrid, José Porrúa Turanzas editores, 1983.

 

ESCORSIM, Leila. Mariátegui: vida e obra. São Paulo, Expressão Popular, 2005.

 

FERREYRA, Silvana, “José Carlos Mariátegui y la Internacional Comunista: Reconstrucción de un vínculo complejo”. Nuevo Topo: Revista de Historia y Pensamiento Crítico. Buenos Aires, abril-mayo de 2006, p 7-30.

 

GUARDIA, Sara Beatriz. José Carlos Mariátegui. Una visión de género. Lima, 2006.

 

LOWY, Michael. O marxismo na América latina. São Paulo, Fundação Perseu Abramo, 2001.

 

PARIS, Robert. “Un sorelismo ambiguo”. En: ARICÓ, José (org.) Mariátegui y los orígenes del marxismo en la américa latina. Ciudad de México, Siglo veintiuno 1978.

 

PERICÁS, Luis. José Carlos Mariátegui. Revolução russa. História, política e literatura. São Paulo, Expressão Popular, 2012.

 

____ .”José Carlos Mariátegui e o Brasil”. Estudos Avançados 24(68), 2010, p.335-362.

 

TAURO, Alberto. Labor, complemento de Amauta. Edición Facsímile, Lima, Empresa Editora Amauta, 1995

 

TORNQUIST, Carmen Susana. “Las relaciones entre Amauta y Clarté– anotaciones de pesquisa”. Utopia y práxis Latino americana. Universidad de Zulia, Maracaibo, Venezuela, año 22. No. 77, junio de 2017,

 

[1] Este texto se leyó en las Jornadas Bolivarianas organizadas por el IELA de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil, en 2018. Esta es una versión corregida y actualizada.

[2] Los conflictos internos en la revista Clarté, por mucho tiempo, estuvieron relacionados a este aspecto, y situaron a Henri Barbusse en el centro de esta polémica, pero no abordaremos ese tema aquí.

[3] Utilizo aquí la noción de influencia, en el sentido que le da Robert Paris, al analizar la relación entre Mariáetgui y Sorel, es decir, como lección consciente y no como la palabra parece indicar en un primer instante, como la absorción osmótica y no reflexiva de ciertas ideas o autores.

[4] Chang Rodríguez (1978) relata, con detalle, algunas platicas que entabló Mariátegui, los primeros meses de 1928, con los indigenistas, con los líderes indígenas, que pasaban por Lima, para participar en el congreso. Platicas que se realizaron en su casa, por razones que estaban ligadas a la dificultad de locomoción de Mariátegui, que fueron decisivas en la elaboración del texto seminal y de mucha actualidad acerca del “problema del indio”, que hace parte de los Siete ensayos.

[5] Considerando, como dice Robert parís (1978), que la palabra influye en una especie de elección del sujeto y no algo que ocurría de manera osmótica, sin la intencionalidad de quien se deja influir.

[6] En los primeros años, eran frecuentes las referencias en artículos y anuncios a los cursos de esperanto, considerado como una lengua internacionalista que debían adoptar todos aquellos que se identificaban con la crítica al nacionalismo. Más tarde, el esperanto pareció dar paso a la valorización del ruso.

[7] Cada uno de los articulistas o colaboradores de la revista merecerían una exposición más detallada, para los fines de este artículo apenas doy algunas referencias.

[8] Véase la presentación de Alberto Tauro a Labor, edición facsímil, Lima, Perú, Editora Amauta, 1995.

[9] Este prólogo puede ser leído en Löwy, 2001.

[10] El editor en jefe Pierre Naville parece haber simplemente ignorado el envío del libro, acompañado de una carta escrita por Mariátegui (Tornquist, 2017).

[11] Mariátegui, “Polémica finita”, en Amauta, No. 7, marzo de 1927, p. 6.

[12] Mariátegui, “Intermezzo polémico”, en Amauta, No. 7, marzo de 1927 (cómo replica a Mundial, febrero de 1927), bajo el título de “Indigenismo y socialismo”.